Hola. Muchas Gracias por seguir la historia.

Y muchas Gracias a Hot pink world by Rinsami por ayudarme con este capitulo.

Poco a poco los personajes seran descubiertos.

Disfrutenlo ;)

Capitulo 2

Sesshomaru trato de ignorar cuando su hermano estiro el cuello, buscando entre y por encima de las cabezas de la multitud arremolinada, en su intento de encontrar a su bella doncella.

La música llegaba desde la terraza en armonias oleadas que se mezclaban con el ruido creciente de las conversaciones. El estruendo de las voces masculinas, servia de contrapunto con las voces femeninas que daban grititos de placer, que salpicaban el aire cada vez que las damas encontraban conocidas o viejas amistades.

La mansión estaba pensada para dar fiestas. La planta baja se componía por diversos estudios y salones de música. Treinta y dos dormitorios y veinte cuartos de baño se abrían a ambos lados de los pasillos de la planta superior. Los espaciosos desvanes albergaban a la servidumbre de los invitados, mientras que el sótano albergaba la bodega y la cocina mas grande de Tokio. Y todo ello metido en una atractiva estructura de madera edificada desde hacia doscientos años y establecida en medio de unos jardines que eran una preciosidad, obra de uno de los diseñadores de jardines mas caro de Tokio.

Tan pronto y como se desisiera de esa estúpida criatura, Sesshomaru podría disfrutar de la música que se escucharía hasta su cuarto, y no tendría la necesidad de estar con los invitados. Ya que nada se podía igualar con la fastidiosa necesidad de conocer gente, a las que quizá algún dia, podría hacerles un favor o quienes acaso discutirían sobre algún negocio.

"Donde esta tu dama." Preguntó

"No lo se creó." Inuyasha estiro el cuello. "creo que aun no a llegado."

"O quizás este afuera, en la terraza."

La voz autoritaria de un hombre proclamó: "Aquí están."

Algunas cabezas se volvieron ante la exclamación.

"El afortunado que conquisto el corazón de nuestra querida Kikyo." Lord Kaneshiro se abrió camino por la multitud. Multitud que se apartaba rápido de su camino.

Lord Kaneshiro era un hombre flaco, refinado y famélico, y que se había labrado una muy buena reputación de alimaña rabiosa. Aparte de su matrimonio como aristócrata, se había pasado la vida haciendo relaciones comerciales y amasando fortunas en nombre del poder… un poder que ejercía despiadadamente. Solo se ablandaba con su esposa y con su hija, y cuando Kikyo había expresado su deseo de que Inuyasha fuera su novio, Lord Kaneshiro había ido a ver a Sesshomaru y sellado un acuerdo.

Un acuerdo que, Sesshomaru era consiente, Inuyasha aria bien en cumplir, o de lo contrario, habría un enfrentamiento por quien asesinaba al joven Taisho. Sesshomaru se movio de forma elegante delante de su muy entretenido hermano.

"Lord Kaneshiro, nos a encontrado hablando de su hija."

"Estupendo." Lord Kaneshiro se froto las manos con regocijo fingido, pero su mirada se movió nerviosamente ante la del hermano mayor, así que la desvió dirigiéndose al menor. "¿Deseando que llegue la noche de bodas, joven Inuyasha?"

Inuyasha se rio entre dientes, para evitar que una carcajada saliera. Ya que eso era lo ultimo que deseaba.

"Jamás podría admitirlo delante de usted, milord.".

"Muy bien." Lord Kaneshiro esbozo una sonrisa burlona, y al hacerlo dejo ver sus dientes torcidos bajo un tupido bigote negro. "Eres sensato, joven Inuyasha. Me complace saber que tienes algo de maduro." Se volvió hacia Sesshomaru y apunto hacia el jardin, donde se podía ver a la servidumbre encendiendo las antorchas. "Un ambiente magnifico, nada ceremonial."

Sesshomaru capto la critica, le molesto un poco, pero no lo demostró: "Habrá varios espósales. Serán la más sonada del año." Como lo sería la boda, aun y cuando tuviera que entregar al novio amarrado.

"Inuyasha, por fin te encuentro, te he buscado por todos lado."

Al sonido de la voz femenina, Sesshomaru giro en redondo, pero vio que la que se acercaba era Sango Asaka. Ella definitivamente no podía ser la criatura que buscaba Inuyasha.

"Lord Taisho. Lord Kaneshiro." Sango saludo con una reverencia, cortándole la respiración al viejo lord por lo ceñido que se volvió su kimono. "Inuyasha, ¿Dónde fuiste en todo el día? Te estuvimos esperando mas de una hora en esa horrible estación." La joven mujer le dijo con voz autoritaria.

Inuyasha bufo por el tono de voz.

"Sango, me equivoque de hora." Dijo y Sango soltó una risa, sabía muy bien que su amigo era olvidadizo. "No me molestes."

Sango era una belleza que, siendo casi igual de alta que la mayoría de los hombres, miraba a estos directamente a los ojos, y eso lo que le agradaba a Sesshomaru. Sus hombros eran delgados, sus movimientos eran coquetos y su figura hacia a cualquier hombre quererse imaginar cómo se vería sin llevar su vestimenta. Pero la franqueza con la que se expresaba y su madures la convertía en una amiga excelente.

"Casi había perdido las esperanzas de verte comprometido, Inuyasha." Le dio un golpe en el brazo con su abanico y se volvió hacia Lord Kaneshiro. "Un joven impulsivo, milord. Mi querido amigo es un joven sin remedio, pero siempre esta ahí cuando uno lo necesita, y siempre encuentra un momento para ir a visitarnos cuando menos lo esperamos…"

Esa era una gran mentira. Miroku siempre, claro sin antes consultarlo con Sango.

"Siempre dispuesto a acompañar a mi señor Miroku y a mi hermano menor a cabalgar; hablan de ello hasta que yo me muero de aburrimiento."

"¡Feh! Tonterías, Sango, tu hablas de caballos como el que más sabe." Inuyasha le puso la mano en el brazo.

Sango le miro molesta.

"No reveles mis secretos. Se supone que a una dama no le tiene que interesar las cosas que a los hombres les gusta."

Inuyasha le sonrió. Él había conocido a Sango cuando Miroku confesó que estaba enamorado y que dejaría de lado a cualquier otra mujer. Al principio Inuyasha no lo creyó, pero al ver cómo era ignorado por la joven, supo que su mejor amigo había caído redondito a los brazos de una buena dama.

"Las mujeres vulgares y corrientes que muestras semejantes gustos resultan muy poco atractivas. En cambio tu, eres de las pocas que puedo contar como dama." Inuyasha dijo eso tan rápido que apensas se le pudo entender lo que dijo y mas en esa forma de quererlo decir molesto.

Sango adquirió en sus mejillas un intenso color rojo, ya que no era muy común que el digiera cumplidos a las mujeres que solo eran sus amigas.

"Ven conmigo. Vamos a buscar a Miroku y a mi hermanito y le darás los detalles de tu compromiso. Esta de lo más impaciente por hablar contigo. Caballeros." Con una reverencia se despidió de los dos hombres más poderosos del país, y se alejo agarrada del brazo de Inuyasha.

A Sesshomaru no se le escapo el alivio que sintió Inuyasha al escapar de las garras de su futuro suegro y confió en que su hermano permanecería en compañía de sus amigos el tiempo suficiente como para permitirle escapar también a él. Porque si Inuyasha encontraba a esa mujer sin que Sesshomaru estuviera a su lado, era imposible saber la locura que era capaz de cometer.

Lord Kaneshiro, con una mueca en sus labios, se quedo mirando por donde se alejaba Inuyasha con la mujer que él deseaba como amante.

"Menudo seductor esta echo. Capaz de conquistar a mujeres casadas. No vale un pimiento, claro, pero Kikyo…" Recobro la compostura cuando Sesshomaru lo penetro con su mirada de advertencia. "En cualquier caso tendrán unos hijos preciosos."

Sesshomaru empezó a alejarse, fingiendo no haber oído el "¿A dónde va?" que le dirijio Lord Kaneshiro.

Inuyasha conversaba con sus dos amigos, aunque solo prestaba atención superficial. Estiraba el cuello, procurando recorrer con la mirada a la festiva muchedumbre que abarrotaba el más grande de los salones, aunque Sango lo mantenía cautivo por la mano mientras que Miroku le hablaba con entusiasmo.

"¿Dónde está Kohaku?" pregunto casi desesperado.

"Esta paseando por algún lugar de la mansión." Respondió Sango, mirando a su alrededor. "Debe de estar conversando con su amigo Sota."

"¿Qué te sucede Inuyasha?" pregunto el pelinegro. Cuando Inuyasha soltó el brazo de Sango y se alejo unos pasos de ellos.

"Tengo un asunto pendiente." Dijo mientras se alejaba deprisa. "Algo que no les incumbe, así que no se atrevan a seguirme."

Miroku se acerco a su mujer y le agarro el brazo.

"No tiene remedio."

"Ambos lo sabemos pero… es nuestro amigo." Susurro ella dándole un suave beso en la mejilla. "Y tenemos que dejar que el arregle sus asuntos, además, si Kikyo piensa que nosotros queremos arruinar su fiesta es capaz de matarnos.

"Tienes razón. Pobre Inuyasha lo compadezco." Dijo suspirando pesadamente.

"Mi señor, ¿piensas que le vendría mal ese matrimonio?" pregunto la joven mirando los ojos azules de su esposo que se pusieron serios.

"No, pero… es demasiado inmaduro, hará cualquier cosa para arruinar el compromiso, y si lo hace, arruinara su vida junto con la de la señorita Kikyo."

Sango miro hacia donde se había ido Inuyasha, y entonces se atrevió a preguntar: "¿Por qué piensas eso?"

"Inuyasha tiene ese don, solo roguemos que siga con lo planeado, y que le cuente a Kikyo sobre su pequeño secreto."

"Pensé que Kikyo sabía el origen de Shiori."

"No. Dejemos a un lado ese tema mi querida Sango. Te vez tan hermosa hoy." Miroku cambio el tema drásticamente, pues como abogado de la familia había secretos que no podía comentar. Además, no quería que la confianza que tenían en el pasara a manos del capitan de Sesshomaru. así que prefirió alagar a su mujer mirándola con lujuria. Ella le sonrió, pero enseguida el gesto desapareció de su cara.

"¡Tu tampoco tienes remedio!" Sango le pellizco la mano y se alejo molesta por lo atrevido que era su esposo al querer suscitar cosas de alcoba.

"Sango, espera, estamos casados. No tiene nada que te toque." Mientras trataba de alcanzar a su mujer que caminaba molesta entre la gente.

Después de un rato, al final salió a la terraza y la vio… tenía que ser ella.

Estaba en lo alto de la escalera que descendía hasta el jardín, mirando a todas partes como si estuviera buscando a alguien. Buscando a Inuyasha.

Su hermano no había mentido sobre el estilo extranjero de la chica.

Un vestido liso y de brillante color azul oscuro que ceñían todo su cuerpo, dejando ver el principio de su espalda estrecha, haciendo que el cuello se viera largo y delgado. El conjunto se completaba con un mantón negro de encaje y que le colgaba ligeramente por los hombros. Ella tenía agarrada por ambos lados su diminuta cintura, manteniendo el dobladillo ligeramente levantado, como si se dispusiera a salir huyendo en cualquier momento. El pelo negro, que estaba recogido de forma elegante, no era de ese color tan simple, tal como lo había afirmado Inuyasha. Aquellos hebras negras azuladas eran lo mas parecido a la noche iluminadas por las estrellas que Sesshomaru hubiese visto.

Sesshomaru no permitiría que semejantes tonterías románticas echaran a perder sus planes. Avanzo con decisión hacia la señorita con la intención de enterarse de su nombre y decidido a echarla, si era, como el pensaba, una intrusa.

Con la seguridad de asustarla, se paro justo detrás de ella, y con su firme y seria voz dijo: "Creo que no nos conocemos señorita."

Ella se giro, provocando que su perfume inundara la fina nariz de Sesshomaru.

El se sorprendió.

"¡Higurashi!" Y, de repente, todo se aclaró.

La niña despistada que se había ido de la mansión hacia cuatro años atrás regresaba triunfante. Ella era la exquisita criatura de Inuyasha; ella no podía ser expulsada; ella era la institutriz contratada por la familia Taisho.

"¡Señor Taisho!" le hizo una reverencia y sus generosos labios se curvaron en una sonrisa que le dijo todo a Sesshomaru: ella sabia que la hija del jardinero no debía estar presente en ese tipo de ceremonias; que era consciente de tener la gracia, los modales y el encanto para pasar como otra aristócrata mas y que estaba esperando a ver cómo reaccionaba él. "Cuanto me alegra volver a verlo."

Aquel giro de los acontecimientos lo dejaron estupefacto, sumiéndole en una indecisión… a él, que no dudaba nunca.

"Higurashi… No entendí que fueras a llegar tan pronto."

"Es que ya tenia el equipaje a medio hacer, ya que de todos modos me disponía a abandonar parís. Monsieur el embajador fue trasladado a un puesto en las indias orientales. Madame la embajadora me suplico que la acompañara a ella y a sus pequeños hijos, pero no fui capaz. Quería volver; extrañaba Tokio."

"Y a tu padre y hermano, ¿No?" Un recordatorio nada sutil de sus orígenes.

Kagome ensancho la sonrisa.

"Por supuesto, a mi padre, a Sota y al resto de la servidumbre que ayudo a criarme después de la muerte de mi madre." Hizo un gesto circular, llamando la atención de Sesshomaru hacia el generalmente inadvertido personal de la mansión. "Sobre todo a Kaede, quien siempre se alegraba de verme en la cocina, por mas ocupada que estuviera."

Así que Kagome no renegaba sus orígenes, aunque reclamaba el derecho de estar en la alta sociedad. Hermosa, inteligente, encantadora… peligrosa. Aquella mujer era peligrosa.

Sesshomaru retrocedió y volvió a examinarla. El no hubiese dicho que era exquisita, como Inuyasha afirmaba, aunque si especial. La barbilla era delgada; los labios generosos y rojos, y la frente despejada. Las cejas se proyectaban sobre unos ojos de un color chocolate.

Kagome desvió la mirada mas allá de Sesshomaru, y el control se desvaneció por completo. Animada, Kagome se dejo llevar por una excitación casi salvaje.

Sesshomaru se volvió para ver a un Inuyasha con aspecto tenso.

"¡Aquí estas!" Inuyasha extendió la mano. "Te eh estado buscando."

Sin desvanecer su sonrisa, Kagome agarro la mano. "Te eh estado esperando."

En su rostro la joven mostraba un inmenso amor no correspondido… largo tiempo reprimida. Y de triunfo; finalmente había conseguido la atención de Inuyasha.

Maldito lio, y era a Sesshomaru al que le tocaba deshacerlo.

Continuara…