Hola. Lo prometido es deuda. Un capitulo que en lo personal me gusto mucho. Pero poco a poco la historia va tomando camino.
Muchas gracias a ELIZABETHSHAN porque me ha ayudado mucho con este fic.
Disfrútenlo ;)
CAPITULO 5: SOLO UN BAILE
Naomi Yoshida había llegado a la mansión debido a que su madre había muerto de tuberculosis. Su padre al ser japonés y estar solo en el extranjero fue enviado de nuevo al país, ya a que su cuñado se había adueñado de todo su dinero, dejándolo literalmente sin nada. Así que ambos se fueron del país solo dejando dolor y recuerdos.
Toga Taisho les había dado trabajo apiadándose del pobre hombre y de la señorita que lo acompañaba. Cosa que ella había agradecido con demasiado fervor que se puso a dar gritos en francés. Enojando muchísimo a Higurashi que la escuchó mientras plantaba las rosas en el despacho del comandante Taisho.
Naomi era joven, decidida, vivaz y sobre todo hermosa. Higurashi la vio por primera vez comiendo con los sirvientes jóvenes. Ella al verlo le sonrió con gentileza, pero no le prestó mucha atención.
Paso el tiempo, Naomi había desarrollado una belleza especial y había decidido conquistar a cualquier caballero que la pretendiera, pues odiaba trabajar y odiaba la cocina. Y un día se lo propuso, escapó. Corrió tan rápido como sus delgadas y firmes piernas se lo permitían, pero no logro siquiera avanzar mucho ya que había caído en una trampa para animales, cayendo de rodillas y rompiéndose una pierna. Gritó. Era muy noche y parecía que incluso las estrellas habían decidido desaparecer para no escucharla.
Higurashi se había levantado temprano ese día. Por alguna extraña razón tubo una urgencia en el pecho de ir a arreglar el área norte del palacio. Las únicas antorchas que se iluminaban en los jardines eran de los guardias que cuidaban las entradas de los terrenos. La noche aun invadía el cielo y Higurashi muy apenas podía ver más allá de sus pies.
Camino deprisa. Sentía como su corazón latía con fuerza. No entendía porque algo lo llamaba a ese lugar. No sabía que escusas inventaría siquiera si los guardias lo encontraban por esas áreas oscuras y sin utensilios para trabajar.
Naomi lloro, no solo de dolor. Lloraba porque sus planes no se habían hecho como ella esperaba. Lloraba porque había pensado que podía abandonar a su padre. Y lloraba porque no había nadie que la escuchara… y tal vez moriría.
Higurashi escucho llanto y se asusto. Pensó en algún animal herido y se acerco con cautela. Agarrando una gran piedra del suelo, por si el animal lo atacaba. El sudor empezó a surcar su frente pero él no aparto las gotas de la cara. Tenía que confesar… estaba asustado.
"Ayúdenme." Susurro Naomi al divisar a una persona
Higurashi al verla en el suelo, con su cara llena de tierra, y su pierna fracturada; corrió hacia ella y la levanto con agilidad y sensibilidad. La tomo entre sus brazos y, sin preguntar el porqué se encontraba ahí, se la llevo cargando hasta la mansión. La muchacha lloro y mojo su ropa, pero el guardo silencio.
Estar en la cocina le recordaba siempre, todo el tiempo, cuanto extrañaba a su esposa. Ella agarro practica, y el no podían siquiera hacer que dejara de preparar algún bocadillo. Si los señores se marchaban de viaje. Naomi se sentía sumamente triste de no hacer algo delicioso para sus patrones.
Ese era el lugar segundo lugar favorito de Higurashi. Superado por el lago, cerca de donde encontró a su esposa en aquella ocasión.
Pero, por motivos de fiesta, se contrataba más personal y el lugar se abarrotaba de actividad culinaria, el lugar se volvía magnifico y alegre, se inundaba tanto de aromas que el jardinero recordaba fácilmente cuando su esposa estaba al mando.
Excepto, claro, que sobre todo el ruido la única voz que se escuchaba era la de Kaede. Esa mujer regordeta que había sustituido a su esposa como jefa de la cocina.
Era la tercera cocinera que llegaba desde la muerte de su esposa y la única en no quererse marchar, por más que él lo hubiese deseado con fervor. Y para colmo de males… anciana. O, lo que era lo mismo, un saco de huesos rancios con una lengua afilada. Durante los ocho años que la mujer llevaba en la cocina, Higurashi no había tenido una comida en paz. Pareciera que lo único que le importaba a Kaede era que la comida llegara a tiempo a la mesa de cualquiera de los que estuvieran en la mansión. Daba igual que pasara en la cocina; Kaede siempre salía victoriosa.
Pero aquello no era lo que irritaba al jardinero. No, lo que verdaderamente lo sacaba de sus casillas es que la mujer parecía su madre, regañándolo por todo lo que hacía; todo lo que él quería era solo comer en silencio y regresar a su trabajo. Recordó todos los años que había sido buena con Kagome y Sota, bueno, después de toda la mujer tenía algo que le agradaba.
Un golpe metálico se escucho y miro hacia su hijo que estaba con Shippo, y junto a ellos dos un muchacho bien vestido. Estuvo a punto de llamarles la atención por el escándalo cuando ellos pidieron silencio.
"Kagome está con el joven Inuyasha." Grito Shippo alegrando sus ojos verdes.
Tras lo dicho todos los que trabajaban en la casa, comenzaron a celebrar. Kaede soltó una risa que se escucho arriba del bullicio.
"Por fin, nuestra querida Kagome ha ido a un baile." Dijo la anciana con un brillo especial en los ojos.
Todas las cabezas se volvieron hacia Higurashi. Quien en un momento libre que tuvo se sentó a comer un poco de arroz. Pero deseo no haberlo hecho. Como deseo estar en el jardín solo, ya que era más fácil lidiar con el silencio, que con todas aquellas miradas que estaban sobre él.
Entonces hablo Shippo: "¿Es que no se siente orgulloso señor Higurashi?"
Higurashi odio en ese momento al joven que el mismo había criado como un hijo, y que había encontrado en las calles pidiendo comida, pues sus padres habían muerto.
"Kagome debería mantenerse en su sitio." Soltó Higurashi, con una voz seria que no dejaba esperanza a nadie.
"¡Pero si se ve encantadora, padre!" protesto Souta. "los caballeros no paran de mirarla, intentando adivinar de quien podría tratarse. Te lo aseguro, se ve muy bien."
Higurashi lo miro como si su hijo fuera un idiota y siguió comiendo.
"Te lo juro, Higurashi, está muy mal que no apoyes a tu hija." Y la que hablo ahora fue Kaede.
Obligado a hablar, Higurashi contesto. "Mi hija es una terca."
"Me pregunto de donde lo habrá sacado."
Y el joven que él no conocía, pregunto: "Señor Higurashi… ¿No le gustaría que su hija se casara con el joven Inuyasha?"
"¿Quién es usted?" entrecerrando la mirada. El muchacho vestía bien, parecía educado y de dinero. Y por supuesto no encajaba en el lugar.
"Soy Kohaku, señor. Mi hermana Sango es amiga del joven Inuyasha" Contesto el muchacho de ojos castaños.
"Es uno de mis amigos, padre." Dijo inmediatamente dijo Souta al ver la mirada inquisitiva de su padre.
"te contestare, jovencito. Los hombres como Inuyasha Taisho no se casan con las hijas de los sirvientes."
"Kagome es tan hermosa, incluso más que muchas aristócratas." Dijo Kaede. "Es lista, fuerte e increíblemente buena."
"Se muy bien lo que vale mi hija." respondió bruscamente.
"Pero tienes una manera muy rara de demostrarlo." Comento la madre de Jinenji, quien era una vieja bruja decrepita, pero de buen corazón. Mismos sentimientos que había enseñado a su hijo quien se encontraba cuidando a los caballos.
Higurashi rara vez perdía los estribos. Tan pocas veces lo había hecho que podía contar las ocasiones con los dedos de la mano. Pero esa discusión le molestaba. Levanto la vista y miro a todos con enojo.
"Supongo que es porque, soy el único de todos los aquí presentes, que se levanta sabiendo que los ricos se casan con ricos, y que en la única ocasión en que un caballero mira a la hija de un criado, es para robarle su inocencia."
Kaede lo miro con rabia.
"Y es la gente como tú que la que destroza los sueños de los demás."
"Puede que sí." Higurashi se limpio la cara con la servilleta y se levanto. "Pero no seré yo el que destrocé los sueños de Kagome. Sera el señor Sesshomaru Taisho y lady Kaneshiro quienes los destruyan."
La luz de la luna se reflejaba en las aguas del lago, en que las formas oscuras y densas, hacían resplandecer el sueño de Kagome. Cuando la familia salía en el verano, ella había ido allí para fingir. Fingir que paseaba con Inuyasha, fingir que el se inclinaba sobre ella, fingir que besaba sus bellos labios hasta que ella quedaba sin aire y el deseo barría todo su cuerpo.
Pero esa noche el fingimiento sucumbía ante la realidad. Inuyasha escapaba de la trampa que le había puesto el señor Sesshomaru; acudiría y aria realidad sus sueños. Lo aria, porque de lo contrario habría ganado el señor Sesshomaru. Y ella odiaría que eso pasara.
Se recogió un poco los pliegues del vestido, muy por debajo de la rodilla, se zafó los zapatos y metió sus pies en el agua fría.
Si, Inuyasha era un genio en escapar de las muchas trampas que tenia. Esa noche escaparía para aventarse en sus brazos, y nadie le podría arruinar su felicidad.
Al darse cuenta de donde estaba parada, miro hacia la mansión.
Inuyasha aun no había llegado, así que se entrego a sus recuerdos. Miro sus pies mojados y comenzó a dar pequeños saltitos de forma infantil. Riéndose, salió del agua y regreso, corriendo con un placer olvidado. Después de todo, si daba la casualidad de que Inuyasha la viera, ella sabía muy bien que él era despreocupado, encantador. ¿Qué tenia de malo ser sorprendida divirtiéndose?
Una figura apareció cerca, obstruyendo la poca luz que le llegaba, Kagome se detuvo y comenzó a salir del agua. Un vistazo basto para saber que se trataba de un hombre e iba bien vestido. Ella supuso que Inuyasha iría corriendo hacia ella riendo y le plantaría un beso. Cuando el carraspeo la garganta, supo que no era Inuyasha, el nunca carraspeaba de esa forma la garganta.
Se puso despacio sus zapatos y miro a la tierra que no se definía del todo bien debido a la oscuridad.
Sesshomaru salió de entre las sombras con un Tokkuri (recipientes clásicos similares a frascos o vasijas de tamaño considerable) llena de sake y una mirada fría muy poco visible.
"Solía meterme al lago justo así." Dijo Sesshomaru. "Pero hace años que no eh tenido momento para nadar."
Los sentimientos de Kagome oscilaron entre la incredulidad de que Inuyasha no apareciera y el escepticismo de que el señor Taisho hubiese nadado a la luz de la luna.
Se dirigió a ella con su andar elegante y se detuvo solo a un brazo de distancia. Kagome no se movió.
"¿Dónde está Inuyasha?"
"El me ha enviado en su lugar." Sesshomaru sirvió un poco de sake en el delgado choko (recipiente tradicional en que se sirve el sake) y se lo dio a la joven. "Tiene salpullido."
"¿Inuyasha comió una fresa?"
"Suele ser más cuidadoso, pero parecía tener prisa." Sesshomaru se bebió el sake que Kagome no tomo.
Claro que tenía prisa, él quería verla. Solo a ella.
"¿Estaba en aquel…?" pero Kagome guardo silencio. Ella supuestamente no sabía que habían servido ese maldito postre, y mejor cambio de tema. "¿Se pondrá bien?"
Sesshomaru asistió sirviéndose de nuevo sake y bebiéndoselo de golpe.
Kagome dio unos pasos para irse.
Sesshomaru le bloqueo el paso. "no necesita nada de ti. Ahora mismo está siendo muy bien atendido y no desea que nadie lo vea en su estado."
Kagome titubeo. No sabía cómo evitar al señor Sesshomaru y sospechaba que le estaba diciendo la verdad acerca de la renuencia de que fuera visitado. Y sin embargo… sin embargo no deseaba estar atrapada en su fantasía con el hombre equivocado.
"Inuyasha me dijo que deseaba estar contigo a la luz de la luna y disfrutar del mejor sake que había en la mansión." Sesshomaru la miro con sus penetrantes ojos dorados. "Y que bailaría contigo como si estuviéramos en Francia."
"Así es." Susurro con frustración Kagome. Sesshomaru había citado las palabras exactas que ella había dicho a Inuyasha. Así que era verdad que él lo había mandado a su hermano en su lugar. Echo una mirada de disolución al kiosco, donde hacía poco casi sus sueños se cumplirían en realidad. En ese instante todo parecía opaco, la música que aun se escuchaba sonaba distorsionada y luna dejo de ser erótica para ser opacada por la oscura noche…
Como Inuyasha, quien opacaba a su serio hermano.
Sesshomaru miro hacia donde Kagome miraba, recordó por un momento cuando era niño y solía ir a desayunar ahí junto a Izayoi cuando esta estaba embarazada. Ignorando sus recuerdos dejo a unos pasos de ellos la vasija llena de sake. Y regreso con un brazo alzado para que ella lo sujetara.
Kagome lo miro con desconfianza. Se le hacía muy extraño agarrar el brazo de nada menos que del señor Taisho. Era demasiado mayor, demasiado serio, demasiado responsable. Todo lo que Inuyasha no era.
Pero tampoco era indeciso, porque mientras ella dudaba la atrajo hacia él. Le rodeo la cintura con el brazo, su mano le cogió la suya y, sin esperar a que se acostumbrara a la sensación de estar entre sus brazos, la arrastro a bailar.
"Señor Taisho, la música apenas y se escucha, ¿como piensa que bailaremos?" Kagome fingió no estar nerviosa. "Además, estamos en la tierra y mis tacones se sumen."
Sesshomaru la miro, sin decir más comenzó a guiarla en un vals.
No debería saber bailar un vals, los hombres serios, japoneses y fríos como el señor Taisho no deberían saberlo. Pero aun y cuando el bailara sin florituras ni excesos, sus movimientos eran elegantes, suaves y cómodos. La llevaba como todo un hombre que estaba acostumbrado a mandar… en toda situación.
Kagome no sabía qué hacer con su mano libre. Ponerla sobre el hombro de él parecía un acto de intimidad. Mejor agarro al señor Taisho como las normas de conducta lo exigían. Por lo tanto, le apoyo la mano en el brazo… y descubrió como la musculatura del hombre se flexionaba bajo sus dedos.
"¿Te sientes cómoda vestida con ropas extrajeras?" Sesshomaru miraba directo los ojos de ella.
"Si, la esposa del embajador me pidió que en su casa me vistiera así, y por esa razón me acostumbre a hacerlo."
Kagome cayó en cuanta que él debería estar deseando regresar a la fiesta para darle la bienvenida a los invitados, supervisar los preparativos, consciente de que toda perdona que el hiciera feliz seria algún día alguien con el cual hacer negocio.
"Mi hermano entristecerá cuando sepa que se ha perdido de esto." Kagome mantenía la vista en el cielo. Sesshomaru bajo la cabeza y le pregunto en tono de incredulidad. "¿Estas enfadada conmigo?"
Kagome se limito a echarle una mirada rápida.
"No puedo evitar la sospecha de lo que ocurrió fue su responsabilidad…" No debería decir nada, pero el señor Taisho había preguntado. "de que ha manipulado las circunstancias para que Inuyasha no se haya podido reunir conmigo."
La manera en que Sesshomaru la examino provoco que Kagome sintiera un escalofrió, que se hizo notorio en todas las partes que se tocaban: en el brazo que estaba en su cintura, en la yema de los dedos que estaban tocando su musculoso brazo y sobretodo en la boca de su estomago.
"¿Por qué dejar invalido a mi propio hermano en la fiesta de su compromiso? Aunque mi deseo fuera alejarte de él, no tendría sentido alejarlo de su prometida… y ahora está fuera del alcance de Kikyo."
¿Desde cuándo el mencionaba el nombre de lady Kikyo con tanta familiaridad?
"Al primer atisbo de salpullido, salió corriendo en dirección a su habitación, y sin duda alguna, ahora esta remojado en una tina llena de agua y avena."
¿Qué sentido tenía que le proporcionara una imagen de Inuyasha tan poco atractiva?
"No." Prosiguió Sesshomaru. "si quisiera librarme de ti, lo aria con mucho menos delicadeza."
"Podría acaso dejarme en la calle."
Sesshomaru pareció considerar esa propuesta.
"No. Eso sería demasiado delicado para lo que podría hacerte."
Hablaba enserio. Estaba segura.
"Creo que tendría muchas ganas de deshacerse de mí."
Sesshomaru hizo una vuelta rápida para distraer hacia donde se dirigía la conversación.
Ante el rápido movimiento que la tomo desprevenida, Kagome apretó un poco el brazo cuando fue acercada de nuevo al musculoso cuerpo de Sesshomaru. En un esfuerzo por alejarce, ella deslizo la mano hacia su hombro.
Sesshomaru entendió esa señal como de aceptación y la acerco a él todavía más. La tenía bajo su dominio; Kagome no podía soltarse a menos de que él lo hiciera, y no estaba del todo segura de que lo fuera a hacer.
Con el rostro oscurecido por la noche, Sesshomaru bajo la vista hacia ella en lugar de mirar hacia donde se dirigían en cada paso del vals. Sin embargo, Kagome se había acostumbrado a la penumbra que proporcionaba la luna y pudo distinguir los rasgos varoniles de Sesshomaru y obtener una impresión de su semblante… lo cual era bastante más de lo que deseaba.
"He pagado mucho por deshacerme de los líos de Inuyasha."
"Yo no soy un lio de Inuyasha." Era insultante que la describiera como tal. "¡Y usted no me atemoriza!" Y no le gustaba bailar tan pegada, que las piernas de Sesshomaru se le enredaran en las faldas, y que el pecho del hombre se le acercara tanto a su nariz que pudiera oler el tenue aroma a jabón y sake y, por debajo de todo ello, a masculinidad pura. Kagome se pregunto cómo era posible que el olor mismo hubiera escapado de esa manera al control del señor Taisho; no parecía del tipo de hombres que permitiera un conocimiento tan íntimo a la hija de un sirviente.
"Créeme Higurashi, si quisiera que me tuvieses miedo, ya estuvieras corriendo lejos de la mansión" Sesshomaru menciono con una frialdad que la asusto. "Pero, a lo largo de muchos años, mi hermano le ha costado una fortuna a la familia. Ese es el motivo por el cual tenemos tantas esperanzas en este compromiso."
"Pero si él no se quiere casar con lady Kikyo, no hay nada que hacer. Inuyasha es un hombre adulto, usted no puede obligarlo a hacerlo." Eso es lo que se había dicho a sí misma y su padre, cuando se estaba preparando para asistir a ese baile.
Sesshomaru no dijo nada.
El aura que emanaba el señor Taisho parecía casi indomable. Era extraño que ella no lo considerara así con anterioridad. Siempre había sabido que él era el heredero de la gran fortuna Taisho, pero muy apenas y se había dado cuenta de cuando el regresaba de sus viajes. Había estado tan enamorada de Inuyasha que aquel hombre que recorrió el mundo había sido casi un fantasma para ella.
En ese momento él era el mismo: callado, observador, con un gran dominio en sí mismo. Pero, había algo diferente: atractivo, diferente y aquel dominio parecía casi un desafío. Kagome se sorprendió que durante tantos años jamás había reparado tanto en el.
"Me entristeció saber sobre la muerte de su esposa." Soltó derrepente, y de inmediato se avergonzó del atrevimiento del comentario.
"Su muerte fue una tragedia." No disminuyo su presión hacia ella ni disminuyo sus pasos, parecía no afligido con lo que pasó.
"Supongo que a de echar de menos a la señora Kagura." Kagome no supo porque continuaba con la conversación.
"Si. Era una mujer madura, sensata y una buena madre."
Kagome se hizo una idea ese matrimonio: aburrido, vacío y, sobre todo, sensato. Pero la imagen de ella parecía no querérsele ir de la mente.
"¿Cuándo sucedió?"
"Hace tres años. Rin lo está superando."
¡Rin! La hija del señor Taisho, su discípula. Kagome se aferro más al tema.
"Me acuerdo de Rin. Ella tenía cuatro años cuando me marche, pero incluso entonces no se parecía a usted."
Sesshomaru arqueo la ceja.
"¿En lo amigable?"
"En absoluto. Incluso físicamente era más perecida a su esposa. Es que recuerdo que era una niña tan parlanchina y siempre llevaba una sonrisa. ¿Qué ha ocurrido para que este afligida?"
"Una palabra: Shiori."
"¿Quién es Shiori?"
En ese momento estaban parados sin bailar, solo se contoneaban de un lado a otro. "Ella es tu otra pupila."
"¿Mi otra pupila?" Asustada, dijo: "Pero pensé que… usted dijo que le daría clases a dos niñas, y pensé que la otra era…"
"No, Shiori no es mía. Es una fuerza de la naturaleza, como un temblor o un tsunami. Espero que la domestiques Higurashi."
"Las fuerzas de la naturaleza son imposibles de domesticar."
"Lady Tsukichi me dijo que eras buena disciplinando a niños rebeldes, y el embajador y su esposa me escribieron una carta llena de elogios sobre ti." Sesshomaru fijo sus ojos dorados en la mansión. "Caminemos de vuelta por otro camino, la música a parado y además así te podre explicar la situación."
"¡Sí!." Exclamo Kagome, valla que si se le antojaba mejor hablar de su trabajo mientras caminaba por otra vereda más grande que aquella por donde había llegado, además la otra era más larga pero más iluminada. Le agrado todo lo que evitara seguir en los brazos del señor Taisho. Los sueños que tenia con Inuyasha en ese lugar fueron postergados tan solo por un evento desafortunado. Así que Kagome soltó a Sesshomaru como si él le quemara.
El la cogió antes de que hubiese dado dos pasos. Le rodeo la cintura con su brazo y aprovecho la inercia de Kagome para, acercarla girar y abrazarla…. En esta ocasión, más cerca que la ultima vez; la apretó contra su fuerte pecho. Avergonzada y nerviosa Kagome se hecho todo lo que pudo hacia atrás, poniendo sus delgadas manos en el pecho del peli plateado. Y esto provoco que él se le acercara más, y que ella batallara para respirar.
"¡Señor… Taisho!"
"¿En parís siempre abandonabas a tu pareja al final del baile?" Pegunto con severidad. "Porque no recuerdo que se acostumbrara a eso."
Kagome enrojeció. El tenía razón, y su reprimenda la había mostrado huraña e ingrata. A ella, que con tanto esfuerzo logro controlar cualquier rastro de brusquedad de sus modales. Sin embargo, su querido amigo Kouga, le había comentado que cuando una mujer era descubierta en una indiscreción, su comportamiento no debía de caer en lo más bajo, sino acceder hasta ponerse a la altura de las circunstancias.
"Tiene razón." Logro formar las palabras que tanto odiaba pronunciar cuando se equivocaba. "Perdone mi falta de modales y muchas gracias por el vals."
La oscuridad pudo ocultar la mirada de satisfacción en los ojos de Sesshomaru como también la forma en que la examinaba. Levanto la mano a la barbilla de Kagome, la ahueco alrededor, y pareció hablar solo para sí.
"Eres hermosa."
Su voz resonó por todo el cuerpo de Kagome, y la forma seductora en como hablo provoco en ella el deseo de salir corriendo de ahí. De salir de la mansión. La piel se le erizo. Y la manera en que el suspiraba su aroma hacia que Kagome intentara abofetearlo. Pero no lo hizo.
¿Por qué reparaba ella derrepente en su altura, en la anchura de sus hombros, en el grosor de su cuello y, en lo varonil y hermoso que era su rostro?
Entonces, Sesshomaru sonrió de forma arrogante, y en un tono que nada recordaba su pasión anterior, dijo: "Higurashi, volvamos."
La soltó, pero ella no se atrevió a darle la espalda. Le había dado una leccion que ella ignoraba: nunca debía de perder de vista al señor Taisho. Uno nunca sabía lo que se atrevería a hacer.
El se limito a mirarla. Kagome no sabía qué hacer y lo único que su cuerpo obedeció fue caminar junto a él. Y ambos comenzaron su caminata.
"En Japón aun no se acostumbra el vals, se cree que es muy escandaloso." Dijo él. "Muchos creen que al bailarlo se le puede faltar el respeto a la dama que lo acompaña."
Kagome lo miro sorprendida y en su cabeza solo resonó una palabra que ansiosa le hubiese gustado decirle: Hipócrita.
"En parís…"
"Si, en parís el vals es de las menores de todas las incorrecciones."
Kagome no pudo reprimir una sonrisa. Era cierto. En Francia había sido la encantadora institutriz que trabajaba para el embajador; en Japón seguía siendo la hija del jardinero. De no haber sido por la nostalgia de ver a su padre y hermano, a todos los miembros de la servidumbre, y a su amado Inuyasha, quizá no hubiese regresado jamás. Pero lo había hecho y lo conquistaría… todo.
Sesshomaru caminaba despacio, a Kagome eso no le preocupó. Con otro hombre habría sentido intranquilidad, pero no con el señor Taisho. No había hecho nada más que bailar el vals. Además, el no quería bailar, solo lo había hecho a petición de Inuyasha. Ella pensó que cualquier enojo que ella tuvo había sido a causa de la oscuridad y que las cosas no salieran como ella deseaba. Ignoro con decisión la intensa vergüenza de incomodidad y las sospechas que persistían en sus pensamientos. Y por alguna extraña razón ella supo que su patrón era de confianza.
"Hábleme de Rin y Shiori."
"Shiori es la hija de Inuyasha."
Continuara…
Muchas gracias a todos. Lo sé, quede en actualizar el fin de semana pero el trabajo no me dejo. Dejen sus comentarios :D
Saludos y besos.
