10 Cosas Que Odio De Ti
By: Vidian & Ary Valentine.
Capítulo VII: No Puedo Quitar Mis Ojos De Ti.
Se sentía confusa consigo misma. Ese extraño sentimiento de fastidio no la había abandonado desde que ese idiota de Leon la había rechazado en su totalidad. Ese chico que valía su fama gracias a su reputación de delincuente, la había dejado parada esperando como idiota a juntar sus labios con los suyos. Una parte de ella le decía que se estaba comportando como una niña caprichosa y berrinchuda, pero otra, la cual se encargaba de mantenerla irritada, no era otra más que su estúpido orgullo. Se sentía humillada, como si todo ese tiempo hubiese estado confundiendo las verdaderas intenciones del de apellido Kennedy, y eso le hacía sentir estúpida; no dejaba de pensar que él nunca había tenido intenciones de ser nada más que un simple amigo.
—¡Claire! —detrás de ella, llamó la conocida voz de su amiga.
La de cabello rojizo no evitó poner los ojos en blanco. No detuvo su paso, sin embargo, sabía que la castaña ya estaba siguiendo su camino. Sinceramente había dejado el tema de ella y su hermano de lado, odiaba hacer eso, porque en lugar de prestar atención a ese par, le estaba dando todo su tiempo al idiota de Leon. Aunque por otro lado, agradecía no estarle dando vueltas a la escena bochornosa en la que se encontró a su hermano mayor y su única amiga; sólo de recordarlo volvían esas nauseas a ella. No fue nada agradable encontrarlos en aquella situación.
Seguramente era una broma, o una pesadilla, sí, eso era… una maldita pesadilla.
Sus piernas no parecían querer reaccionar, no le respondían y lo único que anhelaba en ese instante era correr de aquel cuarto, huir y no verles por un buen periodo de tiempo, pero no podía, su esqueleto permanecía congelado y su mente era incapaz de no traumarse ante la imagen que estaba presenciando hace unos cuantos segundos.
¿Chris y Jill teniendo relaciones sexuales, en su casa?, ni lo más recóndito de su mente lo hubiese imaginado, no podía ser verdad...
Los ojos azules de Jill la miraban con tristeza y vergüenza, en general, estaban bañados de diferentes emociones al igual que los de su hermano.
¿Cómo había sucedido?, ¿por qué ellos? ¿ y por qué rayos se sentía traicionada?
Al momento en que su amiga le había platicado sobre su supuesto príncipe azul, nunca imaginó que el chico en cuestión fuera ni más ni menos que el mismísimo Chris. No le proporcionó la atención que quizás debió brindarle a la castaña cuando se lo comentó por chat, ahora se maldecía por no haberlo hecho. Bajó la mirada, deseaba gritar de rabia, y no sólo en contra de ellos, sino por lo sucedido en su vida últimamente. Todo parecía ir de mal en peor.
Chris y Jill cubrieron sus cuerpos desnudos con lo primero que hallaron cercano a sus manos, cuando quisieron explicar la situación, la muchacha ya no se encontraba en la estancia.
La respiración de Chris era agitada, su corazón latía con frenesí, como si fuese a desencajarse de su pecho en cualquier momento, la adrenalina corría con ahínco por cada rincón de su sangre, tardó varios segundos en volver a enfocar su vista en Jill, Claire les había visto y nada bueno saldría del reciente descubrimiento.
La mente de Valentine no podía unir razonamientos coherentes, descendió su mirada deseando escapar de esa casa cuanto antes, se sentó al borde de la cama cogiendo parte de sus prendas, sin decir nada comenzó a vestirse. El Redfield la observó con detenimiento sabiendo que debía hacer exactamente lo mismo que ella.
—Jill, ella lo entenderá…
No podía advertir su rostro con claridad, únicamente podía visualizar su perfil, en el cual se veía con claridad el enfado de la joven. La recientemente nombrada se volteó al tiempo en se ponía de pie.
—Nos vemos —fue todo lo que respondió.
Esbozó una pequeña sonrisa y se encaminó a las escaleras, aún debía recoger el resto de sus ropas que reposaban en el suelo de la sala, y por sobre todo, debía escapar de la vergüenza que sentía ante su amiga Claire.
—Claire, para, necesito hablar contigo —jadeó un poco.
Se colocó delante de ella para impedir que continuara. Claire le miró con indiferencia y se cruzó de brazos mientras esperaba lo que ella tenía que decir. Jill se petrificó en su lugar; no había esperado que la hermana del chico con el que había perdido la virginidad, la esperara paciente por su excusa. Tal vez había considerado que la pelirroja la ignoraría y que jamás volvería a dirigirle la palabra
—Así que todo este tiempo se trató de mi hermano. —Comenzó ella ya que la castaña no parecía tener la intención de continuar. La hija de Dick recordó en ese instante las pláticas por chat que había tenido con Claire; en ellas le decía que había conocido a un tipo bastante atractivo.
—No sabía que era tu hermano.
—¿Ah no? —murmuró sarcástica. — ¿Lo supiste hasta que estaban revolcándose en la cama? ¿Chris te dijo que era mi hermano entre gemidos? — se fingió incrédula. Jill ante la reacción de su amiga, no hizo más que abrir la boca; se sintió herida con aquellas palabras. — ¡Por favor, no soy idiota! — habló nuevamente.
Vio con atención la mirada dolida que le dedicaba su amiga, pero sinceramente no estaba de humor para tocar ese tema; únicamente la esquivó y trató de continuar con su ruta.
—Lo lamento. —Susurró, pero Claire sí fue capaz de escuchar su casi inaudible voz excusándose. Se giró para encararla.
—¿Sabes qué? —con clara irritación, se acercó nuevamente a ella. Suspiró y se llevó una mano a la frente intentando calmarse. — No, Jill, no me importa lo que hagan tú y Chris, por mí pueden seguir haciendo lo que les plazca — trató de sonar tranquila. — Es tarde, tengo que irme — se despidió de ella y luego se marchó.
Jill no había quedado conforme con ello. Era bastante claro que su pelirroja amiga estaba más que molesta con ella y con su hermano; la conocía y sabía que esa indiferencia con que le había hablado, continuaría por un largo tiempo entre ellas. No sería insistente, eso sólo lograría que la chica más ruda de la escuela, se terminara exasperando y mandándola al diablo sin contemplaciones. Le daría tiempo, y esperaría que su enojo pronto sucumbiera. A partir de ese momento, no sabía lo qué pasaría entre ella y Chris Redfield.
Parados frente a los casilleros, se encontraban Jake y Piers charlando y riendo por algo que había ocurrido en su clase anterior. Era extraño que el hijo del famoso empresario hubiera creado tal lazo de amistad con un sujeto como el de apellido Nivans. Sus antiguas amistades, eran de personalidades muy alejadas de la que poseía el encargado de audiovisuales. Piers había sido el primer chico que le dirigió la palabra, y a partir de ese momento parecían ser inseparables, algo que resultaba confuso hasta para él mismo. No obstante, aunque la mayoría de los estudiantes de aquel bachillerato consideraban a Piers como un completo perdedor, él podía asegurar que no lo era del todo.
Aún seguían con aquellas risas, el amigo de Jake guardaba sus cosas en el casillero, en tanto el pelirrojo, heredero de la futura fortuna Wesker, se quedaba atento mirando por lo largo del pasillo. Frente a él, iba paseando Sherry Birkin con bolso en mano y una sonrisa coqueta bastante notoria. No evitó erguirse y quedarse completamente embelesado ante la imagen que tenía en ese momento; la prima de Claire estaba siendo agradable con él.
La rubia, hija única del matrimonio Birkin, no le quitó de encima aquella mirada dulce. Sus orbes se miraron casi sin parpadear todo el tiempo que duró el recorrido de Sherry por el extenso pasillo. Una vez que ella pasó de largo tanto a Jake como a Piers, no pudo evitar dar un ligero suspiro. Jake simplemente le miró marcharse, ya podía asegurar que iba por el buen camino con la custodiada por Chris Redfield.
Se despidió de Jake mientras éste se dirigiría en busca de Kennedy, cerró su casillero luego de organizar los libros que ocuparía en su próxima clase de matemática, su mirada estaba perdida, no le agradaba la idea de ir hablar con Claire Redfield y preguntarle por qué motivo detestaba a Leon, pero Jake se veía realmente preocupado por ello, y prácticamente le rogó de rodillas para que lo hiciera en tanto él averiguaba por su cuenta, en vista de eso, Piers no se pudo negar, su amigo había avanzado muchísimo en su relación con Sherry Birkin y sería una lástima que en ese preciso instante todo se viniese abajo.
Dio un saltó sorprendido al ver a Carla Radames parada a su lado, la jovencita se plantó cercana a él sosteniendo en sus brazos sobre el pecho unos cuadernos, el castaño tragó saliva nervioso al ver como ella le sonreía con amplitud y lo miraba fijamente. ¿Estaba soñando o en serio la mujer de sus sueños lo estaba viendo con ternura? Sólo esperaba que no hubiese descubierto que era él quien se comunicaba con ella bajo el seudónimo de William Shakespeare, durante las últimas semanas no habían parado de hablar vía correo lo que provocaba que cada día que pasaba se enamorara aún más de ella. Carla era fantástica, y si en realidad lo había descubierto esperaba que no se asustara o creyera que era una especie de acosador virtual.
—Ho-hola —la saludó. Le era imposible no tartamudear en frente de esa hermosa chica de rasgos orientales.
—Hola —respondió tranquilamente al tiempo en que abría la puerta de su casillero, sacó un libro abriéndolo con precisión en una respectiva página y comenzó a leer unas líneas en silencio.
Piers miró minuciosamente el poema que Carla leía de manera entusiasmada y sin borrar la sonrisa de sus labios, se trasladó hacia el otro lado de la chica posando las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones.
¿Quién podría reprimirse teniendo un corazón amante, si en ese corazón hub…
Hubiera coraje para declarar su amor
Finalizo ella la declamación mientras sonreía. Adoraba cuando el muchacho hacía uso de la poesía.
Se giró sobre su eje quedando a pocos centímetros del chico de cabellera castaña, le parecía demasiado atractivo que fuera conocedor de poesía, pero lo que la mantenía encantada, era irrefutablemente esa inocencia y pureza que podía visualizarse en sus armónicos orbes de tonalidad miel. No guardaba dudas en que Piers Nivans era el tal William Shakespeare que caballerosamente la cortejaba dejándole todas las noches un dulce poema. Ningún hombre la había hecho sentir de aquel modo, tan especial, tan delicada y por sobre todo tan amada.
—Ese poema es de Macbeth verd…
De nuevo sus palabras se vieron interrumpidas por Carla Radames, pero esta vez no precisamente por alguna mención de su parte, la muchacha descendiente de Asia lo tomó por ambas mejillas depositándole un pequeño, casto y sumamente tierno beso en los labios. El breve contacto fue increíblemente mágico para ambos, era el primer beso para Piers y definitivamente el más emotivo para la jovencita, sonrió ampliamente alejándose del lugar. El encargado del salón de audiovisuales alzó su puño en señal de triunfo, no lo podía creer, le habían besado al fin.
Ada mantenía su mirada fija en la figura de Claire Redfield, la muchacha de cabellera rojiza permanecía en la cancha principal del bachillerato entrenando en compañía del equipo de futbol femenino. Giró un poco su cabeza para mirar a sus interlocutores, ambos muchachos tenían la vista fija en el mismo punto, sus ceños estaban levemente fruncidos y sus caras no eran las más amigables que ella les hubiese visto, resopló con fastidio y enfocó su atención en el encendedor de color plateado que mantenía en sus manos, al parecer su ex – novio no tenía intenciones de hablar, lo que indicaba que el recreo sería demasiado monótono.
Desde hace muchísimo tiempo que no veía esa expresión en el rubio, su ánimo parecía sombrío, más apagado de lo normal… no le agradaba en lo absoluto verlo así a causa de lo acontecido con la Redfield, pero era un riesgo que él había tomado, conquistar a una chica por dinero no le saldría barato a nivel emocional y Ada por su parte no podía hacer nada más por ayudarlo. Leon le relató que fue incapaz de besarla, y no precisamente por su estado de ebriedad, si no lo hizo fue por miedo a no desligarse, su vínculo sólo era parte de un estratégico plan, no un lazo inquebrantable y sincero…definitivamente sería injusto para la jovencita rebelde enterarse que era un objeto en todo el asunto.
Jake estaba sentado junto a ellos en una de las tantas galerías observando con hastío el entrenamiento de fútbol, no entendía por qué razón Leon se negaba a invitar a Claire a una cita, apenas hace unas pocas noches atrás les había visto muy unidos, hasta pensaba que hacían una linda pareja, pero por supuesto que prefería no aportar esa opinión, de todos modos le traía sumamente intrigado ese enfriamiento en la relación de ese par de muchachos difíciles. Le aterraba que ahora que todo parecía marchar perfecto con Sherry no pudiese verla más por culpa de que la complicada prima de ésta no quisiera salir. No podía permitir que Leon se alejara o se hartara de llevar a cabo sus intereses, era el único capaz de conseguir que esa fiera se domara. Mordió su labio inferior con ansiedad, el silencio formado entre los tres era insoportable y necesitaba una explicación por el problema en cuestión.
—¿Pero qué demonios le has hecho? —inquirió con desesperación, la falta de palabras le había superado y soltó la interrogante antes de meditarla.
—Nada —contestó secamente sin apartar la vista de Claire. — Habría estado demasiado ebria como para recordarlo, simplemente no me quise aprovechar — complemento posando sus ojos en él, Jake alzó una ceja perplejo.
Si su sentido de intuición estaba en lo correcto, ¿acaso Leon había rechazado estar con Claire Redfield?, no podía dar crédito a tal idea, muchísimos hombres hubiesen deseado concretar lo que él rechazó y presumir por ello. Sinceramente no creía que el muchacho más temido del bachillerato, que poseía una extraña reputación y una serie de mitos urbanos tras su espalda fuese tan sensible, noble y humanitario. Sí, su padre tenía mucha razón, no debía juzgar sin conocer ni hablar sin saber, era una pésima combinación.
—Pero… ¿qué importaba?, el plan iba de maravilla…
Las facciones de Leon Kennedy se endurecieron abruptamente, el hijo de Albert Wesker supo que había dicho un comentario estúpido y muy egoísta, en ningún momento se había detenido a pensar en las emociones que pudiese sentir el de orbes azulados al estar cerca de Claire. No obstante, aquello no era de su incumbencia.
—¿Y de verdad te sigue importando? —Le cuestionó aún enojado— creí que Sherry ya no te interesaba.
—No obtienen nada discutiendo como imbéciles —intervino la de rasgos orientales, de inmediato los hombres la observaron abrumados. — Deben buscar solucionar este lío. La chica está despechada y una mujer dolida es lo peor que puede existir en este patético mundo. — Ambos la contemplaban atentos y sin interrumpir — sinceramente creo que Leon hizo lo correcto al no besarla, ahora, el error que está cometiendo es no acercarse a ella y explicarle el motivo del rechazo.
Analizaron en silencio las recientes palabras de Ada Wong, si una fémina les estaba explicando el cómo solucionar un problema con una de su mismo sexo, pues no debían titubear en retomar el plan y hacerle caso, los consejos de la ex pareja de Kennedy siempre resultaban efectivos, esta vez debía ser igual, por el bien de todos, debían funcionar.
—Es cierto, lo mejor es que hables con ella —musitó el pelirrojo.
—Ya no tiene caso, no veo el motivo para hacerlo, me dijiste en la fiesta que todo se había acabado y…
—Sherry sí me importa —interrumpió, tanto Ada como Leon lo observaron sin entender. — Ella y yo estamos bien, avanzando a paso lento, pero seguros.
Piers Nivans atravesó toda la pista atlética de los corredores, a medida que se cruzaba en el camino de éstos, fue victima de varios empujones e insultos, interrumpirlos en su entrenamiento de rutina no era una idea inteligente, menos cuando estaban saltando vallas, parecían estresados y agredían al primer idiota que les daba motivos para hacerlo. Al llegar a la respectiva posición en la cual se encontraban sus compañeros tomó una bocanada de aire y se quedó mirándolos un tanto conmocionado.
—¡Me besó!, acabo de recibir mi primer beso —expresó incrédulo, Leon sonrió de oreja a oreja por primera vez durante el día, Jake también esbozó una risa con picardía, ellos entendían perfectamente bien a quien se refería el chico.
—¿Quién? —indagó Ada con interés, a diferencia de los jóvenes ella no entendía de qué hablaba el nerd más popular de su escuela.
—Tu hermana —respondió con simpleza, Ada separó sus labios demostrando lo desconcertada que se sentía al oír esa respuesta, juntó el entrecejo y negó con la cabeza.
—No, eso es imposible, mi hermana ni siquiera te conoce, ¿verdad chicos? —La fémina les echó un breve vistazo, sin embargo el rubio y Jake permanecieron sin articular ningún vocablo, tragó saliva con pesadez y devolvió su mirada a Nivans. — Oh mierda ¿Carla y tú...? — el joven asintió. — Diablos, cada día está peor…
—¿En dónde te besó? —curioseó Leon alzando las cejas, obviamente su pregunta no tenía nada de puritana, el doble sentido de su frase podría captarse sin problemas, hasta una religiosa fanática lo hubiese hecho.
El hijo del empresario soltó una carcajada, conociendo a Piers sabría que no había entendido que en realidad Kennedy preguntaba "¿En qué parte del cuerpo te besó?". La de cabello corto se cruzó de brazos ofendida, no se llevaba de maravilla con su hermana gemela, pero aún así le molestaba que la incluyeran en sus charlas cargadas de testosterona.
—En el pasillo, junto a su casillero —contestó con inocencia.
Ada bufó mirándolo con desdén, no podía entender cómo es que Carla salía con él. Leon y Jake abrieron sus bocas impactados por su nivel de ingenuidad, no le dieron más importancia, el muchacho de orbes color miel era un caso perdido, de todos modos se alegraban de que hubiese dado su primer beso.
—¿Qué dijo Claire? —investigó el de cabellera rapada.
—Ah si... —sacudió su cabeza de lado a lado regresando a la realidad, debía informarles lo que había hablado con la hermana menor de Chris. — Ella dijo que le odia con el ardor de mil soles — argumentó posando sus pupilas en Leon, éste lo fulmino con la vista, sus dichos no eran para nada alentadores. — ¿Qué? es una cita textual de tu chica — aclaró levantando sus hombros despreocupado, Ada rió con burla, el ñoño ese se las traía después de todo.
—Gracias, Nivans, es algo realmente reconfortante de oír —habló con sarcasmo, descendió su mirada decepcionado de sí mismo. Todo lo hizo para protegerla y ahora resultaba que lo odiaba con el ardor de mil soles, ¿Quién iba a entenderla? — Mujeres — siseó.
—Tranquilos, ella solo necesita un día para calmarse.
Al instante en que Jake terminó aquella frase esperanzadora, el balón de futbol cayó violentamente a ellos, por fortuna Leon y él consiguieron esquivarlo, buscaron con la vista al responsable y no evitaron sorprenderse de ver a Claire mirándolos estremecedoramente desde su lugar, su furia e instinto asesino podrían espantar al mismísimo Hulk, intercambiaron una mirada con preocupación, ese pelotazo no había sido más que una advertencia de su parte.
—Puede que necesite dos días —concluyó el rubio.
Aquel juego ya no le desagradaba tanto al pelirrojo, si bien estaba dando gran parte de su dinero en ello, el rubio lograba que fuera una buena inversión. Luego de ver los favorables resultados que Leon había alcanzado para la fiesta de los Ashford, no iba a negar que el muchacho con fama de delincuente, había trabajado de forma eficaz con la fierecilla. Ya no le importaba la cantidad que aportara al de apellido Kennedy, si él seguía haciendo lo suyo, se lo recompensaría con grandes cantidades, justo como la cantidad que estaba por ofrecerle en esos momentos.
—Toma. —Con aquel petulante tono de voz que sólo Steve Burnside era capaz de utilizar, le extendió un par de billetes de cien dólares al chico frente a él. — Esto debe bastar para las flores, el traje y todo. Sólo asegúrate de que vaya.
Luego de que Leon tomara el dinero que le ofrecía, el pelirrojo le dio un par de palmadas sobre el brazo izquierdo, satisfecho de que aceptara el trato.
—Escucha, Burnside, estoy harto de tu juego —dijo al tiempo que le regresaba los billetes verdes.
Ya no quería seguir con eso, estaba jugando con fuego y él mejor que nadie, sabía que estaba cediendo a las llamas. Burnside se asombró por el reciente rechazo a su oferta, la cantidad que le había propuesto era bastante buena, no entendía qué iba mal con eso.
—Oye, espera. —No estaba dispuesto a que ese tipo echara todo por la borda, no cuando había obtenido lo que muchos no se atrevían a hacer por temor a la pelirroja. — ¿Estás harto? — sacó del bolsillo trasero de su pantalón la cartera que portaba mucho más de aquellos billetes. Abrió la cartera y tomó un billete más de cien dólares, antes de entregárselo a Leon, miró a todos lados para asegurarse de que nadie los viera; estaban justo en el pasillo de los casilleros, no debían arriesgarse demasiado. — Que sean trescientos entonces — mostró los tres billetes frente al rubio.
El joven con mala reputación dentro del bachillerato, tragó saliva y pasó su mano izquierda por su cabello hasta llegar a la nuca. Podía sentirse fácilmente tentado a la proposición del pelirrojo, aún tenía deudas que saldar; sin embargo, lo que estaba haciendo era completamente deshonesto. Quería estar con Claire, el tiempo que pasaba con ella realmente era agradable, aún no sabía muy bien el porqué de eso, pero si de algo podía estar seguro, es que no estaría con ella sólo porque un imbécil con dinero le pagaba por hacerlo; Claire era una chica diferente, y se sentía cómodo estando a su lado sin la necesidad de que alguien le facilitara billetes.
Steve seguía esperando respuesta por parte del rubio. Estaba meditándolo demasiado y eso le preocupaba de alguna forma. Leon no pudo soportarlo, sabía que necesitaba ese maldito dinero, quizás ya no del todo para solventar sus gastos, pero sí podría utilizar buena parte de ello para enmendar sus errores con la pelirroja. No tuvo más opción, simplemente tomó el dinero de las manos de Steve y con eso selló el trato. Burnside se alejó de ahí bastante contento, ya no tendría de qué preocuparse para el baile; Sherry iría con él.
El profesor Downing era el encargado de la educación física en el plantel, quizás ese era el único docente a quien medianamente podía soportar. Una de las clases preferidas por Sherry, era precisamente la que tenía en ese instante, la clase de tiro con arco. Ella junto con sus demás compañeras, eran instruidas en ese momento por el profesor de cabellos grises.
La concentración era esencial si querían acertar en el blanco, y sorpresivamente hasta para ella misma, le encantaba ensimismarse para acertar en su objetivo. Sostenía el arco hacía enfrente con la mano izquierda, mientras que su diestra se encargaba de sujetar la flecha hacía atrás, estaba en la postura perfecta, sólo bastaba ubicar bien la dirección que llevaría su largo dardo.
—Hola, cupido —la conocida voz de Steve Burnside, se hizo presente en esa pequeña parte del estadio de fútbol que utilizaban para entrenar.
Sherry ante la presencia del pelirrojo y su muy oportuna llegada, suspiró pesadamente pero sin dejar de mirar su objetivo.
—Hola, Steve —contestó indiferente.
Lo único que ella quería era dar en el blanco, eso y que Steve se largara con su pedante personalidad. Desde lo ocurrido en la fiesta, se había dado cuenta perfectamente de la clase de persona que era ese muchacho pelirrojo, ya no sentía ganas de estar a su lado.
—Te concentras demasiado para esta clase. —Se acercó hasta quedar a su lado izquierdo. La custodiada por Chris Redfield, se giró exasperada por la reciente intromisión; aquella visita inesperada, le hizo soltar la flecha que había estado sosteniendo desde hace unos minutos.
—¿Qué quieres? —preguntó molesta. Un grito de dolor se escuchó en ese instante.
—Hablar del baile de fin de curso. —Continuó el pelirrojo.
El grito no había dejado de escucharse, así que tanto él como Sherry dirigieron su mirada al dueño de aquel gemido tormentoso. Ambos vieron como el profesor Downing, con una flecha enterrada en su trasero, se dejaba caer sobre el césped del estadio. Claramente, la flecha que Sherry soltó hace apenas unos segundos, ya había encontrado su blanco.
Sheva Alomar, una compañera de clase de Sherry, corrió al auxilio del profesor. El par aún mantenía su mirada en la lastimera escena, pero no duró por mucho tiempo, porque pronto retiraron su atención de ahí sin parecer preocupados por lo que acaba de suceder.
—Ya sabes que no puedo ir si Claire no lo hace —murmuró sin emoción alguna. Quizás por primera vez agradecía que su bruja prima no saliera, así ella no tendría que salir con aquel pelirrojo engreído.
—Tu prima irá. —Se encogió de hombros restándole importancia a la situación; si Kennedy lograba una vez más llevar a la fierecilla, él obtendría lo que había deseado desde algún tiempo con la prima pequeña de Claire.
—¿Cómo lo sabes? —averiguó divertida.
—Digamos que estoy ocupándome de ello. —Se acercó nuevamente a ella, tomó una de las flechas que Sherry tenía a su lado y se la extendió tratando de parecer amable. Sherry le miró confusa, sin embargo, él se limitó a sonreír de medio lado, en tanto se iba de ahí.
La hija de William Birkin se quedó en su lugar. Aún estaba tratando de entender eso que había dicho Steve. ¿A qué se refería con eso de que se estaba ocupando? Mientras ella estaba absorta en sus pensamientos, cierto profesor aún con la flecha clavada en su trasero, seguía quejándose dolorosamente en el césped.
El silencio era permanente y técnicamente inquebrantable, por lejos, era la cena más incómoda en la cual hubiese sido participe, el único sonido era el que hacían los cubiertos al apoyarse en la loza y sus respiraciones. Claire quería terminar de comer y largarse de la mesa, sinceramente su día había sido demasiado asqueroso como para terminarlo con una charla justificativa de parte de su hermano mayor. No había hablado con Jill por lo mismo, menos iba hacerlo con él.
Por las miradas de arrepentimiento que su hermano le dirigía, sabía bien que él tenía intenciones de tocar el tema de su aparente relación sentimental con la de apellido Valentine. Y eso, precisamente eso, era lo último de lo que quisiera recordarse, sintió un escalofrío recorrer a través de toda su espalda, por más que intentase olvidarlo; la traumática y perturbadora imagen de su amiga y Chris desnudos en la misma cama regresaba por todas las vías posibles a sus memorias.
Suspiró agotada mientras se llevaba a los labios el vaso de cristal que contenía un poco de jugo, se movió nerviosa en su asiento al notar que el líder del hogar la estaba mirando con fijeza, miró el plato de Chris, al parecer tampoco tenía apetito y aquello era un suceso increíblemente peculiar. La pelirroja se levantó de la silla lentamente.
—Acabo de recordar que no he terminado de hacer mi tarea… —Se justificó, la ceja del castaño se arqueó en clara demostración de no tragarse por un segundo esa mentira.
—Siéntate —ordenó con seriedad. — Tenemos que hablar, aprovechando que Sherry no está.
Odiaba ese tono de voz autoritario, podría mandar al diablo a un maestro que le hablase así, mas no a Chris, sus palabras eran tajantes y tenía razón, debían afrontar la situación por muy incómoda o patética que ésta fuese. Por primera vez en su vida deseó que Sherry estuviese ahí para poder omitir la realización de esa bochornosa conversación que estaba a punto de tener. Pero no, la muy idiota ni para eso servía, de seguro en esos momentos debía estar paseando campante en compañía de Jake, con la excusa de que estudiaban francés. Bufó con irritación y volvió a sentarse a regañadientes en frente del Redfield.
—Que sea breve, Chris, así que al grano ¿Desde cuándo? —Preguntó, cierto enfado aún permanecía en sus palabras.
—Poco tiempo, unas cuantas semanas creo. En realidad, ni siquiera me he detenido a pensarlo bien.
¿Semanas?, ¿en sólo semanas se había llevado a la cama a su amiga?, alzó ambas cejas estupefacta, nunca iba a entender el cómo de dicha unión entre esos dos, ni aunque se lo explicasen mil veces, jamás lo haría. Se sintió mal con sí misma, últimamente estaba dedicándole toda su atención a Leon y egoístamente marginó a Jill de sus preocupaciones, si tan sólo la hubiese escuchado, quizás se habría percatado de todo con antelación.
—Escucha, no sé si estoy preparada psicológicamente para oír cómo se desencadenó todo este embrollo. —Se llevó una mano a su frente y la masajeó brevemente. — Sólo quiero que me den tiempo ¿de acuerdo? Para ninguna persona normal es fácil aceptar que tu hermano mayor tuvo sexo con tu mejor amiga, tu única amiga para ser más exactos.
—¡¿Qué?!
Su mandíbula estaba prácticamente en el suelo, sus pupilas se trasladaban reiteradas veces de la figura de Chris a la de Claire, sin embargo ninguno de ellos manifestaba la intención de exponer un miserable monosílabo.
La voz de Sherry Birkin retumbó en toda el comedor haciendo que sus primos dieran un respingo sorprendidos. La rubia había llegado una hora antes de lo previsto, Jake tuvo que acudir a su casa con urgencia y en vista de eso no encontró más opción que devolverse a su hogar. Tomó como nota mental buscarse una nueva mejor amiga para pasar el rato, sin embargo eso era un detalle insignificante en dichos momentos, lo de relevancia era lo que acababa de oír. ¿La amiga de la petulante pelirroja y su adorado primo habían tenido sexo?, eso sí que era un notición. Se aproximó a sus parientes dejando su bolso en la superficie de la mesa, con una sonrisa entusiasta tomó asiento en el comedor.
—¡Oh vamos, no sean tímidos! Cuéntenle a su prima favorita lo que está sucediendo. —Tanto Chris como Claire la pulverizaron con la mirada, juntó el entrecejo sintiéndose ofendida por la mirada que le estaban dedicando. — ¿Osarán no decirme nada? — inquirió escandalizada.
—Sherry, no se trata de eso, hay cosas que es mejor no saber por un tiempo —expuso el único hombre presente en el lugar.
—No me jodas, Christopher, ya escuché que te tiraste a la amiga bonita de Claire, así que déjense de tantos rodeos y discreciones innecesarias, por cierto — giró su rostro y enfocó sus orbes azules en la figura de la fierecilla. La pelirroja mantenía los brazos cruzados sobre el pecho y su semblante no era nada cariñoso. — ¿Cuál es tu problema?, yo creo que hacen una linda pareja, tanto como tú y el delincuente.
La fémina en cuestionamiento recargó pesadamente sus manos en la madera de la mesa, se puso de pie arrastrando la silla con brusquedad hacia atrás. La furia en sus orbes aguamarinas saltaba con chispa. Sherry se estremeció, al parecer se había pasado de la raya al mencionar a Kennedy.
—Ni siquiera te atrevas a nombrarlo —advirtió cerrando fuertemente sus puños, la rubiecita asintió con la cabeza sumisamente.
—¿Qué delincuente? —intervino Chris preocupado, pues con todo lo sucedido en su vida personal había descuidado la seguridad de su hermana menor. Ésta permaneció en silencio ignorándolo. — Claire, te hice una pregun…
—Tú con tus asuntos y yo con los míos, hermanito —le cortó con prepotencia. — Y por favor, déjame en paz, haz lo que se te venga en gana con Jill, cásense y tengan todos los hijos que quieran. A mi no me va, ni me viene esa estupidez.
Sin importarle nada más, abandonó la estancia con claro destino hacia su cuarto, necesitaba leer, darse un baño, escuchar música o hacer cualquier cosa que alejase todos esos malditos problemas de su mente.
Claire se encontraba en ese momento en una de sus tiendas favoritas: "Gil's Music", en ella habían varios modelos de guitarras que ella adoraba ver de vez en cuando. Algún día conseguiría tener una guitarra como la que tenía justo en frente, una Fender Stratocaster; ese instrumento musical era aún, un sueño alejado. Chris jamás entendería si ella le dijera que quería formar una banda, y mucho menos le facilitaría el dinero para adquirir una de esas estupendas guitarras, tendría que hacerse cargo ella misma de algún día tener una como esas. Tomó del estante, la brillante guitarra en color crema, y se sentó en uno de los bancos del lugar.
Llevaba puestos los auriculares de su iPod, la canción que sonaba en ese momento en sus oídos era digna de ser tocada con la guitarra que ahora tenía recargada sobre las piernas. Cerró sus ojos, y se dejó guiar por la música. Colocó su mano derecha en el mástil del instrumento, mientras la mano derecha se encargó de hacer sonar las cuerdas.
Leon la había seguido hasta ese lugar, tenía esa enorme necesidad de solucionar las cosas con la pelirroja. Estaría enormemente agradecido si conseguía aunque sea una maldición por parte de ella, al menos le habría dirigido la palabra. Se adentró a la tienda, y ahí pudo verla. Estaba sentada de espaldas a él, con una guitarra sobre sus piernas y siguiendo alguna tablatura que tenía en mente. Quiso acercarse a ella, tomarla por el hombro e intentar entablar una plática, pero parecía bastante ajena al resto del mundo, estaba realmente concentrada en seguir los acordes. No quería interrumpirla, y tampoco estaba seguro de cómo comenzar con su charla; únicamente se alejó de ella, y la dejó continuar con lo suyo.
La menor de los Redfield abrió los ojos después de varios minutos. Había sentido la presencia de alguien detrás de ella. Se quedó quieta en su lugar, por un momento dejó que su mente divagara y creyó que el chico con fama de delincuente, había estado detrás de ella observándola. ¡Era imposible! Ya comenzaba a imaginar idioteces.
El rubio de apellido Kennedy no había dejado de perseguir a la prima de Sherry Birkin. Luego de su primer acto cobarde dentro de la tienda de instrumentos musicales, pensó que ya era momento de arreglar todo de una buena vez; tenía que hablar con ella. No tocaría para nada el tema del beso que, de manera muy sensata se atrevió a rechazar. Si hacía eso, era ganarse más odio por parte de ella, si es que eso era posible. Tenía que ser espontáneo, y actuar como si nunca hubiese ocurrido nada. Básicamente comenzar de cero. Algo dentro de él, estaba pidiendo a gritos volver a cruzar palabras con la linda pelirroja.
Hacía varios minutos que la Redfield menor había abandonado la tienda de instrumentos. De manera muy discreta, había seguido el camino de ella, necesitaban un lugar estable para hablar; no pretendía pelear en medio de la acera, y haciendo todo un espectáculo para el público que se detuviera a verlos discutir, porque lo más probable es que Claire le dijera algunos cuantos improperios. La vio entrar en ese instante a una de las librerías de la ciudad. Tal vez esa era su oportunidad perfecta.
La observó de cerca mientras ella parecía analizar todo lo que veía. Sólo trataba de despejar su mente con algo, no tenía intenciones de comprar nada en ese momento. Se paseaba entre los pasillos, aún con la mirada absorta en todos los títulos que veía en el lugar. Uno de los estantes llenos de libros, estaba justo por la mitad del local; Claire pasó por el lado derecho y Leon se fue por el lado izquierdo tratando de encontrarse con su rostro. Una pequeña rendija podía brindarle una buena vista del lado por el cual caminaba la menor de los Redfield, sin embargo, ella seguía muy atenta a los libros y no se había percatado aún de la presencia de cierto rubio.
—Disculpa, ¿Has visto "La mujer mística"? Es que perdí mi copia. —Comenzó, cuando el fin del recorrido por el pasillo había terminado y tuvieron la oportunidad de quedar uno enfrente del otro.
—¿Qué haces aquí? —preguntó un tanto irritada, no parecía sorprendida por la reciente aparición, sólo que su enojo aún podía ser percibido incluso a varios kilómetros de ahí.
—Sólo busco poesía pelirroja—dijo con naturalidad.
Claire le miró una vez más, no podía creer hasta dónde era capaz de llegar Leon para intentar hablar con ella. Aún no estaba de humor para tratar con aquel "delincuente", muchas cosas ocupaban su atención en los últimos días.
—Eres tan…
—¿Hermoso? —completó irónico. La pelirroja comenzó a caminar con la única intención de esquivarlo. — ¡Dulce! — acertó a decir una vez más, para intentar detener su paso.
Estaba consciente de que no sería nada fácil hablar con aquella empecinada jovencita, pero tenía que intentarlo. Aquel comentario hizo que la Redfield detuviera su paso y se girara para encararlo.
—¿Repulsivo? —sugirió sarcástica.
En seguida dirigió su atención a una pequeña mesa que tenía más libros sobre ella. Leon se acercó hasta ella con el ceño fruncido, si Claire tenía carácter para enfrentarlo de aquella manera tan agresiva, le demostraría que él también lo tenía.
—No eres tan mala como tú crees, niñita —inició con el ataque verbal, utilizando la misma intensidad en sus palabras tal como había hecho la Redfield menor.
—¡Tú no eres tan malo como crees que eres! —rechistó. Una vez más, guió su mirada al chico frente a ella.
—¡Oh, lamento que tengas emociones confusas! —espetó.
Ambos habían elevado su voz, poco les faltaba para llegar a los gritos. Suerte que no había mucha gente dentro del establecimiento; el de apellido Kennedy temía que eso pasaría, afortunadamente había sido bastante prudente a no detenerse a hablar con ella en medio de la calle, o hubiera llamado la atención de ajenos.
—¡Ni por un momento creas que causas un efecto en mis emociones! —volvió a alzar la voz.
—¿Y en qué sí causé efecto? - averiguó Leon regresando a su tono de voz habitual. Tenía que calmarse antes de que terminaran diciéndose hasta de lo que se iban a morir, eso, y que muy en el fondo quería conocer la respuesta de la testaruda jovencita de cabellos rojizos.
—Tal vez en mi reflejo del vomito —finalizó con aquel breve encuentro, no sin antes restregar en el pecho del rubio uno de los libros que había tomado de la mesa.
Él la vio marcharse, parecía que también había logrado calmarse. Guió sus orbes hasta el libro que la prima de Sherry Birkin le había alcanzado, y esbozó una sonrisa al instante al percatarse del título del libro: "La mujer mística". Estaba seguro de que ese encuentro entre ambos lo recordarían en cualquier momento. Quizás sí era difícil tratar con una chica como Claire Redfield, pero jovencitas como ella tenían que saber que era mucho más difícil alejar de su lado a alguien como él. La lucha que haría por intentar recobrar un poco de su atención, ya no se trataba por el dinero, no, simplemente lo haría porque él así lo quería.
Aún no sabían cómo podrían hacer que Claire Redfield dejara su enojo de lado con Leon. Aquel trío de muchachos que ahora se encontraba frente a aquella larga mesa de la cafetería, la cual contenía variados alimentos, tipo buffet, no lograban hallar la forma en que la chica de cabellos rojizos cediera nuevamente a los encantos del chico con reputación de delincuente.
—Cierto, está molesta —insistió Leon, mientras echaba en su plato un poco de lechuga.
—"Dulce amor, renueva mi fuerza" —Habló el chico de orbes color miel, tratando de darle ideas a su amigo.
—Oye —el rubio le interrumpió y luego giró el rostro esperando que nadie hubiera escuchado el anterior comentario del encargado de audiovisuales. — No salgas con eso, pueden oírte. — Frunció el ceño y se dispuso a seguir sirviéndose un poco más de comida.
—Avergonzaste a la chica... — ahora era Jake, quien hacía uso sabio de la palabra; parecía seguro de sí mismo a la hora de enfrentar a Kennedy, le miraba atentamente mientras continuaba con su consejo. —… Sacrifícate en el altar de la dignidad e iguala las cosas — insistió con fuerza.
Leon únicamente le miró con un deje de molestia, y se largó de ahí; ya no quería seguir escuchándolos. La situación con Claire comenzaba a frustrarlo, y lo que ese par de mocosos hacía, era sólo aumentar su fastidio. Quizás el hijo del empresario tenía razón y era su turno de hacer algo que rompiera con sus propios esquemas, pero tampoco le daría toda la razón al chiquillo hijo de Wesker, él haría las cosas a su manera.
—Oye. —Habló Piers, acercándose hasta su amigo. — No…no le salgas con eso, pueden escucharte. — Le regañó, aparentando estar igual de fastidiado que el que acababa de dejarlos solos.
Jake lo miró con el entrecejo arrugado, pues su extraño amigo estaba usando las mismas palabras que hubiera usado Leon hace unos minutos. Piers únicamente quería ser popular, quizás si comenzaba a actuar como ellos, terminaría siendo considerado por la mayoría de los alumnos del bachillerato.
De acuerdo, no estaba seguro de que funcionase el plan que tenía en mente, pero debía hacer algo ahora mismo o perdería toda oportunidad posible con Claire y para siempre.
Con el dinero que el idiota de Burnside le facilitó podría intentar llevar a cabo su última esperanza, iba a jugar esa carta estratégicamente aunque muriese en el intento, pese a que su dignidad de muchacho rudo y respetado quedase por los suelos, lo haría de todos modos, estaba decidido y sin deseos de flaquear. Si esa pelirroja pensaba que se libraría de él con facilidad estaba muy equivocada, era muy obstinado, más cuando creía con suma convicción que su acción valdría la pena. Ella necesitaba que el resto del mundo viese que era importante en la vida de otros y precisamente de eso iba encargarse en unos minutos, de demostrarle lo valiosa que podía llegar a ser, sobre todo para alguien tan hostil como se consideraba.
Se suponía que debía dirigirse hasta el aula en la cual se impartía el taller de reparaciones, pero claramente no asistiría a la clase, aunque corriese el riesgo de ser condenado a un día completo en el salón de castigos académicos, nada que lo preocupase mucho en realidad, unas cuantas palabras simpáticas con Svetlana y el problema estaría solucionado. Todo marchaba a la perfección, así que no veía más barreras para darle el "vamos" al proceso de reconquista con Claire.
Silbó mientras marchaba a paso lento por el pasillo que daba a las salas de música del bachillerato, vio a lo lejos como uno de los chicos le esperaba apoyado sobre la muralla, aunque fingía no hacerlo, la idea era ser lo más discreto posible. Se aproximó al individuo llamado Ark Thompson con quien habían llegado a un acuerdo justo, le pagaría a cambio de que lo ayudase. Por fortuna el de cabellera oscura no pidió una gran suma, pero no quiso irse con las manos vacías tampoco, pues al igual que Leon, corría el riesgo de ser duramente sancionado por hacer lo que planeaban concretar.
El rubio miró hacia atrás y se aseguró de que nadie lo viera, sin más rodeos le hizo entrega a su compañero los quince dólares que había cobrado, no intercambiaron diálogos sólo un simple guiño fue necesario, tal cual como si de un narcotraficante y su cliente se tratara se alejaron del otro continuando con sus respectivos caminos.
Observó la hora en su celular y corroboró que el momento había llegado, ajustó sin problemas el amplificador de sonido que manejaban las autoridades del colegio para informar a los estudiantes, con la ayuda de Ark había sido como quitarle un dulce a un niño llegar hasta ese aparato. Tomó el micrófono que yacía al lado del resto de los cables y parlantes, inspiró y sonrió, ahora estaba seguro de que iba a salir todo bien.
You're just too good to be true
Can't take my eyes off of you
you feel like heaven to touch
I wanna hold you so much.
Caminó hasta la cancha deportiva, en donde como todos los días estaba Claire y su grupo de compañeras entrenando, las jovencitas al igual que la pelirroja se sobresaltaron al oír la voz masculina cantando una de las más famosas canciones de Frank Sinatra, giraban sus cabezas en varias direcciones con intenciones de encontrar al muchacho que estuviese teniendo semejante gesto hermoso, en ese momento Leon Scott Kennedy hizo aparición física, cargando consigo una enorme sonrisa y toda la actitud que necesitaba para dar un espectáculo público de altura y de esa índole, la mayoría de las chicas suspiraron el verlo, a decir verdad, el rubio no carecía de atractivo físico y verlo en aquella faceta de galán romántico aumentaba con creces su encanto.
Se deslizó por uno de los postes de luz, gracias a ello descendió al segundo piso que daba el pase para trasladarse a las escaleras que lo llevarían a las bancas para presenciar sin inconveniente la enorme chancha en donde continuaban las sorpresas de su improvisado show.
At long last love has arrived
And I thank god I'm alive
You're just too good to be true
Can't take my eyes off of you
Apuntó con su dedo índice a la orquesta que repentinamente había hecho aparición en medio de todos los estudiantes que practicaban sus actividades deportivas, con ese movimiento de parte de Leon, Ark comprendió que era el instante de contribuir con su parte, él y sus músicos comenzaron a tocar la melodía de la canción, incluso parecían tener sus movimientos organizados y precavidos.
Claire no podía creer lo que estaba sucediendo, pestañeó incrédula en reiteradas veces ¿Acaso Kennedy había montado todo ese espectáculo sólo para conseguir su perdón? Pues la respuesta era más que obvia, no iba reprimir lo mucho que le agradaba todo lo que estaba viendo, sonrió al igual que el resto de las féminas ocupantes del sitio. Ahora no tenía más cuestionamientos, Leon era lo que necesitaba en su vida y él la requería a ella de la misma manera.
El profesor Frederic Downing frunció el ceño molesto, ese joven con complejo de Romeo estaba interrumpiendo las clases de todo el alumnado.
I love you baby
And if it's quite alright
I need you baby
To warm the lonely nights
I love you baby
Trust in me when I say
El rubio tomó asiento en uno de los peldaños de las escaleras mirando fijamente a la pelirroja, quien por inercia había avanzado un par de pasos hacia él. Ensanchó su sonrisa en tanto se ponía de pie y corría hacia su izquierda simulando la mejor actuación artística que esa escuela hubiese presenciado, los orbes aguamarina de la Redfield nunca antes habían brillado tanto como en esa instancia. Si dijera que no estaba asombrada y maravillada mentiría, podría ponerse a bailar y a cantar tal cual como Leon lo estaba haciendo en ese momento.
Oh pretty baby
Don't bring me down I pray
Oh pretty baby
Now that I've found you
Let me love you baby, let me love you
Claire captó sus mejillas arder, y sinceramente no recordaba la última ocasión en que un hombre le provocase esa estúpida sensación de percibir las famosas mariposas en su estómago, Leon le estaba pidiendo que se quedase con él, que le permitiera amarla y sinceramente aquello la descolocaba moralmente. No obstante, ya era demasiado tarde para alejarse de él, ya estaba colado en sus pensamientos y en definitiva no se alejaría con facilidad.
El joven se sentó nuevamente en uno de los escalones, viéndole sólo a ella, no le interesaba el resto, ni los policías que se acercaban peligrosamente a él por interrumpir y escandalizar a media escuela, Claire le estaba sonriendo emocionada y con eso le bastaba.
Uno de los uniformados tomó su brazo, la de cabellera rojiza apretó sus labios, sencillamente estaba sin palabras. Los oficiales tomaron sin delicadeza al joven obligándolo a levantarse y de seguro que para llevárselo a la comisaría más cercana. La multitud que presenciaba la actuación del muchachito rebelde comenzó aplaudir eufórica, Claire en poco tiempo se unió mientras negaba con la cabeza divertida.
De algún modo, Leon consiguió zafarse de los dos policías que lo retenían, corrió un poco esquivándolos y mofándose, incluso se dio el gusto de burlarse del más gordo de ellos, el conocido sargento Irons recibió una leve, pero humillante palmada en su trasero, las risas eran abundantes al igual que la expresión de felicidad de Claire.
Holaa (Vidian & Ary)
Una vez más gracias por leer y acompañarnos en cada actualización. Lo que estaba en letra cursiva era un flash back (breve viaje al pasado por así decirlo)
También queríamos dejar la traducción de la canción o al menos de lo que nosotras pusimos xD
*Can`t take my eyes off of you (No puedo quitar mis ojos de ti)*
Eres demasiado buena para ser verdad.
No puedo quitar mis ojos de ti.
Tocarte sería como tocar el cielo. Quiero abrazarte tanto.
Por fin el amor ha llegado y agradezco a Dios porque estoy vivo.
Eres demasiado buena para ser verdad.
No puedo quitar mis ojos de ti.
Te amo nena y sí, está bien
Te necesito nena para calentar las noches solitarias
Te amo bebé, confía en mí cuando te digo
Oh nena hermosa, no me abandones,
Rezo porque no me abandones.
Oh nena hermosa, ahora que te he encontrado, quédate.
Y déjame amarte, nena déjame amarte.
Yuna-Tidus-Love: Hola, jajaja, nos alegra que te haya gustado el capítulo anterior. Agradecemos mucho seguir contando con tu apoyo. Esperamos que este capítulo te haya agradado tanto como el pasado. Nos leemos pronto.
SooL2900: Holis, vaya, muchas gracias por esas linda palabras, realmente nos motivas a continuar con este fabuloso fic. Nos alegra que te haya gustado el capítulo anterior y que haya generado esas reacciones en los lectores jajaja. Saludos y besos para ti también.
NelielTu7: Hola. Sí, pobre Claire, pasa por un momento…difícil, jajaja. Oh, nos alegra y mucho que les haya gustado tanto el cap anterior. Muchísimas gracias por leer el fic y por apoyarnos con reviews. Nos leemos pronto.
anamariaeugenia: Holis. Nos alegra muchísimo haber logrado que el capítulo 6 les gustara tanto, esperamos este no sea la excepción. Bueno, con lo de los one-shot, pues es prácticamente eso: luego de terminar con este fic, haremos one-shot's de esta misma trama. Por ejemplo, podríamos hacer un capítulo dedicado a Jill y Chris, o para Sherry y Jake (es sólo por mencionar ejemplos), pero estos seguirán basados en 10 Cosas Que Odio De Ti. Esperamos haber resuelto la duda, y sino pues dinos, por fis. Jejeje, muchas gracias por todo el apoyo.
M. Bidden: Hola, Hola. Nos alegra tanto que te haya gustado el capítulo anterior. Jajaja, vas a tener que esperar para saber todo lo que está por venir, ¡Somos malvadas! Jajaja, para los one-shot's, pues ya que has hecho una petición especial, por supuesto trataremos de cumplirla. Muchas gracias por todo el apoyo brindado desde el comienzo. Un abrazo para ti también.
Pamela: Wahhhh gracias, hermosa ñ_ñ tus comentarios nos alientan muchísimo y nos alegra que te encante el fic. Esperamos contar con tu opinión.
Jesus Redfield: Hey!, muchas gracias, bienvenido al fic, nos pone feliz que hayas dejado review Este fic, lo escribimos Vidian y yo, así que el mérito es de ambas ;) mil gracias por las palabras.
ReLeonClaire: No te preocupes, lo importante es que nos has dejado un bello comentario expresando una maravillosa opinión, por reviews como el tuyo dan ganas de continuar, en verdad un millón de gracias *_* todo nos ha costado trabajo y valoramos tus palabras. Un abrazo.
Felix Ramos: Ohh que bueno que te gustó, imagínate… pobre Claire, ella sólo llegó y vio lo que todos sabemos xD Esperamos tu incondicional apoyo.
SarahKennedy007: Gracias por comentar, somos feliz de que te haya gustado. Con tu apoyo ya haces mucho por nosotras. Ojalá te haya gustado Leon cantando xD
Nos leemos!
