Yugi y sus amigos, luego de reunirse en la entrada del parque, caminaron en direción a la tienda de juegos del abuelo, y de camino compraron unas hamburguesas en Burger World para comerlas allí reunidos en la casa. Estaban los cuatro reunidos en una mesa, comiendo y charlando acerca de los eventos anteriores.

-Esos tipos...siento que hay algo mal en ellos -dijo Tea.

Los tres chicos asintieron.

-Sí, es verdad. Es...no sé. Los siento como incorrectos, como si en realidad no perteneciesen aquí. Es extraño -comentó Tristán.

-Aquellos dos chicos que nos encontramos acá en la tienda no parecían ser tan malos, pero aquel tipo en el parque...no confío en él -dijo Joey.

-No sé, Joey. No parecía ser un mal tipo -dijo Yugi, con timidez.

-Eres demasiado confiado, Yugi. Podría tratarse de alguien peligroso, por lo que sé. ¿No has visto esa espada de madera que lleva consigo? Es sospechoso -le respondió Tristán.

-Yami me dijo lo mismo, pero no me dijo nada cuando me acerqué a hablarle.

-¿Qué te contó exactamente, Yugi? -preguntó Tea.

Yugi se puso el dedo en el labio inferior, intentando recordar.

-Nada en particular...me dijo que se llamaba Gintoki y que no era de por aquí. No pude preguntarle mucho más porque para entonces ustedes ya estaban esperándome en la entrada. Pero al parecer no se sentía muy cómodo con mi presencia.

-Eso le suele pasar a la gente cuando le habla un desconocido, Yugi -dijo Joey con tono de burla.

-¿Y qué hay de esos dos a los que se encontraron acá en la tienda de mi abuelo? ¿Quiénes eran? -preguntó Yugi, intrigado.

Los tres amigos intercambiaron miradas.

Escena retrospectiva...

Tea, Joey,Tristán y Ryo estaban en la tienda del abuelo de Yugi, charlando de cosas sin importancias, cuando las puertas se abrieron de par en par y unos desconocidos entraron con miradas angustiadas. Uno de ellos era un chico de pelo negro y gafas redondas con un atuendo tradicional y una espada de madera sujeta en la cintura. El otro era una niña que usaba ropas chinas y llevaba el pelo pelirrojo sujeto en dos coletas.

-¡Oiiigaaaaan! ¿Alguno de ustedes ha visto a un tipo que usaba unas prendas parecidas a las mías y que tiene pelo blanco y permanentado? -preguntó el de pelo negro.

-Por favor, dígannos si saben, es un sujeto con ojos de pez muerto y huele a desgracia -completó la china.

Joey, Tea y Tristán intercambiaron miradas confundidos, Ryo simplemente los miraba con curiosidad preguntándose que querría decir la niña con "huele a desgracia".

-Emm...¿y ustedes son...? -preguntó Tea.

-Ella es Kagura y yo Shinpachi. Ambos pertenecemos a la Yorozuya, y Gintoki es nuestro jefe. Al que buscamos.

Más caras confusas. Dejando de lado a Ryo.

-Oh, ¿hablan de Sakata-san? Lo vi en la calle, me preguntó por su ubicación. No parecía estar muy orientado -dijo Ryo, sonriendo.

Joey, Tea y Tristán lo miraron con extrañeza.

-¿Lo has visto? ¿Dónde fue? -preguntó el ahora identificado como Shinpachi.

-Si la memoria no me falla, creo haberlo visto entrar en un parque de por aquí cerca.

-¡Muchas gracias! Se lo agradecemos mucho...

-Bakura Ryo.

-¡Muchísimas gracias, Bakura-san! -dijeron ambos Kagura y Shinpachi, antes de volverse a la puerta.

Cuando los dos extraños se fueron, un extraño silencio pareció embriagar el ambiente.

Joey fue el primero en romperlo.

-Y...¿Alguien tiene idea de lo que es la Yorozuya? -preguntó inconscientemente.

-Ni la más pálida idea -respondió Tristán.

-Por cierto, Ryo, ¿realmente viste a ese tal Gintoki? -preguntó Tea, dirigiéndose al albino.

-Sí. Es lo que dije -respondió Bakura.

-¿Y qué te pareció? -preguntó Tristán.

-Era un tipo raro. No hablé mucho con él, asíque no pudo decir mucho.

-Ya veo... -los tres suspiraron.

Final de la escena retrospectiva.

-¿Entonces Gintoki es el jefe de esos dos chicos, y se hacen llamar a sí mismos los Yorozuya? Me pregunto que hacen en su trabajo -musitó Yugi, pensando.

-Quien en realidad me preocupa es Bakura. Parecía estar muy confiado al hablar con esos sujetos -dijo Joey.

-Dejando todo esto de lado, me preocupa Kaiba. Últimamente ha estado más retraído de lo usual; ya casi nunca asiste a clases y pasa la mayor parte del tiempo trabajando en sus experimentos -dijo Yugi, sintiendose preocupado por su rival.

Sus tres amigos de corazón le sonrieron.

-No te preocupes por ese idiota, Yugi. Ya sabés como es él, cuando se propone a hacer lo que sea le dedica toda la voluntad -lo intentó animar Joey.

-Joey tiene razón, además ya conoces lo obsesivo que se puede poner Kaiba. No es nada nuevo -aportó Tristán.

-Animate -sonrió Tea.

Yugi consiguió sonreír.

-Gracias chicos...


La oficina de Seto Kaiba se hallaba en la penumbra, silenciosa y vigilante. El famosísimo jefe de la compañia se encontraba sentado en su escritorio, en medio de la penumbra, con la mirada baja, los dedos entrelazados y los ojos desenfocados. Era la postura que usualmente solía adoptar para sumirse a sí mismo a un estado de concentración absoluta.

¿Quiénes eran esos tipos? Era la pregunta que tintineaba en su mente como el golpe de una cuchara a un vaso de vidrio.

Escena retrospectiva...

Seto Kaiba acababa de finalizar unos negocios con una compañía de tecnología extranjera de Miami y, luego de un agobiante viaje en avión, se encontraba en camino a su mansión por medio de una limosina negra. Estaba pensando en su hermanito menor, Mokuba, cuando la limosina dio la vuelta hacia unas calles más oscuras y el motor se apagó de golpe. Kaiba le dirigió al conductor una mirada severa.

-¿Qué diablos es esto, estúpido conductor? -dijo Kaiba con tono autoritario.

-Lo lamento, señor. Parece ser una falla del motor. Espere aquí, sólo será un segundo -se disculpó el conductor y, acto seguido, salió del vehículo y se dirigió a la parte trasera de la limosina a revisar si todo estaba en orden.

Kaiba suspiró indignado, y le llamó la atención, a lo lejos en un callejón, unas siluetas negras (eran cuatro, creía) que parloteaban entre ellas. Kaiba entrecerró los ojos con desconfianza y se puso en las orejas unos auriculas minúsculos, que había diseñado él mismo para escuchar voces a larga distancia. Lo que escuchó le heló la sangre.

-¿Está todo listo? -preguntó uno de ellos. Su voz era nasal y algo chillona.

-Sí, hemos traído a los Yorozuya como el amo lo pidió -contestó otro. Este tenía una voz grave y profunda.

-Pronto la Yorozuya provocará caos aquí y ambos serán cancelados -dijo otro ojos brillantes en la oscuridad.

-Regresemos pronto con el amo e informémosle de nuestro éxito en la misión -dijo el último. Era alto y corpulento, y a Kaiba se le pasó por la cabeza el pensamiento de que aquel ser era capaz de ver a través de su alma con sólo clavarle la mirada.

Los cuatro individuos se metieron en un portal negro y desaparecieron en la penumbra. Kaiba miró el sitio donde hace pocos segundos estaban parados los hombres de negro y preguntas lo azotaron como una madre despertando a un hijo para ir al colegio.

¿A qué se referían con cancelar ambos mundos? ¿Quiénes eran esos tal Yorozuya y cómo era eso de que sembrarían el caos? ¿Quiénes eran ellos? ¿Quién era el amo de aquellos siniestros tipos?

Final de la escena retrospectiva...

Kaiba se llevó una mano a la cabeza y con la otra se frotó la frente. Sentía un gran dolor de cabeza acechándolo, y sabía que necesitaba descansar. Se prometió a sí mismo que al día siguiente iría al colegio para no preocupar demasiado a su hermano menor. Lo último que quería hacer era lastimarlo de nuevo. Eso no estaría para nada bien. Con un poco de esfuerzo logró incorporarse y salió de su oficina, en busca de algo de aire fresco. A lo largo del pasillo se encontró con su hermano, y éste lo deslumbró con una sonrisa.

-¡Hermano! Al fin has salido de tu cueva. ¿Qué era lo que te preocupaba tanto, hermano? ¿Estás bien ahora? -preguntó con preocupación.

Kaiba le sonrió un poco y le despeinó el pelo con una mano.

-No es nada, Mokuba. ¿Querés que salgamos un poco afuera? Te compraré un helado.

-¡Sí! -Mokuba saltó de alegría, ensanchando aún más la sonrisa de su hermano mayor.

-Vamos entonces.


-No puedo creer que vayamos a hacer esto -dijo Shinpachi, buscando un uniforme de su talla.

-Es lo que el gorila nos dijo que hagamos. Supongo que tiene sus razones -dijo Gintoki, sentado en un sillón.

-Los uniformes de este colegio son un asco. ¿Por qué tiene que ser azul? ¿Por qué no rojo? -se quejó Kagura, viendo con desprecio su uniforme.

-No te quejes por eso, Kagura. Peor aún es estar en mi situación por tener que darle clases a todo un salón lleno de adolescentes con sueños y objetivos inútiles que seguramente nunca llegarán a lograr -dijo Gintoki.

-¡Eso es muy cruel, Gin-san! Ni se te ocurra decir ese tipo de cosas frente a los personajes de este anime. Recuerda lo que dijo el autor gorila; lo último que necesitamos es infectar este anime con nuestro extraño sentido del humor -dijo Shinpachi.

-Cálmate Pattsuan, eso no pasará. Oh, mirá. Ese uniforme es justo de tu talle.

-Es bastante cómodo, me parece que me quedaré con este -dijo Shinpachi viéndose en el espejo.

-Ya encontré mi talle también -se unió Kagura.

-Bueno, en mi caso creo que me quedaré con esta bata de laboratorio. Es un clásico en los colegios -dijo Gintoki, antes de dirigirse a la salida de la tienda.

Escena retrospectiva...

-Es...¡ES NUESTRO AUTOOOR! -gritó literalmente Shinpachi.

El gorila los vio y se metió un dedo en la nariz, su expresión estúpida como siempre. Pero al hablar, sorpredió a los tres integrantes de la Yorozuya.

-No tengo mucho tiempo, necesito hablarles ahora mismo -dijo, por primera vez, con voz seria.

-Escupilo ya, ¿qué sucede? -Gintoki fue el primero en reaccionar.

Al confirmar que los tres prestaban atención, Sorachi procedió.

-Como verán, este no es su anime. Y no, no fui yo quien los envió acá. Por el contrario, fue un tipo que busca destruir Gintama. Su nombre es Oshiro Hayate, y el anime al que los envió se llama Yu-Gi-Oh. Antes que nada, les diré que Yu-Gi-Oh es un anime ambientado al público infantil, es decir, cualquier chiste obsceno y fuera de contexto significará una denuncia al productor de este anime. Aún no he hablado con su autor, pero lo voy a hacer, y juntos vamos a buscar la mejor solución posible para sacarlos de este apuro.

Los Yorozuya miraron al gorila con ojos abiertos como platos, aún intentando asimilar la información. Sorachi prosiguió.

-Estamos en tiempos de crisis, asique lo mejor será que sean pacientes y esperen a que todo este asunto sea sanjado. Por el momento esta es mi consigna para ustedes: primero, traten de no entablar relación con los personajes importantes -dijo Sorachi, mostrándoles una foto en la se mostraba a Yugi y sus amigos; a Bakura, a Seto Kaiba y Mokuba y al abuelito de Yugi -. Y créanme cuando les digo que estos son tan solo unos pocos personajes del anime; lamentablemente no conseguí una foto con todos, asique simplemente señalé a algunos de los principales con quienes muy posiblemente se vayan a cruzar. Segundo: Yu-Gi-Oh, a diferencia de Gintama, no es un anime paródico. Por lo tanto, ellos se concentran simple y únicamente en su mundo. No saben lo que es Gintama y no entenderán el concepto de Yu-Gi-Oh como un anime. Ellos creen que son reales y no comprenden ninguna clase de relación con su autor, que por cierto se llama Kazuki Takahashi. ¿Me siguen hasta acá?

Los Yorozuya no hablaron, pero asintieron firmemente con la cabeza.

-Bien. Tercero: Ya se lo dije, pero por las dudas se los repetiré porque es algo de suma importancia y, si se descuidan, puede significar el fin para nosotros -dijo Sorachi con absoluta seriedad -. No hagan chistes extraños o de doble sentido. Traten de comportarse de manera infantil, pero no se pasen mucho. Pueden ser ustedes mismos pero, por favor, no la caguen.

-Sí, sí. Entendido, gorila, ¿algo más? -dijo Gintoki, impacientándose.

-Sí. Dos cosas más. Los he incrito en el colegio secundario de Domino. Kagura y Shinpachi serán estudiantes y Gintoki, debido a su edad, será el profesor.

-¡¿EHHH?! -exclamaron los tres al unísono.

-Ya lo escucharon. Y una cosa más, lo hablaré con Kazuki primero pero, como verán, este anime se centra principalmente en un juego de cartas llamado "Duelo de Monstruos". Discutiré con Kazuki y voy a ver si puedo crearles un mazo de cartas a cada uno de ustedes.

-¿QUÉE? ¿Para qué necesitaríamos uno? ¡Es absurdo, maldición! ¡No lo puedo aceptar! -exclamó Shinpachi, indignado.

-Calmá las tetas, Shinpachi. A ninguno de nosotros nos gusta esta situación, pero vamos a tener que arreglárnosla solos. Un samurai nunca baja las defensas frente a su enemigo, no importa en qué aprieto se encuentre -lo calmó Gintoki.

-Gin-san...

-Gin-chan tiene razón, Shinpachi. Vamos a lograr salir de esta, aunque tengamos que cortar algunas k*ntamas -dijo Kagura con una sonrisa.

-¡Kagura-chaaan! ¡Esas no son cosas que una chica de tu edad deba decir!

-Bueno, parece que se me acaba el tiempo. Los veré cuando pueda, chicos. Les recomendaría ir ahora a comprar los uniformes, mañana comenzarán su primer día en el colegio. Adióoos

Y se esfumó.

Los tres Yorozuya miraron lo que antes era la silueta de un gorila. Gintoki fue el primero en romper el silencio.

-Bueno, ¿a qué esperan? vamos de compras.

Fin de la escena retrospectiva...

Luego de comprar los uniformes, con el montón de dinero que el gorila les había dejado, fueron a hospedarse en una habitación de hotel. Lo primero que hicieron, fue dirigirse al comedor, en busca de algo para comer. Gintoki le exigía a un mozo que le diera leche de fresa y él pobre hombre simplemente se limitaba a decir pacientemente que no tenían de esa clase. Kagura intentaba comerse toda la comida del bufet y Shinpachi intentaba detenerla, diciéndole que los terminarían echando del hotel. Milagrosamente se salvaron y se dirigieron a la habitación, a platicar un poco antes de acostarse.

-Entonces parece ser que mañana comenzaremos primer año de secundaria...que divertido -dijo Shinpachi en tono deprimente.

-Y yo seré el profesor de un montón de mocosos inútiles. No sé si podré sobrevivir -dijo Gintoki.

-Yo nunca fui al colegio. Debe ser divertido, ¿no? -preguntó Kagura, sonriendo.

Los dos chicos la miraron con desaprobación.

-Bueno, mañana va a ser un largo día, será mejor que nos vayamos a dormir -dijo Gintoki, aplaudiendo con las manos.

Para entonces, los tres ya estaban en sus respectivas camas.

-Buenas noches, chicos -dijo Kagura.

-Buenas noches -asintieron Gintoki y Shinpachi.