Disclaimer: El universo de Crepúsculo no me pertenece, ya que es propiedad de Sthepanie Meyer. La trama es mía al igual que algunos personajes creados por mi. Y el fic es sin ánimo de lucro, sólo para entretener a los lectores.
Cap.3 SALIDA A COMER
Pasó un mes en donde Edward venia diariamente a verme, salíamos al parque, me llevaba al cine y puntualmente estábamos a las 10 en mi casa. Yo estaba radiante de dicha y eso se notaba, cuando al día siguiente en la mañana vi a mi amigo Jacob lo notó.
-Hola Bella, veo que estás muy contenta-sonrió, tenia una sonrisa contagiosa.
-Si, estoy feliz-estaba de más decirlo.
-Y puedo saber ¿a qué se debe?-no podía ocultarlo, así que lo dije.
-Estoy saliendo con un hombre guapísimo.-su rostro se ensombreció repentinamente y se mostró enojado.
-¿Quién es? ¿Lo conozco?-su actitud me pareció sobre protectora pero agradecí su gesto.
-Es un arquitecto, Jake, no te preocupes todo esta bien.-su comentario procaz, ahora me dejó fría.
-Si seguro te esta convenciendo para que te vayas a la cama con él.-Le miré indignada.
-Jacob Black ¿cómo te atreves a decir eso? No sabes nada, él es un caballero para tu información, jamás ha entrado a la casa. Y es muy respetuoso.-Me mordí la lengua para no decir más, era yo la que ansiaba que entrara a mi casa. Pero él jamás lo había sugerido.
-Nos vemos Jake, cuando estés de mejor humor-y Jake me miró aún más molesto.
-Nos vemos Bella –se marchó furioso, era muy raro verlo así. No le tomé importancia. Tenia que darme prisa había quedado con Edward para ir al cine y después a comer. Me duché y arreglé lo mejor posible, al final unas gotas de perfume de jazmín, mi favorito y Un vestido sencillo de tirantes, con unas zapatillas de tacón bajo pero lindas. Un poco de rimel y labial y fue todo, no me gusta el maquillaje, pero a veces no está de más.
Llegó puntual a las dos de la tarde y nos fuimos al cine, vimos una película de comedia y reímos a más no poder. Al salir, como siempre muy atento me abrió la puerta del copiloto y subí, cerró y fue al otro lado, al estar junto a él, siempre me embargaba su aroma, tan varonil, tan seductor, no sé como no me arrojaba en sus brazos, eso me hacia ruborizar.
-¿A donde te gustaría ir a comer?-me preguntó dulcemente.
-A donde quieras-le contesté embobada mirando sus preciosos ojos verdes. Él parecía tan abstraído como yo. Y un tierno beso en mi mejilla estampó con sus labios. Mi corazón latía furiosamente, anhelaba más que un beso en la mejilla, pero no seria yo, quien lo dijera ni quien lo pidiera, era tan atento, tan caballero, tan correcto. La verdad en todo el tiempo que teníamos de salir juntos, jamás se había propasado, ni una insinuación, nada. Y me tenia perpleja, la mayoría de los jóvenes lo primero que querían era sexo. E imaginarme tener sexo con él, me hacia arder de deseo.
-Ya sé-dijo de pronto sacándome de cavilaciones.
-Te daré una sorpresa-y manejó con rumbo desconocido, íbamos a las afueras de la ciudad, cerca del bosque, en un mirador espectacular, había un restaurante y ahí me llevó. Comimos opíparamente y tomamos algo de vino tinto con frutas, era delicioso, pero yo no sabía tomar, y pronto me sentí mareada.
Sonriendo Edward pidió una jarra de agua fría con hielos y le pidió al mesero: sal y chile picante con limón.
En cuanto hubo traído lo necesario. Me hizo un preparado especial y me lo dio a tomar, yo estaba muerta de risa producto del vino. Sin embargo era tan dulce en su trato, en sus gestos y en sus modales que si me hubiera pedido tomar veneno con gusto lo haría.
-Ten bebe esto por favor- y sin pensarlo me lo tomé de un trago. Error. Mi garganta se llenó de fuego y mi respiración se agitó, mis ojos comenzaron a lagrimear penosamente mientras el picor del chicle me hacia sudar y lagrimear. Al minuto, no aguantaba lo enchilado y Edward me ofreció un vaso de agua fría. Poco a poco fui calmándome y sintiéndome mejor. Se me había quitado lo mareada del vino. Ahora estaba en mis cinco sentidos y miraba a Edward pasmada.
-¿Porqué hiciste eso?-sabia lo que quería decir, él me miró y luego de unos segundos me respondió.
-Porque no me gusta que una mujer pierda el control. No me parece correcto que en ese estado puedan hacer algo que las lastime, ó hacer algo que después se arrepientan.-nuevamente me sorprendía, cualquiera en su lugar habría aprovechado la oportunidad, pero él no.
Después de eso, salimos a pasear por el lugar, era simplemente hermoso, el aroma a pino inundaba mi olfato, mientras un manto verde se extendía por doquier, pisaba la mullida alfombra verde que era el pasto y me extasiaba de ver las mariposas revoloteando por doquier.
Besos
Bella Cullen H.
