10 Cosas Que Odio De Ti

By: Vidian y Ary Valentine


Capítulo II "El Plan" (primera parte)

Luego de aquel encuentro cercano con la muerte y con el mismísimo diablo, es decir, con Claire Redfield, Piers había llegado a la conclusión de que necesitaba descansar. Y vaya que merecía recostarse sobre su cama, luego de tener un día tan pesado como resulta ser el inicio de clases y de servir como guía turístico para Jake Wesker Muller, lo menos que se merecía era tener una siesta.

Por un momento pensó que aquella chica pelirroja le aventaría la motocicleta encima, menos mal que aún parece tener un tornillo en su lugar y decidió dejarlo con vida. Ya no dio más importancia a aquello, de todas maneras la menor de los Redfield jamás cambiaría su actitud, y menos por alguien como él, quien sinceramente no se atrevería ni a pararse enfrente suyo para reclamarle.

Tan absorto iba en sus pensamientos que no se percató de aquel camión lleno de frutas de la temporada. Cuando menos lo pensó, tenía aquel vehículo a punto de pasarle encima, afortunadamente aún tenía sus reflejos funcionando al cien por ciento, por lo cual fue capaz de girar a tiempo antes de ser atropellado; por supuesto, jamás contó con la buena suerte que solía perseguirlo, el lado al que había logrado girar era el límite para el estadio de futbol que se encontraba varios metros hacia abajo.

—¡Adiós mundo cruel! —gritó antes de salir literalmente volando junto con su motocicleta hacia aquel precipicio.

Los alumnos que presenciaron aquella escena, no tardaron en acercarse a la orilla del campo. Piers estaba cayendo por aquel barranco aún aferrado a su motocicleta; el pasto bastante crecido y algunas plantas que estaban por ahí, se encargaban de obstaculizar su camino, pero también gracias a la vegetación fue que su motocicleta al fin pudo detenerse sin dejar graves daños. Cayó por completo al pasto e intentó levantarse de inmediato, pero el vértigo continuaba en él, así que ahora seguramente parecía un venado recién nacido intentado dar sus primeros pasos. No se rindió y luchó hasta por fin quedar en pie.

Las personas le miraban desde arriba; alguno de ellos le preguntó si se encontraba con bien, y su respuesta fue sólo levantar ambas manos en señal de victoria; había logrado vencer la altura, por supuesto que había ganado. Jamás se había sentido tan importante en su vida, tenía la atención de media escuela sobre él, era una lástima que fuera por su accidente, pero aun así lo aprovecharía.

—Ahora eres un superviviente, Piers. —Se dijo a sí mismo antes de dejarse caer sobre el pasto. Había visto de cerca a la muerte en dos ocasiones ese día, y de sólo pensarlo su mente se agotaba.


Chris Redfield llegaba a su hogar luego de culminar una tediosa y estresante jornada laboral, había asistido a dos reuniones con accionistas de empresas afiliadas a Umbrella Inc. Sin embargo, en ninguna de las juntas se había llegado a un acuerdo financiero optimo, lo cual le habría costado una hora de trabajo extra intentando darle alguna solución al problema, su jefe Albert Wesker no descansaba hasta cerrar un buen negocio, y él como el principal representante y vocero de la empresa era quien más se estresaba por el capricho de su empleador.

Descendió desganado de su Mercedes Benz kompressor, los nuevos bienes materiales adquiridos producto de su empleo eran el lado positivo de esforzarse a tal nivel, aflojó el nudo de su corbata y comenzó a caminar en dirección a la entrada de su hogar, suspiró al escuchar la estridente melodía de "I love Rock and Roll" en voz de Joan Jett una de las grandes ídolas de su hermana menor, era un hecho obvio que Claire se aprovechaba de su ausencia para poner el equipo musical al máximo volumen sin importarle las constantes quejas de los vecinos, ella ignoraba que vivían en el sector más conservador de Raccoon city. El castaño ya había recibido a la policía en cinco ocasiones por el mismo motivo, al menos agradecía que se le hubiese olvidado la sobrante idea de formar una banda y ensayar en la cochera.

Poco le importaba a la pelirroja que las ventanas estuviesen vibrando al punto de explotar, para ella no existía mejor ritual de relajación que estar sola, sentada en el sofá leyendo una buena novela y por supuesto oyendo la música que amaba. Dio vuelta la página de su libro al parecer lo acabaría esa misma tarde "The Bell Jar" era realmente adictivo a la hora de leer.

No sintió el momento en que su hermano ingresó en la vivienda, sólo capto la abrupta bajada de volumen que sufrió la canción, luego oyó la puerta cerrarse y los pasos de Chris acercándose hacia su persona. El Redfield venía leyendo la correspondencia, Claire no le dio importancia y siguió concentrada en su lectura literaria.

—¿Qué habíamos dicho acerca de la música en alto? — la chica permaneció en silencio. Rodó los ojos y añadió. — ¿Mataste a alguien, Claire?… ¿tienes algo que decirme?, saludarme tal vez…

La joven levantó la mirada y le regaló una sonrisa que no tardó en ser correspondida. Ese simple gesto tierno derretía el corazón de su hermano, manipularlo era tan asequible.

—Aún es temprano para asesinar a alguien, pero… creo que tendrás que ir a visitar nuevamente a la consejera Belikova. —Sin esperar respuesta regresó la vista a las páginas de su libro. Chris frunció el ceño molesto.

—¿Otra vez? — averiguó, su hermana asintió con la cabeza. — Maldición, esa vieja pide verme cada dos semanas y cuando voy lo único que hace es hablar de ella e intentar averiguar sobre mi vida privada. — Farfulló, en ese momento Sherry entró a la casa y se lanzó cariñosamente a los brazos de su primo.

—¡Hola Chris! —exclamó dándole un beso en la mejilla.

—Hola, linda —correspondió acariciando paternalmente su cabellera.

Claire juntó el entrecejo, cerró su libro para cruzarse de brazos y encarar a la rubia. No la había visto en toda la tarde luego de que se subiera al auto del imbécil de Steve.

—¿Dónde estabas? —inquirió mirándola fijamente. La de orbes azules la observó desafiante.

—Por ahí —fue su simple, pero calculada contestación.

Chris enarcó una ceja al leer una de las cartas que habían recibido.

—¿Universidad de Boston? —preguntó en voz alta.

La joven de cabellera rojiza abrió los labios sumamente emocionada, de inmediato le quitó de las manos el papel a su hermano, tanto el castaño como Sherry quedaron sorprendidos con la actitud elocuente de la muchachita, quien leía el contenido con una sonrisa, a ratos exclamando chirridos de felicidad y alegría máxima.

—¡Lo conseguí! —gritó eufórica al tiempo en que se levantaba del sofá saltando y posteriormente corriendo, su hermano y prima la siguieron impactados por su reacción. — ¡Oh mierda, lo conseguí! — exclamó aún más fuerte. — Estoy dentro.

—Hermanita, es genial, pero eso queda en otro estado.

—Mientras más lejos sea, mejor —habló sin apartar la vista del documento que le habían enviado, Chris y la jovencita de orbes azules claros se miraron incrédulos. Esta vez su hermano comenzó a preocuparse en serio.

—Pero siempre creí que estudiarías en la universidad de Raccoon city —Claire fijó sus orbes aguamarina en él, con evidente hastío formuló una expresión dura y fría.

—No, no será así.

Chris cerró los ojos percibiendo como la sangre se le acumulaba pesadamente en la cabeza. Cada vez que su pequeña, pero muy obstinada hermana refutaba su punto de vista sucedía lo mismo, inhaló un poco de aire intentando mantener la calma, pero resultaba muy difícil, puesto que los nervios de saber que probablemente ella se iría lejos crecían en magnitudes considerables.

Birkin por su parte analizaba los pro y los contra de tener a su prima lo suficientemente alejada; por un lado tendría una persona menos con quien compartir el baño y por supuesto se ahorraría millones de discusiones sin sentido, pero por otro lado extrañaría eso, era confuso y muy sorpresivo incluso para sí misma.

—Entonces te marcharás, ¿Así de sencillo, no? —cuestionó ofendido.

—Sería bueno que te fueras —añadió Sherry encogiéndose de hombros, la otra fémina esbozó una sonrisa arrogante.

—Querida prima, dinos… ¿Quién te trajo a casa? —contraatacó triunfante, sabía que aquello le traería problemas serios a la muñequita.

Chris frunció el ceño y apuntó con su dedo a la imprudente Claire.

—No cambies el tema —reprochó, la aludida levantó los brazos en señal de paz, el castaño ladeó el rostro mirando a la pequeña rubia que tenía al lado asumiendo con asombro lo que sus oídos acababan de oír. — ¿Quién te trajo? — inquirió entrecerrando sus orbes marrones.

—Chris, resulta que hay un muchacho que es…

—Un perfecto idiota —interrumpió la Redfield, al instante se ganó una mirada asesina de parte de ambos y una advertencia verbal más de su hermano.

—Se llama Steve y él va a pedirme…

—¡Basta, basta! —vociferó Chris tomándola por los hombros y sentándola en uno de los sillones. — Sherry, sé lo que ese muchacho va a pedirte y la respuesta es un "No" rotundo, y siempre será así. — Claire aguantó la risa apretando sus labios, gesto que acrecentó la rabia de la más pequeña que sólo pudo cruzarse de brazos captando como la impotencia corría a través de sus venas, interrumpir el sermón de su primo sería algo imposible. — Sabes y conoces a la perfección las reglas: Uno, no sales hasta graduarte. Dos, no sales hasta graduarte. — La muchacha de perfecta apariencia liberó un bufido realizando un gesto infantil en su labio.

—¡Oye, eso es injusto! —protestó.

—Te diré algo injusto, esta mañana nacieron dos gemelas de una pequeña de quince años, y ¿Saben lo que ella dijo? —argumentó el único hombre del lugar.

—Soy una perra maldita que no pude hacer que mi novio usara un condón —expuso Sherry dejando boquiabiertos a Chris y raramente también a Claire.

—Bueno casi, pero no… ella dijo que debió haber escuchado los consejos que le daba la gente que la quería. — La pelirroja de coleta liberó una carcajada sarcástica. El intento de persuadirlas que manejaba su hermano era asombrosamente estresante.

—¡Eso no es cierto! —refutó la menor.

—Sin la anestesia eso hubiera dicho, y no me digas lo contrario —amenazó seriamente.

Claire continuó riendo, clásico de clásicos, cuando Chris no hallaba más fundamentos para discutir evadía todo tipo de diálogo, propio de un dictador con graves tendencias de sobreprotección, ella ya conocía de memoria las técnicas aplicadas por el líder de su hogar, mas no Sherry que era una simple novata.

—¡Podemos terminar conmigo por favor!, soy la única en la escuela que no ha salido con nadie.

—No es cierto, Claire tampoco —replicó con relajo.

—Y no tengo intenciones de hacerlo —musitó la nombrada con absoluta convicción.

—¿Y por qué hermanita?. Dínoslo, enséñale a tu inocente e ilusa prima las razones.

—Tienes que ver la clase de animales repugnantes que hay en esa escuela —habló dramatizando un gesto de asco a escasos segundos de vomitar sobre la menor de los tres.

—¡Déjame, asquerosa! —se alejó de ella refugiándose en la espalda fornida del chico. — ¿De dónde vienes tú?, ¿bajaste del cielo acaso?

—No, en lo absoluto, a diferencia tuya, yo no bajé a decir "¡Hey, soy hermosa, mírenme, mírenme!" —se mofó imitando sus expresiones y el tono de voz.

—Muy bien, ya dejen de discutir —las frenó posesionándose en medio de ambas. — Se aplicará la regla de siempre, Sherry saldrá — la pelirroja abrió los ojos y la boca desconcertada con la decisión, la hija de William Birkin dibujó una armónica sonrisa complacida que para su pesar, no iba a durar más de cinco segundos. — Cuando Claire también lo haga. — Finalizó el joven trabajador de Umbrella.

Sin más palabras, Chris les dio la espalda y se dirigió a la puerta con aparentes intenciones de salir, la rubiecita no titubeó en seguirle los pasos, le tomó por el hombro y lo obligó a voltearse. Esta vez no estaba dispuesta a rendirse y mucho menos de dejarle plasmada en el rostro aquella sonrisa malévola de satisfacción que seguramente Claire cargaría durante toda la semana con el único fin de fastidiarla. Claro que no, no lo permitiría…

—Espera, Chris, ella es una mutante ¿Qué tal si nunca sale?, o sea mírala, ¿Quién se fijaría en ella con esos trapos rotos que viste? —la chica bajó la mirada en dirección a sus shorts, ella no les veía nada de malo, fingiendo vulnerabilidad fijó la vista en su hermano mayor haciéndose la dolida por el reciente ataque verbal.

"La técnica de la mosca muerta" nunca fallaba con el Redfield.

—¡Suficiente, Birkin…si Claire no sale, tú tampoco! —sentenció. — Rayos, soy genial — susurró, volvió a utilizar su tono de voz autoritario. — Y así, yo podré dormir tranquilo en la noche, sin preocuparme de que escapen. — Se dirigió a la pelirroja con determinación. — Ya hablaremos de tu futuro estudiantil.

—Claro, claro —respondió la chica subiendo las escaleras.

Chris mantenía la mano en el pomo de la puerta dispuesto a irse, pero su prima estaba empecinada en impedírselo y una vez más lo retuvo ejerciendo un agarre en su brazo.

—Espera Christopher, primito lindo y preferido yo…

—Adiós —la cortó mientras se liberaba de su frágil mano y salía exitosamente de la fastuosa vivienda que compartían dejándola allí, completamente furiosa y sumamente desilusionada por el reciente desaire que le había dedicado. Sherry se encaminó molesta en dirección a las escaleras.

—¡Claire! —la nombrada se giró sobre sus talones y bajó un peldaño proporcionándole atención. — ¿No puedes conseguir a un retrasado mental que te lleve al cine?, así yo pueda salir alguna vez en mi vida.

—Lo siento, creo que no podrás tener esa fina charla con el estúpido egocentrista de Steve Burnside, créeme que en parte te estoy haciendo un enorme favor.

—Eres una idiota —mencionó colérica.

—Idiota tú, ¿No te das cuenta de cómo eres?, pues yo te lo diré, eres un vulgar retrato superficial de tu personalidad pueril con cero por ciento de capacidades cognitivas y un casi nulo desarrollo de los principales ocho tipos de inteligencia humana.

—¡Bruja amargada!

—¡Barbie de plástico!

Ambas se miraron con odio y desprecio, Claire continuó con el camino hacia su habitación y Sherry se dirigió a la cocina, necesitaba un vaso de agua con urgencia y que el día acabara de una maldita vez.


Jamás habría imaginado que tenía que intentar aprender francés sólo por tener un momento junto a una hermosa chica. Piers le había dicho que la hermosa rubia tenía dificultades con aquella materia, y pensó que no sería difícil actuar como un maestro de lenguas para ella, por supuesto se había equivocado con eso; ahora estaba sentado ahí, en la biblioteca intentando entender aunque sea un poco de ese idioma. Él hubiera disfrutado mucho más si de otro tipo de 'aprendizaje' de lenguas se tratara. Si servía como motivante: al menos el francés no era tan estresante como Excella Gionne, sí, como esa horrible mujer pedante y manipuladora que se hacía de todos sus medios para mantener a su padre engatusado. Pero eso no importaba ahora, el hecho era que estaría de cerca con aquella chica que lo había logrado cautivar desde el primer momento, y eso sin duda era su premio mayor.

Dejó de pensar en eso cuando cierta y linda rubia había tomado asiento delante de él. Por un momento imaginó que ella no llegaría y se quedaría esperando como un iluso en la biblioteca, pero de ahora en adelante ya no le haría caso a Piers y al famoso complejo de princesa. Esa chica estaba sentada frente a él con ese aire angelical, rompiendo con todos los esquemas del cerebrito Nivans.

—Date prisa, los hermanos Ashford están discutiendo otra vez en el patio central. —Habló rápidamente sin siquiera prestar atención al muchacho.

Tal parecía que la rubia era amante del espectáculo público. Aquel jovencito gracioso le había dicho que el nuevo estudiante tenía bastante conocimiento del francés, hubiera querido declinar aquello, pero dado que sus notas en esa materia no eran dignas de presumirse y mucho menos con sus padres, tuvo que aceptar y acudir a clases especiales con el amigo de Piers Nivans, quien seguramente era otro nerd…o eso creía, pues cuando al fin pudo ver con claridad al pelirrojo, no lucía como uno más del club Nivans. No le dio importancia a su apariencia, si era amigo del chico encargado de audiovisual, era porque se trataba de otro empollón.

—Uhm…emm…de acuerdo, creo que debemos comenzar por revisar la pronunciación. —Jamás creyó que estaría titubeando frente a una mujer, era simplemente sorprendente hasta para él mismo. Pasó una mano por su cabeza tratando de pasar por desapercibida su ansiedad.

—No voy a hacer ruidos extraños aquí. —Rechazó de inmediato la instrucción del joven.

Jake la miró por unos segundos, quizás Piers no se había equivocado tanto en la descripción que le había dado de ella; normalmente no se la pasaría rogándole a una muñequita como ella, pero ¡rayos!, esa chica realmente lo tenía embelesado. No importaba el trato que recibiese por parte de ella, si al final podría obtener una cita. Él mismo se pondría a prueba: ¿Hasta dónde sería capaz de llegar por salir con esa hermosura?

—Bueno, hay otra opción… Quizás pueda ayudar la comida francesa, podríamos ir a comer este sábado —sugirió seguro de sí mismo.

Sherry le miró dulcemente, ¿Ese chico estaba proponiéndole lo que ella creía?, era un gesto tierno por parte de un nerd, así que no puedo evitar conmoverse por ello; jamás saldría con alguien como él, pero el chico se había ganado su admiración por el simple hecho de sugerirle sutilmente una cita.

—¿Quieres que salgamos? ¡Eso es tan lindo! —exclamó tiernamente, aunque un ápice de diversión podía vislumbrarse. — ¿Cómo te llamas?

—Jake…Oye, estoy al tanto de tu primo sobreprotector, pero es necesario que nos veamos para esta cla…

—Un momento, Jerry. —Le interrumpió.

—Jake —rectificó.

—Mi primo tienen una regla de oro…no saldré hasta que mi prima lo haga —dijo recordando la plática que tenía todos los días con Chris en compañía de la bruja. Odiaba las reglas de su primo, pero odiaba aún más que Claire fuera tan amargada. Jake le miró confuso, ¿tan sólo se trataba de eso?, era pan comido.

—No creo que sea tan difícil hacer que tu prima encuentre…

—Quel est ton problème, James? —volvió a interrumpirlo. Ese chico no comprendía nada de su situación social, ni mucho menos el francés que Sherry había aplicado recientemente, lo mejor era ponerle los pies en la tierra y que supiera cuál era su principal problema cuando decía que si Claire no salía ella tampoco lo haría. — Por si no lo sabes, Claire es una amargada, agresiva y dura.

—Algo escuché de eso, ¿Pero, qué le pasa exactamente?

—Es todo un misterio…Era una chica completamente normal y creo que popular, pero se hartó de eso. Existen muchas teorías, pero yo sólo creo que no sabe mantener las relaciones…es en resumen: ¡Una bruja! — No se preocupaba por ofender a su prima, después de todo ella también lo hacía. Ni ella misma sabía qué había ocurrido con la pelirroja, lo único que tenía seguro es que se había convertido en una chica poco sociable.

—Quizás exista alguien que sea capaz de salir con ella. —La rubia lo miró expectante. — Es decir, existen hombre a lo que les gusta correr riesgos…sólo basta con encontrar uno de esos y que salga con tu prima.

—¿Harías eso por mí? —le preguntó tiernamente al tiempo que tocaba el brazo del muchacho.

Jake se sorprendió por aquel movimiento, no podía negar que se encontraba nervioso por la cercanía, pero no podía dejar que ella lo notara. Se aclaró la garganta y se acomodó sobre su asiento; puso su gesto serio y la miró atentamente.

—Por supuesto. —Dijo con tal seguridad que la rubia sólo pudo sonreír de oreja a oreja.

¿Sería alguien capaz de salir con la bruja de Claire?, si ese chico lograba encontrar a algún valiente que se atreviese a ello, definitivamente le haría un monumento. Eso tendría que ser todo una hazaña, una que no estaba dispuesta a perderse; sería maravilloso ver por fin a Claire con algún muchacho.


Haber volado con su motocicleta delante de una multitud de estudiantes extasiados por la acción que estaban visualizando había sido una experiencia sublime, lo admitía…pero los dolorosos malestares que aquella mañana presentaba su cuerpo eran la parte mala de caer como un costal de papas en el suelo, y como era de esperarse; sus compañeros ya ni recordaban su proeza por supervivencia y sus reflejos dignos de un superhéroe. Por su puesto que no lo hacían, él sólo era el nerd del bachillerato, alguien invisible, un perdedor de tomo y lomo. Suspiró sacudiendo su cabeza, no era su estilo amargarse con pensamientos pesimistas, al menos había tenido sus cinco minutos de fama y lo agradecía.

Detuvo abruptamente sus pasos cuando notó la presencia de su vecina de casillero, esa chica de contextura delgada, de piel blanca como la nieve y unos finos labios rosados estaba allí, tranquila, serena como una ninfa y ese aire intelectual que él tanto admiraba la acompañaba como de costumbre.

Carla Wong Radames, en la actualidad simplemente era llamada "Carla Radames" puesto que sus padres se habían divorciado de muy mala manera, por una aparente infidelidad de parte de su progenitor, ella y su hermana gemela, Ada Wong también fueron victimas de la separación, pero Carla a diferencia de la ex novia de Leon Scott Kennedy, optó por irse a vivir con su madre y desligarse por completo de su padre, por ende, omitía su apellido paterno.

Piers estaba enamorado de ella desde que tenía uso de razón, sobre todo desde que la había oído recitar poesías hace un par de años, al parecer la joven de rasgos asiáticos profesaba una gran pasión por la declamación. A veces cuando se la topaba en las mañanas echaba un vistazo disimulado al interior de su casillero, allí había visto que mantenía recortes de poemas, inclusive tenía pegada una imagen de William Shakespeare. A pesar de que Radames era muy diferente a su hermana, el joven Nivans jamás había tenido el suficiente valor para dirigirle la palabra, millones de oportunidades se la habían manifestado debido a que mantenía varias clases con ella, de igual modo creía ser muy insignificante para tener el honor de charlar con una mujer increíblemente maravillosa como esa.

Tragó saliva nervioso y se aproximó hasta su casillero, olió el agradable aroma que desprendía su perfume al pasar por su lado, ¡Dios!, anhelaba tanto platicar con ella. Se regañó internamente por no concentrarse y enfocó la vista en su respectivo lugar. Y lo que ocurrió después, Piers no supo si era una señal del cielo o sencillamente obra del destino, pero uno de los libros de Carla cayó estrepitosamente sobre su zapato derecho, por modo reflejo se agachó y lo recogió.

—Gracias – dijo la fémina algo avergonzada, sin mirarlo, tomó el libro entre sus pálidas manos y lo guardó con desesperación.

Esa era la gran diferencia que tenía con Ada, ésta última era simpática con todo el mundo, incluso con un ser tan patético como él, pero parecía ser alguien muy misteriosa, tanto así que nadie se explicaba aún cómo es que había conseguido mantener una relación estable con el chico más temido de la escuela, los mal hablados decían que ella y Leon tenían sexo de tipo masoquista en la oficina de Svetlana, lo cual podía ser cierto según Nivans. Ada Wong era extrovertida, sensual y astuta. Carla en cambio, resultaba ser introvertida, tímida y nunca se le había conocido ningún novio, al menos no en el colegio. Por esa razón, el joven de orbes color miel deducía que ella se sentía igual que él, ni siquiera se atreviera a mirarle a los ojos mientras le agradecía por haber levantado su libro.

"Como actor vacilante en el proscenio
Que temeroso su papel confunde,
O como el poseído por la ira
Que desfallece por su propio exceso,
Así yo, desconfiando de mí mismo,
Callo en la ceremonia enamorada,
Y se diría que mi amor decae
Cuando lo agobia la amorosa fuerza
"

La joven de cabellera corta y de color marrón levantó la vista sorprendida de oír aquellos versos de su ídolo en boca de un chico como él, por primera vez durante todos los años que habían sido compañeros estaban mirándose fijamente a los ojos, y la sensación se percibía bastante agradable. Carla sonrió y Piers sintió que volaba en una nube directo a las puertas del firmamento.

"Deja que la elocuencia de mis libros,
Sin voz, transmita el habla de mi pecho
Que pide amor y busca recompensa,
Más que otra lengua de expresivo alcance
."

Complementó la chica haciendo que la risa que había formulado hace unos segundos en sus finos gestos faciales se hiciera más ancha y visible enseñando su perfecta dentadura ante él.

"Del mudo amor aprende a leer lo escrito,
Que oír con ojos es amante astucia."

Finalizaron mientras declamaban a la par, estallaron en una carcajada sincronizada.

—¡Vaya!, pensé que era la única que leía poesía en este lugar —mencionó tomando una actitud relajada que entorpecía los movimientos de Piers.

—Yo… yo soy un gran admirador de Shakespeare y veo tú también —contestó amable. La joven asintió.

—Es mi novio —suspiró con la mirada perdida, el muchacho enarcó una ceja, eso sí que no lo esperaba, la única mujer de esa escuela que llamaba su atención estaba completamente desquiciada. Sin más intercambio de palabras, Carla Radames cerró su casillero y se dirigió a las escaleras más cercanas. El castaño no pudo interpretar lo que acaba de acontecer, sencillamente sacó sus cuadernos y se encaminó en busca de Jake, hablar con él podría apaciguar su incertidumbre.


Luego de platicarle a su amigo lo acontecido con Carla y éste le aconsejara que sencillamente se alejara y olvidara aquella loca. Piers y Jake discutieron las maneras posibles de idear un plan para que el pelirrojo obtuviese una cita con la hermosa Sherry Birkin, estudiaron y analizaron las supuestas reglas impuestas por el primo de la rubia y como plan "A" decidieron hacer una lista de posibles chicos que pudiesen salir con la complicada Claire Redfield.

Nivans habló con cada uno de los candidatos y les indicó reunirse en el sector más alejado de la escuela, en donde se ubicaba la bodega que albergaba objetos inservibles que el colegio desechaba, ahí nadie los vería ni serían interrumpidos, era el plan perfecto… sin levantar sospecha alguna. Miró su reloj y supo que era la hora precisa para la congregación, así que a la brevedad se dirigió en compañía del hijo de Wesker hasta el punto de encuentro.

—He reunido a los más indicados para este desafío, ya verás —expuso mientras bajaban por las escaleras, Jake levantó una ceja y lo miró con algo de desconfianza, dudaba que alguien en su sano juicio quisiera arriesgarse a tener una cita con la pelirroja. De todos modos, el plan de Piers era lo único que tenía como opción.

Al llegar se quedaron quietos mirando a los cuatro candidatos, el joven de cabellera castaña se aproximó a ellos y los saludó amablemente, Jake permaneció en su lugar observándolos con cierto desconcierto, aquellos tipos no tenían ninguna cualidad física impresionante.

—Bien, Jake…ellos son. —Se acercó a un tipo de cabellera castaña y de aspecto rudo. — Él es Kevin Ryman y más allá están Kenneth Sullivan, Curtis Miller y Ricardo Irving.

—¿Alguno de ustedes saldría con Claire Redfield? —preguntó Jake dirigiéndose directamente al grano.

Los jóvenes se miraron entre sí y estallaron en carcajadas irónicas, hasta se dieron el lujo de mirarlos con lástima como si acabaran de escuchar el peor chiste de sus vidas.

—Ni aunque fuéramos los últimos hombres de la tierra —musitó el de apellido Irving.

Jake fulminó con la mirada a su compañero, Piers estaba tan pasmado como él por la reacción cobarde de los chicos.

—Eso sólo sucedería si ya no quedaran ovejas —complementó Ryman dejando en claro su decisión ante la propuesta. Los orbes grisáceos de Jake se posaron en los otros dos, pero éstos lo evadieron de inmediato. No necesitaron más respuestas para retirarse desanimados de aquel lugar.

El plan "A" no había funcionado.


Jill Valentine salió completamente molesta de la oficina de Svetlana Belikova, acudió a ella para que la recomendase con el fin de obtener una beca universitaria, pero la mujer proveniente de Rusia le había ignorado sin descaro argumentándole que tenía una novela que terminar y además estaba esperando la llegada de alguien importante, la castaña chasqueó la lengua, lo único que quería era que escribiera unas malditas oraciones que probablemente no iban a tomarle más de cinco minutos.

La insultó en un susurro, no veía la hora de marcharse de aquella escuela sucia, con compañeros estúpidos y maestros mediocres, por eso quería seguir los pasos de su amiga Claire Redfield y largarse lo antes posible de Raccoon city.

La jovencita de orbes azules marchaba tan sumergida en sus pensamientos que no notó la presencia de otra persona que venía en su dirección contraria, cuando lo captó su cuerpo ya estaba en el suelo a causa del choque de hombros que se habían dado.

—Demonios lo siento, que estúpido… creo que iba muy rápido —se disculpó una voz masculina, bastante agradable a decir verdad. La muchacha movió la cabeza de lado a lado intentando despabilarse, tenía los ojos cerrados el efecto de la caída la mantenía aturdida. — ¿Estás bien? — averiguó preocupado. Jill levantó los parpados y enfocó sus pupilas en el hombre que le hablaba, se quedó contemplándolo algunos segundos, creía haberlo visto en alguna parte, pero desechó la idea de inmediato. Tenía un rostro varonil muy atractivo, sus facciones ya eran de un hombre hecho y derecho, pero sin perder el aire juvenil, personalmente prefería a los chicos de la edad que seguramente tendría el individuo que tenía en frente, además su vestimenta formal y aspecto de empresario le daban un toque sumamente único. — ¿Estás bien? — repitió.

—Sí —consiguió responder luego de un largo rato, él suspiró aliviado le ofreció su mano para que pudiese levantarse, con nerviosismo la chica la aceptó y se incorporó. — Gracias, por fortuna nadie me vio.

—Discúlpame en serio —Jill sonrió provocando la misma expresión en su rostro, no sabía por qué, pero de pronto la risa de esa muchacha resultaba ser altamente contagiosa. Chris no imaginó que al cometer tal torpeza tendría el privilegio de ver un rostro tan bello.

—Tranquilo no fue tu culpa, yo iba distraída y enfadada —mencionó enfocando su mirada en la puerta de la oficina de la consejera, el castaño entendió a lo que se refería.

—Sí, la famosa y bizarra Svetlana, veo que no cambia. —Ella le miró intrigada.

—¿La conoces?

—Me gradué de aquí hace seis años —explicó, revisó la hora en su celular y abrió los ojos alarmado. — Lo siento se me hace tarde. — Se justificó, la fémina simplemente asintió viéndolo alejarse, sintió el loco impulso de correr hasta él y preguntar su nombre, pero algo le decía que muy pronto lo volvería a ver, sonrió y continuó caminando.


Habían estado durante el largo trayecto del día buscando por todas las vías posibles una manera de conseguir algún joven valiente que osara aceptar el alto desafío de acceder a tener una cita con la indomable Claire Redfield, y más aún, que se atreviera a conquistarla, pero a quién querían engañar… parecía ser una misión imposible.

Sentados en uno de los largos mesones del laboratorio estaban Piers y Jake, sumamente agotados y frustrados. Además la clase de ciencias y su asquerosa tarea de abrir el cadáver de una rana no ayuda a mejorar el panorama, la mayoría de los alumnos miraban con asco la acción que deberían hacer a continuación y más de alguno ya había corrido al baño a vomitar. No obstante, ni a Nivans ni al pelirrojo parecía importarles aquel detalle.

—Te lo dije, era algo imposible… nadie que piense con claridad saldría con ella —masculló el castaño siendo cada vez más pesimista.

Jake suspiró mirando en otra dirección, sus orbes azulados se posaron en la figura de aquel chico temido por todos quien también "gozaba" de una clase de ciencias en el laboratorio, se preguntó por qué razón le tenían miedo y tanto respeto, no parecía ser alguien hostil. De pronto aquel joven de cabellera rubia sacó una navaja y la enterró sin contemplación alguna sobre el enmarañado cuerpo de la rana, sin sentir repulsión por su acción comenzó a entretenerse en lo que hacía moviendo como un cirujano experto ese objeto filoso en el estomago del pobre anfibio. Alzó una ceja pensativo, quizás en él estaba lo que anhelaban.

—Oye, Piers ¿Qué opinas de él? —preguntó sin dejar de ver al muchacho de apellido Kennedy, el joven encargado de la sala de audiovisuales giró el rostro en busca del punto que le indicaba su compañero, visualizó a Leon e inmediatamente regresó la vista a Jake.

—Él no, no… no lo mires —susurró asustado, el pelirrojo rió un poco por el nerviosismo de Piers— hablo en serio, ese es un criminal, escuché que le encendió fuego a un policía y estuvo en la cárcel de Raccoon hace dos meses.

—Sí, pues eso lo hace distinto —debatió sonriendo, siguió contemplando a la última esperanza que le quedaba por salir con Sherry Birkin, tenía que conseguir que ese joven rudo y sin límites saliera con la pelirroja.

—Ya te dije que dejes de verlo, es en serio, amigo, está loco. Vendió su propio hígado en el mercado negro sólo por unos pocos pesos.

Leon Scott Kennedy se había aburrido de destrozar el cuerpo inerte de ese animal inservible, las ganas de fumar lo invadieron, sin preocuparse por lo que le pudiesen decir sus maestros, sacó un cigarrillo de su bolsillo, lo posó en sus labios y se acercó hasta el mechero a gas que contenían las mesas del laboratorio, evadiendo todo tipo de discreción y precaución lo encendió, y al instante apareció una enorme llama de fuego que utilizó cómodamente para encender su preciado cigarro.

Billy Coen, quien no pertenecía al bachillerato, pero pasaba allí la mayoría del tiempo, le arrebató el objeto vicioso de la boca y lo apagó aplastándolo en la rana que Leon había abierto hace unos momentos, le dedicó una mirada reprobatoria. Jake sonrió por lo que acababa de presenciar, ese tipo era perfecto para el objetivo.

—Él lo hará.


Ambos posaron la vista en el supuesto delincuente, contactaron con sus intimidantes orbes de color azul y apartaron sus miradas en cualquier otra dirección fingiendo indiferencia, definitivamente un sujeto como Kennedy generaba miedo. Leon se quedó observándolos, se había sentido vigilado por ellos durante la clase, pasó ágilmente sus dedos a través de la llama de fuego que aún permanecía ardiendo.

Al cabo de una hora y de pensar muy bien la manera precisa de acercarse a Leon, se armaron de valor y lo fueron a buscar hasta el taller en donde solía entretenerse en compañía de Billy, al parecer mantenían un gusto por la construcción y las herramientas. Piers se sentía demasiado intimidado para entrar y aproximarse, así que simplemente optó por mirar la escena desde el umbral de la puerta, en un principio Jake protestó, pero finalmente aceptó que debía correr ese riesgo solo, más que mal… el interesado en Sherry era él y no Nivans.

El ruido de maquinas cortando madera o el sonido de algunos fierros siendo soldados recibió al hijo de Albert Wesker mientras entraba temeroso en aquel salón, en donde todos parecían ser mayores de edad, notó que el amigo de Kennedy ayudaba en el taller, pero esta vez no estaba charlando con su amigo, sino que permanecía intercambiando sonrisas con la única fémina del lugar en esos momentos, creía haber escuchado que esa chica se llamaba Rebecca Chambers y era una especie de genio.

¿Qué hacía en el salón de herramientas y reparaciones?, cuando ésta besó los labios del tal Coen, Jake obtuvo su respuesta. Finalmente enfocó a Leon, quien estaba sumamente concentrado en su tarea de agujerar un pedazo de madera, tenía un taladro en sus manos, el joven titubeó de acercarse, pero recordó a Sherry al mirar el libro de francés que sostenía en sus manos, no… por ella debía ser valiente.

—Hola ¿Qué tal?, oye, quería… —Leon frunció el ceño al sentir la voz de ese mocoso que interrumpía su labor, con claros deseos de alejarlo enterró el taladro en el libro que el pelirrojo sostenía en sus manos, éste inmediatamente lo soltó y sonrió nervioso, la mirada de Kennedy era asesina y de pocos amigos. — Emm… lo entiendo, de acuerdo — murmuró alejándose.

No era su estilo ser sumiso ni temeroso, pero debía admitirlo, por primera vez en su vida temió por su seguridad integra.


Luego de aquel torpe encuentro con una agradable jovencita, tenía que recuperarse; seguramente Svetlana estaba esperándolo. Maldecía por lo bajo, esa mujer comenzaba realmente a acosarlo, no estaba seguro de eso, pero cada que acudía a donde ella, esta no dejaba de recorrerlo con la mirada, ¿Existiría alguna ley que penalizara a mujeres acosadoras?, esperaba que sí.

Se acercó hasta la que suponía era asistente de Belikova y preguntó por ella, la robusta mujer le dijo que ella había estado esperándolo y que podía pasar de inmediato; él se acercó hasta aquella puerta que marcaba en letras negras "consejería" y tocó un par de veces antes de recibir la autorización. La rubia dejó de escribir en su laptop en cuanto vio quien era el que se adentraba a su oficina; le sonrió descaradamente y con su mano le invitó a tomar asiento. Chris no tardó en estar sentado frente a esa mujer a la que parecía que le habían engrapado la sonrisa a la cara.

—Uhm…Claire me dijo que tenía que… —comenzó a argumentar para romper aquel torturador silencio, pero como era costumbre, Belikova sólo tenía boca para interrumpirlo.

—Oh, Claire, por supuesto —no podía ocultar el nerviosismo que aquel hombre le causaba, podía sonar hasta enfermo que alguna vez se trató de su alumno, eso definitivamente era anti ético, pero… ya no era su alumno, ¿verdad?

—Sí, ella me dijo que usted quería…

—Escucha, Chris —el nombrado arqueó una ceja sorprendido por la confianza con que le hablaba esa mujer.— Claire sí tiene problemas con su comportamiento, pero es una chica astuta y estoy segura que sabrá solucionar eso ella sola…Ahora pasemos al asunto principal, ¿Cómo te va?

Chris no evitó que su boca se abriera ante el cinismo de la rusa. Esa mujer ya no tenía vergüenza. Lo que se esperaba por supuesto, sólo que esta vez había tardado menos a la hora de indagar acerca de su vida privada.

—¿Por qué esto es importante? —cuestionó confuso. Svetlana sólo le dedicó una sonrisa más.— Pues verás…es un nuevo sistema del bachillerato, ya sabes, ese programa que se llama…- giró los ojos hacia su derecha tratando de "recordar" el nombre. — Es un nuevo sistema, fue nombrado: "averigua todo sobre los familiares de tu alumno"— y sonrió con nerviosismo.

—¿De…acuerdo?

—Así es, y los consejeros tenemos que contar con esta información…así que dime, ¿Cómo es tu vida sexual? —se levantó de su lugar y se colocó delante del Redfield.

Chris la miró asustado, lo único que quería era salir corriendo de ahí. La culpable de todo era su rebelde hermana, esa mujer sólo se colgaba del comportamiento de su hermana para arrastrarlo hasta su oficina. Se pasó una mano por el cuello completamente nervioso, esa mujer estaba demasiado cerca, prácticamente violaba su espacio personal.

—No estoy seguro de querer responder esto.


Piers miró horrorizado los resultados del intento de interactuar con un animal salvaje como Leon Kennedy, el enorme agujero que traspasaba el libro de enseñanzas del idioma francés era impresionante. Dejó el fatídico final de ese objeto y bajó la mirada derrotado, estaban jodidos.

—¿Y cómo hacer que Kennedy salga con ella? —inquirió Piers.

Jake Wesker Muller estaba a unos pocos metros de distancia mirando por la enorme ventana de la biblioteca, por fortuna estaba solos y nadie podía oírlos.

—No sé —respondió acercándose a Piers, el joven de orbes color miel negó con la cabeza. — Tal vez con dinero, pero seria caro — propuso al tiempo que echaba un vistazo a sus uñas.

—Lo que nos hace falta es un mecenas —musitó pensante.

—¿Qué es eso? —indagó Jake interesado y confuso.

—Alguien con fondos, pero que sea estúpido.


Sentado en medio de la cafetería, en la mesa que él mismo había designado para todo su grupito de amigos, estaba Steve Burnside haciendo lo que mejor sabía hacer en sus ratos libres, dibujos idiotas y sin sentido sobre las charolas que se utilizaban para el almuerzo.

No se trataba de un Picasso o de un Salvador Dalí… lamentablemente sólo se trataba del chico pedante, arrogante y con nulo talento tratando de hacer reír a sus torpes amigos. Un plumón era suficiente para comenzar una vez más a rayar una inocente charola. Deslizó con suavidad la tinta, y comenzó a marcar tratando de crear el cuerpo de una mujer, por supuesto sólo enfocándose en los pechos; esa sin duda sería la obra de arte de la que el bachillerato de Raccoon City muy seguramente se vería orgulloso en un futuro muy, muy, muy, muy lejano.

Estaba inspirado haciendo aquellos trazos, hasta que aquel nerd que no salía de la sala de audiovisuales terminó con su inspiración al momento que decidió sentarse a su lado como uno más de la manada Burnside. Todos los integrantes lo observaron atentamente. Steve por supuesto no pudo evitar hacer gestos despectivos tratando de entender por qué aquel individuo osaba si quiera dirigirles la palabra. Piers sólo los miró tratando de no sentirse intimidado.

—Oye, ¿Eso es una tarta de manzana? Hace años que no pruebo… —se acercó hasta el plato de Luis Sera intentando entrar en confianza con aquellos chicos, pero su trayecto se vio interrumpido cuando la mano del español lo retuvo antes de llegar a su objetivo. — Claro, lo lamento — Se disculpó de inmediato.

—¿Se te perdió el mapa, niño explorador? —le preguntó Steve con clara molestia.

—No, de hecho…vengo a hablar contigo. —Se puso serio. Sabía que probablemente ellos lo golpearían por atreverse a sentarse allí, pero debía intentarlo por ayudar a su nuevo amigo, eso era la amistad y estaba dispuesto a arriesgarse. Steve lo miró como si su presencia fuera una clara ofensa al apellido Burnside, por supuesto que estaba enojado, el jamás entablaría relación con un chico tan nefasto como el que tenía en frente. — Bueno, hay algo que quiero decirte y que seguramente te interesará.

—¡Lárgate de aquí!

—Sólo escúchame. —Insistió. Steve acercó su plumón hasta él y lo tomó por la mejilla para comenzar a trazar otro dibujo que seguramente sería patrimonio cultural. — Tú quieres salir con Sherry, ¿no?...pero no puede salir contigo porque su primo puso reglas ridículas y entonces ella no saldrá hasta que Claire lo haga, y al parecer ella no tienen intenciones de salir con absolutamente nadie.

—¿Esta conversación es importante? —preguntó aun con la atención puesta en el cachete de Piers.

Estaba gustoso dibujándole en el rostro un perfecto símbolo fálico, ese pene tenía que ser su obra de arte más grande hasta el momento. Ese chico no podía lucir más perdedor.

—Lo que tienes que hacer es… —sintió como el plumón de Steve se dirigía hasta la comisura de su boca. —…Contratar a alguien que se atreva a salir con Claire Redfield, y que no salga corriendo en el intento. — Ese era el momento para señalar al chico que estaba ubicado un par de mesas a la derecha.

Steve guió su mirada hacia donde el chico le indicaba disimuladamente con el dedo, y frente a él estaba ni más ni menos que Leon Kennedy sentado con un chico que ni siquiera pertenecía al bachillerato. Ese sujeto era un criminal en potencia, lo observó a la lejanía y llegaba a su mente todos aquellos rumores de los que el chico de cabello largo se había visto inmiscuido.

—¿Ese? —preguntó aun viéndolo. — Escuché que se comió un pato entero.

No podían evitar intimidarse un poco al hablar sobre aquel chico.

—Todo menos el pico y las patas. — Aclaró de inmediato. — Ese chico es arriesgado, y perfecto para la inversión.

—¿Por qué me dices esto? ¿Qué ganas tú? —preguntó interesado.

No podía negar que la idea de ese nerd era buena, si lograba que ese chico saliera con la fierecilla Redfield, él tendría oportunidad de salir con su pequeña prima.

—Si te veo por algún lado y te saludo, tú me saludarás. —Se inventó un buen pretexto, no podía decirle que era para ayudar a Jake a conquistar a la rubia, seguro lo mataría si le decía aquello.

—Sí, sí…entiendo, ser grande por asociación. —Asintió aun meditando todo lo que Piers le había dicho. Se aclaró la garganta y volvió el gesto serio a él. — Lo pensaré — Piers asintió ante eso y disfrutó de estar sentado en esa mesa. Estaba satisfecho con lo que había logrado, el torpe de Steve se había visto cautivado por la idea por mucho que intentara negarlo, seguramente ya estaría pensando en lo que le ofrecería a Kennedy por lograr que salga con la prima de Sherry. — Retírate — le pidió, logrando sacarlo de sus cavilaciones. Ese nerd tomaba confianza demasiado rápido, y no podía permitir tal cosa.

El chico de inmediato se puso de pie y se dirigió hasta la mesa en donde Jake Wesker había estado observando absolutamente todo. El pelirrojo rápidamente se levantó del asiento y comenzó a caminar con el chico; había escuchado todo lo que habían dicho.

—¿Por qué metiste a Sherry en esto? —le preguntó un tanto molesto.

—Cálmate, sólo tenemos que dejar que él crea que tiene el poder, y mientras arregla las cosas con el delincuente, tú te acercarás a Sherry. —Expuso tranquilamente su plan, Piers ya lo tenía todo planeado, y eso era lo bueno de contar con una persona como él. Jake sopesó aquella idea y definitivamente le pareció buena, ya no tenía nada que recriminar, sólo asintió y se marchó de ahí sin preocupación alguna. Piers vio cómo su amigo se alejaba y al fin recordó lo que hizo Steve en su cara. — Tengo pintado un pene, ¿no?


Luego de pensar en la propuesta de Piers, decidió que después de todo no era tan mala idea. Salir con Sherry iba a ser más sencillo si contaba con alguien como Leon Kennedy para entretener a la Redfield. Se dirigió al campo de fútbol, ahí estaba ese sujeto con su amigo, el famoso Billy Coen; Y vaya suerte que tenía, Claire también estaba ahí, era jugadora del equipo femenino de fútbol, y ahora estaba entrenando, así sería más fácil ubicar a Leon sobre la chica que quería que conquistara.

—Hola, ¿Qué cuentas? —Se acercó hasta Kennedy, quien trataba de encender ese cigarrillo entre sus labios. Leon los miró y los ignoró, tanto a él como a Luis quien había decidido acompañarlo; no podía dejar que ese chico lo esquivara así de fácil. — Ayer escuché lo del pato.

—Disculpa, ¿Te conozco? —le preguntó con su típico tono de chico rudo. Sólo quería que aquel niño payaso se largara de ahí.

—Esa chica —intentó no dar importancia al trato que estaba recibiendo; señaló hacia el campo en donde la pelirroja se encontraba entrenando, y Leon no tardó en guiar su mirada hacia ese punto. — Es Claire Redfield y quiero que salgas con ella.

—Sí, claro, mocoso —Leon sacó su cigarrillo de la boca y no pudo evitar reír ante lo que estaba escuchando. ¿Acaso ese niño le estaba dando órdenes? Sí que estaba perdido. Miró a su buen amigo Billy quien estaba sentado a su lado, y ambos rieron ante la ocurrencia del pelirrojo.

Steve se sintió un tanto ofendido, pero no se dejaría amedrentar por él.

—No saldré con su prima si Claire no sale antes…—comenzó por darle argumentos al chico para que pudiera ayudarlo en su predicamento. — Sherry tiene un primo sobreprotector y no sale con hombres a menos que…

—Es una triste historia, te faltaron lágrimas, pero tampoco me importa. —Le interrumpió con indiferencia.

Soltó el humo de la bocanada que le había dado a su cigarrillo y trató nuevamente de ignorarlo. No iba a permitir que ese chico insolente y presumido, creyera que él lo ayudaría con sus patéticos problemas.

—¿Puedo lograr que te importe si te pago una generosa cantidad? —recurrió al segundo plan. Ya imaginaba que Leon Kennedy era un tipo difícil de convencer, y él afortunadamente tenía los medios para darle una buena paga.

—¿Así que me pagarás por salir con ella? —inquirió divertido, Steve asintió de inmediato. La idea ahora no sonaba tan mal en su cabeza, después de todo, su madre lo había dejado sin un peso y él no tenía un trabajo para sustentar sus vicios. — ¿De cuánto estamos hablando?

—Veinte dólares. —Leon lo miró atentamente y luego guió su vista de nuevo al campo; Claire jugaba fútbol en ese momento, acababa de empujar fuertemente a una de sus compañeras, y a juzgar por la agresividad de esa chica, Steve ya sabía que tenía que subir la oferta. — De acuerdo, treinta dólares.

—Uhm…déjame hacer cuentas. — Alzó la mirada tratando de pensar lo caro que le saldría a ese muchachito salir con aquella chica ruda. — Si vamos al cine, serán veinte más. — Se levantó y se posicionó a un lado del pelirrojo. — Si compramos rosetas de maíz, serán veinte más, y ella querrá dulces, ¿verdad? Creo que quiero setenta más. — estableció su cuota.

Ese negocio no saldría tan mal después de todo. Llevó el cigarrillo una vez más a su boca y espero la respuesta de aquel inmaduro.

—No estamos negociando, acepta lo que te doy o piérdelo.

—¿Sabes qué?...Dame cincuenta y es un trato, amigo Burnside. —Steve ya no refutó aquello, de inmediato sacó su cartera y le entregó un billete de cincuenta dólares.

En ese momento el entrenamiento de Claire había culminado y ambos se separaron rápidamente antes de ser observados por ella. Leon espero hasta que la chica estuviera sola. Jamás la había tratado, sabía quién era y cómo era su actitud en clases, pero no podía decir realmente que la conociera; era una chica diferente al resto, no tenía esa afición por vestir a la moda, pero sin embargo era atractiva; a decir verdad, él no era un chico que se viera fascinado por las muñequitas preocupadas todo el día por su aspecto, claro ejemplo de ello era su ex novia Ada, quien a pesar de ser muy femenina, no era una loca diva perdiéndose en innumerables centros comerciales. Esta chica era diferente incluso a Wong, y ya temía que sería difícil acercarse a ella.

—Hola, niña. —Le saludó amablemente para llamar su atención. Claire le miró expectante. — ¿Qué haces?

—Sudo como puerco, ¿Y tú? —contestó fríamente.

Leon le miró un poco confundido, una mujer jamás le contestaría de esa manera, vaya que la pelirroja era diferente.

—Buena forma de llamar la atención de un chico. —Intentaba ser carismático, y eso en Leon Kennedy tenía que ser todo una hazaña. Todo sea por esos cincuenta dólares, pensó.

—¡Qué bien! Mi misión en la vida. —El sarcasmo eran una característica peculiar en aquella joven. — Me alegra que al menos haya funcionado contigo, el mundo comienza a cobrar sentido. — Contestó, al tiempo que tomaba su bolso e intentaba alejarse de ahí.

Leon sonrió y comenzó a seguirla. ¿Qué tan difícil sería conquistar a una chica como ella? Pero la dificultad que tuviese ya no importaba, tenía pago adelantado y lo único que tenía que hacer ahora era cumplir con aquello.

—¿Te veo este viernes? —intentó acercarse aún más, pero ella no quería detener el paso.

—Ajá, sí claro, por supuesto. —Trató de ignorarlo.

—Puedo mostrarte cosas que jamás has visto.

—¿Cómo qué? ¿Los bares del centro, la cárcel tal vez? —preguntó con ironía. — Además… ¿Al menos sabes mi nombre, idiota?

—Sé más de lo que tú imaginas, Claire. —Ambos se detuvieron. Leon quedó detrás de ella esperando una respuesta.

—Dudoso, muy dudoso. —Y se alejó.

No venía la caso pensar que tenía un admirador, ese chico era un estúpido más de ese bachillerato, un hombre que resultaría ser como todos los demás. Leon la vio alejarse y no tuvo más remedio que marcharse también, esa sin duda alguna sería la misión más difícil del mundo. ¿En qué momento había aceptado hacer tal estupidez?...ah claro, en el momento en que a su madre se le ocurría largarse y dejarlo sin un quinto. Esa chiquilla rebelde caería en cualquier momento, sólo era cuestión de tiempo.

Jake y Piers que miraban todo a la lejanía, se percataron de aquella actuación nefasta por parte del chico rudo. Los vieron hablar un poco y luego vieron a la pelirroja marcharse sin darle mayor importancia al otro. Seguramente lo había rechazado como a todos los demás.

—Estamos jodidos. —Habló resignado el hijo del empresario.

—Oye, no quiero actitudes pesimistas. Quiero oír tu optimismo. —Le animó amistosamente.

—¡Estamos jodidos! —repitió lo anterior, sólo que esta vez con optimismo, justo como se lo había pedido Piers.


Holaaa! (Vidian & Ary saludan)

Agradecemos sus lindos reviews, los cuales por supuesto nos motivan a seguir adelante con el fic, nunca imaginamos recibir tanto apoyo con esta locura. Ustedes saben quienes son: M Bidden, anamariaeugenia, Sarah Hudson, Pamela, Yuna – Tidus – Love, Katie Redfield, Catching RE, Camii, AguxRedfield, RELeonClaire, mire2006 (te amamos mami), Clauu y a Felix ramos.

Muchísimas gracias por su apoyo y esperamos seguir contando con sus comentarios que fueron todos muy tiernos y lindos. Esperamos este capítulo largo les guste :) y las actualizaciones trataremos de hacerlas cada semana, los días jueves. Como siempre, dudas o quejas manifestarla en los reviews.

Saludos a todos y nos leemos pronto, los queremos!