Hola amigos! :) Bueno, aquí me tenéis actualizando una vez más! Antes de nada, comentaros que este cap. va a ser un antes y un después en la relación de nuestros protas, porque a partir de aquí todo va a suceder bastante deprisa y será bastante intenso, o eso intentaré ;) Y otra cosita.. seguramente el fanfic conste de aproximadamente 32 cap., aunque puede variar según las improvisaciones que tenga, entre otras cosas.
Así que nada, os dejo con el cap.! Espero que os guste! :D
CAPÍTULO 26
Cuando llego al ascensor, ya más tranquila, mi pulso se vuelve a acelerar al distinguir una mata de pelo naranja tan característica entre unos cuantos trabajadores del Ministerio. No es que no me alegre de ver a Ron, pero la situación entre nosotros aún es incómoda a pesar de nuestra amigable charla del otro día.
-Hola, Ron.-le saludo con una pequeña sonrisa tímida.
-Herm, ¿qué tal? ¿Sales ahora de trabajar?-me pregunta en tono jovial.
-Sí,¿y tú?
El pelirrojo asiente con la cabeza y no intercambiamos palabra hasta que las puertas del ascensor se abren por última vez. Salimos del ascensor y continuamos juntos hasta llegar a la salida del Ministerio. Parece que ninguno de los dos sabemos si despedirnos o continuar caminando el uno junto al otro. Finalmente es Ron quien decide continuar la conversación.
-Pareces cansada. Debe ser horroroso tener como jefa a la víbora de Parkinson.-comenta en tono bromista.
Le dirijo una sonrisa, pero por dentro sigo dándole vueltas a las palabras de Pansy sobre Draco. Me preocupa, pero no creo que comentarlo con el rubio sea precisamente una buena idea. Me temo que no escucharé lo que quiero, y eso me aterra de sobremanera.
-Sinceramente, creía que iba a ser mucho peor de lo que en realidad es.-respondo al cabo de unos segundos.
Ron ladea la cabeza y sonríe tiernamente.
-Cuando Pansy se dé cuenta de que la superas en todo con creces seguramente cambies de opinión.-y suelta una risita divertida que se me contagia en seguida. Echaba de menos estas cosas con Ron. Esas bromas tan suyas, metiéndose con los Slytherin, me llevan por un momento al pasado. Como me gustaría volver allí. Era todo mucho más fácil…
Seguimos charlando un buen rato y cada vez me siento más cómoda junto a él. Pero entonces, me pregunta acerca de Ginny y todo se derrumba instantáneamente.
-Me dijo que hablaría contigo. ¿Ya os habéis reconciliado?
-Pues…verás… El caso es que…-titubeo, intentando encontrar las palabras adecuadas. Sé que si empiezo, habré de contarle la verdad. Y la verdad es demasiado dolorosa. No puedo decirle que Ginny no me va a volver a dirigir la palabra así, sin más. Porque entonces no me quedará más remedio que confesarle mis sentimientos por Draco, y creo que no estoy preparada todavía para decírselo a él. Y más ahora que estamos volviendo a recuperar la confianza... ¿Qué hago?
Pero entonces, Ron saca su varita, la cual brilla de un modo intermitente.
-Mierda. Lo siento, Herm, el trabajo me llama.-anuncia en tono de evidente fastidio.-Ya me cuentas otro día.
Asiento imperceptiblemente. Buf, salvada por la campana. He estado a nada de contarle toda la verdad. Y ahora me siento terriblemente mal, porque debería haberlo hecho. ¿Por qué todo es tan complicado? Pero no me da demasiado tiempo a seguir pensando en ello, porque mi teléfono muggle comienza a vibrar dentro de mi bolso, y eso sólo puede significar una sola cosa: Draco me está llamando. Temblorosa y al mismo tiempo ilusionada busco a ciegas el móvil y respondo casi sin respiración.
-¿Sí?
-Granger, ven a mi casa en cuanto puedas.-responde la voz fría del rubio. Hay urgencia en su tono y algo más que no me acaba de gustar.
No me da tiempo a contestar, porque Draco ha colgado. Qué raro… ¿Le habrá pasado algo? No lo sé, pero desde luego no voy averiguarlo si me quedo aquí plantada. Requiero de toda mi concentración para visualizar su casa y me aparezco en pocos segundos allí. Mi corazón late con fuerza mientras avanzo unos pasos que me colocan justo en frente de la puerta de madera que nos separa al Slytherin y a mí. ¿Qué espero encontrarme? A juzgar por su tono, es obvio que a Draco le ocurre algo, y no precisamente bueno. No puedo aguantar más. Llamo a la puerta un par de veces y cuando me quiero dar cuenta los ojos grises de Draco Malfoy se encuentran a pocos centímetros de los míos.
-Has venido.-dice simplemente, y me agarra de la mano con fuerza, haciéndome pasar dentro de la casa.
-Claro que he venido. Me has asustado por el teléfono, ¿qué te pasa?-inquiero algo enfadada.
Le observo detenidamente. Me ha soltado la mano y rehúsa de mirarme a los ojos. Su expresión es sombría, sobrecogedora. No sé si es tristeza, impotencia, odio o rabia. Tal vez sean todos esos sentimientos fusionados en uno solo. En vez de contestarme, se acerca a mí en un par de zancadas y me acorrala en una esquina del pasillo, con las manos una a cada lado de mi cabeza. Noto su cálido aliento sobre mi frente y me doy cuenta de que está respirando entrecortadamente.
-Draco, ¿qué…?-intento preguntarle, cada vez más preocupada, pero el rubio acorta la última distancia que quedaba entre nosotros y comienza a besarme con fiereza. En un primer momento me cuesta responder, sorprendida e intimidada por esta actitud tan brusca del rubio. Me busca con desesperación, sin dejarme respirar ni un solo momento. Sus manos tampoco se andan con demasiados rodeos. Me toca por todas partes, me intenta desnudar sin demasiados preámbulos, tirando de mis prendas con violencia. Muerde mi cuello como si la vida le fuera en ello, rozando el límite entre el placer y el dolor. No me deja participar de ninguna manera, parece actuar por instintos primitivos. Su expresión no muestra ningún sentimiento aparte de lujuria y puro deseo. Ni siquiera me mira a los ojos, y entonces me doy cuenta de que no estoy disfrutando con esto. No veo su dulzura más allá de la pasión. No hay delicadeza, ningún tipo emoción en su rostro. Este no es el Draco Malfoy que me enamoró.
-Para, Draco.-intento desasirme de sus brazos, pero me sigue sujetando con fuerza, sin dejar de besarme en ningún momento- No sigas, no quiero… No así.
Pero el rubio me ignora y parece haber quedado cegado por el deseo. Me está asustando, no quiero seguir. Lo único que se me ocurre para hacerle parar es propinarle un buen rodillazo en su parte más sensible, y al hacerlo, Draco se derrumba, quedando en forma de ovillo en el suelo, retorciéndose de dolor.
-¿Qué coño has hecho?-se queja el rubio, jadeando.
-No me has dejado alternativa.-respondo con firmeza, pero temblando mientras acomodo mi ropa, avergonzada- Eres un cerdo, Malfoy. ¿Eso soy para ti, no? Un simple juguete sexual con el que satisfacerte un rato.
-¿Qué?-el rubio se levanta con dificultad, cogiéndose con una mano allá donde le he propinado el golpe, abriendo los ojos como platos.-No, Granger, te equivocas.
-No, no intentes convencerme. Para ti soy solo un reto más. Y ahora que has conseguido tenerme donde querías, ¿para qué esforzarse en demostrar algo que no existe?-grito con lágrimas en los ojos. No sé si realmente me llego a creer lo que estoy diciendo, pero no me importa. Es un gilipollas y me duele profundamente su actitud, porque de verdad pensaba que no era así.
Draco me mira totalmente desorientado. Parece no entender nada de lo que le digo.
-¿Qué gilipolleces estás diciendo? No sé de qué hablas, Hermione.
-No me llames por mi nombre, maldita serpiente. No quiero escuchar pronunciarlo por tu sucia boca llena de mentiras. ¿Qué es lo qué querías de mí? ¿Demostrar que nadie se resiste al gran Draco Malfoy?-escupo con todo el desprecio que me es posible. La cara me arde, y las lágrimas han empezado a fluir con total libertad.
No quiero que me hable, ni que me mire. No quiero me utilice. Me doy la vuelta y me dirijo hacia la entrada principal, pues ahora sólo quiero irme a casa y descargar mi dolor sola.
-¡Granger! ¡Espera!-esta vez es Malfoy quien grita e incluso llega a parecer una súplica. Me sorprende su tono de voz, y es por eso que me detengo y me vuelvo una vez más.- No te vayas. Por favor.
Su rostro es un poema difícil de interpretar. No sé si es una simple actuación, pero parece afligido y realmente afectado por la situación.
-Es por mi madre.-dice finalmente, tras unos segundos de absoluto silencio.
-¿Qué?-inquiero, y esta vez soy yo la desconcertada.
-He ido a verla antes.-me explica el rubio a una distancia prudencial. Parezco detectar en sus ojos un brillo de profunda tristeza.-No sé qué es lo que me ha pasado, Granger. Perdóname.
Sus ojos parecen sinceros, pero yo le dirijo una mirada aún desconfiada. ¿No estará usando uno de sus trucos? Pero no lo creo. Su madre es sagrada para él, lo sé. Debe estar diciendo la verdad. ¿Ha actuado así por rabia? ¿Para apagar su dolor? Me acerco poco a poco a Draco con precaución, sin dejar de sostener su mirada.
-Está bien.-digo finalmente, derrotada. No puedo seguir enfadada con él, no si me mira de esa forma tan desgarradora- Pero, ¿por qué has actuado así?
-No lo sé.-responde, sacudiendo la cabeza.
-Vamos, dime cómo te has sentido al verla. ¿Qué se te ha pasado por la cabeza?-le animo. Sé que si saca lo que lleva dentro guardado se sentirá mejor.
-No puedo describirlo.-dice en tono cansado, pero al ver mi expresión de desaprobación, decide intentarlo- Odio, sobre todo odio. Impotencia. Y rabia.
-Es completamente lógico que te sientas así. Lo que debes hacer es pensar en ella y verla cuando te sea posible. No la dejes sola, te necesita más que nunca.-le intento aconsejar con el corazón en un puño.
-¡Si ni siquiera me reconoce!-exclama, dando un puñetazo a la pared- Joder, es muy duro verla así, totalmente ida.
-No seas egoísta y hazlo por ella. Puedes ayudarla a mejorar.
-No soy estúpido, Granger. Mira a los padres de Longbottom, siguen igual de dementes por muchas visitas que tengan.
-Pues resulta que Neville está investigando en la India una cura para la maldición Cruciatus. Tal vez lo consiga, y con ello podría recuperar a sus padres. Y tú… a tu madre.-le comento, intentando sonar optimista.
-Si dependo de Longbottom, entonces voy listo.-responde el rubio recuperando su personal acidez.
-Te recuerdo que Neville fue una de las piezas claves para derrotar a Voldemort, no lo subestimes.-replico con confianza. Draco se estremece al escuchar el nombre del Señor Tenebroso, pero no responde. Intento buscar su mirada, pero no la encuentro. Parece totalmente bloqueado. Casi sin darme cuenta, elimino la distancia que queda entre nosotros y le acaricio el hombro con suavidad, intentándole transmitir todo el cariño del mundo con ese gesto. No me atrevo a ir más allá por miedo a su rechazo.
Pero para mi sorpresa, el rubio, tras recibir mi gesto, me envuelve entre sus brazos y me aprieta contra su cuerpo con firmeza. Transcurren unos minutos en los que nos encontramos completamente abrazados, fusionados en uno. Draco no afloja el abrazo y me da la sensación de que por nada del mundo quiere soltarme. No puedo evitar emocionarme y aspiro su aroma una y otra vez, para tratar de retenerlo en mi mente.
-¿Qué puedo hacer para compensarte?-me susurra al oído.
-No sé… Me conformo con que seas tú mismo.-respondo con timidez.
Draco me suelta y me mira fijamente a los ojos. Parece estar pensando en algo.
-Ya sé.-dice al cabo de unos segundos.- ¿Confías en mí?
-Supongo…-respondo a la vez que encojo los hombros- ¿Por qué…?
-Cójeme de la mano.-yo lo hago, y de pronto ya no estamos en su casa. El Callejon Diagon aparece ante mí como de la nada, pero donde nos encontramos todo está silencioso. Qué raro, los locales como el Caldero Chorreante siempre bullen de magos y brujas. A nuestro lado distingo un par de tiendas conocidas, entre ellas la de escobas. Me vienen a la mente imágenes de Harry y Ron mirando el escaparate completamente embobados.
-¿Qué hacemos aquí?-pregunto en un susurro, casi temiendo que estemos haciendo algo prohibido.
-No te lo había dicho aún, pero tengo trabajo.-me explica el rubio, señalando justamente la tienda de escobas de carrera.-No es gran cosa, pero… algo es algo. Te he traído aquí porque tengo llaves de la tienda y al ser el encargado de mantenimiento… debo asegurarme de que todas las escobas funcionen correctamente.
-Sigo sin entender qué hacemos aquí. Si pretendes que te ayude…-intento advertirle, pero el Slytherin me interrumpe con un gesto.
-A veces me sorprende que seas la sabelotodo Hermione Granger.- bromea Draco- Vamos a montar en la mejor escoba del mercado, Granger. ¿Qué me dices?
-¿Qué? ¿Lo dices en serio?-exclamo incrédula, entrando por la puerta de atrás de la tienda, justo después del rubio.
-Por supuesto.-asiente él con satisfacción.
No es que me preocupe demasiado, pero las escobas nunca me han llegado a llamar demasiado la atención. Tal vez se deba a que "Clase de Vuelo" fue la única asignatura de Hogwarts que no se me llegó a dar del todo bien. O puede que sea simplemente por el hecho de que el Quidditch proporcionaba generalmente a mis amigos grandes quebraderos de cabeza.
Nos encontramos en una especie de almacén, abarrotado de estantes y cajas alargadas, las cuales contengan seguramente las diferentes escobas. Percibo un olor intenso a madera nueva. Observo que todo está perfectamente ordenado por secciones. En un pequeño espacio de la estancia se encuentra una mesa repleta de herramientas, que no tengo ni idea de para qué pueden servir. Por favor, ¿Cómo una simple escoba puede necesitar tanto mantenimiento?
-Así que éste es tu puesto de trabajo… Imagino que para ti será el paraíso.-comento sin mucho entusiasmo y me acuerdo momentáneamente de Harry y su pasión por el Quidditch. Al menos Draco y él tienen algo en común.
-Bueno, este sitio no está mal. Pero mi ambición está muy lejos de aquí.-responde el rubio, meditaundo. Eso me recuerda a que debo comentarle la propuesta de Minerva.
-Draco, casi se me olvida contártelo.-el rubio dirige su mirada hacia mí, completamente interesado- He hablado con la directora McGonagall. Está dispuesta a hacerte una entrevista para poder tomar una decisión en cuanto al puesto de profesor de Pociones.
-¿Bromeas?-exclama escéptico. Asiento con la cabeza, dirigiéndole una pequeña sonrisa tímida. Y repentinamente me encuentro rodeada por sus brazos, que me estrechan con esa fuerza tan característica en él, como si temiera que me vaya en cualquier momento de su lado.-Gracias, Hermione.
-No me las des, aún no está nada decidido. Solo dependerá de ti.-replico algo ruborizada por su agradecimiento tan sincero. No estoy acostumbrada a estas palabras viniendo de los labios del Slyhterin.- Te avisaré de cuando debes reunirte con ella.
-Muy bien.-asiente, sonriendo de medio lado. Y a continuación desaparece entre los infinitos estantes, en busca de algo. En unos minutos, está de vuelta con un paquete alargado, que adivino, debe tratarse de una escoba.- Bueno, espero que estés preparada para dar una vuelta en la nueva Saeta de Fuego, modelo 27. Es la más nueva del mercado.
-Pero, Draco, ¿no se enfadará tu jefe si se entera de que la has tomado prestada?-inquiero algo preocupada. Y sí, he de reconocer que también estoy un poco asustada. La velocidad no es algo que me apasione, sinceramente.
-Tal vez, pero no tiene por qué enterarse.-responde el rubio con una mirada cargada de complicidad. Y no puedo evitar contagiarme de su entusiasmo.- Salgamos.
La escoba, a pesar de ser muy parecida a la de Harry, he de admitir que es una auténtica pasada. El color de la madera es un tanto rojizo, y brilla con intensidad en medio de la noche. Las ramas de abedul están perfectamente recortadas y su tono combina el dorado con azul. La escoba en sí parece refulgir como si fuera auténtico fuego, haciendo gala a su propio nombre. Se encuentra suspendida en el aire, esperando ser montada.
-¿Miedo, Granger?-me provoca Draco con una sonrisa burlona.
-Por supuesto que no.-respondo intentando que no note mi inseguridad.
-Vamos, conmigo no has de temer. Al menos yo no me desmayaba en presencia de dementores.
-Eso no tiene gracia.-repongo con hostilidad. Lo pasé muy mal en aquel momento, cuando vi caer a Harry desde tanta altura, como si de una marioneta se tratara.
Draco decide ignorar mi comentario y se monta con gran agilidad en la escoba.
-¿Subes o no?-me increpa girándose sobre sí mismo.
Con fastidio, me incorporo justo detrás de él, no sin antes permitir que me ayude a colocarme correctamente.
-¿Preparada?-pregunta, con sus ojos grises brillando a la luz de luna totalmente fijos en los míos.
-Sí.
-Agárrate fuerte.-exclama el rubio justo antes de despegar violentamente. Casi no me da tiempo a sujetarme y me llevo un susto de muerte comprobar que ya estamos a gran altura en cuestión de segundos. La escoba sin duda tiene muchísima potencia. Me agarro al torso de Draco con toda la fuerza de la que soy capaz, aterrada mientras seguimos cogiendo altura. A estas horas la temperatura es baja a pesar de encontrarnos en agosto, y el aire frío me traspasa todo el cuerpo, teniendo en cuenta lo veraniego que es mi conjunto.
Cuando Draco decide estabilizar el vuelo, entonces es cuando me atrevo a mirar hacia abajo. La vista es impresionante. Estamos sobrevolando Londres. Los campos se van quedando atrás y las luces de la ciudad nos dan la bienvenida. Todo parece tremendamente pequeño desde aquí, como si fuera de juguete. Sigo agarrada al rubio, pero aflojo un poco la tensión, ahora ya más tranquila.
-¿Te está gustando el paseo?-me pregunta volviendo la cabeza un momento. Su pelo ondeado por el viento se encuentra despeinado, y aún así, lo encuentro tan atractivo como siempre.
-Por supuesto.-respondo dirigiéndole una sonrisa radiante.
-Pues esto no es nada en comparación con lo que viene ahora.
-¿Qué quieres decir…?-intento averiguar algo desconcertada. Pero no me da tiempo a pensarlo, porque entonces Draco gira bruscamente la Saeta de Fuego y comenzamos a realizar florituras en el aire, llegando a quedarnos completamente boca abajo.
-¡Draco! ¿¡Qué estás haciendo!?-exclamo, con absoluto terror en mi voz.
-Darle un poquito de emoción.-responde malevólamente. Maldita serpiente, ¡yo ya tengo suficiente emoción volando a más de 100 metros de altura!
Y sigue realizando piruetas en el cielo de Londres, al mismo tiempo que pone a prueba los límites de velocidad de la escoba. La adrenalina sube por todo mi cuerpo, advirtiéndome del peligro y logrando que lo único que salga de mi boca sean grititos de emoción. Al principio me encuentro completamente asustada y negada a disfrutar del momento, pero poco a poco me voy acostumbrando a esta sensación. Y es… absolutamente increíble. Me siento libre, desafiando a las leyes de la Física, jugando con el peligro, pero consciente de que estoy junto a él. Estoy compartiendo esta sensación con Draco, y eso hace que este momento sea mucho más especial. No quiero que termine nunca.
OoooOOooooOOOoooOOO
-Me encanta este lugar.-comenta el rubio, una vez hemos decidido tomar un descanso. Y no puedo estar más de acuerdo con él. No encontramos en lo alto de una colina, disfrutando de las increíbles vistas que nos ofrece de la ciudad de Londres.
-A mí también. Gracias por traerme aquí.
-Te lo debía. Por lo de esta tarde.-responde él repentinamente serio.
Se hace el silencio entre nosotros y nos limitamos a mirar al horizonte, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Necesito hablar con él de algo que me carcome por dentro, y tal vez ahora sea el mejor momento. O tal vez no. No quiero estropearlo todo, pero por otra parte sé que ha de suceder tarde o temprano. Hemos de enfrentar lo que nos pasa, y para poder avanzar debemos aclarar ciertos sentimientos. No voy a arriesgarme por algo que no sé si sólo existe en mi imaginación. Deseo estar con Draco, ¿pero él querrá lo mismo que yo? No estoy nada segura de ello.
-Draco-intervengo, ya decidida- Quiero preguntarte algo.
El rubio me intenta analizar previamente con sus ojos, pero asiente con la cabeza, animándome a continuar. Yo me armo de valor para seguir adelante.
-Quiero saber qué sientes por mí.
-¿A qué viene esto?-inquiere Draco pasados unos segundos. Parece bastante incómodo.
-No quiero seguir avanzando a ciegas. Necesito saber qué buscas en mí.-le intento explicar pacientemente.
El rubio parece meditarlo, pero no da su brazo a torcer.
-A todo tienes que buscarle una explicación, un jodido razonamiento…-dice finalmente visiblemente molesto- ¿No puedes simplemente dejarte llevar?
-Sí, pero hasta un cierto punto. No puedo dar todo de mí sin tener la certeza de que tú no vas a hacer lo mismo. No quiero que me hagas daño.-replico, con un nudo en la garganta. Pero me sorprende sentir que no me cuesta expresar mis sentimientos. Tal vez se deba a un aumento de la confianza entre nosotros tras el reencuentro.
-Yo no quiero ponerle ninguna etiqueta a lo que tenemos. Simplemente quiero seguir como hasta ahora. ¿Por qué quieres comerte la cabeza con gilipolleces? No lo entiendo.-el rubio parece contrariado. ¿Es que no ve que necesito saber si soy correspondida?
-Una relación se basa en la comunicación y en la confianza…
-Basta.-me interrumpe Draco con brusquedad y de una forma que me deja completamente cohibida- Quiero seguir conociéndote y seguir pasando más tiempo contigo. Pero no me pidas que te diga que te quiero. Si lo haces, te estarás equivocando de persona.
Sus palabras me duelen profundamente, como si me hubieran clavado un puñal en la espalda. El corazón parece dejarme de latir por un instante, y sin poderlo evitar, mis ojos acumulan lágrimas que me niego a dejar salir. Al menos no con él delante. Así que me vuelvo para que no vea mi rostro de completa decepción.
-Hermione…-susurra al cabo de unos segundos- Yo no soy de expresar lo que siento, lo sabes. Pero puedes estar segura de que ninguna chica me había confundido tanto como tú.
-¿Pansy?-afirmo, más que pregunto, todavía sin volverme.
-Pansy fue un encaprichamiento, el primer amor adolescente. Pero no significó nada serio para mí.
Bueno, eso al menos me da algo de esperanzas. Pero sigo dolida, y no quiero mirar esos fríos y al mismo tiempo tentadores ojos grises. Sabía que Draco podría reaccionar así, pero aún así esperaba algo más. Alguna señal de que siente algo lo suficientemente fuerte como para darme algo más de confianza.
El rubio se siente justo frente a mí, obligándome a mirarlo a los ojos. Parece impotente, pero no me consuela lo más mínimo ahora mismo.
-Si no sintiera nada por ti, ten por seguro que no me molestaría en seguir viéndote. Confía un poco en mí.-dice Draco, esta vez con un tono mucho más dulce.
-Está bien, lo haré.-y el rubio acaricia mi mejilla suavemente, cerrando los ojos y entreabriendo su boca, buscando la mía. Me besa larga y profundamente, saboreando cada uno de ellos como si fuera el último. Y ese es el remedio que logra calmarme, al menos de momento.
Hasta aquí el cap. de hoy! Os ha gustado? Queréis matar a Draco? jajajaj
Sé que es algo doloroso para Herms, pero el personaje de Draco Malfoy es muy complicado, y sentimentalmente muchísimo más. Sobre todo pretendo que ser fiel al personaje de J.K Rowling en todo lo posible...Y para que sea creíble la historia, es necesario todo esto.
De todas formas, en el siguiente cap. entenderemos mucho mejor su punto de vista, prometido :)
Y nada más, que espero vuestros reviews y opiniones al respecto !
Muchísimas gracias, un besito grande!
