10 Cosas Que Odio De Ti
By: Vidian & Ary Valentine
Capítulo V: Un Paso Adelante.
En la residencia de los Ashford todo estaba listo y en orden para iniciar la elegante fiesta elite que se concretaría en las dependencias de su fastuoso hogar. Alfred y Alexia estaban totalmente emocionados, por primera vez serían los anfitriones de aquel evento y no querían que nada se saliera de lugar, puesto que su padre les había advertido que no aceptaría ninguna imprudencia, por lo cual, sólo los alumnos más capacitados y elegantes del bachillerato estarían sentados en su sala esa noche, tocarían tópicos de interés social, hablarían de música clásica y de las últimas tendencias de moda, no podía ser mejor.
Alexia vestía un elegante vestido largo de color violeta, hecho exclusivamente para esa ocasión, estaba conforme con el trabajo de su diseñador, sonrió esperanzada de vivir una gran noche, tomó parte de su vestuario y de manera fina y protocolar comenzó a descender las enormes escaleras. Su hermano captó su presencia y su magistral entrada en la estancia, liberó un chirrido emocionado, bastante poco masculino, por cierto… casi al borde de las lagrimas corrió hacia la rubia llevándose ambas manos al pecho.
- ¡Estás divina, hermana! – la de los orbes azulinos hizo más amplia su sonrisa ante el elogio y se detuvo frente a él para que la admirase con más claridad. – Giorgio hizo un excelente trabajo con ese vestido, quizás le pida uno para mi. – Las cejas de Alexia se fruncieron al instante de oír aquel disparate. Cada vez que el joven exponía semejantes comentarios dudaba ampliamente de la heterosexualidad del rubiecito, se estremecía por completo de sólo imaginar el escándalo que se formaría si por desgracia para su familia, él soliera manifestar una tendencia homosexual.
- ¿Qué tonterías dices, Alfred?
El jovencito delgado y de apariencia pulcramente refinada rió nervioso, a veces le costaba trabajo ocultar sus deseos de vestir prendas femeninas, estaba seguro que su cuerpo era muchísimo más estilizado y perfecto que el de la engreída que tenía por gemela, pero ese era otro asunto que más adelante solucionaría, la prioridad en dichos momentos era conllevar la fiesta de manera exitosa.
- Decía que le pediría a Giorgio que me hiciera un traje a mi, pero masculino obviamente – mintió de manera descarada, la chica relajó su expresión…definitivamente el loco de su hermano nunca aprendería a expresarse correctamente.
- Deberías acudir a las clases de argumentación y expresión oral – sugirió con su característico tono de voz de muchacha pedante y poco humilde.
Ambos Ashford se trasladaron hasta el centro del salón, el cóctel parecía estar en orden, al igual que la música y los respectivos asientos para los invitados, las luces estaban acordes para la ocasión, sólo debían esperar que todo saliera bien. El reloj ya marcaba la hora de acceso de los invitados, se miraron nerviosos y sonrieron dispuestos a salir exitosos como siempre lo hacían.
….
Hacía una hora desde que Claire, literalmente, la había dejado hablando sola. Su pelirroja amiga tenía esa maldita costumbre de largarse sin decir nada y dejar su sesión abierta en el chat. No era de extrañarse que, en ese momento la hija de Dick Valentine, siguiera esperando una señal de vida de su amiga. Revisó una vez más la hora desde su ordenador y efectivamente, ya había pasado una hora desde las últimas palabras que intercambiaron por aquella red de comunicación. Suspiró desganada; estaba completamente aburrida ahora que no tenía nada interesante qué hacer.
Jugueteó con sus dedos sobre el teclado con la esperanza de que un: "¿qué me decías?" por parte de la pelirroja, apareciera en el cuadro del chat. Le había contado a Claire sobre el nuevo chico que había conocido, obviamente no le había platicado todo, sólo que resultaba ser un tipo simpático a su juicio. Confesarle a Claire todo lo que había sentido por ese muchacho de elegante traje, sólo lograría que ella rodara los ojos en un gesto claro de exasperación; con la Redfield tenía que ser cuidadosa, ella odiaba hablar de banalidades como esas. Ella misma odiaba hacerlo, pero no negaría todo lo que ese joven empresario lograba despertar en ella, y eso que sólo se habían visto un par de veces.
Se sentía realmente aburrida, la pelirroja seguía sin aparecer, quizás se había quedado dormida sobre el ordenador. Echó un vistazo más a la hora, una idea cruzaba por su cabeza, se mordió el labio cuestionándose internamente sobre si sería apropiado ir a casa de su amiga en ese momento. ¡Por dios!, de verdad tenía que salir y tomar un poco de aire fresco. Al menos hablar un poco con Claire no le hacía sentirse sola.
Tomó algunas cosas sobre su pequeña mesa y luego se fue directo a la salida. Se subió a su auto y en seguida emprendió la marcha. Jamás había estado dentro de la casa de la pelirroja, pero sabía exactamente en dónde vivía; un par de veces, cuando su motocicleta le había fallado, ella se había encargado de acercarla hasta su domicilio. La hermosa casa de Claire estaba ubicada en el sector conservador de la ciudad, tampoco era tan difícil ubicarse.
….
El sonido del timbre rompió el contacto visual que mantenían los hermanos, aparentemente ya tenían el primer llegado, un mayordomo no tardó en dirigirse a las sofisticadas puertas dobles de madera barnizada, rápidamente le dio la bienvenida al extraño chico que se adentraba con pasos calmados y relajados, tenía un aire despreocupado o eso pensaba Alexia, no lo podía saber con seguridad debido a que no podía verle el rostro porque patéticamente cargaba encima una extraña mascarilla de color negro, parecida a la que utilizaban los soldados en la primera guerra mundial para protegerse de las armas químicas y los gases tóxicos. ¿Acaso ese tipejo no sabía que estaban en el siglo XXI?.
- ¡Hunk, qué agradable es recibirte en nuestro hogar! – saludó el chico de rasgos similares a los de una mujer, estrecharon sus manos amistosamente, todo era presenciado bajo la penetrante mirada de Alexia.
- ¿Qué hace este bizarro engendro en mi casa? – chilló mirándolo con desdén y luego enfocando sus pupilas en los orbes de Alfred, éste rodó los ojos y le restó importancia. - ¡Contéstame! – exigió al borde de padecer un colapso histérico.
- Es hijo de un accionista de Umbrella – explicó susurrando, de inmediato la jovencita cambió su gesto enfadado a uno más imparcial. Si era como Alfred decía, era muchísimo mejor tenerlo de amigo que de enemigo.
- Pero al menos que se quite esa ridiculez – habló más clamada apuntando con su dedo índice la mascarilla del individuo, pero para su sorpresa los dos negaron con su cabeza.
- Él es asmático – aclaró su hermano, el desconcierto de la jovencita era cada vez mayor. – Como verás, querida Alexia… necesita de ese curioso artefacto para estar estable.
El recién llegado se sentó en el sofá sin preocuparse si podía hacerlo o no, su único interés era comer y largarse de allí, esos hermanos no le importaban en lo más mínimo, era cuestión de tiempo para que esa estúpida fiesta de alta clase social tomara un rumbo más dinámico. Un curioso jarrón ubicado en la mesa de centro llamó su atención lo tomó para estudiarlo, era una pieza muy valiosa al parecer, quizás la podría "tomar" como recuerdo.
El heredero de Alexander Ashford notó la acción de su supuesto amigo y corrió a quitarle ese elemento de las manos, si algo llegaba a quebrarse su padre lo asesinaría sin piedad.
- No toques nada ¿si? – pidió en tono amable al tiempo en que lo dejaba en la respectiva posición en la cual estaba. La única fémina del lugar suspiró acabada, con ese chico en su hermosa casa ya nada sería como lo había soñado. La agradable melodía del timbre volvió a manifestarse, tal vez la llegada de nuevos compañeros solucionarían el actual panorama de la fiesta, Alfred detuvo a su mayordomo que ya iba encaminado a la entrada, en esta ocasión él se encargaría de recibir a los visitantes. - Debe ser Raymond Vester con el vino – canturreó alegre y optimista mientras giraba la perilla y abría la puerta.
Pero la multitud extasiada de estudiantes que entró de manera salvaje a su casa como la peor de todas las avalanchas no era precisamente lo que se esperaba para ese día, ninguno de esos muchachos desquiciados le hizo caso alguno a sus escandalosos gritos pidiendo que por favor se detuvieran, en respuesta recibió un empujón y su trasero dio a parar directamente en el suelo, Alexia no podía creer lo que estaba pasando en su casa, sólo sintió que todo se volvía negro y dramáticamente se desmayó en medio del salón, pero evidentemente aquello tampoco les interesó a los estudiantes que no demoraron en instalarse en la gigantesca vivienda, el DJ velozmente preparó su equipo y una pegajosa música tecno empezó a oírse a la brevedad.
El rubio se puso de pie admirando el antro en que estaba convertido su hogar, ya era demasiado tarde para intentar algo, el alcohol y los bailes libidinosos ya ocupaban parte de cada rincón de la residencia Ashford.
….
Al fin estaba frente al hogar de la chica más ruda del bachillerato. Sacó las llaves de su auto y luego descendió de él. Observó todo el alrededor, sin duda era una zona hermosa y tranquila; dirigió su mirada hasta la casa de Claire y notó las luces encendidas de ésta. Se quedó contemplando un momento más, quizás no había sido tan buena idea ir hasta ahí, posiblemente Claire ni le abriría la puerta.
Chris estaba sentado en aquel sofá individual de la estancia viendo la televisión. La programación era realmente cutre; no había dejado de apretar los botones del mando esperando encontrar algo que valiera la pena. ¡No podía ser posible!, lo único que esperaba cuando regresaba de una ardua jornada laboral, era: recostarse sobre el sillón, encender el televisor y tener una buena película que ver, pero no, los programadores insistían en seguir pasando estupideces que no valían la pena. Bufó resignado, ya le había dado unas cuatro vueltas a todos los canales. Mientras su hermana y su prima se lo pasaban de lo mejor en aquella fiesta de muchachos insensatos, él tenía que conformarse mirando infomerciales para sujetos calvos.
Luego de estar viendo los "testimonios" de aquel infomercial, no evitó llevar su mano hasta su cabeza. Palpó por toda la zona esperando no encontrarse con falta de cabello. Afortunadamente aún no tenía la desgracia de perder aquello que le cubría la cabeza. Las personas que aparecían para testificar los resultados de aquel producto, lucían radiantes; pensó que si algún día le ocurría eso, se vería obligado a adquirir productos como esos. Sin darse cuenta, ya se había quedado embobado observando las ofertas que se ofrecían.
El timbre de su casa comenzó a sonar en ese preciso instante, logrando traerlo de vuelta a la realidad, en donde esos productos sólo eran mierda. Se levantó del sofá con desgano y luego se fue directo hasta la entrada de su casa. La puerta de su hogar dejaba ver claramente quién se encontraba del otro lado, pues ésta estaba realizada de madera y vidrio. A pesar de que podía darse cuenta de la silueta de una mujer, no podía asegurar de quién se trataba, pues estaba parada de espaldas a la entrada.
….
El lugar estaba a reventar; la estridente música no dejaba de sonar ni por un solo segundo. Estaba conforme con la venganza hacía los Ashford, los pobres gemelos no tenían idea de cómo controlar a esa bola de jóvenes; ahora los herederos de Alexander Ashford tendrían graves problemas con su progenitor, y él no podía estar más satisfecho con eso. Sí, sin duda las cosas estaban resultando mejor de lo que había planeado. Tenía que hacer algo para que la noche siguiera igual de perfecta, quizás ese era el momento adecuado para buscar una compañera de baile.
Llevaba en la mano un vaso con limonada; beber alcohol no estaba en sus planes ni ahora ni nunca, eso podría dañar su hígado a la larga, y no estaba dispuesto a ser un hombre con cirrosis hepática. Se acercó bailando de una forma cuestionable, creía estar en sintonía con la mayoría de sus compañeros, pero la realidad es que ninguno de ellos jamás bailaría como lo estaba haciendo él.
Recargadas en el barandal de aquella larga escalera, estaban Sheva Alomar y Helena Harper, esta última estaba bastante entretenida viendo desde la segunda planta cómo sus compañeros se divertían sin culpa alguna. Pensó que ese era buen momento para intentar entablar charla con alguien más que no fuera su amigo Jake; se acercó hasta ella a paso ridículo, intentaba parecer uno de aquellos que eran considerados galanes en el bachillerato, por supuesto no estaba acertando nada en aquellas actitudes que quería imitar. Llegó hasta la joven castaña y se colocó a un lado de ella.
- Hola, amiga. ¿Me ayudarías a decidir qué auto comprar? - preguntó de repente, tratando de sonar lo más refinado posible. Helena le miró de arriba abajo, no podía creer que ese perdedor le estuviera hablando. -¿Cuál te gustaría?- insistió el castaño. Helena ni siquiera se dignó a contestar nada, simplemente lo evadió y comenzó a caminar hacia otro lado con la intención de alejarlo de ella. Piers no se iba a dar por vencido, por ello, fue rápidamente detrás de ella, seguro pronto caería.
….
Claire ya estaba cansada de todo ese alboroto, y encima de todo, Leon no había dejado de perseguirla. Se dirigió a la segunda planta, necesitaba perderse aunque sea por cinco minutos del joven de apellido Kennedy. Pero por otro lado, Leon no estaba dispuesto a rendirse con la fierecilla, no importaba que las suelas de sus zapatos terminaran gastadas si al final de la noche iba a conseguir un avance más con la pelirroja. Claire al fin se detuvo un momento sobre el barandal de la escalera.
- Bésame. - Pidió a Leon, aquella irritante chica de nombre Ángela Miller. Estaba completamente borracha, pero eso no le había impedido acercarse hasta el rubio e intentar posar sus labios sobre los de él. Claire al escuchar a la achispada joven, sólo rodó los ojos y siguió con su camino.
- A él. - habló el rubio, al tiempo que alejaba a la chica de él y la acercaba hasta un joven conocido como Buddy Kozachenko, aquel chico estaba igual de ebrio que ella. La hermana de Curtis ni siquiera tuvo tiempo de fijarse en el otro muchacho, simplemente se abalanzó sobre él y comenzó a besarlo de forma desenfrenada; el otro ni corto ni perezoso respondió al atrevido gesto.
- ¡Oye, gracias! - gritó Buddy agradecido, pero sin darse cuenta, simplemente soltó a la chica; Ángela cayó al piso al instante, Buddy rápidamente se agachó para levantarla.
….
Al fin había perdido al rubio, ahora no tenía idea de en dónde estaba pero tampoco le importaba. Quería largarse de ahí cuanto antes, no soportaba estar en aquel lugar que resultaba ser peor que la jungla del bachillerato; todos estaban perdidos en comportamientos estúpidos, como era de esperarse por supuesto. Sin duda debió haberse quedado en casa, al menos Chris no era tan idiota como todos los presentes en esa fiesta.
- Sensacional. - escuchó una conocida, pero irritante voz detrás de ella. Rodó los ojos una vez más, ¿por qué todos estaban dispuestos a joderle la vida? Era lo único que le faltaba, tener a ese insoportable pelirrojo fastidiándole la noche. - Luces fresca hoy, hermosa. - acertó a decir en tono coqueto.
- ¡Mira, creo que te estás arrugando! - dijo la pelirroja en tanto señalaba una parte de su cara; nada podía molestar más a un vanidoso en extremo que meterse con su físico. Steve rápidamente se llevó su mano hasta la parte señalada y palpó con cuidado. Claire ya no esperó respuesta de su parte, únicamente dio la vuelta e intentó a alejarse de ese imbécil.
- Oye, ¿a dónde vas? - corrió para alcanzarla y taparle el paso. Se puso justo en medio del marco de la entrada de una habitación a otra, la pelirroja tuvo que detenerse sin más remedio.
- Lejos.- Respondió indiferente.
- ¿Y Sherry? - inquirió curioso. Era cierto que había estado buscando a la rubia, pero eso también le había servido para molestar a la hermana menor de Chris Redfield.
- Aléjate de mi prima. - advirtió seria.
- De acuerdo, me alejaré de ella, pero…no te garantizo que ella se aleje de mí.- contestó con la misma seriedad, al tiempo que se acercaba a ella lentamente. Le gustaba poner nerviosas a las chicas, pero eso claramente no funcionaba con la que tenía delante.
- ¡Pelea! - un chico del bachillerato comenzó a gritar para toda la audiencia.
- ¡Uh, pelea! - Steve gritó eufórico al escuchar esa palabra; la fiesta cada vez se ponía más interesante. Corrió hacia el lugar en donde se llevaba a cabo dicha actividad agresiva, el comportamiento salvaje del que Claire tanto se refería, no podía faltar.
El alcohol y el uso de algunas drogas que aún no sabían con exactitud qué eran, desataban la confusión y las riñas sin razón, Curtis Miller y Ricardo Irving eran los afectados en esta ocasión; habían iniciado un duro intercambio de palabras, por el simple motivo de que el último no había accedido a traerle una cerveza al otro, Curtis fue el primero en lanzar el primer puñetazo al rostro de su compañero y como era de esperarse Irving no titubeó a la hora de devolverle el golpe, en breve una multitud se acercó al polémico espectáculo que estaban ofreciendo, gritaban eufóricos "¡Pelea, pelea, pelea!", nadie interfería para que se separasen sólo incentivaban la violencia, típico actuar de adolescentes inconsecuentes.
Alfred Ashford se acercó corriendo a la especie de coliseo romano que se manifestaba en su sala, no entendía nada, sólo veía manos alzadas y la exasperación de los dos hombres que se molían a puños. Ricardo le propinó un duro golpe en el estómago, Curtis contrajo su cuerpo ante el dolor; acción que su oponente aprovechó para lanzarse sobre él y ganar autoridad en la lucha. Ambos jóvenes rodaron y cayeron de manera poco delicada en el sofá de la estancia, el sillón también sufrió los efectos de la caída y llegó a para al suelo con ellos.
- ¡Muchachos por favor, vayan afuera! – suplicó angustiado, temía que esos salvajes quebrasen algo del legado familiar. Pero antes de que pudiese impedirlo, sus compañeros en medio de forcejeos habían quedado cercanos a uno de los ventanales, Miller abalanzó todo el peso de su cuerpo sobre el de su ya no tan amigo, el afectado perdió el equilibrio ante su ataque y de manera brutal impactaron en la enorme ventana atravesándola en el proceso y quebrándola por completo, el sonido de los pedazos de vidrio estallando en mil pedazos generó un silencio en toda la casa.
El rubio descendió sus hombros dándose por vencido, era imposible controlarlos, los adolescentes exclamaban y gritaban lo genial que había sido esa hazaña de parte de sus compañeros. Vio impactado que los dos castaños continuaban su pelea en las afueras del jardín.
- Gracias – fue lo único que pudo decir, más que mal sí habían ido a pelearse afuera.
….
Escuchó claramente el seguro de la puerta y en seguida que ésta se abría. Se giró para poder ver a su amiga, o en todo caso, preguntar por ella, pero lo que veía en ese instante era algo que ni en sus más absurdos sueños hubiera ocurrido. Frente a ella se encontraba aquel sujeto que se había negado a abandonar su mente desde que lo había visto esa vez afuera de la oficina de Svetlana. Estaba de pie tan sorprendido como ella; se veía realmente irresistible. Estaba descalzo, aún lucía aquel pantalón negro de vestir que muy bien le quedaba; a diferencia de los otros días, no llevaba puesto un saco; su camisa blanca estaba por dentro de su pantalón, pero con los tres primeros botones desajustados. Podía ver sin dificultad parte de su torso.
Chris no estaba lejos de sentirse igual que aquella hermosa joven. Encontrarla afuera de su casa era algo que definitivamente jamás hubiera esperado. Era una grata sorpresa, pero su cabeza no dejaba de preguntarse qué hacía ahí a esas horas. Estaba hermosa, justo como la recordaba. Aquel sonrojo en sus mejillas le hacía lucir adorable; lejos de eso, aún percibía aquella tensión sexual que había aparecido en ellos desde que sus caminos se cruzaron en el bachillerato. Por supuesto, jamás sería tan insensato como para jalarla del brazo hasta su casa y devorársela a besos. Carraspeó al darse cuenta de la dirección que estaban tomando sus pensamientos.
- ¡Qué…sorpresa! - habló al fin el Redfield mayor. Su extrañeza podía distinguirse al instante.
- Ho - hola. - titubeó. - ¡Qué extraño! - dicho eso, se hizo un poco para atrás y se fijó en las casas vecinas a esa; quizás se había equivocado de domicilio. Pero nada de eso, no tenía tan mala memoria, esa era la casa en la que vio entrar a Claire un par de veces. ¿Qué se suponía que hacía ese atractivo sujeto ahí?. Vaya que el mundo era pequeño.
- ¿Me seguiste o algo por el estilo? - indagó, curioso por conocer la respuesta. No creía que ella estuviera ahí porque lo hubiera espiado, pero muy pocas veces creía en las casualidades.
- ¿Disculpa? - enfatizó, un tanto ofendida. ¿Quién se creía que era ese tipo, el príncipe de Inglaterra? ¡Claro, era como todos los sujetos lindos!, apoyándose de si indiscutible atractivo para creer que todo el mundo les idolatra. Su gesto se había endurecido, y Chris lo había notado de inmediato, jamás hubiera querido sonar como un prepotente.
- No lo tomes a mal, es sólo que me sorprende verte aquí.- reparó rápidamente.
- Pues no es mi culpa que vivas en la misma casa que mi amiga.- contestó con un ápice de molestia. Estaba cruzada de brazos, con eso sabía que seguía molesta por su anterior cometario.
Chris escuchó aquello atentamente, y como si de un golpe se tratara, imaginó que se trataba de una de las amigas de Sherry. A partir de ahora comenzaría a creer en las casualidades; esa linda jovencita había estado indirectamente relacionada con él desde hace mucho tiempo.
- ¿Eres amiga de Sherry? - preguntó incrédulo. La castaña al escuchar eso, no hizo más que fruncir el ceño; ¿ella amiga de la muñequita-de-plástico-prima de Claire? Sí claro, en un millón de años quizás podría llegar a ocurrir.
Con esa pregunta por parte de su interlocutor, le había quedado claro que él vivía ahí. Si no mal recordaba, Claire alguna vez le había contado de su hermano mayor; la pelirroja vivía con él y con Sherry, y si la rubia vivía ahí, eso sólo quería decir que él, ese chico del que se había sentido atraída, no era otro más que el hermano mayor de Claire Redfield. De aquella deducción casi se cae de espaldas, no podía creer aquellas situaciones de la vida.
- No…no soy amiga de ella.- respondió al fin, aún conmocionada por la conclusión a la que había llegado en tan sólo unos segundos.
- Espera… - se alarmó.- ¿Eres amiga de Claire? - inquirió una vez más con incredulidad.
- Sí.
- No puede ser cierto.- continuaba alarmado por aquella noticia. ¿Esa hermosa chica era amiga de Claire? ¿De esa desquiciante pelirroja que tenía por hermana? Sin duda la chica de orbes azules sólo había ido hasta allá para soltarle una tremenda ola de sorpresas. En ese instante, regresó a su mente las palabras que su hermana le había dicho justo antes de que fuera y estampara su Mercedes Benz contra otro auto: "Jill es una amiga, creo la única que tengo". - ¿Tú eres Jill? - soltó de repente.
- Sí.- respondió un tanto confundida. Ahora resultaba que hasta conocía su nombre. No había sido buena idea ir a casa de Claire, no podía estar sucediendo eso; se sentía estúpidamente nerviosa, lo único que quería era salir corriendo hasta su auto y largarse a su casa.
- Vaya, el mundo sí es muy pequeño.- murmuró, sonriendo sinceramente.
- Demasiado.- secundó. No podía continuar con esa actitud, él era como todos los demás y se había percatado perfectamente de ello el día en que lo acercó hasta aquella enorme empresa y esa hermosa chica le había recibido. Regresó a su comportamiento habitual, en donde todo para ella resultaba ser indiferente. - Da igual… ¿está Claire? - inquirió duramente.
….
Claire llevaba suficiente tiempo vagando en esa fiesta, caminaba de un lado a otro sin hallar algo que realmente le interesara, nada le gustaba, absolutamente nada, la música era asquerosa y todos esos idiotas que se encontraban en la casa de los gemelos rubios únicamente buscaban tener sexo y emborracharse hasta perder el conocimiento, eso comenzaba a sofocarla a cada segundo que pasaba, quería marcharse pronto, pero Sherry se las había ingeniado muy bien para evadirla y no podía irse de allí sin ella o Chris y su tío se enfadarían en serio. Para empeorar la situación Leon no dejaba de seguirla y el engreído de Steve la molestaba cada vez que la veía por ahí, estaba harta.
- ¡Oye, Claire! – la voz del pelirrojo la obligó a voltearse y mirar en su dirección, "hablando del rey de roma", pensó con hastío, pero su gesto se endureció al ver como ese imbécil tomaba de la cintura a su prima pequeña. – Ella consiguió hallarme de todos modos – secundó con su característico aire poco modesto.
La pelirroja permaneció en silencio pulverizando a Burnside con sus orbes aguamarina, el chico y Sherry iban a continuar con su camino, pero la hermana de Chris tomó a la joven por el brazo y la atrajo consigo.
- Sherry, espera él…
- No me reprendas en público – murmuró avergonzada, rogó que nadie estuviese viéndolas. Steve se acercó un poco a las féminas, no permitiría que la bruja rebelde le arrebatara a la muñequita, al menos no esa noche.
- Necesito decirte algo – inició Claire, su mirada era sincera y de preocupación, sin embargo aquello no bastaba para convencer a la hija de William Birkin.
- ¿Sabes? – Se zafó de su agarre de manera discreta. – Estoy disfrutando de mi adolescencia y tú deberías hacer exactamente lo mismo.
Sin esperar ninguna clase de respuesta se alejó de ella y se trasladó para refugiarse en los brazos de Steve, éste de inmediato la recibió rodeándole su extremidad izquierda por los delgados hombros femeninos, miró a la chica de coleta con ironía y una sonrisa triunfadora.
- Adiós – dijo alejándose, la Redfield apretó los puños y su mandíbula, algún día ese miserable le pagaría cada una de las humillaciones que le hacía pasar. Un muchacho que se paseaba por todas las estancias de la casa ofreciendo algunos tragos en una especie de bandeja, se acercó a ella.
- ¿Quieres una? – propuso amablemente.
El joven de apellido Kennedy, por fin dio a parar con la figura de la pelirroja llevaba horas buscándola por cada rincón de la residencia Ashford, empujó a unos cuantos tipos de su camino, debía acercarse a la muchachita a como diera lugar… más aún cuando le estaban ofreciendo una serie de extraños tipos de bebidas alcohólicas, que de seguro eran de dudosa procedencia. Y para colmo de la situación ella lo estaba aceptando.
Para cuando llegó a su lado, Claire ya se había bebido todo el contenido de uno de los vasos de una sola vez, la pelirroja cerró los ojos mientras tragaba el contenido dorado que le quemaba fuertemente la garganta.
- ¿Qué estás bebien…? – inquirió preocupado, pero no terminó la frase al ver que su compañera de escuela posaba ambas manos en su pecho, aparentemente no estaba acostumbrada a beber líquidos con alta carga de alcohol.
- ¡Bien hecho, hermana! – exclamó el chico que le había ofrecido el trago, la felicitó riendo con amplitud, no todas las mujeres bebían de esa forma y con una sonrisa satisfactoria se alejó en otra dirección.
El rubio cenizo la miró con enfado, si él estaba en ese lugar era para conocerla mejor o incluso disfrutar de un buen momento junto a ella, pero parecía que huía de él en todo momento. Estaba confuso, ni siquiera debería importarle que lo ignorara, se estaba involucrando muchísimo y ya le estaba pasando la cuenta, debería largarse y dejarla sola, pero no podía, por alguna extraña razón no iba hacerlo.
- Te he buscado por todos lados – le reprochó, el enfado en su semblante era notorio, no obstante, a Claire no le interesaba verlo en ese estado exasperado, rodó los ojos y le lanzó una mirada fría y de pocos amigos.
- Hombre, estoy emborrachándome – él frunció el ceño - ¿No es eso lo que se hace en las fiestas? – preguntó con sarcasmo. Leon giró su rostro, no debía perder la paciencia con esa chiquilla molesta y malcriada, necesitaba el dinero y no podía retroceder lo que había conseguido avanzar, suspiró con cansancio.
- No – respondió intentando no oírse cabreado, regresó la vista a ella – Se supone que las fiestas son para divertirse y compartir, pero haz lo que quieras… no me interesa – añadió indiferente, lo cierto era que estaba dolido al recibir un trato tan frívolo de parte de su interlocutora.
- Ah si, como digas entonces – pronunció distanciándose – Nos vemos - Kennedy abrió su boca consternado, ninguna mujer antes había conseguido dañar su orgullo masculino como esa pelirroja lo hacía con sólo pronunciar dos palabras. La observó caminar y captó que nuevamente se llevaba a los labios un vaso con whisky, sin preocupación alguna subió las escaleras y prosiguió con su marcha.
….
- No, ella…ella salió con Sherry. Fueron a una fiesta. - habló un poco preocupado por la reacción de la castaña. Se percató de aquella mirada llena de desconcierto; con aquel gesto, sabía que ella estaba preguntándole en silencio a qué se refería con eso. Carraspeó. - Una fiesta en casa de los Ashford, creo que eso dijeron.
- ¿Claire en una fiesta de esas? - se cuestionó a sí misma indignada.- ¡Ya está, ya lo he visto todo, ahora puedo morir en paz!- ironizó; sin duda, saber que Claire estaba en la fiesta que se organizaba en esos momentos en casa de los gemelos Ashford, era una noticia realmente sorprendente. Ante su anterior comentario, el ahora conocido como el hermano mayor de su amiga, comenzó a reír; la castaña no pudo contenerse, y se vio contagiada por la risa de su interlocutor.
- Creo que no nos hemos presentado. Soy Chris Redfield, hermano de Claire. - extendió su mano hacia ella, luego de haber parado con su diversión.
- Jill Valentine.- correspondió el gesto, luego de eso llevó su mano hasta su cabello para pasar un mechón por detrás de su oreja. Estaba apenada. ¿Ahora cómo debía actuar con él? Ya no sólo se trataba de un hombre guapísimo engreído, ahora también se trataba del hermano de su amiga, de su única amiga. Se formó un silencio incómodo entre ambos. Frotó sus brazos entre sí, pero no se trataba de frío, únicamente era su ansiedad haciendo acto de presencia.- Bien, entonces creo que me iré.
- Uhm, sí.- carraspeó.- Yo…- la observó de pies a cabeza discretamente, tampoco quería que ella pensara que era un depravado sexual; se trataba de una joven realmente hermosa y era imposible no echarle un vistazo. - Quizás Claire llegue en cualquier momento, ya sabes cómo es. ¿Por qué no la esperas? - notó duda en la de orbes color azul. - Si tienes prisa, yo lo entiendo.
- No, nada de eso. Creo que puedo esperar un rato.- contestó sonriente. Si él le había sugerido esperar, era porque no le molestaba que ella estuviera ahí.
- ¿Quieres pasar?- ofreció amablemente.
- Creo que puedo esperar aquí.- sin decir nada más, se sentó en el peldaño de esa pequeña escalera en la entrada de la casa. Chris no insistiría en ello, seguramente estaba tan incómoda con la situación como él. Quizás un poco de aire fresco le vendría bien, así dejaba de ver tantos programas estúpidos de la televisión. Para sorpresa de la castaña, el chico se adentró a su casa sin decir nada. Suspiró, quizás ahora estaría considerándola como la chica más aburrida sobre el planeta.
"Perfecto, Jill, apenas das un paso y lo arruinas todo"- se regañó internamente. Estaba sentada con los brazos sobre sus rodillas, su mano izquierda le sostenía por el mentón y daba la apariencia de estar mordiendo sus uñas; deseaba que Claire se apareciera en cualquier instante y no se quedara esperando como idiota en la entrada.
- Ya que no quieres entrar, tendré que acompañarte.- Se escuchó de pronto aquella varonil voz. Chris salía en ese momento con un par de cervezas en la mano y con una sonrisa que provocaba en Jill muchas cosas. Lo vio acercarse a ella y tomar asiento a su lado.- ¿Quieres?- le ofreció, acercándole la botella de cerveza.
- Sabes que tengo la edad de tu hermana, ¿no?- mencionó divertida, sin embargo, ya había aceptado la invitación, incluso antes de hablar.
- Eso tampoco te impidió rechazar mi invitación.- acertó a decir; Jill no evitó sonreír sinceramente, para Chris ese gesto se estaba convirtiendo en su preferido.- Además, nadie tiene por qué enterarse, sólo será una. - habló, antes de darle un sorbo a su bebida.
- ¿Pretendes emborracharme?- imitó la acción de su compañero y se llevó la boquilla de la botella hasta su boca.
- ¿Para qué haría eso?- negó con la cabeza divertido, imaginaba por dónde iban los pensamientos de la castaña. Ella sólo se encogió de hombros, dándole un sorbo más a su bebida. No lo negaría, se moría por explorarla de cerca, ¿pero aprovechándose del estado de ebriedad?, eso jamás; existían otras maneras.- Para lo que estás pensando existen otros métodos.- la chica casi escupió lo que tenía en ese momento en la boca.
….
Piers no había conseguido llamar la atención de Helena Harper, la castaña de exuberantes curvas en algún momento de la noche desapareció de su alcance, tampoco le interesaba mucho esa chica, él sólo quería una compañera de baile para la fiesta… era una verdadera lástima que Carla no acudiera a esa clase de eventos, sin duda sería la más hermosa. Dejó de pensar en eso, por ahora lo primordial era entretenerse y obtener aunque fuese un baile con alguna muchacha.
Sus orbes de tonalidad clara se posaron en la esbelta figura femenina de una hermosa rubia llamada Cindy Lennox, no la conocía en profundidad, simplemente sabía que se trataba de una linda joven con aspecto de maniquí, bailando con ella sería la envidia de muchos. Tomó aire y decidido inició unos patéticos movimientos de cadera que resultaban ser sumamente descoordinados a los ojos ajenos, pero no a los suyos; su objetivo era conseguir si o si una oportunidad de danzar junto a una damisela.
- ¡Soy el rey de la noche!, me muevo al ritmo de John Travolta ¿no crees? – trató de acercarse, pero como era costumbre la joven rodó los ojos, Nivans mantenía ambas manos en sus caderas y saltaba dando el aspecto de padecer una enfermedad mental más que estar bailando como alguien normal – hola Cindy. – Saludó con ahínco.
- ¡Oh muérete! – fue la respuesta despectiva de la fémina, debía alejarse cuanto antes de ese nerd, sin titubear se desplazó en cualquier dirección en la que no tuviese que soportarlo.
- Debí ponerme la corbata – canturreó Piers sin dejar de saltar como estúpido, pues estaba convencido que aquello que alejaba a las chicas era la ausencia de la prenda de vestir y no su manera de moverse al ritmo de la música.
Jake se aproximó a su extraño amigo con un gesto preocupado, se hallaba pálido y desconcertado, ya había transcurrido un buen tramo de horas desde que la fiesta había empezado y en ninguna instancia de la jornada de diversión y libertinaje había visto a la prima de Claire Redfield, la idea de pensar que ella no estaba allí le aterraba, necesitaba verle y decirle lo que sentía, la ansiedad lo estaba consumiendo y no aguantaba ni un segundo más.
- Hey, ¿la has visto por alguna parte? – averiguó desasosegado, el castaño negó con la cabeza, no le agradaba el semblante de su compañero.
- Cálmate – le tranquilizó dándole una leve palmada en la espalda.
- Estoy calmado – respondió al instante, Piers sabía que eso no era cierto.
Como si se tratase de un espejismo, la hermosa jovencita de cabellera rubia y de ojos azulados descendía los peldaños de la escalera en compañía de su inseparable amiga, se veía alegre y relajada.
- Mira, ahí está tu Julieta, Romeo – Jake dirigió sus pupilas hacia la dirección que le indicaba el joven encargado de la sala de audiovisuales, Sherry terminó de bajar las escaleras y aprovechó al instante la oportunidad para saludarla.
- Hola, Sherry
Ashley Graham juntó el entrecejo, no entendía por qué razón su amiga se relacionaba con un chico impopular como ese pelirrojo, la hija de Annette se sorprendió con la presencia del muchacho, no se esperaba tenerlo ahí en frente.
- Hola, Jake – la incomodidad y falta de seguridad en su voz eran evidentes, no podía permitir que la gente del grupo elite la viese intercambiando palabras con un joven introvertido y poco interesante – Te presento a mi amiga – sin indagarlo de más, arrastró a Ashley del brazo y la posicionó delante del chico, la rubia en cuestión no hizo más que ver con indiferencia al hijo del famoso empresario.
- Sí, creo que tenemos algunas clases juntos…
- Claro… - contestó fríamente y se volteó dándole la espalda, pero a Jake Wesker no le interesaba en lo más mínimo las actitudes altaneras de la hija mimada de un político, él sólo deseaba platicar con Sherry, estaba embobado admirándola se veía realmente bellísima.
- Te ves hermosa.
Un leve sonrojo se posó en las mejillas de la de apellido Birkin, si ese joven sabía hacer algo bien, definitivamente era hacerla sentir especial y halagada… eso no lo negaría, hasta cierto punto la confundía un poco, sonrió tiernamente mientras Ashley rodaba los ojos.
- Gracias – mencionó con sinceridad.
- Yo también luzco hermoso – vociferó Steve al tiempo en que bajaba las escaleras, su paso era constante y arrogante, las dos muñequitas rieron por su comentario petulante, Jake lo observó impactado ¿Acaso él había estado con la mujer de sus sueños en todo ese rato? – Sherry, vamos – la tomó de manera posesiva por la cintura.
- Te veré luego, Jake – se despidió, pero la carga de conciencia podía vislumbrarse, sabía lo mala que estaba siendo con el joven de orbes grisáceos, éste había sido manipulado a su antojo, pero ya estaba hecho y su interés amoroso era Burnside, eso no iba a cambiar. Se alejaron campantes dispuestos a seguir gozando de la noche, Jake se quedó impactado admirando lo imbécil que había sido todo ese tiempo. Steve le otorgó un gesto con su dedo pulgar de manera positiva, señal que dejaba en evidencia su triunfo con la chica. Todo ese tiempo Piers había tenido razón, Sherry Birkin no era más que una ambiciosa, vanidosa e interesada, no obstante, pese a todo ese mar de defectos le estaba rompiendo el corazón como nunca antes se lo habían hecho.
Nivans contempló toda la escena en silencio, sentía mucha melancolía… su amigo no se merecía un trato así, pero era mejor que comprobara con sus propios ojos la clase de chica que era la custodiada por Chris.
….
Sherry nunca esperó que durante todo el tiempo que estuviese con Steve tuviera que estar escuchando sólo asuntos de él, cuando ella intentaba platicar de algo diferente, el joven de buena situación económica le restaba importancia y continuaba hablando de su persona. Suspiró fastidiada mientras recordaba el rostro desilusionado de Jake, nunca quiso hacerle daño, el asunto sólo se había ido de sus manos. Notó el peso del brazo de Steve sobre sus hombros y comprendió que debería resignarse a escucharlo hablar en todo momento, las palabras de Claire argumentando que era un egocentrista por excelencia comenzaban a tomar peso en sus memorias.
- Como te decía, estoy posando para un catalogo de una reconocida empresa – narraba con orgullo – Y muy pronto saldré en un anuncio que será grandioso. – Repentinamente se oyó el alarido de un muchacho en problemas, cercano a la ventana por la cual iban pasando cayó duramente desde el segundo piso el cuerpo de un ebrio Richard Aiken, Burnside y la rubia miraron por unos segundos la escena, pero ya habían visto tantas cosas de esa índole durante la noche que aquel detalle banal no les sorprendía en lo más mínimo. – El asunto es que anunciaré crema hemorroidal muy pronto – terminó de explicar el chico.
- ¿Cómo? – preguntó desconcertada, de seguro había oído mal, pero el estudiante popular se veía muy seguro de sí.
- Sé que será un poco difícil, pero estaré haciendo actuación – argumentó convencido de que ese comercial publicitario lo llevaría al éxito. Se separó un poco de ella y apoyó la lata de cerveza que consumía sobre una especie de pirámide formada por los envases vacíos.
La rubia no podía parar de pensar en Jake, el pobre muchacho debería estar sintiéndose horrible por su culpa, no podía creer lo tonta que estaba siendo, era un hecho obvio que disfrutaría mucho más junto al amigo de Piers que escuchando las estúpidos planes de un inmaduro cabeza de músculo.
Sin que Sherry pudiese notarlo, el joven modelo estaba posando para ella, su rostro estaba concentrado en una dirección, su ceja izquierda yacía alzada y sus manos se aferraban masculinamente a la zona de su cadera. Burnside podía jurar que la de orbes azules se estaba derritiendo ante esa sensualidad que él caritativamente le ofrecía.
- ¿Viste lo que hice? – inquirió alegre. La voz masculina consiguió despertarla de sus divagaciones, la prima de Chris levantó su mirada un poco perdida de la realidad.
- Amm… yo, sí – mintió.
- Es la postura de ropa interior – la chica asintió débilmente en tanto fingía interés. – Ahora te haré la del traje de baño. – Nuevamente llevó sus manos en dirección a la zona de su cadera, levantó un poco su camisa y formuló exactamente la misma expresión que en la pose anterior, detuvo esa postura y le dedicó una sonrisa soberbia. – Notaste la diferencia, ¿verdad? – su receptora no se molestó en responder, sencillamente rodó los ojos y ladeó su cara en dirección a otra parte, menos en donde estaba Steve. – Bien, chicos… ¡Atención! – Vociferó el pelirrojo dirigiéndose a una multitud cercana a él – ahora posaré para ustedes.
….
Alfred y Alexia no podían creer el chiquero en el cual esos descerebrados adolescentes habían convertido a su casa, cada centímetro de la propiedad Ashford era un desastre, y cuando creían que nada podía ir peor miraron horrorizados lo que Luis Sera y otros tipos hacían. Al ver como esos asquerosos sin razonamiento escupían sin piedad sobre la fina caja de cristal que contenía las cenizas de su difunta abuela, la rubia nuevamente perdió el conocimiento. Su hermano gemelo les arrebató el objeto valioso de las manos y se lo llevó de allí sollozando.
Sherry chocó su hombro con un desconsolado Alfred, le restó importancia y prosiguió su búsqueda, necesita hallar a Ashley y largarse cuanto antes de ahí, ya no sabía qué pensar de Steve Burnside… en ese preciso instante él seguía posando de manera vanidosa en frente de los idiotas que tenía por amigos. Bufó aireada y se alejó con pasos prepotentes, pero se detuvo abruptamente al contactar de manera visual con el rostro furioso de Jake Wesker Muller, intentar entablar una charla con él no sería una idea inteligente en ese momento. Se giró sobre sus talones y por fortuna advirtió la presencia de Ashley aproximándose, sin dejarla hablar la tomó por el brazo.
- ¡Esta fiesta es un asco, vámonos! – farfulló irritada.
….
Leon aún seguía en busca de la escurridiza Claire Redfield; Una vez más la había perdido de vista. Tuvo que recorrer toda la residencia de los Ashford de nuevo, tratando de seguir su huella, pero ya comenzaba a cansarse de todo eso. En otras circunstancias, sabía que estaría disfrutando aunque sea un poco de todo ese caos, pero con la Redfield dándole problemas, jamás lo lograría. Realmente hubiera querido estar con ella, pero ella no parecía dispuesta a dar tregua.
El rubio tuvo el infortunio de pasar a lado de una alocada pareja. Ángela Miller y Buddy Kozachenko no habían detenido en ningún momento la labor de besarse; desde que Leon había enviado a la muchachita hermana de Curtis cerca de Buddy, estos jamás se habían despegado. El espectáculo que los dos ebrios jóvenes estaban dando, cada vez aumentaba más de intensidad, pero eso tampoco parecía importarle al resto de los invitados; ninguno realmente les prestaba atención.
- Oye, de verdad…muchas gracias.- Agradeció Buddy nuevamente. El muchacho de apellido Kozachenko, se había dado cuenta de la presencia de aquel sujeto que le había mejorado su noche al juntarlo con aquella castaña, de la que por cierto, no tenía ni idea de quién era; pero sin duda el tipo merecía aquel agradecimiento. Leon únicamente palmeó la espalda del muchacho en forma de respuesta; en seguida se alejó de ellos, pues ya tenía en la mira a cierta pelirroja.
Ahí estaba ella, al fin se había dignado a quedarse en un sólo lugar; por la cara que tenía y por ese vaso que no soltaba, ya había deducido en qué estado se encontraba la pelirroja. Por alguna extraña razón, verla en esa situación le ponía verdaderamente molesto; ella no tendría por qué estar bebiendo y menos al grado de ponerse borracha, ¿en qué rayos estaba pensando?
- Escucha, ¿Por qué no me das esto? - se acercó hasta ella furioso e intentó quitarle de la mano el pequeño vaso vidrio, sin embargo, Claire se resistió rotundamente a ello, por lo cual simplemente se alejó del muchacho. Leon se quedó allí observando cómo se marchaba, estaba dispuesto a ir tras ella, pero la voz de aquel engreído de Steve detuvo su marcha.
- ¡Amigo! - dijo alegre, realmente estaba sorprendido por lo que había logrado Leon con la pelirroja.- ¿Cómo lo conseguiste? - inquirió curioso.
- ¿Qué cosa? - respondió con indiferencia; la actitud de Claire estaba logrando sacarlo de sus casillas, nunca había tenido que lidiar con jovencitas así. Era todo un reto acercarse a la hermana menor de Chris Redfield.
- Traerla a la fiesta. - obvió el hecho.
De repente, la canción Toxic interpretada por Britney Spears, comenzó a sonar por toda la residencia. Tanto Leon como Steve dirigieron su vista hacía donde un grupo de jóvenes ya estaban reunidos. Sobre la mesa, Claire comenzaba a bailar al ritmo de la música, el pelirrojo al percatarse de aquello gritó emocionado y rápidamente se acercó hasta donde se llevaba a cabo dicho espectáculo. El de apellido Kennedy no tuvo más opción que dirigirse al mismo sitio; si no le había agradado nada que Claire estuviera bebiendo alcohol, mucho menos le gustaba aquella escena que estaba protagonizando.
El alcohol estaba causando actitudes extrañas en la pelirroja. Jamás había bebido hasta embriagarse, y hacerlo ahora ya le estaba dejando las primeras consecuencias. Apenas había escuchado aquella canción, subió a la mesa y comenzó a mover su cintura de manera muy sensual. Los chicos a su alrededor, incluido entre ellos el arrogante Steve Burnside, gritaban alentándola a continuar con aquellos movimientos. Leon observaba todo con atención, ese mismo sentimiento que le hecho enfurecer al verla beber, ahora lo hacía molestarse por todas las miradas que la chica se estaba llevando. Claire seguía bailando sin pena alguna, de un momento a otro, se llevó su mano hasta la cabeza y soltó la liga que sostenía su cabello en la tradicional coleta. Al quedar su rojiza melena libre, comenzó a zarandear su cabeza para alborotar su largo cabello; eso definitivamente le hacía lucir aún más atractiva. El meneo de su cuerpo iba de arriba abajo, no había dejado de mover la cintura desde que había comenzado; sus caderas se sincronizaban perfectamente con la música. Sherry estaba observando todo desde la segunda planta, lo que sentía ahora no era confusión por lo que veía, era molestia; estaba enfurecida por lo que Claire estaba ocasionando en las hormonas de todos los chicos que la miraban sin descaro. Bufó completamente enojada y se alejó de ahí.
Claire no se había percatado de lo cerca que estaba su cabeza con aquel candelabro. En un movimiento alocado por parte de la chica, su cabeza se pegó con la gigantesca lámpara; no tuvo tiempo ni siquiera para intentar sobarse, el golpe había resultado tan fuerte que sus piernas dejaron de funcionar y entonces cayó desde la mesa. Por fortuna para la Redfield menor, Leon se encontraba cerca de ahí, y gracias a sus excelentes reflejos logró atraparla antes de que terminara en el suelo.
- ¿Estás bien?- averiguó preocupado, al tiempo que la ayudaba a reincorporarse. La chica estaba completamente atontada.
- Estoy bien.- contestó molesta, pero con aquel típico tono de voz de una persona que había tomado de más. Hizo que Leon la soltara e intentó quedarse de pie por sí misma, sin embargo, apenas el rubio la había dejado, ella se balanceó amenazando con caerse de nuevo; ese fue motivo suficiente para que el chico la volviera a sostener.
- No estás bien. Ven. - sin esperar respuesta, comenzó a caminar con ella entre sus brazos hasta la salida; necesitaba un poco de aire fresco. Le preocupaba el golpe que Claire se había llevado a la cabeza, esperaba que no tuviera alguna contusión o algo por el estilo, ese aspecto en la chica le hacía pensar que realmente estaba mal.
- Sólo tengo que recostarme. - sugirió la chica.
- Ajá, si te acuestas te dormirás. - advirtió.
- Dormir es divertido. - rió y se llevó la mano a la cabeza. Ese golpe al día siguiente le dolería terrible.
- No si tienes contusión. - la sostenía con mucho cuidado por la cintura. Juntos se acercaron hasta una banca justo a la entrada de la gran residencia.- Ven, siéntate.- la hizo sentarse suavemente.
- Oye, necesito hablar contigo.- un molesto Jake Muller, se acercó hasta la pareja; tomó el brazo del rubio con algo de rudeza para atraer su atención.
- Espera, no puedo ahora.- en otro momento, hubiera golpeado a aquel estúpido por la manera en que lo tomó, pero su mayor preocupación estaba ahora sobre la chica de cabello rojizo.
- ¿Puedes darme sólo un segundo?- pidió un poco más tranquilo. Notó el mal aspecto de la prima de Sherry, imaginaba que por eso Leon parecía preocupado, pero su situación era más importante en ese momento. - Escucha, todo esto se acabó.
- ¿De qué estás hablando?- preguntó confuso. No dejaba de mirar a la pelirroja, ella seguía tomando su cabeza y haciendo gestos de dolor.
- Nunca me ha querido a mí, siempre se trató de Steve. - confesó resignado.
- Jake, ¿te gusta ella?- inquirió serio; Jake ante aquella pregunta quedó confundido.
- Sí.
- ¿Vale por tanto problema?- insistió con el mismo tono de voz.
- Yo creía que sí, pero ya no estoy…
- Muy bien, ¿lo vale o no lo vale?- le miró directamente. Jamás había aconsejado a nadie, ese no era su estilo, pero la cara que tenía Jake le preocupaba; no podía creer que un estúpido como Burnside estuviera causando tales reacciones.- Para empezar, Steve no es tan hombre como tú, y segundo, no dejes que nunca nadie te diga que no mereces lo que quieres.- dijo seguro de sí mismo. El hijo del empresario le escuchaba con atención y sopesaba muy bien cada una de las palabras.- ¡Ve por ella! - alentó el rubio. En ese instante, Claire iba a caer de nueva cuenta, así que Leon se acercó rápidamente para impedir aquello. La tomó nuevamente entre sus brazos, y comenzaron a caminar alejándose del resto.
El heredero de Albert Wesker se quedó en la misma posición; jamás habría imaginado que un sujeto como Leon Kennedy tuviera aquella filosofía. Había mucho que conocer sobre el chico rudo de la escuela. Las palabras dichas por el rubio, de alguna manera lo habían motivado a no dejar la lucha de lado.
….
Ya habían hablado por más de media hora, sin embargo, el tiempo no parecía avanzar a su alrededor. Ambos se habían perdido en el otro. Esa conversación tomaba mayor sentido a cada momento; anécdotas graciosas, momentos incómodos, todo lo confesaban sin darse cuenta de la confianza que estaban poniéndose el uno al otro.
Chris ahora sí podía asegurar que la sonrisa de la castaña era lo más hermoso que había visto; su risa era melodiosa, comenzaba a perder la razón. Esa chica estaba demostrando ser muy interesante, no era como la mayoría de mujeres que sólo se preocupaban por lucir bien delante de él; ella era natural, no estaba interesada por actuar como el resto de las féminas. Jill podía sentirse de la misma forma, no era lo mismo ver a un Chris apurado por llegar al trabajo, que uno que estaba completamente relajado a las afueras de su casa. Jamás imaginó que el chico que conoció fuera de la oficina de la loca Belikova, fuera tan
Chris no lo pudo soportar más, no podía culpar al poco alcohol que bebió; si había un culpable, ese era ella; ella era la responsable de que ahora no pensara en otra cosa más que en rozar sus labios con los suyos. Todo lo que había hecho, todo lo que había dicho era la causa de que ahora estuviera deseando besarla. Jill lo miraba atentamente, estaba recargada sobre el barandal de la escalera; ya podían sentir el cálido aliento del otro. El castaño no dejaba de mirar hacia sus labios, sabía que ella hacía lo mismo, ya no había nada que pensar en ese momento.
El resto del mundo dejó de existir, no había mayor ruido que sus respiraciones sincronizadas. Acariciaron lentamente sus labios; el Redfield mayor disfrutaba de la suavidad de sus labios. Empujó su lengua un poco, ella accedió de inmediato; ¡ella lo estaba aceptando! Sus lenguas estaban en un baile bien acompasando. El chico llevó una de sus manos hasta la suave piel de su mejilla; aquel ósculo se profundizaba más a cada segundo.
La de orbes color azul había olvidado todo en el transcurso de esos segundos; no quería que eso se terminara, pero como si alguien le hubiese arrojado agua fría por la espalda, recordó a quién estaba besando; ¡por dios! Era el hermano de Claire. Se alejó abruptamente ante la sorprendida mirada de Chris. Eso no podía continuar, se levantó de inmediato un tanto temblorosa, él la imitó rápidamente. Estaba preocupado, pues ella lucía desconcertada.
- Lo siento, yo…- se abrazó a sí misma y frotó sus brazos.-…es tarde, tengo que irme.- se despidió, cualquiera que la haya visto, pensaría que estaba huyendo de aquel joven.
Chris no sabía cómo sentirse, jamás debió actuar de esa manera, ¿en qué rayos estaba pensando? Se castigó mentalmente; no debió precipitarse de tal manera, quizás se había asustado por su iniciativa. La chica ya se había alejado en su auto, ya no había forma de detenerla y pedirle disculpas.
….
Leon se había alejado en compañía de la ebria Claire, caminó cargándola con cierta dificultad hasta detenerse en una pequeña plaza en frente de la casa de los Ashford, tenía experiencia con las borracheras y como tal, sabía que lo mejor era tomar aire y alejarse de los espacios cerrados.
- Esto es tan indecoroso – masculló la jovencita, el arrastre de las letras en sus palabras dejaban en evidencia su poca tolerancia frente el alcohol.
- Sólo tú puedes usar palabras rebuscadas estando borracha – musitó sonriendo, no iba a negar que Claire le resultaba más simpática estando en ese estado, la soltó un poco para comprobar si podía mantenerse por sus propios medios, pero la pelirroja volvió a caerse de rodillas en pleno césped, con resignación la levantó, definitivamente dependía de él.
- No lo creo – habló divertida al tiempo en que su compañero la terminaba de levantar – ¿por qué haces esto? - Cuestionó encontrando un leve momento de lucidez. Leon tragó saliva pesadamente, ni él sabía con certeza porqué lo hacía.
- Porque ya te dije que puedes tener una contusión – explicó sosteniéndola por ambas manos. La de los orbes aguamarina entrecerró sus ojos viéndolo con desconfianza.
- De igual modo no te importaría si me muero.
- Claro que si – replicó formulando una risa ladeada.
- ¿Por qué? – insistió seria, realmente necesitaba saber si era importante o no, pese a que no estaba en su sano juicio, comprendía muy bien que la manera en que Leon la estaba cuidando podría significar algo más serio, tal vez todo este tiempo lo juzgó mal, él se veía sincero como una buena persona, un hombre de buenas intenciones... Miró las manos de de ambos entrelazadas y percibió una sensación extraña recorrerle todo el cuerpo.
- Porque tendría que conseguir otra chica que me pusiera atención y estuviese dispuesta a darme una oportunidad.
- Pues ninguna otra lo haría – debatió con ademán de molestarlo, cerró sus ojos al captar el dolor de cabeza que la aquejaba. Kennedy la observó con un gesto tierno en la cara, esa niña nunca dejaba de sorprenderle.
- ¿Ves?, eso necesito – puntualizó pensativo, ella lo miró sin comprender -… ¿quién requiere de afecto cuando se puede tener odio ciego?
Claire le dedicó una sonrisa, pues si Leon estaba maravillado con la pelirroja, para la fémina la situación no variaba mucho, si bien antes había tenido experiencias románticas, ninguno de los tipejos con los que había salido estaba consiguiendo lo que ese muchacho con reputación de delincuente hacía, se estaba ganando su confianza y de manera muy bien merecida. El dolor de cabeza se hizo más fuerte, se llevó una mano a la zona afectada.
- Sólo…sólo deja que me siente unos momentos – solicitó adolorida.
- Está bien – accedió. Caminaron lentamente hasta un par de columpios ubicados en el centro del área verde, la muchacha tomó asiento primero, estaba agotada nunca antes había gastado tanta energía con un simple baile. El rubio se detuvo y se quedó admirando las estrellas del cielo durante unos segundos. Sin embargo su relajo no duró gran tiempo, el cuerpo semidespierto de la Redfield perdió completamente el equilibrio y su espalda se fue de manera abrupta hacia atrás, pero por fortuna Leon y sus reflejos aún continuaban en pie y exitosamente frenó la inminente caída – ¡Oh mierda – dejó salir aliviado, por poco y pensó que la chica se daría un golpe peor que el anterior, la volvió a sentar mientras escuchaba la sonora carcajada traviesa que la pelirroja liberaba. Un poco más tranquilo tomó asiento en el columpio adyacente.
- ¿Por qué te venció? – preguntó con determinación, la chica rebelde dejó de reír.
- ¿Quién?
- Steve – respondió con obviedad. El joven de apellido Kennedy sabía muy bien sobre la rivalidad de la pelirroja y el idiota engreído, aunque como todos, no conocía el motivo del odio existente entre ese par.
- Es un hijo de puta, lo detesto.
- Vengarse bebiendo whisky es una buena manera de liberar tu rabia – la alentó, los dos rieron enfocando sus miradas en el paisaje.
- Sí, ya sabes lo que dicen… – recargó su cabeza a un costado de las cadenas que sostenían el asiento del juego infantil en donde permanecían sentados, quiso seguir hablando, pero el sueño y el efecto del whisky presente en su organismo la vencieron por completo.
-No, ¿qué es lo que dicen? – persistió el chico, debía mantenerla entretenida no quería que cayera rendida ante su borrachera, esperó la respuesta de ella por unos segundos, pero al instante de mirarla comprobó que ya no estaba consciente. Se alarmó y velozmente se puso de pie, posó sus manos sobre las mejillas femeninas – No, no, no, Claire ¡despierta, mírame! – Le dio unas leves palmadas -¡Escúchame, abre tus ojos! – continuó con preocupación, la Redfield menor levantó sus parpados utilizando todo su empeño por permanecer despierta. Lo observó en silencio sin articular ningún monosílabo, la noche no era tan mala teniendo a ese muchacho como compañía.
-Tus ojos son tan azules, me gustan… – expresó en un murmullo, Leon sonrió, eso era épico, la pelirroja poco cariñosa le estaba diciendo un elogio; definitivamente conquistar a Claire Redfield era el trabajo más agradable que había realizado en su vida, y sinceramente no sabía si lo estaba haciendo precisamente por el dinero implicado. Se miraron fijamente mientras se perdían en las iris del otro, sus manos nuevamente estaban entrelazadas, parecía una escena romántica perfecta, pero abruptamente Claire bajó su cabeza y vomitó todo lo ingerido durante la fiesta.
El rubio llevó su mano hasta el cabello que aún seguía suelto en la cabeza de la joven, la acarició con delicadeza, por ahora se quedaría con ella hasta que se recompusiera… ya habría tiempo para volverse melosos.
Holaaa (Vidian & Ary)
Estábamos un poco tristes con los resultados del cap anterior, pero al recibir los lindos reviews que nos han llegado en estos últimos días nos inspiramos y trajimos hoy este capítulo. ¡Gracias por todo el apoyo!
Anamariaeugenia, Yuna – Tidus – Love, felix ramos, M Bidden, claireredfield1, NelielTu7 (bienvenida!), Renila y Kyome – Chan ( bienvenida y gracias por comentar todos los caps)
¡Nos leemos pronto!
