Hola de nuevo a todos! Os traigo un nuevo capítulo en el que van a pasar muchas cosas emocionantes! Os prometo que no tiene pérdida :) Siento la tardanza, pero estoy empezando los exámenes en la universidad y estoy un poco estresada ! Pero intentaré actualizar cada dos o tres días con un nuevo episodio. Y bueno nada más, que muchas gracias a los que léeis mi fic, a los que comentáis y a los que lo siguen! Muchísimas gracias de verdad! Y ahora sí, aquí está el nuevo capítulo...
CAPÍTULO 10
El trayecto en el amplio ascensor del hotel es algo tenso. Creo que ninguno de los dos sabemos qué decir. Da la impresión de que la noche nos ha confundido un tanto, pues al volver a la realidad del hotel y mezclarnos entre la multitud, la situación se me hace demasiado extraña. Y es que acabamos de bañarnos juntos en el mar por la noche después de una agradable cena en un sitio carísimo. Mi razón me dice que algo no anda bien. En eso parecen estar nuestras mentes mientras subimos muy lentamente en el ascensor, por el rabillo del ojo veo que el rubio está también pensativo, aunque al mismo tiempo… ¿satisfecho?
Estoy dispuesta a despedirme cuando el ascensor se detiene en el piso donde se encuentra mi habitación, pero entonces Malfoy susurra atropelladamente algo de acompañarme hasta mi cuarto. Asiento algo confusa y me sigue por el largo pasillo.
-Bueno, es aquí.-digo algo nerviosa señalando el letrero de la puerta que marca el número de habitación.
-Está bien. Solo quería decirte que no me arrepiento de haberte invitado esta noche, Granger.-voy a reírme pero me doy cuenta de que su expresión es seria y sincera.
-Yo tampoco lo he pasado mal-admito con cierta timidez.
-Espero que a partir de ahora te quites esa estúpida idea de que nos tenemos que odiar.
-No es estúpido, teniendo en cuenta el largo historial de nuestra relación personal…-intento seguir protestando hasta que Malfoy pone su dedo índice sobre mis labios para que me calle. Me sorprende tanto el tacto de su fría piel en mis labios que no puedo siquiera enfadarme.
-Deja tus argumentos para otra ocasión. Nos veremos por aquí, buenas noches.
Me dedica una media sonrisa, y por un momento soy consciente de lo atractivo que puede llegar a ser con sus expresiones naturales, libres de arrogancia o prepotencia. Ni siquiera he conseguido articular una palabra de despedida cuando inesperadamente se gira de nuevo y se acerca a mí despacio. Poco a poco, hasta que consigue quedarse frente a mí. Su cabeza rubia está a escasos centímetros de la mía. Su boca se entreabre y yo me encuentro paralizada del pánico. No sé que pretende hacer. Pienso en gritarle, en pegarle una bofetada si intenta besarme, pero no hace falta, porque simplemente me susurra al oído con una voz intensamente seductora y fría al mismo tiempo.
-Por cierto, te queda de maravilla ese vestido, Granger.
Y con una última mirada divertida comienza a caminar por el pasillo en dirección al ascensor.
En cuanto a mí… Estoy tan alucinada que no puedo mover ni un solo músculo de mi cuerpo. Dios, ¿qué ha sido esto? ¿Un intento de seducción? De Malfoy hacia… ¿mí?
Espero a que el ascensor se cierre y sin pararme a pensar ni un segundo más, me dispongo a coger la tarjeta de mi bolso, necesito reflexionar en la cómoda cama de la suite. Mi mano tiembla un poco y no consigo encontrarla entre todos mis objetos personales. Con más nerviosismo todavía, tiro al suelo con cuidado el contenido del bolso y comienzo a apartar con cuidado cada cosa: el brillo de labios, la cartera, la varita, el teléfono móvil que me ha dejado Harry por si necesitaba hablar con él urgentemente… Nada, ni rastro de la tarjeta.
"¿Qué hago ahora?", pienso desesperadamente. No es propio de mí ir perdiendo mis cosas. Maldito Malfoy… Él es la razón de mi despiste. Algo bloqueada como estoy después de lo que acababa de suceder con el Slytherin, intento poner la mente en blanco y sacar a relucir como de costumbre mi parte racional, mi mejor aliada en casos de emergencia. Entonces, con más calma, decido acudir a la recepción. Seguramente no tendrán problema en darme una tarjeta nueva. Mientras me apresuro al ascensor mil pensamientos me inundan la mente, y no sé cuál de ellos es peor. Lo único que tengo muy claro es que Malfoy me ha confundido muchísimo con su actitud, y lo peor de todo, me está confundiendo cada vez más a mí.
Lleguo en un tiempo récord a la ventanilla de la recepción, y un chico que no conozco (supuse que había habido cambio de turno) me pregunta si puede ayudarme. Le comento lo sucedido y sonríe. Algo aliviada, espero su respuesta.
-Dígame el número de su habitación, señorita Granger.
Se lo doy y comienza a teclear en su ordenador para asegurarse de que mis datos son correctos. Acto seguido se dirige a uno de los cajones y comienza a buscar. Ya estoy totalmente relajada cuando al cabo de unos minutos mi alivio se convierte en pánico en cuanto el recepcionista niega con la cabeza algo abatido.
-Lo siento, señorita, pero no me quedan más tarjetas disponibles de su habitación. Es muy extraño, pero no puedo pedir una nueva hasta mañana.-su rostro parece contrariado por la situación. No debía pasar a menudo, por lo visto.
-¿Y qué puedo hacer? Me darán alguna habitación libre ¿verdad?-mi alarma cada vez es mayor.
-Pues…espere un momento.-teclea en el ordenador. Vislumbro el brillo de su morena frente a causa de un sudor que comienza a surgir bajo su piel.-Están todas ocupadas, señorita.
-No puede ser. ¿Y qué se supone que tengo que hacer? Esto es un hotel de lujo, debe haber algún tipo de solución.- le reprocho al recepcionista con un tono de voz algo más alto. No puedo creer lo que me está sucediendo. Parece de película.
-Bueno, podemos proporcionarle una habitación en otro hotel cercano hasta que mañana resolvamos lo de su tarjeta.-me propone con un leve temblor en su voz. Se nota que él tampoco lo está pasando bien. Pero soy yo la que me quedo sin un lugar donde dormir, ¡no él! No puedo irme a otro hotel, no tengo ni idea de cómo orientarme en Miami. En otras condiciones tal vez, pero es de noche, estoy cansada… Necesito reflexionar con calma sobre todo lo que ha pasado esta noche. Debe haber otra alternativa. No puede pasarme esto, después de la noche tan agradable que he pasado junto a Malfoy. "Un momento", pienso enormemente aliviada, "Malfoy, eso es". Ahí está mi solución al problema. Aunque eso supondría soportar una terrible vergüenza y humillación, el rubio no me va a cerrar las puertas de su habitación. Y más después de lo de esta noche. No será capaz… ¿verdad? Pero aún no estoy segura de sus intenciones, no confío del todo en él. Además… ahora no sé qué pretende conmigo. Uff, no me queda otra que intentarlo. Además debo reconocer que una pequeña pero importante parte de mí, está excitada por ello.-Está bien, no hace falta. Tengo un amigo que se aloja en el hotel. Supongo que no le importará compartir conmigo su enorme suite durante una noche.-respondo tras unos instantes de reflexión.
Y me alejo de recepción pensando en si voy a ser de hacerlo. Recuerdo enseguida el número de habitación del rubio, pues ya he estado allí en una ocasión. Y conforme el ascensor asciende por los pisos del hotel, mi inseguridad es mayor. ¿Cómo voy a pedirle que me deje dormir con él? ¿Y si me malentiende? No sé qué ha significado esa insinuación sobre mi vestido, pero desde luego no me ayuda para nada a calmarme. Eso va a complicarlo todo todavía más. Me digo a mí misma las palabras exactas que debo pronunciar unas 10 veces en voz baja cuando estoy por fin plantada frente a la puerta de la suite. Y entonces, sin pensarlo más… llamo a la puerta. Me arrepiento inmediatamente de haberlo hecho, pero ya es demasiado tarde. Al cabo de unos segundos, la puerta se abre y un despeinado Draco Malfoy en pantalones de pijama me recibe con cara de perplejidad.
-¿Granger? ¿Qué haces aquí? No me digas que ya me echabas de menos…-comenta aparentemente divertido.
-No, estúpido. He venido a pedirte un favor.-intento sonar como siempre. Dura y fría, esa actitud que he adoptado toda la vida con él y que me hace sentir más cómoda. Pero no llega a funcionar del todo. Él nota mi inquietud, porque enseguida me invita a que pase a su habitación y me tiende un vaso de agua. Mi mano tiembla ligeramente y mi cara es todo un poema. No sé cómo pedírselo, son demasiadas emociones en un solo día. Malfoy va a tener que darme un empujoncito para contárselo.
-Vamos a ver, siéntate y cuéntame qué puedo hacer por ti.-me señala uno de los sillones que hay frente a la pantalla plana de televisión y él se sienta a mi lado y espera. Le miro, esperando poder encontrar en sus ojos la confianza que busco. Su pelo rubio está desordenado y me apetece mucho peinarlo con los dedos… Sus ojos grises parecen brillar aun más que de costumbre al reflejarse la luz de la luna que se cuela por la ventana. Dios, ¿en qué estoy pensando? Pero está muy atractivo, y eso no hace más que complicarme las cosas. Mis nervios van en aumento.
-Granger, ¿te ha comido la lengua el gato? Habla de una vez o me voy a dormir ya.
-Es que… no puedo pedírtelo.-murmuro avergonzada.
Malfoy suelta una risita y yo frunzo el ceño.
-Sé valiente, querida Gryffindor.-susurra el rubio muy divertido por la situación.
-Malfoy… necesito….necesito que me acojas en tu habitación esta noche.-y lo suelto como si de una bomba se tratara.
El rubio se queda paralizado por la sorpresa. Desde luego, no se lo esperaba. Pero después esboza una sonrisa de medio lado que me desconcierta totalmente. ¿Acaso a él le gustaría que me quedase?
-Vaya Granger, no sabía que eras tan lanzada. Esta noche me estás sorprendiendo demasiado…-bromea finalmente Malfoy- ¿Siempre eres así con los chicos?
-No me hace gracia, Malfoy. He perdido mi tarjeta y no hay más disponibles hasta mañana. No me quedaba otra que venir a ti.-explico esta vez con la hostilidad característica dirigida al Slytherin.
-Vaya, así que encima soy el segundo plato. ¿Y pretendes que así te haga el favor?-arrastra las palabras como de costumbre. Aunque sé que no lo dice en serio, me está empezando a poner de los nervios esa actitud.
-Di si lo vas a hacer o no, y ahórrate las bromitas.
-Está bien leona.-se queda mirando al techo, al parecer meditando su respuesta.- Puedes quedarte, pero tendremos que dormir en la misma cama. ¿Estás dispuesta a compartir el lecho con una serpiente Slytherin?-y alza una ceja, de nuevo sonriendo.
-No me queda más remedio.-respondo ya más calmada.
-Esa es la Granger de siempre.
Malfoy me dedica un guiño y algo cálido parece removerse en mi estómago tras ese gesto. Algo ruborizada, voy al baño para quitarme el maquillaje y cambiarme de ropa. Al menos cuento con mi varita y puedo realizar algún encantamiento que me permita dormir algo cómoda. Aunque de todas formas, no creo que mi capacidad de conciliar el sueño sea posible esta noche. Una vez consigo despojarme de toda la capa de maquillaje y de elegir adecuadamente el camisón con el que dormir, me observo en el espejo detenidamente, intentando averiguar la expresión de mi cara. Así, totalmente al natural, vuelvo a parecer la misma de siempre, pero algo ha cambiado en mí. No sé decir qué es exactamente, pero me siento tan… yo. Segura de mí misma, con ganas de afrontar nuevos retos y superarlos, con un brillo especial en los ojos. Me veo incluso más atractiva. ¿Es posible que este aumento de autoestima esté ligado a la nueva relación que estoy trabando con Malfoy? Es tan irónico… pero lógico al mismo tiempo. Las constantes peleas con el rubio hace unos años me han vuelto de alguna manera más fuerte. Y ahora, de una forma diferente, él volvía a ayudarme involuntariamente. Porque, de hecho, desde que me he reencontrado con él en el hotel, estoy volviendo a ser yo misma. ¿Hay algo lógico en todo esto? Una y mil preguntas me rondan la cabeza, y así como estoy de confusa salgo del baño por fin. Malfoy se encuentra recostado en la cama viendo un documental en la televisión. Como no se da cuenta de mi presencia, camino lentamente hasta el borde del otro extremo de la cama y me siento cuidadosamente. En ese momento, el rubio se incorpora sobresaltado, como si se hubiera olvidado de que yo estaba allí. Me analiza inquisitivamente con la mirada. Yo se la sostengo y acaba por dirigirme una pequeña sonrisa.
-Pensé que ya te habías arrepentido de quedarte esta noche aquí.
-No, claro que no me arrepiento de dormir en una lujosa suite en vez de en la calle.-contesto algo mordaz- ¿Qué estás viendo?
-Un documental sobre el petróleo. Es increíble lo que pueden llegar a hacer los muggles por un poco de esa viscosa y fea sustancia.
-Es lógico, el petróleo mueve su mundo. De ahí obtienen la energía necesaria para transportarse, entre otras cosas.-explico con sencillez. He vivido en el mundo muggle durante muchos años, lo conozco demasiado bien.
-Lo sé, es curioso que a pesar de no disponer de magia, puedan hacer todo lo que hacen.-dice Malfoy con algo de admiración en su voz.
-Vaya, Malfoy… No sabía que por fin respetas a los no mágicos.-exclamo incrédula.
-Bueno, me las he tenido que apañar un tiempo sin magia. He aprendido a respetarlos a la fuerza. Supongo que ponerme en su lugar me ha hecho sentir cierta empatía con ellos.-el rubio encoge los hombros sin darle mucha importancia- Aunque sigo pensando que los magos somos superiores a ellos en todos los sentidos.
-No creo que poseer o no magia te haga ser mejor que nadie. Durante mi vida como muggle he estudiado a increíbles genios, y ninguno de ellos era mago que yo sepa.
-Dame tiempo, Granger. Estoy abriendo mi mente, pero no es fácil después de tantos años pensando de una manera completamente opuesta a la tuya. De momento, mi opinión es ésa.
-Bueno, un avance es un avance.-esta vez soy yo quien encoge los hombros. Es extraño, pero de nuevo me siento cómoda junto a él. Es grato saber que ahora podemos mantener discusiones, y ahora no son violentas ni nos faltamos el respeto. Ahora conversamos intercambiando opiniones. Esto sí que es una novedad.
-¿Por qué no te pones cómoda?-pregunta en voz algo más baja.
Ya lo ha vuelto a conseguir. Me ruborizo y agradezco que solo nos ilumine la televisión para que Malfoy no detecte el color rosado de mis mejillas. Torpemente, me recuesto a su lado y terminamos de ver el documental en silencio. Una vez haacabado, seguimos conversando acerca de lo que acabamos de ver.
-Bueno- dice Malfoy una vez se hizo el silencio entre nosotros- ¿Tienes sueño?
-La verdad es que estoy cansada, pero no creo poder conciliar el sueño aún.-respondo con sinceridad. El rubio no contesta. Se limita a mirarme fijamente, como queriendo adentrarse en mis pensamientos. Yo también le observo detenidamente, intentando adivinar lo que quiere transmitirme con los ojos. Pero es tan difícil sostener esa mirada, esos fríos y al mismo tiempo encantadores ojos grises ligeramente entrecerrados están provocando en mí sensaciones desconocidas. De nuevo, el estómago parece darme una sacudida cuando mis ojos se posan en sus labios involuntariamente. ¿Qué me está pasando? ¿Me siento atraída por el Slytherin?
-¿Qué te parece si salimos a la terraza?-propone finalmente Malfoy.
Asiento sin una sola palabra y nos dirigimos al amplio espacio descubierto de la suite. Una vez allí vislumbramos las infinitas luces de los edificios de la noche de Miami. Parece una feria gigantesca.
-Esta vista es increíble.-susurro más para mí que para él.
-¿No has salido a ninguna discoteca de Miami todavía?-inquiere el rubio con curiosidad.
-No… nunca he ido a ningún sitio público a bailar. Es una costumbre muy muggle que dejé atrás cuando me interné en Hogwarts. ¿Tú sí?
-Sí…-al ver mi expresión me lo trata de explicar- Digamos que he tenido mucho tiempo libre. No he tenido más remedio que adaptarme a nuevas costumbres. No soportaba la idea de rodearme de magos y brujas sin poder utilizar mi varita. Me sentía tan… fuera de lugar.
-Debió de ser duro para ti.-comento con compasión en mi voz- Pero, ¿cómo pudiste sobrevivir sin ayuda? Tengo entendido que tu padre se encuentra en Azkaban desde que terminó la guerra y tu madre… bueno, no creo que haya podido ayudarte.-añado con sumo cuidado. Gracias a Harry me enteré de que Narcissa Malfoy había sido torturada por exmortífagos hasta la locura por el hecho de traicionarlo el día de la batalla final.
-Tengo suerte de poseer un familiar muggle.
-¿Cómo? ¿Los Malfoy? ¿Un linaje que siempre ha presumido de sangre limpia?- exclamo realmente atónita. No puedo evitar sonreír divertida ante la idea. Se confirma que incluso las "mejores" familias de magos tienen algo de sangre mestiza.
-Sí… mis padres se encargaron de ocultarlo a todo el mundo, incluso a mí. Pero cuando se dieron cuenta de que no podría subsistir solo y sin magia, decidieron contármelo.-hace una pequeña pausa para tragar saliva- Se llama Vivian, y es tía de mi madre. Toda la familia se encargó de rechazarla. En realidad era una esquib, pero al tener sangre mestiza se la llegó a considerar completamente una muggle corriente. Y al sentirse desterrada de su propia familia, decidió hacer su propia vida apartada de los magos, en el mundo no mágico. Ignorando sus orígenes y formando su propia familia alejada de la magia.
-Vaya… ¿Y ella quiso ayudarte después de todo?
-Me costó convencerla. No guardaba muy buenos recuerdos de su familia.-explica el rubio con algo de dolor en su voz- Imagino que fue duro por lo que pasó. Pero aun así, al verme tan desesperado… Decidió ayudarme. Al fin y al cabo, yo no era culpable de nada. Me habían criado de esa forma.
-Entiendo. Ahí comenzaste a cambiar tu opinión sobre los muggles.
Malfoy asiente con la cabeza. Su mirada hacia el cielo de Miami es meditabunda, casi nostálgica.
-Al principio fue terrible. Me sentía un inútil, no sabía hacer nada sin la magia. Pero Vivian y su familia me enseñaron desde cero. Tuvieron tanta paciencia conmigo a pesar de mis faltas de respeto continuas, de mis ataques de ira, de mis desprecios…
-Imagino lo que debería ser soportarte en esas condiciones.-bromeo intentando quitarle hierro al asunto.
-No, no puedes imaginarlo...-me mira tan intensamente que tengo que apartar mis ojos de los suyos, totalmente cohibida.
Malfoy se está sincerando completamente conmigo. Estoy descubriendo por fin quien esen realidad este chico. Su verdadera personalidad. Y no me desagrada, al contrario. Está claro que tiene un pasado muy oscuro, pero no puedo culparle. Quién sabe cómo podría haber sido yo misma de haber nacido en una familia como la suya. Además, todo el mundo tiene derecho a empezar de cero.
-¿Entonces por qué actuaste así en nuestros primeros encuentros en el hotel? Sigo sin entenderlo…
-No lo sé. Me descolocaste tanto cuando te reconocí… Por un momento, creí haber retrocedido en el tiempo. Me sentí de nuevo en Hogwarts, cuando me era tan fácil ser el Malfoy prepotente y defensor de los sangrelimpia hasta la muerte.
- Te entiendo… a mí me pasó algo parecido. Me impactó mucho tu presencia.-respondo, esta vez más convencida. Creo que empiezo a entenderle, y ahora realmente es cuando sé que puedo confiar en este nuevo Draco Malfoy.
-Pero ahora no tiene por qué ser así.-murmura dulcemente. Mmmm… Ha arrastrado las palabras, pero de una forma que incluso me ha gustado. Definitivamente, este Malfoy tiene su encanto.
-Lo sé.-y le dedico una sonrisa sincera.
De nuevo, nuestros ojos se encuentran.
-¿Y cómo tiene que ser?-pregunto dejándome llevar por esa mirada tan magnética y penetrante del rubio.
-Tendremos que averiguarlo.-murmura Malfoy con una voz repentinamente ronca.
Sus pupilas se encuentran algo dilatadas, sus ojos se posan en mis ojos y en mis labios intermitentemente. Está tan atractivo… Su pelo se revuelve dulcemente con la brisa marítima de la playa. La luz de la luna hace destacar sus rasgos finos y marcados. Me atrae, de eso no hay duda. Podría pasarme la noche mirándole así…Pero es una locura que nos besemos. ¿Lo es? Mi mente no puede procesar más información, porque la cara de Malfoy está tan cerca de la mía que sólo un pequeño suspiró sale de mi boca antes de que sus labios rocen los míos. Pego un bote, algo aturdida por el contacto. Pero Malfoy no se detiene y nos besamos brevemente, como probando si puede funcionar. Y debió de hacerlo, porque después de unos tímidos besos, nuestras bocas comienzan a profundizar un poco más. Siento el aroma del rubio. No sé describirlo, pero me hipnotiza. Me mantiene pegada a él. De nuevo, mi estómago parece cobrar vida propia. Es una sensación nueva dentro de mí, que ni siquiera he experimentado besando a Ron. Pero en ese momento ni siquiera me permito pensar en él. Porque está siendo tan intenso, que en mi cuerpo y en mi mente solo está este Slytherin. Me rodea la cintura con sus manos. Su cabello se encuentra entre mis dedos. Sus labios buscan desesperadamente los míos. La pasión crece y crece entre nosotros, sólo queremos estar más cerca…El calor y la excitación se están haciendo insoportables. No sé cómo ni cuándo, pero nuestros cuerpos se han terminado desplazando hasta el interior de la habitación. Malfoy me empuja suavemente y se queda tendido sobre mí. Su mirada es oscura e interrogante. E está preguntando sin palabras si quiero seguir. Pero simplemente, no puedo parar, no ahora. A modo de respuesta, le beso suavemente con toda la naturalidad del mundo, como si lo llevara haciendo toda la vida con él. Nuestras miradas son increíblemente cómplices. Me transmite una confianza increíble. Es imposible de explicar, pero quiero más de Malfoy. Ya no puedo controlarlo. Así que sin pensarlo ni un solo segundo más, el rubio se inclina más y sigue besándome y acariciándome de una manera tan dulce como nunca habría podido imaginar. Y yo me siento en el mismísimo paraíso…
Lo último que siento justo antes de quedarme dormida en sus brazos es una extraña pero segura felicidad…
Uhhhh! Que os ha parecido? Me ha encantado describir esta escenaaa :) Espero que os haya gustado, Por favor comentadme vuestra opinión ! :)
