Hola. Les traigo el capitulo 6.

Espero que les guste más que a mí, porque casi me rompo la cabeza tratando de poner mejores cosas que en la historia original.

Saludos a todos los que dejan su comentario.

Y los que nada mas entran a leer, pues también XD

CAP 6: UN SIMPLE BESO

Kagome se petrifico por un momento.

Sesshomaru pareció notarlo cuando ella se quedo quieta.

"¡¿Es hija de lady Kikyo?!" Kagome sintió que levanto un poco la voz.

Sesshomaru se alejo un poco de por el grito de sorpresa.

"No. Kikyo es una mujer que no se atrevería a tener una hija fuera del matrimonio." Sesshomaru hizo una pausa para observar la reacción de Kagome, la cual fue de alivio. "Es la hija que Inuyasha tuvo con una bella geisha que hace un par de meses deseo ya no encargarse de su hija de seis años."

¿Inuyasha había tenido una hija? ¿Había dejado que su madre la criara mientras el…? Kagome se sintió bastante mal.

Pero claro, él tenía sus motivos. No podía casarse con una geisha. Pero casarse con una geisha era mejor que hacerlo con la hija de un criado. Y Kagome se sintió aun peor.

"La mujer trajo a Shiori y la abandonó." Concluyó.

Sintió un nudo creciendo en su garganta y las manos le comenzaron a temblar como jamás. Sus ojos brillaron queriendo correr lágrimas en su rostro, pero eso no se lo permitiría; tenía que soportar todas esas pruebas por el amor que le tenía a Inuyasha.

Y una tranquilidad fingida, y para que él no se percatara de su mirada triste, sus ojos se guiaron hacia la luna que era envuelta en un celoso cielo estrellado.

"La luna esta preciosa."

El no dijo nada, y cuando ella bajo la vista, lo sorprendió observándola, concretamente en el cuello. Su mano subió de manera espontanea, tratando de cubrir la mayor parte de piel que pudiese, aunque Kagome no supo exactamente por qué. Tal vez, El señor Taisho pensaba en estrangularla después de saber que la noticia no la había incomodado como él esperaba.

"¿Qué ha sido de la madre de Shiori?" Pregunto solo para tener conversación con él.

Sesshomaru arqueo su ceja izquierda ligeramente y volvió a tomar su paso.

"Se marcho para casarse, con nada menos que con su danna."

Kagome sintió burla en el tono del peli plateado. "Eso es algo romántico. ¿No le parece señor Taisho?"

"Ni un poco." Sesshomaru dibujo una mueca de desprecio en los labios. "En todo caso, Shiori fue abandonada en nuestra puerta, y desde ese momento nada ha sido igual. Ella es un demonio sin educación ni modales. Se ríe a carcajadas, canta a la hora de la comida, no toca sus instrumentos como se debe hacer. Las doncellas salen huyendo de ahí cuando la ven."

"Parece encantadora." Dijo sonriendo Kagome. Sintiendo que solo lo hacía para no llorar.

"La niña es ilegitima, y para vivir con los Taisho tiene que comportarse con corrección. Si sigue así arruinara su vida."

Tenía razón, pero a Kagome le nació un sentimiento de tristeza hacia la niña.

"Debe de echar de menos a su madre."

"Pero de paso nos amarga la vida a los demás, eso incluye que este arrastrando a Rin a sus travesuras." Y, en un tono cortante, añadió: "Eso no lo permitiré."

"No, por supuesto." Tras un instante, Kagome se atrevió a preguntar con delicadeza: "¿Y ella se siente a gusto con su padre?"

"A Inuyasha le da gracia que Shiori se suba a la mesa, y cuando se pone a gritar, él le alborota el cabello. Sus atenciones no hacen más que incitarla. Pero si ella lo molesta, se irrita enseguida."

Muy típico de Inuyasha hacer eso; bien ella sabía que él nunca habría reparado en una jovencita callada como lo era Kagome, pero lo que le hacía a su propia hija estaba mal. El corazón le dolió por tantas noticias negativas hacia su amado.

Cuando por fin Sesshomaru y ella entraron en el vestíbulo, oyeron unas carcajadas provenir del gran salón, y él le hizo señas para que pasaran desapercibidos. Caminaron deprisa hasta llegar a la escalera.

"Parece que algunos caballeros sigues disfrutando de la noche."

Sesshomaru giró hacia uno de los pasillos; este era largo y espacioso, también estaba muy iluminado.

"Por aquí llegamos más rápido. Te advierto que si Rin tiene pesadillas, Shiori también las tendrá y gritara maldiciones. Es una niña lista y entiende a perfección lo que queremos que no haga." Hizo una mueca. "Conoces la casa y mis normas de comportamiento, así que tu responsabilidad será traer la tranquilidad a nuestras vidas"

"Claro, señor Taisho, hare todo lo que pueda." Todo eso le pareció aburrido.

"Sin embargo, no estarás esclavizada a las niñas. Tienen a sus propias cuidadoras, así que tus obligaciones se limitan al cuarto de estudio. Y dada la gran excitación de Shiori por las celebraciones, creo que será inútil esperar que te hagas cargo de tus responsabilidades esta semana… Si es que en efecto, te quieras hacer cargo de tus obligaciones."

"¡Señor, no quiero que piense que no estoy dispuesta!" Kagome lo miro molesta

Sesshomaru ignoro el comentario y le indico con un gesto que debía de seguirlo por otro pasillo que era estrecho y corto que terminaba en una puerta de madera fina de doble grosor. "No me refería a tu incumplimiento. Me refiero a que estarás peleando por la atención de Inuyasha y no tendrás tiempo del trabajo."

"No estoy compitiendo." Kagome levanto la voz indignada.

"No, apenas se le puede llamar así. Debes entender que Kikyo tiene la batalla ganada."

Kagome sintió ganas de golpearlo. Como se atrevía a decirle esas cosas y sobre todo, como la miraba. Se estaba burlando de ella.

"En cuanto a Inuyasha le desaparezca el salpullido, estoy seguro que te conformaras con la sobra del tiempo que él te dé."

La frialdad en sus palabras causo que estas quedaran grabadas en la cabeza de Kagome.

"Yo…"

"Reconozco muy bien que es lo que ocasiona Inuyasha en jovencitas como tú." Sesshomaru sonrió cínicamente. "Quiere que todo el tiempo alguien lo esté adorando y cuando llega alguna otra chica bonita, busca sus atenciones hasta que caiga en sus manos."

"¡Señor Taisho, me está insultando!" Dijo Kagome afrontándolo.

Sesshomaru se detuvo y la miro de tal forma que ella sintió nervios en todo el cuerpo.

"Recuerdo cuando solías decirme amo Sesshomaru." El levanto una ceja hacia ella. "Y corrías atrás de mi todo el tiempo, pero solo eras una pequeña."

Por extraño que pareciera, ese comentario la sorprendió, mucho más de lo que cualquier cosa en toda la noche. Pensó que el hombre que tenia frente a ella jamás recordaría esa tontería.

"E-era una niña. No era consciente de lo inadecuado de mi comportamiento." Kagome se sonrojo. Había olvidado por completo que ella de niñita hacia eso, como muchas otras cosas que olvido con el tiempo.

Sesshomaru confirmo que la joven cambiaba rápidamente sus emociones.

"Eras una niña graciosa, con ojos grandes y una sonrisa contagiosa." Penetro sus dorados ojos en los chocolates de ella. "Sigues siendo encantadora, aunque de manera muy diferente. Te convertiste en una dama que cualquier hombre quisiera tener entre sus brazos.

Kagome desvió sus ojos al piso, avergonzada por la forma casi susurrante en la que él le hablaba. Por el tono que utilizaba.

Sesshomaru se acerco hasta ella y olfateo.

"Limón, canela y ylang-ylang. Es un perfume muy delicioso."

Kagome jadeo. ¿Cómo lo había sabido?

"Te disgustan mis elogios." Retrocedió dos pasos.

De manera impulsiva, Kagome se sintió confundida. La había insultado, pero ahora parecía querer compensarla con halagos.

"Señor Taisho, no puedo comprenderlo. Hace un momento parecía quererse deshacer de mi. Y no quiero que lo haga. ¡Soy una mujer trabajadora, competente y capaz de hacer cualquier cosa que usted me ordene!..."

Sesshomaru sintió que la muchacha era impulsiva y siempre se defendería de todo peligro que se avecinara. Era fuerte y gentil… y demasiado inocente para el mundo.

"No me gusta que me diga que solo estoy aquí para conquistar a Inuyasha. ¡Porque no es así…!

La joven parecía decidida a no cerrar la boca. Y eso le molestaba a Sesshomaru. Quería hacerse valer.

Él le sonrió. Y Kagome pensó que él estaba muy interesado en lo que decía.

"Así que por favor, señor Taisho. Agradecería que no me volviese a faltar el respeto. Y que me reproche ya que yo no le he hecho nada."

Se cuestionó… en qué diablos pensaba lo mujer. Acaso pensaba que podía controlarlo como lo hacía con los niños de un salón. Era hora de empezar el juego que tenía en mente. Rápido y certero como el solía hacerlo.

"Cuando te miro solo pienso en una cosa…" Le dijo con una voz que le acarició la piel. Y entonces se acerco más.

Kagome abrió los ojos sorprendida y retrocedió hasta la pared.

"Deseo besarte."

La forma en que lo dijo la paralizo; tal vez el matrimonio del señor Taisho había sido una unión sensata, pero era evidente que había puesto a prueba a su esposa. Kagome pensó que esa también sería una prueba. Era hora de enfrentar al demonio que era el señor Taisho.

Pero el la miraba como nunca nadie. Hacía que se paralizara el cuerpo. Que todo su ser traspirara. Había un sentimiento extraño creciendo en su pecho y hacia que su cuerpo se sintiera indefenso.

Kagome se pego contra la pared, pero el yeso no cedió y ella no puro desaparecer. Todo lo que pudo hacer fue quedarse viendo con indignación como él se inclinaba hacia ella. Sesshomaru le rozo los labios con los suyos, Kagome cerró los ojos pensando que tal vez así despertaría. Y se sumergió a la sensación de ser besada por el señor Taisho… lo cual no resultaba repulsivo.

De hecho todo lo contario.

Y se dejo derrotar por la persona de la cual quería vengarse.

En dos ocasiones anteriores la habían besado. La primera, fue con un joven que ella no recordaba ya que era muy pequeña para hacerlo, pero si recordaba como él la había tomado entre sus brazos y le había besado con timidez.

La segunda había sido en Francia, el joven Kouga le había confesado sus sentimientos y la había besado con mucho amor. Ella le había dado la oportunidad, pero él no la aprovecho, ya que su prometida Ayame lo esperaba en la iglesia de Nôtre dame vestida de novia. No lo culpo, ya que ella no lo amaba, se había dado cuenta que solo amaba a Inuyasha. Que solo Inuyasha podría darle el beso que en verdad despertara su pasión.

Pero el señor Taisho amenazaba con derrumbar ese mito. Porque le estaba proporcionando un placer inesperado. Su aliento cálido, con aroma a sake, perfumado de sensualidad, le recorrió la piel; sus labios, suaves y firmes, se apretaron contra los suyos con sutileza. El corrigió la posición de los dos cuerpos, reaccionando como si la respuesta de Kagome le fascinará.

Los pensamientos de Kagome eran fugaces e inconexos. Debería deslizarse por la pared y correr lejos de él. El era más ancho de lo que ella había imaginado. Estaba aterrada por los dos. Cuando Sesshomaru aumentó la presión, a ella le gusto… Y, ante aquel suave incremento, Kagome dejo caer la cabeza hacia atrás contra la pared. El sabía todo: en qué momento se le erizaron los vellos, y en que otro se le acelero la respiración, y en qué momento un torrente de sangre le inundo las venas haciendo que en ciertas partes de su cuerpo sintieran cosquillas.

Sus manos colgaban a los costados, libres de actividad. Esa libertad era la única manera en que Kagome conservara la cordura en ese momento enloquecido lleno de pasión. No podía… no debía haber pasión entre ella y el serio señor Taisho.

El dejo de besarla.

Kagome pensó que la soltaba. Y no se había dejado arrastrar del todo. Que su fuerza de voluntad había evitado por todos los medios tocarlo.

Entonces, Sesshomaru le demostró la verdadera debilidad de su existencia. Agarrándola por la cintura, hizo que se pusiera de puntitas. La cogió por las muñecas, le subió las manos e hizo que le ahuecara las palmas alrededor del cuello. En ese momento lo abrazaba con tanta plenitud como él a ella y Kagome no fue capaz de retirar las manos. Se agarro a él, y sus dedos se aferraron al cuello del tradicional traje de Sesshomaru. Este, apartándola de la pared, la inclinó sobre su brazo y con su pecho le aplasto los senos, y su cuerpo lo envolvió en un calor desconocido.

"Abre los labios." Ordenó.

"¡¿Por qué?!"

No tuvo tiempo para escandalizarse.

Los labios de Sesshomaru se posaron sobre los suyos al momento en el que musito la palabra.

Kagome pudo probar a que sabía el señor Taisho. Y pudo hacerlo porque él le deslizaba la lengua dentro de la boca.

El la degustaba y actuaba como si Kagome fuera un postre delicioso. Respirando, la saboreo y la lleno de calor, humedad y pasión.

Kagome se vio envuelta en una lasitud que la obligo a confiar en él para que la enseñara. Porque él la probaba de manera soberbia. Ella pensó que todo eso era una locura.

Sesshomaru detuvo el movimiento cogiéndola de la barbilla y se la ladeo hasta dejarle el cuello expedito. Bajo por el los labios, bebiendo su piel, acelerando el ritmo cardiaco de la joven. Le hizo cosas que ella no sabía que le gustaban. Le mordisqueo el lóbulo de la oreja, le acarició el pulso del cuello, le dio un pequeño mordisco en la clavícula…

Ella empezó a hacer pequeños ruiditos. No palabras, no; las palabras exigían pensamientos y la capacidad de hacer oraciones coherentes. Aquellos ruidos eran gemidos… pura sensación echa voz.

Sesshomaru apoyo los labios en la tráquea de Kagome, queriendo sentir las vibraciones y saborearlas. Solo por un momento se recordó cuando era joven caminando con los ojos tristes por el jardín hacia el lago. Abrió los ojos y levanto, por fin la cabeza.

Al abrir los ojos en pleno desconcierto, Kagome solo puedo verlo a él. Bajo la tenue luz los ojos de Sesshomaru parecían oscuros, misteriosos, seductores. La observaba con una intensidad que provoco a Kagome quisiera mantenerse callada.

Sesshomaru retrocedió un poco y Kagome sintió que estaba mejor así.

"Te quedaras en esta habitación solo por dos días. La habitación que ocuparas junto a tus alumnas todavía no está lista."

De alguna manera el apasionado Sesshomaru se había vuelto a convertir en el frio señor Taisho que ella conocía, y Kagome no supo si sentía decepción o alivio. Se dio un golpe mental, ella sentía alivio por supuesto, no debía ser el señor Taisho el que la besara, ella amaba a Inuyasha, y siempre seria así. Nunca cambiaria sus sentimientos por solo haber disfrutado los besos de su hermano.

"Espero que no te importe…"

"¡¿Qué?!" pregunto sorprendida. Claro que le importaba, la había besado, y había hecho que a ella le gustara. Y se sintió estúpida. Como podía pensar eso.

"Que tu habitación no esté lista. No repare en que llegaras tan pronto y con los preparativos de la fiesta tus necesidades fueron postergadas."

"¡No!, todo está bien." Dijo ella deseosa de que el la dejara.

"Te espero mañana a primera hora en mi despacho."

"Sí, señor Taisho…"

El puso sus dedos sobre los labios rosas de Kagome y la miro con esos ojos dorados. Se había dejado llevar por la ocasión de ser besada. Pero era la oportunidad que tenia para que el señor Taisho se alejara de ella.

"No, usted es mi patrón y yo soy la institutriz," Kagome tomo su fría y blanca mano con la femenina de. "usted sigue siendo el señor Taisho para mí y yo sigo siendo la señorita Higurashi para usted."

Sesshomaru sonrió de lado, el carácter firme de la joven le gustaba para divertirse un rato.

"Buenas noches."

"Buenas noches, señor Taisho." Empeñada en hablarle por su apellido, se alabo a si misma por haber dicho lo que debía. Soltó suavemente la mano de su patrón. Él la observo con mucha intensidad.

Sesshomaru le hizo una reverencia sin apartar la mirada de ella ni un momento. Ella le respondió la reverencia y cuando ella se irguió el ya caminaba alejándose de ahí.

Kagome se metió a toda prisa a su habitación temerosa de ver en esa noche al señor Taisho.

Sesshomaru siguió su camino, solo con una cosa en la mente... Le gusto jugar con la joven Higurashi, Era divertido. Y más, cuando este juego se hacía a espaldas de Inuyasha.

CONTINUARA…

Me emociona mas la historia. Y si dejan su comentario lo agradeceré mucho, porque me motiva a seguir adaptando.

:D Besos.