A la mañana siguiente, los Yorozuya despertaron con un incómodo sentimiento de regocijo implantado en el vientre. Se levantaron y se prepararon. Shinpachi se puso el uniforme masculino y Kagura el uniforme femenino y unas gafas ridículamente grandes que le ocultaban los ojos para ir al colegio. Gintoki se puso unas gafas, unos pantalones negros con una camisa celeste y una corbata azul y, por encima, su bata blanca de laboratorio. Abajo, en el comedor del hotel, hicieron una selección de alimentos para llevar como almuerzo al colegio. Cuando tuvieron todo listo, partieron rumbo hacia el colegio.

-Buenos días, Yugi, Tea -saludaron Joey y Tristán de camino al colegio.

-Buenos días, chicos -devolvieron el saludo Yugi y Tea. Los cuatro amigos conversaron acerca de cosas triviales hasta que llegaron al colegio. Allí dentro, en el salón de clases, se sorprendieron al ver a Kaiba, sentado como si nunca se hubiese ido.

-¡Kaiba! ¿Qué haces aquí? -se le encimó Joey.

Tea, Tristán y Yugi se le acercaron de atrás.

-Es de mañana y ya comienzas a fastidiar, estúpido perro -dijo con su típica expresión de fastidio.

Joey lo miró con odio y cerró los puños.

-¿A quién llamas perro, maldito? -dijo haciendo ademán de golpearlo antes de ser detenido por su amigo.

-Joey, no puede ser que te pelées con él cada vez que se encuentran -dijo Tristán, suspirando.

-Es cierto, Joey. Y tú también sé menos odioso, Kaiba -aportó Tea.

-... -fue la brillante respuesta de Yugi.

En ese momento tocó el timbre y todos fueron a sus lugares. Entonces entró al salón un tipo que ni Yugi, Bakura, Tea, Joey y Tristán esperaban ver allí. El hombre era alto, de pelo blanco y rizado con expresión aburrida; llevaba gafas, pantalones negros, camisa celeste y corbata azul y encima llevaba una bata blanca de laboratorio. Algunos estudiantes se sorprendieron al ver que el sujeto allí de frente, parado, estaba fumando.

-Hola, buenos días, mocosos. Me presentaré: soy su nuevo profesor de Historia, Ginpachi-sensei. Mi comida preferida es cualquier cosa que lleve mucha azúcar, aunque debo mantener un límite por riesgo a contraer diabétes; y mi libro de texto preferido es la Jump. Listo. No hay mucho más que decir. Ahora les presentaré a dos nuevos estudiantes que los acompañarán por el resto del año. O quizás no, da igual.

Al escuchar su introducción, todos los presentes sintieron una gota de sudor rodándoles por una de las sienes. El nuevo profesor parecía ser muy honesto, había pensado la mayoría.

Todas las miradas se clavaron en la puerta y entraron dos chicos que los amigos de Yugi ya habían visto. Uno era un chico de estatura normal, con gafas y pelo negro corto.

-Buenos días. Soy Shimura Shinpachi, mucho gusto -dijo sonriendo con simpatía.

Al lado suyo había una chica petisa de pelo pelirrojo atado con dos sujetadores de pelo chinos a los costados de la cabeza. Nadie fue capaz de verle los ojos por las gafas inmensas que utilizaba.

-Yo, guys! Yo soy Yato Kagura. Por favor sean amables conmigo -dijo saludando con la mano en un gesto neoyorquino.

-Bueno, eso es todo. Kagura, Shinpachi, vayan a tomar lugar a esos dos asientos atrás de todo. -dijo Ginpachi-sensei, y los dos fueron a sentarse.

-Emm...Ginpachi-sensei -un chico de la segunda fila levantó la mano.

-¿Qué sucede, Jimmy?

El chico hizo una mueca de dolor.

-Mi nombre no es Jimmy, ¿de dónde sacaste que es Jimmy? -preguntó indignado.

-Todos los que no conozco son Jimmy para mí -se excusó el profesor.

Varias caras sudorosas aparecieron de vuelta.

-Emm..como sea, ¿por qué fumas, Ginpachi-sensei? Pensaba que estaba prohibido.

El sensei lo miró.

-Esto no es un cigarrilo, Jimmy. Es una paleta.

Todos lo miraron como si estuviese loco, excepto Kagura y Shinpachi.

-¡¿Quée?! Eso claramente es un cigarrilo, Ginpachi-sensei -exclamó Joey precipitadamente.

El permanentado lo miró con ligero fastidio y se quitó la paleta de la boca, sorprendiendo a todo el mundo en la clase, excepto a Shinpachi y Kagura, por supuesto.

-¿Cómo es eso posible? -gruñó Kaiba.

Gintoki, o mejor dicho, Ginpachi-sensei, se volvió a llevar la paleta a la boca.

-Sé lo que muchos deben estar pensando ahora mismo, es sólo azúcar, nada malo en absoluto.

-¡Estoy seguro que hay algo que está muy mal, si hechas humo por esa cosa! -exclamó Tristán.

Yugi estaba sin palabras.

Yugi, ese tipo definitivamente es Gintoki, el tipo que conocimos al otro día. ¿Crees que aún deberíamos confiar en él? -preguntó Yami dentro de su cabeza.

Aún sigo esperando que no sea un mal tipo -le contestó Yugi.

A eso Yami no le respondió.

-...entonces este año escolar estudiaremos algo así como Egipto en la Antigüedad, pero antes les contaré sobre los hechos previos a la creación del gran Reino Egipcio -explicó el nuevo profesor, ganándose el interés de muchos de los presentes.

-Verán -empezó a decir-, antes de que evolucionáramos a ser Homo Sapiens, existieron una raza primitiva a nosotros y que aún sigue viviendo entre nosotros...los gorilas.

Todos se quedaron boquiabiertos con su ridícula introducción al tema. ¿Enseio, gorilas?

-Eeey, ¿no se supone que los egipcios eran Homo Sapiens? Estoy bastante seguro de que los egipcios no eran gorilas -dijo Shinpachi a todo volumen, sobresaltando a más de uno.

Este chico va a ser molesto -pensó Kaiba.

-Paciencia, aún no he llegado ahí, Shinpachi-kun. Va a pasar un largo período de años antes de que los gorilas evolucionen a ser egipcios -explicó.

No me gusta la manera en la que habla. -dijo Yami, claramente ofendido.

No te ofendas por lo que diga, Yami, es historia después de todo. -le contestó Yugi.

¿Crees que soy un gorila o algo? -preguntó Yami sarcásticamente.

Yugi hizo un intento patético de reprimir una sonrisa.

Ví eso -lo notó Yami.

-...resulta ser que en Egipto circulaba un río muy famoso llamado Nilo. Más adelante, cuando los egipcios ya se habían asentado allí, se construiría un calendario para las fechas de subida y bajada de la creciente. En épocas de crecidas, el Nilo arrastraba a la orilla una clase de limo negro que servía de fertilizante para la agricultura. Sabiendo eso, los egipcios aprovecharon el fertilizante para los trabajos agrícolas. Supongo que entenderán que en un gran desierto como lo era Egipto, era difícil encontrar tierra fértil y agua -. Todos asintieron -. Entonces distintos pueblos egipcios se asentaron cerca del río Nilo y surgió una gran rivalidad con estos pueblos ya que ambos compartían distintas creencias y otras cosas que no tenían en común. En esos tiempos, el pueblo egipcio estaba dividido en el Bajo y el Alta Egipto, y ambos tenían un rey que usaba coronas de distintas formas, representando sus pueblos. Luego apareció un rey que decidió pelear contra el otro y así unificaron los pueblos y se convirtieron en un reino. En Egipto -dijo Gin-sensei.

-¿Y qué pasó con los gorilas? -preguntó Kagura. Shinpachi en ese momento deseó que la tierra lo tragara vivo.

-Es sencillo, Kagura-chan. Los gorilas pasaron de estar desnudos a utilizar prendas egipcias -le respondió, y en su mente se proyectó una imagen de gorilas con túnicas y sandalias egipcias en el desierto.

-¡Entonces lo único que evolucionó fue la ropa, ¿verdad?! -exclamó Shinpachi, con expresión psicótica.

Todo el mundo en clase lo miró sorprendido de que un chico de aspecto inocente fuera a revelarse de tal forma con su profesor.

-No exactamente, Shinpachi-kun. Recuerda que todo hombre evoluciona según lo que utiliza. Como cuando dicen que la ropa que uno lleva puesto es lo que refleja la personalidad.

-¡Eso no tiene absolutamente nada que ver! Y además eso sólo se lo aplica a los Homo Sapiens -argumentó Shinpachi.

-Shinpachi tiene razón, ¿qué diablos tiene que ver la ropa con la evolución del hombre? -interfirió Joey.

-Mucho. Gracias a la ropa podemos clasificar a los distintos tipos de personas. Por ejemplo está desde el rapero primitivo que hace rap urbano hasta el rapero moderno que se enfoca en hacer temas pobres para la empresa de la música. Todo evoluciona.

-¡Todo lo contrario, han retrocedido en la escala evolutiva! -exclamó Shinpachi.

-Emm..¿tienes idea de lo que estamos discutiendo, Yugi? -le susurró Tea a Yugi.

Yugi la miró y se encogió de hombros en gesto divertido.

-Creo que pasamos de hablar de Egipto a hablar sobre gorilas raperos.

Tea por poco cae de la silla.

-Bueno, alumnos. Parece que ya casi toca, nos veremos la semana que viene o cuando sea el horario. Hasta luego. Y estudien -finalizó diciendo Gin-sensei, antes de abandonar la clase.

Tocó el timbre dando inicio al recreo y Yugi y sus amigos intentaron acercarse a Shinpachi y Kagura.

-Nosotros ya nos encontramos, ¿o me equivoco? -dijo Tristán.

Shinpachi y Kagura se dieron vuelta y para su horror (o mejor dicho de Shinpachi), eran los protagonistas del anime. Shinpachi empezó a sudar.

-Eh...¡oh, mirá Kagura-chan! Ese jardín de ahí parece ser muy interesante, deberíamos ir a verlo -dijo Shinpachi, intentando evitar el contacto visual con los protagonistas del anime al que invadían.

-Tengo hambre, Shin-chan. Vayamos a comer algo -se quejó Kagura haciendo caso omiso de Yugi y los otros.

-¡Recién te acabas de comer el almuerzo, Kagura-chan! Ven vamos a ver el jardín -dijo, arrastrándola literalmente fuera del alcanze de Yugi y sus amigos.

Los recién nombrados se quedaron perplejos al ver lo rápido que esos dos se habían esfumado de sus vistas.

Joey frunció el ceño.

-No confío en esos tipos. Actúan demasiado sospechoso.

-No nos digas, Joey -dijo Tea rodando los ojos.

Joey miró a un lado, sonrojándose.

-Parece que no soy el único que cree que algo extraño está sucediendo, ¿no? -apareció de repente Bakura atrás de ellos. Los compañeros de clase se sorprendieron al ver que se trataba de su identidad malvada.

Al verlo, Yami salió del rompecabezas.

-¿Qué te traes entre manos, Bakura? -preguntó con su voz autoritaria.

Bakura sonrió maliciosamente.

-Nada en particular. En realidad estoy tan bien informado como ustedes acerca de estos tipos que se hacen llamar la Yorozuya. Pareciera ser que intentan no llamar la atención, aunque fallan terriblemente.

-¿Dijiste Yorozuya? -apareció Kaiba de repente.

Todos lo miraron sorprendidos.

-¿Sabés algo, Kaiba? -preguntó Yami.

Kaiba lo miró con recelo.

-Nada que te importe. Ahora díganme, ¿qué saben de los Yorozuya? -exigió saber Kaiba.

-No diremos nada si tú no nos dices -dijo Joey.

-A tí nadie te preguntó, perro.

-¿A quién le decís perro, maldito? -Joey intentó abalanzarse contra Kaiba, pero fue detenido por Tristán.

-Suelta el trapo de una vez, Kaiba -le espetó Tristán, intentando apaciguar a Joey.

-Te diremos lo que sabemos, pero prométenos decirnos lo que sabes. Sin guardarte nada -sentenció Yami.

-Bien, se los diré. Pero primero vayamos a algún lado más privado -acordó Kaiba.

-Emm...¿de qué están hablando, chicos? -preguntó de repente el verdadero Ryo.

Los chicos, a excepción de Kaiba, lo miraron con preocupación.

-Nada que sea importante, Ryo -dijo Yami.

-Sí, no te preocupes. Son sólo cosas triviales -dijo Tea.

Ryo parpadeó y los miró confundido.

-Oh, bueno. Voy a buscar algo de comer, ¿alguien quiere algo? -preguntó amablemente.

Todos negaron con la cabeza y Ryo los dejó atrás.

-¿Qué fue eso? -preguntó Joey.

-Parece ser que Bakura prefiere investigar por su cuenta. Déjenlo ser -Kaiba se encogió de hombros.

Yami frunció el ceño.

-Preferiría evitar que haga cualquier cosa pero, dadas las circunstancias, nuestra mejor jugada sería conocer a los Yorozuya antes de que Bakura lo haga -opinó con confianza.

Todos, excepto Kaiba, asintieron.

-Eso me recuerda, me tienen que decir quienes son los Yorozuya. Estoy casi seguro que ustedes lo saben -dijo Kaiba.

Yami asintió y lo miró.

-Son el profesor y los dos nuevos estudiantes. El que se hace llamar Ginpachi en realidad se llama Gintoki. No me preguntes por qué optó ese nombre. Los otros dos se llaman Shinpachi y Kagura.

Kaiba no se mostró tan sorprendido, aunque en realidad lo estaba.

-Ya veo...¿saben algo más?

-Sí -afirmó Yami -. Al otro día Yugi y yo lo encontramos a Gintoki en un parque por acá cerca. Llevaba ropas de samurai y tenía una espada de madera.

Kaiba frunció el ceño al escuchar la nueva información.

-Es verdad, y a los otros dos los vimos cuando aparecieron de repente en la tienda del abuelo de Yugi. Nos preguntaron desesperados si habíamos visto a Gintoki en algún lado. El chico, Shinpachi, tenía el mismo aspecto que Gintoki y la Kagura llevaba prendas chinas -aportó Tristán.

Kaiba se puso un dedo en el mentón e intentó analizar la información.

-Ya veo...entonces puede ser que los tres se separaron o algo así -razonó.

Tea abrió los ojos.

-¡Es verdad! Y Bakura les había contestado que ya lo había visto a Gintoki hace un rato. Aunque no deberíamos hacernos conclusiones descabelladas por eso. Bakura nos dijo que Gintoki le había preguntado por direcciones, nada más -dijo Tea.

-Entiendo. Entonces puede que por eso Bakura también está metido en todo este rollo -dijo Joey.

-¿Ahora te das cuenta, Joey? -dijo Tristán, para nada impresionado.

Joey apretó los dientes y lo miró enojado.

-Te hemos dicho todo lo que sabemos. Esos tres forman parte de lo que es la Yorozuya. Y trabajan de alguna cosa, aunque no estamos seguros aún; ahora es tu turno -dijo Yami, intentando ganar la atención de Kaiba, que estaba concentrado en sus pensamientos.

Kaiba alzó la cara y lo miró con cara inexpresiva.

-Bien, se los diré.

Los cuatro amigos agudizaron el oído para lo que venía.

-Estaba varado en un lugar oscuro, ya saben, esos callejones a los que nadie se aventuraría ir por nada del mundo. Habían unas cuatro siluetas negras y escuché lo que decían. Dijeron algo de haber hecho lo que el "amo" les había dicho, y dijeron una cosa más que no logro sacarme de la cabeza...

-¿Que fue? -preguntó Yami.

-"Pronto la Yorozuya provocará el caos y ambos serán cancelados..."-citó Kaiba de memoria.

Yami-Yugi y los demás lo miraron sorprendidos, sin poder comprender.

-¿Qué dijiste? -dijo Joey.

-No me hagas repetirlo, perro.

-¿Los Yorozuya provocarán caos? ¿Que querrán decir por eso? ¿Y quién será aquel "amo" del que hablaron? -Tea se hizo todas esas preguntas.

-¿Pudiste ver los rostros de los cuatro hombres? -preguntó Yami.

Kaiba negó con la cabeza.

-Lamentablemente, no pude. Pero creo que podría reconocer sus voces si los escuchara hablar.

-Eso es algo, supongo -dijo Tristán.


Gintoki estaba cansado. Cómo hubiese querido echarse en la silla de su escritorio y dormir con las patas encima del mueble. Si estuviese en la Yorozuya lo estaría haciendo ahora mismo. Pero nooo...tenía que estar atrapado en un anime desconocido y sin ninguna clase de ayuda a su disposición. Lo bueno era que estaba al menos con Shinpachi y Kagura. Pero no podía evitar preguntarse qué era de la vida de los demás en Gintama. Buena pregunta, de hecho.

El autor gorila les había dicho que en algún momento se presentaría ante ellos y les daría un mazo de cartas a cada uno. El por qué no lo sabía, ni le importaba. Sólo deseaba que el asunto se sanjara cuanto antes para volver a hacer lo cotidiano. Tanta normalidad en la gente le estaba empezando a hacer aburrido. En Gintama todos tenían la característica de ser "especiales" (anormales) a su propio modo. Acá, en Yin-Yan-You o como se llamara, todos eran de actitud correcta y te censuraban al decir el más leve insulto como p*** o c***. ¡Era demasiado molesto!

Gintoki estaba guardando su libro de texto (la Jump), cuando de repente un salvaje Shinpachi apareció en frente suyo.

-¡GIIN-SAAN! ¡Tenemos problemaaas! -exclamó Shinpachi, aferrando fuertemente la manga de Kagura.

Con un movimiento rápido, Kagura atisbó un puñetazo en la cara de Shinpachi.

-¡OIII! Eso no era necesario, Kagura-chan.

-Te dije que me soltaras, debería estar comiendo sukonbu ahora mismo, no haciendo el ridículo con vos llevándome a pasear de la manga -dijo Kagura con desdén.

-¡Nunca me dijiste que te soltara! Y no veo ningún sukonbo por ningún ladooo.

-Ey, ey paren con esta mier**, ¿qué sucede? -interfirió Gintoki, intentando retomar el hilo de la conversación.

Shinpachi se dirigió a él con cara angustiada.

-Son los protagonistas del anime, Gin-san. Nos reconocen, y peor aún, sospechan de nosotros.

De repente Gintoki se puso tenso y empezó a sudar. Kagura no entendía muy bien lo que sucedía, pero se dejó llevar por la corriente.

-¿Qué haremos, Gin-san? ¿Realmente fue una buena idea inscribirnos en esta secundaria? No creo que el autor gorila hiciera esto por nada -fundamentó Shinpachi, algo nervioso.

Gintoki asintió, con una mano en el mentón en gesto de pensante.

-El autor gorila puede ser bruto a veces. Pero cuando se trata de proteger a Gintama, estoy seguro de que él daría todo. Debe haber una razón, por supuesto. Pero hay algo que me huele mal en todo esto.

-Tienes razón, el gorila ese de ahí huele a mala suerte -dijo Kagura, señalando a un costado del salón vacío de clase.

Shinpachi y Gintoki se dieron vuelta y se encontraron cara a cara con Sorachi.

-¡Autor gorila! -exclamaron los dos sorprendidos.

El gorila se metió un dedo en la nariz y dijo:

-Les traje unos mazos de cartas.

...

-¿Es en serio? ¿Eso es todo? -dijo Shinpachi con voz monótona.

...

-Sí, tomen -dijo y, acto seguido, les lanzó a cada uno un mazo de cartas de Duelo de Monstruos.

Los tres Yorozuya agarraron los mazos en pleno vuelo.

Al ver sus cartas, Gintoki se sorprendió al ver que eran personajes de Gintama.

-¿Qué es esto, Gori-san? ¿Por qué están los estúpidos de Gintama? -preguntó, incrédulo.

Te podemos oír, idiota -dijo una voz asquerosamente conocida. Gintoki supo que Mayonara.

¿A quién le decís gorila? -dijo otra voz conocida. Gintoki la identificó como una tal empleada de cabaret y hermana de un tal Yorozuya.

Ja, ja, ja, ja, parece que nos metiste esta vez a todos juntos en un gran aprieto, Kintoki - dijo un tal piloto.

-¿QUÉ ESTÁN HACIEENDOO? ¿POR QUÉ HABLAN DENTRO DE MI CABEZA? ¿A QUIÉN LLAMAS KINTOKI, MALDITO BASTARDO? -Explotó Gintoki.

Kagura y Shinpachi lo miraron sorprendidos.

-Nosotros también los escuchamos, Gin-chan -dijo Kagura.

-No entiendo. ¡¿Por qué están metidos en unas cartas?! ¡¿Qué está sucediendo?! -exigió saber Shinpachi.

El gorila los miró con detenimiento y luego de un par de segundos, habló:

-Estas cartas que les doy tienen distintos personajes de Gintama. El autor de Yu-Gi-Oh me dejó darles estos mazos, así que más les vale agradecerme.

-¡¿Agradecer, quéee?! ¡En vez de ayudarnos, haz traído a la desgracia misma! -gritó Gintoki.

El autor gorila lo ignoró y se fue así sin más.

-Ese gorila... -el aura asesina de Gintoki empezó a resplandecer.

Kagura y Shinpachi hicieron caso omiso a la reacción de Gintoki y salieron del salón de clases con los mazos de cartas en las manos.

-¿A quiénes tienes en las cartas, Kagura-chan? -preguntó Shinpachi.