CAPÍTULO 32
-Granger…-musita Malfoy al reparar en mi presencia, todavía sin atreverse a entrar en el comedor. Yo me levanto de la silla automáticamente, como si alguien me hubiera puesto una chincheta en el asiento, y le sostengo la mirada, desafiante. Estoy alterada, furiosa y mil cosas más que no puedo describir. Pero por encima de todo eso parece que está la parte de mí que aún sigue queriendo a este traidor, y no puedo evitar admirarle en secreto. Porque va vestido como un auténtico muggle, con ese polo azul de manga corta que le sienta fenomenal y le realza tanto los músculos que, por un momento me quedo embelesada ante la contemplación de este dios griego. Está tremendamente arrebatador. En otras circunstancias y si no estuviera tan dolida y decepcionada, quien sabe lo que podría llegar a ser capaz de hacer por este hombre. Pero el caso es que estoy dolida, muy dolida. Y no va a ser fácil hacerme cambiar de parecer.
-¿Qué es lo qué quieres? ¿Acaso no te quedo claro lo que te dije anoche?-inquiero con frialdad. No veo a Luna por ninguna parte, así que supongo que se habrá metido en su cuarto. Mierda, otra escenita aquí en su casa. Me enfurezco un poco más al sentirme culpable por mi amiga. No le estoy dando más que disgustos.
-Ése es el problema, no sé qué pasó anoche. ¿Discutimos?-pregunta el rubio con toda la naturalidad del mundo. Debo poner de todo mi autocontrol para no lanzarle una maldición en este mismo instante.
-Espera un momento, ¿has venido a que YO te refresque la memoria?-inquiero perpleja. No puedo creerlo, ¿cómo puede tener tanta cara esta maldita serpiente? Frunzo los labios con fuerza, exprimiendo de algún modo mi indignación-Te aconsejo una cosa, deja de beber alcohol o un día tal vez beses a Ron sin darte cuenta.-añado en tono mordaz, sin una pizca de sentimiento en mi voz. Como si para mí todo este tema me fuera indiferente… Al menos eso voy a hacerle creer a Malfoy. No pienso mostrarme débil ante él nunca más.
El rubio se queda pensativo, meditando mis palabras. Por la expresión de sus ojos, creo que intenta recordar algo. El tenso silencio dura unos cuantos segundos, en los que intento acompasar mi respiración y calmarme, manteniendo mi postura con los brazos cruzados.
-¿Me besé con Kate?-pregunta en voz baja, como si hablara consigo mismo.
-No sé quien es Kate, pero besar se queda corto. Te estabas dando el lote con ella, Malfoy.-le recrimino con una mirada congelada.
-Lo raro es que pensaba que eras tú.-comenta entonces extrañado. Su expresión parece verdadera, pero sé a ciencia cierta lo mentirosos que son los Slytherin y lo bien que pueden interpretar un papel. Solo he de mirar a Pansy.
-Fantástico. Ahora además de alcohólico, también necesitas unas gafas.-repongo con ironía, sin dejarme influenciar por sus palabras.
-En serio, Granger. En ese momento estaba pensando en ti.-insiste Draco con su voz más persuasiva, y soy consciente de que poco a poco está reduciendo la distancia que nos separa.
El ambiente está muy cargado, puedo notarlo. Nuestras miradas se están estudiando con intensidad, y una parte de mí solo desea creerle. Perdonarle. Besarle. Pero debo hacer caso a mi razón, a esa voz consejera que me ha guiado durante toda mi vida. Ella siempre ha sido la que me ha sacado de las peores situaciones, y le debo esa confianza. No voy a dejar que unas simples palabras me hagan cambiar de opinión. Soy Hermione Granger, una de las supervivientes de la guerra mágica e importante pieza en la búsqueda de los Horrocruxes. Me he enfrentado a todo tipo monstruos, desde perros de tres cabezas hasta árboles asesinos, y he salido ilesa. Soy mucho más fuerte de lo que Malfoy se cree.
-No te acerques más.-le advierto haciendo un gesto con la mano para que pare.
-Joder, Hermione. En serio, no sé qué me pasó… Lo siento.-añade en un susurro. Sus ojos destellan algo de arrepentimiento, pero por desgracia, no es suficiente.
-Más lo siento yo por haber creído en ti.-repongo con dureza- Al final Pansy va a tener razón y no eres más que un mujeriego que se dedica a buscar un objetivo cada vez más difícil. Hasta que te cansas.-bajo la mirada al suelo, temiendo que las lágrimas comiencen a aflorar si continúo mirando esos ojos de color hielo.
-¿Eso es lo que piensas? ¿No te he demostrado nada aún?-exclama Draco, al parecer ofendido. En un segundo se encuentra justo enfrente de mí, y me levanta la barbilla casi con violencia, clavando su potente mirada en la mía- Fui yo el que se acercó a ti en Miami, fui yo el que decidió mantener el contacto una vez que te fuiste y fui yo el que te besé delante de todos sin importarme nada más.
-Te olvidas de que me humillaste delante de tus amigos. Y por si fuera poco luego le diste una paliza a Ron. Ah, y se me olvidaba el incidente de anoche en el que traicionaste la poca confianza que tenía en ti.-le espeto quitando su mano de mi rostro como si su contacto me quemara- Está claro que para ti soy solo un simple encaprichamiento temporal, y no pienso aguantar tus continuas faltas de respeto. No estamos hechos el uno para el otro, Malfoy, admitámoslo.
El Slytherin parece estar a punto de estallar interiormente por el color que está adquiriendo su rostro, aunque su expresión se mantiene imperturbable. No sabría decir qué es lo que está pasando por su mente, pero no me gusta esa frialdad que atisbo en sus ojos grises. Al cabo de unos segundos en los que solo reinaba el tenso silencio, Draco esboza una de sus muecas arrogantes.
-Tienes razón, Granger. Era evidente que alguien como yo nunca podría estar con alguien como tú. Supongo que este juego ya se ha acabado.-dice con su habitual arrastramiento de palabras- Bueno, tú te lo pierdes.
Me guiña un ojo con picardía y tras una mirada de puro desprecio, decide por fin poner distancia entre nosotros y se da la vuelta, dispuesto a abandonar la estancia.
-Eres un maldito cobarde, Draco Malfoy.-murmuro con toda la rabia que sale de lo más profundo de mi corazón- Tanto tú como yo sabemos que te da miedo reconocer lo que sientes por mí, pero cuando lo hagas y te des cuenta de que me has perdido… Yo ya no estaré ahí. Recuerda mis palabras.
A toda respuesta, Draco gira un poco su cabeza al tiempo que suelta una de sus risotadas más desagradables.
-Se te da muy mal amenazar, Granger…-y sigue caminando en dirección al pasillo, sin volver la vista atrás, hasta que desaparece de mi vista. Cuando al fin escucho el sonido de la puerta cerrarse y soy consciente por primera vez de lo que ha pasado, algo en mi interior se agita con violencia. No quería que la situación llegara a este extremo, y una parte de mí me odia por ello. Por no haber sido capaz de perdonarle aun habiéndose disculpado, por no creer en sus palabras. Por haber dado por sentado que lo nuestro es imposible. Pero por otro lado, me siento indignada. En estos momentos le odio tanto como le quiero. Y es que el rubio ha actuado con toda la frialdad del mundo, mostrándose totalmente indiferente ante mis palabras, sin haber luchado por mí. Ha sacado una vez más su lado arrogante, despreciable e insensible. Ese que siempre he detestado. Y comprendo entonces que mis peores temores se confirman. Él no me quiere, ni jamás lo hará. Y ante este pensamiento, comienzo a llorar de nuevo, angustiada y arrepentida, y es entonces cuando me doy cuenta de que un brazo me rodea los hombros con suavidad. Es Luna, claro.
-Luna, lo siento… No tienes por qué soportar estas tonterías en tu propia casa…-me disculpo avergonzada, limpiándome las lágrimas con un pañuelo que me ha tendido mi amiga.
-Calla.-me ordena con dulzura, abrazándome con fuerza. Ese gesto consigue debilitarme todavía más y continúo llorando, rompiendo la promesa que me había hecho a mí misma esta misma mañana.
oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo
-Has hecho bien, Herm.-dice mi amiga una vez que he conseguido tranquilizarme. Nos encontramos en el sofá, bebiendo un reconfortante té. Me siento mejor, pero no consigo asimilar aún lo sucedido, y la verdad es que tampoco quiero- No te merece.
-Pero tal vez no debería haber sido tan dura… Me pidió perdón, y eso es algo que Draco Malfoy no suele hacer. Debería haberlo valorado más.-replico apesadumbrada, sin dejar de sentir en un solo momento ese horrible nudo en el estómago.
-No, es lo mínimo que podía hacer después de haberte traicionado así. Debes hacerte respetar por él, Herms. Que sepa que no puede hacer contigo lo que quiera.-dice Luna, haciéndome entrar en razón.
Luna está en lo cierto, Malfoy debe aprender a respetarme. Pero claro, eso es difícil teniendo en cuenta que jamás en su vida lo ha hecho. Pensé que había cambiado de verdad, que esta locura que sentía tenía una explicación racional. Y es que al principio parecía todo tan perfecto… Recuerdo con nostalgia esas noches en su casa, durmiendo abrazados plácidamente después de haber hecho el amor. ¿Cómo se había complicado todo tanto? ¿Había vivido todo este tiempo en una ilusión?
-Además- sigue mi amiga con voz analizadora- esa forma de irse… Da a entender que su orgullo va por delante de todo. Es obvio que no soporta que lo rechacen, así que no te atormentes y olvídate de ese Slytherin por un tiempo. Si te quiere de verdad, él volverá a ti.
Asiento con la cabeza, un poco más segura de mí misma, y admirando a Luna por ser capaz de analizar con tanta exactitud la mente de Draco Malfoy. Tal vez de momento lo mejor sea eso… centrarme en mi trabajo y dejar que Malfoy salga de mi vida poco a poco. No es lo que yo quiero, pero sé que es lo mejor para mí.
oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo
Golpeo violentamente la puerta con los nudillos, como si la vida me fuera en ello. En cuestión de segundos que se me antojan interminables, unos profundos y asustados ojos negros me devuelven la mirada.
-¡Draco! ¿Qué pasa?-pregunta Pansy con preocupación, haciéndome pasar a su casa.
-¿Y tú me lo preguntas?-respondo con ira contenida- Quiero que me expliques por qué cojones hiciste lo que hiciste.
-Draco…no sé a qué te refieres…-murmura ella algo vacilante y cerrando la puerta con torpeza.
-¡No me mientas!-exclamo sacando a relucir toda mi rabia, golpeando con fuerza la pared y asesinando a la morena con la mirada- ¿Acaso vas a negar que el otro día le fuiste con el cuento a Granger?
-Yo solo le dije la verdad, lo que tú me contaste.-replica ella, un poco más calmada. Se hace la tonta, pero a mí no me engaña.
-Y una mierda, Pansy. Te conozco. Me manipulaste para que te dijera lo que querías oír.-le recrimino, agarrándola por el brazo y obligándola a que me mire a los ojos.- Para usarlo en mi contra. ¡Y me has jodido!
-Vamos, Draco, sólo te he hecho un favor… Ya no tendrás que inventarte ninguna excusa para dejarla.-se excusa ella, intentando sonreír alentadoramente- Suéltame, por favor, me haces daño…
Y en vez de soltarla, le aprieto con más fuerza, dejándome llevar por el odio que ahora mismo siento hacia ella. Porque es todo por su jodida culpa. Si no se hubiera metido, probablemente Granger nunca hubiera descubierto toda esa mierda que le contó Pansy. Y entonces nunca hubiéramos tenido esa maldita discusión… Y por supuesto no habría cometido una gilipollez como la de anoche, estoy seguro.
-Yo no te pedí que me hicieras ningún favor.-murmuro esta vez con una peligrosa suavidad- ¿Te lo pedí? ¡Responde! ¿TE LO PEDÍ?-insisto perdiendo el control y sacudiéndola con fuerza por los hombros.
-¡No lo entiendo, Draco! ¿Por qué te importa tanto? ¡Estamos hablando de Granger! Pensaba que te hacía un favor, lo juro.-dice con una nota de pánico en su temblorosa voz.
-Eres una estúpida y siempre lo has sido. ¿Por qué lo has hecho, eh? ¿Acaso pensabas que aún tenías alguna posibilidad conmigo? Ya es hora de que lo aceptes, Pansy. Nunca te he querido. Más bien me aburrías.-hago una pausa en la que me dedico a contemplar con satisfacción el efecto que tienen mis palabras en ella. Tiene los ojos muy abiertos y brillantes. Está a punto de llorar, y eso solo me hace sentir mejor- Siempre dispuesta a hacer lo que yo te pidiera, sin importar el qué. Arrastrándote a mí sin contemplaciones, aunque te tratara como a una muñeca de trapo. Es lógico que perdiera el interés por tu patética pelotería. No me interesas, Pansy, asúmelo de una maldita vez y déjame vivir tranquilo.
-¿Cómo… puedes ser tan cruel…?-casi tartamudea la morena, con los ojos llenos de lágrimas y expresión desolada.
-Siempre he ido con la verdad por delante, aunque fuera cruel.-me defiendo a la vez que decido soltarla y poner un poco de distancia entre nosotros- Espero que ahora te haya quedado completamente claro. No malgastes inútilmente tu vida conmigo, Pansy.
Y dicho esto, salgo por donde he entrado, no sin antes dar un fuerte portazo. Por lo menos ya me he desahogado con alguien. Y además ese alguien se lo merecía. Si hubiera mantenido el pico cerrado nada de esto hubiera pasado. Por una vez en toda mi vida maldigo el poder que poseo sobre las mujeres. Esa jodida obsesión por mí ha hecho que los planes que tenía con Granger se vayan a la mierda.
"¿Y qué planes tenías?" Me pregunta una molesta vocecilla dentro de mi cabeza. Pues básicamente seguir como hasta ahora. Poder pasar tiempo con ella, poder besarla, tocarla. Escuchar su voz antes de dormir. Y joder, pensar eso me preocupa. ¿Tanto necesito a la sabelotodo? ¿Por eso siento esta incómoda angustia? Creo que tengo una especia de obsesión con ella, y tal vez (sólo tal vez) haber cometido esta estupidez me salve de mi futura perdición: enamorarme. Puede que de esta forma pueda volver a empezar de nuevo. Quizás pueda volver a ser el Draco de antes… Visto así, no suena tan mal.
Sea como sea, no quería que esto pasara. No aún. Esperaba primero poder saciarme de ella. Pero Granger no me va a perdonar haga lo que haga. Ni siquiera será capaz de confiar de nuevo en mí. Y por si fuera poco he reaccionado de la peor forma posible. ¿Por qué cojones me sigue dominando el orgullo? Porque soy un Malfoy, y eso es lo que me han enseñado. Nunca me rebajaré ante ninguna mujer, ni permitiré que me rechacen. Nunca admitiré que me he equivocado. De hecho, ya ha sido bastante difícil disculparme con ella. Hasta ahora jamás había pedido perdón a nadie, joder. Nunca me había hecho falta, a decir verdad. Y menos tratándose de mujeres. Todas han caído a mis pies y han aceptado mis normas sin rechistar. Pero Granger es diferente, y lo peor de todo es que a mí me importa lo que piense. Y me siento miserable por haberle hecho daño, por hacerle llorar. Porque admitámoslo, nunca seré lo suficiente bueno para ella. Y esta es una sensación completamente nueva en mí que no se cómo enfrentar. Y es que en otros tiempos, jamás se me hubiera pasado algo así por la cabeza. Aquellos tiempos en los que consideraba a los sangresucia unos seres inferiores. Cuando los menospreciaba por el mero hecho de provenir de muggles. Cuando me dominaban los prejuicios. Pero ahora todo es diferente… Demasiado. Definitivamente, todo era más fácil cuando la despreciaba.
La pregunta es: ¿ahora qué hago? ¿Finjo que nada de esto ha ocurrido y sigo mi camino sin Granger? ¿Me rebajo ante ella y le prometo que cambiaré? Lo veo muy poco probable. Necesito reflexionar con tranquilidad y descifrar todo el remolino de sensaciones que amenazan con hacerme perder la poca cordura que me queda.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Llego pronto al trabajo. A pesar de que he descansado fatal esta noche y tapar mis enormes ojeras ha requerido un par de litros de maquillaje, necesitaba mantener mi mente ocupada en algo urgentemente. No podía quedarme en casa y seguir recreando una y otra vez en mi cabeza la maldita discusión con Malfoy. No tengo muy claro lo que ha pasado, pero sé con certeza que no puedo estar con él. Al menos en un largo periodo de tiempo. Me siento traicionada, decepcionada y utilizada. Me siento como una más de sus conquistas. De ésas que utiliza a su antojo y luego las cambia por otra sin pestañear siquiera. Y es tan horrible esta sensación que no se la deseo a nadie. Pero sé que llorar no sirve de nada, y más cuando ya sabía a qué me atenía con el Slytherin. Realmente, no sé de qué me sorprendo.
Me encuentro en el despacho trabajando como puedo, obligándome a traducir textos sin ninguna pausa que me haga caer presa de oscuros pensamientos hacia la serpiente. En un momento dado de la tarde me dirijo hacia el baño. Nada más entrar por la puerta, escucho un leve sonido de fondo. Afino mi oído al máximo y me doy cuenta de que se trata de pequeños sollozos ahogados. Con sigilo, me acerco a la puerta de donde proviene el sonido y pongo la oreja pegada a la madera. Efectivamente, ahora que escucho con más claridad, es evidente que hay una persona llorando en uno de los baños.
-¿Hay alguien ahí?-pregunto con suavidad.
-¡Vete!-exclama la voz, completamente resquebrajada por el llanto.
-¿Pansy? ¿Eres tú?-inquiero extrañada, reconociendo finalmente de quien se trata- ¿Qué te pasa?
-¡Déjame en paz, Granger!-repite con el mismo tono afligido y desesperado.
-No pienso moverme de aquí hasta que salgas y me digas qué te pasa.-digo con firmeza. No sé por qué tengo tanto interés en su bienestar, después de lo que pasó anoche y se descubrieran sus verdaderas intenciones. Pero mi parte empática no me permite dejar a alguien llorando a su suerte en un baño.
Tras unos segundos, la puerta finalmente se abre, dejando paso a una despeinada Pansy Parkinson, con aspecto desolado. Tiene la mirada perdida, los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Y no puedo evitar sentir lástima, porque imagino el motivo de su disgusto.
-¿Por qué te preocupas por mí?-inquiere con algo de sospecha en su voz- Pensaba que después de lo de ayer me odiarías.
-No te odio. Aunque reconozco que sí me siento decepcionada. Te consideraba mi amiga y me has estado engañando todo este tiempo.-le explico con seriedad. Ella cambia su expresión, y adivino que ese brillo en sus oscuros ojos se debe a una pizca de arrepentimiento- Pero aun así no me gusta verte llorar. ¿Qué te pasa?
-Es por Draco, aunque supongo que ya lo habías intuido.-responde ella finalmente, limpiándose las lágrimas frente al espejo- Me ha dicho cosas horribles. Me ha hecho sentir despreciable, Hermione. ¡Y todo porque le quiero! Ése ha sido mi único delito, ¡quererle!
Pansy comienza a llorar de nuevo, avergonzada. Algo incómoda por la situación, la rodeo con un brazo y ella deja caer su cabeza sobre mi hombro. Se desahoga durante un buen rato, llorando y maldiciendo contra el rubio. No puedo evitar sentirme identificada con ella, viéndola sufrir de ese modo. Al fin y al cabo solo es una chica enamorada, dispuesta a luchar por su amado de todas las maneras posibles. Una chica a la que le habían roto el corazón de forma brusca y cruel. Desde ese momento, el resentimiento que sentía hacia ella se esfuma y es reemplazado por una sincera compasión.
-¿Ya estás mejor?-le pregunto una vez ha cesado su llanto.
-Sí. Gracias.-responde ella con reservas, volviendo a la realidad.
-No tiene importancia, Pansy. Pero no vale la pena, no por él.-le aconsejo antes de volverme para abrir la puerta. Cuando estoy a punto de salir, la morena me llama de nuevo.
-Hermione. Lo siento mucho.-sus profundos y tristes ojos negros se clavan en los míos, y no puedo evitar dirigirle una sonrisa tranquilizadora al tiempo que asiento con la cabeza. Después salgo del baño con un suspiro y vuelvo de nuevo a mi despacho, maldiciendo a Draco Malfoy por ser un capullo sin corazón.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Decido hacerle una visita a mi madre al hospital. Para ello me acerco como de costumbre a los almacenes abandonados y paso por entre los maniquíes hasta llegar al que está justo tras una ventanilla. Entonces, como de costumbre, digo alto y claro el motivo de mi visita y automáticamente el cristal se abre por arte de magia. Con decisión lo atravieso y de pronto me encuentro dentro de San Mungo. Hablo con la bruja recepcionista y me dirijo hacia la cuarta planta, donde se encuentran los pacientes heridos por hechizos. Una vez allí, recorro el pasillo atestado de sanadores y familiares, sin detenerme a mirar a nadie. Quiero llegar cuanto antes a mi destino. Cuando finalmente llego a la habitación correspondiente, la conocida voz de la sanadora me da la bienvenida.
-Señor Malfoy, ¿ha venido a ver su madre?-me pregunta la mujer con dulzura. Es rubia, cuarentona y con unos cuantos kilos de más.
-Sí- respondo con una mirada sombría.
-Se alegrará de que haya venido.-comenta la mujer, con una sonrisa cálida.
Asiento imperceptiblemente y me adentro en la habitación sin más contemplaciones. No tengo ganas de charlas, y menos con este tema. ¿Cómo se va a alegrar de verme si ni siquiera me reconoce? Pero esta vez soy yo quien la necesito a ella. Es lo único que me liga a mi antigua vida.
Me acerco con precaución a la cama, donde se encuentra recostada mi madre leyendo un libro. Parece tranquila. Lleva el dorado pelo suelto, cayéndole por los hombros en bucles. Su expresión es de total concentración, como si estuviera totalmente inmersa en el libro. Por un momento incluso parece la misma de siempre. Elegante, culta, inteligente y serena. Esos son los principales rasgos que definen a mi madre.
-Mamá…Soy yo. Draco.-anuncio una vez que llego a su altura, para llamar su atención. Entonces ella fija en mí su mirada que parece cargada de desconcierto, dejando el libro momentáneamente apartado.
-¿Draco? Me suena tu nombre, pero no te recuerdo…-responde en tono ausente- ¿Quieres algo de mí? ¿Puedo ayudarte?
Aprieto los puños dejándome llevar por esa maldita rabia que ya me es tan familiar. Pero intento no perder la compostura y mantenerme sereno.
-Soy tu hijo.-musito en voz queda- Y te necesito, maldita sea. Creo que me estoy volviendo loco, mamá. Necesito que me ayudes.-añado con desesperación, tratando una vez más de hacerla entrar en razón.
Ella me mira sorprendida y se levanta despacio, como si fuera una reina fina y delicada. Se acerca a mí, quedando frente a frente. Huelo su característico aroma a rosas y cierro los ojos, intentando imaginar por un momento que ella sigue aquí, conmigo. Que todo es como antes.
-Creo que te equivocas, Draco. Yo no tengo hijos.-murmura suavemente, cogiéndome de la mano- Pero si tuviera uno me gustaría que fuera como tú. Eres muy apuesto.-añade con ternura.
Tras ese comentario se me encoge un poco el corazón, sin poder creer que esas palabras estén saliendo de sus labios. Es la primera vez en todo este tiempo que se mantiene tan cuerda, aunque sigue sin un ápice de memoria. Y ese comentario me ha calado hondo. Joder, mamá, necesito que vuelvas conmigo.
-¿Por qué estás tan atormentado?-me pregunta, soltando mi mano y dirigiéndose hacia la ventana. Contempla el paisaje ensimismada y yo me sitúo a su lado, mirando hacia donde ella mira- Hace un día encantador, ¿verdad?
Ignoro el comentario y decido hablar, como si me entendiera. Como si estuviera ahí de verdad.
-No sé qué me pasa. Creía que una vez que volviera a Inglaterra podría recuperar mi vida, pero me siento perdido, mamá. No sé cómo volver a ser yo mismo. No tengo padres, no tengo un hogar, no tengo ideales. Lo único que tengo es una nueva percepción de la realidad, y eso no me ayuda, solo me confunde aún más. ¡Quiero volver a ser el mismo de antes! ¡Quiero que vuelvas, mamá! Te necesito a mi lado, joder…-confieso abrumado por mi repentina sinceridad. Y es que sé que en otras circunstancias jamás diría algo así, y mucho menos a mi madre. Pero la soledad está pudiendo conmigo. Y más ahora que acabo de perder lo único que conseguía distraerme de mis confusos pensamientos. Granger.
Mi madre se sobresalta por la angustia que transmite mi voz y me dirige una mirada cargada de comprensión.
-Hay veces que simplemente no se puede volver atrás. Hay veces que no puedes seguir desde donde lo dejaste. Hay veces que la solución es empezar de cero y olvidar. Todo tu mundo puede cambiar de repente, Draco.-su mirada es seria, pero su voz sigue siendo ausente- Y depende de ti el adaptarte o no. Pero no olvides que solo tú diriges el rumbo de tu vida.
-Eso es muy fácil decirlo.-murmuro finalmente, clavando de nuevo la vista en las calles de Londres.
Nos mantenemos en silencio durante unos minutos, los dos perdidos en nuestros pensamientos. Sintiendo su compañía, imaginando que nos encontramos en casa, en una de nuestras profundas conversaciones. Hasta que pasa lo inevitable.
-Un momento… ¿Pero quién eres tú? ¿Y qué has hecho con mi hijo? ¡Dímelo!-grita de pronto mi madre, volviéndose hacia mí con ojos desorbitados. Me agarra los brazos con fuerza, clavándome sus largas uñas en la piel.
-¡Mamá, soy yo! ¡Yo soy tu hijo!-exclamo con fuerza, intentando que entre en razón- Tienes que acordarte.
-Mientes. ¡MIENTES! ¡Tú lo has matado! Lo has matado…-solloza de forma lastimera, cayendo poco a poco al suelo, completamente idea.- ¿Por qué…? ¿Por qué me lo has arrebatado?
Desesperada, me coge con ambas manos de una pierna, siguiendo con sus incoherentes gritos. Intento soltarme, pero no hay manera, y no quiero hacerle daño. Finalmente pido ayuda a la sanadora, que acude en pocos segundos. Ésta realiza un hechizo tranquilizante y acto seguido ayuda a mi madre a levantarse, llevándola de nuevo a la cama, susurrándole palabras dulces. Yo me mantengo paralizado, sin poder reaccionar de ninguna forma. Aún no me acostumbro a esos ataques de histeria. Y creo que nunca me acostumbraré.
-Draco, será mejor que vuelvas otro día.-dice la sanadora lanzándome una sonrisa afectuosa.
Y sin una palabra más, salgo de la estancia lo más deprisa que puedo. Aún estoy impactado por lo que acaba de suceder. Maldita sea, si pensaba que esta visita me haría sentir mejor, estaba completamente equivocado. Necesito salir de aquí y ver a alguien que me comprenda de verdad. Que me aconseje, que me pueda guiar de alguna forma… ¿Pero quién?
Automáticamente una persona se aparece en mi mente. La única persona que me ha estado ayudando todo este tiempo. Que consiguió verdaderos milagros respecto a mi actitud. Aquella persona que no permitió que me derrumbara en el peor momento de mi vida.
Mi tía Vivian.
Holaaa de nuevo! :D
Que tal? Este capitulo ha sido un poquito más largo que de costumbre, espero que nos os haya cansado! :)
Por un lado hemos visto la discusión de Draco Y Hermione... Ha sido bastante dificil ponerme en el lugar de cada uno, la verdad. Herms dolida, esperando algo mas que una simple disculpa... Y Draco es Draco. Al principio se ha mostrado arrepentido, pero al ver que ella le ha echado en cara algunas cosas... se ha enfadado y ha sacado su orgullo por delante, como siempre! xD Luego se ha dado cuenta de que no ha actuado bien, pero es un poquito cobarde y lo da todo por perdido... La pobre Herms lo ha tomado como un signo de indiferencia. Cree que ella no significa nada para él. Pero qué significa ella para él?
Por otra parte... Draco ha descargado su rabia con Pansy, despues ha ido a ver su madre porque se siente solo e incomprendido... La verdad es que me ha costado un poco describir esta escena. Hacer a Narcissa de ese modo...loca, ausente... Espero que haya quedado bastante creible jeje.
Y nada más, ahora veremos que pasa en el siguiente cap.! ¿Sacara algo en claro Draco viendo a su tia? ¿Cómo llevara Herms esta nueva situacion?
Como siempre, muchas gracias por los reviews y a todos aquellos que leen mi historia! GRACIAAS!
Un besito, nos vemos en el siguiente!
