Guest: No, ni Elizabeth ni el personaje que conoceréis hoy son familia biológica de Emma, aunque al final todos son una familia, sin importar la sangre. Ya veremos quien es el padre de ambas chicas... Señores, hagan sus apuestas!
Bueno, he vuelto. Espero no haberla cagado añadiendo otro personaje. Ahora empieza el drama, tanto Swanqueen como en general. Odiaréis a Henry, ya veréis. Espero que os guste y tal, y sobre todo, que queráis que la continue (a no se que sea una kk)
Ambas entraron en la casa, igual de nerviosas, pero deseosas de afrontar aquella situación. Eso en Elizabeth era un cambio asombroso, pues la chica no hablaba, no se movía, no hacía nada en un lugar nuevo con gente nueva, y el hecho de que ahora estuviera dentro de aquella casa significaba mucho. Muchos pares de ojos fijaron su mirada en la pareja. Snow estaba paralizada: ella siempre había querido una hermana. Quizás ahora podía tenerla, ¿no? Era más que evidente que Elizabeth era su hija. Entonces, la morena recordó una escena: se coló en el castillo cuando era una fugitiva, y escuchó una frase. Una que la impactó.
Flashback
Snow se coló en el castillo a recoger un par de pertenencias importantes. Deseaba colarse aquella noche en la habitación de Regina y matarla. Oh si lo deseaba… por supuesto. Hoy era uno de esos días en los que no podía ser buena. Llevaba un año con aquella vida, y estaba cansada. Quería ser de nuevo ella, y no una chica a la que buscaban y acusaban de un asesinato que ella jamás habría cometido. Pero no estaba preparada, así que se limitó a recoger lo que era suyo. Sin embargo, no pudo evitar entrar en aquella habitación.
― ¿Qué es lo que te ocurre? ―dijo una voz grave, de hombre, que su cerebro registró como la del cazador. Esa voz era inconfundible.
― Hoy tendría seis años ―dijo la voz de su madrastra, rota, llorosa. ― Pero ella no está aquí… mi niña…
La princesa se asomó lo suficiente como para ver al cazador dejar un beso sobre el hombro de la reina para después abrazarla, y dejar que llorara en su hombro. La mujer continuaba llorando silenciosamente, murmurando el nombre de su bebé.
Flashback
Snow salió de su trance y se aproximó a la chica.
― Me llamo Mary Margaret, o Snow White, lo que prefieras ―dijo con una sonrisa, tendiéndole la mano. La chica susurró un escueto "hola" pero nunca tomó su mano, por lo que finalmente la profesora se retiró. A partir de ahí, todos desde su sitio, saludaron a Elizabeth.
― Yo me llamo Elizabeth… me podéis llamar como gustéis… encantada…
Regina la guió hasta el cuarto de invitados, disculpándose por la poca decoración. Bajó y decidió explicarle la situación a la familia.
― Veréis, Liza no controla muy bien sus poderes, por eso no os ha querido tocar, porque tenía miedo. Os pido comprensión, tiene miedo, todo esto es nuevo para ella, está confusa. Quiere poner de su parte, pero no sabe cómo actuar, dudo que haya tenido una vida muy agradable hasta ahora. ―tras aquel pequeño discurso de disculpa, su novia se adelantó a besarla y abrazarla, y su hijo repitió el acto de su madre. ― Además… Emma, Henry, me gustaría pediros algo un poco especial ―añadió. David y Snow cogieron sus cosas y se marcharon, dando privacidad a la pareja.
― ¿Qué ocurre, amor? ―preguntó Emma mirándola a los ojos.
― No quiero que os toméis esto como algo malo, sois lo que más amo, pero… espero que nos importe quedaros en casa de tus padres durante un tiempo… Liza está muy asustada, y quizá se sienta acorralada al haber tanta gente en la casa. Si Henry y tú pudierais marcharos durante una semana… Ya-ya sabe que somos pareja y tal, pero no sé, creo que se podría sentir incómoda, y sólo sería por un muy corto periodo de tiempo, hasta que pudiera hablar con ella y hacer que se sienta en casa…
Madre e hijo quedaron perplejos ante aquellas palabras. ¿De verdad estaba pidiéndoles eso? Henry ya supo desde el primer momento que aquella chica sería problemática, y ahora lo veía. El chico no dio opción a replica, cogió su chaqueta y salió afuera, dando un portazo.
― Ya hablaremos ―dijo Emma, cogiendo su chaqueta también y saliendo a buscar a su hijo. Ninguno de los dos volvió. Arriba, acurrucada en las escaleras, escondida, una pequeña bruja lloraba, pues esto no es lo que ella quería.
Ella no quería hacer daño a nadie, no quería interferir en la vida de nadie. Al momento, una nube de polvo morado la engulló, haciéndola desaparecer.
Regina subió las escaleras para buscar a su hija, mas cuando llegó a la habitación la joven no estaba. Buscó por toda la casa, la llamó, pero no respondía. Fue entonces cuando comenzó a asustarse.
― Snow, necesito tu ayuda ―dijo al teléfono, angustiada. ― Es por Elizabeth, ha desaparecido ―adelantó antes de que pudiera responder.
― Voy de camino a tu casa, ¿ha ocurrido algo, habéis discutido? ―preguntó preocupada al otro lado de la línea.
― No, estaba todo bien, estaba haciendo la cena y cuando he ido a buscarla no estaba en su habitación, bueno, en ningún lugar ―respondió asustada por el paradero de su niña.
Liza estaba perdida por el bosque, era de noche, tenía miedo. Ella sólo quería dejar de molestar en la vida. Deseaba no existir. Deseaba desaparecer para siempre.
Un pequeño llanto la sacó de su ensoñación. Corrió guiada por los lloros y cuando llegó, su corazón se aceleró. Frente a ella, acurrucada en el suelo, estaba una niña de unos cinco años.
Tenía la misma melena y cara que ella, pero la pequeña era pelirroja, y sus ojos eran azules eléctrico. Tenía la piel un poco más oscura que la suya, aunque claro, la suya era muy clarita. ― ¿Mérida? ―preguntó Elizabeth, mirando a la pequeña, que alzó la cabeza y al reconocer a la rubia, sonrió. Se levantó y corrió a abrazarla. Estaban juntas. De nuevo.
