10 Cosas Que Odio De Ti

By: Vidian & Ary Valentine.


Capítulo IX: A pasos de la verdad.

Ya era tarde, Claire sabía que tenía que regresar a casa antes de que Chris lo hiciera. Tanto Leon como ella se apresuraron en vestirse para irse directo a la casa de la prima de Sherry. El chico de apellido Kennedy recordó todo lo que se decía acerca de Chris Redfield y su sentido de sobreprotección para con su hermana y su pequeña prima, por eso, lo mejor era que ella estuviera en su hogar antes de que notaran su ausencia.

Ambos descendieron de la camioneta, en cuanto Leon la detuvo frente al domicilio de la Redfield, Claire estaba bastante divertida preguntándole por los rumores que circulaban acerca de él en todo el bachillerato; el de apellido Kennedy también vio la oportunidad perfecta para hacer exactamente lo mismo que ella. El par de jovencitos rebeldes, tenían un montón de habladurías siguiéndoles los pasos, y terminó siendo bastante divertido saber cuánto de lo que se decía, era verdad. Quizás y a partir de ese momento, ellos eran los únicos que sabrían cuánto de eso era mentira.

—No, nada de eso es cierto —se encogió de hombros, al tiempo que llevó sus manos hasta los bolsillos de su pantalón negro. Recorrían un pequeño sendero de concreto entre los jardines, muy poco faltaba para acercarse hasta la entrada de la casa de los Redfield.

—¿Le encendiste fuego a un policía? —Lanzó una pregunta más.

—Falso —desmintió, con la misma velocidad con que la chica le cuestionó— ¿Atropellaste a un chico con tu motocicleta?

—Falso. —Se giró para mirarlo un poco. — ¡El pato!... — le señaló con el dedo índice de su mano derecha. Aquel rumor era el que más le causaba risa, no podía imaginarse a Leon devorando un pato completo, realmente esperaba que fuera una completa mentira.

—También es falso —y no la defraudó; jamás se hubiera atrevido a comerse un pato entero dejando sólo el pico y las patas, ¿qué clase de persona creían que era? Esos chicos del bachillerato se las ingeniaban muy bien cuando de esparcir rumores se trataba. —¿Pateaste a Brad Vickers?— Averiguó rápidamente.

El chisme de que Claire había golpeado a ese chico, sonó bastante en su tiempo, y lo que resultaba más preocupante, es que el pobre desafortunado terminó siendo operado de los testículos

—Cierto, pero el maldito me tocó de forma extraña. —Aún recordaba aquel día; no muchos la habían visto, pero quienes fueron testigos, se encargaron de esparcir la noticia por todo el largo y ancho del campus estudiantil. Ella se encargó de desmentir todo eso, porque no sólo se ganaría una demanda por parte de los familiares de Brad, sino que además, Chris se hubiera encargado de castigarla por el resto de su vida y eso era lo que más le preocupaba.

—Entonces eso fue justo.

—¿Australia? —Los chismes acerca del que resultaba ser uno de los chicos más temidos del bachillerato, eran casi incontables.

Los jóvenes de su edad se encargaron de llenar los datos de su perfil; en ella ya había varios supuestos trabajos y actos delictivos. Mucho se comentaba que el rubio vivió en Australia por mucho tiempo y que fue educado por la etnia de los pigmeos, eso hasta cierto punto resultaba impresionante, pero también era poco probable.

—Es cierto. Viví en Australia hasta los diez. —Claire no evitó abrir un poco la boca impresionada por la confesión.

—¿Con los pigmeos? —Inquirió incrédula.

—Casi…con mamá —ironizó un poco.

—Estoy segura de que actor porno nunca has sido. —Estaban frente a la entrada de la casa. Se quedaron de pie mirándose atentamente, mientras Leon parecía meditar su respuesta.

—¿Lo crees?

Por supuesto, aquel cotilleo que circulaba entre las mayorías de las alumnas de la institución de Raccoon City, era una completa mentira; sin embargo, el físico con el que fue privilegiado el rubio de apellido Kennedy, daba pie a que todos esos rumores en algún momento parecieran ciertos. Los dos jóvenes comenzaron a reír de la situación. Claire ya imaginaba que eso sólo había sido la invención de un montón de adolescentes deseosas de sexo.

Los dos se sentaron en las escaleras que estaban justo en la entrada de la casa de la pelirroja. A pesar de lo entretenido que fue hablar sobre los chismes que aterrorizaban al bachillerato, Claire se sentía demasiado curiosa por conocer las cosas reales del muchacho con reputación de delincuente, aunque bueno, al menos ahora sabía que de delincuente no tenía nada.

—Dime algo cierto —lo miró directamente.

—Uhm… odio el vino —la hermana menor de Chris soltó una ligera carcajada.

—No, ¡Por Dios!, que sea real. —Leon tomó uno de los mechones rojizos hasta pasarlo por detrás de su oreja— Y que nadie sepa.

—De acuerdo. Eres dulce... —confesó con ternura, acercando sus labios hasta la tersa piel del cuello de la menor de los Redfield, para besarla delicadamente —… Y sexy…— continuó con su confesión, besando el otro lado de su cuello de la misma forma. —… Y te sientes atraída por mí. — Acercó su rostro al de la pelirroja, hasta hacer rozar sus narices.

—Eres bastante egocentrista, ¿no te lo habían dicho? —Habló divertida.

—Yo me lo digo todos los días —acertó a decir con su natural toque sarcástico. No se habían alejado el uno del otro desde que se sentaron en los peldaños, al contrario, la distancia entre ellos parecía reducirse cada vez más. El rubio aprovechó la diminuta distancia entre sus rostros, y al fin tomó los labios de Claire entre los suyos; fue un beso suave, pero al mismo tiempo demostraba la fuerte atracción entre ellos. Leon tenía que aceptar que se estaba volviendo adicto al sabor de aquellos dulces labios, la sensación de acariciarlos era simplemente única. Se distanció un poco, rompiendo con ello el ósculo. —Ven al baile conmigo— su proposición salió de forma completamente natural; sus caras seguían muy cerca y podían sentir el fácilmente el cálido aliento del otro.

—¿Lo ordenas o lo pides?

—Por favor, ven conmigo —le suplicó.

—No.

—¿No?… ¿Por qué? —La contestación de Claire lo descolocó por completo, si bien no esperaba que ella se arrojara a sus brazos, completamente emocionada por la petición, hubiera preferido sólo escuchar un "sí" como respuesta.

—Porque no quiero. Sería estúpido que yo…

—Por dios, nadie espera que vayas —le interrumpió rápidamente.

Aún le faltaba comprender esa actitud de completo rechazo que Claire siempre acostumbraba tener. Comenzaba a perder la paciencia. Y aunque su proposición era completamente sincera, realmente quería salir con ella, pero aún recordaba el trato que hizo con el estúpido de Burnside.

—¿Por qué estás presionando? —La Redfield se sintió confusa, Leon cambió completamente su comportamiento cuando mencionó lo del baile; algo de eso definitivamente no le agradó para nada. — ¿Qué ganas tú?— Indagó, decidida a ahondar en lo que sea que ese chico estuviera ocultando.

Esas preguntas fueron como un balde de agua helada siendo arrojado por su espalda. No esperó que Claire comenzara a dudar de él. En ese instante comenzó a sentirse estúpidamente nervioso; no quería que ella lo supiera, esa no había sido su meta desde que comenzó con ese absurdo juego por dinero. El maldito dinero ya ni siquiera le importaba, sólo ella, la chica que tenía enfrente era todo lo que necesitaba en esos momentos. Titubeó un poco antes de darle una respuesta.

—¿Crees que necesito un motivo para estar contigo? —Le cuestionó fingiéndose incrédulo. Giró su cuerpo para desviar su mirada de los profundos orbes color aguamarina que le observaban con atención.

—Tú dime —murmuró segura de sí misma.

—Una terapia, eso es lo que necesitas —comenzaba a perder el control, no quería que Claire siguiera preguntando nada al respecto, no tenía que saber nada de lo que ocurrió previo a que comenzaran a salir. La preocupación se estaba apoderando de él.

—Contéstame esta pregunta —no quería quitarle la vista de encima, así que con su simple mirada llena de profundidad, le exigía una respuesta; el rubio se comportaba de forma completamente desconocida para ella y tenía la necesidad de saber el por qué de ello.

—¡Nada, no habrá nada más para mí que el placer de tenerte! ¿Oíste? —Contestó fuera de sí.

Su enfado le llevó a sacar uno de los cigarrillos que tenía dentro del bolsillo de su pantalón, y llevárselo directamente a la boca. Por supuesto Claire no pudo dar crédito a eso; su comportamiento ya no era del Leon que creía conocer, dejando de lado que le gritó hace unos segundos, ahora tenía un estúpido cigarro entre los labios, lo cual la hizo enfurecer aún más. Con agresividad, le sacó aquel trozo de papel y lo arrojó directo al suelo. Ya no sentía ganas de estar ahí, únicamente se levantó de su lugar y se adentró a su casa azotando la puerta en el proceso.


—¿Por qué insiste usted en decir esas barbaridades de mi hija?

Dick Valentine, no daba crédito a lo que sus oídos escuchaban, esa mujer de origen ruso había acudido hasta su taller mecánico expresamente para hacerle saber, que Jill mantenía una supuesta relación amorosa con uno de los apoderados de la escuela.

La veterana no había hecho ninguna clase de introducción a la plática, y sin sentir piedad o manifestar un ápice de consideración fue directamente al grano y le comentó semejante disparate. ¿Jill y un apoderado, juntos, como pareja? Eso sonaba descabellado, tanto como la consejera del bachillerato lo estaba. Su hija había tenido sólo un novio durante sus cortos diecisiete años de vida, y ese había sido Carlos Oliveira, y luego de que éste y ella pusieran fin a su corto romance, Jill le había jurado que nunca más creería en ningún hombre.

Era una decisión radical para alguien de su edad, pero lo calmaba considerablemente si era sincero, mientras su niña estuviese más alejada de aquellos mocosos pervertidos, el panorama era muchísimo más tranquilo. Además… poseía una conexión especial con la castaña, ella le confesaba todo, no habían secretos existentes entre ambos, si su primogénita mantuviese una relación de tipo amorosa con algún individuo, él como su padre ya se habría enterado, por esa razón, las palabras de la señorita Belikova no eran más que falsas calumnias.

Vio con atención como la rubia sacaba un papel de su bolso, al poco tiempo cogió un lápiz del mismo lugar y comenzó a escribir con cierta dificultad sobre la hoja, una vez terminada su acción, estiró su mano delgada hacia él ofreciéndole la diminuta nota sostenida entre sus dedos; el padre de Jill titubeó unos segundos antes de recibir el objeto, pero optó por salir de dudas y leer el contenido del dichoso papel, así que finalmente decidió recibirlo. Arqueó una ceja sin comprender, lo que allí figuraba era la mismísima dirección de las oficinas principales de la empresa Umbrella Inc. Lo sabía porque había reparado varios coches de los empresarios que solían trabajar en la industria, de todos modos, seguía sin comprender.

Levantó sus ojos azules mirando con fijeza a la mujer, ésta sonreía de medio lado provocándole un escalofrió realmente tétrico.

—Jill está saliendo con Christopher Redfield, hermano mayor de Claire, la mejor amiga de su hija y tutor legal de la pequeña Sherry Birkin. —Le informó— Como verá, mi intención sólo es ponerlo al tanto de la gravedad de esta situación, y advertirle que él es mayor de edad y la señorita Valentine no, esto va en contra de la ley en todas sus normas y creo que usted debía saberlo.

Terminada su malintencionada argumentación, Svetlana fingió desilusión ante lo que decía a su interlocutor, sin embargo, por dentro estallaba en carcajadas que gratamente disfrutaba en silencio. Por la expresión que Dick mantenía en su rostro, deducía que Chris y su niñata enamorada tendrían bastantes problemas como para terminar con ese patético noviazgo durante el transcurso de la tarde.

—Es imposible, mi hija no me ocultaría algo así —aseguró descendiendo su mirada, lo cierto era que las palabras de esa mujer lentamente comenzaban a tomar un alto peso de credibilidad en su cabeza. Jill había estado bastante extraña los últimos días y aquello lo hacía dudar.

Belikova llevó una mano a su frente ocultando un gesto de exasperación.

—El señor Redfield trabaja en Umbrella —apuntó el papel que Dick sostenía—tiene la dirección en su mano, señor Valentine, corrobórelo con sus propios ojos. Puedo asegurarle que esta tarde encontrará a Jill visitando al hermano de su amiga en su lugar de trabajo.

El mecánico la observó desconcertado, si se detenía a pensar y a estudiar minuciosamente la situación, la argumentación de la rusa no se oía como un disparate, tal vez la castaña no se atrevió a comentarle lo de su romance con ese hombre por miedo a la reacción, que él como padre, fuese a tomar.

—Iré esta misma tarde —musitó aún sin procesar completamente toda la información.

Svetlana se acercó viéndolo con comprensión, posó su mano en el hombro masculino bajo una evidente señal cínica de apoyo.

—Me sentí en necesidad de informarle. Jill es una de nuestras mejores estudiantes y no quisiéramos tener que expulsarla por situaciones de este tipo ¿Entiende? —Dick asintió cabizbajo— Y… Chris Redfield, por desgracia tiene reputación de ser un mujeriego en potencia, sería horrible que su pequeña sufriera por culpa de hombres como él. Confío en que hará lo más sensato como el buen padre que es.

Sin decir nada más al respecto, la consejera estudiantil se marchó del taller mecánico, podría apostar todo lo que tenía en su departamento, asegurando ciegamente que Dick Valentine, debería estarse debatiendo mentalmente todo lo que ella le había dicho. Y estaba sumamente convencida de que Jill y Chris, se verían esa misma tarde en las afueras de la empresa. Había estado espiando los pasos de la muchachita los últimos dos días y conocía de memoria la rutina que esos dos hacían para verse.

Le habría encantado que el Redfield mayor no la hubiese obligado a tomar medidas tan drásticas, pero él no lo había querido así y debería afrontarse a las consecuencias.


Para Carla Radames, caminar sola por la escuela, luego de que las clases hubiesen culminado, ya era algo muy habitual en ella; no contaba con amigas cercanas con quien pudiera andar caminando por los pasillos del instituto, pero tampoco necesitaba de ello, estaba muy acostumbrada a ser una chica completamente solitaria, y aquello no suponía ser un problema para ella. Contaba con muchos compañeros con los cuales podía hablar acerca de las clases y las tareas de cada materia, pero claro, en esos momentos no había alguien con quien pudiera caminar lo largo del pasillo comentando cosas de la vida cotidiana.

Se encaminó hasta quedar de frente a su casillero, su última clase estaba por comenzar, y necesitaba uno de esos libros que permanecían acomodados en esa caja metálica que tenía por objetivo, guardar en su interior todas las cosas que ella considerara necesarias. Si bien la clase de cálculo no era su preferida, podía soportarla bastante bien, más cuando tenía esos libros que la ayudaban a no perderse en las confusas explicaciones de la materia.

Abrió su casillero rápidamente, al tiempo que su rostro gesticuló una expresión de completa sorpresa. Abrió sus ojos desmesuradamente, y sus labios no evitaron separarse un poco; estaba completamente asombrada. Casi por modo

reflejo, llevó su mano derecha hasta el interior de su casillero, de él sacó un sencillo pero hermoso vestido en color verde olivo, con algunos detalles en color rojo que lo hacían resaltar aún más; aquella prenda parecía sacada de la trágica novela de William Shakespeare: Romeo y Julieta. Tomó el vestido con delicadeza, como si se tratase del más preciado tesoro. La emoción la invadió por completo, al percatarse de una pequeña nota que colgaba como un pergamino en la parte alta del vestido.

¡Oh, hermosa!, te buscaré en el baile.

Te estaré esperando.

Con amor, William S.

Y si en algún momento creyó que Piers no podía tener más de esos hermosos detalles, habría estado completamente equivocada. Después de los sonetos que le dedicaba colocándolos en su bandeja de entrada de su correo electrónico, no imaginó que pudiera tener más cosas para sorprenderla. Esbozó una gran y sincera sonrisa.

Asistir al baile no había estado en sus planes, claro, hasta que el chico de orbes color miel se lo propuso; pero como si lo anterior no hubiese bastado para el encargado de la sala de audiovisuales, ahora le dejaba dentro de su casillero ese hermoso vestido que le haría lucir como la verdadera Julieta Capuleto. Estaba muy feliz, y sus ganas de que el baile fuera en ese preciso instante, se incrementaron.


Claire caminaba con la cabeza gacha y mantenía su mano aferrada insistentemente a la correa de su bolso, sus pasos parecían llevarla a un destino concreto, pero en su interior, la pelirroja sabía muy bien que simplemente caminaba sin rumbo. Su mirada permanecía perdida en el piso, completamente ajena del entorno, ausente de la realidad e incapaz de asimilar lo que el día monótono le ofrecía.

Eran muchísimas las sensaciones que navegaban por su mente y todas ellas se enredaban, haciendo que fuese una misión imposible el simple hecho de poner en una balanza lo bueno y lo malo de cada suceso; todo lo acontecido en la última semana de su existencia había resultado ser demasiado impactante, y por primera vez le estaba dando cabida a ese raciocinio.

Había sucedido tan rápido y se desvanecía de la misma forma, Claire conocía el popular dicho del "nada dura por siempre", sin embargo, algo dentro de su alma se negaba rotundamente aceptarlo. Lo suyo con Leon era más que un simple suceso efímero.

"¿Entonces, por qué no te ha llamado desde la discusión?"

La interrogante se coló en sus meditaciones, su fuero interno solía ser muy sincero la mayoría del tiempo, y si existía algo que odiaba, era precisamente mentirse así misma. Por eso, aunque doliera… debía aceptarlo, quizás para él no significó lo mismo.

¿Qué se suponía que debía hacer entonces?

Dejar de desconfiar de todo el mundo sonaba como la alternativa más lógica. Kennedy la hizo vivir el día más quimérico que pudiese recordar hasta la fecha…sinceramente no debió juzgarlo, no después de que la dejase entrar a su privacidad; a sus secretos más íntimos, no después de besarla de esa forma y no después de hacerle el amor. No obstante, Leon manifestó un comportamiento inusual, una actitud nerviosa y agresiva que jamás le había visto usar hacia ella.

Se pasó una mano por el flequillo rojizo al tiempo en que botaba un sonoro suspiro de abatimiento. Vaya, cómo le gustaría oír un buen consejo de Jill en esos momentos, pero gracias a su maldito orgullo y egoísmo también se había encargado personalmente de perder a su única amiga, cuando todo lo que debió hacer fue comportarse comprensiva u optimista, con ella y con su hermano, pero hizo lo contrario, sabiendo que ambos merecían la dicha de ser felices, ¿Quién se creía para cuestionarlos de tal modo?

Claire detuvo su marcha quedándose en medio del camino, tuvo el impulso de regresar a su casa, de abrazar a su hermano como cuando era pequeña y sentía miedo. Chris siempre podría darle consuelo y comprensión, ni siquiera la regañó por fugarse de clases, ni mucho menos pidió explicaciones al respecto ¿Cómo pudo ser tan frívola con él?

Se quedó observando con hastío como sus compañeras de salón, Ángela Miller y Helena Harper, empapelaban los murales del bachillerato con su estúpido anuncio del afamado baile, ese desgraciado y condenado baile escolar le había costado una pelea con Leon, una que por cierto, no tenía idea de cómo solucionar. Negó con la cabeza intentando no atraer al joven de cabello rubio cenizo a sus memorias.

—Así que el temido Leon Scott Kennedy te traía así de distraída.

La voz de cierta castaña la hizo voltear, Jill le sonreía fraternalmente como si nada hubiese ocurrido entre ambas, no pudo sentirse más miserable ante la humildad de su compañera. Claire devolvió el gesto de la misma manera arrimándose en dirección a la joven.

—Supongo que ya no puedo ocultarlo, ¿no? —La castaña sonrió en tanto negaba con la cabeza— la verdad es que no me esperaba que me cantase delante de toda la escuela. —Admitió un poco avergonzada.

—Es un detalle lindo que jamás imaginé en alguien como él —reconoció la de orbes azulinos.


Tenía que encontrar a Sherry y hacer lo que ella precisamente quería que hiciera. Luego de que ella saliera enfadada de la biblioteca después de decir un montón de cosas en francés que de principio él no entendió en absoluto, uno de los profesores que estuvo en ese momento, se acercó hasta él y le dijo todo lo que la chiquilla custodiada por Chris Redfield trató de decirle. Fue en ese momento que él comprendió el enfado de la rubia y no evitó sentirse un completo idiota. Por eso mismo, en ese preciso instante, estaba caminando directo al estadio de fútbol en donde sabía, Sherry tomaba su clase de deportes.

La vio ahí, junto a todo su grupo, tratando de concentrase en el arco que tenía sostenido con la mano derecha, mientras con la izquierda sujetaba fuertemente una de las flechas. Esa era la clase preferida de la Birkin, y él ya estaba al tanto de eso. No dudó en acercarse hasta ella a paso decidido.

—Sherry —la llamó, estando detrás de ella.

La aludida se giró, sosteniendo aún entre sus manos, el dichoso arco con el que se divertía en su clase de educación física. El profesor Downing que se encargaba de ayudar al resto de las chicas para que lograran ensartar la flecha justo en el blanco, no evitó agacharse rápidamente al ver que la joven rubia se giró con el arco entre sus manos. Estaba asustado, ya no quería ningún accidente como el anterior, por lo cual, a gatas se acercó hasta ella, y al estar a su lado se levantó tembloroso. Tanto Jake como Sherry, observaron con ceja arqueada al profesor.

—Birkin, ten…tenga cuidado con esto. Recuerde que el blanco está por allá. — con un movimiento lleno de precaución, hizo que la rubia se girara nuevamente y que su único objetivo sólo fuera la rueda con un montón de círculos pintados dentro de ella.

Sherry lo miró confusa, luego el profesor de cabellos grises se alejó de ahí casi corriendo, y lo único que ella fue capaz de hacer, fue encogerse de hombros. Jake también había seguido al extraño profesor con la mirada, sin embargo, no le dio mayor atención y se colocó a un lado de la rubia.

—¿Qué me decías? —Averiguó la chica, al tiempo que enfocaba su vista sobre el blanco de la diana. Antes de que Jake dijera nada, Sherry soltó la flecha, ensartándola muy cerca del objetivo; el hijo del famoso empresario observó la escena anonadado.

—¡Vaya!, ¿Eres una clase de súper chica o algo por el estilo?

Aquel sutil elogio por parte del pelirrojo, la hizo esbozar una tierna sonrisa, luego sólo se encogió de hombros, al tiempo que colocó el arco en el suelo. El profesor Frederic, quien observaba todo lo más lejos posible de esa desquiciada, suspiró de alivió cuando la vio dejar el arco.

—¿Qué ibas a decirme? —Insistió tranquilamente.

—Ah, bueno yo… ¿Quieres ir al baile conmigo? —Declaró sin más ni más.

Varias de las chicas que se encontraban cerca de la parejita, comenzaron a sonreír y murmurar entre ellas; aquel se les hizo un tierno gesto por parte del hijo de Albert Wesker. Sherry por su parte, no pudo evitar la emoción que sintió al escuchar eso, pues una enorme sonrisa se dibujó en su rostro al instante.

—Por supuesto. —Respondió nerviosa.

—Entonces…pasaré por ti a tu casa, ¿de acuerdo... súper chica? —Pasó una mano por detrás de su cuello, y luego sólo se giró para alejarse de ahí.

Sherry lo observó hasta que se marchó por completo de ahí. En un ataque de efusividad, dio algunos saltos sobre el césped del estadio; estuvo esperando tanto tiempo porque Jake al fin la invitara a salir, que ahora no podía creer que estuviera sucediendo. Ya sólo le faltaba el permiso de Chris para asistir al baile.


La conversación aparentaba ser muy precaria, Jill hacía lo posible por hacerla parecer natural y demostrar que nada marchaba diferente entre ambas, pero el silencio y la escases de silabas de parte de las dos; exponía con claridad que el hecho de ignorar el tema que involucraba al Redfield mayor, no era la mejor opción. Pues la falta de espontaneidad comenzaba a fastidiarlas, y como era de esperarse, la pelirroja fue quien tomó la iniciativa de platicar sobre Chris.

Cuando ella le pidió perdón por su infantil actitud, la escuchó con notorio escepticismo, pero poco a poco fue reconociendo el verdadero arrepentimiento en las argumentaciones de Claire…que obviamente la tenían más que asombrada, no era propio de la reconocida chica rebelde del bachillerato ser sumisa o reconocer sus errores. Sin embargo, Jill Valentine conocía muy bien al responsable de ese cambio de actitud: Leon Kennedy.

—Claire, la culpa es de ambas, fallamos en nuestra comunicación…—tanto la castaña como la aludida estuvieron de acuerdo con la reciente oración, se observaron percibiendo como las cosas empezaban a recomponerse entre ellas.— Pero ya no importa, lo superaremos.

—Me comporté como una perra, en verdad lo siento, Jill, te dije cosas horrendas que tú no mereci…

—No pasa nada —la tranquilizó tomándola por los hombros— Merecía eso, a final de cuentas… —bajó la vista apenada— me acosté con tu hermano, pero juro que es más que eso; Claire, yo me enamoré de Chris, fue algo que no pude controlar.

Claire esbozó una pequeña sonrisa nostálgica, entendía a su amiga mejor que nadie, después de todo, sus historias cursis y melosas no eran muy diferentes. Aunque no reconociera a viva voz sus sentimientos por Leon, conocía con excelencia el nombre que eso tenía y se odiaba por caer rendida ante él, porque en todos los parámetros, sentirse enamorada atentaba de manera violenta a sus principios.

Asimismo, bastaba con tan sólo recordarlo, Claire sabía que lo necesitaba más que nunca, sólo quería existir a su lado y no morir en el intento. Sin que se percatase cómo, su corazón empezó a latir frenéticamente por la simple acción de atraerlo a su mente. Lo único que podía concluir de ello, era que sencillamente no había fuerza capaz de batallar contra el destino, si dos personas se debían juntar, así iba a pasar y nada, ni nadie lo podía impedir.

Aun así, trataba de olvidarse del rubio usando todos los medios a su alcance, ignorando su mirada incluso su presencia, pero no dependía totalmente de sí misma, también se confundía su alma, y las reacciones que inconscientemente tomaba su cuerpo solían no acompañarla del modo más favorable. Frente a él, las palabras se hacían escasas y sinceramente no sabía si debía alejarse o quedarse a su lado, simulaba ser una maldita paradoja, como técnicamente todo lo que la rodeaba.

—Lo sé, y aunque odie admitirlo, la barbie que tengo por prima tenía razón. —La pelirroja también posó una mano en el brazo de Jill retomando la charla— Chris y tú hacen una hermosa pareja.

Su amiga soltó un suspiro de alivio al tiempo en que la estrechaba en un abrazo, Claire detestaba esas muestras de cariño impulsivas, pero viniendo de su fiel confidente y compañera de salón, era capaz de aceptarla e incluso emocionarse.

—Gracias, tener tu apoyo es todo lo que necesitaba.

—Tienes todo mi apoyo y mi compasión, soportar a mi hermanito no ha de ser fácil —ambas féminas liberaron una carcajada al tiempo en que se distanciaban para mirarse de forma directa. — Sólo te pediré una cosa, Jill —la mencionada cabeceó un gesto afirmativo y comprensivo —Ni se te ocurra comentar las experiencias sexuales que tengas con Chris, o prometo que vomitaré encima de ti.

—Lo prometo, suficiente tuviste con vernos. Por cierto, vas a decirme qué hay entre Leon y tú.

—Es una historia que debes oír con detalles —mencionó con desgano— ¿Te parece que lo charlemos después de la clase de Krauser? —Valentine entrecerró sus ojos viéndola con un poco de duda.

—Me parece bien, espero que no te arrepientas. —Advirtió divertida.

Ángela Miller se acercó al muro en donde se encontraban Jill y Claire platicando. Con suma concentración, estiró uno de los carteles enunciativos del baile y procedió a pegarlo en la pared con ayuda de una cinta adhesiva. La muchacha de coleta analizó con coraje dicha acción, una vez que la castaña encargada de la publicidad del evento escolar, terminó con su labor, Claire se acercó al letrero y no demoró en arrancarlo de un solo jalón rompiéndolo en el proceso.

—¡Oye! —Exclamó Miller totalmente desconcertada, pero a la hermana menor de Chris poco le interesó y se alejó de allí junto a Jill, quien reía entretenida, la expresión de Ángela en dichos momentos era perfecta para una fotografía.

—Te imaginas esa mierda de baile —inició Claire, el enfado en sus palabras era evidente— ¿Quién puede desear ir a ese ritual de apareamiento? — Cuestionó indignada.

—Mmm...…yo iría —la mirada que su ahora cuñada le otorgó, la hizo estremecer desde la cabeza hasta la punta de los dedos pequeños de sus pies— Piénsalo por - por un instante sin ser tan negativa— Su receptora enarcó una ceja con interés— Podemos pasarla muy bien sin necesidad de ir con pareja.

—¿Es en serio? ¿Te arreglarías para eso?... ¿Qué pasa si un asqueroso con problemas de erección quiera sobrepasarse contigo? —Jill no se había puesto a pensar en esa posibilidad, así que optó por seguir escuchándola en silencio— Y además, te verás obligada a soportar la música comercial y carente de talento que suelen poner en esa clase de eventos. —Finalizó mientras se detenía y analizaba con rabia lo entusiastas que se mostraban todos sus compañeros por la realización de esa estupidez que se camuflaba con el nombre de "baile".

—Está bien —aceptó la castaña sintiéndose derrotada— si no quieres no vamos… además tampoco tengo un vestido decente para la ocasión.

—Lo enfocas desde una perspectiva errada, Jill, piensa en nuestros principios. —Dramatizó llevándose una mano a la frente, la chica rió complacida. Claire estaba volviendo a ser la misma de siempre.

—Tienes razón.


No podía esperar más tiempo. Claire seguía sin dar señales positivas acerca del baile, lo más probable es que rechazaría por completo acudir a él. Estaba cansada de esa situación, no podía seguir dependiendo de esa forma de su rebelde prima; Chris se las ingenió bastante bien cuando promulgó esa absurda norma dentro de su hogar; como él sabía perfectamente que su pequeña hermana se mostraba por completo hostil ante las banalidades, le fue demasiado sencillo atarla a lo que la pelirroja decidiera. Pero eso se acabaría en ese preciso instante, Chris tenía que entender que ella y la chica de orbes color aguamarina, eran completamente diferentes y que jamás tendrían los mismos objetivos.

El mayor de los Redfield estaba en la terraza de la segunda planta, la cual por cierto, se encontraba invadida por un jacuzzi, una bicicleta estática para realizar ejercicio y un aparato especial para ayudarse con las abdominales, también habían algunas masetas con lindas plantas color verde que hacían lucir a la casa más hogareña.

Intentaba hacer un poco de ejercicio; había abandonado toda clase de actividad física cuando comenzó a trabajar para Umbrella Inc., porque claro, no tenía tiempo para nada desde que estaba bajo las órdenes de Albert Wesker. Quería retomar aquello para recobrar un poco de la condición física que solía tener, no obstante, hasta ese momento no se percató del terrible estado físico que tenía y que el simple hecho de realizar un par de abdominales ya lo estaba abatiendo en su totalidad.

—Siete. ¡Bien! —se alentó a sí mismo y terminó con las abdominales, al tiempo que jadeaba e intentaba ponerse de pie. Al final no importaba cuánto ejercicio realizara, ya que nadie estaba ahí para contabilizarle todo lo que hiciera, siempre podría decir que hacía cincuenta abdominales diarias.

—Chris. —De forma tímida, se acercó hasta su primo. Chris era intimidante hasta cierto punto, más cuando se ponía en modo: soy el mejor tutor del mundo y te callas.

—Hola, Sherry —saludó amigablemente a su pequeña prima y en seguida tomó de encima de la bicicleta, una de las ligas que le servían para estirar los músculos de sus brazos.

—Hay algo que quiero hablar contigo. —Por alguna razón, el hermano mayor de Claire no lucía irritado como en muchas otras ocasiones. Algo había cambiado en él, y estaba casi segura que eso se debía en gran parte a la amiga de la pelirroja. Chris tomó la liga con ambas manos, una en cada extremo para poder estirarla lo suficiente; la pasó por detrás de su cuello y comenzó a jalar de ella. La rubia no le dio mayor importancia y decidió continuar con lo que tenía planeado decirle. — Habrá mañana un baile. — En ese momento, el mayor de los Redfield soltó la liga sin realmente querer hacerlo, porque al momento de estirarla, sus manos no pudieron sostenerla lo suficiente y salió prácticamente volando, yendo a parar directamente a la ventana del vecino. Tanto él como Sherry se quedaron observando el camino que siguió la liga.

—¿Un baile? —Sin darle importancia a lo que ocasionó por no sostener fuertemente la liga, le cuestionó con aquella voz autoritaria que siempre la obligaba a desistir de sus peticiones. — ¿Claire quiere ir?

—Bueno…no —confesó con resignación; ya estaba al tanto de lo que esa respuesta implicaba.

—No creas que me engañas. Sé que quieres que olvide las reglas por ese ufano de Steve —espetó, tratando de sonar lo más molesto posible. Jamás le había agradado ese niñato que llevaba por nombre Steve Burnside; sólo era un mocoso engreído.

—¿Qué es ufano? —Averiguó rápidamente.

—Es un…un… Escucha, ¡Si Claire no va, tú no vas y eso es todo! —Intentó finalizar con todo eso, y se alejó de su prima yendo directamente a la bicicleta estática.

—Oye, ¿qué no oíste? —Rechistó, al tiempo que lo seguía de cerca. — A Claire le da igual, a mí sí me interesa.

—¿Sabes qué pasa en los bailes? —Le cuestionó una vez más, tratando de hacerla reflexionar acerca de esos malos eventos.

—Sí, claro. Se baila y tal vez haya algún beso, no pasará la situación crítica que te imaginas.

Comenzaba a perder la paciencia, la desesperación se hacía notar en los casi gritos que estaba dando. Chris se subió a la bicicleta, no quería ponerse a discutir, porque batallar con Sherry era igual o peor que con Claire; esas niñas eran unas completas rebeldes y alguien tenía que ponerles un alto.

—Sí, eso cuando menos. —Comenzó a pedalear lentamente— Escucha, los besos son la excusa que provoca que miles de niñas de quince años estén pariendo a su bebé en estos momentos.

—¿Quieres por dos segundos ignorar el hecho de que estás orate y hablar de lo que hace una niña normal de dieciséis? —Movió sus manos delante de ella, haciendo gestos que sólo le hacían lucir más molesta de lo que ya estaba.

—¿Qué es normal? —Sherry rodó los ojos en cuanto escuchó aquella pregunta; Claro, él y Claire eran tal para cual. A Chris no le importó los gestos de su prima hacia su persona y continuó con su explicación. — ¿Qué hay de los malditos degenerados que quieren llevarte a la cama y todo eso?

—Oye, eso no es cierto... — respondió, un tanto ofendida.

—Basta. —Levantó su mano frente a él para que su prima desistiera de seguir con todo eso. — Yo sé muy bien lo que puede pasarte y no vas a estar cerca de ese tipo, no importa el auto que tenga o lo guapo que sea. —Pedaleó más rápido, lo cual le hacía sonar aún más estricto. La única hija de su tío William salió de ahí bufando completamente molesta. No le importaba que esa pequeña rubia estuviera enojada, sus tíos le habían pedido cuidar de ella, y era justo lo que hacía. — No, si los Redfield no somos estúpidos. —Se dijo a sí mismo, mientras veía a Sherry alejarse de ahí. En ese momento, la liga que salió volando hace unos minutos, cayó dentro del jacuzzi logrando atraer su atención, giró su vista hasta la casa de su vecino y levantó su mano para saludarlo —Gracias Bill.


No entendía el porqué de esa obsesión de Chris por mantenerla aislada del resto de sus compañeros. Entendía que sus padres hubiesen confiado su seguridad al mayor de los Redfield, pero estaba segura que Chris ya exageraba sus métodos de protección; ni siquiera era tan anciano como para justificar sus técnicas antañas, él sólo parecía divertirse sintiendo el poder sobre ella. Estúpido Chris, ni oportunidad le dio de decir que no sería con Steve con quien acudiría al baile. ¿Qué acaso los hermanos Redfield estaban empeñados en hacerle la vida imposible?

Se encontraba recostada en su cama, no tenía ganas de hacer nada en absoluto, ni siquiera de salir a dar un paseo, aunque bueno, siendo claros, no era como que tuviera el permiso de Chris para hacerlo. Lo único que le quedaba en ese momento, era justo lo que hacía: tener el mando de la televisión, y pasar por todos los canales esperando encontrar algo que lograra calmarla un poco.

Desistió de su búsqueda, y terminó por dejar en uno de esos canales en donde sólo presentaban documentales de la vida diaria en Estados Unidos. De pronto, alguien llamó a su puerta; no estaba de humor para nada, y mucho menos si se trataba de su hostigoso primo tratando de darle un sermón de por qué era malo salir con tipos como Steve Burnside. Rodó los ojos con clara exasperación, no podía simplemente ignorarlo, después de todo esa no era su casa.

—¿Qué esperas? —Murmuró, con evidente irritación.

Luego de la nada amable invitación de Sherry, Claire abrió la puerta y se adentró de forma lenta. Había visto a la rubia y a su hermano discutir sobre lo del dichoso baile, los dos terminaron molestos y eso sólo le quedó claro cuando la de apellido Birkin se fue hasta su habitación y azotó la puerta con todas sus fuerzas. Aunque Sherry y ella no llevaban una relación tan agradable, seguía siendo su prima y por tanto su familia, y no evitaba preocuparse por las cosas que aquejaran a la rubia. Necesitaba hablar con ella, tratar de hacerle ver muchas de las cosas que ella ignoró hace tiempo.

—Oye, yo sé que... —Comenzó, acercándose hasta quedar a un lado de la cama, sin embargo, se tuvo que interrumpir a sí misma cuando se dio cuenta de la poca atención que la rubia le prestaba. No tuvo más remedio que tomar el mando y apagar la televisión, necesitaba que Sherry la escuchara. — Siento que tengas que quedarte porque yo no soy lo que quisieran.

—Te da igual. —Suspiró desganada, al tiempo que se sentó en la cama sobre sus rodillas.

—No es cierto —contestó seria. No se sentía lo suficientemente apta para entablar una charla así con su prima, ellas no eran así, no obstante, tenía que continuar con eso, así que tragándose su orgullo, pasó una mano por su cuello para masajearlo un poco y luego continuo. — Sólo pienso que debes guiarte por tus propias razones y no por la de los demás.

—Pues quisiera darme ese lujo. —Siguió a Claire con la mirada, la vio sentarse en el pequeño banco acolchado que estaba frente a su cama. — Oye, soy la única del grupo que ha sido invitada al baile y no estaré ahí porque tú no sientes ganas. — Le recriminó completamente furiosa. Claire la escuchó con atención, quizás ya era hora de hablar sobre el estúpido de Steve.

—Steve… no te ha dicho que salíamos juntos. —Fue más una afirmación que una pregunta.

—No te creo —agachó su cabeza tratando de ignorarla.

—En segundo, un mes —se afirmó a sí misma e intentó continuar.

Sherry por alguna razón ya no pudo dudar de eso, estaba casi segura de que Claire no le mentiría con algo como eso. Aquella seguridad en las palabras de la pelirroja, le tomó completamente por sorpresa; levantó su rostro y miró a su prima directamente, ésta asintió con la cabeza, y ella no tardó en sentirse completamente curiosa.

—¿Por qué? —Cuestionó divertida, esa era de lejos, la noticia más impactante que hubiera escuchado.

—Porque era un chico apuesto y bueno —ironizó, recordándose a sí misma por qué lo había hecho.

—¿Qué no odias a Steve?

—Entonces no.

—Entonces, ¿qué pasó? —Frunció el ceño, su curiosidad era cada vez mayor. Porque claro, jamás en su vida hubiera imaginado que Claire se haya fijado en el petulante Burnside, estaba segura que eso ahora era casi un pecado para la mismísima pelirroja. Sin embargo, la respuesta que obtuvo por parte de su prima, la hizo abrir la boca desmesuradamente; Claire, con su gesto, le estaba dando a entender que ella y Steve habían hecho más que sólo charlar y tomarse de las manos. —Basta, dime que no es cierto— estaba completamente asombrada, y sin siquiera evitarlo, se sentía divertida escuchando a su prima.

—Fue sólo una vez —confesó tranquila. — Me molesté con Chris…— se sentía extraña hablando sobre eso, pero la rubia la miraba con atención, así que decidió continuar. —… Como él no me dejaba hacer nada de lo que yo quería, pensé que sería buena forma de contradecirlo…. Pero después me arrepentí y le dije a Steve que no quería hacerlo más porque no estaba lista; él se molestó y acabamos. Entonces juré que no volvería actuar tan estúpidamente sólo porque alguien me prohibiera hacer cosas… y bueno, no lo he hecho, con excepción de esa fiesta y mis jugos digestivos expuestos ahí. — Levantó las cejas divertida y terminó su confesión.

—¿Cómo es posible que no supiera esto?

—Le advertí que si decía algo, todos se enterarían de lo delgada que tiene una cosa. —Habló entre risas.

Recordar eso todavía le provocaba gracia, porque después de esa amenaza, Steve no se atrevió a decir ni una palabra al respecto. Sherry la escuchó y no evitó contagiarse de la risa de su prima, no obstante, aún tenía dudas que aclarar.

—Entiendo, y ¿por qué no me lo dijiste? —Averiguó confusa.

—Sólo… se levantó de su actual asiento y se acercó hasta la cama para sentarse a un lado de la rubia. —… Quería que te hicieras tu propia opinión sobre él.

La de apellido Birkin se levantó de la cama indignada. Ahora sí ya no comprendía lo que Claire quería decirle; primero, parecía estar aliada con Chris para que ella jamás saliera a ningún lado, y ahora ella le decía que quería que formara sus propias opiniones acerca de lo que la rodeaba, ¿qué tan incoherente era eso?

—Entones, ¿por qué ayudas a Chris a tenerme encerrada? —No pudo contener la ironía ante lo que Claire le decía, es que simplemente no comprendía por qué ella se comportó como una bruja todo ese tiempo. — ¡Es que no soy tan tonta como para repetir tus errores! —Espetó fuera de sí.

—Creí que podría protegerte — también se vio obligada a alzar la voz.

—¿Preservándome de experimentar cosas por mí misma? —Averiguó incrédula, al tiempo que se cruzó de brazos viendo con furia a su prima.

—¡No todas las experiencias son buenas, Sherry! —Gritó, tratando de hacerla entender. — ¡No puedes creer en cualquier persona!

Sherry se acercó furiosa hasta la puerta de su habitación y la abrió inmediatamente.

—¡Creo que eso no lo sabré jamás! —Con un movimiento de cabeza, le indicó a la Redfield que saliera cuanto antes de ahí.

Claire se asombró por la recién adquirida actitud de su prima, no obstante, no se vio en posición para continuar con eso, después de todo, Sherry le estaba pidiendo de buena forma que se fuera. No tuvo otra opción que levantarse de la cama y salir de la alcoba. En cuanto tuvo un pie fuera, la rubia azotó la puerta frente a sus narices. Tenía que admitirlo, en esa ocasión el enfado de Sherry estaba bien justificado; ahora se sentía como Chris cada que intentaba protegerla, siempre detestó eso de su hermano, y como si la vida no se cansara de ser irónica, ella le hizo lo mismo a su prima.


—Entonces… ¿Quemaste sus cosas? —Inquirió Chris perplejo.

Estaba sorprendido con lo desquiciada que podía estar su compañera de trabajo, Jessica respondió afirmativamente a la reciente interrogante y sin mostrar signos de arrepentimiento al respecto. El chico se limitó a permanecer en silencio, pues no tenía intenciones de continuar escuchando el espeluznante relato de la aparente venganza de Sherawat. Por suerte, la extenuante jornada laboral había finalizado y podría verse con Jill en breves minutos, estar junto a ella era lo único que deseaba hacer luego de soportar el constante ajetreo en la empresa.

Y realmente lo necesitaba, aún tenían muchos puntos que aclara en vista de que parecían a todas luces una pareja estable, pero si era honesto, ni él ni Jill habían tenido iniciativa de ponerle un nombre a su actual relación y verdaderamente, no quería tener problemas por ese motivo con el padre de la castaña. Sin duda, esa tarde sería perfecta para aclarar ese detalle.

Se dirigió a la salida en compañía de la joven de cabellera ondulada, después de todo, Jessica no resultaba ser tan petulante, siempre tenía una anécdota poco convencional que relatarle y aquello lo entretenía bastante. La fémina se despidió de él para aproximarse a su vehiculo, y Chris por su parte inició camino hacia el lugar en donde había aparcado su preciado Mercedes Benz. Sonrió de medio lado al llegar, Jill lo esperaba en el lugar, recargando parte de su espalda sobre una de las puertas traseras del auto, aunque su semblante no se veía alegre o coqueto como el que acostumbraba a tener al momento de recibirlo.

El Redfield iba a saludarla con un beso en los labios, tal cual como se había hecho tradición entre ambos, pero la jovencita ladeó el rostro evadiéndolo y al mismo tiempo cruzando los brazos sobre su pecho. A leguas se visualizaba su enfado, estaba furiosa por algo que Chris no tenía idea de qué podía ser, sin mencionar lo desconcertado que se sentía por su infantil actitud. Aumentó la distancia entre sus cuerpos al notar la incomodidad del momento, Jill volvió a mirarlo clavándole con profunda fijeza ese par de orbes azules. De acuerdo, algo estaba mal cuando sentía que esa mirada lo congelaba despiadadamente; y si no le decía qué diablos le ocurría terminaría perdiendo la paciencia.

—¿Por qué siempre tienes que estar junto a esa mujer?

Valentine liberó el cuestionamiento completamente enrabiada, pero sentía que moriría de coraje si no lo manifestaba. Chris ensanchó su gesto risueño encajando las piezas del puzzle en su cabeza. Claro, cómo no lo vio antes… Jill demostraba en todo su esplendor las actitudes que solía exponer una mujer celosa. No pudo evitar soltar una carcajada en tanto la miraba con una mezcla de ternura y burla. La muchacha dejó caer con pesadez sus brazos a cada lado de su cuerpo, separó sus labios con intenciones de reclamarle algo, pero las risas que el hermano de su amiga liberaba le impedían hablar.

—No puedes estar celosa, Jill —expuso, mordió su labio inferior en un intento de suprimir una nueva carcajada. La estudiante alzó las cejas sin comprender, evidentemente ella no estaba bromeando.

—¿Y qué quieres que piense? siempre está junto a ti cada vez que vengo a buscarte, y lo peor es que le sigues el flirteo de forma descarada —se llevó una mano a la frente para luego hacer hacia atrás parte de su melena castaña, lo miró seriamente al tiempo en que lo apuntaba a la cara con su dedo índice— No soy ninguna imbécil y si piensas que…—Chris tomó el dedo acusador entre su mano derecha, con su otra extremidad la tomó por la nuca callando sus infundamentados celos con un beso.

—Jill…—musitó sin separarse de su rostro— Jessica es lesbiana.

Hubo un silencio extenso en que la muchacha se dio tiempo para tragar saliva y observar sumamente avergonzada al hombre que tenía en frente, quería que la tierra se tragara viva su esencia en ese mismo instante, por poco y hace un escándalo de altura a causa de sus estúpidos celos. De todas las respuestas que esperó recibir, esa era la menos lógica que pasó por su mente.

—¿En verdad? —Indagó sin convencerse del todo, el joven asintió— ¡Oh por Dios! —Se llevó las manos al rostro ocultando el enrojecimiento de sus mejillas, el Redfield la abrazó con diversión— Perdóname…es que creí que…

—Ya no importa —la tranquilizó masajeando cariñosamente su espalda.

—¡Quítale las manos de encima a mi hija!

Al instante de escuchar la estridente exigencia de una voz masculina, se separaron mirando en dirección al autor de las recientes palabras, Jill abrió sus ojos de forma desmedida ¿Qué hacía su padre allí?, Dick Valentine estaba furioso, sus manos peligrosamente entrecerradas en puños y sus ojos azulinos similares a los de su primogénita echaban chispas a causa de la cólera, el joven empresario por modo reflejo le enseñó las palmas de sus manos en son de paz, pero ya era demasiado tarde para intentar calmarlo, el mecánico lo tomó bruscamente por la fina tela de la chaqueta de su terno, lo acercó de forma violenta a su talle.

—¡No, papá ya basta! —Gritó la chica haciendo un fallido intento por alejarlo de Chris.

—Escuche —el hermano de Claire tomó las muñecas masculinas con afán de detener cualquier intento de agresión a su persona. La situación estaba alcanzando un punto de tensión demasiado alto y tenía que pararla cuanto antes. — Calmémonos y yo responderé a todas las preguntas que quiera hacerme ¿de acuerdo?

Dick respiraba agitado, sus pupilas no tenían voluntad de abandonar las del joven que seguía prisionero bajo su imponente agarre.

—¡Suéltalo ahora! —Exigió Jill, la desesperación comenzaba a tomar posesión en ella, no quería ni detenerse a pensar en las consecuencias que ese encuentro traería en su relación con Chris, ni mucho menos si el problema se tornaba más violento. Zamarreó el brazo de su padre con pesadumbre. — ¡Déjalo! —Insistió al borde de padecer un colapso nervioso.

El mayor decidió soltar a su presa, a regañadientes lo liberó de sus garras advirtiéndole con una penetrante mirada que el pleito aún no se terminaba. El muchacho le devolvió el gesto con la misma intensidad, pues no le había hecho gracia ver a su jefe presenciando la especie de show que estaban montando. Albert Wesker intentaba encontrar explicación lógica a lo que sucedía en el estacionamiento de su empresa, aguantar las ineptitudes de sus trabajadores dentro de las dependencias de Umbrella era una cosa, pero otra muy distinta era que éstos involucrasen parte de su vida privada en ello, su compañía no tenía por qué verse inmiscuida en ese tipo de vulgaridades.

—¿Me puede decir qué está sucediendo, Redfield?

Chris no encontraba una respuesta razonable, después de todo, él tampoco entendía cómo se había desencadenado el alboroto, únicamente vio que el padre de Jill se abalanzaba de manera poco sofisticada hacía él e intentaba de alguno que otro modo atentar contra su integridad física. Lo cual no sonaba tan enfermizo, ese hombre tenía motivos para intentar asesinarlo a sangre fría. Suspiró internamente intranquilo, pues en el exterior se preocupaba de aparentar estar lo más clamado posible.

—Nada…un mal entendido —se aventuró a contestar poniendo su mejor sonrisa.

—¡No es cierto! —Exclamó el de apellido Valentine, Albert inmediatamente dirigió su mirada al individuo que no lograba identificar. — Sucede que el tal Redfield se está propasando con mi hija.

El rubio enarcó una ceja, era una noticia interesante a oídos populares, mas no a los suyos, no le iban ese tipo de chismes de barrio, Redfield podía acostarse con quien quisiera a él no le importaba en lo más mínimo. No obstante, no permitiría que en terreno de su empresa se presenciaran esa clase de actuaciones circenses. Varios empleados miraban con curiosidad la escena.

El castaño se llevó una mano al rostro, si hubiese sido más discreto o precavido no estaría pasando por ese bochornoso momento ni Jill tampoco, la joven se arrimó a su padre con evidente enfado.

—¿Puedes detener esto? —Susurró, su padre la pulverizó con la mirada.

—¡¿Y permitir que este pervertido se aproveche de ti, que obtenga lo que quiere contigo?!

—Oiga no es como usted…—Chris iba intentar abogar a su favor y demostrarle a ese señor que lo estaba juzgaba injustamente. Sin embargo, Jill se le adelantó.

—¡Nadie se está aprovechando de mí, estoy con Chris porque lo amo, él ya ha obtenido todo de mi, absolutamente todo!

Nadie necesitaba ser demasiado inteligente para comprender el transfondo de los recientes dichos expuestos por Jill Valentine, Dick descendió la vista desconcertado, los espectadores comenzaron a murmurar entre ellos en tanto el rubio de gafas oscuras se alejaba del lugar en compañía de su chofer personal. Chris imaginaba que las palabras de la castaña empeorarían la situación, pero se quedó igual de impactado que ella al ver como su padre abandonaba el lugar sin replicas de por medio.


La culpa nunca había sido de Claire, el único responsable era él.

Quizás lo mejor sería no hablar con ella por algunos días, pensar las cosas detenidamente y buscar soluciones eficientes, o simplemente ser valiente de una vez por todas y decirle la verdad…detener ese juego inmaduro que podría terminar dañando a la mejor persona que había conocido en su vida, tal vez Claire se enfadaría, que de seguro sería su reacción más probable y lógica, pero al menos si se enteraba por su boca y no por un tercero, la gravedad del hecho podría ser menos severa. Debía hacerlo pronto, antes de que fuese demasiado tarde y no hubiese nada que hacer, así podrían volver a empezar juntos, intentar enamorarse de forma correcta y no forzada por una estúpida finalidad lucrativa.

Pero a pesar se su entusiasmo ante un nuevo inicio, algo le decía que ya no había marcha atrás, Claire debía estar harta de sus actitudes extrañas y poco transparentes ¿Y cómo no culparla? Si era un reverendo idiota, se comportó como un bruto; le gritó, la cuestionó… si pudiera regresar el reloj y remediar cada uno de sus errores, todo sería tan fácil.

Esa pelirroja a la cual nunca le brindó importancia, se había trasformado en la persona más importante de su vida en la actualidad, diablos, la quería, la deseaba, la atesoraba y no estaba dispuesto a perderla porque en verdad la necesitaba, realmente lo hacía. Por ella dejaría todo su pasado atrás, por Claire haría cosas que apenas pudiese imaginar, enamorarse nunca debió ser una opción, pero no pudo escapar del sentimiento, y sinceramente estaba dispuesto a dejarse ganar una y mil veces si se trataba de esa chica, sucumbir por ella era un verdadero placer.

Se recargó el la baranda de la pequeña escalera que daba paso al pórtico de la casa, aunque tuviese miedo del rechazo que ella le pudiese otorgar luego de conocer la verdad, Leon lo afrontaría, asumiría su culpa, pero ya no estaba dispuesto a seguirle mintiendo, no se lo merecía.

Claire llegó a su hogar en esos momentos, detuvo la motocicleta advirtiendo con cierta sorpresa la presencia de Kennedy en su domicilio, no lo esperaba a decir verdad. Una risa nerviosa se plasmó en sus labios, el rubio devolvió el gesto poniéndose de pie para aproximarse a ella con pasos calmados, la pelirroja quitó el casco de su cabeza y corrió a su encuentro.

No habría forma de olvidarse de Leon, en palabras simples, mantenerse lejos de él era inevitable. Se disculparía, esta vez apartaría su orgullo, todo el tiempo que pasó a su lado bastaba para convertirla en una maldita sentimental, estaba harta de fingir ser un robot, ya le daba igual su condenada reputación… si podía estar con ese muchacho despreocupado y dolorosamente guapo no perdería el tiempo con banalidades.

La joven se lanzó con ahínco a su regazo, Leon inmediatamente la rodeó con sus brazos, el par de días que estuvieron sin dirigirse la palabra se habían sentido como años, décadas o incluso siglos, nada se comparaba a la agradable dicha de tener a Claire tan cerca de su cuerpo, absolutamente nada resultaba ser tan cálido como su piel de porcelana, cerró los ojos recargando su barbilla sobre la cabellera pelirroja.

¿Por qué hacia eso? ¿Por qué lo obligaba a no desprenderse de ella? No reconoció el momento exacto, sólo captó el roce que ejercían sus labios sobre los de su compañera, si tan sólo Claire pudiese mirarlo a los ojos descubriría que lentamente estaba matándolo de remordimiento al realizar esa simple acción.

La chica rompió la unión de sus bocas para tomar aire, posó temblorosamente sus manos en los hombros masculinos.

—Claire, tengo… tengo algo importante que decirte —murmuró con seriedad.

—No —Leon posó sus orbes azules en el rostro femenino— La única que tiene que hablar soy yo, fui una tonta al juzgarte… no debí desconfiar de ti, tú has sido sincero conmigo, me das paz en medio de mi caótica vida, me brindas estabilidad y felicidad; no tengo palabras que describan lo afortunada que me siento de tenerte aquí, así…

La miró impactado, no podía creerlo, él y un idiota con dinero la utilizaban para sus propios beneficios ¿y ella era quien se disculpaba?, se sentía como la peor escoria del planeta, como alguien indigno de recibir cariño honesto de cualquier ser humano, no valía un peso, era un miserable que no tenía perdón, ni siquiera el karma podría castigarlo de manera justa.

Se suponía que debería estarle gritando la verdad, pero no podía, Claire y su tierna mirada se lo impedían tormentosamente.

—Yo…

—¿Qué ibas a decirme? —Preguntó con interés, él le sonrió acariciando su mejilla.

—Ven al baile conmigo —propuso decidido, la joven asintió con la cabeza para volver a refugiarse en su pecho. Leon no podía encontrarse más atormentado por lo que acaba de hacer.


Holaaa (Vidian & Ary saludan)

Anamariaeugenia: Hola! Gracias por dejarnos tu siempre fiel review :,) Nos halagas y nos pone muy feliz que hayas disfrutado el capítulo pasado, el lemmon nos costó sudor y sangre, ok no, pero en realidad fue difícil, que lindo que te haya gustado ñ_ñ

Besos para ti :)

SooL2900: Hi! La sala de retención tiene muchas anécdotas que contar xD aww gracias, nos pone muy alegres que te haya gustado ;) Svetlana quiere tener a Chris a toda costa, supongo que ya te diste cuenta… es una mujer de armas tomar :S Estamos de acuerdo, Jake necesita un traductor con urgencia jajajajaja. Besos y gracias por apoyarnos en todos los capítulos.

Yuna – Tidus – Love: Hey! A nosotras nos encanta que te encante xD nótese el juego de palabras, jajajajaj Tus reviews siempre nos animan, nos has apoyado desde el inicio así que infinitas gracias! El valenfield comienza a tener problemas xD pero ya todo se irá desenvolviendo… y sí, Leon y Claire no pierden el tiempo. Un abrazo, como siempre esperamos tu comentario.

M bidden: Estimado, Antonio :,) ¡Gracias por tus brillantes reviews!, nos encantan ñ_ñ siempre nos suben el ánimo y nos brindan la inspiración que requerimos. Que nos digas que estuvo increíble nos hace bailar salsa, ¿por qué ese estilo?, no sé… nos gusta jajajaaj. Respecto a Rebecca y a Billy, pues quien sabe… quizás hagamos un one - shot para ellos en el próximo fic, Piers y Carla son misteriosos, pero demasiado tiernos, esperemos te guste el avance de su relación. Un abrazo para ti C:

Felix Ramos: Aquí está la actualización :D Gracias por tus reviews (y)

Sarah Hudson: Linda! Nosotras también, nos halagas mucho ¡Gracias! La escena pasional nos tomó tiempo, pero valió la pena al recibir tan buenos comentarios. Cariños y estamos muy agradecidas por todos los reviews que nos haces llegar.

LalaGmz: Hola bonita n_n y bienvenida al fic! Que honor nos haces con tu hermoso comentario, estamos satisfechas de que te guste :) Oh ya ves lo que trama Svetlana, ahora hay que ver cómo se la sacará Chris de encima xD ¡Piers y Carla!, la pareja inocente jajajaj, les tenemos mucho cariño y adoramos que los lectores como tú también lo hagan :3 Abrazos y esperamos tu opinión!

Stacy Adler: Mami Mire! Siempre tan linda y dejándonos un review, ¡Waaahh te queremos mucho! El lemmon nos costó demasiado, pero lo conseguimos finalmente, y nos pone más que feliz si tenemos tu aprobación :,) tu review es un oasis, jamás sería una mierda xD ajjajajaja te amamos! Gracias por todo ñ_ñ

Nos leemos! Gracias por comentar!