¡Kagome resiste!

"Kagome es víctima de una terrible enfermedad, pero no quiere preocupar a sus amigos, por lo que no dice nada al respecto. Continuando con la lucha contra naraku. Pero pese a sus esfuerzos Inuyasha se empieza a dar cuenta que algo va mal, ¿logrará salvar a la persona que ama?"

Capitulo 6 -Veneno-

La noche era fría y oscura. Las pequeñas criaturas del bosque parecían estar en perfecta quietud.

Todo era silencio. Todo era oscuridad.

La luna llena se encontraba en su punto más alto, alumbrando el bosque. El soplido del viento moviendo las hojas de los arboles era lo único que se escuchaba.

Suavemente, unos pasos se escucharon acercándose. Acompañados con unos pequeños gritos, quienes rompían la quietud de la noche.

— ¡Inuyasha! —Gritó nuevamente Kagome, como venía haciéndolo toda la noche. La preocupación resonaba en su voz. Se encontraba agotada, sus ojos rojos por las lágrimas y el sueño.

— ¡Inuyasha!… ¡Inuyasha! ¡¿Dónde estás?! —Paró unos segundos a retomar la respiración, pero pronto continuó— ¡Inuyasha! ¡Sal! ¡Inuyasha…!

— ¡Señorita Kagome, espere!

— ¿Miroku? — Musitó con impresión —. ¡Chicos por aquí!

Sango alcanzo a oír la débil voz de Kagome y con rapidez hizo aterrizar a Kirara.

Kagome analizo detenidamente a los pasajeros. Y con desilusión se dio cuenta de que él no se encontraba.

— Parece que tampoco tú lo encontraste…— Murmuró suavemente Sango con tristeza.

Los chicos bajaron de Kirara con suavidad. Sus caras demostraban tristeza y agotamiento. Recibir semejante noticia de Kagome y, para colmo, que Inuyasha desapareciera, era demasiado para una noche.

—No…lo busque por todos lados, pero parece que desapareció. —Repuso con tristeza Kagome.

A Sango se le partió el corazón al verla así, por lo que le dio un cálido abrazo.

Ella solo se dejo abrazar.

— ¿Dónde se pudo haber metido? —Preguntó el pequeño zorrito, quien no parecía más feliz que los presentes.

— No lo sé… ya fuimos a todos los lugares en los que creímos que estaría, ¿A dónde se pudo haber ido? — Opinó Miroku con un suspiro.

— Shippô —Murmuró de repente Kagome con esperanza—. ¿No puedes olerlo?

Shippou bajó la cabeza.

—No…lo lamento.

Todos suspiraron tristemente.

Una pequeña briza los envolvió y todos se perdieron en sus pensamientos.

"Inuyasha… ¿Dónde estás?"

Con un suspiro Kagome abrazó un poco más fuerte a Sango, hundiendo su cabeza en el hueco de su cuello, a lo que ella no objetó. El silencio reino por unos minutos u horas, no lo sabía, además ¿Qué importaba el tiempo de todos modos?

Después de un rato, levantó su cabeza con lentitud fijando su mirada en las personas de su alrededor.

Kirara se había transformado en una pequeña gatita, y con cansancio se estaba acurrucando contra Miroku, quien se encontraba sumido en sus pensamientos.

—Miroku…

No pudo evitar las ganas de llorar de nuevo.

Se veía tan serio y triste. Se encontraba recargado contra en árbol, su mirada parecía perdida en la lejanía y sus manos estaban entrelazadas fuertemente.

Por su mente, pasaron imágenes sobre cuando lo había conocido.

Siempre le había perecido una persona fuera de lo común. Aunque bueno ¿Qué persona común le pide un hijo a cada mujer que ve? Eso, definitivamente, no era normal.

No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.

Cuando lo había conocido, había pensado que era un ladrón y mujeriego (Aunque eso no era del todo mentira) pero, en el fondo, era una persona muy sabia, inteligente, honesta y trabajador; no recordaba haberlo oído quejarse de algo (exceptuado las cachetadas de Sango, claro) era, ciertamente, una persona muy fuerte. Después de todo, había tenido que soportar la maldición y la muerte de su padre por la misma.

Era una persona en la que podía confiar.

Como… Como su mejor amigo…

Sintió como suavemente Sango acariciaba su cabello con dulzura.

— Sango…

Sin duda ella también era una persona que había sufrido mucho.

Cuando recordaba todo lo que le había sucedido, todo por lo que tuvo que pasar: las muertes, las guerras y pérdidas, el dolor… de alguna forma se sentía pequeña a su lado. El rostro sonriente de ella mostraba más valentía que cualquier hazaña.

Porque, aun con todo el dolor, ella había salido a delante.

No podía evitar sentirse orgullosa de poder ser amiga de una persona como ella, por poder apoyarla y ayudarla.

Cualquier persona se hubiera rendido. Pero ella no.

Tal vez no era la persona más fuerte, pero lucho con todas sus fuerzas para poder salir adelante.

Por ella, por su familia.

Por su hermano…

Oh.

— ¿Así que eso era...? —Murmuró suavemente, con una sonrisa en los labios. Llamando la atención de los presentes.

— ¿"Era que", Kagome? —Preguntó Sango suavemente, sin deshacer el abrazo. Para ella el tener a Kagome así en sus brazos se sentía tan formidable. La quería tanto, era como una hermana para ella.

— Sango… estaba pensado en ti—Afirmó mientras volvía a hundir la cabeza en su hombro.

— ¿En mi?

— Si — Asintió ella, levantando la cabeza—, ¿Sabes? Creo que eres una persona muy fuerte — Agregó con una sonrisa sincera en los labios.

Sango no pudo evitar impresionarse.

— ¿Qué…?

— Sip— Interrumpió ella alegremente—. Porque después de todo lo que pasaste… seguiste adelante. A veces me pregunto "¿Cómo puede ser tan fuerte?" Puede que tú no te hayas dado cuenta, pero si hubiera sido otra persona la que pasara por eso se hubiera rendido, pero tú… siempre sonríes con alegría, eres amable y tratas de protegerme, siempre al servicio de los demás… — Agregó, tratando de sincerarse con ella.

Si iba a morir, al menos les diría todo lo que sentía por ellos

— ¿Sabes? De alguna forma creo que es porque tienes esperanza.

Ella, aun impresionada por las palabras antes dichas por Kagome, no pudo evitar abrir sus ojos fuertemente.

— ¿Esperanza?

—Sí. Cuando te conocí, esa primera vez que te vi, parecías tan asustada e indefensa. Tus ojos solo mostraban dolor y confusión. Pero aun así mostraban una gran determinación—Murmuró suavemente, mientras Sango escuchaba atenta.

Hubo un pequeño silencio en donde Kagome buscaba las palabras adecuadas.

— Cuando peleaste con Inuyasha—Continuó—, Parecía que no te importaba que sucediera, solo querías acabarlo, tomar venganza. Porque te dolía. —Sango abrió sus ojos fuertemente—. Pensaste que si lo matabas, si tomabas venganza, entonces tal vez, tan solo "tal vez", ya no te sentirías culpable. Pero… aun si lo lograbas ¿Eso hubiera sucedido? —Preguntó mirándola a los ojos.

—Yo… —Sango se quedó muda. ¿Cómo es que Kagome había sabido eso?

Inconscientemente apretó con más fuerza el abrazo entre ellas.

—No. Eso no hubiera sucedido. Aunque hubieras acabado con él te seguirías sintiendo culpable. Creo… Creo que incluso si acabas con Naraku, no lograras dejar de sentirte así—Respondió ella firmemente. Las lágrimas bajaron de los ojos impresionados de Sango—. Entonces pensé "¿Si no es por venganza, porque es? ¿Cómo salió adelanté? ¿Por qué no se rindió? ¿Por qué se unió con nosotros?"...Todas esas dudas rodaba por mi cabeza. Y no las podía contestar.

El silencio reinó por unos segundos. Los ojos de Sango observaron aun en medio de las lágrimas a Kagome.

—Pero, hoy —Continuó—, Hoy me di cuenta que, ese día, cuando Naraku te traiciono y te desmayaste, nosotros te recogimos, te mostramos la verdad y la aceptaste. Después de eso, te enteraste que Kohaku estaba, en cierto modo, vivo. Por eso creo, que, lo que te saco adelanté, fue la esperanza. De algún modo nosotros te dimos la esperanza de que algún día derrotaremos a Naraku, que Kohaku volverá y que podrás ser feliz junto con nosotros.

—kagome...—Hipó ella.

—Lo vez—Interrumpió—. No todo fue por venganza, la esperanza fue lo que nos trajo aquí; A este lugar. ¡Míranos! Yo una viajera del tiempo, tú una exterminadora, Miroku un monje, Shippô un Kitsune e Inuyasha un hanyô. Todos somos tan diferentes, pertenecemos a mundos tan diferentes que… no sería extraño que nunca nos hubiéramos conocido. Pero el destino lo quiso así, estamos aquí. Y… No solo eres tú la única con esperanza—Agregó para sorpresa de los demás—. ¡Todos la tenemos! Porque somos un equipo, una familia. Todos han sufrido pero aun así mantenemos la fe. Estamos juntos en esto, nosotros...

Iba a continuar, pero fue interrumpida por el repentino abrazo que le dio Sango.

Sango la aferro a ella con toda su fuerza, como si se fuera a desvanecer.

Era algo curioso, porque ella… pronto se desvanecería...

Aun algo conmocionada correspondió el abrazo. Al que no dudaron en meterse Miroku y Shippô.

—Somos una familia—Repitió ella nuevamente—. Estamos juntos por el destino y la esperanza y así nos mantendremos. Siempre. Me alegra haberlos conocido.

Todos sonrieron. Y se mantuvieron así por un rato. Disfrutando ese extraño calor familiar.

—Entonces—Comentó Shippô de repente—. Nos falta un integrante.

—Cierto—Agregó Miroku con alegría.

—Inuyasha—Bufaron todos al unísono con diversión. Dejaron escapar una pequeña risita y lentamente se separaron.

— ¡Entonces hay que buscarlo! —Gruñó eufóricamente Shippô.

Todos rieron nuevamente.

Kagome no pudo evitar sonreír. Prefería esto. Verlos sonreír y reír alegremente.

No importaba que sucediera ella iba a luchar por vivir. Por vivir con ellos. Porque ellos… ellos eran su familia y su destino.

Y no iba a dejarlos ir.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O- O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

Silencio.

El aire revolvía sus cabellos con suavidad.

Sus pasos ni siquiera hacían el menor ruido.

Caminar.

Un pequeño animal paso con velocidad a su lado, siguiéndole atrás uno más grande. Seguramente el pequeño seria presa fácil. Lo ignoró completamente.

El tenía sus propios problemas.

Problemas…

Kagome…

No…

Negó frenéticamente con la cabeza.

"Kagome no existe"

Seguir caminando.

¿Puedo permanecer a tu lado?

No. No debes.

¿Enserio… te quedaras conmigo?

No. No puedes.

Ella no dijo nada. Pero asintió con la cabeza. Una sonrisa es lo que esbozaban sus labios.

— Mentirosa… Kagome mentirosa. Kagome tonta.

Apretó sus puños con fuerza.

Ese recuerdo… por más que lo intentaba no podía olvidarlo.

Pero…tenía que olvidarlo, porque… esa promesa…

Ya no existía.

"Kagome no existe, Kagome no es nada, Kagome no importa"

Dolor.

Seguir caminando.

Kagome…

Rió amargamente. No podía olvidar esa promesa porque esa era una promesa de Kagome.

Porque había puesto, inconscientemente, todas sus esperanzas en ella.

Porque creía en Kagome.

— Kagome…

"Kagome no existe"

Suspiro.

Caminar.

Respirar.

Parpadear.

Ya hasta la cosa más simple le parecía difícil, no sabía cómo podía seguirse moviendo aun.

Todo, todas las cosas le recordaban a Kagome.

Incluso si quería recordar a alguien como Sesshomaru, recordaba que Kagome había sido la chica más valiente al enfrentarlo; Que en una pelea con Sesshomaru… él había jurado protegerla.

Y… le había fallado.

Volvió a apretar los puños. Pero esta vez se contuvo de maldecir.

No servía de nada si maldecía. No servía de absolutamente nada.

Nada de lo que el hiciera podría salvarla.

Él no tenía una cura.

De hecho ni siquiera en su época actualizada tenían una cura. ¿Qué se supone que podía hacer él?

Nada.

Nada, absolutamente nada.

Solo… ver…

Nada más.

Y eso…

Eso lo estaba volviendo loco.

Suspiró.

Si tan solo en ese momento se sentía tan destruido… ¿Qué pasaría si no encontraban una cura? ¿Y si Kagome... se iba…?

Gruñó.

No. Eso NO podía pasar. Antes muerto que dejar que Kagome se fuera.

Asintió.

No podía rendirse de esa manera. Simple y sencillamente no.

¿Que acaso no había luchado ya contra grandes cosas solo por Kagome? Bueno la perla estaba implicada pero… eso en realidad, después de un tiempo, era tan solo una escusa.

¿Irónico no? Cuando la había conocido la hubiera incluso asesinado por la perla. Pero ahora ya no era lo mismo, justo ahora preferiría mil veces a Kagome que a la perla. Incluso sería capaz de entregarle la perla a Naraku tan solo por seguir viendo siempre esa sonrisa.

Sonrió levemente.

Incluso ahora Kagome siempre le daba fuerzas… siempre ahí ¿qué sería de él sin ella? Seguramente ni siquiera había despertado de aquel árbol.

Kagome…

Su sonrisa ya se había desvanecido.

Todo. Eso era lo que le debía a Kagome.

Ella era... tanto para él.

Si tan solo quisiera pensar en las cosas que ella hacía por él en un día común, no terminaría.

No solo peleaba con él, no solo lo protegía de los que lo querían dañar, ella era tan… dulce.

Siempre amable y cariñosa.

Su sonrisa era lo que más adoraba de ella.

Amaba eso.

Inuyasha

El simple hecho de que pronunciara su nombre ya era algo que le debía.

Antes… Antes de Kagome todos lo llamaban "el hanyô sucio"; algunos solo huían mientras le gritaban "monstruo" o "demonio" Incluso Kikyo nunca pronuncio su nombre se esa manera en la que lo hacia Kagome.

Cuando ella lo llamaba sonaba como si, para ella, su nombre fuera una palabra hermosa. Cómo si simplemente el decir su nombre fuera una bendición. Sin asco, miedo o repulsión.

Y ella aunque estuviera alegre, curiosa o incluso enojada nunca dejaba de preocuparse por él… por su seguridad.

¿Dónde encontrabas a una persona como Kagome?

Ni siquiera Kikyo lo había tratado de esa manera, y eso que era su vida pasada.

¿Dónde? ¿Dónde buscabas a alguien como ella?

Siempre había creído que Dios, de alguna manera, le estaba pagando el dolor que había sufrido antes dándole a alguien como Kagome.

Pero…

— ¡¿Qué he hecho mal?! —Le preguntó al cielo, con furia—. Sea lo que sea, lo siento. Pero ¿Por qué te desquitas con Kagome?... ¿me conoces verdad? Quitándome lo que más amo… ¿gran venganza no?

Calló.

Se iba a volver loco si empezaba a hablarle así a la nada.

Continuó caminando.

Tal vez Dios ni siquiera lo quería.

Después de todo el era un medio demonio. ¿Quién quería a una persona así?

"Kagome"

Silencio.

No. Debería dejar de recordarla.

No quería seguir sintiendo eso. Ese estúpido dolor. Quería dejar de sentirse así, tan... Débil, tan herido…

Caminar más rápido.

No.

El era un hanyô, el estaba destinado a estar solo por la maldita eternidad que le tocara vivir. Las personas como él solo estaban destinadas a sufrir. A nunca sentir el calor de un abrazo. A nunca sentir cariño por nada. A huir. A tratar se sobrevivir solos. A nunca confiar en nadie…

Kagome

Esta vez se sintió tan furioso que tomo la primera piedra que vio— una muy grande — y con fuerza la estrelló contra el primer árbol a su alcance. La piedra se destruyó, y el árbol calló.

Ese era su error.

Había confiado en alguien.

Desde el maldito principio había confiado en ella.

Si tan solo la hubiera dejado en su época…Que se hubiera llevado la perla con ella, fuera como fuera, si tan solo no la hubiera obligado a venir aquí…

Tal vez si no hubiera sido tan codicioso y la hubiera dejado ir, esto no estaría sucediendo.

¿Quién sabe? Hasta hubiera podido detectarle esa enfermedad extraña antes; quizá tendría más oportunidades de salvarse.

Y si de todos modos no se hubiera salvado… él estaría ajeno a eso.

Él no sentiría ese dolor.

Él no sería así de débil.

Él no se hubiera encariñado con ella…

Pateó una roca. Pero como eso no fue suficiente se dedico a patear y golpear todo lo que había en su camino.

Eso hubiera sido perfecto ¿no? Esa sería la solución: volver el tiempo atrás y hacerlo. De hecho era posible, tendría que sacrificar mucho, pero podría volver el tiempo atrás.

Pero, lo que más le molestaba. Lo que le hacía enfurecer era que…

Él no quería eso.

Él no cambiaria todo lo que había vivido con ella, por nada.

Nada, absolutamente nada.

Y eso lo convertía en alguien egoísta.

Si, lo aceptaba. Y tiempo atrás no le habría importado ser egoísta.

Pero, con ella, no era lo mismo

Nada era lo mismo.

Él quería…

No.

Él intentaba no ser egoísta; porque Kagome no merecía aquello.

Se odiaba porque, se había encariñado tanto con ella.

Aunque ¿Quién no lo haría? En su camino ya había visto que a la mayoría de las personas les agradaba Kagome.

Porque era su naturaleza. Ella era lo absolutamente contrario de él.

Ella era una sacerdotisa, limpia, pura, bonita, buena, amable.

Y él… ¿Qué era él? Solo un hanyô que ensuciaba todo lo que tocaba. No valía ni la más pequeña de sus sonrisas, incluso cuando estaba a su lado a veces se sentía como un monstruo al lado de una inocente niña.

Y aun así… ella también lo apreciaba.

Ella lo ayudaba, ella lo quería, ella lo molestaba, ella se aseguraba de que estuviera bien, ella lo abrazaba, ella lo cuidaba, ella…

Ella era la que iba a morir.

Silencio.

Él creía…

No.

Él deseaba… él deseaba con todo su corazón que Kagome, en realidad, no fuera tanto para él. Que ella fuera algo más simple. Algo que aunque doliera pudiera superar.

Pero, no esto.

Por Dios, no esto. Lo que sea menos eso. Él no podía estar tan enamorado de ella. Le parecía más que imposible. Si la amaba pero… ¿tanto…?

La amaba tanto que, justo ahora, la simple frase "ella era la que iba a morir" le dolía tanto en el alma que…. Hasta, hasta….

—No. No por favor no… ¿Por qué me haces esto…Kagome?

Esas fueron las únicas palabras coherentes que pudo pronunciar antes de que lo sintiera.

Pero aunque quisiera negarlo, y el simple hecho fuera casi imposible para él, estaba pasando.

Lagrimas.

—N-No… puede… ser…

Extrañas y pequeñas gotas de agua estaban cayendo de sus ojos.

Nunca…. Dios nunca se había sentido así.

—K-Kagome no está muerta… entonces ¿Por qué...?

La pregunta quedó en el aire y el dio un paso hacia atrás, sin poder creérselo.

Herido, confundido.

No. Él no era así. Él no lloraba. Él era fuerte. Él… él…

Nunca. Nunca. Nunca. Nunca… ¡NUNCA! ¡Nunca había llorado así!

Molesto y asustado, se arrebató con frustración las lágrimas de los ojos.

— ¡¿P-Pero qué demonios…?!

La frase volvió a quedar corta e Inuyasha sintió como el miedo le recorría la piel.

Lagrimas.

Más y más lagrimas.

Las pequeñas y cristalinas gotas no dejaban de salir.

Asustado las volvió a limpiar con rapidez. Como si quemara.

Pero como si no fuera dueño de su propio cuerpo, estas comenzaron a salir de nuevo.

— ¿Q-Que esta pasándome? —Se preguntó aterrorizado.

¡Oh! ¿Así que así se llamaba tu mama?

La pequeña voz alegre de ella lo asustó tanto, que trastabilló, y esta vez no pudo detenerse, así que de una forma extraña cayó al suelo.

—P-pero que…

¡Pero qué bonito nombre! —Chilló de nuevo su voz. Él dio un respingo apenas la escucho.

Las lágrimas no dejaban de parar y para colmo su voz ahora le seguía.

¿Acaso querían atormentarlo más?

S-Supongo….

Escucho su propia voz, atónito. Y entonces fue que lo recodo.

Aquella vez.

Cuando Sango aun no llegaba.

Miroku y Shippô Habían ido a recoger hierbas medicinales –escusa para ver mujeres por parte de Miroku- y ellos se habían quedado en un pueblo.

—N-No…

Y dime Inuyasha ¿Cómo era tu padre?

—Cállate, estúpido recuerdo.

Khe, ¿y tú para que quieres saber?

Se sintió mal por las palabras duras y groseras que siempre le había dicho a Kagome.

Pero, demonios, lo que ahora menos necesitaba era ese recuerdo. ¿Porque no se iba? ¡Demonios estaba llorando y no podía parar!

Ummm...Bueno, vamos a pasar algún tiempo juntos mientras reunimos los fragmentos de la perla así que… yo solo quería saber más cosas de ti… ¡Si quieres también puedo contarte lo que quieras de mí!

Khe ¡¿y yo para que quiero saber de ti?!

Para, por favor.

Pudo escuchar como ella le daba un golpecito en forma molesta. Pero después volvió a oír su voz alegre.

Oh vamos ¿no tienes algo de curiosidad?

No. —Respondió, secamente.

Kagome….

Oh, vamos cuéntame sobre tu padre. ¿siii?

¿Y que se supone que debería de contarte, niña tonta?

No… no quería escucharse otra vez.

No lo sé, tal vez en que trabajaba o lo que hacía, no sé, Cosas de padres o… ¡ya se! ¡Tal vez…!

Recordaba lo molesta que le había parecido en ese momento; Y lo inteligentes y geniales que habían sido en su cabeza las palabras que había dicho a continuación.

¡Oh tal vez le vas a pedirle a tu padre que te explique todas esas estupideces y me dejas en paz con el mío! ¡Ahora veo porque me lo preguntas a mí, de seguro tienes a tu padre harto con tus preguntas! —Gritó colérico. Volteando al final su cabeza hacia el otro lado con indiferencia.

Se tapo los oídos. Pero el recuerdo seguía ahí. No quiera escucharlo. No…

Sollozos.

Lo recordaba a la perfección.

Ese día… ese día estaba tan triste y deprimido.

Hacía ya tantos años que sus padres habían muerto, precisamente por esas fechas, que la nostalgia no lo tenía en un estado "normal" y cuando ella había llegado como si nada preguntando por ellos… lo había hecho enfurecer, a tal grado que le había gritado esas hirientes palabras desquitándose, inconscientemente, con ella.

También recordaba la estúpida sensación que sintió después. Cuando la escuchó.

Apenas había pasado unos segundos cuando ese olor que odiaba llego a su olfato y él se sintió petrificado. Volteó lentamente y se encontró con una llorosa Kagome.

Una a la que le saltaba la tristeza y que estaba llorando a cantaros.

Ver esa imagen le destrozaba el corazón.

K-Kagome…

Sollozos.

O-Oye… no lo dije enserio yo…

Más sollozos.

L-Lo siento… No tienes que llorar…

Sollozos aun más fuertes.

Kagome…

Cerró con más fuerza sus ojos queriendo desaparecer el recuerdo.

I-Inuyasha…

Pum.

— ¿Qué….?

Atónito descubrió el hecho de que el recuerdo se había cerrado.

Parpadeó y se sintió una miseria al sentir las lágrimas que caían por sus ojos.

No es tu culpa es solo que… Yo… nunca he sabido que es un padre…el mío… murió cuando tenía tres años…

Sintió como se le volcaba el corazón cuando oyó otro pedazo del recuerdo.

Si. Ese día había descubierto la verdad sobre el padre de Kagome. Y… ese mismo día le había contado la verdad completa de sus padres.

—…. Ohh… Entiendo…. Lo siento mucho Inuyasha, debe dolerte…

Khe— Contestó él tratando de mostrar indiferencia. Ella sonrió nuevamente y él se sintió algo culpable.

Oye…—Murmuró sintiendo que sus mejillas enrojecían levemente.

¿Si?

L-Lo siento…

Ella abrió sus ojos con fuerza— ¿Cómo?

Él se sonrojó y Gruño un "— No lo diré de nuevo—"mientras volvía a voltear la cabeza.

Ella parpadeo y… sonrió con fuerza.

Él se sonrojó más.

Está bien, es mi culpa por ser entrometida, lo siento.

Sintió un destello de dolor, "lo siento…" esas simples palabras eran, antes de Kagome, casi una abominación. ¿Quién le diría a un monstruo que "lo sentía"?

Él la miró casi petrificado. Aun no se acostumbraba a esa forma en la que lo trataba. Se sintió tan confundido que prefirió cambiar rápidamente el tema.

B-Bueno entonces am... ¿Qué pasó con tu padre?

Formuló la pregunta con rapidez, sin sabes bien cómo reaccionar ante el "lo siento" pero se dio cuenta de que había cometido un error.

Su padre estaba muerto así que, obviamente, le debería doler hablar de él.

Se dio cuenta de que ella puso una cara de tristeza y quiso corregir el error.

Ah… no e-espera… lo siento, no debería hablar de tu padre, yo-

Está bien—Lo interrumpió—. Tú me hablaste de lo que paso con tus padres, así que… no hay por qué esconder lo que le pasó al mío.

Ella sonrió, pero él se dio cuenta que no era "la sonrisa de siempre"

Él… murió por una enfermedad.

Abrió sus ojos enormemente.

—N-No pude ser…

Él parpadeó.

¿Enfermedad?... ¿te refieres a esas que no se curan?

—…si.

—N-No. No puede ser que no me haya dado cuenta.

Él calló y le dio un tiempo para que se calmara y pudiera contarle. Ese tiempo no duro mucho.

Él… tenía Cáncer.

—No puede ser… es lo mismo…—Abrió sus ojos con fuerza, comprendiendo el hecho de que ese recuerdo en especifico rondara por su mente.

¿Cáncer? ¿Qué es eso? ¿Una enfermedad actual?

Ella asintió.

Es una enfermedad en la cual un órgano importante de una persona comienza a deteriorarse… como si le pusieran veneno, el proceso es largo y lento, además de doloroso… —Ella calló y dio un suspiro largo, Él solo pudo guardar silencio, la breve explicación antes dada no parecía ser muy linda; cuando termino de tomar aire continuó:—El cáncer puede tener cura cuando es detectado a tiempo, pero… en el caso de mi padre… estaba ya en la etapa terminal cuando se enteró, y lo peor es que no nos dijo. Se quedó en silencio, fingiendo que todo estaba bien… hasta que un mes antes de morir sufrió un desmayo y nos enteramos de todo…. Después de eso las cosas comenzaron a empeorar…él sufría demasiado, era casi insoportable verlo así…

Pensó durante un segundo que eso era todo lo que diría, pero se equivoco ella… le contó todo.

El recuerdo se cerró y sintió que se derrumbaba.

Eso era lo que iba a pasarle a ella, exactamente lo mismo.

No, no podía ser, no…

Eso era horrible, ¿cómo podría si quiera pensarlo? ¿¡Cómo podrá aceptar esa crueldad de vida para Kagome?! ¿Etapa terminal? ¿Ella estaba en eso?

—Mierda…

¿Iba a…morir?

—Maldición…

No, no, no, no, no tenia que morir, y mucho menos de esa forma en la que ella lo describió, lenta y tortuosamente… no…

—Maldición, Maldición, Maldición…

Gruñó y se llevó las manos a la cabeza con desesperación. Dejó que las lágrimas siguieran cayendo.

Inútil.

Todo era inútil.

Él era inútil, una cura sería inútil, tratar de que las lágrimas dejaran de caer sería inútil, buscar una solución probablemente sería inútil, rogarle a Dios sería inútil, seguramente, solo por el hecho de que a él le afectaría su muerte, no la salvaría.

Y ¿si moría?

Todo sería más Inútil: su vida sería Inútil, sin sentido, incluso más solitaria qué al principio, vencer a Naraku también sería inútil, bien podría derrotarlo pero ¿con que motivo? No había algo mejor después.

¿La perla?

Khe, justo ahora la arrojaría a un volcán. Detestaba esa estúpida joya con toda su alma.

—Si no hubiera sido tan egoísta de seguro no estaría así…

Inútil, inútil….

—Maldición…

Miedo.

Eso era lo que viajaba ahora por sus venas. Un miedo latente y mortal.

Era como un veneno.

Sentía como le recorría el cuerpo de una forma lenta y dolorosa, como si quisiera que sus pensamientos lo torturaran hasta que el veneno pudiera matarlo.

No… si lo pensaba bien, desde ese "estoy enferma" él ya estaba muerto.

Y lo peor era que tendría que verla sufrir; ver como poco a poco las sonrisas disminuían, como su vida se iba lentamente…

Maldición…

Molesto consigo mismo, herido y confundido no sintió como una pequeña aura comenzaba a rodearlo, con lentitud.

Los pensamientos horribles se intensificaron.

Y las pequeñas sombras negras comenzaron a rodearlo y enceguecerlo cada vez más.

—Es mi culpa—Gimió, de una forma lastimosa— no cumplí mi promesa… no lo hice, le dije que lo haría ¿Qué pasa conmigo? ¿Desde cuándo soy tan impotente? Maldición ¿Por qué no puedo luchar y salvarla? ¿Por qué? Todo es mi culpa… si, como siempre. Esa tonta no debió de venir conmigo. No. No debí dejarla venir. Todo es mi culpa. Si. Siempre es mi culpa ¿de quién más si no la del hanyô sucio? Él con su sola presencia traía desgracias. Él solo era una criatura inútil. No le servía a nadie. Nadie quería un monstruo… ¿Kagome? Ella era un claro ejemplo, tendrían que aprender, ella estaba muriendo por su culpa, le abría traspasado su desgracia. Seguramente esto solo era porque ella estaba con él, si por eso. Y él era el culpable…

Repentinamente, sintió un dolor en el pecho, inmenso, como si algo le atravesará. Intento ver que era pero no logro ver nada, así que lo ignoró.

Claro está, eran esas sombras que se hacían cada vez más oscuras y grandes. Comenzaron a actuar con mayor destreza y pronto volvieron a sumergirlo en pensamientos oscuros.

Pero él no sentía nada. Absolutamente nada; Y él tampoco podía ver nada, solo a él mismo, solo, en un espacio que le parecía diminuto, con las lágrimas y la impotencia saliendo de sus oscuros y vacios ojos color miel. No podía ver a las sombras. Las ignoraba, Ignoraba lo que le hacían a su alma. Ignoraba la realidad.

Ignoraba incluso la existencia de ellas. Las sombras que venían del norte, justo al fondo de las montañas, muchísimo más lejos de lo que imaginas, en el lugar más oscuro y frio del país, tenían la única y oscura habilidad de robar almas. No había un motivo real para hacerlo, lo hacían mayoritariamente por una cruel diversión, y así mismo esa era la única forma de tener más herederos.

Claro está, siendo realmente almas oscuras, la única forma de tener descendencia era conseguir un alma herida. Un alma débil y ciega, un alma que ya no tuviera nada que dar y oscurecerla, con sus venenosas palabras, hasta morir.

Si bien era una de las formas más crueles, conocidas justo en ese momento, de morir, no era muy famosa. Ya que las sombras eran muy hábiles y se aseguraban de que nadie las viera, cosa que ya era casi imposible.

Pero esta vez, se descuidaron.

No hubo tiempo de ver el terreno, que era un pequeño monte blanquecino, ni sus alrededores. No se fijaron si alguien podría descubrirlos o quien era la persona a quien atacaban, tan solo vieron la fragilidad del hanyô, sus lágrimas y enseguida se les iluminaron los ojos con ambición.

Ni siquiera habían revisado totalmente su alma cuando comenzaron con el procedimiento.

Y él… estaba cayendo.

Las sombras oscuras rieron con alegría y siguieron atormentando al hanyô.

En sus ojos dorados solo quedaba una pisca de luz. Una muy débil. Su cuerpo comenzó a debilitarse y sus pies comenzaron a fallar.

Él ni siquiera sintió cuando cayó de rodillas. No oyó el sonido del colmillo de acero al caer, y aparte del incrementado dolor de su alma, no sintió ni un rasguño.

Tan solo presión en el pecho y sus lágrimas caer. Nada más.

—Soy tan estúpido…—Murmuró, comenzando a perder, aun más, el sentido—. ¿Cómo pude tan siquiera pensarlo? ¿Un hanyô con un equipo? ¿Con amigos que le ayudarían? ¿Con una mujer tan dulce que le amara…? ¿Cómo puedo seguir siendo tan débil? ¿Cómo puedo seguir engañándome a mí mismo? ¿Qué clase de idiota soy? ¿Soy masoquista a caso? Tal vez… y también estúpido. No puedo creer que… sentí, por un momento, como todos ellos eran parte de mí. Sentí… que ya no estaba solo… y eso realmente fue un error. Confié en ellos, de verdad. Me importa un comino si lo demostré o no. Lo hice. Enserio lo hice. Con mi alma. Maldición. Lo hice. Y nunca lo había hecho. En todo caso ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo fue que no me di cuenta? Debería de haberme dado cuenta, debí a verlo visto… maldición… Si, después de todo, solo soy un estúpido hanyô, ¿Qué podría esperar de mi mismo? ¿Súper poderes? Ni siquiera siendo un hombre Mitad humano-Mitad demonio, denominado "Hanyô" podía ser fuerte. Claro… eso era. En eso empezaba todo. Dese el principio, incluso antes de conocerla, ese era su deseo: Ser fuerte. Más que cualquier hombre u Yôkai de la historia, más que su padre, si, más que el gran demonio perro. Más que nadie, porque si él era fuerte… si él era el mejor de todos… no le volverían a despreciar. Si, era verdad. Eso era lo que él quería. Ya no quería el estúpido ruido de la gente que gritaba con odio "lárgate hanyô sucio" y le aventaba piedras mientras él tan sólo era un niño. Quería ser una gran Yôkai, el mejor de todos y así, todos los idiotas que le habían herido sufrirían. Si. Sentirían miedo ante su presencia y seguramente se atormentarían así mismos, sabiendo el daño que me hicieron. Pero él no les perdonaría. Nunca lo haría. No. Claro que no. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Qué hicieron ellos por él? ¿Curarlo? ¿Protegerlo? ¿Cuidarlo?... ¿Amarlo…? No. Solo desprecio y odio había salido de su boca. Y… ¿Las personas que lo habían hecho? ¿Y las que se habían preocupado por él?...Su mamá… Si, ella había sido la primera. Pero ella solo sufrió; la veía llorar todas las noches ante los insultos y groserías. Incluso siendo la princesa Izayoi, la reina de esas tierras… todos la odiaban. Por tener un monstruo como hijo… por ser tan tonta que amo a un yôkai más que a cualquier humano que hubiera conocido, porque no fue capaz de entregar a su hijo ante la multitud que clamaba su sangre, por ser tan "débil". Pero ellos no entendían, no pudieron siquiera imaginar lo grandiosa que ella era. La forma amorosa en la que sus manos lo abrazaban y la forma dulce en la que lo dormía. Su suave voz… ellos no entendían. No entendían y, de hecho, él tampoco entendía. Siendo sinceros, no sabía que hubiera sido mejor. Si ella no le hubiera querido… si ella también le hubiera despreciado, como tal vez merecía, él no estaría vivo. Él no estaría sufriendo a algo que en ese tiempo le era tan ajeno. Y ella… seguria viva… tal vez hubiera podido gobernar su reino y hubiera sido feliz. Pero, para su desgracia, no había sido así. Su madre había sacrificado todo por él. Y lo peor es que no podía recordar su sonrisa como antes, solo recordaba la última vez que la había visto. Sus labios curvados tratando de mostrar una sonrisa tranquila y sus ojos llenos de lágrimas. Sus últimas palabras fueron "—Se fuerte y corre, que yo te alcanzaré después y podre volver a cuidarte" —. En ese momento, no entendió lo que ella había querido decir, tan solo obedeció, seguro de las últimas palabras "yo te alcanzaré". Pero nunca lo hiso. Y, de hecho, seguía sin entender el mensaje. Los recuerdos de su cara se estaban empezando a borran contra su voluntad. Con el paso del tempo.

Las sombras, que escucharon sus pensamientos, aprovecharon el rumbo que tomaban. "Desprecio hacia su vida" era el pensamiento que necesitaban.

Las sombras, más que felices, comenzaron a adentrarse en sus recuerdos, envenenando cada vez más su alma.

— Él…él no merecía vivir. —Se siguió diciendo así mismo, mientras sus pensamientos le atormentaban—. Desde su nacimiento, solo traía desgracia para quien amaba. Su madre… y… Kikyo… Si, ahora que lo pensaba, era lo mismo con ella. La había amado. Estaba seguro. Pero… no sabía porque. Ella en cierta manera era igual de solitaria que él. Como una sacerdotisa, siempre tenía que estar recta ante todo. Incluso aunque ella solo quería ser una chica normal, que se enamorara y se casara para tener hijos algún día, su destino estaba decidido. Los poderes que había heredado la habían marcado. Y aunque fuera infeliz eso era lo que tenía que hacer. Y lo había hecho bien. Cuidaba la aldea perfectamente. Hasta que, esa estúpida perla interrumpió en el camino. Yo… yo solo quería ser poderoso. Y ¿Qué mejor que la perla shikon? Era la ruta más fácil… claro, siempre fui un idiota. Y cuando fue entregada a ella… yo la busque. Yo hable con ella. Y no sé que fue con exactitud, pero antes de que me diera cuenta, había comenzado a comprenderla… y a seguirla. De lejos, cada vez más. Comencé… a comprender su soledad y eso mismo me llevo a querer protegerla y… a amarla. Antes de que me diera cuenta estaba besándola… y le estaba entregando todas mis esperanzas, y todo mi dolor… Ese fue el error. No me di cuenta de que ella hacía lo mismo. No había una confianza real entre nosotros. Solo estábamos juntos por qué sentíamos ese sentimiento de soledad… necesitábamos amor, y al conocernos creímos que lo habíamos encontrado. Aun así, no era que no le hubiera tenido cariño… pero esa desconfianza y ese "poner todas las esperanzas en la otra persona, sin poner nada de mi lado" fue lo que los acabo. El maldito de Naraku vio esta debilidad y dio el golpe. Y claro había sido tan estúpido que cayó, y la dejo morir, mientras él quedaba clavado a ese estúpido árbol… perdiéndola. Claro, él era un hanyô, un monstruo que no merecía nada, pero era como si ellas no lo entendieran…. Y seguían acercándose hasta que su maldición las mataba…Y… Kagome…ella… no era como las demás. No era sumisa como su madre o tranquila como kikyo, era… tan solo Kagome. Ella sola había podido hacer miles de cosas por él en tan poco tiempo. Le debía mucho, mucho en exageración. Había sido paciente sanando sus heridas. Y había aguantado su carácter -Y por aguantarlo se refería a que le hacía frente, ella no se quedaba callada- Las peleas que habían tenido por estupideces no se podían contar. Pero ella siempre estaba ahí… con él…. Y por primera vez…sintió que no estaba solo y que ella no se dejaría morir…. Incluso le había dado amigos. Amigos de verdad. Pero…No había pensado en eso. Nunca se le había pasado la idea por la mente de que ella podía morir… por su culpa…porque al final él era el hanyô idiota que se daba cuenta del valor de todo cuando estaba a punto de perderlo… y protegerlo era prácticamente imposible.

Las sombras rieron de una forma exquisita y se regocijaron. El cuerpo del hanyô estaba tirado en el suelo y su mano apretaba, aun en su inconsciencia, su corazón con fuerza. Su cara estaba pálida y un pequeño mohín de dolor alumbraba en su rostro, pero además de ello no había nada. Las lágrimas caían débilmente de sus oscuros ojos y estos parecían tener menos brillo cada vez.

—Falta poco—Repuso sonriente el alma más grande y oscura del lugar. Aparentemente el jefe. Quien parecía realmente contento con su presa, quien parecía alguien fuerte. Pero por lo que veía su vida había sido dura, empezando por su niñez, y la próxima muerte de las personas que amaba les habían dado la hermosa oportunidad de poder tener su alma en sus manos.

Estaba tan contento que no se aseguro de hacer guardia y por consiguiente no pudo avisarle a sus camaradas a tiempo que una luz, proveniente de una persona cansada, venia de tras de ellos por el camino. Y cuando se dio cuenta fue demasiado tarde, la chica los había visto, y pudo darse cuenta, incluso aunque solo la vio unos cuantos segundos del aura sagrada y pura que le rodeaba, así como de lo rota que estaba su alma, antes de quedar petrificado sin poder avisar a nadie.

La chica estaba más que cansada y se sentía desolada, no había encontrado a Inuyasha por ningún lugar, a pesar de que lo había estado buscando hasta ahora, y ya era bastante tarde. Tenía mucho sueño y se sentía débil. Esto no le hacía nada bien a su enfermedad. Había estado así hasta que sintió una presencia rara y mientas se acercaba comenzó a sentir una presencia conocida. Así que apresuro el paso y cuando por fin lo vio, se petrifico.

Inuyasha estaba tirado, con mínimo 20 sombras extrañas alrededor, su mirada era más que sombría y parecía casi muerto.

— ¡I-INUYASHA! —Chilló, comenzando a correr en su dirección, sin saber cuáles eran las leyes de las sombras.

Una cosa era segura y estaba bien escrita entre las sombras "Si el proceso de "oscurecimiento de almas" ya está en una fase terminal, solo cambiando un alma por otra podrá hacer que se deje de corromper la primera alma; ya que están en una etapa terminal, incluso llegando a un acuerdo o destruyendo a las sombras, sin dar un alma a cambio la primera alma no dejara de ser corrompida"

Continuará…

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Am… Bueno… eh… hola… eh…. ¡No me maten! _ *se esconde de la turbia furiosa* Bueno, sé que he tardado muuuucho tiempo en actualizar, no hay escusas…. Bueno si las hay xD

Bueno, como algunos saben… me quitaron mi cuenta por un tiempo. Todo por lo que tuve que pasar para recuperarla fue un lio, y eso que solo fue un problema con el correo.

Ahora… después de eso he tenido, am, problemas personales. Así que entre la escuela, trabajos, problemas y amigos no tenía tiempo de actualizar. ¡Gomen! _ esta vez intentare actualizar rápido, lo prometo.

Les agradezco los comentarios que me dieron –aun los que querían ahorcarme por mi ausencia- me subieron el ánimo cuando lo necesitaba y me dieron las fuerzas para continuar.

Ahora, con respecto al fic, las cosas se ponen dramáticas por acá. Incluso con el siguiente capítulo no sé si entiendan porque estoy metiendo acá a "las sombras" –que en un principio era una idea sin mucho sentido- más tarde se darán cuenta de su importancia y, también hablaremos de otro personaje, que no se si recuerdan xD, cuyo nombre es "Izu" –Hizo aparición en el 2do capitulo, para quienes no se acuerden-

Y ya dejándolos en suspenso, y después de agradecerles los comentarios puedo ser feliz de sentir que estoy cumpliendo, por fin, con mi trabajo.

Sin más, ¡Hasta la próxima!

Cariños, Karen.