5 horas antes en el estudio de Hideaki Sorachi...
¿Y ahora qué voy a hacer? Se me han acabado las papitas y tampoco quedan bananas, ARGGH. Además debo hacer el nuevo capítulo de Gintama para mañana y ya son las 8:50 de la noche. Teeengoo hambree...
Sonó el teléfono de la habitación y, con la poca voluntad que le quedaba, Sorachi se arrastró hacia éste y atendió.
-¿Síiii? Sorachi al habla.
-Señor Hideaki, ¿de verdad eres tú? Oh, gracias a Dios, no sabes lo que me costó conseguir su número privado. -Habló una voz agobiada.
-¿Eh? Si eres uno de esos fanáticos obsesivos que harían lo que sea por hablar conmigo, lo lamento pero ahora no estoy de humor, ni de onda. Y si lo que quieres es pedirme clases de dibujos, pídeselos a Masashi Kishimoto.
-No se trata de eso, señor, me temo que hay asuntos más serios entre manos. Al oír el repentino cambio de voz en la persona, Sorachi entrecerró los ojos y habló con moderación.
-¿Qué quieres decir? Más importante, ¿quién eres?
-Me llamo Hiroshi Eita. Trabajo como bibliotecario en el centro, Hideaki-san.
-Mmm..creo que he oído hablar de usted. Eres un bibliotecario de buena fama por lo que sé.
-Puede ser, pero eso carece de importancia ahora mismo. Lo he llamado por una razón, y puede que necesite estar listo antes de oír lo que estoy a punto de decir.
Sorachi aguzó los oídos.
-Hable ya, el suspenso me mata.
-He oído noticias de que Oshiro Hayate estuvo infiltrándose recientemente en su estudio de producción de Gintama.
Silencio.
-¿Qué dijiste? -dijo Sorachi, impactado.
-No me lo hagas repetir otra vez, Hideaki-san.
Sorachi cerró el puño con dureza y apretó los dientes. El color desapareció de su cara y sintió un breve mareo.
-No puede ser. Ese hombre ha jurado no volver a trabajar nunca más conmigo. Debes estar equivocado.
-Me temo que no lo estoy. Escucha, Hideaki-san, sólo te lo estoy advirtiendo. Tu puedes hacer lo que gustes, aunque con toda honestidad deseo lo mejor, soy fanático de Gintama verás...
-¡Ja! ¡Lo sabía! No eres más que un acosador, ¿verdad? Te estás inventando todo este verso, ¿veerdaad?
-No, no es eso lo que quise decir, Hideaki-san. Realmente estoy siendo serio.
-¿Cómo sé que puedo confiar en vos, entonces? -preguntó Sorachi, sospechoso.
-Eso depende de usted. Tengo pruebas. Si las desea sugiero que nos encontremos ahora mismo en el bar que hay a la vuelta de su estudio, ¿qué decís?
-Me parece perfecto -concordó Sorachi.
Sin decir otra palabra más, colgó el teléfono de línea y salió a la calle, no sin antes guardar el celular en el bolsillo de su chaqueta de cuero y cerrar el estudio con llave. También decidió activar unas cámaras espía que había dentro. Sólo por si acaso. En realidad él no era muy paranoico para usar uno de esos artilugios raros en su propio estudio; pero aún así, un amigo suyo de la facultad le insistió que comprara una en caso de robo o lo que fuera. Se hizo una nota mental para agradecerle más tarde. Ahora tenía otros planes en mente. La reputación de Gintama y de él mismo estaban en juego. Debía zanjar todos estos asunto cuanto antes e intentar salir lo menos herido posible. Pero no era eso exactamente lo que andaba dando vueltas por su cabeza como una flota sin rumbo. Una vez más, Oshiro Hayate era el artífice de todas las enredaderas que surcaban su mente como un gran estepicursor.
Sorachi finalmente llegó a la entrada del bar y, antes de entrar, tomó una bocanada de aire. Allí, en una mesa apartada, vio a un tipo de pelo negro largo sujeto en una coleta, remera negra y pantalones verdes viejos. Al verlo, el tipo inclinó la cabeza, casi imperceptiblemente, y Sorachi se aventuró a abrirse paso hacia él.
-Buenas tardes, Hideaki-san -dijo con cortesía.
-No me vengas con esa mierda, cuéntame de una maldita vez lo que está sucediendo -le cortó Sorachi.
Hiroshi Eita sonrió.
-Siempre yendo al grano, ¿no es cierto? Bueno, antes que nada te mostraré unas fotos que quizás te puedan convencer acerca de la repentina aparición del querido Hayate.
-Mostrámelas -le incitó Sorachi, mirando la bolsa negra con una mueca de dolor.
Eita abrió la bolsa y de allí sacó tres fotos a color. En una de ellas, se mostraba a un hombre de poco pelo y canoso frente al estudio de grabación de Gintama, mirando por encima del hombro como esperando a que nadie se le acerque. En la segunda se lo mostraba abriendo a la fuerza el cerrojo de la puerta principal y, en la última, finalmente logró burlar la seguridad y entrar. Sorachi no podía creer lo que veían sus ojos.
-No puede ser...
-Lamentablemente, sí.
-¡Sabía que ese imbécil aún no se daría por vencido! Lo debería haber mandado al demonio cuando recién lo conocí.
-¿Cuál es exactamente su relación con este sujeto, Hideaki-san?
Sorachi lo miró dubitativo.
-Espera..ahora que lo pienso, ¿quién eres y por qué me estás ayudando?
Eita suspiró.
-Ya le dije, Hideaki-san, soy Hiroshi Eita, bibliotecario del centro. Miro Gintama.
-Oh, bien entonces. Pero realmente me sorprende que uno de mis fanáticos tenga los huevos para meterse en mi vida privada y encima contactar a mi número privado -dijo con un toque de sarcasmo.
Eita se rascó la cabeza con incomodidad.
-Tengo mis fuentes.
-Ch, da igual. Gracias por contarme esto, y aunque aún pienso que no eres totalmente confiable...a la mierda, qué más da.
-Entonces sugiero que hagas algo al respecto, Hideaki-san. Si lo que dice es cierto y este hombre sólo trae problemas, te podría terminar costando muy caro al final.
-No hables como si conocieras nuestra relación, Hanawa, se trata de un tema privado.
-Es Hiroshi, no Hanawa. -Su respuesta cayó a oídos sordos.
-Vos me vas a ayudar, Hanawa. ¡Juntos lograremos salvar a Gintama de las manos de este insecto! -dijo Sorachi con entusiasmo.
-¡Genial! Pero dime...emm..¿quién es Hayate, exactamente?
La cara de Sorachi se distorsionó hasta transformarse en una mueca de disgusto.
-Fue alguien con quien trabajé hace mucho tiempo. Aunque no lo creas, él fue la razón por la que hice Gintama. Hubo un tiempo en el que fuimos amigos...pero ese tiempo ya pasó. Ahora no es más que un vagabundo sin rumbo, que intenta cagarse en los trabajos de los demás.
-Hideaki-san...no quiero ofenderlo, pero eso suena a que es muy parecido a usted.
Sorachi lo ignoró.
-Trabajamos juntos, sí, pero ambos teníamos ideas diferentes. Él quería un manga que tratara de ninjas, yo de samurais. Él prefería el drama, yo la comedia; él quería un Kakashi, yo un Gintoki...
-Sí, sí, andá al punto de una buena vez. -Por primera vez, Eita se estaba impacientando.
Sorachi lo miró y suspiró.
-Lo que importa es que yo logré triunfar, en cambio él no. A partir de ese momento empezó a odiarme de manera como si fuera su suegra. Aún peor incluso. Le dí la oportunidad de trabajar conmigo en Gintama, pero siempre buscaba la manera de joder mis trabajos. Después de echarlo nunca jamás volví a escuchar de él. Al menos hasta el día de hoy.
-Ya veo...
Ambos se mantuvieron en silencio por unos minutos, tomando un café que la mesera les había traído durante su conversación. Entonces Sorachi, una vez terminado el café, se levantó de la silla y le indicó a Eita que lo siguiera.
-¿A dónde vamos? -preguntó.
-Vayamos a mi estudio de producción. Dejé unas cámaras espía encendidas y sospecho que habrán captado algo.
Llegaron al estudio de producción del anime de Gintama, y todo parecía estar en orden. Excepto por una cosa...
-Parece que las cámaras captaron algo -dijo Sorachi aparentando desinterés.
A continuación, conectó las cámaras a una computadora portátil y le puso play al video.
La pantalla se dividió en cuatro y en cada una se mostraba una parte diferente del departamento. En la pantalla n°1 se mostraba el pasillo que conectaba a la puerta principal y al baño. La pantalla n°2 mostraba el interior del baño; la pantalla n°3 mostraba la cocina y la última pantalla mostraba el estudio de grabación.
Eita se lo quedó mirando.
-¿Es en serio? -dijo.
-¿Qué cosa? -preguntó Sorachi.
-¿Desaprovechaste dos cámaras, poniéndolas en el baño y en la cocina? ¿Qué eres, un acosador? ¿Quieres ver a tus compañeros cagando? ¿Quieres espiar que no coman nada tuyo?
Sorachi lo miró sorprendido.
-¿Me estás llamando acosador? ¡Para nada! Lo que sucede esque a Hayate le gustan mucho los baños y las cocinas, asique se me ocurrió que sería buena idea poner cámaras allí.
-Es un chiste, ¿no?
-No, no lo es.
Eita estuvo a punto de contestar algo más, cuando de repente alguien apareció en la pantalla n°2.
-¡Es él! -exclamó Sorachi.
Hayate abrió la puerta del baño y miró el contorno; luego se sentó en el inodoro y sacó una revista de adultos y comenzó a leer.
-¿Qué está haciendo? -dijo Eita, mirando la pantalla con perplejidad.
-Oh, Dios mío, no puede ser -murmuró Sorachi.
-¿Qué? ¿Qué sucede?
-Ha comenzado -contestó en tono profético.
-¿Comenzado qué? ¿De qué hablas? ¿De cagar?
-No es tan simple como suena, Hanawa. Cuando Hayate lee pornografía mientras caga, es señal de que no se trae nada saludable entre manos.
-¡Lo único que no es saludable es tu forma de pensar! -le espetó Eita -.¡¿De dónde diablos sacas esas conclusiones?
Sorachi lo miró con semblante impasivo.
-Confía en mí -fue lo único que dijo antes de que volviese a aparecer el mismo hombre, sólo que esta vez en la cocina.
-¿Y ahora qué hace? -preguntó Eita, observando cómo el sujeto abría la nevera y sacaba dos envoltorios de papitas redondas.
-¡Entonces fue él quien todo este tiempo estuvo hurgando en mi comida! ¡Maldito, me las va a pagar! ¡Y lo digo literalmente!
Eita por poco cae de la silla en la que estaba sentado. En un manga le hubiese parecido gracioso aquel diálogo, pero en la vida real, en momentos serios...Hideaki Sorachi era realmente una persona increíble, había pensado el bibliotecario Hiroshi Eita. Era muy impredecible, podía pasar de ser alguien completamente serio, a ser alguien ridículamente tonto. Y eso le fascinaba.
Eita se rió.
-¡Ey! ¿De qué te reís? No tienes idea de lo seria que es la situación, ¿cierto?
Le fue difícil conseguir articular palabra en medio de tanta risa, asique en vez de responderle, se calló. Entones vieron la pantalla n°4, y ahí sí se quedaron mudos. En ella aparecía el hombre canoso Hayate, mezclando unos papeles con otros. Entonces unos tipos más aparecieron con él (no pudieron identificarlos ya que vestían capuchas negras) y conectaron un pendrive a una computadora del estudio. Entonces Sorachi y Eita vieron lo peor. Allí estaban los Yorozuya caminando como si nada en una ciudad que no formaba parte de Gintama. Y personajes con cabelleras coloradas.
-¡Oh, Jesús! ¿Qué les pasa en el pelo? -exclamó Sorachi, horrorizado.
-¡¿Y eso a quién le importa?! Mira bien lo que está sucediendo -dijo Eita.
Sorachi miró fijamente la pantalla por unos segundos, y luego abrió los ojos como platos.
-No. Puede. Ser.
-¿Te has dado cuenta? Los chicos están en...
-¡Es una pandemia! ¡Esos tipos están enfermos de la cabeza, literalmente! ¿Quién podría ser tan cruel como para darles esos cortes de cabello? ¡Es impensable!
-¡Hideaki-san, no seas estúpido! Fíjate bien, ¿no te parece conocido ese escenario? Es un anime que está destinado al público menor, un anime que no tiene nada que ver con Gintama y que no hace chistes obscenos, ¡es Yu-Gi-Oh, carajo!
El integrar esa nueva información, Sorachi sintió que el alma se le caía a los pies.
-Entonces, eso significa...
-¡Exacto! Significa que si esto sale al público, te harán denuncias tremendas por el copyright. Y no serás el único perjudicado, a Takahashi Kazuki también lo demandarán por mostrar contenidos y vocabularios propios de Gintama y no infantiles como deben de ser. Debemos advertirle al señor Takahashi de esta conspiración antes de que lo malinterprete todo y piense que es usted el responsable.
Eita hizo amago de salir de la habitación, pero fue detenido por Sorachi.
-Espera, antes de que vayamos a visitar a Kazuki, debo hacer algo -dijo Sorachi con seriedad.
-¿Hacer algo? ¿Qué es tan importante ahora que el destino de Gintama, Hideaki-san?
Sorachi no le respondió, en cambio, se dirigió al estudio de producción y Eita lo siguió con curiosidad. Al entrar a la sala, Sorachi encendió una PC y comenzó a escribir en el teclado una serie de códigos y números incomprensibles para cualquiera que no supiera nada de computación.
-¿Qué haces, Hideaki-san?
Sorachi paró de escribir y una ventana naranja apareció.
-Hace un tiempo instalé en este dispositivo un programa que me permite registrar cualquier tipo de archivo o programa que se infiltre a través de un cable, Bluetooth, o lo que se te ocurra. Da igual que después lo eliminen, este bebé guardará cualquier cosa que se infiltre.
Al escuchar eso, a Eita se le iluminó la cara.
-Entonces eso significa que podremos ver que está sucediendo en Yu-Gi-Oh ahora mismo, ¿no?
-En efecto, antes de ir a visitar a Kazuki le dejaré un mensaje a los Yorozuya, para que comprendan lo grave de la situación y para que sean cuidadosos.
-¿Pensás que te harán caso? -preguntó Eita, no muy confiado.
-Tratándose de los personajes que yo mismo creé...es difícil decirlo. Pero quizás valga la pena.
-Bien, ¿y cuál es tu idea? ¿Dejarles una carta?
-No, filtraré a mi personaje de gorila en la ubicación exacta en la que se encuentran los Yorozuya.
-¿Podés hacer eso? -preguntó Eita, incrédulo.
-Sí, pero deberá ser un mensaje breve y que pase desapercibido por Hayate.
-Genial, entonces hazlo cuanto antes.
-Ya mismo lo estoy haciendo.
Y sí que lo hizo.
