10 Cosas Que Odio De Ti

By: Vidian & Ary Valentine


Capítulo VIII: Fugitivos

Aquel improvisado concierto que realizó en el estadio de fútbol del bachillerato, ya tenía su cuota de pago. En cuanto los oficiales se encargaron de parar con su diversión, fue llevado hasta la sala de detención escolar. Esa aula especifica de la escuela, recibía a los alumnos problemas o desviados, como Svetlana Belikova prefería llamarlos. Algunos de los estudiantes solían visitar seguido aquella habitación que anunciaba en la entrada: Detención; descrito por los alumnos estrella de la institución como: el lugar oscuro y temido.

Estaba sentado en medio de la sala, con sus brazos sobre el pupitre y la cabeza recargada encima de estos. Estar en aquel salón que tenía como objetivo: dar un ligero castigo a los alumnos por imprudencias, era sumamente aburrido; podían pasar fácil, tres horas sin hacer absolutamente nada, restando el hecho fastidioso de tener que compartir el espacio con un montón de adolescentes que no parecían tener motivos para sobresalir en la vida. No obstante, eso era lo de menos, estaba satisfecho con su obra y lo único que importaba ahora, era saber si Claire lo había disfrutado.

El profesor Frederic Downing no sólo era encargado de la clase de deportes, también, y como un fondo extra para su bolsillo, se hacía cargo de cuidar en detención a los estudiantes rebeldes. No todos los docentes estaban dispuestos a malgastar su tiempo con jóvenes que no tenían remedio alguno, según su propio criterio. Aquel profesor de cabellos color gris y lentes que le hacían lucir intelectual, aún tenía esa terrible molestia en el trasero; ser atravesado por una flecha, había dejado terribles consecuencias en su glúteo derecho.

Caminó entre las filas con los brazos cruzados y arrojando aquella mirada penetrante, sólo para no perder el respeto por toda esa bola de desviados. Intentó sentarse sobre su escritorio, así podría observarlos mejor, sin embargo, olvidó la dolorosa herida que tenía y sin pensarlo, se dejó caer sobre el escritorio, levantándose al instante por la incomodidad y llevándose una mano directa al glúteo lastimado. Algunos alumnos cercanos a él, se percataron de la mueca de dolor en el profesor, y no evitaron reír ante eso.

Prefirió levantarse y continuar por el recorrido entre las filas. Ya había observado a uno de sus alumnos con una actitud y una cara bastante sospechosa, así que no dudó en dirigirse hasta la banca del muchacho reconocido como Curtis Miller. El hermano de Ángela se puso nervioso en cuanto vio al profesor acercarse a él.

—Luces muy nervioso —entrecerró los ojos tratando de averiguar qué le ocurría.

—Sí, señor.

—Y sudas como un puerco —afirmó seguro de sí mismo.

—Sí, señor —asintió nuevamente, intimidado por la exigencia del profesor.

—Tus ojos están muy…rojos —se acercó un poco más y le observó de cerca. El jovencito realmente estaba ansioso, ya sospechaba lo que le ocurría a ese rebelde.

—Sí, señor

—Tienes hierba, ¿cierto? —Averiguó rápidamente. Curtis al verse descubierto por su profesor, no pudo sólo negar tal hecho, simplemente sacó de uno de los bolsillos de su mochila, uno de esos paquetes con contenido sospechoso; resignado por haber sido pillado, le entregó la bolsita al profesor. — Confiscaré esto — advirtió y luego únicamente avanzó para alejarse. Antes de llegar a su escritorio, notó sobre la banca de otros de los rebeldes, una bolsa de Cheetos, no pensó dos veces para tomar la bolsa y hacer lo mismo que había hecho con el muchacho de apellido Miller. — Y esto.

En ese momento, la puerta del aula se abrió suavemente y por ella entró con discreción una muy peculiar pelirroja; los estudiantes, excepto Leon, dirigieron su mirada hasta la nueva integrante.

—Señor, Downing —la voz de la Redfield menor hizo eco en la habitación. A Leon solamente le hizo falta que las palabras de la fierecilla llegaran hasta sus tímpanos, para levantar la cabeza y dirigir la mirada hasta la dueña de la voz. — ¿Me daría un segundo? — Ya estaba cerca del profesor.

—¿Qué se te ofrece, Redfield? —Averiguó, mientras llevaba sus manos a la cintura.

—Tengo algunas ideas para mejorar el equipo femenil.

—¡Genial! —Fingió emoción.— Pero no ahora — y se giró para ignorar a la jovencita.

Leon observaba todo atento, sin siquiera percatarse de que una sonrisa se formó en sus labios. Se sentía feliz de verla en ese momento y en ese lugar; sus ojos habían querido mirarla desde el espectáculo que ofreció en el estadio. De repente, notó como la prima de Sherry comenzó a hacerle señas que aún no lograba descifrar.

Claire murmuraba: "La ventana", pero él seguía sin poder comprender lo que intentaba decir. Frunció el ceño, y ella al darse cuenta de que no estaba captando nada, señaló hacía la ventana, evitando ser descubierta por el profesor Downing. El encargado de los deportes en el bachillerato, se giró para dirigir su mirada curiosa a la pelirroja, la chica de simplemente le dedicó una gran sonrisa.

—Ya sabe que viene el juego con la preparatoria enemiga, ¿no? —Habló para intentar atraer la atención del de apellido Downing. Leon por fin había comprendido lo que ella quería decirle, así que tomó sus cosas y sigilosamente comenzó a dirigirse hacia la venta. — ¡Oh, su bíceps es gigante!— Exclamó, tomando el brazo derecho del profesor para distraerlo del actual escape que realizaba el chico con fama de delincuente.− ¡Ay por dios!, el otro es aún mayor.− Le tomó el otro brazo para girarlo al lado contrario.— No toma esteroides, ¿cierto? Porque escuché que los esteroides pueden llegar a desintegras sus…— dirigió su mirada a la entrepierna del profesor — partes — dijo apenada, el resto de los alumnos exclamaron con diversión ante las inesperadas palabras de la jovencita. — No es que yo esté pensando en sus partes…no me importan. — Reparó con vergüenza; ya sentía sus mejillas arder por el terrible momento que estaba pasando.

—Espero que no —contestó el profesor, un tanto perturbado por el atrevimiento de una de sus jugadoras de fútbol.

Leon se encontraba oculto detrás de uno de los enormes carteles que se encontraban en la sala, ya estaba cerca de la ventana, sin embargo, el profesor pudo sentir algo extraño y se giró de inmediato; Claire no tardó el girarlo de nuevo tomándolo por ambos brazos.

—El punto es que…hemos perdido cada año y estuve pensando en una estrategia —comentó con ansiedad; el rubio ya estaba cerca de su objetivo; ya sólo tenía que entretener un poco más al encargado de los deportes y el escape habría sido concretado con éxito. — Es algo que finalmente nos dará la victoria.

—¿Y cuál es? —Se giró una vez más al escuchar un ruido extraño detrás de él.

—Lo que nos enseñó —intervino de inmediato.

—¿Qué cosa?

—Uhm…el engaño —sugirió sonriente.

—¿Yo les enseñé eso? —Entrecerró los ojos, confundido, y averiguó una vez más. No sabía lo que esa niña se traía entre manos, lo cierto era que lucía bastante nerviosa, y eso era raro en una alumna como ella.

—Sí, usted nos lo enseñó. —El docente escuchó otro ruido proveniente a sus espaldas, intentó dar la vuelta, sin embargo, Claire volvió a retenerlo, pero esta vez, sosteniendo entre su mano derecha ambas mejillas del profesor. — Pero piénselo, porque…pri-primero nos ven por acá — giró la cara del profesor, aún sostenida entre su mano, hacía el lado derecho — y luego nos ven por allá − la giró al lado contrario. — Bien, otro gol: y... ¡Ganamos!

—Entiendo, ¿pero cómo hacer que nos vean ahí? —Inquirió interesado. Otro ruido desde la ventana, se escuchó con claridad; Leon ya estaba por salir de ahí, así que Claire se vio obligada a actuar con rapidez.

—¡Así! —Exclamó al tiempo que levantó su blusa, dejando así, ver sus pechos en todo su esplendor. El profesor Frederic y todos los ocupantes de la sala, la miraron con atención; los chicos exclamaban emocionados y el encargado de los estudiantes en ese momento, se quedó atónito ante lo que estaba observando. Cuando ella se dio cuenta que Leon había logrado salir de ahí, bajó su blusa y trató de sonreír sin sentirse avergonzada. — Bueno, ahora que ya vio…el plan. Yo correré a mostrar el plan a alguien más. — Sumamente nerviosa y sin esperar respuesta, comenzó a avanzar hacia la salida, llevándose en el recorrido, los aplausos de sus compañeros.


—¿Me estás diciendo que Redfield y Kennedy se escaparon, y juntos?

—Así es —contestó Krauser en fonación baja. Frederic Downing se encontraba de pie junto a él en el despacho de la consejera, parecía amedrentado, por lo general, el hecho de informar a Svetlana con ese tipo de noticias generaba un caos colectivo en toda la escuela. La mujer frunció el ceño visiblemente enfadada. — La motocicleta de Claire aún está aquí, pero la camioneta de Leon no.

Belikova suspiró sin dar crédito a lo que sus colegas le estaban comunicando, que sus alumnos se escaparan no era gran novedad, pero que los más rebeldes y desquiciados lo hicieran en conjunto no solía ocurrir a diario, y sinceramente no tenía idea de cómo actuar frente a ello. La pelirroja que mostró sus senos a un profesor y el joven delincuente que se creía cantante eran dinamita pura, una bomba latente que amenazaba abruptamente su reputación como orientadora juvenil.

¿Qué se suponía que debía hacer?, si llamaba a los apoderados de éstos se arriesgaba a que una lluvia de criticas respecto a su sistema de seguridad estudiantil cayera sobre sus hombros y no estaba dispuesta a que eso ocurriera, no ahora que necesitaba su trabajo para publicar su novela erótica.

Su novela…

Sonrió de lado, el recordarse de su obra literaria le dio una brillante idea, llamaría sólo a Chris Redfield y lo pondría al tanto de lo sucedido, estaba segura de que él acudiría en menos de un parpadeo a la institución; Svetlana sabía lo sobreprotector que era con su pequeña hermana, se aprovecharía de ello para atraerlo hasta su despacho y de una vez por todas adquirir la inspiración necesaria para culminar su historia. Era el plan perfecto, posó sus ojos azules en ambos hombres que la observaban expectantes.

—Lárguense, yo me encargaré de este asunto —determinó convencida y mucho más relajada. — Y no se lo mencionen a ninguna autoridad, ni civil ni de ningún tipo, la discreción en primordial para lo que planeo. Pueden estar tranquilos, encontraremos a esos desviados enamorados.

Tanto Jack Krauser como el de cabellera encanecida le otorgaron una mirada llena de contrariedad, no podían entender su abrupto cambio de humor y más aún su repentino relajo. La chica más revolucionaria del bachillerato y el muchacho que vivía en el salón de detenciones estaban solos por ahí ocasionando estragos en las calles, aquel dúo era un peligro público y la de origen ruso parecía no tomarle importancia. Sin hacer más uso de las palabras se retiraron de la estancia resignados.


No sabía hace cuanto tiempo su compañera estaba hablándole, sólo había escuchado palabras como: "perra", "envidiosas" y "chismes". Al parecer Jessica le relataba algo que era de suma importancia para ella, pero sinceramente no tenía deseos de oírla y se sentía pésimo por ello, su compañera no tenía culpa alguna de los tormentosos días que estaba viviendo.

Extrañaba a Barry Burton, su compañero de labores y mejor amigo se encontraba disfrutando de unas vacaciones familiares y no regresaría pronto, necesitaba comentarle lo sucedido con Jill Valentine, daría lo que fuera por oírlo burlarse, haber sido descubierto infraganti por Claire y de manera tan bochornosa era digno de usarlo en su contra, pero definitivamente mataría por recibir uno de los sabios consejos que sólo su camarada pelirrojo podía brindar. Ese hombre siempre tenía unas alentadoras frases que entregarle, soltó el aire con pesadez, esperaba poder resistir unos días más ante la ansiedad que lo dominaba, pero el orgullo de la Redfield no estaba ayudándolo, mucho menos no saber nada de Jill desde que la última vez que la había visto en su casa.

—¿Estás escuchándome? —Inquirió la de cabellera ondulada y de color castaño.

—Sí, por supuesto —se apresuró en responder, obviamente era una mentira, no tenía la menor idea de lo que estaba hablándole.

Enfocó la mirada en la taza de café que sostenía en su mano, no se le daba con facilidad eso de mentir y siempre era delatado por sus nervios a la hora de hacerlo. Rogaba por que la hora de colación llegara a su fin prontamente, así tal vez la mujer detendría su fastidioso relato.

—Entonces… ¿qué crees que debería hacer? —Jessica lo miró fijamente esperanzada de recibir un buen consejo, sin embargo, el joven vacilaba sin dar indicios de responderle algo razonable. Chris no esperó que le pidiera un consejo, su nivel de improvisación era técnicamente nulo, se llevó una mano al cuello con nerviosismo. — ¿Será optimo que queme sus cosas o mejor le aplico magia negra de una vez por todas a esa maldita perra?

Abrió su boca un tanto impactado, Sherawat podía llegar a ser realmente escalofriante, definitivamente era mejor tenerla de amiga que de enemiga, nadie pensaría que debajo de ese traje formal, perfectamente entallado a su figura esbelta se ocultaría una mujer tan extremista y radical. Iba a responderle, pero su celular comenzó a vibrar dentro del bolsillo derecho de su pantalón, agradeció internamente a la persona que inconscientemente lo había liberado de una incómoda conversación.

Arqueó una ceja, el número en pantalla era desconocido, pero si ignoraba la llamaba estaría obligado a continuar platicando con Jessica, sin titubear deslizó su dedo por la pantalla táctil y contestó de inmediato llevándose el móvil a su oído.

—¿Hola?

—¿Christopher Redfield? —Preguntó una voz femenina desde el otro lado de la línea.

—Sí —contestó extrañado, la voz de su interlocutora le resultaba altamente conocida, de todos modos no estaba seguro de quien podía tratarse — ¿Quién habla? — Averiguó intrigado.

—Oh estimado, Chris, que bueno es comunicarme contigo en estos momentos, no imaginas lo agradable que es oír tu varonil voz —el aludido comprendió de quien se trataba, sólo una mujer le hablaba de manera tan confianzuda sin estar en posición de hacerlo: Svetlana Belikova. Dirigió sus dedos pulgar e índice al puente de su nariz, de seguro lo citaría a una reunión poniendo como excusa el pésimo comportamiento de Claire. — Soy la consejera del bachillerato — aclaró la veterana, el castaño rodó los ojos ante lo obvio. — Me temo que no tengo buenas noticias sobre su pupila.

—¿Qué hizo ahora? —Indagó alejándose de Jessica para hablar en privado

—Escapó en compañía de otro muchacho de su salón.

Hubo un silencio extenso, de todas las atrocidades que esperó oír respecto al actuar de su adolescente hermana menor, ese, por lejos era lo último. Una molesta presión se apoderó de su pecho, recordó lo que Sherry había mencionado hace una noche, algo sobre Claire y un delincuente, su corazón se detuvo de sólo imaginar que la pelirroja estuviese en peligro junto a ese tipejo.

—Voy enseguida —puso fin a la llamada sin preocuparse por prestarle atención a las exclamaciones que la loca mujer exponía desde el otro lado.

Si a Claire le llegaba a suceder algo malo jamás se lo perdonaría, llevaba mucho tiempo ocupándose únicamente por sus asuntos personales y aquello estaba terriblemente mal. Le comunicó a Wesker que debía ir de urgencia a la escuela de Raccoon, le explicó la situación a lo que su jefe no titubeó en autorizarlo para que se marchase lo antes posible.


Ayudar a Leon a escabullirse de su castigo, no resultó ser una tarea bastante difícil, sin embargo, había sido completamente vergonzoso. Nunca en toda su vida, hubiese imaginado que terminaría mostrándole sus pechos desnudos a alguno de sus profesores, con todo un aula de clases repleta de alumnos antisociales, mirando todo sin perder detalle. Muy a pesar de eso, no se arrepentía de haberlo hecho. El chico con fama de delincuente había terminado en detención por preparar todo un espectáculo para ella, era lo menos que podía hacer por el joven después de ese... delicado gesto que tuvo.

Ahora estaban ahí, en medio de un lago, sobre una lancha que tenía que ser impulsada por un par de pedales, andando sobre el agua como si nada en el mundo importara más. Ni siquiera les interesaba aquella hazaña de salir del plantel y perderse del resto de las clases; el aquí y el ahora, era lo único que se disfrutaba en ese instante. Inesperadamente para Claire, estaba gozando de ese instante a cabalidad. Así como jamás había imaginado mostrar sus pechos a un profesor, tampoco hubiera imaginado que terminaría saliéndose de clases para pasar una tarde con un muchacho como el que estaba a su lado.

—Te agradezco que me hayas sacado de detención. Mil gracias —comenzó el rubio, con una sonrisa sincera que la pelirroja no demoró en corresponder.

—Olvídalo —restó importancia.

—Estaba seguro de que Downing me vería en la ventana, en serio − sólo de recordar su improvisado escape, ambos reían divertidos. — ¿Cómo pudiste distraerlo?— Averiguó curioso, porque sea lo que sea que hubiera hecho Claire, le había resultado de maravilla.

La hermana menor de Chris se quedó un momento pensativa, Leon no la había visto y ahora lo agradecía.

—Uhm, yo lo encanté con mis…ojos.

—¿Y cuál es tu excusa? —Cambió de tema, logrando que la chica frunciera su entrecejo un poco, por la confusión de aquella nueva pregunta; Leon sonrió y se dispuso a terminar con la duda que guardaba la pelirroja. — Tu excusa para actuar como lo haces.

—Sólo no hago lo que el mundo espera —se encogió de hombros.— No cubriré otras expectativas que no sean las mías — la seguridad con que hablaba podía ser fácilmente detectada hasta por un mocoso de escasos seis años.

—Los decepcionas primero y luego lo arreglas todo, ¿o no? —Comprendía lo que ella quería decir, no era muy alejado de lo que él hacía después de todo.

Sin embargo, esta chica era diferente y él lo había adivinado desde que su forma de pensar y actuar no era lo que las masas realizaban; ella era mucho más interesante que todo eso.

—Sí, puede ser —sonrió autosuficiente.

—Fallaste conmigo.

—¿Cómo? —Una vez más confusa, giró su rostro para mirarlo atentamente.

—No me decepcionaste —confesó, regresando la mirada a su interlocutora. Ambos se vieron directamente a los ojos, las sonrisas también se encargaban de iluminar el rostro de cada uno. Leon fue el primero en romper con el contacto; miró hacia delante y observó a lo lejos, aquel lugar en donde se realizaban actividades parecidas al gotcha. Una nueva idea se metió en su cabeza. — ¿Te animas?

—¿A qué? —Inquirió curiosa.

El joven de apellido Kennedy sonrió y con el dedo índice de su mano derecha, señaló el lugar al que se refería.


Llevaba veinte minutos esperando la aparición de Svetlana Belikova en su despacho, acudió a la escuela en cuanto recibió aquel llamado de su parte, informándolo de todo lo ocurrido con su hermana menor y su inmaduro escape en horario de clases. Pero para su desconcierto, la mujer de origen ruso no se encontraba precisamente esperándolo, según su robusta asistente, la consejera estaba por llegar en breves momentos, pero la exasperación de Chris estaba dejando de ser discreta y su paciencia tenía limites.

Había abandonado su jornada laboral para tener noticias de Claire y lo único que encontró fue a la gorda secretaria de Svetlana comiendo un par de rosquillas añejas, miró por décima octava vez la hora en su celular, ahora llevaba media hora de espera, frunció el ceño enfadado al tiempo en que se ponía de pie. No era posible que en media hora nadie fuese capaz de darle algún dato posible de la respectiva ubicación de la pelirroja obstinada que tenía por hermana. Cuando estaba dispuesto a ir a exigir sus derechos como apoderado, la mujer rubia entró en el despacho tranquilamente.

—¿Algún problema, Chris?

—Además de esperarla por media hora y considerando que mi hermana está desaparecida con un delincuente, pues no. —Contestó sarcástico.

La orientadora juvenil cerró la puerta sin quitarle la mirada azulina de encima, se mordió el labio fogosamente sin perderse ningún detalle del joven empresario que por fin la visitaba. Por un momento Chris pensó que aquella vieja estaba observando descaradamente su entrepierna, pero decidió no tomarle importancia al desagradable acoso visual, no podía evitar sentirse violentado moralmente cada vez que acudía a reunirse con ella.

—Lamento la demora —se disculpó, repentinamente sus mejillas se encendieron, el Redfield de verdad conseguía despertar todo su libido con tan sólo mirarle un par de segundos, miró su escritorio esbozando una sonrisa maliciosa, esa superficie podría ser testigo de muchísimas hazañas pasionales con ese muchacho. — Por cierto, Claire no desapareció con ningún delincuente, se fugó con Leon Kennedy, un jovencito algo rudo e igual de rebelde que ella… no es un peligro público ni nada parecido. Puedes estar tranquilo.

—¿Qué? —Inquirió perplejo. — No…no entiendo, usted me llamó dándome a entender que mi hermana podría estar en riesg…

—Sí, sí… lo sé, pero estudié bien la situación y creo fielmente en que Claire y su enamorado no están en peligro. —Le interrumpió con aire sereno. — Aunque, para que no desperdicies tu salida, podríamos tomarnos un café, ¿Qué te parece?


Nunca había dicho que no a un desafío, y definitivamente esta vez no sería la excepción, si Leon quería guerra, pues guerra iba a tener.

Desde hace muchísimo tiempo que no disfrutaba como una joven normal de su edad, su coraje y todo esa apatía que cargaba en su interior en contra de sus pares le había aislado considerablemente del resto. Se convenció así misma de que no necesitaba de grandes amigos, ni de un novio, o de la compañía de cualquier ser humano para tener una vida plena, pero hoy veía lo equivocada que estaba, el aislarse sólo le había hecho más daño a su ya de por sí lastimado sistema emocional.

Nunca imaginó que Leon Scott Kennedy, un delincuente según muchos, y un chico que pasaba muy desapercibido para ella, finalmente él consiguiera transformarse en el dueño de sus sonrisas y sonrojos. Sonaba cursi, estúpido, pero cierto, jamás se le habría pasado por la mente semejante disparate, hasta cierto punto era insólito. ¿Pero qué más daba?, ahí estaba ahora, a su lado…en medio de un parque de entretenciones y dispuesta a no separarse en todo el día de aquel rubio.

Terminó de subir el cierre de ese traje blanco que se encargaría de proteger sus prendas, lista para bromear y olvidarse por completo de los demás, de sus problemas, de la escuela, de Steve y por sobre todo de su hermano y Jill.

—¿Lista para recibir un bombardeo de pintura en el rostro? —Preguntó Leon, la chica arqueó una ceja mirándolo desafiante y arrogante. El rubio cenizo sonrió al notar lo fácil que era conseguir provocarla.

—Estoy lista, sí, pero para patear tu presumido trasero —objetó en tanto le guiñaba un ojo.

Finalmente Leon ajustó el traje similar al que tenía Claire, sólo que el suyo se adaptaba más cómodamente a su cuerpo, también se colocó unas gafas amplias para resguardar su visión y se equipó con un bolso lleno de pequeñas bombas de pintura. La pelirroja hizo lo mismo sin quitarle la mirada aguamarina de encima, antes había tenido experiencias en practica de gotcha con su hermano y Sherry versus otros equipos, pero admitía que ésta sería su primera vez batallando en solitario, además, aquí no contaba con una pistola que la ayudase a impactar a sus adversarios.

Sintió un golpe nada delicado en su brazo, golpe que rápidamente consiguió sacarla de sus divagaciones, dirigió al instante su mirada a la zona afectada para comprobar que tenía una enorme mancha de color violeta en la manga izquierda del traje. Buscó a su compañero con la vista, en cuanto consiguió mirarle directamente a la cara, abrió su boca ofendida en tanto lo veía burlarse de ella descaradamente.

—Eres un tramposo, me las vas a pagar —masculló corriendo tras él.

Sin duda sería el juego de paint ball más divertido de toda su vida, Claire se acercó a Leon lo más veloz que daban sus piernas y no titubeó en aventarle una de sus bombas repleta de pintura roja, el chico recibió la especie de proyectil directamente en el pecho, separó sus labios sorprendido. La pelirroja se alejó refugiándose tras una de las falsas ventanas que ponían en el recinto para hacer el juego aún más interesante entre los participantes.

La joven aprovechó la transparencia del vidrio para sacar su lengua infantilmente en son de venganza, Kennedy la siguió divertido mientras se aventuraba en lanzarle otra bola encima, sin embargo falló haciendo que la pelirroja bailara triunfante y se riera a carcajadas apuntándole con su dedo índice. Leon igualmente se sonrió con sorna y tomó a su beneficio aquella mofa, y sin pensárselo dos veces tiró otra de las bombas hacia ella, aunque esta vez sin fallar en el intento.

Las risas de la Redfield se detuvieron abruptamente, había recibido la pintura en su estómago y sabía bien que estaba en serias desventajas, corrió para ocultarse tras unos pajares de trigo, pero el muchacho no estaba dispuesto a dejarla ir e imitó sus pasos a la brevedad, trató de que la fémina fuese victima de otro ataque de pintura, pero de nueva cuenta su lanzamiento resultó nefasto.

Ambos corrían detrás del otro, como dos niños alegres, cuya única misión es divertirse en conjunto, sus risas no habían cesado en ningún momento provocándoles un agradable dolor en la parte alta del abdomen.


A juicio del propio Jake Wesker Muller: las cosas con Sherry iban a paso lento, sin embargo, no imaginaba la verdadera morosidad con que estaban avanzando. Incluso la custodiada por Chris Redfield, sabía que después del beso que ambos se dieron dentro del auto del padre del pelirrojo, ya no había sucedido nada entre ellos. Lo único para lo que se juntaron en los últimos días, fue para las clases nada fructuosas de la lengua francesa; los dos estaban cansándose de esa situación, pero al contrario de Jake, Sherry sí se encargaba de hacer notar su irritación.

—Puis-je vous offrir un panais?"¿Puedo ofrecerte una fruta?" —Hizo una de las preguntas que estaban en el libro que Leon se había encargado de perforarle por la mitad. No estaba entendiendo nada, con trabajos si podía pronunciar los enunciados, pero realmente hacía el esfuerzo sólo por la chica sentada junto a él.

—Vous ne pouvez pas. "No, no puedes"—contestó Sherry sin emoción alguna.

Tenía los codos recargados sobre la mesa, y sostenía su cabeza entre las palmas de sus manos; lo único que esperaba era que Jake estuviera decidido a dar el siguiente paso en su extraña relación, pero parecía que eso aún tardaría en llegar.

—Où est le crayon de mon oncle? "¿Dónde está el lápiz de mi tío?" —Enunció un ejemplo más. No estaba prestando atención a la actitud de su compañera, estaba más preocupado por entender lo que estaba leyendo.

—Je ne sais pas. Peut-être rentré dans le cul. "No sé. Tal vez metido en tu trasero"—contestó de forma sarcástica, estaba segura de que ella sabía más francés que el chico que pretendía ayudarla. Dejó caer el peso de su espalda sobre el respaldo de la silla y se cruzó de brazos.

—No, espera —intentó buscar la oración que la rubia había dicho; dio la vuelta a la página esperando encontrarse con la respuesta que le había dado la prima de Claire. — Eso no está en el libro — frunció el ceño, algo no andaba bien con esa mujercita; no tenía completa certeza de lo que Sherry contestó, no obstante, por la cara de enfado de la chica, supo que quizás era una frase que ella misma logró formular.

—Permettez-moi de vous poser une question, Jake. "Déjame hacerte una pregunta, Jake". —Colocó sus brazos cruzados sobre la mesa, y atrajo la atención del hijo del empresario con un tono autoritario. — Quand allez-vous me demander de sortir?"¿Cuándo vas a invitarme a salir?"— Espetó, al tiempo que tomó sus cosas y se levantó del lugar sin decir nada más.

Jake la observó marcharse; se sentía confundido por la reciente actitud de la rubia. Rebuscó una vez más entre las páginas del libro, buscando algo que le ayudara a descifrar el diálogo de Sherry. Definitivamente fue mala idea fingirse conocedor de la lengua francesa, no estaba ayudándola en nada; quizás por eso se enfadó, porque ya se había dado cuenta que él no tenía ni idea del idioma. Resopló y cerró el libro con fastidio. No se suponía que saliera así, necesitaba hablar con ella y explicarle por qué había fingido hablar francés.


El castaño cada vez entendía menos, ¿Acaso lo había sacado de su empleo para decirle eso?, quizás era cierto y la pelirroja no estaba en peligro, pero de igual modo se había escapado cuando debería estar en sus clases como era correspondiente, sin embargo, la mala acción de Claire parecía tener sin cuidado a sus maestros. Comprendió la finalidad escondida detrás de esa inútil visita a la cual acudió engañado, siempre era igual, Svetlana no estaba interesada en nada más que en verle, su última conclusión le provocó nauseas.

Soltó un bufido en respuesta a la propuesta de Belikova, que se bebiera ese estúpido café con el mismísimo Lucifer, él no estaba para babosadas de ese tipo. Sin responderle comenzó a encaminarse hacia la puerta con evidente intención de largarse, pero la mano de la rusa se posó en su pecho impidiendo que concretara su objetivo.

Chris arqueó ambas cejas mirándola fijamente, que fácil sería empujarla en ese instante, pero era mujer a final de cuentas, desagradable, pero mujer…y además en tiempo pasado había sido su maestra, agredirla físicamente no era una opción pese a que ya no soportara esa maldita obsesión que se cargaba con él.

—He perdido demasiado tiempo, en verdad, necesito irme, señorita Belikova.

El simple hecho de que Chris hubiese mencionado un miserable "señorita Belikova" provocó que todos sus deseos de hacer el amor salieran a flote, dejó que su mano acariciara vehementemente el torso masculino. El mayor de los Redfield la frenó a poco tiempo de que ésta llegase a la zona baja de su abdomen. Sin embargo, la rubia no le dio importancia y aproximó peligrosamente su boca a la de él, el chico retrocedió velozmente, su gesto de asco podría ser visto desde un satélite.

—No temas, Christopher, podemos pasar un agradable momento solos —volvió a dar dos pasos hacia el de cabello castaño oscuro. — Cuando eras alumno y practicabas rugby siempre te observaba, pero en ese entonces eras intocable. — El aludido no quería seguir escuchándola o terminaría vomitando lo poco que tenía en el estómago, se giró sobre sus talones y abrió la puerta rápidamente, no obstante, Svetlana se encargó de volver a cerrarla, miró un tanto impactado la mano delgada de esa mujer sobre el pomo, ya no tenía dudas en que definitivamente estaba siendo victima de acoso sexual. — Puedo hacerte disfrutar de placer como ninguna otra mujer lo haya hecho, Chris.

No pudo soportarlo más y la alejó bruscamente de su lado, esa vieja venía fantaseando con él desde que era un mocoso y eso no hacía más que descolocarlo, las secuelas serían imborrables. La fémina cayó pesadamente sobre la pared, a lo que el muchacho no demoró en aprovechar para huir cuanto antes de la estancia.


Ahora Claire perseguía al muchacho desperdiciando varias bombas en el camino, Leon conseguía escabullirse muy fácil, liberó un pequeño chillido triunfante y nervioso cuando logró propinarle un fuerte impacto de pintura amarilla en la espalda. Leon por modo reflejo se llevó una mano a la zona, pero no se detuvo y continuó corriendo, sólo para ocultarse en un muro pequeño.

La pelirroja frenó su andar posesionándose estratégicamente en el lado contrario, el rubio esbozó una risa ladina al percibir como el líquido frío y amarillo corría por su cabello, su rebelde compañera fue mucho más astuta y antes de que él lo concretara, ella ya había dejado su marca con antelación. La chica se alejó riendo y trotando de manera constante al tiempo en que una bola se reventaba cerca de su cadera y luego otra hacía exactamente lo mismo un poco más arriba de ésta.

Detuvo su marcha, sus pies ya no estaban acompañándole en su escape, miró a Leon fingiendo ternura, alzó sus manos en señal de rendición, el joven tenía una de las bolas lista para restregarla sobre ella, pero desistió compasivamente ofreciéndole de manera amistosa y pacífica su brazo, la hermana menor de Chris accedió al abrazo gustosa, pero no avanzaron ni dos pasos en cuanto el rubio restregó por su cabellera rojiza la bomba de pintura azulada.

Claire Redfield se distanció con intenciones de escapar, pero los brazos masculinos la rodearon por la cintura atrapándola con fuerza para dejarla apoyada sobre los restos de paja que se encontraban acumulados en el suelo, la joven rió divertida quitándose los lentes protectores, Leon la retuvo con ayuda de sus piernas, se posó sutilmente sobre ella lanzando despreocupadamente sus gafas hacia cualquier dirección.

Se miraron varios segundos en silencio, estaban manchados, sucios, agitados y fugitivos, no reprimieron una carcajada simultánea mientras sus pupilas recorría el cuerpo del otro, realmente estaban hecho un verdadero asco. Pero pese a todo lo anterior, para Leon, Claire seguía siendo hermosa y perfecta, bajó su mirada notando la postura en la cual se encontraban, no había sido fácil y sólo él sabía lo mucho que esperó tener a esa pelirroja atrapada entre sus brazos; con tal finalidad de obtener dinero a cambio, no obstante, y ahora que eso era real, no le interesaba en lo más mínimo recibir más billetes de parte de Steve Burnside.

Todos sus vicios y deudas podían irse al demonio en ese preciso instante, con la fierecilla a su lado el mundo no existía, sólo era ella y sus endemoniadamente bellos orbes aguamarina. Le acarició la mejilla cuidadosamente, aunque ésta estuviese manchada y repleta de pintura, le parecía estar tocando el objeto más delicado de todo el universo.

La respiración de la pelirroja se hacía cada vez más agitada, los ojos de Leon estaban clavados deseosamente sobre su boca, mordió su labio inferior, su calido aliento golpeando la piel de su cuello la hacía estremecer, sin más cerró los ojos y recibió el beso que Kennedy inició en sus labios, su mano aún yacía apoyada en su mejilla reteniéndola con vehemencia, por su parte Claire lo rodeó pasando ambos brazos sobre su cuello. Abrió la boca percibiendo la maravillosa exploración que realizaba la lengua ajena sobre la suya, le quitaba el aire, el alma y definitivamente era una sensación demasiado desconocida para ambos. Sus cuerpos se comenzaban a quemar ante la voracidad de su ósculo, estaban perdidos en un mar de sensaciones y la delicadeza experta con la cual jugaban con sus labios.

Se separaron sonriendo al instante, Claire no dijo nada, sólo impactó una bola de pintura verde sobre la cabeza de Leon y se alejó de allí corriendo de manera traviesa, el joven no demoró en seguirla con la expresión de felicidad y entretención plasmada en su rostro.


Se sentó en una de las bancas de madera ubicadas en el patio principal del bachillerato, estaba abatido, confundido y muy agotado…sí, así era como se sentía exactamente; cansado de todos y de todo. Algo era seguro al menos, jamás regresaría al despacho de Svetlana, no después de lo ocurrido hace unos pocos minutos atrás. Frotó ambas manos por su rostro, ¿Por qué no podía estar en paz?...su momento de felicidad junto a Jill no consiguió durar más de dos días consecutivos, el ser descubiertos por Claire arruinó el inicio de una posible relación seria junto a ella.

Echó por la borda la confianza que tenía con su hermana y arruinó la sólida amistad que ambas jovencitas tenían entre sí, hacer todo de modo irracional traía severas consecuencias, las cuales estaba pagando muy caras. Sólo deseaba que la pelirroja estuviese bien, su instinto paternal no estaba alarmado y por algún motivo creía en las capacidades de la Redfield para protegerse de cualquier amenaza, era fuerte y lo había demostrado desde el momento en que perdieron a sus padres.

—¿Chris?

Sacó las manos que aún permanecían tapando su cara, esa voz y ese rostro magnifico no podían pertenecer a otra persona más que a Jill Valentine. La joven lo miraba levemente turbada, esa expresión no le agradó en lo absoluto, parecía que lo único que esperaba era que él desapareciera cuanto antes de ese sitio. Se irguió un poco en su postura, por primera vez desde que la conocía prefirió que no lo mirase directamente, descendió la vista apenado, le estaba costando mucho trabajo soportar esos orbes azules clavados de manera tan fría sobre su persona. Pero debía afrontarla y echar a la luz todo lo que sentía adentro; necesitaba saber qué significó tenerla entre sus brazos, requería saber la verdad…si era amor o simplemente algo que debería ignorar.

—¿Podemos hablar? —solicitó decidido, la joven negó instantáneamente con la cabeza. Chris juntó el entrecejo consternado al tiempo en que se ponía de pie y caminaba hacia ella. — ¿Al menos puedo saber por qué? — Cuestionó enfadado.

¿Cómo explicarle que no era hombre para una joven como ella?, habían millones de factores que respaldaban esa teoría, tenían mundos diferentes, mientras él se relacionaba y desenvolvía en un entorno de gente importante, ella sólo iba a la escuela, Chris conocía muchas cosas que Jill ni siquiera había explorado, detalle que la hacía dudar de los verdaderos sentimientos del joven. ¡Y por Dios!, había perdido a su mejor amiga por entrometerse en las sabanas de su hermano mayor. Se dejó llevar por sus impulsos de manera egoísta y pese a que disfrutó del mejor momento de su vida, nunca se detuvo a pensar en lo que su actuar pudiese dañar a Claire.

—Po-porque no es correcto —no se atrevía a mirarlo fijamente. — Lo que pasó entre nosotros no cambia nada, sigues siendo el hermano de Claire y yo sigo siendo la traidora — el Redfield abrió sus ojos desmesuradamente, no daba crédito a lo que Jill, su Jill… estaba diciendo.

—¿Qué?

—¿No te das cuenta, Chris?, tu hermana está destrozada por nuestra culpa —mencionó desesperada, él movió la cabeza negando de lado a lado.

—No lo estás diciendo en serio, ¿verdad? —Siseó impactado, la castaña levantó sus pupilas viéndolo con sensatez. — No puedo creer que permitas que la inmadures de Claire nos separe, entiendo su enfado, pero cuando dos personas se quieren y saben lo que hacen, no hay nada que un tercero pueda hacer o cuestionar. Después de todo lo que hemos compartido creí que de verdad querías defender esto, para mi no fue simplemente sexo, para mi eres importante, Jill…

La muchacha se llevó ambas manos a la frente demostrando lo aturdida que se sentía, para ella también había sido importante, claramente entregó más que su virginidad al unirse en cuerpo y alma a él. Pero no estaba bien…de su romance con Chris Redfield nada podría salir bien.

—¿Qué quieres de mi? —Preguntó con las pupilas vidriosas. — ¡¿Qué quieres que haga para demostrarte que esto no va funcionar aunque nos queramos?! — Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.

—¡¿Y qué quieres que yo haga? Si únicamente estás viendo lo negativo! —Se acercó a Jill tomándola por ambas mejillas. — Si nos amamos no tiene que ser complicado.

La de apellido Valentine lo abrazó con fuerza, hundió el rostro en su pecho, ¿A quién quería engañar? No podía soportar un día más sin oler la agradable fragancia que ese hombre desprendía, podría quedarse allí, oyendo los latidos de su corazón por horas y lo sentiría como unos miserables minutos. Podría permanecer en esos brazos por siempre y estaba segura de que necesitaría más tiempo.

Svetlana miró con desconcierto la escena que estaba presenciando, había seguido los pasos del castaño para justificar su inadecuado comportamiento, mas no esperó verlo tan acaramelado con una de sus alumnas, ahora comprendía el rechazo constante que Chris le otorgaba. Jill Valentine era la culpable, apretó los puños, estaba sorprendida y furiosa, nunca imaginó que esa jovencita introvertida mantuviese una relación con el mayor de los Redfield, sonrió de lado, personalmente se encargaría de arruinarlo y no iba a parar hasta que Chris estuviese íntimamente con ella. Prosiguió con su camino planeando la manera correcta y minuciosa de concretar sus planes, nada ni nadie arruinaría la publicación de su novela y para ello, requería de la ayuda del joven empresario.


Unos cuantos restos de pintura aún estaban sobre sus cabelleras, la decisión más inteligente por supuesto, había sido echar un poco de agua sobre sus cabezas antes de que la pintura secara por completo. No era algo que les importara de todas formas; el par de jóvenes se divirtieron como ninguno de los dos lo había hecho en suficiente tiempo. Y aunque acercarse a la hermana de Chris Redfield resultó ser un proceso complicado, no se arrepentía de todo lo que había hecho por conseguirlo; no se trataba de dinero, no, él muy bien sabía que disfrutaba de la compañía de la pelirroja como hace mucho no disfrutaba estar con nadie más.

Ambos iban en la camioneta de Leon, de regreso a casa de la menor de los Redfield. Jamás olvidarían ese día, estaría en las memorias de los dos por bastante tiempo. Y aunque nunca en sus vidas hubieran imaginado un momento similar, no se arrepentían que haya sucedido. Por supuesto, las cosas entre ellos ya no eran iguales, algo cambió en algún momento y el par lo sabía a la perfección.

—Esa de ahí…—con las manos sobre el volante, liberó su dedo índice de su diestra para señalar hacia delante —…es mi casa.

—Luce bien —su mirada se posicionó rápidamente sobre el objeto indicado. Era una linda casa de dos plantas, bastante agradable a primera vista.

—Bueno, sólo en la fachada —murmuró sarcástico. Una sonrisa de medio lado apareció en su rostro.

—¿Quieres decir que es un completo asco por dentro? —Una de sus cejas se arqueó al instante.

—No de forma literal, pero sí —se encogió de hombros. Nadie mejor que él para saber la soledad que se sentía en ese lugar. Su madre casi nunca estaba, y él evitaba estar ahí la mayor parte del tiempo.

—¿A qué te refieres? —Frunció el ceño no entendiendo bien lo que Leon quería decir. Quizás era algún tema complicado para él, pues en cuanto mencionó lo anterior, su semblante cambió sutilmente, sin embargo, ella fue capaz de notarlo sin dificultad.

—No es nada, creo que estoy divagando —se encogió de hombros. En algún momento de su vida tuvo que mentalizarse que toda su situación familiar no le importaba en absoluto, no tenía que angustiarse por estupideces como el divorcio de sus padres, al final había sido decisión de ambos y él no tenía cabida en ese asunto. Ya había notado cierta curiosidad en el tema por parte de su acompañante, pero realmente no tenía ganas de hablar sobre todo eso. — ¿Tienes prisa? — Detuvo la camioneta frente a su domicilio.

—¿Uhm?

—Pues ya que estoy cerca de mi casa, podría cambiarme esto —se tomó la playera. La pelirroja sonrió de medio lado y en seguida asintió con la cabeza. — ¿Quieres entrar? — Ofreció amablemente, al tiempo que sacaba las llaves del auto. La prima de Sherry le miró por unos segundos antes de asentir con la cabeza por segunda vez.

—Quizás así me entere a qué te refieres cuando dices que esa casa en un asco. —El rubio esbozó una sonrisa al instante, pero no le dio mayor importancia, ella sólo era tan sarcástica como él.

Ambos bajaron de la camioneta y se encaminaron hasta la puerta de entrada. La pelirroja se quedó detrás de él, observando todo su alrededor; era un lugar verdaderamente agradable. El sonido de la puerta abriéndose, le hizo mirar nuevamente hacia la entrada.

Leon ya estaba dentro, sosteniendo la perilla desde el otro lado para que la fierecilla entrara. Claire no tardó en aceptar la muda invitación y en cuanto entró por fin al sitio, el chico con reputación de delincuente cerró la puerta. Dejó caer las llaves de su hogar junto con las del auto en una pequeña mesa cercana a la entrada, mientras observaba a Claire analizar cada rincón de su casa

—Iré a mi habitación a cambiarme, ya vuelvo —anunció, detrás de ella. La chica se giró rápidamente sólo para verlo subir por los escalones.

Él ya había desaparecido de su vista, y no evitó guiar sus orbes hasta algunos de los retratos que permanecían colgados sobre las paredes. En uno de ellos había una mujer hermosa a un lado de Leon, suponía que se trataba de su madre; sin embargo, no habían fotos con algún hombre que sugiriera ser su padre, sintió curiosidad por preguntar acerca de eso, pero evidentemente no haría algo así, ella no era nadie para entrometerse en su vida personal.

Guió su pasos hasta el inició de las escaleras, colocó su mano sobre el barandal, acariciándolo lentamente de arriba abajo, sin meditar mucho más, comenzó a subir por cada uno de los peldaños; su modo "curiosa" estaba activado, quería conocer aquel lugar que guardaba algunos de los secretos más íntimos de Leon Kennedy. Sus pies se encargaron de dirigirla por lo largo del pasillo de la segunda planta.

En cuanto halló algo nuevo que ponerse, se cambió de inmediato, no quería hacerla esperar tanto tiempo, aún tenía que llevarla hasta su casa. Se arregló un poco el cabello frente a su espejo y luego su destino ya sólo era salir de ahí, no obstante, la pelirroja se encontraba recargada sobre el marco de la puerta con los brazos cruzados y una linda sonrisa en la cara. Se sorprendió un poco por su presencia, ni siquiera la había escuchado acercarse, pero dejó su asombro de lado.

—¿Te aburriste esperando?

—Algo así —dejó caer sus brazos por su costado al tiempo que se encogía de hombros. — No, la verdad quería conocer este lugar — con la mirada, recorrió todo el ancho y largo del cuarto de Leon.

—¿Querías conocerlo? —Preguntó incrédulo.

—No me harás repetirlo, ¿no? —Dio un par de pasos más, hasta quedar dentro del espacio personal del de apellido Kennedy. Leon se mantuvo en su lugar, aproximadamente cinco pasos los separaba.

El rubio no pudo evitar que su mirada recorriera con detenimiento el cuerpo de la pelirroja, no cabía duda que era una chica realmente atractiva, y… ¿estaba bien lo que estaba haciendo? Intentó desviar su mirada de ella, pero sus ojos volvieron a tomar el control y se dirigieron hasta encontrarse con la mirada de la fémina. Los dos se miraban directa y atentamente.

Claire notó aquella inspección de cuerpo completo que Leon le hizo. Algo en su interior comenzaba a desatarse; tenía ganas de acercarse hasta él, tomarlo por el cabello y besarlo como si nada en el mundo importara más. Y como si él le hubiese leído el pensamiento, redujo el espacio entre ellos. Todo sucedió relativamente rápido, estaba recargada en la pared con Leon reposando todo su cuerpo sobre el de ella; los labios del rubio no demoraron en tomar con cierta fiereza los de la chica.

Era un beso profundo, uno que estaba quitándole el aliento a ambos; podía percibirse la necesidad que tenían del otro. La pelirroja llevó sus manos hasta la nunca del de orbes color azul, tomó entre sus manos el rubio cabello y le jaló de forma cuidadosa para profundizar aún más aquel ósculo. Leon por su parte, tomó la estrecha cintura de forma posesiva, acariciando la suave piel de arriba abajo con sus dedos pulgares. Ya sentía perder el control. Le había dicho a Ada que no quería dañar a la menor de los Redfield, y ahora menos que nunca, lo haría. Esa empecinada, rebelde y testaruda jovencita que ahora lo besaba con tanta pasión, no tendría que sufrir por nada, él ya no pensaba alejarse de ella.

Las manos masculinas ya recorrían los muslos de Claire. Sus labios hicieron un recorrido desde su quijada, hasta llegar a la tersa piel de su cuello; la chica se estremeció ante el nuevo contacto y no fue capaz de reprimir un ligero gemido desde su garganta. Quería sentirlo, quería tener todo de él; tomó el rostro del apellido Kennedy entre sus manos y lo jaló para llevar sus labios hasta su boca. Ambos volvieron a envolverse en un impulsivo beso; sus bocas se compenetraban a la perfección y sus lenguas se encargan de realizar una danza llena de deseo.

Las manos curiosas de Leon lo llevaron hasta la parte baja de la blusa de ella, y de un solo movimiento, la liberó de la prenda. Sus labios volvieron a juntarse, pero Leon no quería continuar en ese lugar. La tomó de la cintura y la encaminó hasta la cama, su objetivo era recostarla en ese preciso momento, no obstante, Claire no estaba dispuesta a darle todo el control. Intercambió los papeles y fue ella quien lo hizo recostarse sobre el cómodo colchón; se colocó encima de él. El par sonrió cuando sus orbes se encontraron, y fue turno de Leon para atraer a la chica hasta él y besarla.

Llevó sus manos hasta la espalda de la fémina y con destreza, le desabrochó el sujetador, logrando así liberar sus perfectos pechos. Aquello había sido como la completa aceptación a continuar, así que sin titubeos, la hizo girar para quedar encima de ella. Se quitó la playera que se había cambiado hace unos minutos y volvió a su tarea; besó su cuello, dando ligeras mordidas evitando dañarla. Continuó con su camino hasta llegar a su seno derecho y besarlo con devoción; lamía y mordía con mucha delicadeza, en tanto una de sus manos la recorría desde el pecho izquierdo hasta llegar al borde de los jeans de la pelirroja. La pasión se estaba encargando de hacerles perder el control. Claire gemía ligeramente, y Leon se contagiaba de ello, se acercó una vez más hasta sus labios y la besó, logrando acallar sus gemidos con los de ella.

Se deshicieron del resto de las prendas, tomándose el tiempo necesario para explorarse el uno al otro. Ya no había vuelta atrás, al menos ellos no tenían intenciones de retornar el camino. Estaban dispuestos a continuar, por el simple hecho de que realmente querían hacerlo.


Aún estaba extasiado. El hecho de haber recibido su primer beso, le hacía sentirse tremendamente feliz, sin embargo, aquello que lo mantenía en el éxtasis total, era saber que Carla, la hermana gemela de Ada, era la dueña de ese primer contacto. Quizás si exteriorizara esos pensamientos cerca de Leon o Jake, ya se habrían reído de lo patético que sonaba. Les comentó bastante emocionado, que había sido besado por primera vez, pero no les haría ver lo que él realmente estaba sintiendo en su cabeza, era como un corto circuito, ¡eso no!, eso sólo tenía que saberlo él y posiblemente Carla Radames.

Tomó su laptop entre sus manos y la llevó hasta colocarla en el pequeño escritorio que tenía dentro de su habitación. Algunos libros y cuadernos estaban regados por lo largo y ancho de la mesa, pero ese no era problema que no se resolviera alejándolos de un manotazo. Liberó por completo el sitio y colocó el ordenador portátil encima del mueble. No tardó en estar sentado en la silla frente al pequeño escritorio; esbozó una enorme sonrisa y rápidamente inicio sesión en su cuenta de correo electrónico.

Date: 02 de Mayo del 2014
Subject: (Sin
asunto)
From: William Shakespeare
To: CarlaRadames_

Hola, Carla. ¿Cómo ha estado tu día? Espero que bien.

Tu capricho y tu edad, según se mire,
provocan tus defectos o tu encanto;
y te aman por tu encanto o tus defectos,
pues tus defectos en encanto mudas.
Lo mismo que a la joya más humilde
valor se da en los dedos de una reina,
se truecan tus errores en verdades
y por cosa legítima se tienen.
¡Cómo engañara el lobo a los corderos,
si en cordero pudiera transformarse!
Y ¡a cuánto admirador extraviarías,
si usaras plenamente tu prestigio!
Mas no lo hagas, pues te quiero tanto
que si es mío tu amor, mía es tu fama.

Carla abrió su correo, encontrándose con el habitual mensaje que solía enviarle Piers por las noches Aquel era el detalle más hermoso que alguien hubiera hecho por ella; el chico encargado del aula de audiovisuales le había robado las sonrisas más sinceras y mentiría si dijera que cada soneto que le dedicaba no estaba logrando robar su corazón. Era un enorme placer abrir su cuenta en el sitio web, y ver en la bandeja de entrada un correo que enunciaba como remitente: William Shakespeare.

Date: 02 de Mayo del 2014
Subject: (Sin asunto)
From: CarlaRadames_

To: William Shakespeare.

Hola, querido William

¡Qué lindo soneto! Me gusta muchísimo, muchas gracias.

En cuanto a mi día, pues ha estado bastante bien, ¿sabes? Aunque creo que pudo haber estado mucho mejor.

El chico de orbes color miel, ya imaginaba que Carla sabía que esos correos los enviaba él. Porque aunque tratara de comprender el impulso de la de rasgos orientales para besarlo, nada sería coherente, más que esos mensajes que aparecían cada noche en la cuenta de la hermosa chica. Ella aún no le había dicho nada, pero quizás sólo quería seguir el juego, y aunque él tuviera intenciones de gritarle todo lo que sentía por ella, ese modo de relacionarse también le resultaba agradable y divertido. Tenía en mente algo que podía hacer de su encuentro, algo más original; y estaba dispuesto a hacer de todo por esa linda chica.

Date: 02 de Mayo del 2014
Subject: (Sin asunto)

From: William Shakespeare
To: CarlaRadames_

No imagino por qué razón pudo haber estado mucho mejor tu día, pero me alegra que haya estado bien. No quiero ser atrevido, pero tengo una propuesta que hacerte.

Date: 02 de Mayo del 2014

Subject: (Sin asunto)
From: CarlaRadames_
To: William Shakespeare

¿De qué se trata?

Frunció el ceño, curiosa por saber qué traía entre manos el encargado de audiovisuales. Se sentía estúpidamente nerviosa, hacía mucho tiempo no se ponía de esa forma. Sea lo que sea que Piers tenía que decirle, ella quería conocerlo ya.

Date: 02 de Mayo del 2014
Subject: (Sin asunto)
From: William Shakespeare
To: CarlaRadames_

El baile del bachillerato será muy pronto. Imagino que sabes que soy uno de los alumnos de la institución, y si no lo imaginabas, bueno, ya tienes tu primera pista. Mi propuesta es sencilla, me encantaría que fueras mi acompañante al baile, así que: ¿Qué dices?

La hermana de Ada Wong, esbozó una sonrisa al instante en cuanto terminó de leer. Definitivamente no esperaba eso, pero ella aceptaría sin dudar. Ya era tiempo de que Piers supiera que ella sabía todo de su identidad, aunque quizás él ya lo sospechaba por el repentino beso que le había dado, aun así quería que estuviera al tanto.

Date: 02 de Mayo del 2014
Subject: (Sin asunto)
From: CarlaRadames_
To: William Shakespeare

Vaya, esto ha sido una propuesta realmente sorprendente. ¿Cómo podría negarme ante la invitación del chico que ha sido tan atento conmigo?

Por supuesto. Me encantaría, Pìers.

Date: 02 de Mayo del 2014
Subject: (Sin asunto)
From: William Shakespeare
To: CarlaRadames_

Ya era bastante obvio, ¿no?

Me alegra muchísimo que hayas aceptado, pero aún me queda una sorpresa más. Mañana sabrás de qué se trata.

PD: Gracias por el beso, jamás lo olvidaré. Descansa, dulce Carla.

La de rasgos orientales no podía dejar de sonreír. Sentirse tan emocionada era algo que no le ocurría a menudo, y jamás le había pasado con un chico como Piers Nivans. No cabía duda, aquel muchacho se había encargado de conquistarla sin rendirse, y los resultados de su hazaña ya era bastante favorable. Cerró su sesión y en seguida apagó el ordenador.


Ninguno era inexperto en el rubro y lo sabían, el modo en que se tocaban y besaban no era de alguien novato ni puritano. La tranquilidad con la cual esa pelirroja recorría su cuerpo y se dejaba dominar, exponía en evidencia su familiaridad respecto a las artes amatorias, lo cual conseguía aumentar sus deseos de unirse a ella de manera desesperada. Quizás estuviese aprovechándose de la situación, pero Claire se encargaba de apartar ese pensamiento de su mente cada vez que succionaba frenéticamente parte de la sensible piel de su cuello, al parecer esa chica conocía muy bien como estimular a un hombre y disfrutaba tanto como él lo hacía, aunque estaba un poco sofocado, pues nunca antes una niña como esa había conseguido despertar al máximo sus deseos primitivos y tenía miedo de arruinarlo todo por una torpeza de su parte.

—Siéntate —susurró al tiempo en que lamía vehementemente la comisura de su labio.

Leon hizo lo ordenado alzando una ceja en el proceso, la jovencita sonrió provocando que toda su mente se quedara en blanco, ella se hincó sobre el colchón posesionándose entre sus piernas, tomó con su suave mano el miembro masculino que pareció palpitar con sólo recibir el contacto, él no hizo más que continuar observándola maravillado, Claire movió de arriba hacia abajo su extremidad y terminó por cerrar todos sus dedos alrededor de la virilidad de su compañero, los movimientos eran lentos y delicados, casi como el toque de un ángel. Los orbes aguamarina lo contemplaron satisfechos, ella también comenzaba a disfrutar del placer que estaba propinándole.

La sensación no tenía punto de comparación, la Redfield estaba tocando el punto más vulnerable de todo su organismo, sencillamente como ninguna otra mujer lo hubiese hecho jamás, ni siquiera las que más experiencia solían tener, Claire era maravillosa en todos los sentidos, alcanzar la gloria a su lado era más que simple suerte y estaba muy satisfecho de tenerla en su poder. La muchachita besó la punta de su miembro perfectamente erecto gracias a sus caricias, con aquel movimiento de sus labios hizo que el joven liberara un gemido ronco en tanto captaba como su lengua acariciaba la zona de su glande realizando movimientos sutiles y circulares. Los jadeos no se hicieron esperar, Kennedy cerró sus ojos dejándose dominar por completo, su cabeza estaba inconscientemente hacia atrás totalmente sucumbido por el toque femenino y lujurioso.

Sentía que acabaría si ella continuaba por más tiempo con la felación y no tenía deseos de culminar de esa forma, sin molestarse en alejarla de manera delicada, la tumbó de un solo movimiento dejándola completamente vulnerable debajo de sí, llevó su mano hasta su ropa interior, Claire levantó sus caderas invitándolo a profundizar el acto, el rubio tomó la pequeña tela que cubría su intimidad femenina por ambos lados y rápidamente la quitó de en medio, la pelirroja volvió a tocar su pene al tiempo en que se mordía sagazmente el labio, ahogó un gemido cuando los dedos de Leon recorrieron todo su clítoris, jugó con él y con el resto de su húmeda cavidad, la Redfield menor anhelaba tenerlo dentro, la espera era dolorosa y odiaba que la mantuviesen ansiosa, nuevamente empujó su cadera hacia las del chico dejándole en claro su necesidad.

Finalmente Leon optó por poner fin a la espera y se deslizó en su interior bajo ninguna dificultad, la besó apretando sus labios con fuerza sobre los de ella, la calidez de aquel maravilloso sitio que poseía el cuerpo femenino había bajado el cielo hasta su habitación, Claire se complementaba perfectamente bien a su tamaño, a cada entrada y salida que hacía en ella percibía el celestial goce de invadirla en su totalidad, sus latidos, respiraciones y gemidos se sincronizaron con excelencia…la jovencita enredó sus piernas en las de su acompañante, arañó toda su espalda en tanto los gemidos roncos de la varonil voz de su amante se iban tornando cada vez más audibles, sabía que el clímax pronto anegaría el sistema nervioso de los dos y realmente lo necesitaba sentir.

Un fuerte gemido emergió de la chica, su gestualidad denotaba placer en cada rincón de sus facciones y Leon no quiso perderse ningún detalle de su orgasmo, apretó la piel de sus caderas, la estrujó sabiendo que posiblemente quedaría una marca al día siguiente, pero el hecho de vaciar sus deseos dentro de Claire paralizaba insistentemente sus pensamientos. Descargó todo en lo más profundo de la intimidad de la pelirroja respirando de forma salvaje, como había pensado antes, simplemente no tenía punto de comparación, Claire era lo más bello que tenía en su vida y no estaba dispuesto a entregarla a nadie más. Con cansancio, recargó su cabeza en el hombro de la fierecilla, ahora comprendía el porqué del apodo, soltó una carcajada divertido.

—¿Qué es tan gracioso? —Averiguó contagiándose con el gesto. — Apenas puedo respirar — añadió con dificultad.

—Que ahora entiendo lo de tu apodo —la pelirroja arqueó ambas cejas aún sin entender, Leon alzó el rostro para mirarla a los ojos — eres toda una fierecilla en el sexo, Redfield.

La mencionada le propinó un golpecito en el brazo avergonzada, pero sumamente alegre por lo acontecido, no se arrepentía, lo haría una y mil veces de ser necesario. Junto a Leon podía mostrarse tal cual era, sin sentirse marginada o incomprendida, porque a su lado era completamente feliz.


Holaaa (Ary& Vidian)

Muchísimas gracias por leer y más a quien deja un review ñ_ñ no nos maten por dejarlo ahí XD es que ya iban 23 páginas y luego se hace tedioso.

Lamentamos no responder cada uno de los reviews, pero andamos muy cortas de tiempo, en el próximo trataremos de hacerlo como siempre.

Anamariaeugenia, M Bidden, Yuna - Tidus – Love, Gabydro, Stacy Adler, SooL2900, RELeonClaire, emma, felix ramos, Clauu, Sarah Hudson, claireRedfield12 y Jesus Redfield.

Este cap va para todos ustedes.

Nos leemos!