10 Cosas Que Odio De Ti

By: Vidian & Ary Valentine.


Capítulo VI: Sucesos Inesperados.

—No creo que deberíamos irnos. —Espetó Ashley Graham cruzando ambos brazos sobre su pecho, la rubia que la estaba escuchando le dedicó una mirada fulminante que provocó silenciarla de manera reflejo.

Llevaban paradas en el jardín de la casa de los Ashford por una considerable cantidad de minutos, ambas amigas de cabellera lacia y rubia esperaban que Claire y su amigo el "delincuente" se aparecieran pronto por ahí, Sherry quería marcharse cuanto antes de ese alboroto y sin su estúpida prima ebria no podía hacerlo.

Su suerte era muy miserable aquel día…podría apostar su vida a que nunca más tendría permiso para asistir a una fiesta de ese tipo, a causa de Steve, su noche se había arruinado y ella de forma egoísta arruinó la de Jake, el muchacho no merecía el desprecio que le dedicó, lo trató con la punta de su zapato, lo humilló y lo usó… ¿Qué estaría pensando ahora de ella?, tragó saliva pesadamente, de seguro la respuesta no serían palabras lindas.

Suspiró cansada, todo había salido mal, demasiado mal a su parecer; ya no podía revertirlo, el daño al hijo de Wesker estaba hecho y definitivamente Steve no era el hombre perfecto que imaginaba. La única conclusión que podía sacar de lo anterior es que era una inepta de magnitudes considerables.

—Chicas, algunos de nosotros iremos a casa de Luis Sera —aquella era la reconocible voz del pelirrojo más popular del bachillerato, la de apellido Birkin puso los ojos en blanco sin ni siquiera mirarle. Ashley en cambio, lo recibió con una enorme sonrisa coqueta. Steve captó una actitud extraña en la jovencita que mantenía despierto su interés, no entendía qué andaba mal con Sherry, pasó su mano en la estrecha cintura de la muchacha con intenciones de atraer su atención, sin embargo ella sólo dio un respingo incómoda por el contacto, frunció el ceño preocupado. — ¿Estás lista? — insistió de todos modos, no estaba dispuesto a retroceder lo avanzado, debía tenerla en su cama cómo fuese.

—Lo siento, debo estar en casa dentro de unos veinte minutos —le informó, Burnside quitó su mano del cuerpo femenino con evidente molestia, ¿quién diablos se creía para rechazarlo?

—Yo puedo quedarme más tiempo —interfirió Ashley.

Las cejas de Steve se alzaron con sorpresa, las de su amiga se fruncieron manifestando la incredulidad que sentía al oírla, las contempló divertido preguntándose internamente si la flamante hija de un político no era más que una arpía trepadora, la jovencita de orbes almendrados esbozaba la más cínica de las sonrisas. Dirigió sus pupilas a la esbelta figura de Sherry.

—¿Otra oportunidad? —inició mirándola amenazante, la aludida se mantuvo indiferente y no volteó en ningún momento a verle.

—No puedo, rayos… ¡Qué lastima! —masculló con ironía, esta vez el pelirrojo se limitó a asentir con su cabeza agregando como nota mental que ese desaire lo pagaría muy caro. Su cerebro era incapaz de procesar el desprecio de un ser inferior a él económicamente, no podía dar crédito a tal insolencia.

—Es una gran pena —liberó Ashley, el tinte burlón en sus palabras podía ser visto desde un rascacielos.

Steve Burnside admiró a la chica en cuestión, su cuerpo no estaba nada mal siendo objetivo, podría desahogar su instinto masculino allí por ahora y más adelante volver a la prima menor de Claire.

—¿Quieres ir conmigo? —inquirió sin indagarlo demás, la chica de aspecto perfecto ensanchó su sonrisa formando una expresión triunfal.

—Claro —aceptó entusiasmada, Sherry enarcó una ceja, pero rápidamente frunció el ceño, estaba ofendida y se sentía horriblemente traicionada.

—¡Ashley! —Exclamó perpleja al tiempo en que su supuesto galán rodeaba por los hombros a su ex - mejor amiga. Abrió la boca impactada sin creer lo que estaba presenciando.

—Lo siento, Birkin… tú no quisiste ir…

Sin más palabras, la custodiada por Chris se quedó admirando como su compañero se llevaba a quien consideraba su confidente, debió aceptar que Ashley Graham siempre estuvo con ella por interés en acercarse a la gente popular, bufó con resignación.

—Zorra —espetó quedándose inerte y totalmente sola.

No captó que a su espalda venía aproximándose un desanimado Jake. El de orbes grisáceos caminaba con la cabeza gacha y se vislumbraba notoriamente molesto. Levantó la mirada hallando a una inestable rubia parada en medio del jardín que ya comenzaba a vaciarse de los asistentes del evento social.

—¿Te diviertes aún? —comentó con sarcasmo mientras pasaba cerca de ella, sin embargo no se detuvo y continuó su travesía de largo.

Si Sherry había sido capaz de tratarlo como a un perro callejero, ¿por qué no habría de hacer lo mismo?, de igual manera… nunca volvería a mirarla como la dulce chica pura que lo traía maravillado.

La rubiecita parpadeó reiteradas veces un tanto pasmada, ¿le había hablado en tono sarcástico?, reaccionó no muy sonriente al petulante comentario.

—Claro, no me ves la sonrisa en el rostro. —Refutó usando el mismo tono, el joven detuvo sus pasos, por un momento Sherry creyó que se giraría y le dedicaría los respectivos insultos que se merecía por tratarlo mal, pero Jake Wesker Muller permaneció en su lugar simplemente escuchándola. La culpa nuevamente la inundó, descendió la vista apenada. — Oye, Jake… — su voz volvió a oírse dulce y sumisa. — ¿Podrías llevarme a casa?— Claire desapareció con Leon y yo…por favor — rogó escuchándose sumamente afligida.

El chico inspiró hondo, ¿sería capaz de decirle que no y mandarla literalmente al diablo?


Al cabo de una hora, consiguió que Claire dejase los vómitos y en cierto modo los mareos, la chica estaba más tranquila y su salud un poco mejor, aparentemente la borrachera había bajado su intensidad, por lo que sin estudiárselo mucho, se introdujo en la casa de Alfred Ashford, cogió la chaqueta de cuero de su acompañante y se llevó a la Redfield lo antes posible de allí.

Faltaban unas pocas calles para llegar al hogar de la pelirroja y sinceramente se sentía muy aliviado de traerla consigo, ver a la chica en ese estado le resultaba sumamente tierno, era agradable la sensación de vulnerabilidad que ella comenzaba a manifestar, sabía que se hacía la dura con todo el mundo, pero era más que evidente que Claire Redfield estaba sumamente lastimada, lo cual no le agradaba en lo absoluto, se podría decir que a estas alturas de la noche incluso le profesaba cariño. Juntó el entrecejo al notar el rumbo de sus pensamientos, quizás él también había bebido mucho.

Su único propósito debía ser el de llevarla hasta su hogar, dejarla ahí sana y salva, más no el hecho de interesarse de sobremanera en ella y ¿qué diablos pretendía intentando comprenderla?, eso no estaba bien… definitivamente no. Se tensó al percibir que el agarre que ejercía Claire en su cintura se hacía más profundo y posesivo, los brazos delgados de la joven no se despegaban de su talle y la sensación se tornaba alucinante.

—¡Esto es lo que quiero! —manifestó la pelirroja en tono decido y alegre, Leon no evitó su extrañeza ante la oración, tampoco quería malinterpretarla y llevarla a otro plano.

—¡¿Qué?! —fue lo único que se le ocurrió decir, en verdad se sentía confuso. El rugido de la motocicleta impedía que hablaran en fonación baja.

—¡Eso! —aclaró la muchacha sin descender el volumen de su voz, quitó uno de sus brazos del abdomen del rubio y apuntó con su dedo la radio de la moto, el objeto emitía una de sus tantas canciones favoritas. Kennedy comprendió la intencionalidad de sus palabras al instante.

—¿Una banda? —inquirió esbozando una sonrisa.

Claire rodó los ojos ante la pregunta obvia y nuevamente posó su brazo en donde estaba antes, lo que volvió a provocar un intenso calor en el pecho de su compañero de clases.

—No, ¿cómo crees? —Musitó utilizando la mordacidad al hablar. — Instalar estereos en las motocicletas es lo que anhelo — secundó sin dejar la ironía de lado, Leon liberó un bufido, esa chica aprovechaba cada oportunidad que tenía para tomarle el pelo, aunque admitía que era interesante charlar con alguien tan sarcástica como él. — Sí, quiero formar una banda, siempre lo he querido, de seguro a Chris le encantará la idea — masculló con sinceridad, pero en evidencia el comentario respecto a su hermano tenía más profundidad y una dosis interpretativa de por medio.

El joven minorizó la marcha del medio de trasporte, la Harley Davidson lentamente se detuvo, puso su pie derecho en el asfalto para equilibrar la moto y permitir que Claire descendiera de ella, ésta volvió a cuestionarse ¿Desde cuándo era tan caballeroso?, bajó y rápidamente se quitó el casco de la cabeza, sacudió su larga cabellera rojiza para dejar el artefacto protector en el asiento trasero.

Leon apagó el motor imitando la acción de su nueva amiga, ambos sonrieron al ver el fastuoso hogar de los Redfield delante de sí, habían llegado a la meta. Para sorpresa de él, la de orbes aguamarina no tenía intenciones de entrar a su casa, se posicionó delante suyo mirándolo inquisidoramente.

—No pensé que le pidieras permiso a tu hermano para todo, eres decidida, ¡Vamos! si quieres cantar o tocar guitarra deberías hacerlo y ya —dijo Leon retomando el rumbo de su platica, la hermana de Chris sonrió como si hubiese oído un chiste cruel.

—Así que ahora crees conocerme…

—En eso estoy.

El silencio se apoderó de los dos una vez más, esas charlas nunca eran cómodas, el de ojos azulados lo sabía, pero al parecer Claire tenía intenciones de desahogarse. La joven mujer se abrazó a si misma en un intento de establecer su temperatura corporal. Leon sintió el impulso de rodearla en un abrazo, pero se resistió de hacerlo, no era prudente, nada bueno obtendría haciéndolo, con toda su fuerza de voluntad permaneció estoico delante de ella.

—Lo único que la gente sabe de mi es que soy agresiva, me miran con miedo… nadie se toma la molestia de intentar conocerme —levantó sus iris posándolas en el cielo estrellado. — Se quedan con la opinión colectiva y te juzgan sin saber quién eres realmente — él asintió con comprensión.

—Te entiendo, mi reputación no es muy diferente. —Se observaron sin articular ningún sonido, y por la forma en que Claire lo contemplaba, sabía que su opinión respecto a él estaba variando en serio, lo estaba viendo como una persona normal, no como el delincuente inculto que todos creían que era, no lo veía con miedo, desprecio o rabia como en otras ocasiones, lo veía con respeto y confianza, como alguien digno de tratar. Carraspeó incómodo y optó por cambiar un poco el tema. — ¿Tu hermano es… es tan estricto como todo el mundo dice? — inquirió nervioso.

—No, él sólo quiere que yo sea diferente —se echó el largo cabello hacia atrás — alguien que no soy… quiere controlar mi vida. — Prosiguió con hastío. — Y no sé si lo hace por miedo a perderme o porque sencillamente no tolera mi personalidad.

—¿Quiere que seas como…?

—Sherry —se le adelantó fingiendo una sonrisa.

—Ah… la rubiecita, ya veo…—Claire se mordió el labio reprimiendo sus ganas de continuar sincerándose. — No quiero ser ofensivo, y pese a que todos quieren ligarse a tu prima, yo creo que carece de interés, está hueca… es una chica realmente banal — ella liberó una pequeña carcajada ante la argumentación de Leon.

Estaba completamente de acuerdo con él, nunca creyó que en ese chico que solía ignorar todas las reprendas de sus maestros encontraría tanto apoyo e interés. ¿Por qué no lo había visto antes?, Kennedy era precisamente todo lo que necesitaba en su solitaria vida. Eran totalmente opuestos y al mismo tiempo iguales, el complemento perfecto.

—¿Sabes? No eres tan horrible como creí —una risa débil fue la respuesta del joven.

La pelirroja dio un paso reduciendo la distancia entre ambos, peligrosamente comenzaron acercarse al rostro del otro, se miraron ardiendo por unirse de una maldita vez, la vista de Leon se detuvo en los labios femeninos, "demonios", pensó angustiado, quería tomarle el rostro y apoderarse de su boca, pero no estaba bien, no era correcto, prometió no hacerle daño ni aprovecharse y … Claire cerró sus ojos dispuesta a terminar por completo con la tensión, sin embargo no recibió la unión de los labios masculinos, abrió sus orbes para encontrarse con el rostro de Leon viendo en dirección contraria, demostrando en evidencia su rechazo al inminente ósculo.

—Creo que… mejor en otra ocasión —argumentó siendo incapaz de mirarla a la cara, se sentía miserable y muy estúpido.

La Redfield lo observó abrumada sin ocultar lo mucho que le dolía su reacción, la furia se dibujó en sus facciones, nadie jugaba con ella de esa manera, le dedicó una última mirada intimidante antes de alejarse sumamente enrabiada.

No estaba segura de qué había pasado o cuál fue el error, sólo sabía que jamás caería en los juegos de un imbécil inmaduro, no otra vez…


Presionó el volante con vehemencia, mientras se maldecía internamente por ser tan débil ante la mujer que iba sentada a su lado, la chica no decía absolutamente nada, no le explicaba el porqué de su actuar y él ilusamente accedía a llevarla hasta su casa como un reverendo idiota… el más grande del mundo sin exagerar.

Detuvo el vehiculo en la entrada del hogar de los Redfield, quitó las llaves y puso el freno esperando que Sherry iniciara el diálogo pendiente, pero no ocurría, la rubia desabrochaba el cinturón de seguridad aún sin abrir su boca. Suspiró con cansancio girándose un poco para encararla, esta vez no la dejaría ir tan fácil, antes lo iba escuchar.

—Nunca te interesé yo ¿verdad? —siseó apretando con rabia el pequeño llavero entre sus palmas.

La ocupante del asiento del copiloto se removió en su posición, no tenía idea de qué responderle, ya no podía arruinar más la situación así que se limitó a sonreír con desasosiego simulando estar serena al cuestionamiento.

—Claro que si —contestó sin atreverse a mirarlo fijamente.

—No es cierto —replicó negando con la cabeza.

La jovencita se sintió como una basura consigo misma, por primera vez en todo el trascurso del trayecto lo miró, la expresión de desilusión en el semblante del pelirrojo atravesó su corazón dolorosamente.

—Yo… en realidad yo…

—¡Sherry, sólo tenias que decirlo! —La interrumpió harto de escucharla mentir, la prima de Claire se calló sin protestar. — ¿Siempre eres tan egoísta? — le recriminó, la de apellido Birkin bajó la mirada avergonzada, en cierto modo se esperaba esas palabras, pero vaya que le estaban doliendo, por el simple motivo de ser ciertas, asintió con la cabeza sintiéndose el ser más patético del universo, era una egoísta y debía aceptarlo. Creyó que el chico detendría su discurso, pero éste prosiguió. — El que seas linda no te da derecho de tratar mal a los demás… me gustabas, sabes, en serio… — Sherry lo miró sorprendida, ahora era Jake quien no se atrevía a verla a los ojos. — Te defendí cuando te llamaron engreída y banal, te ayudé cuando me pediste que lo hiciera y…aprendí francés sólo por ti, para hablar una miserable hora diaria contigo ¿Y dime para qué?, no obtuve nada, solo humillaciones, jugaste conmi…

No supo la razón, ni el impulso, simplemente lo hizo, la de orbes azules tomó la mejilla de Jake con su mano, no le dejó tiempo de reaccionar, el hijo del empresario detuvo su sermón ante el contacto, la fémina acortó la mínima distancia que los separaba propinándole un beso en los labios, la unión de sus bocas partió siendo tímida, pero a los pocos segundos se adaptaron al otro, Jake la tomó por la nuca profundizando la acción, la joven ladeó la cabeza dándole acceso a una mejor exploración, sus lenguas no demoraron en encontrarse y acariciarse placenteramente.

Se separaron respirando agitados y sin despegarse la mirada de encima, Sherry llevó su mano hasta la manija de la puerta y salió rápidamente del automóvil, él la siguió con sus pupilas… aún no reaccionaba, la joven se volteó otorgándole una mirada fugaz, regresó su vista al frente y esbozó una sonrisa de picardía. Debía admitirlo, era el mejor beso de su vida.

Jake Wesker tragó saliva, era sin duda la mejor manera en que alguien lo había hecho callar, sonrió triunfante.

—Esto está recién empezando —murmuró poniendo en marcha el vehículo.


Sherry estaba en el comedor desayunando un poco de cereal antes de irse a la escuela. La fiesta del viernes había sido un completo asco para ella; Ashley terminó mostrándose como lo que realmente era: una maldita traidora. No obstante, lo que había ocurrido con Jake dentro del auto, le hacía pensar que después de todo, había valido la pena asistir a la residencia de los gemelos Ashford.

Aún no podía creer que se atrevió a besar al hijo del empresario Wesker, pero sin duda no se arrepentía de ello. Dejó sus cavilaciones de lado cuando Claire apareció en el comedor, parecía llevar prisa en lo que sea que estuviera haciendo.

La pelirroja se encaminó directo al refrigerador y lo abrió esperando encontrar aunque sea un poco de jugo. No tenía ninguna intención de sentarse a desayunar junto a su prima como si de una familia feliz se tratara. Lo único que le hacía falta para mantenerse en pie en ese momento, era beber algo. Por suerte aún quedaba zumo de naranja dentro de una botella, y sin importarle que Sherry estuviera mirándola atentamente, dirigió la boquilla de la botella hasta su boca y se tomó de un sólo trago todo el contenido. La rubia hizo un mohín de desagrado al ver la escena.

—Vaya, si que mi primita dio todo un espectáculo el viernes —murmuró sarcásticamente, llevándose una cucharada más de cereal a la boca.

No había mencionado nada durante el fin de semana, eso sería meter en problemas a la pelirroja con Chris; porque aunque Claire aún no era de su completo agrado, había decidido ir a la fiesta y gracias a ello, ella también había podido acudir. Le debía ese favor.

—Sólo cierra la boca —contestó con fastidio. Observó el envase ahora vacío y lo llevó directo hasta el cesto de la basura.

—¿Desde cuándo te gusta bailar sobre las mesas con canciones de Britney Spears? —ironizó tratando de sonar curiosa. Ver a su prima bailando con ese tipo de música, le había dado la herramienta perfecta para usarla contra la pelirroja. — Tendrás que enseñarme algunos pasos, primita —continuó con su diversión.

Claire la fulminó con la mirada, sin embargo, no dijo nada en absoluto; ni siquiera tenía ganas de discutir. Simplemente salió de la casa, no sin antes azotar la puerta con dureza. Sherry ante el potente sonido, dio un pequeño brinco sorprendida.

Estaba molesta con absolutamente todo. Primero fue el estúpido de Steve irritándola la noche del viernes, luego estaba el idiota de Leon del cual prefería no acordarse; Sherry también le había molestado, pero extrañamente no estaba tan molesta con ella. Su prima había mantenido la boca cerrada durante el fin de semana; por un momento había creído que ella le contaría todo a Chris, pero para su completa sorpresa, ella no le había fastidiado con eso hasta esa mañana. No tenía intenciones de saber por qué la muñequita no había dicho nada al respecto, pero lo agradecía en silencio. Que Chris no se enterara de lo sucedido, le evitó un extenso sermón y gritos que no iban a llevarlos a nada.


Estaba recargada sobre su casillero, sosteniendo algunos libros sobre su pecho; sus cavilaciones estaban tomando el control total en ella, se encontraba ajena al resto del mundo. No podía seguir con eso. Sacudió la cabeza de un lado al otro. El sólo recordar lo que había sucedido el viernes con el hermano mayor de su única amiga, le volteaba el mundo de cabeza. Ya no sabía cómo sentirse al respecto; estaba enojada, pero al mismo tiempo se sentía estúpida.

Haber salido prácticamente huyendo de la presencia de Chris, no hacía más que hacerla sentir como una tonta, aunque también estaba consciente de que eso había sido lo más sensato en ese momento; era todo un conjunto de emociones que no hacían más que confundirla. Suspiró pesadamente, aún estaba el asunto de Claire, ella era su amiga, y no sabía si era correcto poner los ojos sobre su hermano.

Se había salido de clases con la excusa de que no se sentía bien, y no estaba mintiendo en mucho. Pensar en Chris Redfield le estaba trayendo serios problemas a su psique. Tenía que arreglar eso cuanto antes; las cosas no podían continuar así. Era importante que hablara con él, debía dejarle en claro que lo ocurrido el viernes no podía volver a repetirse; los dos tendrían que olvidar aquel evento.

"sólo tienes que ir hasta su casa y solucionar todo de una vez por todas" se alentaba así misma interiormente.

La batalla mental que llevaba a cabo en esos momentos, sólo iba a provocar que perdiera la razón. En momentos parecía dispuesta a dirigirse hasta el hogar de los Redfield para poner fin a todo, pero luego recordaba a aquel atractivo hombre con sus labios sobre los suyos, y rechazaba de inmediato aquella idea.

"¡Ya basta, deja de ser una maldita cobarde, tú no eres así!"se regañó.

No quiso batallar más con ello, ahora que parecía estar dispuesta, tenía que actuar rápido y eficaz. Se giró sobre su propio eje, abrió su casillero e introdujo los libros que llevaba en sus manos. Una vez que había cerrado aquel pequeño cubículo que fungía como su espacio personal en el instituto, se fue directo al estacionamiento.

Arrancó su auto y el destino ya sólo era uno. Su malestar emocional se acabaría ese mismo día, o moriría en el intento.


La clase con el profesor Krauser estaba por comenzar. Al adentrarse al aula de clase, se dio cuenta que la mayoría de sus compañeros tenían sus ojos sobre ella; era bastante lógico luego de lo ocurrido el viernes.

—Claire, linda…has danzado como nadie —comentó coqueto uno de sus compañeros de clase.

Claire le miró sin emoción alguna. Los comentarios de todos esos mediocres le tenían sin cuidado, de hecho lucía bastante tranquila en ese momento. No dejaría que Leon imaginara que ella se estaba muriendo por el rechazo que había recibido de su parte; lo mejor era actuar como si nada hubiera pasado.

—Claire, estuviste realmente maravillosa —habló Steve cerca de ella, imitando algunos pasos de baile para molestarla.

Claire solamente se dejó caer en su asiento y siguió ignorando las miradas y los comentarios que se formaron a partir de su bochornoso baile. Viviría arrepentida el resto de su vida, y no precisamente por bailar, sino por el tipo de música que utilizó para hacerlo.

—No es que me importe, pero ¿cómo pasaron su fin de semana? —comenzó Krauser con su clase.

—No sé…mejor que nos lo diga Claire.

Una vez más, el petulante Steve Burnside hacía uso máximo de sus comentarios idiotas para intentar hacer reír al resto de sus compañeros.

—Si no vas a decir que te han puesto una golpiza, no me interesa saberlo. —La seriedad en las palabras del enorme Jack Krauser, lograron que el chico pelirrojo cerrara la boca. El profesor más temido del bachillerato era toda una eminencia en dejar callados a sus alumnos; sobre todos si se trataba de adolescentes como Steve. — Muy bien, ahora abran su libro en la página setenta, soneto ciento cuarenta y uno. — Indicó, al tiempo que él mismo abría su libro. — Escuchen con atención.

El profesor de apellido Krauser, aclaró un poco su garganta antes de comenzar a recitar a su manera, aquel soneto.

No quisiera mirarte nada más,

para ellos esto es un gran error,

pero por dentro yo quisiera saber

cuánto amor en ti puede caber.

Claire miró sorprendida al enorme profesor. Jamás habría imaginado que un tipo que con sólo la apariencia causaba temor, fuera tan sensible a la hora de recitar un soneto creado por el mismo. Realmente parecía un poeta experimentado, todo lo había declamado de tal manera que terminó sorprendiendo a toda la clase.

—Ahora… Shakespeare era un gran personaje, como ya lo hemos visto. Es por eso que quiero que escriban su versión de este soneto. — Habló, paseándose por una de las filas del salón. La mayoría de los alumnos al escuchar su próxima tarea, comenzaron a refutar. Por su parte, Claire levantó la mano animada a participar. El profesor aun estando de espaldas al salón, ya sabía que cierta pelirroja intentaba dar su opinión, así que no hubo necesidad alguna de girarse para saberlo. — Sí, puedes decirnos tu opinión como siempre, Claire — dijo cansado.

—¿Usaremos el modo pentámetro? —preguntó emocionada.

—¿No vas a pelear por esto? —cuestionó incrédulo; se giró sorprendido para dirigirse directamente a la chica de orbes color aguamarina.

La pelirroja únicamente se encogió de hombros, esa le parecía la mejor tarea que le habían dejado hasta ahora, no entendía la actitud de su profesor.

—No, es una tarea muy buena —confesó entusiasta.

Sin embargo, no esperaba que el temido profesor se sintiera como el objeto de su burla. Ella no mentía, realmente quería hacer esa tarea, pero el profesor Krauser se rió por el "nuevo" comportamiento de ella.

—¿Te burlas de mí, eh? —sonrió irónico. Ni esa jovencita ni nadie le verían la cara de idiota; jamás iba a permitir que una niñata sarcástica se burlara de él.

—No, en serio esto me gusta.

—¡Largo de mi clase! —exigió sumamente molesto.

—¡¿Qué?! —preguntó sin entender nada.

—¡Largo! —repitió con más fuerza.

Claire tomó sus cosas un tanto desconcertada por lo sucedido, guardó todo en su bolso bajo la mirada de toda la clase; ninguno se atrevía a hacer comentarios al respecto, eso sólo lograría ganarse un castigo similar al de la menor de los Redfield. La chica, bastante confundida, salió de ahí rápidamente.

—Gracias, profesor —por supuesto, un comentario fuera de lugar por parte de Steve no podía faltar.

—¡Cállate!


Chris estaba cansado, las cosas en la empresa siempre terminaban siendo agotadoras. Y aunque aún no terminaba su jornada laboral, agradecía ese valioso tiempo de descanso, que por fortuna le daban cuando su hermana y prima estaban lejos en el bachillerato. La hora de comida, era tiempo que él utilizaba para ir a su casa y reposar un poco sobre el sofá.

Era una rutina bastante satisfactoria, la única que disfrutaba en su extenuante vida. Sólo llegaba, se sacaba los zapatos y se arrojaba en el sillón sin importarle absolutamente nada. Podía estar bastante tranquilo durante una hora y media, y sin los gritos de Claire y Sherry, era como estar en el paraíso por ese lapso de tiempo.

La castaña de orbes color azul, ya estaba, una vez más, frente al domicilio de los hermanos Redfield. Durante el camino había dudado seriamente sobre si regresar a la escuela era lo mejor, pues Chris probablemente estaría trabajando; sin embargo, por alguna extraña razón siguió conduciendo hasta llegar a su objetivo. Y ahora que estaba frente a la bonita casa, podía observar con claridad el auto del hermano de Claire. No tenía otra opción, la oportunidad era perfecta para aclarar las cosas con él. Lo que seguía, era armarse de valor y caminar hasta la puerta sin que sus piernas temblaran en el proceso.


Svetlana Belikova iba manejando con un rumbo fijo. Su destino era algo que había estado esperando por mucho tiempo, porque aunque su meta principal aún estaba puesta en el hermano mayor de Claire, todavía tenía otros hombres en su lista. Últimamente pensaba mucho en el multimillonario y accionista mayoritario de la empresa Umbrella Inc., Albert Wesker.

El padre de Jake, no sólo resultaba ser un hombre atractivo a primera vista, sino que el tipo, además de todo, tenía múltiples cuentas bancarias que podrían resolver su vida en un chasquido. La idea sonaba bastante tentadora; pero el dinero ahora mismo, quedaba en segundo plano, el motivo principal era saber qué tipo de cosas de índole sexual, se podrían realizar con un hombre como él.

Ante aquel pensamiento, la de origen ruso se mordió el labio inferior tratando de controlar su libido, que poco a poco iba desatándose. Pronto estaría frente a la residencia de los Wesker, y la excusa perfecta había sido los fondos con los que contaba el bachillerato. No consiguió que el empresario acudiera hasta el plantel escolar, no obstante, lo que obtuvo luego de haber hablado vía telefónica con el rubio más adinerado de Raccoon City, era mucho mejor. Estaba invitada a acudir hasta su domicilio, para tratar aquellos asuntos de forma discreta y profesional.

Había hecho menos tiempo en llegar que lo que había estimado durante el viaje. Ya estaba frente a la bonita, elegante y enorme residencia de Albert Wesker; vaya que el hijo del empresario sabía disimular muy bien su estatus económico, el chico realmente no aparentaba tener toda esa fortuna. Bajó del auto con mucho cuidado, pues llevaba tacones que, con un falso movimiento, podrían terminar lastimando su tobillo.

Como ya era costumbre en ella, su vestimenta era una elegante pero sugerente falda color beige, que llegaba un poco más arriba de la rodilla; una blusa blanca ceñida a su cuerpo y los tacones color crema, complementaban el atuendo. Todo estaba listo, se había preparado arduamente para estar presentable frente al multimillonario.

Se acercó hasta la estrada y sólo bastó con dar su nombre y decir que tenía cita con el señor Wesker, para que los empleados la dejaran acceder al interior. El rubio de gran fortuna, fue avisado de inmediato de la presencia de la mujer; éste no tardó en estar presente frente a ella. Sea lo que sea que esa mujer pretendía tratar, quería que lo hiciera de forma rápida.

—Señor Wesker, estoy encantada de conocerlo —comenzó con su saludo de esa manera; la respuesta que recibió a ello, fue un sutil movimiento de cabeza. — Soy Svetlana Belikova, la consejera estudiantil del bachillerato de Raccoon city— extendió su mano hacía él. Wesker únicamente se limitó a corresponder el gesto.

—¿Le parece si nos damos prisa con esto? —sugirió secamente, la rubia asintió con la cabeza sin darse cuenta, aquella actitud por parte del empresario le tomó por sorpresa. Wesker no estaba para perder el tiempo con pláticas absurdas, tenía mucho trabajo que hacer en la empresa y esperaba que esa mujer se diera prisa. — Acompáñeme, por favor — indicó con la mano el camino por el cual debían dirigirse. La aspirante a escritora comenzó a caminar por el lugar señalado.


Chris mantenía sus pupilas perdidas, viajando y recorriendo sin un propósito claro el techo de la sala de estar de su hogar, el sonido del televisor era innecesario; ni atención le dedicaba, estaba tendido en el sofá sin ánimos de mover ninguna extremidad de su cuerpo, no había sabido nada de Jill desde el día en que estúpidamente osó besarla, tampoco iba a preguntarle a su hermana menor si sabía algo de la joven, evidentemente no lo haría, sería demasiado extraño para Claire el hecho de saber que conocía personalmente a su mejor amiga y encima de todo le estaba interesando más allá que por ser una simple conocida de la familia.

Arrugó la nariz exhausto y abrumado, ¿por qué tuvo que besarla?, ¿por qué con ella no podía contenerse?, ¿por qué el mundo exterior desaparecía cuando lo miraba o se sonreía? Y… ¿por qué no conseguía apartarla de su mente aunque fuese un segundo?, el amor a primera vista no existía, simplemente no lo hacía, eso era fantasioso, algo de películas e infantil y por supuesto que una soberana mentira.

Debía concentrarse en su empleo, en conseguir un aumento y en evidencia un ascenso, en el futuro de Claire y Sherry, no en estupideces como su vida amorosa. Se sentó en el sillón pasando ambas manos sobre su rostro, el simple hecho de recordar que dentro de un par de horas debía regresar a la empresa lo estresaba de sobremanera. La alerta de mensaje en su teléfono móvil consiguió sacarlo de sus divagaciones, tomó con pereza el artefacto comunicativo y leyó el mensaje cuyo remitente era su compañera Jessica Sherawat.

"Wesker está furioso, quiere las facturas cuanto antes… no me obligues a ir a buscar tu trasero"

Lanzó un bufido y en breve tecleó su respuesta.

"Tranquila, ya las llevo ¿podría al menos tener cinco minutos de descanso?"

Dejó caer sin cuidado el celular sobre la mesita de centro, a veces creía que el mundo conspiraba en su contra, siempre vivía rodeado de problemas, cuando no era Wesker, era Jessica, cuando no era su trabajo era su casa, Sherry y Claire no paraban de discutir por más de dos horas y ahora podía incluir en ese paquete de estrés a Jill…

Jill…

De nuevo ella y su persistente recuerdo, ella y su adictiva sonrisa, ella y el rostro más perfecto que había visto en una chica, ella y su atractiva personalidad, la luz propia con la que solía brillar y su facultad para quererla sin conocerla en su totalidad.

—Mierda —espetó preocupado, sacarla de su cabeza sería más difícil de lo que creyó.

El timbre sonó haciendo que por inercia posara sus ojos en la puerta, lo más probable sería que su insistente compañera de labores hubiese acudido hasta su casa con claras intenciones de exigirle las condenadas facturas. Totalmente fastidiado se encaminó a la entrada sin preocuparse de que estaba descalzo, sin camisa y de seguro que con un semblante nada amigable. Abrió la puerta con brusquedad dispuesto a mandar al diablo a quien fuera que pensara en molestar e interrumpir su sagrado descanso, pero al ver a su visitante desechó de inmediato aquella decisión.

Ahí estaba Jill Valentine, apoyada sobre la pared de manera menesterosa, jugueteando nerviosamente con sus dedos y mirándolo sumamente angustiada. Lucía tan demacrada como él y quizás por la misma razón, de todas las personas que esperaba recibir en su casa ese día, sin objetar Jill era la última en la lista, sinceramente creyó que jamás la volvería a ver. ¿No se suponía que a esa hora la joven estaba en la escuela al igual que Claire?, en verdad no entendía qué demonios estaba pasando.

La muchacha se adentró apresuradamente sin decir una miserable palabra, lo cual conseguía que la incertidumbre de Chris sólo fuera en aumento, sin más opciones cerró la puerta y se aventuró en seguirle los pasos, la castaña yacía de pie viéndolo con fijeza e intensidad, su mirada era apasionada, pero su cuerpo mostraba lo contrario, estaba tensa y temblando con desesperación.

El Redfield no sabía qué movimiento hacer a continuación, parecía temerosa y no quería acercarse y asustarla, tal vez alguien le habría hecho daño y sinceramente la idea también le aterraba. La mochila de la joven permanecía colgada en su hombro derecho, eso demostraba que no tenía intenciones de quedarse a charlar de manera extensa.

La de los orbes azulados quería gritarle que lo odiaba por provocarle todo ese mar de emociones, que lo detestaba por ser el hermano de su mejor amiga, pero el simple hecho de tenerlo al frente en esas fachas y con ese atractivo que sólo él podía hacer propio…simplemente no podía, la inhibía por completo. Su mente hizo cortocircuito, olvidó todo, la escuela, a Claire, a su maldita inseguridad y sin saber qué especie de fuerza la había dominado se abalanzó al hombre que tenía en frente rodeándole ambos brazos por el cuello y uniendo sus labios una vez más a los de él.


Llegaron hasta el despacho del dueño de la residencia. Era imposible no quedarse embelesado con cada rincón de ese lugar, todo estaba perfectamente ordenado en esa casa, y sobraba decir que la estructura era bellísima. Los libros que se acumulaban en esa sala, le daba un aire más serio a la residencia. Con eso, podía percibir un poco de la personalidad del hombre de traje negro y sofisticado.

El padre de Jake se fue directo hasta su silla ubicada detrás de su escritorio. En cuanto se sentó, aclaró su garganta para atraer la atención de la mujer que estaba parada justo a la mitad de la habitación. Ella giró el rostro, sólo para darse cuenta que aquel apuesto hombre, le indicaba con la mano que tomara asiento en la silla colocada al otro lado de la mesa. La mujer acató sin titubear a la muda petición del rubio.

—¿Y bien? —averiguó, en cuanto la consejera estudiantil tomó asiento frente a él.

—Soy la enviada especial para tratar asuntos referentes al bachillerato de Raccoon City. Como sabrá, el instituto y sus modificaciones dependen de fondos externos, fondos que puedan ser sustentados por empresas como la suya.

Fue directamente al grano; ya que, cómo había actuado el hombre hasta ahora, sabía que era del tipo de "pocas palabras", no quería irritarlo dándole vueltas a todo. Lo que ella quería, era resultarle agradable al empresario.

El hombre de cabellera rubia atendió todo con atención; extrañamente, estaba dispuesto a solventar aquellos gastos, y la única razón de que no meditara más allá en aquella proposición, era que Jake era alumno matriculado de esa escuela. Y su primogénito merecía tener sólo lo mejor.

—Comprendo —llevó su dedo índice hasta el puente de su nariz para acomodar sus ya conocidas gafas oscuras. — Mi empresa se hará cargo —dijo solemne. — ¿Necesita documentos que sugieran formalidad, o prefiere que le extienda un cheque ahora mismo? — Le urgía que todo eso terminara de una vez por todas. Así que, bajo la atenta mirada de la de origen ruso, abrió un pequeño cajón de su escritorio y sacó una porta chequera negra.

Belikova meditó la propuesta. Elegir el cheque, sería lo esencial si necesitaba rapidez, pero por otro lado, si optaba por los documentos, tendría la oportunidad de verlo en otra ocasión. No hizo falta que la rusa de cabellera rubia, divagara mucho en ello; ya tenía la respuesta que terminaría beneficiándola más adelante.

—Pienso que sería conveniente los documentos —dijo, segura de sí misma. — Como usted lo dijo, sólo para hacerlo de manera formal.

El hombre asintió a aquello, hubiera preferido que sólo tomara el trozo de papel con una buena cifra y se largara, pero él había tenido la culpa por ofrecer otra opción. Sin nada que pudiera remediar el hecho, se levantó de su lugar, con la única intención de culminar con la improvisada reunión.

—Muy bien, entonces arreglaremos eso después —dio un par de pasos para quedar a un lado de su escritorio. — Mi asistente le llamará para establecer el día y la hora en que se llevará acabo el papeleo. ¿Algo más?

—Creo que eso es todo —habló, tomando su bolso y poniéndose de pie delicadamente.

Tener al apuesto empresario recargado sobre su escritorio, esperando a que ella saliera de ahí, le había resultado una postura bastante atractiva. No estaba segura de estar siendo discreta, pero sus orbes ya hacían un satisfactorio recorrido por el cuerpo de él. Siendo sincera con ella misma, poco le importaba que el rubio hubiera notado su nada prudente mirada.

Y efectivamente, el padre de Jake Wesker, ya se había dado cuenta de aquel camino que habían seguido los ojos de la fémina. Un tanto desconcertado por ello, enarcó la ceja intentando encontrar una explicación razonable a su estúpida inspección. Pero antes de que pudiera hallar la respuesta, la aventurada mujer se abalanzó sobre él, empujándolo de lleno a su escritorio.

Atónito por el atrevido gesto, se quedó inerte en su actual postura. La mujer estaba intentando acercar sus labios hasta los suyos, afortunadamente, los reflejos del de apellido Wesker, habían aparecido en el momento preciso y la sostuvo por los brazos intentando alejarla de él.

—¡Oh, vamos! No sea tímido, Wesker —insistió, con un ápice de sensualidad en su voz.

—Le sugiero que se aleje ahora mismo —exigió con dureza.

Aquella actitud de adolescente idiota por parte de la consejera, estaba por colmarlo; no sería correcto empujar a la mujer con fuerza, porque aunque fuera considerado un hijo de puta por la mayoría de sus empleados, el pegarle a una mujer aún no entraba en sus planes. Por otro lado, si ella seguía con esa actitud, tendría que considerar nuevamente la idea de hacer uso de su fuerza.

—Estoy segura de que quiere esto. —Su cuerpo seguía empujando el del rubio contra el escritorio; con una mano intentaba tomarlo por detrás del cuello, y la otra se había ido directamente hasta su blusa para comenzar a desabotonarla.

—¡¿Pero qué demonios significa esto?! —el sonoro ruido de la puerta abriéndose, junto con la estridente voz de Excella Gionne exigiendo respuesta, hicieron eco en el estudio del dueño de la residencia. El accionista mayoritario de Umbrella Inc, no había reparado en la presencia de su actual esposa, lo único de lo que fue consciente, fue del fuerte empujón que le dio a la osada mujer y que logró que se fuera directo al suelo. — Albert, ¿me puedes explicar qué sucede aquí? — demandó nuevamente. El aludido, al fin dirigió su atención a la mujer que no se cansaba de gritar tanto como sus pulmones lo permitían.

La rubia se tapó rápidamente al darse cuenta de la furia de la recién llegada. Wesker, no tenía ninguna intención de dar explicaciones al comportamiento de animal en celo por parte de la de apellido Belikova. Él simplemente se giró para tomar la porta chequera que seguía sobre el escritorio, tomó un lapicero de tinta negra y comenzó a escribir algunas cifras sobre el pequeño trozo de papel. La heredera de los Gionne, se quedó petrificada en su lugar, viendo como la tipa se ponía en pie.

—Ahora, manténgase alejada —extendió el cheque a la rubia.

A la aspirante a escritora, no le hizo falta preguntar nada, por ese simple gesto del rubio, supo que no quería tener que tratar nuevamente con ella. Sin replica, tomó el cheque en sus manos y salió prácticamente corriendo de ahí, ignorando por completo la presencia de la otra fémina.

—¿Y encima le pagas? —preguntó incrédula, acercándose al que tomaba el título de su marido.

—¡Cállate! —exclamó molesto.

Sin importarle que Excella estuviera muriendo de rabia, la esquivó totalmente sólo para salir de ahí, con la sangre acumulada en la cabeza. La de prominentes atributos, pataleó cual niña pequeña haciendo berrinche, no podía creer que su esposo tuviera ese tipo de diversión.


El beso era demandante, agresivo, incluso violento, percibió como su labio inferior se hinchaba ante la mordida que estaba recibiendo de parte de la chica, sus lenguas ahora se estaban entrelazando de manera alucinante e increíblemente agradable, no era necesario tomar aire, no había que pensar las razones…simplemente se debía continuar y disfrutar.

Chris la tomo por la cintura con afán de sostenerla, los besos impulsivos y frenéticos que compartían comenzaban a desestabilizar el equilibrio de ambos, sin separar el nexo de sus bocas se desplazaron en cualquier dirección, chocando con la mesa de centro en el proceso, botaron todo lo que ésta contenía, luego impactaron con la dura muralla de la sala en la zona cercana a la chimenea, estaban embelezados y no les importaba detenerse a mirar el caos que sus caricias y demostraciones físicas provocaban.

Se separaron brevemente para deshacerse de la mochila de la joven, aventándola despreocupadamente al suelo, Jill se mordió el labio al tiempo en que su pecho bajaba y subía de manera demasiado rápido a su gusto, pero qué más daba…podría morir en ese instante de un paro cardiaco y se sentiría la persona más feliz del planeta, no le interesaba que el resto creyera que era una ilusa, una niña tonta que caía fácilmente frente a un chico exitoso y atractivo, no importaba…lo amaba, y deseaba estar de manera intima junto a él. Las manos masculinas cayeron con plena libertad en sus caderas, la tomó con delicadeza para acercarla estratégicamente a su abdomen, dirigió su mano a la nuca de Jill, la cual quiso decir algo, pero sus labios la atraparon de nueva cuenta impidiéndole hablar.

Sentir la presión que ejercían aquellos senos sobre la piel de sus pectorales provocaba que cada vez sus deseos por tomarla y hacerle el amor allí mismo aumentaran, posó su mano en la mejilla tenuemente sonroja de la muchacha y por su mirada contrariada comprendió lo que sospechaba. Era inexperta, y como tal, entendía la irrefutable confusión que la de ojos azules debería estarse debatiendo de manera mental.

Acomodó el cabello castaño, lacio y desordenado detrás de la oreja izquierda de la joven, la contempló unos instantes, siendo sincero no le interesaba saber si Jill había estado o no con otros hombres, su único objetivo era que ella se sintiera bien y sin presiones de realizar algo de lo cual no estuviese cien por ciento segura.

Valentine captó el autocontrol del hermano de su amiga, con eso supo que se había percatado de su poca experiencia sexual, se sintió avergonzada, pero alejó esa actitud de forma veloz, no era una niñata y sabía muy bien lo que quería y hacía. Cerró sus parpados y lo besó brevemente, Chris le correspondió de la misma manera, juntaron sus frentes transmitiendo todo el calor de sus deseosos cuerpos.

—¿Estás segura? —le preguntó sin abrir sus ojos.

—Nunca antes lo había estado tanto…

La voz de Jill no dejaba espacio a represalias, inspiró un poco de aire procurando no desenfrenarse, volvió a mirarla a los ojos para asegurarse de la reciente veracidad de aquella afirmación que la jovencita había dado. La castaña sonreía con satisfacción y tranquilidad. No titubeó más y buscó con sus dedos la blusa que la cubría, levantó con lentitud la prenda con claro ademán de quitarla de en medio, la fémina alzó sus brazos ayudándole a terminar con dicha acción.

Mientras el Redfield dejaba caer entre sus manos la blusa de tela delgada, Jill tomó la iniciativa quitándose por sí misma el brasier de encaje, Chris tragó saliva admirándola desnuda desde la cintura hacia arriba, definitivamente nunca había estado con una mujer tan hermosa como ella, contenerse de actuar como animal en celo no iba ser tan fácil.

Redujo la poca distancia que los separaba, ya no existía nada, ese sería su despegue del mundo, su viaje a otra galaxia, sólo era Jill y él, nadie más, absolutamente nadie más…sus labios se rozaron y se acariciaron de diferentes maneras, el castaño notó como su cuerpo reaccionaba ante las caricias que esas manos inocentes le iban propinando, su sangre parecía acumularse excesivamente en su entrepierna, la estudiante no demoró en percatarse de la respuesta favorable que estaba generando en él, con decisión bajó su mano hasta detenerse en la ya evidente erección, la presionó sutilmente sintiendo en su cuello como la respiración del joven empresario se tornaba más pesada y agitada.

Chris masajeó uno de sus pechos provocándole una extraña corriente en la espalda, la mano masculina se almodaba sin problemas en el seno de la joven, aún mantenía el rostro enterrado cerca de la oreja de Jill, aprovechó su postura para mordisquear su lóbulo haciendo que la chica arqueara su espalda y masajeara con más ímpetu su hombría. Lo miró con cierta duda cuando él tomó su pequeña mano apartándola de su actual tarea, se cuestionó si realmente había hecho algo mal, pero se sorprendió cuando comenzó a conducirla hasta las escaleras.

Subieron todos los peldaños hasta adentrarse por un extenso pasillo, Chris se detuvo frente a una puerta al fondo de éste y giró sobre su eje para mirarla con una pequeña sonrisa perspicaz en el rostro.

—Creo que necesitamos un lugar más cómodo —explicó mientras habría la puerta de su habitación, la muchacha formó una risa de complicidad al tiempo en que se le acercaba de manera sensual, la recibió tomándola por las mejillas besándola con lujuria y anhelo, sus labios se fundieron en el otro, cada tacto en la piel ajena lo hacía del mismo modo, la empujó despacio para conducirla hasta detenerse a los pies de la cama, afirmó la espalda de Jill con su brazo dejándola recostada en el colchón, procurando no aplastarla en ningún momento.

Estuvieron varios minutos explorándose y terminando de desvestirse, los besos ya no eran simplemente eso, la pasión había aumentado considerablemente, ahora eran mordiscos y las caricias leves arañazos. Jill para ser primeriza no se lo estaba tomando como algo nuevo, cosa que la dejó pasmada incluso a ella, simplemente Christopher Redfield despertaba lo que parecía estar más escondido en su ser.

Acariciaba con lentitud el cabello oscuro de su amante, lo desordenaba e incrustaba sus uñas con fiereza cada vez que la lengua de él recorría lugares de su cuerpo que ni siquiera sabía que existían. Succionó uno de sus pezones y a la vez dirigió una de sus extremidades hasta ubicarla en los labios entreabiertos de la chica, Jill respondió a eso lamiendo uno de sus dedos dentro de su boca, de pronto liberó un gemido espontáneo, la mano de Chris se había apoderado sin piedad del sitio más sensible en la zona baja de su abdomen, se estremeció desde la cabeza hasta la punta de sus pies, un escalofrío la embriagó; ahora no podía detener ese sonido lastimero que brotaba desde el fondo de su garganta y a cada movimiento experto que ese hombre realizaba en su punto débil gritaba aún más fuerte, dos de los dedos masculinos se hundieron dentro de su húmeda cavidad, los introdujo y los sacó repetidas veces, se aferró a las colchas de la cama, creyendo que en cualquier momento se desvanecería de placer.

Los orbes del Redfield mayor se situaron en los de su chica, sonrió satisfecho al ver la intensidad y el brillo especial con los cuales ella lo miraba, Jill Valentine no tenía idea de lo perfecta que era. Le separó un poco las piernas y acomodó tranquilamente su rostro en medio de éstas, sin previo aviso tocó con su boca y lengua los gloriosos pliegues de la mojada entrada de su tesoro, lamió el néctar que brotaba de allí, sin piedad, sin contemplación… el cuerpo de la joven manifestó un pequeño temblor y a la par liberó el alarido más alto de la jornada pasional hasta el momento, el orgasmo la inundó dejando en su esencia una de las mejores sensaciones de toda su vida.

Se estabilizó lentamente sentándose en la cama bajo la atenta mirada de su amante, la chica sonrió de lado con un ápice de malicia, se desplazó para arrimarse a Chris con astucia.

—Aún no se ha terminado —siseó, se vieron atentamente durante unos segundos, estando desnudos, solos, entregándose al otro, no podría ser mejor, sencillamente no. Los labios de ambos yacían inflamados, el color de sus pieles estaba más vivo que nunca. Serían uno solo y nadie refutaría o impediría aquello.

La castaña se traslado hasta quedar próxima a su miembro, se lamió el labio experimentando el incontrolable apetito que tenía por probar mucho más de él, pero estaba segura que sólo Chris conseguía provocarle tales impulsos, realizó un camino de besos en el torso bien trabajado del hermano de su amiga, era asombroso lo mucho que se podía disfrutar del contacto con otro, ese hombre la enloquecía con creces y sin limites aparentes, lamió con la punta de su lengua cada uno de sus músculos hasta detenerse en su masculinidad. Sintió los brazos de Chris rodearla por los hombros, obligándola a levantarse de su postura.

—No es necesario —susurró sin soltarla, Jill frunció el ceño aturdida, más todos sus pensamientos se disiparon al percibir los besos que depositaba en la sensible piel de su cuello. — Hoy quiero que disfrutes tú, más adelante podemos experimentar más — la muchacha entendió a lo que se refería y lo besó en agradecimiento, la estaba tratando con cuidado, brindándole espacio y sobre todo siendo paciente, de seguro hombres como él estaban en peligro de extinción y no estaba dispuesta dejarlo ir.

No se percató en que instancia la había dejado debajo de sí, pero ansiaba más que nunca perderse en su interior e iniciar el vaivén placentero de unidad. La dureza de su virilidad chocaba tortuosamente contra las piernas blanquecinas de la hermosa jovencita que mantenía a su disposición lo iba a terminar por matar, ese momento no era para ninguno de los dos un vulgar encuentro sexual pasajero y furtivo, era el pase y el inicio de una relación que sabían no sería fácil, pero estaban dispuestos a correr todos los riesgos.

Acarició su rostro indicándole con su mirada lo que sucedería a continuación, ella sonrió con fragilidad, ansiaba la consumación del acto tanto como él. Se besaron con profundidad, dirigió con sumo cuidado su miembro hasta la intimidad de Jill, puso todo su ahínco en ser sutil incluso delicado, lo que menos quería era dañarla…rozó con lentitud la unión de sus genitales, pero el sentir la humedad y el exquisito calor de aquel agradable lugar le costó contenerse de no arremeterla de una sola vez, se introdujo poco a poco permitiendo que el cuerpo de la chica se adaptase al de él, para su sorpresa ella no gesticulaba en ningún momento alguna mueca de dolor, sino todo lo contrario, en vista de que la dilatación vaginal estaba a su favor decidió aventurarse a ir más allá, la embistió con más extensión, ambos gimieron en voz audiblemente alta, Jill mordió su hombro, pero el dolor que sentía rápidamente comenzó a transformarse en goce.

Se afirmó de la fornida espalda dispuesta recibir todo lo que quería entregarle, Chris salió y entró en ella con lentitud, el majestuoso filtro femenino demoro poco tiempo en acoplarse a su tamaño, lo que permitió que disfrutase por más tiempo la excitación y la dicha de alojarse en su interior. A medida que aumentaron el ritmo, la joven enredó sus largas y torneadas piernas en la cadera del Redfield, también clavó sus uñas en su espalda, quería sentirlo y memorizar el paso que estaba dejando en su camino.

Aquel movimiento activó aún más su vesania, el saber que la castaña lo disfrutaba tanto como él lo hacía, lo embriagaba de orgullo y conformidad, siempre iba estar presente en el paso de niña a mujer de Jill Valentine, y sinceramente no podía estar más feliz por ello. Aceleró su cometido, los corazones de ambos latían con potencia y el sudor bañaba cada rincón de sus anatomías, no supieron cuánto tiempo más continuaron uniéndose y juntándose como el rompecabezas perfecto, no obstante, la fuerte sacudida involuntaria que aquejó a Jill fue la cúspide para arrastrar consigo al tan aclamado clímax, se dejó ir dentro de ella viviendo en su propia atmosfera, sólo esa maravillosa joven de ojos azules y él, nada más a su alrededor. Se besaron en señal de sellar el efímero momento, pero en sus memorias definitivamente sería eterno.

Jill fue la primera en abrir sus ojos una vez el ósculo fue finalizado, pero no pudo evitar que éstos se abrieran desmesuradamente al advertir la presencia de una impactada, inerte y perturbada Claire observando toda la escena en silencio, abrió la boca con intenciones de darle alguna explicación, pero era inútil, no conseguía armar ninguna oración coherente. Chris frunció el ceño al notar que de repente el rostro de Jill se tornó tan blanco como el papel y veía con fijeza un punto de la habitación, se volteó mirando en la misma dirección que ella quedándose tan helado como las dos féminas ocupantes del cuarto lo estaban.


Holaaa (Vidian & Ary)

Chicos, tenemos una noticia que darles: desafortunadamente, tenemos que terminar con el fic…ahhhh ¿qué dijeron? Jajaja, No, nada de eso. La noticia es que…cha cha chan… después de terminar con 10 Cosas Que Odio De Ti, y de darle vueltas al asunto, hemos decidido que haremos otro fic con colección de one-shot's basado en el actual fic Nos dimos cuenta de que esta adaptación fue bien recibida, y queremos seguirles dando más de esa fantástica historia. Así que… ¿Quién está con nosotras?

Bueno, bueno. Luego de la noticia, no nos queda más que agradecer por todo el apoyo que hemos recibido de cada uno de ustedes.

SooL2900: Hola. Muchísimas gracias por ese hermoso review, sin duda nos has motivado a continuar con este maravilloso fic. Esperamos que este capítulo te haya gustado tanto como los anteriores. Amamos tu comentario, tanto como tú amas el fic.

Yuna-Tidus-Love: Hola, muchísimas gracias por mantenerte fiel al fic. Nos alegra y mucho contar con tu apoyo. Esperamos que este capítulo les haya gustado a todos ustedes. Nos leemos pronto.

anamariaeugenia: Holis, Jajajaja, nos alegra que te haya gustado el capítulo anterior. Muchas gracias por los ánimos, sobre todo por el apoyo que nos has brindado desde el comienzo de esta aventura.

NelielTu7: Jajajaja, sí, Claire se pasó un poco de copas. Bueno, agradecemos muchísimo todo el apoyo, y nos alegra demasiado que el fic te guste. Nos leemos pronto.

Stacy Adler: Mami Mire! Hola, te extrañamos mucho. Jajaja, pero no te preocupes por los "reviuses", nos basta con el sólo hecho de saber que te gusta nuestro fic. Muchísimas gracias. Oh, esperamos que este capítulo te haya gustado, sobre todo porque hay: "INTENSIDAD" xD

AguxRedfield: ¡Hola y Bienvenida! Muchas gracias por darle una oportunidad a este fic. Agradecemos infinitamente tu opinión. Nos alegra que te haya gustado. Nos leemos pronto.

felix ramos: ¡Hola! Muchas gracias por seguir pendiente con el fic, nos has apoyado desde el primer momento y lo agradecemos demasiado. Esperamos hayas disfrutado este Valenfield.

Maca Revil: ¡Hola! Muchas gracias por la oportunidad que le has dado a este fic. Sin duda agradecemos tu valiosa opinión. Esperamos seguir contando con tu apoyo.

Sarah Hudson: Holis. Aww, nos encanta que te guste tanto el fic. Muchísimas gracias por el apoyo, y por esos comentarios que siempre nos elevan el ánimo. Esperamos que este nuevo capítulo haya sido de tu agrado.

M. Bidden: Hola…Primero que nada, te agradecemos mucho por aquel mensaje alentador, lograste animarnos bastante. Ahora, agradecemos mucho por el apoyo que le has dado al fic desde el principio, y por todos esos reviews maravillosos.

zaeaurora: ¡MUCHAS GRACIAS POR TU BIEN FUNDAMENTADO REVIEW!

Gabyedro: ¡Hola! Nos alegra mucho que te hayas aventurado a leer y que te haya gustado; gracias por ese lindo review, nos motivas a continuar con esto. Esperamos seguir contando con tu apoyo en los próximos capítulos. Nos leemos pronto.