10 Cosas Que Odio De Ti
By: Vidian y Ary Valentine
Antes de comenzar, queremos hacer una mención especial. Este cap, va para un grandísimo lector y por supuesto también un excelente escritor : M Bidden.
Capítulo IV: Cada vez más Cerca.
No había podido dejar de pensar en el club ratón, ese lugar era un sitio plagado de mujeres y hombres de dudosa reputación sexual, había acudido un par de veces junto alguna de sus novias de momento y no guardaba los mejores recuerdos precisamente, sólo sabía que era un sitio en el cual no podía sentirse cómodo ni aunque bebiera tres litros de cerveza.
Salir con Claire Redfield era interesante… no lo negaría, esa joven poseía algo particular, además de su peculiar belleza física; es decir… una pelirroja de orbes aguamarina, de piel y cuerpo perfecto no era una persona que soliera ser común, lo que más le sorprendía de esa chica era que podía ser capaz de dejarlo en jaque fácilmente, manejaba una personalidad única que raramente sabía dominar una adolescente, pero la idea de dejar de fumar con tal de agradarle y acudir a sitios que le desagradaban comenzaban a molestarle en serio.
Pese a todo, estaba dispuesto a seguir adelante, necesitaba el dinero a cómo diera forma, tenía algunas deudas en el bar, apostar en las partidas de billar a veces le costaban altas sumas de dinero. Derek Simmons, conocido por ser el peor mafioso de Raccoon city, lo tenía bajo amenaza desde hace días, si no cancelaba lo pendiente en cuanto a billetes probablemente le partiría la cara nuevamente, como cuando se había enterado que tenía un romance con Ada Wong, la chica de raíces asiáticas era el interés romántico de aquel matón desde tiempos inmemorables, ella nunca le había dado oportunidades, pero el hombre permanecía obsesionado con la joven, razón por la cual Leon había puesto fin a su amorío con la fémina.
Prefirió no pensar en eso por ahora, resultaba completamente agotador, comenzó a caminar en dirección a su camioneta, vio la figura de Ada a escasos centímetros de salir de la escuela y corrió hasta alcanzarla, ella podría ayudarle en sus planes.
—¡Ada, espera! —la de cabellera corta se volteó un poco sorprendida, Kennedy no solía buscarla si no se trataba de un tema importante, botó el humo del cigarrillo que estaba disfrutando y caminó para facilitarle el trabajo a su ex - novio. Se llevó una vez más el objeto vicioso a sus labios y lo esperó intrigada.
El chico tragó saliva, la contempló unos breves segundos, era demasiado difícil no hacerlo, ni mucho menos no sentirse atraído. Sus labios sosteniendo aquel cigarro sólo conseguían darle un toque más lujurioso del que por sí, ella ya poseía. Maliciosamente esbozaba una sonrisa que empeoraba la situación, ese ápice de traviesa era sumamente tentador. Leon se maldijo internamente por bajar su mirada hasta el resto de su cuerpo, esas piernas largas, finas y torneadas siempre habían sido su perdición, la odiaba por utilizar unos pantalones tan ajustados, eso era crueldad pura.
Quiso calmar sus pensamientos hormonales pero el hecho de subir otra vez el camino de su mirada no estaba ayudándolo, el escote que Ada usaba en donde se podía admirar sin problemas la majestuosa redondez de sus pechos era muy tortuoso de presenciar, no sólo para él, sino que para cualquier mortal de tendencias heterosexuales.
Ada elevó una ceja sintiéndose un poco incómoda, el joven temido por todos aún le atraía, pero ya no estaba en derecho de mirarla de forma tan descarada.
—¿Me vas a decir algo o no? —preguntó sacándolo abruptamente de sus fantasías masculinas.
El rubio aclaró su garganta y la miró, los orbes pardos de Ada no se amedrentaron, no era una muchacha de irse con rodeos.
—Necesito tu ayuda —su interlocutora guardó silencio por unos segundos ante esa frase, se preguntó si debía actuar como una buena samaritana en esta ocasión. — Más bien es un consejo, o un asesoramiento — replanteó el muchacho quitándole el cigarro de los labios y posteriormente llevándolo a los suyos de manera nerviosa. N
Nunca le había visto actuar así, la curiosidad por averiguar qué cosa provocaba tal grado de ansiedad e incertidumbre en su ex pareja la hizo asentir con su cabeza.
—Dispara —lo alentó para que le explicara la situación, Leon le dio una nueva calada al contenido de tabaco y soltó el humo con plena naturalidad, despedirse de la nicotina sería horrible, apenas llevaba una noche sin fumar y ya estaba a escasos minutos de sucumbir ante una crisis nerviosa de altura.
Suspiró con cansancio y la tomó de la mano para llevarla a un lugar más apartado del estacionamiento, los chismes en el bachillerato corrían como un atleta, y no quería arriesgarse a dar pasos en falso por caer ante errores absurdos.
—Iré al grano —inició con voz desganada. —No estoy orgulloso de esto, pero estoy recibiendo dinero a cambio de conseguir una salida con Claire Redfield y no he tenido buenos resultados al respecto, es una chica…
—¿Qué estás haciendo qué? —inquirió escandalizada, no le importaba interrumpirlo, el rubio con reputación de delincuente se sintió avergonzado; si su vista no estaba errada podía vislumbrar en Ada cierto grado de enfado y eso lo hacía sentir muy miserable. La chica comprendió su silencio, le conocía bien; negó con la cabeza fulminándolo con la mirada. — Creo que esto es una de las cosas más bajas que has hecho por obtener dinero, ¿Qué no es más fácil y honesto obtener un empleo?, creí que eras alguien noble, Kennedy… — se apartó un poco de su lado desilusionada. — No voy ayudarte en esto, lo siento.
—Oye, si necesito dinero es precisamente porque tu novio y sus contertulios pretenden masacrarme si no le pago en dos días y mi madre… con ella nunca puedo contar —masculló irritado, Wong endureció sus gestos, Simmons era un tema delicado en su vida, sólo ella sabía la cantidad de problemas que le traía. Leon notó el gesto furioso de la joven y se arrepintió al instante de haberle hablado de aquel modo prepotente. — Lo lamento, Ada… yo sólo quiero el dinero de manera rápida y es la única vía de hacerlo que tengo por ahora, pero no obtendré la suma que necesito si no salgo con ella pronto. Prometo que la llevaré a una fiesta y la dejaré en paz, no quiero hacerle daño…yo no soy así y lo sabes.
Por primera vez en mucho tiempo sintió que lo podía ayudar de cierto modo, él se había involucrado en una infinidad de problemas sólo por ser su novio un par de meses, quizás era la oportunidad para empezar desde cero, si Leon cancelaba esa deuda se alejaría de Derek y ella estaría en paz consigo misma sabiendo que el rubio se hallaba fuera de peligro. Aunque no le agrada la idea de jugar con los sentimientos de una persona inocente, eso no era parte de su moralidad.
—¿Claire es la chica que todos odian, verdad? —él asintió esbozando una pequeña sonrisa, satisfecho por la ayuda que Ada estaba dispuesta a darle. — Pues, pareciera que no le importa lo que a las masas suele interesarles…
—Efectivamente, ella es una chica quejumbrosa, sumamente rara, defiende sus ideales con todas sus fuerzas y es capaz de pelearse a golpes por ellos, es inteligente, no cae en cualquier truco, prefiere quedarse en casa a leer un libro que asistir a bailes estúpidos —Wong sonrió de lado y enarcó una ceja.
—Parece que esto está interesándote más que por saldar una simple deuda —musitó divertida, Leon frunció el ceño, no estaba para chistes, repentinamente recordó las cosas que le había dicho Jake en cuanto a los gustos de la pelirroja.
—Ella irá está noche al club ratón. —Ada estalló en carcajadas burlesca. — No es gracioso, no quiero ir a ese lugar, sólo hay tipas desquiciadas y la música es un verdadero asco al igual que el bar — se quejó, su compañera continuaba riendo, sería muy divertido verlo en ese lugar.
—¿Y qué esperas?, tienes que ir, Claire estará ahí es la oportunidad de tu vida.
—¿Estás loca?, no quiero que ella vuelva a mandarme literalmente al diablo, no gracias.
La de cabellera oscura le miró atentamente, algo estaba diferente en Leon y al parecer no estaba relacionado directamente con sus problemas personales. Se estaba tomando muy a pecho su misión y no se daba cuenta que comenzaba lentamente a caer en su propia trampa.
—Le estás prestando mucha atención y no sé si debería ponerme celosa al respecto, pero dime ¿Qué mejor manera de interesarle a una chica que ignorándola? —pestañeó confuso.
—No puedo ignorarla, la necesito —refutó con obviedad, la de los orbes pardos rodó los ojos.
—No seas idiota, irás al maldito club ratón y casualmente te encontrarás con ella y cuando lo hagas la vas ignorar ¿entiendes? — explicó con determinación. — Luego fingirás que te interesa lo que a ella le gusta, te será fácil… eres guapo y difícilmente una mujer se te resista, poniendo en marcha lo que te dije anteriormente la tendrás comiendo de la palma de tu mano en menos de un mes.
Se miraron y sonrieron, la química entre ambos aún permanecía activa no se había disipado y les permitía seguir siendo amigos, era reconfortante tener a Ada, ella siempre sería un pilar fundamental en su vida. Continuaron hablando… Leon se prepararía bien, no iba fallar esta vez.
Quedarse después de clases era algo completamente normal para los profesores de la institución. Muchos de ellos aprovechaban para aclarar sus dudas consultando el bueno juicio de los demás docentes. Hablar de los alumnos también resultaba ser un tópico bastante atrayente; era la mejor forma para estar al tanto de qué clase de alumnos tenían bajo su tutela en horas escolares. Alumnos como Leon Kennedy o la misma Claire Redfield, eran de los pocos alumnos en donde se concentraba la mayor atención, era inevitable no irritarse con comportamientos tan antisociales como los de ese par.
Krauser tenía su cuota diaria de exacerbación con ese par de jóvenes rebeldes. Una se creía una completa revolucionaría de la sociedad actual, y el otro, era la parte contraría que no se preocupaba por nada en absoluto. Ambos con un carácter similar pero con un fin diferente. Por fortuna esos dos ni siquiera se trataban, no sé imaginaba cómo sería si ellos se llegaran a relacionar.
Caminó un tanto frustrado por los largos pasillos de la institución. Aún ahora tenía que ver a Svetlana para entregarle los resultados de las pruebas parciales. Sabía que no era trabajo de ella, pero era la excusa perfecta para adentrarse a su oficina; algunas veces le "ayudaba" con algo de inspiración para que pronto pudiese culminar aquella novela que la tenía completamente absorta de la vida cotidiana.
—Adelante —permitió la rubia en cuanto escuchó esos pequeños golpeteos en la puerta de su oficina. La puerta se abrió de inmediato dando paso al enorme Jack Krauser. Svetlana sonrió en cuanto lo tuvo frente a ella. — Profesor Krauser, adelante, tomé asiento — señaló con su mano la silla frente a su escritorio.
El profesor más temido del bachillerato no tardó en corresponder a la invitación. Llevaba en las manos algunos folders con varias hojas dentro de ellos. Los colocó sobre el escritorio pero sin la intención de dárselos a ella; ambos sabían muy bien a qué se debía aquella visita.
—Y… ¿Cómo va con su novela, profesora? —averiguó tratando de darle importancia a eso, tampoco era bueno resultar tan obvios, más cuando aún debían haber docentes rondando por ahí.
—Pues…no me he inspirado lo suficiente en estos días.
El tono de voz que había empleado la rubia era muy bien conocido por el exuberante hombre sentado frente a ella.
Muchas de las veces solían actuar como malditos adolescentes con las hormonas a flor de piel. No era la primera vez que podía sentirse aquella tensión sexual entre esos dos, y por supuesto no sería la última. No había nada de índole romántico entre ellos, sólo un buen motivo para liberar la frustración. Svetlana también lo veía como un método altamente gratificante a su inspiración como escritora.
Se levantó de su silla con la única intención de acercarse a él. Sus movimientos a la hora de caminar eran demasiado sugerentes. A diferencia de Billy Coen, el temido profesor no iba a salir huyendo de ahí, no cuando eso era precisamente lo que había estado buscando desde que decidió ir a la oficina de la rubia.
Krauser la siguió con la mirada, ahora ella estaba sentándose estratégicamente frente a él sobre el escritorio. La de origen ruso llevaba una falda un poco más arriba de la rodilla y con una pequeña abertura en el costado que dejaba ver un poco más a su torneada pierna. La actitud recatada con que siempre actuaba Belikova hacia un gran contraste con su comportamiento actual. Jamás imaginó que la rubia tuviera tanta energía, y mucho menos una mente tan abierta para aceptar lo que ellos hacían algunos días después de clases.
Svetlana veía una gran conveniencia en sus encuentros casuales con Krauser. No dejaría de escribir, y si tipos como Jack podían ayudarle con algo de imaginación a la hora de plasmar sus ideas, tampoco lo desaprovecharía. Había tenido interés por muchos hombres; Krauser había entrado en su lista hace algunos meses, y lo mejor de todo es que él jamás se había resistido a lo que ella le ofrecía. Pero sus anhelos iban en aumento últimamente, la idea de tener sexo con Chris Redfield era su nueva fantasía; lo intentaría hasta ver resultados favorables. El hermano mayor de Claire le había servido demasiado a la hora de describir al personaje masculino de su novela, pensaba en él cada que se disponía a narrar las escenas.
Salió de sus cavilaciones cuando sintió la gran mano de Jack posarse sobre su muslo derecho. Subía y bajaba la mano sin quitarle la mirada de encima; él ya sabía que ella disfrutaba mucho de los juegos previos. La vio relamerse los labios de manera sugerente y luego llevar sus propias manos hasta los botones de su saco y comenzar lentamente a desabotonarlos. Ninguno de los dos se quitaba la mirada de encima, lo que venía ahora era algo que se esperaba desde que Krauser había entrado a la oficina.
—¿Qué escena sigue? —inquirió curioso al tiempo que intentaba despojarse de su corbata.
—"Adrianne deslizó sus manos por el duro torso de Reginald".
La consejera redactó una de las líneas de su novela, dándose instrucciones a sí misma para realizarlo con el hombre frente a ella. Desabotonó rápidamente la camisa del profesor para así poder cumplir con la línea.
Jack estaba bastante entretenido ayudándole ahora a desabrochar los primeros botones de su blusa, la rusa por su parte ya estaba bastante entretenida recorriendo el desnudo pecho de su actual amante. Para ese momento, ambos ya estaban en una escena bastante comprometedora; pero parecía que eso no los detenía para el propósito que tenían ahora.
—¡¿Qué demonios le pasa a us…?!
Una escandalosa y muy alterada Rebecca Chambers había entrado de manera abrupta hasta la oficina de la consejera. La puerta había azotado de tal manera que ambos profesores terminaron poniéndose de pie. La chica de cabello corto lamentablemente había observado todo, ahora mismo se encontraba con un gesto completamente desconcertado.
Svetlana intentaba acomodar su blusa abrochando nuevamente los botones, Jack tuvo que imitar su acción, pues ambos se encontraban en igual condición. La novia de Coen sólo permaneció de pie aún atónita ante lo que acababa de presenciar; sabía que tenía que salir de ahí cuanto antes, pero sus piernas no estaban conectadas a su cerebro. Su boca estaba ligeramente abierta mientras emitía algunos sonidos inentendibles.
—Rebecca Chambers, ¿Qué estás haciendo? —aquella pregunta había logrado traer de vuelta a la jovencita, haciendo que de inmediato esta se llevara una mano a hasta sus ojos para cubrirlos. — ¡Sal de aquí ahora mismo!— gritó la consejera de repente.
—Yo…hablaré con usted después. —Titubeó un poco, sus manos aún seguían en sus ojos; sólo por una pequeña rendija entre sus dedos pudo ver un poco del gesto enfadado de esa vieja. Iba con todas las intenciones de reclamarle lo que había hecho con su novio días antes. Luego de haber sido muy insistente, Billy le había contado el motivo de su preocupación y en cuanto ella había escuchado aquello, no pudo evitar que la sangre se le acumulara en el cabeza. Esa vieja de la consejera se había atrevido a acosar a su novio y eso no iba a permitirlo. —¡Mierda! — susurró para sí misma. Tan pronto como entró a la oficina salió de ella.
Más que sorprendida, Rebecca estaba completamente asustada; jamás hubiera querido encontrar a un par de profesores teniendo sexo dentro de las instalaciones. ¿Qué mierda le ocurría a esa vieja? ¿Acosaba a todo el mundo? ¿Estaba acosando al profesor Krauser? Por supuesto que no, si eso hubiese sido así el estricto profesor no hubiera estado tan contento desajustando la blusa de la consejera. Estaba completamente asqueada, encontrar a sus profesores era como encontrar a sus padres intentando tener intimidad. ¡Era tan repulsivo!
No dejaba de hacer muecas repugnantes que pronto se convertirían en arcadas. Tenía que salir de ahí cuanto antes; ya ni siquiera quería pensar en lo que Krauser o Svetlana le harían después de haber sido testigo de sus lujuriosas actitudes. Eso sí, jamás volvería a verlos de la misma manera.
Tanto Krauser como Svetlana seguían conmocionados. Esa jovencita de excelentes calificaciones y de comportamiento bastante bueno para las reglas de la normalidad, los había visto en su intento por tener sexo.
—No se hablará de esto —puntualizó la consejera viéndolo directamente a los ojos. Krauser asintió de inmediato, tomó las cosas que había dejado sobre el escritorio y salió cuanto antes de ahí.
La de orígenes ruso se quedó mirando a la puerta. Tendría que hablar con aquella chiquilla y pedirle discreción en el asunto. No tenía idea de por qué ella había entrado de esa forma hasta su área de trabajo, pero también se encargaría de averiguarlo. Esperaba que nadie más haya sido testigo de lo que acaba a de ocurrir.
Jake le había dicho que se olvidara de Carla Radames, que esa tipa estaba chiflada, pero intentar olvidarse de ella era prácticamente imposible. Simplemente no podía sacarse de la cabeza a la hermana gemela de Ada Wong. Luego de aquel encuentro en los casilleros, creyó que sería fácil después entablar una charla con ella, pero estaba muy alejado de la realidad; Carla hasta ahora no daba ninguna señal de estar interesada en él, y lo que era peor, ni siquiera lo miraba cuando ambos se cruzaban por el camino.
No estaba dispuesto a rendirse esta vez, ya había dejado escapar varias cosas por su personalidad tan introvertida; estaba decidido a conseguir por lo menos un "hola" de esa hermosa chica; si ella le saludaba todas las mañanas, eso le bastaría para sentirse felizmente satisfecho. Claro que como todo buen admirador, debía comenzar por el anonimato.
Tenía la dirección del correo electrónico de Carla desde hace algún tiempo, lo había conseguido gracias a que Svetlana un día le había pedido de su ayuda para archivar los datos de algunos de los jóvenes del plantel. Fue en ese momento que encontró aquellos datos, y desde ese día, había guardado muy para sí mismo esa información.
Carla estaba lo suficientemente cansada como para llegar hasta su habitación, arrojarse a su cama y dormirse por lo menos unas 9 horas seguidas. Claro que eso sólo lo haría si no tuviera otras cosas que hacer. Sus profesores se empeñaban en dejarles un gran número de tareas, y lo peor del caso es que tenían que ser entregadas al siguiente día.
Entró hasta su casa y el único rumbo que tenía ahora en mente era su alcoba. No extrañaba nada en absoluto de su antigua vida, jamás había llevado una grata relación con su hermana y su padre ya no era digno de ser llamado así. No entendía cómo Ada había preferido quedarse con su progenitor luego de aquel trato que le dio a su madre. Pero no importaba eso, ya no importaba nada de que tuviera que ver con su anterior vida; ella estaba bien, su madre también y eso era lo único vital en esos momentos.
Giró la perilla de la puerta de su habitación y cuanto antes de adentró en ella. Lanzó su bolso con algunos libros en su interior hacia su cama y continuó con su camino hasta llegar y sentarse frente a su pequeño escritorio con su laptop sobre él. Comenzaría con sus tareas antes de que si hiciera tarde y se quedara hasta las tres de la mañana una vez más; ¡no, eso ya no más!, acabaría pronto para poder dormir como oso en hibernación.
Abrió su ordenador y como de costumbre, ingresó en su cuenta de correo electrónico para revisar si no tenía algunos documentos pendientes. Aquel sonido característico de cuando se recibe un correo se hizo presente, en ese preciso instante un nuevo mensaje le había llegado. El usuario que le había hecho llegar ese mensaje, no estaba entre sus contactos. Arrugó la nariz y abrió el correo siendo bastante curiosa a la hora de hacerlo.
From: William Shakespeare
To: Carla Radames_
Sent: 05 de Abril del 2014
Cuando en las crónicas de tiempos idos veo que a los hermosos se describe y a la Belleza embellecer la rima que elogia a damas y señores muertos, observo que al pintar de sus dechados la mano, el labio, el pie, la frente, el ojo, trataba de expresar la pluma arcaica una belleza como la que tienes. Así, sus alabanzas son presagios de nuestro tiempo, que te prefiguran, y pues no hacían más que adivinarte, no podían cantarte cual mereces. En cuanto a aquellos que te contemplamos con absorta mirada, estamos mudos.
Carla sonrió al leer eso, era uno de los sonetos de Shakespeare que tanto le gustaba. Aquel chico que utilizaba como seudónimo "William Shakespeare" para enviar ese correo, no podía ser otro más que ese simpático muchachito que le había recitado uno de los poemas de su ídolo frente a su casillero hace unos días. Sonrió sinceramente, Piers sí que era un chico atento y lindo. Sin embargo parecía ser muy tímido, tanto como lo era ella misma, quizás lo adecuado en ese momento era seguirle el juego. No le diría nada y se haría la ingenua a ver hasta dónde podía llegar el chico de orbes color miel.
From: Carla Radames_
To: William Shakespeare
Sent: 05 de Abril del 2014
Ese es un lindo soneto. No tengo idea de quién eres ni de por qué me has enviado esto. ¿Podrías aclarar mi duda?
Piers recibió respuesta casi de inmediato. Leyó lo que ella le preguntaba y no evitó tragar saliva; no se sentía realmente listo para ser reconocido. En sus manos podía distinguirse un ligero temblor; sin siquiera darse cuenta de cómo, ya tenía sus manos sobre el teclado escribiendo un nuevo mensaje.
From: William Shakespeare
To: Carla Radames_
Sent: 05 de Abril del 2014
Soy admirador de Shakespeare y de sus obras, tanto como soy admirador tuyo.
Carla volvió a sonreír y ya podía sentir un particular calor en las mejillas. Ese chico definitivamente tenía que ser Piers Nivans, ningún otro muchacho del bachillerato de Raccoon escribiría con tanta propiedad. Además desde aquella platica frente a los casilleros, sabía que el joven de apellido Nivans también era conocedor de las obras de su adorado ídolo.
From: Carla Radames_
To: William Shakespeare
Sent: 05 de Abril del 2014
Es grandísimo saber que no soy la única admiradora de William Shakespeare. Pero tendrás que decirme quién eres o comenzaré a asustarme.
From: William Shakespeare
To: Carla Radames_
Sent: 05 de Abril del 2014
Aún no es tiempo para eso. No te asustes, bella damisela. Tan sólo estoy interesado en llenar tu bandeja de correos con bellos poemas de mi dramaturgo preferido; estarás leyendo a diario aquellos sonetos que una hermosa chica merece que le sean recitados.
Descansa, dulce Carla.
Luego de eso no hubo más plática. La gemela de Ada sabía que no le contestaría nada. Quizás el juego terminaría resultando divertido. Era un gesto muy tierno lo que Piers estaba haciendo por ella. No podía ocultar la risa coqueta que se dibujaba en su rostro, jamás se había sentido de esa manera.
Piers exhaló al fin el aire que parecía haber estado conteniendo desde que comenzó aquella conversación. Al fin lo había hecho, se había atrevido y todo iba bien. Seguramente Carla no se imaginaba que era él, haría todo lo posible por conquistarla de esa manera y luego rebelarle su verdadera identidad. Todo eso lo mantendría en completo secreto, ni siquiera Jake tendría que saberlo o de seguro terminaría llamándolo perdedor.
No era tan difícil, había pasado por cosas peores, enfrentarse a su estricto padre ya debería ser pan de cada día… lo que venía a pedirle sería lo más complejo de mantener esa charla; más si estaba involucrada esa petulante mujer que tenía por madrastra. Excella Gionne, quien solía meter su nariz en donde nadie la llamaba. Extrañaba a su madre biológica… pero apostaría su vida por asegurar que si efectivamente existía un mundo después de la muerte, ella estaría muchísimo mejor. Dejó de pensar en eso, no lo conducía a ninguna conclusión amena.
Entró en la majestuosa vivienda, más que una simple casa, parecía ser una mansión, a veces Jake detestaba vivir en un espacio tan grande y a la vez sentirse tan solo. Rápidamente se acercó a él una empleada, le saludó cordialmente y recibió su bolso diciéndole que su padre lo esperaba para cenar. Siempre le resultaba incómoda la hora de compartir con su progenitor, no tenían la mejor de las comunicaciones, pero si estaba en búsqueda de una oportunidad perfecta para pedirle un gran favor, ésta era la más indicada por lejos. Se encaminó por el extenso pasillo que lo conducía hasta el comedor principal, soltó un bufido al advertir la molesta presencia de la curvilínea esposa de Albert Wesker. Antes de llegar a ellos, pensó en Sherry… esa chica era su única prioridad, por ella haría todo, valía la pena sacrificarse duramente, estaba convencido que con la rubia no perdía el tiempo.
—Hijo, ¡Qué agradable es tenerte acá junto a nosotros! —Saludó la morena, Jake sintió repulsión al ver esa sonrisa cínica y sobre todo al escuchar que le había llamado "hijo". Frunció el entrecejo cruzándose de brazos.
—No soy tu hijo, grábatelo en la cabeza —contestó de manera fría, Excella abrió la boca ofendida y al instante fijó la vista en su marido buscando alguna defensa, pero el rubio de gafas negras la ignoró dándole un sorbo a su copa de vino, él no se prestaba para esa clase de discusiones inmaduras. El muchacho se dirigió a su padre esta vez. — No estoy apetente, pero quisiera hablar contigo en privado — pidió fulminando con la mirada a esa bruja que osaba hacerse pasar por su madre. Wesker asintió mientras se ponía de pie y dejaba sumamente molesta a su mujer, sin embargo Gionne sabía que por su conveniencia no era buena idea refutar las decisiones de su marido, ni mucho menos atentar contra ese mocoso que solía tratarla peor que a un pobre perro, puesto que el empresario lo protegía de sobremanera.
Jake siguió los pasos que había iniciado Albert, sabía bien el camino… los temas discretos siempre se tocaban en el despacho del importante empresario. Una enorme biblioteca con costosas colecciones de importantes libros de economía universal era el detalle que más llamaba la atención al adentrarse en la espaciosa estancia. El mayor tomó asiento en la cómoda silla de cuero que permanecía ubicada detrás de su escritorio, Jake ni siquiera se tomó la molestia de esperar una indicación para comenzar hablar, pese a que sabía que su papá detestaba los arrebatos y la ansiedad.
—Harán una fiesta este viernes —Wesker alzó una ceja, ya comprendía bien la finalidad de esa charla. — Y… hay una chica que… me interesa — bajó la mirada un poco avergonzado, no era su estilo ser meloso, menos en frente del líder de su hogar, se armó de valentía y volvió a mirarlo. — En fin, el punto es que quisiera saber si me puedes prestar uno de tus autos.
—¿Quién es la muchacha? —inquirió colocando ambas manos en la fina superficie de madera.
La verdad a él también le costaba comunicarse con su primogénito, nunca se le había dado con facilidad, pero admitía que era agradable que Jake lo considerara en sus planes. No, Albert Wesker no era un humano tan frío como todos creían, su hijo era su talón de Aquiles, el único capaz de ablandarlo un poco. El jovencito le miró sobrecogido, no planeó qué argumento exponer si se manifestaba esa interrogante.
—Ella… ella es una compañera de clases —las cejas de Wesker se fruncieron al instante de oír eso, no estaba para juegos de niños y la paciencia no era una de sus virtudes, no le gustaban los rodeos, el pelirrojo se golpeó internamente por decir algo estúpido y poner en riesgo el transcurso de su objetivo. — Se llama Sherry Birkin, vive en el sector conservador de Raccoon, no muy alejado de aquí… no está con sus padres porque en su ciudad natal no habían buenas escuelas, entonces su padre habló con Chris Redfield que es su primo, y él aceptó hospedarla para que pudiese venir a terminar el bachillerato hasta graduarse y también la cuida como si fuese una hermana más.
Al parecer el hecho de conocer la identidad del supuesto interés romántico de su único hijo no había sido lo que esperaba, sabía de quien se trataba y no iba mentir, no le gustaba en lo absoluto. Conocía a los padres de la chica, William Birkin y Annette, eran ingenieros comerciales, un par muy mediocre por cierto, por culpa de ellos Albert había estado a escaso tiempo de perder todas sus riquezas, eran pésimos negociantes y definitivamente personas de poca confianza, su hija no debería ser muy diferente. ¿Por qué de todas las jovencitas de la escuela, Jake se tenía que fijar en esa?, masajeó su frente con cansancio.
—Sé de quien hablas, Jake… y sería un mentiroso si te dijera que me parece excelente, esa niña es la prima de uno de mis trabajadores y la hija de unos tipos que hicieron malgastar mi tiempo. – Se levantó del asiento y le dio la espalda caminando en dirección al enorme ventanal que pertenecía al despacho. — ¿No es menos conflictivo que salgas con una chica más refinada?, alguien como Alexia Ashford por ejemplo— propuso al tiempo en que se volteaba para mirarlo nuevamente.
—No puedo elegir la mujer que de verdad me guste, no es una opción ella simplemente llega. —Expuso sintiéndose incomprendido.
—Sí, si puedes —replicó. — Entiendo que estés en una edad en la cual necesites de esa clase de compañía, pero no la busques en una cualquiera, no es correcto que se mezcle alguien de mi sangre con una mujercita pariente de un simple empleado, hay más opcio…
—¡Ella no es una cualquiera! —lo interrumpió molesto. — Mi madre no era ninguna mujer de apellido aristócrata o algo por el estilo, pero mandaste todo eso al diablo y te atreviste con ella de todos modos… dime ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo? — En esos momentos Wesker no guardada dudas de que ese muchacho que se atrevía a gritarle, recriminarle y a defender con ahínco sus propósitos era su verdadero hijo. — Sherry me gusta en serio — finalizó un tanto más relajado.
—¡No puedes salir con esa mocosa! —intervino Excella interrumpiendo la privacidad de los hombres, sin descaro alguno azotó las puertas dobles de la estancia, tanto padre como hijo la pulverizaron con la mirada. — ¡No, no me miren así! … cariño, sabes que alguien de la familia no puede relacionarse con una chiquilla ordinaria y sin clase.
El rubio de estatura imponente, caminó con pasos calmados hasta la respectiva ubicación en la cual se hallaba posicionada la mujer de exuberantes pechos, ésta le miraba desafiante y con seguridad, sabía que su argumento era lógico y que su esposo opinaría igual que ella, pero para su sorpresa el fuerte agarre que recibió en respuesta la dejó perpleja. La mano de Wesker la mantenía prisionera de manera poco delicada.
—Cariño, detesto que me interrumpan —ejerció aún más fuerza provocando un leve gemido de dolor de parte de Excella.
—Me estás lastimando. —Se quejó, Jake rodó los ojos.
—Cierra la boca —interinó el muchacho, se aproximó a su madrastra y la tomó por el otro brazo, su padre lo dejó que actuara y soltó la otra extremidad de su actual y molesta esposa, con un movimiento brusco, el pelirrojo la arrastró hasta la salida y cerró ambas puertas en su cara. — Y no te atrevas a interrumpirnos. —Agregó.
—¡No puedes hacer esto! —chilló colérica, comenzó a exigir que le abrieran dando manotazos sobre la fina madera de aquellas puertas. — ¡Albert, haz algo! ¿Sabes lo mal que hablarán de nosotros si lo ven con esa mugrosa?
—¡Cállate! —vociferaron ambos hombres al unísono, se oyó un bufido y la pesadez de los pasos de Gionne alejándose derrotada.
Wesker volvió a sentarse en su silla, la relación familiar en la cual convivían no era un ejemplo a seguir, estaba consciente, pero tampoco le sorprendía lo que acababa de suceder… Excella era realmente molesta, si no necesitara la importante alianza con la empresa asociada a Umbrella, la corporación Tricell, de la cual ella era la futura heredera, definitivamente ya la habría mandado al demonio hace muchísimo tiempo atrás.
—Está bien —rompió el incómodo silencio que se había formado, de inmediato el semblante de su hijo se iluminó. — Usa el auto que quieras, pero si algo sale mal con esa chica, no quiero saberlo… la responsabilidad es toda tuya.
El estudiante sólo pudo asentir ante las palabras de su padre, todo estaba saliendo bien y a su favor, quiso correr hasta él y estrecharlo en un calido abrazo fraternal, pero sabía que dicha acción no era propia de un Wesker.
Esa mañana se dirigió al taller mecánico para tener noticias de su Mereces Benz, luego de que fuese victima de un ataque histérico que había sido mera cortesía de su propia hermana, el pobre vehículo se merecía una restauración adecuada. Como en todo centro de reparaciones, las noticias no fueron buenas, debía esperar unos días más para que estuviera cien por ciento reparado, claramente la idea no le agradó, ya no le hacía gracia desplazarse hacia todos lados en taxi, extrañaba más que nunca su independencia al momento de irse a trabajar.
Se despidió del señor que estaba a cargo del arreglo de su fastuoso medio de transporte y resignadamente se mentalizó para regresar en un par de días. Claire iba a pagárselas caras, muy caras… le pondría el peor castigo de su vida; uno que jamás olvidaría, pero esa niña aprendería a no involucrarlo más en sus infantiles discusiones con aquel mocoso engreído, ya era hora de que supiera comportarse de una maldita vez.
—Definitivamente el mundo es muy pequeño —mencionó una voz familiar a su espalda.
Chris se detuvo en seco, no podía ser ella, se volteó incrédulo y la observó sin articular palabras, no había dejado de pensar en ella desde que la había visto en el bachillerato de su hermana y tenerla en frente de forma tan radical e inesperada era una experiencia un poco chocante.
Jill sonreía ampliamente, nunca esperó reencontrarse con ese joven en un taller de mecánica automotriz, pero supo desde el momento en que le vio por primera vez que no tardaría en topárselo nuevamente, a veces el destino no resultaba ser tan monótono, comenzaba a tomarle cariño y credibilidad. Chris le devolvió el gesto risueño olvidándose por completo de los verdaderos motivos que lo tenían visitando ese sitio, incluso la rabia que sentía por Claire se había desaparecido, el mundo parecía detenerse cuando gozaba del privilegio de contemplar a esa castaña de grandes y profundos orbes azulados, a diferencia de la vez anterior, la chica vestía de una manera más casual y femenina, se veía realmente atractiva, era inevitable no admirar sus muslos que sólo eran cubiertos por una falda… no culpaba al resto de los mecánicos pervertidos que no le sacaban el ojo de encima, quizás él también cargaba la misma expresión babosa.
—¿Me recuerdas? —inquirió soltando una pequeña risita, le parecía un poco cómica la reacción del castaño, tal vez ni siquiera la recordaba.
—Cómo olvidarte —respondió sin apartar sus pupilas de ella, Valentine no reprimió un leve sonrojo, bajó el rostro sintiéndose vulnerable, con sólo pronunciar dos palabras conseguía ponerle el mundo de cabeza. El Redfield le tomó el peso a lo recientemente dicho e inmediatamente intentó remediarlo. — Claro, que te recuerdo — aclaró en tono serio, procuró guardar sus nervios y lo entusiasta que estaba por verla. No sabía qué era exactamente, pero toda gestualidad en esa jovencita era encantadora e incitadora.
—Creí que ya me habías olvidado, te quedaste como viendo a un fantasma —musitó, volvió a dibujar una hermosa sonrisa en sus labios, se quitó de la frente algunos mechones de su abortada melena, el viento arremetía con fuerza despeinándola por completo, ambos rieron divertidos por la lucha de la joven en intentar mantener en orden su cabellera.
El teléfono de Chris comenzó a sonar interrumpiendo la agradable charla que estaban iniciando, hastiado revisó la pantalla de su celular y se encontró con un mensaje de Wesker indicándole que se dirigiera a una reunión con urgencia, suspiró desganado y volvió a guardar el móvil.
—Yo… tengo que irme —inició desilusionado, no tenía ningún ánimo de alejarse de ella, pero su trabajo era demasiado absorbente y tenía a dos jovencitas bajo su responsabilidad, no podía eludirlo.
La chica asintió con la cabeza, se podía captar la tristeza en su afirmación, tanto a ella como a él les hubiese encantado compartir y conocer detalles banales del otro, pero muchas veces la vida no era como se anhelaba. Jugó con las llaves de su auto entre sus dedos y se acercó a él unos pasos más.
—Ha sido un verdadero placer volverte a ver.
No esperó respuesta de su parte simplemente se giró e inició marcha en dirección a su automóvil que había sido reparado hace algunas horas, Chris la contempló alejarse, por un momento pasó por su mente mandar todo al diablo… seguirla, irse lejos y perderse con ella por un largo tiempo, pero cayó abruptamente en la realidad, no sabía su nombre, no conocía nada sobre esa bella joven, sea cómo sea; no podía jugar al amor a primera vista, eso sólo sucedía en las películas y en toda esa basura romántica en la cual, personalmente no creía.
Jill subió a su carro, una idea se coló por sus pensamientos y no estaba dispuesta a pasarla por alto esta vez, encendió el motor y comenzó a conducir lentamente, se detuvo frente a Chris atrayéndolo de nuevo a la realidad, el chico había frenado su andar asustado y confundido.
—¿Sabes en dónde queda esta calle? —le tendió un pequeño papel al tiempo en que bajaba la ventanilla, el joven empresario de Umbrella recibió la pequeña nota y leyó concentrado la dirección que allí estaba plasmada.
Con cierto titubeo le explicó la manera en que debía llegar, la verdad era que Jill no le estaba prestando atención a las indicaciones, sólo permanecía mirándolo, acción que conseguía aumentar su estado intranquilo. Terminada la explicación, la castaña le agradeció y siguió su camino. Chris botó el aire y destensó sus hombros, esa mujer si que conseguía inquietarlo y hacer que actuara como un completo imbécil. Era asombroso lo que una cara bonita y una personalidad simpática podían provocar en un hombre.
Volvió a frenar el rumbo de su viaje al captar que su interlocutora no tenía intenciones de marcharse, descendió del auto y se le aproximó decidida.
—¿A dónde vas? —averiguó, Chris abrió su boca anonadado, definitivamente no se esperó aquello.
—A u-una…una reunión en las oficinas ubicadas en el centro de Raccoon —contestó, de hace demasiado tiempo que no tartamudeaba de esa forma, se sentía estúpido y sumamente infantil. Jill sonrió complacida.
—¿Eso es cerca o lejos?
—Lejos…
—De igual modo pensaba llevarte —expuso, ahora si que estaba mudo e incapacitado para decir algo coherente, sin darle oportunidad de indagarlo, le tomó la mano y lo arrastró consigo. — ¡Anda, vamos!… no querrás llegar tarde ¿no? — canturreó animosa.
Y como si se tratarse de órdenes de su mismísimo jefe, la siguió sin protestar, el simple contacto de su mano sobre la suya encendió una corriente altamente adictiva, ya no le importaba conocer información de ella, estaba demasiado idiotizado para pensar en esos detalles.
En definitiva no todo era como en las películas, el trayecto al interior del vehículo estaba resultando ser extremadamente incómodo, ninguno hablaba, era como si esperasen que alguno de los dos fuese valiente y tomara las riendas de la situación. Jill creía que él podía pensar que siempre metía a tipos desconocidos en su carro, había sido una tonta al proponerle eso, de seguro creería que era una chica fácil y regalada. Chris por su parte no sabía de qué manera interpretar lo inusual de la situación, existía mucha tensión sexual de su parte y por su conocimiento en mujeres pensaba que esa muchacha sentía algo similar, pero no era ético manifestar ese interés… no aún.
Posicionó la vista en el paisaje que le ofrecía la ventana, ya se veía el movimiento de la polis, calles llenas de edificios y las expresiones estresadas de los transeúntes. Liberó un resoplido y recargó su cabeza en el respaldo con pereza. Jill ladeó el rostro mirándolo de soslayo.
—¿Estás bien?
—Sí, es sólo que pensaba en lo mucho que me hacen falta unas vacaciones —murmuró melancólico, se irguió en su postura y se concentró mirando el nombre de la avenida por la cual conducían. — Es aquí — avisó.
Al instante Jill aparcó el auto, el silencio nuevamente les invadió, ahora que tenían intenciones de platicar llegaba el momento de decir adiós, parecía un suceso tragicómico.
—No suelo ser así de gentil —dijo la castaña acomodándose el pelo tras la oreja izquierda, se mordió el labio y lo contempló fijamente. — Sé que te volveré a ver.
Christopher Redfield maldijo que se encontraran en la vía pública, si estuvieran en medio de una carretera desierta ya no estarían charlando precisamente. La última vez que había percibido ese deseo frenético de abalanzarse sobre una chica había sido a los dieciséis años, nunca pensó que volvería a sentirse tan inmaduro a sus veintitrés. Pero ese no era ni el momento ni el lugar indicado para romper con los esquemas de la sociedad.
—Regresaré en un par de días al taller mecánico —la fémina sonrió, entendía muy bien a o que él se refería.
—Entonces te veré pronto, mi padre es el dueño. —El de orbes marrones permaneció inerte ante ese dato, era decir que el señor Dick del cual se había despedido no era ni más ni menos que el padre de esa chica, probablemente debió ver como se iba con su hija a solas, tragó saliva, quizás cuando fuese a retirar su coche también se llevaría unos buenos puñetazos para el recuerdo. — Se te hace tarde — advirtió la de ojos azules, Chris asintió, ahora no sabía de qué manera despedirse sin que sus nervios se manifestasen, sonrieron al notar el estado de inquietud en ambos. — Adiós — musitó Jill arrimándose a su mejilla para darle un pequeño beso.
—Hasta pronto —habló mientras se bajaba del auto y le dedicaba una mirada cómplice.
El chico corrió en dirección al edificio en donde se concretaría la junta de accionistas, iba retrasado ya imaginaba el regaño que se llevaría, pero definitivamente había valido la pena. Al instante en que marcó uno de los botones del elevador con su dedo, recordó que estúpidamente no le había preguntado su nombre, quiso devolverse y hacerlo, pero la presencia de su compañera de labores Jessica Sherawat se lo impidió, la joven de cabello ondulado lo tomó del brazo angustiada.
—Hasta que al fin llegas, Chris… llevamos veinte minutos esperándote —le reprochó, echó un último vistazo en dirección a la calle antes de ser obligado a abordar el ascensor.
Jill Valentine vio todo lo sucedido y estaba mucho más confusa que antes, ¿acaso esa esbelta y elegante mujer era su novia?, de seguro la respuesta era "sí", un hombre como él no estaría soltero, sintió rabia e impotencia, ese chico era igual que el resto, jamás se interesaría en una persona como ella.
Sin ningún remedio que pudiese salvarlo de aquello, tuvo que adentrarse. La estridente música de aquel lugar le anunciaba lo que ya era inevitable, estaba dentro de ese insoportable club. Chicas iban y venían por lo largo de aquel pasillo, era bastante obvio que sólo encontraría jóvenes con un gusto musical bastante extraño. Ese no era el tipo de ambiente al que él estuviese acostumbrado, pero ya que Jake y Piers habían decidido ayudarle, no se daría el lujo de utilizar sus propios métodos que hasta ahora no habían dado resultado alguno. Escucharía a Ada y también a ese par de muchachos raros.
Todas esas chicas no le quitaban la mirada de encima, no era novedad, pero hasta cierto punto comenzaba a resultarle fastidioso. La música cada vez se escuchaba más fuerte, estaba cerca de encontrarse con una bola de niñas gritando y bailando como locas. Cualquiera que lo viera se daría cuenta que no estaba nada interesado en la banda que tocaba justo en ese momento, él sólo parecía estar persiguiendo el rastro de alguien.
Necesitaba encontrarla cuanto antes, hacer lo que Ada le dijo, y largarse prontamente. Se acercó hasta aquella bola de chicas bailando sin control y trató de rastrear a la pelirroja, pero nada. Tuvo que subir hasta aquella plataforma, y como un águila que caza su alimento, rápidamente ubicó la posición de la pelirroja. Estaba casi frente al escenario acompañada de la única amiga a la que le había conocido, Jill Valentine.
Ambas bailaban al ritmo de la música, lucían bastante alegres, como ninguna de las dos se permitía estar en el bachillerato. Mentiría si dijera que el baile de esa rebelde jovencita no lo había dejado embobado, Claire realmente sabía moverse. Sin darse cuenta de cómo realmente estaba mirándola, más que perdido en sus movimientos, estaba perdido en esa forma tan diferente en la que se dejaba mostrar; lucía realmente hermosa bajo las luces de aquel lugar. Sonrió de lado y se alejó hasta la barra esperando el momento en que ella pudiera verlo por ahí.
—Kennedy, pensé que no te agradaba este lugar —el chico que se encargaba de atender detrás de la barra le saludó amistosamente. Leon únicamente sonrió y le tendió la mano a su viejo conocido.
Claire seguía bailando despreocupada de absolutamente todo. Esa era de los momentos en que ella podía realmente sentirse libre, sin la presión de la sociedad y sin la presión de Chris sobre sus oídos. Jill y ella siempre disfrutaban de eventos como esos. Ya estaba agotada, bailar le estaba dejando sin energías, necesitaba hidratarse con urgencia.
—Iré por agua —tuvo que gritar para que Jill pudiera escucharla con claridad. Sin esperar una respuesta, simplemente se dirigió hasta la barra para intentar descansar un poco. — Dos botellas de agua— pidió de inmediato.
Giró un poco la vista sólo para encontrarse a un distraído Leon Kennedy con una cerveza en la mano. La pelirroja giró los ojos al imaginarse lo que ese sujeto estaba haciendo en ese lugar. ¿Qué acaso no se cansaba de intentar algo que ya era imposible para él?
Luego de recibir su pedido y de haber pagado, se acercó hasta aquel muchacho con la sola intención de dejarle bien en claro que ella jamás saldría con él. Estaba furiosa, y su gesto podía delatarla fácilmente.
—Si viniste hasta acá para invitarme a salir de nue…
—¿Te importaría dejar de arruinarme la noche? —la interrumpió bruscamente y en seguida dio un sorbo a su bebida.
Ese era el plan que tenía que poner en marcha por consejo de su ex-novia Ada Wong.
Claire se impresionó por aquella contestación por parte de ese delincuente. No quería que él se diera cuenta de su reacción, pero simplemente era difícil contenerlo. Leon había estado pareciendo un acosador atosigándola en cualquier lugar al que ella acudiera, pero ahora cualquiera que haya visto y escuchado al rubio, pensaría que ella era la acosadora. Respiró profundo, era mejor cambiar de tema cuanto antes.
—No estás fumando como siempre —tenía que seguir hablando fuerte, el sitio estaba a reventar con la música, y para ser escuchado prácticamente tenían que gritarse.
—Ya lo dejé —habló girando su rostro para verla directamente. — Es malo para mí.
—¿Lo crees? —inquirió sorprendida.
Ese chico estaba dándole muchas sorpresas en tan sólo unos pocos minutos.
Leon la miró, se moría de ganas de decirle: "No, la verdad No", pero eso sólo arruinaría sus planes. Se giró un poco molesto y decidió cambiar de tema, no quería recordar por ahora a su grato amigo: el tabaco.
—Creo que estos chicos jamás serán tan buenos como Queen —habló de repente. Él ahora tenía conocimiento de lo que le gustaba a la pelirroja, y tenía que fingir que a él también le agradaba todo eso. Claire le miró una vez más en esa noche, completamente sorprendida; ese tipo aún parecía tener todo un cofre de secretos agradables. — ¡Qué pena! — dijo el rubio logrando sacar a esa chica de sus pensamientos.
Se levantó de su lugar y se dirigió hasta quedar en medio del escenario, fingiendo disfrutar del buen ambiente que ahí se vivía. Claire ya no podía estar más impactada, Leon era un chico en el que jamás había tenido interés, pero ahora de repente parecía interesante la idea de conversar un poco con él. Quizás lo estaba subestimado demasiado. Sin más, tomó el mismo rumbo que el chico y se acercó hasta quedar a su lado.
—¿Te gusta Queen? —le preguntó extrañada.
—Claro, ¿A ti no? —sonrió un poco mientras continuaba fingiendo disfrutar de todo eso.
Claire lo miró, realmente lucía cómodo escuchado eso. ¿Cómo debía sentirse al respecto? Después de que ella estaba tratando de ignorarlo, ahora parecía recibir un poco de eso por parte de él; Leon no parecía tener interés en cortejarla. Seguramente era obra del Karma.
El rubio volvió a girar su vista hacia ella, le daba la impresión que se sentía molesta, pero consigo misma.
—Te vi cuando bailabas, ¡No sabía que eras tan sexy! —gritó de repente para traerla de vuelta a tierra, pero para su fortuna o para su desgracia, la música había dejado de sonar en ese preciso instante; todo aquel que se encontraba en el lugar lo habían escuchado.
Las chicas que estaban cerca de ellos comenzaron a reír por aquella escena. Leon rió también, realmente había resultado divertido, no sentía pena alguna, después de todo es lo que había creído desde que la vio contoneándose. Claire tampoco pudo evitar reír, ese chico no había parado de sorprenderla en ningún instante.
—Ven a la fiesta conmigo —tomó nuevamente la palabra, sólo que esta vez sin grito alguno.
Ese era el momento preciso para hacerle una invitación.
—Jamás te rindes, ¿verdad? —exclamó divertida. La música nuevamente comenzó a sonar.
—¿Fue un sí? —preguntó realmente preocupado por conocer la respuesta. Ya no sabía si se trataba del interés que tenía por el dinero, o porque realmente le interesaba salir una noche con esa hermosa y diferente chica.
—¡No! —contestó nuevamente divertida. Comenzó a alejarse de él lentamente, tenía que reunirse nuevamente con Jill.
—¡¿Entonces fue un no?! —gritó aun más alto.
—¡No!
—Te veré a las nueve treinta —dio por sentada su cita.
Había logrado su objetivo, hablar un poco más con ella. Tendría que agradecerle a Ada su consejo. Ahora tenía un dato más sobre las mujeres, y jamás se habría imaginado que ellas se interesarán más cuando se les ignoraba. También tenía que darle crédito a Jake y a Piers, si ellos no le hubieran dicho sus gustos, ahora mismo seguiría sin avances. Gracias a ellos ahora tenía una cita con la fierecilla. Estaba realmente feliz por lo que había logrado.
Luego de haber conseguido el permiso de su padre para poder tomar uno de sus autos, al día siguiente se dirigió directamente a la casa de Piers. Su amigo le había pedido tiempo para poder arreglarse un poco, estaba en sus fachas habituales, y una fiesta requería de un intento más por verse bien. A Jake eso se le había hecho completamente patético, pero ya que no tenía otra alternativa, tuvo que ir hasta la alcoba de Piers a esperar que este estuviera completamente listo.
Piers lucía bastante entusiasmado con la idea de aquella reunión que él mismo había planeado. La gran mayoría de los alumnos desquiciados se encontrarían en la residencia de los Ashford causando estragos por doquier. Esa era la venganza perfecta para Alfred y de paso para su hermana quien también se sentía la reina de Raccoon City. No podía esperar más tiempo para ver la cara que pondría el descendiente de Alexander Ashford.
Jake lo miró atentamente, una sonrisa maquiavélica se había formado en el rostro de su compañero. Alzó un ceja esperando a que Piers saliera de su trance, pero el que tuvo que salir de sus cavilaciones fue él, pues el de orbes color miel comenzó a bañarse en loción; el hijo de empresario comenzó a toser, ese chico ya había exagerado con su aspecto personal.
—¿Te dije que Sherry piensa que hablo muy bien el francés?
Aún recordaba esa charla que tuvo con la custodiada de Chris Redfield; ella le había dicho en una de sus clases que parecía realmente francés. Él ni siquiera tenía idea de qué era lo que había dicho.
—Ya me lo habías comentado —contestó irritado. Jake no había dejado de traer al presente aquel halago que le había dado la rubia.
—Es que no he dejado de pensar en eso —secundó nervioso.
Hablar de ella y hacerla presente en su mente lo ponían verdaderamente ansioso.
—¿Quieres olvidarte de ella sólo por un momento? —comentó un tanto irritado. Si Jake continuaba con todo eso terminaría sacándolo de sus casillas, necesitaba un descanso y dejar de escuchar aunque sea por cinco minutos el nombre de Sherry Birkin. Tomó una de sus corbatas color gris y la pasó por el cuello de su camisa. — ¿Cómo luzco?
—Luces igual a ese anciano socio de mi padre: Ozwell Spencer —declaró sarcástico, pero era cierto. Piers tenía que aprender a vestir conforme su edad y más si tenía que acudir a una fiesta donde sólo habría alumnos de bachillerato; con esos trajes sólo daba la apariencia de ser un tipo en sus treinta y tantos.
—¿Entonces debo dejar esto?
—Sí —obvió al tiempo que se ponía su chaqueta negra. Ya iban algo retrasados y él sólo se moría por ver a la prima menor de la fierecilla Redfield
—Tienes razón. Lo lamento es sólo que me siento nervioso y también muy emocionado: estoy nervioso y emocionado…todo está mezclado. —habló demasiado rápido.
—¡Ya cálmate! —lo tomó por los hombros y lo miró seriamente.
Jake jamás había visto a un chico de su edad aterrado por acudir a una simple fiesta de adolescentes.
—La última fiesta en la que estuve tenía cinco años… —comenzó a relatar mientras se pasaba el peine por su ya de por sí peinado cabello. — Fue una fiesta muy buena, la pasé muy bien — sonrió sólo de recordar aquel grato momento de su infancia y por supuesto del único evento social al que había asistido hasta ahora.
El hijo de Albert Wesker enarcó una ceja y abrió ligeramente los labios. Piers Nivans era el tipo más anticuado que había conocido. De no ser porque se trataba del único amigo que tenía en Raccoon, ya estaría haciéndole comentarios bañados de sarcasmo puro respecto a su actitud de nerd.
La hora para asistir a la tan esperada fiesta en casa de los populares hermanos Ashford comenzaba acercarse, Sherry no había encontrado oportunidad para plantearle su intención de ir a su primo, en realidad si había tenido momentos de hacerlo, pero no se atrevía, ya conocía la respuesta negativa que le daría y no quería amargarse desde antes. Su mejor amiga Ashley Graham la incitó a escaparse, pues esa sería la única manera en que pudiese ir a ese evento y concretar su romance con Steve Burnside, tenía miedo de hacerlo, nunca había desobedecido a Chris de esa forma, pero él no le estaba dando otro camino factible para llevar a cabo sus planes.
La de orbes azules vestía un corto vestido de color rojo, se acomodaba perfectamente a su figura, dejando a la vista un escote sutil, tampoco insinuaba a gritos que la violaran, ahorró su mesada durante cuatro meses para comprarse esa prenda y debía lucirla esa noche a como diera lugar. La otra rubia vestía de manera parecida, estaban preparadas para ser la sensación y alborotar las hormonas de todos los muchachitos presentes. Se encaminaron con pasos felinos hacia las escaleras, bajaron cada escalón con suma discreción procurando no emitir ningún sonido, un error sería fatal y ya llevaban un buen tramo avanzado.
El Redfield mayor permanecía sentado en el sofá con el laptop entre sus piernas, como era rutina en su vida debía terminar de planificar unos informes de la empresa y terminar unas cuantas estadísticas, detestaba los gráficos y toda esa mierda. Un insignificante sonido llegó a su canal auditivo, él siempre estaba alerta y conocía con precisión lo que eso significaba, miró de soslayo en dirección a las escaleras y divisó la figura de ambas jovencitas, sin embargo, fingió indiferencia, quería saber hasta dónde podía llegar la obstinación de su prima.
Birkin posó su pequeña mano en el pomo, esbozaba una sonrisa satisfecha al igual que su amiga, al fin conseguiría salirse con la suya, giró la perilla con sutileza, pero la voz de su primo provocó que todos sus músculos se contrajeran y detuviera toda clase de movimiento.
—Podrías usar la ventana —masculló sarcásticamente, bajó la pantalla de su computadora portátil y se incorporó para aproximarse en dirección a ambas rubias.
Su ceño estaba fruncido y sus ojos levemente entrecerrados, su lenguaje kinésico dejaba en evidencia su mal humor. Sherry tragó saliva, estaba perdida.
—Hola —intentó calmar los ánimos, pero a juzgar por el gesto inquebrantable del castaño deducía que no estaba funcionando.
—¿A dónde van? —inquirió cruzándose de brazos, las muñequitas de intachable apariencia se miraron nerviosas.
—Bueno… voy a mi grupo de estudios —mintió, no se le había ocurrido una mejor patraña, Chris no era ningún tonto y no se tragaría ese tipo de estupideces, el joven las miró de pies a cabeza haciendo aún más dura su expresión de enfado.
—Claro... un grupo de estudio mejor conocido como orgía —acotó, las niñas agacharon sus cabezas tal cual como lo hace un infante al ser regañado por su padre. — Yo también fui estudiante de esa escuela, ¿Creen que no sé la manera en que se comportan?
—Tan solo es una fiesta —intervino Ashley, al instante se ganó una mirada asesina, debatirle a Christopher Redfield era imposible, sólo Claire conseguía tal hazaña. La hija de uno de los políticos más importantes de la ciudad no pudo evitar sentirse intimidada por la mirada que ese tipo le estaba otorgando.
—Y ahora me dirás que el infierno es un sauna y que tú eres virgen —mencionó irónico, la joven separó sus labios formulando en su cara una expresión ofendida, jamás le habían faltado el respeto de esa manera. Al trabajador de Umbrella no le interesaba como se lo tomara, estaba en su casa y hacía lo que se le diera la regalada gana.
Claire descendió las escaleras rápidamente, tenía intenciones de dirigirse a la cocina, llevarse algo al estómago para volver de nuevo a su cuarto, estaba charlando con Jill vía Chat puesto que se organizaban para llevar a cabo una tarea en parejas, Krauser no dejaba un viernes sin joderlos con responsabilidades. Los presentes posaron su vista en ella.
—¿Irás a esa fiesta? —averiguó su hermano, la pelirroja negó con su cabeza de inmediato y continuó su respectivo camino.
—Pero, Chris, mis amigos esperan que vaya —reclamó la hija de William Birkin. Se oía realmente afligida, pero Chris pretendía mantenerse firme, no caería en sus falacias tan fácilmente.
—Claire tampoco irá y ya sabes cuales son las reglas —sentenció aplicando el clásico tono de voz autoritario.
Sherry caminó de manera violenta hacia su prima, la tomó por el hombro y la obligó a voltearse, estaba harta de no poder vivir su adolescencia con plena libertad por culpa de esa amargada que desgraciadamente tenía por pariente, esta vez Claire la iba escuchar.
—¡¿Por qué no puedes ser normal?! —chilló con prepotencia, la de cabello rojo la observó con indiferencia, no sentía ganas de discutir.
—Define normal…
—Alexia y Alfred Ashford son muy normales al igual que su fiesta —respondió.
—¿Quiénes son esos? —averiguó un curioso Chris, Ashley iba a contestarle, pero Claire se le precipitó.
—Los Ashford y su fiesta son una excusa para que los idiotas de la escuela beban hasta embriagarse y bailen como tontos, esperan distraerse un poco para que su patética vida privada tenga…
—Sentido e importancia —complementaron las rubias, se conocían el discurso de la rebelde muchacha de memoria.
Sherry volvió a tomar a Claire y la alejó un poco de la escena, estaba desesperada y si debía rogarle lo haría, no quería que nadie del bachillerato hablase mal a sus espaldas por no haber asistido a la casa de los gemelos populares y aclamados. Además necesitaba ver a Steve y saber qué pretendía exactamente con ella.
—¿Quieres dejar tu envidia atrás, aunque sea esta vez? —La Redfield suspiró agotada. — Por favor — rogó a pocos segundos de llorar, los orbes aguamarina de su prima la miraron preocupados. — Por favor — insistió abatida, le tomó ambas manos y realizó su último intento. — Hazlo por mi, Claire… sé que en el fondo me quieres un poco.
No iba a negar que la cursilería y las palabras emocionales le resultaban repulsivas, pero al parecer su pequeña prima en realidad consideraba de mucha importancia ir a esa fiesta y a pesar de todo, no era un robot también sentía afecto y por muy fastidiosa que fuese Sherry Birkin, era su prima y merecía un poco de consideración.
—Bien… haré una aparición —aceptó con voz lánguida, la rubia de cabello corto gritó de alegría y la estrechó en un abrazo, Ashley se unió, estaba feliz de saber que podrían ir, la liberaron de la muestra de afecto, Claire estaba tiesa, no solía recibir esa cantidad de amor todos los días, le incomodaba de sobremanera, su espacio personal era algo muy delicado.
—Ya empezaron las alianzas ¿no? —lanzó el castaño.
Claire caminó hasta el armario y sacó su chaqueta de cuero, mientras antes se fueran era mejor…se puso la cazadora escuchando el típico sermón que ahora les dedicaría su hermano mayor.
—Sólo es una fiesta, primito…
Chris sabía que tarde o temprano ese día llegaría, pero por órdenes exclusivas de su tío William debía hacer lo que haría a continuación.
—Deberás ponerte la panza – manifestó decidido.
La sola mención de ese tétrico y bizarro objeto hacía que todos los bellos de su cuerpo se erizaran, conocía a la perfección ese símbolo de tortura adolescente, pero nunca pensó que sus padres fuesen capaz de entregárselo a su primo, eran las desventajas de ser hija única, la sobreprotección la acompañaría hasta la tumba. Ashley alzó ambas cejas al escuchar eso, no entendía qué estaba sucediendo, miró a su amiga que se encontraba pálida y asustada.
—¡No… eso no, maldición! —espetó resignada, el único hombre del lugar se encogió de hombros.
—Son ordenes de tu padre para que sientas el peso de tus responsabilidades, será sólo un momento.
Chris fue a buscar ese extraño artefacto, a los pocos segundos reapareció cargando una especie de traje que simulaba ser la panza de una mujer embarazada de unos nueve meses aproximadamente, que además poseía unos enormes pechos, Sherry sabía lo que venía, avergonzada levantó sus brazos y le facilitó la tarea a su primo quien rápidamente le colocó el insólito invento que había creado William Birkin, ajustó las ataduras que llevaba la peculiar prenda. La de apellido Graham visualizaba todo asombrada, estaban chiflados… todos en esa casa estaban perdidos, incluyendo a su amiga que era capaz de meterse en esa "panza". La pelirroja aguantaba las carcajadas, quizás así se le acabarían los deseos de salir.
—Estoy consciente de esto, Chris, no seas malo…
—Cada vez que sientas ganas de besar a un chico; te veras usando esto debajo de ese escote —ordenó admirándola un poco divertido.
—¡Estás completamente loco! —gritó, ya imaginaba la cara que pondría Steve si la viese así de ridícula.
—Nos vamos ya, ¡Maldita sea!, no tengo todo el día —farfulló Claire, sin rodeos se aproximó a la salida, quería salir luego de aquel embrollo, Chris la siguió… debía advertirle unas cuantas cosas.
—Oye espera —le apuntó el rostro con su dedo. — Nada de alcohol, ni drogas, ni besos, ni tríos sexuales, mucho menos tatuajes, rituales y sacrificios de ninguna clase. — Tomó una bocanada de aire, tantas explicaciones lo dejarían exhausto, las tres jovencitas rodaron los ojos. — Mierda… ya les di ideas — se alejó fastidiado, necesitaba una taza de café con urgencia.
Claire abrió la puerta con claras intenciones de salir de una condenada vez, pero no esperaba ver la presencia de cierto rubio en las afueras de su casa.
—¿Qué haces aquí? —cuestionó sorprendida, no negaría que comenzaba a gustarle la insistencia de ese tipo.
—Ya es la hora —respondió levantando sus hombros. — ¿Nos vamos?
Ella recordó lo acontecido en el club ratón, ¿Desde cuándo era tan puntual?, ¿acaso estaba cambiando por ella?, descartó esa idea, dichos pensamientos no eran correctos para una mujer madura y no le demostraría que comenzaba a ganarse un lugar importante, frunció el ceño y lo miró fríamente.
—Sí, ya nos vamos, pero iremos en mi moto —no esperó una respuesta de parte de Leon, simplemente salió de la vivienda, el de orbes azules levantó una ceja mientras miraba la absurda vestimenta que tenía Sherry encima.
—¿Quién la embarazó? Luce linda así – le comentó irónicamente a Claire, la muchacha con aspiraciones de ser popular lo fulminó con la mirada, Kennedy sonrió burlesco dedicándole un último vistazo despectivo a Sherry Birkin antes de seguir los pasos de su acompañante.
Holaa (Vidian & Ary)
Agradecemos infinitamente el apoyo que ha recibido el fic. Apenas 4 capítulos y estamos dichosas de contar con ustedes. Mil gracias por tomarse su tiempo para leer y más aún por comentar, sus reviews son muy valiosos.
Yuna-Tidus-Love, anamariaeugenia, SooL2900, M Bidden, catching RE, felix ramos, emanuel valenfield, claireredfield1, Sarah Hudson y Renila.
