Holaa amigos! :) Aquí estoy de nuevo por fin! Esta semana ha sido matadora, no he dejado de estudiar ni un solo dia.. Pero he conseguido escribir un nuevo capitulo! Esta vez os informo de que es un cap. especial, pues ahora vamos a ver las cosas desde el punto de vista de Draco Malfoy. Quereis saber como piensa? Pues aquí lo teneis, el Draco de mi historia! Espero que os guste :D

CAPÍTULO 19

Jodida Granger… No sé por qué molesto en llamarla. Ni siquiera sé porque me intereso en su vida, si hasta ahora me era completamente indiferente. ¿Es posible que me haya encariñado con ella? Joder, estoy yendo demasiado lejos con esto de vivir como un muggle. Al final me voy a convertir en uno de ellos. Un escalofrío me recorre por la espalda solo de pensarlo. Por mucho que me hayan ayudado mi tía y su familia yo no soy uno de ellos. Y últimamente no veo rastro de mi antiguo yo, cosa que me preocupa. Sin poder, con el linaje por el suelo, sin magia. No puedo soportarlo más, necesito volver a ser el auténtico Draco Malfoy o me acabaré volviendo loco… como mi madre. Eso me recuerda a que tengo que ir a verla pronto. Hace prácticamente un año que la visité por última vez. Quizá fui un cobarde al huir de todo, pero no me arrepiento. Regresaré con mi magia o no regresaré.

Estoy yendo al lugar donde trabajo. Está muy cerca, tengo suerte de poder ir andando. Durante el trayecto sigo pensando en Granger, y eso me enfurece aún más. Me ha colgado la muy sangresucia. Sé que no he sido el más simpático del mundo, pero eso forma parte de mí. Si no lo acepta, ella se lo pierde. Desde luego no voy a ir detrás de ella como un estúpido perro faldero. Ni ella vale la pena ni es digno de alguien como yo.

El edificio es de un discreto azul marino, no muy alto. Contiene unas cuantas oficinas para la redacción del periódico y poco más. No es algo del otro mundo, pero ya no me quejo. No ha sido tan malo como pensaba en un principio. Al menos los muggles me han recibido bien. Es algo bueno que puedo decir en su favor. Aunque he observado que son demasiado confiados y se muestran muy vulnerables los unos con los otros. Se dejan llevar por los sentimientos con facilidad, y eso es algo que me inquieta. Porque últimamente quizá yo lo haya hecho.

-¡Hola Draco! Pero qué moreno te has puesto…-me saluda Sheila cuando atravieso la recepción. Es morena, ojos verdes y ¿para qué engañarnos? Está tremenda. Aún me acuerdo de aquella noche… No estuvo mal. Involuntariamente lo comparo con mi encuentro con la leona Granger y algo me sacude el estómago. Joder, debo controlar mis pensamientos.- ¿Qué tal las vacaciones? ¿Cómo es Miami?

-Sheila, no me agobies. Acabo de llegar. El viaje bien, gracias.-contesto con irritación.

-Tan simpático como siempre, ¿eh?-levanta una ceja aparentemente divertida- Deberías aprender a vivir la vida.

Pero paso de contestar. Sigo en dirección al ascensor y subo hasta mi planta. Me cansa que todos los muggles quieran hacer amigos en el trabajo. El trabajo es trabajo, su propio nombre lo indica. Pero no, ellos siempre tan abiertos, sinceros y divertidos. Por Merlín, no es posible no creer que los magos seamos superiores. Me dirijo al despacho de mi jefe Mike. Tengo que decirle que voy a dejar el trabajo, y tiene que ser con algo de antelación. Aunque ya se lo dejé bastante claro el primer día que vine.

Llamo a la puerta y paso a su despacho. Como siempre, contemplo con recelo las paredes repletas de pósters de jugadores de fútbol. ¿Qué clase de tío es el que adorna su lugar de trabajo con futbolistas musculosos y en pantalón corto? Mike levanta la vista y me hace señas para que me siente. No me había dado cuenta, pero está hablando por teléfono. Otra manía de los muggles, el teléfono móvil. Tienen un grave problema con este asunto. Se pasan el día mandando mensajes, hablando durante horas… No pueden estar ni cinco minutos sin toquitear las diminutas teclas del dichoso aparato electrónico. Espero durante casi diez minutos, en los que me dedico a asesinarle con la mirada. Finalmente, decide colgar el teléfono y para colmo, parece cabreado.

-¿Siempre tienes que mirarme así cuando hablo por el móvil? A veces me das miedo, Draco.-dice Mike con gesto de preocupación. Estúpido, no es porque hables, es porque me haces perder el tiempo.

-Quería decirte que en unos días me voy a Inglaterra.-expongo sin hacer caso de su comentario.

-¿Ya? Pero si acabas de llegar de Miami…-su frente se arruga en un gesto de extrañez.

-Lo sé, pero tengo asuntos que resolver allí. Y ya te dije que para mí esto era un trabajo temporal.-repongo con tranquilidad. He aprendido a controlarme durante tantos meses tratando con él. Hasta incluso he llegado a respetarle. Me ha enseñado muchas cosas acerca del deporte muggle. Ha compartido su pasión conmigo de tal forma que incluso ha llegado a gustarme a mí. Y eso tiene mucho mérito.

-Está bien…-parece contrariado y… ¿triste? Joder, ¿en serio le da pena que me vaya?- Quédate hasta cuando quieras, Draco. Has trabajado muy bien y no me agrada que te marches… Pero es tu decisión.

-Bien.-contesto simplemente. Y me levanto del asiento para salir lo más rápido que pueda de aquí. La situación se está poniendo incómoda, no me gusta este rollo sentimental, porque tal vez sea capaz de seguirle el juego.

-Espera, Draco. Sólo dime qué hay en Inglaterra tan importante. Es una mujer, ¿verdad?-sus ojos me observan tras las gafas de metal inquisitivamente.

Esbozo una media sonrisa. Ellos y sus sentimientos. Bueno… si eso es lo que quiere oír, dejaré que lo crea. Parece que le guste esa idea.

-Has acertado, Mike. G-gracias por todo.-añado casi en un susurro. Y solo atisbo a distinguir una mirada comprensiva y un gesto cariñoso con el que me invita a que salga del despacho. Uf, al final lo he soltado. La verdad es que siento en deuda con él por haber confiado en mí desde el principio, cuando sólo era un capullo que no quería hacer nada por mí mismo. Y aunque también sé que el marido de Vivian tuvo mucho que ver en la decisión de Mike, no puedo evitar sentirme agradecido hacia Mike. Pero de ahí a decírselo… No es propio de mí, joder.

No pienso volver por la oficina, a pesar de la propuesta de Mike de seguir trabajando hasta el último día. Y ni me molesto en despedirme de mis compañeros y compañeras de redacción. No quiero más sentimentalismos. Al final he conseguido tener buena relación con casi todos, pero quiero irme cuanto antes de este mundo tan diferente al mío.

Vuelvo a casa después de haber pasado por el gimnasio. Sí, mi tía Vivian me lo recomendó porque según ella, el ejercicio es bueno para la salud mental. Y ciertamente no fue mala idea apuntarme. He desarrollado mis músculos, soy más fuerte y las chicas me desean más. Algo inteligente por parte de los muggles, he decirlo.

Mi apartamento no está mal para ser un piso. Es grande, moderno y con todo lo que necesito, incluido un microondas y un robot de cocina. Eso ha sido lo más difícil para mí: cocinar sin magia. Aún tengo que ir de vez en cuando a casa de Vivian para comer, porque es un suplicio. Tantos cacharros diferentes, ingredientes, temperaturas precisas y mucha paciencia. Cada vez echo más de menos mi antigua vida llena de comodidades. Lo tenía todo. Una familia, una mansión, un siervo que hacía todo lo que le pedía, grandeza y el respeto de los demás. Pero he aprendido a conformarme con lo que tengo. A vivir con la esperanza de conseguir un futuro mejor. Todo eso y más es lo que me ha enseñado a mi tía. Algún día se lo devolveré, no me olvido de quien me ha ayudado cuando más lo necesitaba.

Me tumbo en el gran sofá blanco y me saco el teléfono móvil de los vaqueros. Es increíble lo molesto que resulta llevarlo ahí, se clava continuamente al cambiar de postura. Antes de dejarlo, observo que tengo un mensaje. Vaya, sólo se me ocurre que puede ser de Granger. Al fin y al cabo, no utilizo el móvil muy a menudo.

Malfoy, eres una estúpida serpiente insensible. No quería colgarte, pero me has provocado. Ya estoy lo suficientemente alterada por lo que me espera hoy con tu amiguita Pansy como para que tenga que aguantar tus comentarios irónicos y despreciativos. Admite que te lo has merecido. Pensaba que podríamos ser capaces de llevarnos bien, pero así te aseguro que no.

Hermione

Me quedo atónito con su mensaje de texto. Granger siempre me sorprende. Pensaba que era una mosquita muerta, pero me estoy dando cuenta de que es al contrario. No para quieta, es un torbellino de emociones y sensaciones. Cuando se enfurece es todavía más divertida, aunque a veces se pasa de irritable. Nunca en mi vida me había planteado lo entretenido que podría llegar a ser tener un cierto trato con ella. Siempre la había visto como la típica empollona aburrida. Aunque debo decir que desde aquella vez que me pegó en Hogwarts la vi con otros ojos. Quizá fue respeto. No lo sé. El caso es que fue en Miami cuando me resultó tan confuso encontrarme con ella. Después de tanto tiempo. Cuando la vi de lejos ni siquiera la había reconocido y ya me había propuesto que sería mía. Y lo más sorprendente fue que al saber que era ella mi deseo no se esfumó del todo. Puede que fuera porque estaba cambiada. Con el pelo más largo y domado, enseñando por fin su cuerpo gracias al clima de Miami… Y esa expresión dura retándome. Para ver si me atrevía a jugar así, con desventaja. Me enfureció y al mismo tiempo me excitó. Todavía me resulta tan extraño como en ese momento. Pero a veces las hormonas no entienden de razones. "Aunque tal vez no sea solo cuestión de hormonas", dice una inoportuna voz en mi mente. Pero decido ignorarla. No quiero pensar más en Granger por hoy.

Mierda, están llamando al timbre. ¿Quién será a estas malditas horas? Me estaba echando la siesta… Tambaleándome y con los ojos entrecerrados consigo llegar al telefonillo que comunica con el portal de la finca.

-¿Sí?

-Draco, soy yo, Melissa.-responden con tono urgente por el auricular. Oh, no… ella ahora no.

-Oye, estoy ahora mismo algo ocupado.-contesto de mala manera.

-Me da igual lo ocupado que estés. Voy a verte ahora.-dice con tono autoritario. Qué pesada es esta chica cuando quiere.

Le abro a regañadientes. Sé que ni no lo hago es capaz de fundirme el timbre. Voy al baño un momento y me peino un poco el pelo hacia atrás para dejármelo medianamente bien, pero es un desastre. Lo llevo largo… Además tengo los ojos algo hinchados de haber dormido y solo llevo un pantalón de pijama. Rápidamente me coloco una camiseta blanca y me dirijo a la puerta sin más miramientos.

Ahí está Melissa. Rubia, ojos azules, guapa… y un cuerpo estupendo. Pero muggle, por supuesto, terriblemente muggle, y al parecer demasiado encaprichada conmigo a pesar de mis advertencias. Al principio no me importaba hacer daño a gente como ella, pero ya no. No me gusta que lloren, que me supliquen. Es demasiado incómodo. Así que intento ser sincero desde el primer momento. Pero Melissa es tozuda y no atiende a razones.

-¿Cuándo pensabas avisarme de que habías vuelto de Miami?-me regaña al tiempo que toma asiento en el sofá.

-No tengo por qué darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer con mi vida, Melissa.-replico con dureza. No voy a permitir que venga a mi casa cuando le dé la gana y encima me sermonee como si fuera mi madre.

-He tenido que preguntar en tu oficina porque no sabía nada de ti. Ni siquiera has contestado a mis mensajes…-protesta con voz más débil. Mierda, sus ojos azules están demasiado brillantes. Joder, creía que eras más fuerte, Melissa.

-Estaba de vacaciones, quería alejarme de todo.-explico con un poco más de suavidad.

-¿Incluso de mí?-inquiere mirándome a los ojos, totalmente expectante

-Oye… Dentro de poco voy a volver a Inglaterra. Ya lo sabes. Será mejor que te vayas acostumbrando a estar sin mí. Es lo mejor para ti.

-Pensaba que tal vez cambiarías de parecer…por mí.-añade en un susurro.

-Fui claro desde el principio. No somos nada, Melissa.-respondo cortante. Odio estas situaciones llenas de incómodas palabras que expresan sentimientos.

-¿Tan claro lo tienes?-pregunta en otro tono, extrañamente seductor. Entonces se levanta y poco a poco se va quitando la larga cazadora. Lo hace con sensualidad, moviéndose despacio y con sutileza hasta dejar al descubierto su torso ceñido por un corsé realmente provocador. Joder. Esto no entraba dentro de mis planes. No soy de piedra y Melissa lo sabe. Poco a poco se va acercando a mí, mordiéndose el labio con una sensualidad inmejorable y se siente a horcadas sobre mí.

-Dime Draco, ¿te vas a perder lo que tengo preparado para ti?-me susurra al oído. Vaya, esto sí que es cambiar de estrategia. Y esta situación me gusta mucho más, para qué mentir.

Sin aguantarlo más comienzo a besarla con rudeza, con pasión. Busco su lengua desesperadamente y la aprieto más hacia mí. Quiero sentirla más cerca. Nos enzarzamos en una pelea por conseguir el mando. Suelo llevar yo siempre la iniciativa, pero hoy Melissa parece estar más activa que nunca. No me deja tocarla. Comienza a besarme el cuello, combinando sus besos con leves mordiscos y va descendiendo por mi clavícula poco a poco, consiguiendo que la piel se me erice por allá donde pasa su boca. Me está volviendo loco, no suelo acostumbrarme a ser tan paciente… Siempre voy al grano, sin ningún tipo de delicadeza y en ausencia de preliminares. Excepto con Granger. Por un momento mi mente se transporta a aquella suite de Miami. La castaña en mis brazos, dejándose llevar por mis suaves caricias. La traté como si fuera de cristal, despacio, saboreando el momento. No tuve ninguna prisa por poseerla. Ha sido probablemente la única vez que he actuado así en con una chica. Y es algo tan extraño e incomprensible que mi mente desconecta a causa de mis pensamientos. Melissa lo nota y para de besarme.

-¿Qué pasa, Draco?

Ese parón es suficiente para volver a la realidad. No debo dejarme llevar así o Melissa no soportará que me vaya. No es que me importen demasiado sus sentimientos, pero ya no soy el cabrón que era antes y es una buena chica. No quiero hacerle daño por un maldito polvo.

-Melissa, no.-la aparto suavemente de mí.-No hagas esto. Voy a irme a Inglaterra, ya está decidido.

-Pero tal vez cambies de idea… Tal vez te arrepientas…-dice casi con súplica. Esto es suficiente, no quiero forzar más esta situación.

-Melissa, no te quiero. Para mí sólo has sido un entretenimiento. En Inglaterra me espera la persona que me importa realmente. ¿Lo has entendido?

Ella abre los ojos gradualmente, impactada por mis palabras. No sabe qué decir. Al cabo de uno segundos reacciona como me temía.

-¡Eres un maldito cabrón!-exclama con furia. Y me regala una bofetada antes de vestirse y salir a todo correr de mi casa llorando y maldiciendo.

Sé que le he hecho daño y sé que me odia. Pero también prefiero que sea así. Es más fácil odiar que seguir queriendo a alguien que no te corresponde. Y todo por culpa de Granger, joder. Si no hubiera aparecido su imagen en mi cabeza me hubiera dejado llevar como siempre hago. Aunque por otra parte se lo agradezco. Era mejor terminar con todo esto de una vez. Pero me preocupa como pueda influirme esto en mi vida diaria. Porque últimamente no dejo de pensar en la Gryffindor. Me inquieta este deseo de volver a verla… No sé exactamente qué quiero de ella, pero no puedo evitar sonreír al pensar lo fácil que sería seducirla de nuevo.

Bueno aquí termina! Os ha gustado? :) Espero que siii! Ya me informareis de que os ha parecido, y si os ha gustado pensare en escribir otro cap. mas adelante desde su punto de vista. Muchas gracias por leer y seguirme, espero vuestros comments! Un besitooo