Jeje, aquí me tenéis de nueeeevo. Bueno, esto va a estar repleto de Flashback que van a explicar un par de cosas. Este cap es básicamente 90% elizabeth y regina, 5% swanqueen y 5% otras cosas XD

Ya sabéis dónde encontrarme, y sé que soy muy pesada con esto, pero dejadme un review parra cualquier cosa, aquí nada de timidez. En serio, significan mucho para un autor saber opiniones, ideas, recibir apoyo, críticas...

y ahora, la pesada se marcha y os deja en paz ;) BEEEESOOOOOS


La noche había caído y ella no conseguía dormir. Sin el cuerpo calentito de Emma abrazándola por la noche, protegiéndola, no podía dormir. Su mente comenzó a viajar al momento en que se declararon su amor.

Flashback

Regina vio la puerta de su habitación abrirse, pero no quiso moverse. Probablemente Blanca se hubiera vuelto a colar en su casa.

Blanca, vete, anda, déjame en paz ―le dijo débilmente, con la voz ronca debido al llanto continuo en el que se había sumido aquel fin de semana.

No, no soy mi madre, Regina. Soy Emma, la idiota, la que viene a hablar contigo y créeme, no es ningún discurso de esperanza. Escucha, ―dijo acercándose con cautela a la cama, sentándose junto a un gurullo de cabellos negros y sábanas blancas― tú… tú no eres así, ¿de acuerdo? Tú eres una mujer fuerte que se ha levantado cada vez que la vida le ha dado golpes, eres la persona que más ha luchado por lo que ama, te conozco. Han pasado casi tres años desde la primera vez que nos conocimos, y ¿sabes qué? Te admiro. Siempre lo he hecho. ―confesó, metiendo la mano dentro de la cama, tanteando hasta encontrar una fría mejilla llena de lágrimas― Eres fuerte, valiente, independiente, dulce, tierna, educada, amable. Sí, quizás también puedas ser cínica, manipuladora, un poco insensible… Pero luchas, Regina, luchas. Luchas por dejar tu pasado y tu dolor atrás, por demostrarle al mundo que no todo e n maldad dentro de ti. Eres la mujer perfecta con la que me gustaría compartir mi vida, la madre que siempre quise tener, Henry ha tenido suerte ―finalizó, dándose cuenta al instante de lo que había dicho.

La joven morena salió lentamente de la cama, estupefacta, mirando fijamente a Emma con… esperanza, esa que tanto tenía de pequeña y que quiso enseñar al mundo entero, y que finalmente, murió; y ahora parecía que iba a renacer.

¿Emma… sientes… algo por… mí? ―preguntó tímidamente, desviando la mirada, sabiendo que no soportaría un "no". Pero en lugar de una respuesta verbal, sintió los labios de su interlocutora junto a los suyos. Suave, dulce, casto. Cuidadoso. Demostrándole que la quería más que a nada en este mundo, y que la protegería costara lo que costase. Separarse por falta de oxígeno era algo necesario, y una vez ambas se separaron, vino otro beso. Esta vez no fue Emma quien dio el primer paso, fue Regina. El mismo beso, pero con una ligera diferencia: tuvieron que separarse antes porque la morena no puedo aguantar la risa.

¿Qué es tan divertido, señorita Mills? ―cuestionó Emma, intentando sonar ofendida.

Que te quiero, y que si hubiera sabido esto antes…

Todo por lo que hemos pasado era necesario ―interrumpió la rubia,― porque si no hubiera pasado, quien sabe, puede que todo hubiera acabado.

Eres mi final feliz ―dijo recargando su cabeza en su hombro.

Soy tu Operación Mangosta ―corrigió con una enorme sonrisa.

Eres una idiota.

Pero soy tu idiota

Fin Flashback.

Irremediablemente tuvo que sonreír, aunque un par de lágrimas estuvieran deslizándose, surcando su rostro. Ojalá su Emma estuviera ahí para consolarla, para ofrecerle su pecho, para que pudiera clamar su llanto oyendo los latidos de su corazón. Pero no estaba. Sabía que aquel bofetón no había estado en absoluto bien, pero sentía necesidad de golpearla, no lo comprendía; ella había pasado por la misma situación que sus hijas, debería de ser diferente, ¿cierto? Ella debería de entender que quisiera darle lo mejor a ambas. No podía dejar de culparse, si sólo hubiera sabido organizarse mejor…

Su mente viajó de nuevo, pero esta vez, sus recuerdos eran diferentes:

Flashback

Corrió todo lo que pudo y más esperando poder encontrar a Jason, finalmente lo encontró. El joven volvía a casa cuando vio a su mejor amiga acercarse corriendo, faltándole incluso el aire.

Gina, ¿qué ocurre? ―preguntó preocupado, pues a medida que la adolescente se acercaba, más visibles se hacían las lágrimas.

Estoy embarazada, J, estoy embarazada y… y … ―el llanto ahogó su voz de nuevo, y sólo pudo lanzarse a los brazos de su amigo, en busca de consuelo.

Es… ¿de mi hermano? ―preguntó con cautela.

Bueno, ―reflexionó― Daniel no puede enterarse, ya sabes cómo es. Si se entera de que va a ser padre, pensará que será como nuestro padre y querrá desaparecer, puede que incluso intente suicidarse, no puede saberlo ―pensó en voz alta.

P-pero es el padre, él, él… Sé que no… que no, bueno, que no…

Que sí, que está loco, vamos ―resumió el muchacho rubio

No digas esa palabra, es ofensiva. Y… el debe saberlo, cuando vuelva…

Cuando vuelva del campamento militar, tú ya habrás tenido al niño, o niña. Y quizás sea mejor así, si nadie sabe que él es el padre, podrá huir, tener una vida feliz, él estará a salvo y el bebé también, sabes que tu madre no te permitirá tener un bebé de alguien que no sea como mínimo un noble.

Yo… ―Cerró los ojos un momento, intentando ordenar su cabeza― Yo debo volver a casa y… y ahí reflexionaré. Gracias Jason ―dijo poniéndose de puntillas, abrazando al hermano de su novio.

Recorrió el camino de nuevo y decidió intentar mantener la calma. Lo único que realmente le importaba era el bebé.

Fin Flashback

Oh, ahora estaba peor. Era una mentirosa. Una completa mentirosa, lo sabía. Sintió la necesidad de levantarse; sabía que aquello no iba a restaurar el daño hecho, pero pensaba que, donde fuera que estuviera, él la estaba observando, a ella y a su hija.

Avanzó hasta el dormitorio de su hija mayor, que compartía con Mérida, debido a los terrores nocturnos y la cercanía de siempre de ambas. La encontró despierta, con una mata pelirroja sobre su hombro.

― Hola, Liza ―susurró con un cariño infinito.

― Hola, mamá.

― Quiero darte algo ―dijo sentándose en el borde de la cama, junto a su pequeña. Se quitó el colgante y lo guardó en su mano, cerrando el puño. Escondió ambas manos tras su espalda. ―Elige mano.

― Mamá, es muuuuuy tarde como para jugar a tonterías.

― De acuerdo ―concedió. ― Mira, ―dijo abriendo el puño― este colgante, con el anillo… es especial. Te contaré una historia:

»Érase una vez una joven con una vida aparentemente perfecta. Era bonita, inteligente, tenía dinero, un padre para quien era un ángel… pero a la niña, en contra de lo que se pudiera pensar, le faltaba amor. Todo cambió cuando llegó un zagal, un par de años mayor que ella, a servir a su casa. El muchacho en cuestión estaba todo el rato metiéndose con ella, pinchándola. La enseñó a montar a caballo, demostrándole que no tenía que temer a los seres grandes de aspecto, no si eran dóciles, enseñándole que los animales nunca hacen daño a no ser que deban defenderse y sobrevivir, los animales no eran como los humanos. El chico, pasado unos años, finalmente admitió que, todos eso tiras y aflojas, los provocaba porque tenía sentimientos por la niña. Amor Liza―le dijo, mirándola a los ojos, notándolos cristalino, al borde de las lágrimas― el más puro y dulce. El chico, Danny, curaba sus heridas, la abrazaba, le decía que era preciosa cuando no se sentía así y le prometía un hogar, fuera donde fuera y fuera como fuera. Y fruto de ese amor, nació una preciosa niña. Una niña con cabellos tan rubios como los de su padre, y tan rizados como los de su madre, con una inteligencia superior que se esforzaba por esconder, con unos preciosos ojos del color de la tierra, vivos y curiosos. Pero eso es otra historia. Finalmente, en su intento de salvar a la mujer que ama, el padre de esta maravillosa mujercita le declaró su amor con un anillo, que no era ni más ni menos que un aro de una silla de montar. Y―tomó aire intentando no llorar― aunque su amor se vio frustrado, siempre quedó el recuerdo de la luz más brillante entre las más oscura intensidad ―terminó con un par de lagrimillas escapándose de su ojos fuertemente cerrados.

»Esto, Elizabeth Evangeline, es lo único que me queda de tu padre ―continuó Regina, colocando el colgante alrededor de su hija. ― Él te quería más que a nada en este mundo, y sé que hubiera dando cualquier cosa con tal de haberte podido sostener en brazos. Eres tú quien debe tener este colgante. Yo tengo el recuerdo de sus ojos, de su pelo, de sus insultos elegantes y divertidos que me hacían enfurruñarme y de su sonrisa, su preciosa sonrisa… Pero tú… tú no pudiste ver la fantástica persona que era, estoy más que segura que no puede estar más orgulloso de ti. Tú debes tener lo último que dejó en esta tierra.

― Mamá, ―preguntó Elizabeth, derrotada, con los ojos rojos y aguantando duramente el llanto ― ¿puedo dormir contigo hoy? ―Estaba destrozada. Nunca había echado de menos una familia, no puedes extrañar lo que nunca tuviste, pero ahora… ahora simplemente no podía. ¿Orgulloso? No, no lo creía. Necesitaba llorar, romper cosas, gritar. Necesitaba a su madre. Una madre. Alguien que la quería a pesar de todo, hiciera lo que hiciera. Una madre… Tenía una madre. Tenía una oportunidad de empezar de cero, tenía amor. Y no podía desperdiciar eso.

― Por supuesto ―replicó, levantándose y levantándola. Ambas se dirigieron al dormitorio principal, dispuestas a conciliar el sueño en paz.


La mañana siguiente llegó. Emma y Henry habían decidido marcharse, ya no se sentían parte de aquella familia. Elizabeth se vistió y se recogió el pelo en una trenza; bajó a la cocina tarareando una canción.

Buenos días ―dijo de un humor excelente Regina, acercando un plato de tortitas frente a Elizabeth, quien veía a su hermanita devorar las suyas propias.

Buenísimos días, mamá ―respondió la rubia. ― Y buenos días, comilona ―añadió, mirando a su hermana, que la saludo con la cabeza, pues no podía hablar al tener la boca llena. Elizabeth comenzó con su comida, recordando los hechos del día anterior.

Flashback

Elizabeth iba por el pasillo tan feliz, bebiendo agua… hasta que chocó con alguien. Mejor dicho… alguien le puso la zancadilla: Henry.

Uy, lo lamento, hermanita ―Henry le ofreció la mano, y vio a su hermana empapada, y a todo el instituto riéndose.

No importa, no es culpa tuya ser tan torpe y no saber quitar el pie ―respondió elegantemente la muchacha, con una sonrisa. Já, le había callado la boca, lo supo al oír como las risas cambiaban de víctima. Se marchó con la cabeza alta, tal y como lo haría una Mills. Y atrás se quedó su hermano, enfurecido, planeando una vendetta contra aquella bruja. Y ya tenía el plan perfecto.

Fin flashback

― Bueno, chicas, montaros en el coche, que ya llegamos tarde ―anunció la matriarca, cogiendo sus cosas, dirigiéndose a la puerta.

Elizabeth lo presentía, iba a ser largo y duro día.


Dulce momento SQ, ehh; sé que os ha encantado. Bueno, por otra parte, Elizabeth y su momento con la suya mamma, ha sido muy triste, al menos para mí, porque me imagino a Elizabeth como una chica muy madura, quizá demasiado para su edad, y muy fuerte, y de repente, ese momento, pues muy ;"C.

Y mérida, ay que mona. Me imagino a una niña delgada y larguirucha, con una maraña de rizos naranjas, comiendo como si nu hubiera un mañana XD la niña, ya veréis que es más lista de lo que parece. De hecho, cuando me imagino el pelo de Elizabeth y Mérida, me imagino los rizos de Tyalor Swift, pero en Mérida pelirrojos, obviamente.

UUUUUUYYYYY HENRY Y ELIZABETH SE VAN A TIRAR DE LOS PEEEEEELOOOOOOS.

Y ahora ya sabéis, el botoncito de Review os pilla cerca, dejadme saber qué queréis ver en el siguiente capítulo, y bueno, dadme razones para estar avanzando con la historia y no estudiándome La Celestina (ya know what i mean, bae=)

Beeeeeeesoooooooos :**********