¡Kagome resiste!

"Kagome es víctima de una terrible enfermedad, pero no quiere preocupar a sus amigos, por lo que no dice nada al respecto. Continuando con la lucha contra naraku. Pero pese a sus esfuerzos inuyasha se empieza a dar cuenta que algo va mal, ¿lograra salvar a la persona que ama?"

Le dedico este fic especialmente a peachilein, quien ha sido una inspiración para mí.

Capitulo 4-sentimientos-

Era de mañana en la ciudad de Tokio, el cielo estaba despejado, y los pájaros cantaban en perfecta armonía.

Y conservando esa armonía, Kagome lenta y pausadamente se despertó, con un suspiro se levanto de su cama y fue directo hacia la ventana.

Sonrió.

Era un día perfecto. Como si estuviera de acuerdo con sus sentimientos.

Hace exactamente diez días, le habían dado la peor noticia de su vida. Tenía cáncer.

La noticia fue muy dura, tanto que se la paso llorando un día entero con su madre, incluso se quedaron dormidas en el consultorio. Después de despertar, decidió que se quedaría un tiempo con su familia. Así que amablemente le pidió a Inuyasha – después de estar algo presentable y que no pareciera muy triste- que le diera diez días para recuperarse y estar con su familia. Y – aunque parezca imposible-¡aceptó!, la cara de Kagome fue un poema ante esto.

Lo que Kagome no sabía era que Inuyasha, se sentía un poco confundido, des pues de todo había pensado lo peor, como que a Kagome le pasaría algo malo, y se había llenado de un miedo mortal, claro que después de todo ella estaba bien, – o al menos eso pensaba- haciendo que sintiera un gran alivio y que una pregunta – que hasta ahora había evitado- pasara por su mente ¿Qué era lo que sentía por Kagome?, por lo que pensar sería lo mejor, así que –haciendo uso de su voluntad- le dijo que sí.

Ella, después de que Inuyasha se fuera, se sintió libre para llorar. Y así lo hizo.

Lo peor fue enfrentar a su familia, el ver como su hermano y su abuelo se ponían a llorar, diciéndole cuanto la querían y que no querían que se fuera, sin duda fue una de las experiencias más dolorosas que había vivido.

Claro que viéndolo positivamente, desde aquel día, todos demostraban más sus sentimientos.

Su hermano se la pasaba hablándole de sus problemas y mil temas que tenia, jugaba con él y constantemente le decía cuanto la quería.

El abuelo, bueno ese nunca cambiaria, le contaba cada leyenda que tenia/inventaba, pero también antes de dormir le abrazaba y le decía que era una gran nieta.

Su madre, bueno ella siempre le había dicho cuanto la quería, pero todas las noches iba hacia su habitación, le decía que la amaba y la acunaba en sus brazos hasta hacerla dormir.

Incluso, sus amigas se enteraron, y al segundo dial ya estaban en la puerta de su casa llorando. Claro, que ellas no se quedaron así.

Le hicieron pequeña una fiesta de despedida. ¡Y TODA LA SECUNDARIA FUE!, conoció a gente que ni siquiera sabía que existía, y se le declararon muchos, pero muchos chicos, bien reconocía que era algo bonita, ¡pero esto ya era el colmo!

Aunque debía de admitirlo, agradecía que le hicieran esa fiesta, le habían subido los ánimos, y había sido una bonita despedida.

Pero había cosas que no podía cambiar

Y aunque quisiera evitarlo, sabía que todos sufrían.

Sabía que su madre lloraba cada noche mientras sujetaba una fotografía en donde estábamos yo y papá. Pero en las mañanas siempre le dedicaba una sonrisa.

Sabía que Sota iba con mamá y le preguntaba si había sido un mal hermano y por eso me iba, para que después terminara llorando y mamá consolándolo. Pero siempre la invitaba a jugar con él su nuevo videojuego.

Sabía que el abuelo rezaba constantemente, todos los días por mí, para que me curara. Pero seguía fingiendo que todo era normal.

Sabía que sus amigas se ponían a llorar después de que la visitaban. Pero todos los días iban a verla, animarla y la hacían divertirse.

Sabía que tos sufrían por ella.

Y eso era doloroso.

Suspiro.

Durante esos diez días había acudido al doctor, por los medicamentos que la iban a mantener estable. Como también a un Psicólogo, con el cual tuvo varias sesiones, tanto ella como su familia, además de que le dio una plática sobre las posibles reacciones que pudieran tener las personas al enterarse de su estado.

Todo había sido muy doloroso, pero ella iba a ser fuerte, por ella y por los demás.

Había entendido, que no podía evitar esto.

No podía evitar tener esa enfermedad y hacer sufrir a los demás. Simple y sencillamente no podía. Pero, podía aprovechar cada minuto, cada instante que le quedara con sus seres queridos. Si lo pensaba bien, ¿Cuántas personas no se iban de este mundo en una milésima de segundo sin poder ver, ni despedirse de sus seres queridos? Muchos, y ella tenía la oportunidad de estar con ellos un tiempo más.

Estaba decidida, en ese tiempo había pensado bien las cosas.

Tenía tiempo, poco, pero tenía tiempo.

Tiempo para hacer todo lo que quería.

Sin poder evitarlo, sonrió con tristeza.

Suavemente y sin prisas bajo hacia la cocina, donde vio lo que sería una escena bastante común.

Su madre haciendo el desayuno, su abuelo –con periódico en mano- contando alguna historia, y sota ignorándolo, viendo televisión.

Sonrió, pero esta vez de verdad.

—¡Buenos días! — Saludo animadamente, haciendo que todos la voltearan a ver con una sonrisa.

— ¡Hermana! — Grito Sota al tiempo que se le echaba en brazos. Lo abrazo con ternura y el murmuro un 'buenos días', al tiempo que se iban a sentar. Comieron animadamente al tiempo que el abuelo contaba una historia, que por supuesto todos ignoraron.

— Pareces feliz— Dijo la señora Higurashi, después de que el abuelo se fuera llorando después de decir "Que malagradecidos, yo que me mato contando estas historias y ustedes que me ignoran", siendo ignorado –otra vez- por el resto de la familia.

— sip— contesto Kagome con una sonrisa.

—¿y tendrá que ver, que cierto medio demonio, viene por ti hoy? — Pregunto con picardía, haciendo sonrojar a su hija hasta la nariz.

—¡Mamá! — Grito Kagome, su mamá encaro una ceja y ella se rindió—...Bueno…si...— Murmuro avergonzada.

La señora Higurashi rio suavemente al tiempo que negaba con la cabeza.

Jóvenes.— Murmuro mentalmente.

— … ¿Mamá?— Pregunto tímidamente

— Si.

— … Regresare, lo prometo.

Ella sonrió.— Lo sé—Respondió con sinceridad, mientras el silencio reinaba en el lugar

— Mamá.

— Dime.

— Tengo miedo.— Confeso ella apenada. La señora Higurashi sonrió con comprensión y abrazo a su hija.

— Esta es tu casa, siempre podrás estar aquí, sabes que siempre estaremos aquí para ti, todo saldrá bien.—Respondió con dulzura y comprensión, no podía curar a su hija, pero si podía hacerla feliz.

— Gracias.— Murmuro con una sonrisa, mientas abrazaba mas fuerte a su mamá—.Mamá…

— Mmm…

— Te quiero

— Yo también…

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.

.

—¡KAGOME! — Se escucho afuera. Las dos rieron, y se separaron al reconocer esa voz, ese sería un día muy largo.

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Se encontraba en la casa de Kagome, habían ya pasado los diez días y – ciertamente- ella se veía mejor, por lo que ya era hora de regresar y seguir con su misión.

Claro, que en su interior –MUY oculto- la realidad era otra. La había extrañado. La había extrañado y MUCHO. Los días se le habían hecho tan largos y monótonos, le hacía falta Kagome. Y aunque lo había intentado – por todos y cada uno de los métodos que conocía- no lo entendía.

¿Qué era lo que sentía por Kagome?— Se repetía constantemente.

Y es que dependía totalmente de ella, dependía de su sonrisa, esa con la que lo alentaba y ayudaba, dándole siempre su calor. Dependía de sus ojos, esos que alumbraban su vida. Dependía de sus palabras, de su voz, de su hermoso rostro, de su… ¡ALTO!….¡QUE!.

Frunció el seño.

Cuando- demonios- se había-echo-tan-cursi-.

La miro. Se encontraban en su habitación, puesto que había ido por sus cosas antes de partir, y estaba metiendo no-se-qué-cosa, en su mochila.

¿Qué tenia de especial?, La vi más detenidamente, se encontraba sentada en su cama mientras revisaba su mochila, su seño estaba fruncido y se veía concentrada, su cabello caía como cascada por su espalda, ligeramente ondulado.

Hermosa.

Ok. Ahora estaba confundido- y sonrojado- hasta la medula.

Vale, la quería, tenía que admitirlo, y lo sabía. Siempre lo supo, desde el momento en que había descubierto su secreto ese día de luna Nueva, lo sabía.

Sabía que era alguien especial en su vida, necesaria, era como… si lo complementara.

Pero, nunca había podido comprender que exactamente sentía por ella.

Y es que jamás había sentido eso por alguien más.

¿Amistad? —Se pregunto mentalmente. Tal vez, pero solo al principio, era algo más fuerte que eso. No era lo mismo lo que sentía por Sango, que lo que sentía por Kagome.

— … ¿Amor? — No estaba seguro, después de todo, no era lo mismo que alguna vez sintió por Kikyo, y él la amaba… ¿o no?...

Suspiro, frustrado.

Se le acababan las ideas, y seguía sin entender. De repente una idea descabellada, que acabaría con su orgullo y seguridad en menos de tres segundos, pasó por su mente.

Tal vez…

No. Ni en sueños.

Pero… Era la última alternativa que tenia.

Trago duro.

Si, lo aria… El…

—¿Inuyasha? —Pregunto una confundida Kagome. Justo había acabado cuando se dio cuenta de que Inuyasha hacia cosas extrañas.

Primero, parecía pensativo, luego molesto, luego sonrojado, luego frustrado, y ahora temblaba como una hoja. Empezó a llamarlo, pero parecía estar en otro mundo.

¿Qué le sucedía?

Harta de llamarlo, tomo mucho aire y…

—¡INUYASHA! — Grito a todo pulmón. Despertando – y de paso dejando sordo- a Inuyasha.

—¡Ahhh! — Grito Inuyasha, desde el… uh ¿suelo del primer piso?

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—¡Auch! — Se quejo un adolorido y lastimado Inuyasha, por decima vez. Estaba tan perdido en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que Kagome lo llamaba, claro que en cuanto kagome grito su nombre –que fue tan fuerte como un buen abajo- estaba tan despistado, que por instinto, brinco hacia atrás, Y – para su mala suerte- la ventana estaba justo ahí.

Y ahora estaba siendo atendido, por nada menos que Kagome.

— Lo siento…— Murmuro, por venteaba vez, Kagome avergonzada.

Ella solo había querido "despertarlo", no romperle un brazo.

— No importa, se curara rápido, ya no te preocupes.

Ella levanto la mirada, sorprendida.

—Inuyasha… Gracias. —.Murmuro con una sonrisa. Eran pocas – pero valiosas- las veces que se comportaba así.

—¡Feh!.. No es nada—. Dijo desviando la mirada totalmente sonrojado.

Ella sonrió con una idea en mente.

Se levanto rápidamente, y se dirigió hacia la cocina.

Inuyasha la observo, confundido.

— ¿Adonde…?

— Espera, ahora vuelvo.

No pasaron ni cinco minutos- en los cuales Inuyasha se pregunto que había hecho mal- cuando Kagome estaba de regreso, con nada más que: dos platos llenos de ramen, palillos, y una gran, GRAN sonrisa.

— Inuyasha, ¿quieres ra…?— No alcanzó a terminar, ya que Inuyasha – olvidando que su brazo estaba roto- había saltado "literalmente", sobre Kagome por su ramen.

Ella no tuvo ni tiempo de objetar, ya que en menos de dos segundos, Inuyasha se había terminado/ tragado el ramen, y tenía la cara más tierna e indefensa del mundo, mientras preguntaba— "¿ya se acabo?, ¿no hay mas ramen?"

Claro que Kagome no pudo resistirse ante esa carita – que para ella era como de cachorro abandonado- y le dio, sin perder la sonrisa, su botella de ramen.

Los ojos de Inuyasha brillaron, ante tal "belleza".

Y- como era de esperarse- se la trago todita.

—¿Uh y mi ramen? — Pregunto con inocencia, haciendo que a Kagome le bajara una gotita anime por la sien.

Suspiro y se encamino –otra vez- hacia la cocina por su ramen.

Inuyasha – que hasta ahora había estado suspirando lastimosamente por la falta de su preciado ramen- olvido – momentáneamente-su ramen para oler un poco a su alrededor, había algo… Diferente.

Frunció el seño, ¿pero qué demonios hacían ellos en la….?

Justo en ese momento Kagome abrió la puerta de su habitación, tirando –y encontrando desprevenidos- al resto de la familia.

Kagome frunció el seño.— ¿Qué estaban haciendo? —Pregunto.

Todos tragaron duro.

Kagome se encontraba con sus brazos en Jarras, su mirada había perdido todo toque de dulzura, para verse molesta y malvada, además de que un aura totalmente oscura-Que Inuyasha estaba seguro de que era más fuerte que la de Naraku- Le rodeaba, dándole un aspecto totalmente macabro.

Definitivamente ninguna persona inteligente se acercaría.

— Pregunte, ¿Qué estaban haciendo? —Pregunto de nuevo, con un tono tan frio, que a mas de alguno se le puso la piel chinita.

En ese segundo, la familia Higurashi, pareció recuperar el conocimiento y – como valoraban su vida- se pusieron rápidamente de pie, haciendo como si nada hubiera pasado.

—¿Pero de que hablas hija? — Pregunto con nerviosismo la señora Higurashi, mientras fingía que nada había sucedido y solo se encontraba recogiendo la ropa.

— Pero si…—Trato de refutar Kagome.

Justo en ese segundo sonó el timbre, salvando así – de lo que sería una muerte lenta y dolorosa- a la señora Higurashi, quien corrió como si la llevara el diablo hacia el primer piso, mientras gritaba ¡yo voy!.

Kagome- olvidando momentáneamente a su madre- dirigió sus – ahora fríos- ojos hacia Sota y el abuelo, quienes serian sus próximas "victimas".

Tragaron duro, ¿Qué habían hecho para merecer semejante tortura?

Consejo: Jamás, jamás, pero JAMAS, espíes a alguien cuando esta con su "novio", en especial si tiene un carácter de los mil demonios como Kagome.

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Ya en la tarde – después de que les hubiera dado su merecido al pobre abuelo y a Sota; y que Inuyasha se comiera al menos veinte platos de ramen, (sin quedar satisfecho)- los dos tenían ya todo listo para partir.

Y llego el momento esperado para Kagome.

La despedida.

Claro que todo sería más fácil si Inuyasha no estuviera ahí.

— Bueno, ya nos vamos— Anuncio Kagome. Haciendo que a los presentes – exceptuando a Inuyasha que no entendía que sucedía- se les llenara el rostro de lágrimas.

— Está bien, Kagome, te esperaremos — Hablo el abuelo.

— Cuídate mucho hermana —Dijo con preocupación Sota.

— Te queremos Kagome— Hablo la señora Higurashi. Kagome, no resistió más y le dio un gran abrazo a su familia.

Inuyasha vio extrañado la situación, no era la primera vez que Kagome se despedía de su familia, pero nunca lo habían hecho así.

Tan… emotivos.

Ahora que lo pensaba, llevaban el día comportándose extraños.

Como cuando estaba solo con Kagome, siempre le llegaba el olor de ellos en la puerta. ¿Por qué se escondían?, ¿Los estaban vigilando?

Claro, que por bien de ellos no había dicho nada… lamentablemente para su mala suerte ella misma los había descubierto, y si que les había dado una paliza.

Glup, Kagome a veces daba miedo.

Además de que parecía que todos estaban alrededor de ella, no la dejaban sola ni un instante.

Sabía que ellos eran una familia muy unida, pero hoy parecía que no querían que Kagome se fuera.

Familia… Esa palabra tan desconocida para él.

Cuando era pequeño tenía a su mama. Pero no exactamente una familia.

Después de todo no conoció a su padre, y su madre murió cuando aún era muy pequeño…

— Inuyasha...

—¿Eh? — Murmuro mientras despertaba de sus recuerdos, encontrándose con una imagen que lo marcaria para simpe.

Kagome extendiendo los brazos, con su familia. Una clara invitación a estar con ellos en un abrazo familiar.

— Kagome…— dijo con los ojos totalmente abiertos.

— Ven… eres parte de la familia— Me dijo, con una gran sonrisa.

Eres parte de la familia…

Familia…

— Kagome…

Kagome, comprendiendo la situación, tomo la mano de Inuyasha entre la suya, guiándolo hacia su familia, quien lo recibió con los brazos abiertos.

— Kagome…— Murmuro Inuyasha al tiempo que era recibido por un cálido abrazo por parte de toda la familia.

El, Un hanyo.

Odiado tanto por humanos como por demonios. Discriminado por la sociedad.

Ahora tenía una familia. Una familia con Kagome.

Eso es…—Entonces lo entendió.

Eso era Kagome.

La sensación de estar en casa, la libertad, la confianza, la salida los problemas, la luz, el sentirse protegido… El sentirse amado.

Kagome…

¿Por qué de pronto sentía ganas de llorar?

— Regresare — Aseguro ella, separándose de su familia.

Ellos asistieron—¡Los queremos!

—¡vámonos Inuyasha! — Dijo alegremente, Mientras lo tomaba de la mano. Extrañaría a su familia, si. Pero también extrañaba a su otra familia, la del pasado.

— Si…— asintió, con una sonrisa. Lo entendía… por fin lo entendía, y ahora sabía lo que tenía que hacer…

Y sin más atravesaron el poso.

Solo cuando se fueron, la familia Higurashi se permitió llorar libremente, solo esperaban que Kagome fuera feliz.

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Shippou suspiro, mientras veía fijamente el poso.

—¿Qué estará haciendo Kagome?

Suspiro. Hace diez días kagome había enfermado y había ido a su época, según dijo Inuyasha ella estaba bien y a salvo – haciendo que todos suspiraran de alivio- pero que necesitaba tiempo para descansar.

Y hoy se cumplían los diez días. Pero no habían regresado.

—¿Kagome estará bien? — Se dijo con preocupación.

La extrañaba tanto. Extrañaba que lo arrullara por las noches, que sonriera, qué lo alentara, que estuviera con el…

Y además sabía que los demás también la extrañaban.

Sango extrañaba tenerla para hablar y para bañarse juntas.

Inuyasha… bueno el se veía pensativo últimamente, pero siempre miraba con angustia el poso.

Incluso Miroku la extrañaba, veía el poso con nostalgia, y bueno no tenia con quien hablar.

Suspiro.

— ¿Por qué las cosas no son divertidas sin Kagome? — Se pregunto.

Y antes de seguir lamentándose la falta de Kagome, un ruido trajo su atención.

¡PLAF!

¿Pero qué…?

—¡Maldito monje pervertido! — Golpe—. ¡cuántas veces le tengo que decir que me deje en paz! — Golpe, golpe...

— Pero mi Sangito…— trato de defenderse Miroku en medio de los goles, siendo callado- otra vez- por otro golpe.

—¡QUE DEJES DE LLAMARME ASI! — Gruño sango. Golpe…golpe…

— uff, ni siquiera en asuntos serios cambian.— Acoto shippou mientras negaba con la cabeza.

No entendía a los adultos.

Las cosas hubieran seguido así, de no ser porque un resplandor atrajo su atención.

—¡EL pozo!

Olvidándose de todo, corrieron hacia el poso, por donde un Inuyasha con una gran sonrisa y una Kagome saludable aparecieron.

Claro que todos ignoraron a Inuyasha y se lanzaron literalmente a los brazos de Kagome—¡Kagome! — Gritaron al unísono.

— Hola chicos — Saludo alegremente.

— Kagome, te extrañamos— Dijo shippou

— Que bueno tenerla de vuelta señorita Kagome.— Dijo esta vez Miroku

— Si Kagome, ¿ya te sientes mejor? — Pregunto Sango con preocupación, haciendo que todos volvieran a ver a Kagome. Ella se quedo de piedra. ¿Cómo se los diría?

—¿Kagome? — Pregunto Shippou

Ella pareció volver en sí—¡oh claro! — . Dijo con fingida alegría.

— Oh— Dijo Sango aliviada—¿y qué era lo que tenías? — Pregunto, haciendo que de nuevo cuatro pares de ojos se posaron en ella.

Y ella se quedo sin palabras, ¿tenía que decirlo…ahora?… pero no quería hacerlos sufrir.

—¿Qué pasa Kagome? — Pregunto Shippou, de repente la mirada de Kagome era muy triste.

-¿Kagome… es algo…ma...malo?- Pregunto Inuyasha con preocupación, asiendo que todos sintieran miedo.

— yo... — No quería verlos llorar…

—¿Kagome? — Pregunto Miroku

—Yo… estoy…— No por ella...

—¿Qué sucede Kagome-chan? — Pregunto de nuevo Sango, algo estaba mal.

— yo…—No por su egoísmo…

—¿kagome, dime que es lo que sucede? — Pregunto esta vez Inuyasha, la preocupación reinaba en su voz-

— Inuyasha….— No quería que el sufriera

— kagome…

— …— Solo quería verlo feliz.

—¿Kagome? — Ok, ahora estaba muy preocupado. ¿Qué era lo que le sucedía a Kagome?

—¿Inuyasha? — Pero…

—¿Si?

—…Estoy enferma…— Ellos tenían derecho de saberlo.

Continuara…

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¡Hola!

Lamento haberme atrasado, pero bueno a veces se nos va la "inspiración" XD

Bueno, los eh dejado en suspenso. En si la trama es muy triste, pero tratare de hacerla divertida.

Ya saben ¡entre mas Reviews mas pronto actualizo!, así que ¡Reviews, Reviews! XD

Le dedico este capítulo especialmente a: Tutsuyu. .

Gracias Roció-chan por darme ánimos: P

¿Alguna sugerencia?, ya saben ustedes díganme.

PD: Perdonen los errores de ortografía XD

¡Nos vemos!

Karen.