Hoy estoy inspirada, así que he escrito un nuevo capítulo! Espero que os guste. Para el próximo os prometo muchísimas emociones, asi que no dejéis de leer. Muchas gracias por seguir este fic y por vuestros comentarios. Aquí os lo dejo! :)

CAPITULO 12

Estamos tomando un café en el salón común del hotel. La comida ha sido muy tranquila y hemos charlado con comodidad, como si fuéramos buenos amigos. Malfoy me ha contado anécdotas divertidas de cuando comenzó a manejarse con aparatos electrónicos y demás y me ha hecho incluso reír con sus torpezas. Ha hecho que me olvidara un poco de todo, y la verdad es que se lo agradezco por dentro.

-Oye, antes puede que haya sido algo insensible contigo.-comenta el rubio después de unos minutos en silencio.

-Es cierto, lo has sido.-asiento con energía- No deberías decir lo primero que se te pasa por la cabeza. Puedes herir a las personas, ¿sabes?

-Sí, lo sé.-Al darme la razón, le miro con asombro. Ha aceptado una crítica de mi parte, no puedo creerlo- Pero soy así, Hermione. Me han educado para ser frío, duro e insensible.

-Aun así, ya no eres el mismo. Y por otra parte, me gusta la sinceridad.-esbozo una media sonrisa- Pero hay veces que debemos medir nuestras palabras.

-Supongo que tienes razón, sabelotodo Granger.-comenta el Slytherin entredientes. Pero sé que está bromeando y los dos nos echamos a reír.

- Mañana es mi último día aquí.-anuncio como quien no quiere la cosa. No sé qué efecto espero de su parte. Algo en mi interior me dice que aproveche el tiempo que me queda con él, que no es una locura dejarme llevar por estos nuevos sentimientos.

-Mmmm, yo supongo que estaré un par de días más. Luego volveré a Irlanda.-comenta con aire pensativo. Y por un momento, creo que le entristece volver. No tendrá nada que ver conmigo, ¿verdad?

-¿Vives allí de forma permanente?-me doy cuenta de que no sé casi nada del Malfoy actual.

-Sí, ahí es donde se encuentra la casa de Vivian. Yo me compré allí un apartamento hace unos meses, cuando comencé a trabajar- Malfoy se detiene, pero al ver mi expresión continúa contándome más detalles- Verás, escribo columnas de opinión en un periódico muggle.

No sé porqué, esa idea me hace reír a carcajada limpia. No puedo imaginarme a Malfoy interpretando jugadas de fútbol o de baloncesto. Es muy surrealista.

-No te rías, era de las pocas cosas que me atraían entonces del mundo no-mágico. Fue el marido de Vivian quien me aficionó a verlos por la televisión.

-Vaya, quién lo diría…

-Las cosas cambian, las personas y las situaciones.-dice con aires de filósofo y arrastrando como de costumbre las palabras. De repente, se acerca a mí en el asiento y su rostro se encuentra demasiado cerca del mío. Huelo su aroma, colonia cítrica y atrayente, gomina y algo más que no consigo identificar.-Por suerte ahora veo las cosas desde otra perspectiva.

Sé que pretende hipnotizarme con ese acercamiento repentino, pero me resisto a ello. Quiero preguntarle algo que me tiene intrigada

-Draco, dime, ¿Cómo puedes permitirte una estancia de lujo en un hotel como éste?

-¿No te lo imaginas? Patrimonio Malfoy. Ahora mismo soy el único que puede hacerse cargo del dinero. Y bueno, bien sabes que mi familia siempre ha sido muy acomodada.-explica el Slytherin adoptando esa conocida suficiencia suya al hablar del linaje Malfoy. Por unos momentos, veo en sus ojos al Draco de antes.

-Sí, se me olvidaba lo asquerosamente rico que eras.-replico con irritación.

-¿Piensas que el dinero me lo ha solucionado todo?-alza una ceja en señal de escepticismo.

-No, pero…-intento replicar.

-Hermione, necesitaba unas vacaciones para pensar. Llevo casi un año viviendo como un completo muggle. Quiero acabar de cumplir mi condena lo más relajado posible, ¿Tan grave es que utilice parte de mi fortuna?

Se hace una pausa en la que Malfoy me observa con cautela, esperando una contestación. La verdad es que puedo entenderle perfectamente. Puedo imaginar lo duro que ha resultado para él todo ese tiempo sin magia, rebajándose a la inferioridad de los simples muggles. Y que ha conseguido muchas más cosas de las que podría haber imaginado. Desde luego, tiene mérito. Y es por eso que sé que ha cambiado.

-Está bien, te comprendo…-admito a duras penas- Y te admiro, sí. Pero solo un poco.

Una sonrisa de medio lado surca su rostro. Yo se la devuelvo a regañadientes. Y entonces su expresión cambia. Sus ojos grises me miran intensamente, ya sin rastro de sonrisa alguna. Siento su mirada perforándome y mis mejillas se tornan de color escarlata. La respiración se me acelera involuntariamente y mi corazón late con fuerza, como anoche. Se acerca lentamente y por un momento creo que va a besarme, y yo quiero. Quiero probar otra vez sus dulces labios. Pero justo cuando creo que va a llegar, él se aleja un poco de mí sutilmente y cambia de tema como si nada hubiera pasado. ¡Maldita serpiente!

Hemos ido a bucear a la playa, y la verdad que es que esto es fantástico. No dejo de mirar a todos lados, fascinada por los innumerables colores marinos. Esta sensación es única, me siento un elemento más del océano. Veo a Draco a mi derecha señalar un banco de peces que se acercan a nosotros. Son diminutos y de colores chillones. Qué bonitos… Estoy maravillada. Con razón Draco quería que lo probara antes de irme de Miami. La verdad es que cada vez me sorprende más este chico, y para bien. Pero no quiero pensar demasiado en eso, ahora estoy disfrutando y mis pensamientos solo van dirigidos a la contemplación de este hermoso paisaje marino.

Estamos un rato más antes de subir a la superficie. Mientras nos secamos al sol, el encargado del puesto de buceo nos ayuda a quitarnos el equipo. Después le propongo a Draco dar un paseo por la playa, lo que él acepta inmediatamente y eso hace que me sorprenda una vez más.

-Hoy hace un día fantástico.-comento mirando al cielo, donde ni una sola nube tiene intención de asomarse.

-¿A qué hora te vas mañana?-me pregunta Draco colocándose el pelo mojado hacia atrás con la mano en un gesto increíblemente seductor.

-Pues… mi avión sale a las 5 de la tarde.-respondo algo desconcertada. No me había parado a pensarlo, pero increíblemente el tiempo ha pasado muy rápido en Miami. Y no sé si estoy preparada para volver a Inglaterra y enfrentarme a la realidad. Han pasado solo 4 días desde que llegué, pero han sucedido tantas cosas… Mi vida ha dado un giro inesperado. Me estoy planteando el hecho de seguir mi relación con Ron o no. Y aunque no quiera ni pensarlo, también me estoy planteando si Malfoy me gusta o sólo es una confusión en mi mente.

-Ya veo.-el rubio se queda pensativo unos momentos- Entonces esta noche te llevaré a un sitio.

-¿Cómo? ¿Ya supones que vamos a quedar?-pregunto con cierta dureza. ¿Acaso Malfoy cree que voy a hacer todo lo que él me diga? Ni que fuéramos pareja o algo por el estilo. Por el amor de Dios, si hace dos días nos peleábamos como enemigos que éramos…

-Sé que no vas a negarte, porque sé que no quieres estar sola. ¿Me equivoco?-dice el rubio con esa prepotencia tan suya.

-A veces es mejor estar sola que mal acompañada, Malfoy.-contesto intentando ser borde. Pero mierda, me conoce bien.

-Tú lo has dicho, a veces. Pero esta vez no te conviene, Granger.-sonríe con maldad y después me empieza a salpicar con el pie para mojarme.

-Te vas a enterar, serpiente arrogante…-murmuro entre dientes bastante enfadada. Y voy hacia él con la intención de empujarle. Pongo las manos en su pecho, e intento con todas mis fuerzas desequilibrarle, pero no hay manera, él tiene mucha más fuerza que yo. Resignada, paro de ejercer fuerza y entonces me coge por sorpresa y me levanta del suelo en un rápido movimiento. ¡Oh, no, otra vez no! Comienzo un improperio de insultos para que me suelte, pero no hay manera. Se está adentrando cada vez más en el mar, y cuando le cubre lo suficiente me suelta, no sin antes arrastrarme con él hasta el fondo del mar.

-¿En qué piensas?-me pregunta Draco sacándome de mis ensoñaciones mientras nos bañamos en el cristalino mar de Miami Beach. Llevamos un ratito en el agua, nadando y salpicándonos, pero sin mantener una verdadera conversación.

-Me preocupa que llegue mañana.-confieso con un hilo de voz.

-No le des tantas vueltas a las cosas, no tienes que intentar ser perfecta siempre.-sus ojos grises me observan con una pizca de comprensión.

-Parece que me conozcas mejor que yo misma.-le digo intentando esbozar una pequeña sonrisa.

-Tantos años incordiándote me han hecho conocer tus puntos débiles.-responde con sorna- Y sé que no soportas no estar a la altura de las situaciones. Tu segundo nombre podría ser "perfección".

-Pues ya que tanto me conoces… ¿Qué puedo hacer?- por favor, qué raro se me hace pedir consejo a este Slytherin.

Él parece meditarlo durante unos segundos. Supongo que va a intentar ser algo más delicado conmigo después de lo de esta mañana.

-Eres una Gryffindor. Tienes que ser valiente y enfretarte a la situación. Si crees que debes dar una explicación hazlo. Pero no olvides que tu vida la llevas tú misma y nadie más. No puedes dejarte influenciar por las personas.

-Pero esas personas me importan mucho, Draco. No puedo simplemente escapar sin más.-digo con la voz ahogada. Estoy angustiada pensando en cómo demonios voy a hablar con Ron de todo esto.

-Si crees que tu pelirrojo se merece la verdad, dásela. Y después haz lo que sientas, es así de sencillo.-dice el rubio arrastrando las palabras.

¿Y qué siento? Hasta eso mismo me confunde. No sé qué siento por Ron, ni sé qué es esto que empiezo a sentir por Malfoy. Pero ahora mismo, esos ojos grises me están observando fijamente y no puedo seguir pensando racionalmente. Porque me atraen de sobremanera, y no puedo explicar ese calor que desciende hasta mi vientre. Estamos tan cerca… Las olas nos balancean suavemente y nos acercan cada vez más. Su pelo mojado me llama, quiero tocarlo y deslizar mis manos por su cabeza y acercarlo más a mí. ¿Puedo hacerlo? ¿Debo? No lo sé, pero tal vez, solo tal vez, sirva para aclarar más esto que siento. Draco parece haberse dado cuenta de mi discusión interior.

-Hazlo.-susurra tentadoramente, acercándose un poco más a mí.

Mi mano se mueve lentamente, con algo miedo y expectación en dirección a Draco y comienzo a acariciar su cabello húmedo. Su rostro forma una expresión de asombro, y justo después de relajación. Entrecierra los ojos, dejándose llevar por mi caricia. De pronto me vienen a la mente todo lo sucedido anoche, sus suaves labios buscando los míos y lo que sentí al fusionarnos en uno. Y no puedo evitarlo, empujo suavemente su cabeza, acercándola cada vez más a la mía. Nos fundimos en un húmedo beso, tan tierno como profundo. Nuestras lenguas comienzan a explorarse a un ritmo cada vez más desesperado. Y lo vuelvo a sentir. Esa sensación mágica, que me hace volverme loca y desconectar del mundo entero. En ese momento sólo estamos Draco y yo, y quiero más de él. Siento su cuerpo junto al mío, una mano en mi cuello, la otra bajando por mi cintura… Es muy excitante. Aprovecho para tocar su torso desnudo. Lo acaricio suavemente, sintiendo el tacto de mi mano con su fría piel. Después sus dientes aprietan con delicadeza el lóbulo de mi oreja izquierda y siento su cálido aliento en mi oído. Dios… Eso hace que me estremezca de placer. Poco a poco nuestras manos comienzan a explorar cada vez más al otro, más rápido y con más desesperación. Y justo cuando creo que ya no vamos a poder parar, aparecen unos bañistas a pocos metros de nosotros. A regañadientes Malfoy y yo nos separamos y yo me quedo con unas terribles ganas de seguir que me hacen sentirme tremendamente culpable. No sé qué me hace este Slytherin para que me olvide de todo, pero es muy preocupante. Aun así, una sonrisa aparece en mi rostro tras darme cuenta de que tanto Malfoy como yo nos sentimos avergonzados de que nos hayan visto y comenzamos a reír.

-Luego te veo. Pasaré por tu habitación a las 8.-se despide Draco con una sonrisa misteriosa cuando llegamos al hotel.

-Vale- acepto algo aturdida. Sé que voy a estar durante unas horas completamente sola y mi mente no va a dejarme tranquila dándole vueltas a las cosas una y otra vez.

Salgo del ascensor y me dirijo a mi cuarto algo temblorosa. Hay algo que me ha dejado algo inquieta. No hemos hablado de lo de anoche, ni de este baño romántico en el mar. Y me preocupa todo este asunto… Parece que este jueguecito se nos está yendo de las manos, y no sé qué va a pasar esta noche, pero no estoy segura de lo que espero. Me relajo un momento en la cama, intentando aclarar lo que siento. Mi corazón está fascinado por estas nuevas sensaciones que todavía no había experimentado. Me anima a seguir probando, me dice que voy por buen camino. Por otro lado mi razón y mi conciencia me recuerdan que mi novio Ron se encuentra en Inglaterra, con la esperanza de que nuestra relación mejore. Y me siento infinitamente culpable por lo que le estoy haciendo. ¿Qué me pasa? ¿Cómo me puedo dejar llevar de esa manera con MALFOY? Me hago un ovillo y comienzo a llorar otra vez. Justo lo que imaginaba que sucedería. Intento desahogarme con todas mis fuerzas, pero no deshace ese nudo que tengo en la garganta. No puedo ver a Malfoy esta noche, porque sé lo qué pretende. Por lo visto, él lo desea tanto como yo, y eso me desconcierta todavía más. Esta extraña conexión es mutua, y me asusta hasta donde podemos llegar con todo esto.

Intento calmarme dándome un baño de burbujas. Sé que debo salir o me deprimiré totalmente en mi habitación. Soy capaz de pasar la última noche de mis vacaciones llorando, y eso no es lo que querría Harry. Me apetece salir a divertirme, y sí, me apetece ver al rubio arrogante. No quiero mentirme más a mí misma. De acuerdo, Malfoy (esa serpiente estúpida y prepotente) me atrae, y mucho. No sé si es por su cambio físico o de personalidad, o de todo, pero me gusta estar con él. Aun así, debo respetar mi relación con Ron. ¿Qué hago entonces? Bueno, intentaré buscar un equilibrio. Puedo salir, incluso con Malfoy, pero debo prometerme que no ocurrirá nada entre él y yo. Absolutamente nada. ¿Podré hacerlo? Eso espero, nunca suelo traicionar mis principios.