Hola.
Lo sé, tarde un poquito en subir capitulo; es que las vacaciones no me dejan tiempo para pedir la compu y subir el capitulo.
La verdad es que este episodio no tiene mucho parecido con el real, y me ha gustado más este que el de la verdadera escritora.
Saludos y cualquier critica, es bien recibida.
Autor: MarzelineFilth y ELIZABETHSHANE (gracias por tu ayuda ;D).
CAPITULO 10: LA LLEGADA DE ALGUIEN INESPERADO.
Kagome se había levantado de buen humor.
Se había puesto el vestido verde, que hacía ver su piel blanca y su cabello más negro. Y se puso unas grandes arracadas que habían sido de la embajadora y se coloco perfume de jazmín en su piel.
Se miro fijamente al espejo y se sonrió a sí misma. No había pensado en Inuyasha al momento de vestirse. Había decidido ese vestido porque era elegante, dejando ver lo tanto que le importaba el trabajo, pero también… por Sesshomaru.
Y se sintió palidecer.
¿Desde cuándo pensaba en el señor Taisho como Sesshomaru?
Kagome se alejo con paso rápido. Bajo dos pisos y sin pararse a observar quien estaba despierto, se dirigió al estudio del señor Taisho.
Kagome golpeo la puerta con fuerza. Lo había hecho nerviosa, y lo estaba. Las manos le temblaban y el cuerpo se le erizo. Desde el día anterior cuando el señor Taisho la había observado se sintió intimidada y débil. Parecía que la miraba con deseo, pero tal vez solo eran tonterías suyas.
Volvió a llamar. Pero nada.
Entonces con el impulso que le nace en el pecho a uno, llamado instinto o curiosidad, Kagome deslizo la puerta.
Una mujer estaba de pie mirando hacia el jardín.
Sus ojos celestes le atravesaron el corazón sorprendiéndola. Era preciosa. Su kimono era naranja con flores blancas, y tenía además muchas capas de tela, lo cual significaba que la mujer era tal vez heredera de alguna dinastía o hija de algún terrateniente. Sus labios eran rosas, sus pómulos resaltaban haciendo que su cara se viera ovalada y perfecta. Pero algo no encajaba en tanta distinción y eso era su cabello; su melena larga y castaña estaba suelta y era peinada por la mano de la mujer. Las damas de clase jamás llevaban el cabello suelto, a menos que fueran a tomar un baño o estuvieran a punto de dormir.
"Buenos días." Susurro la mujer mientras se inclinaba.
Kagome reacciono y se sintió tonta. "Buenos días, mi nombre es Kagome Higurashi." Se inclino también respondiendo el saludo.
"Soy Sara Asano." Dijo la joven con una sonrisa y se le acerco con tranquilidad a la morena. "Disculpe que pregunte, pero… Qué hace usted en el estudio de Sesshomaru."
Kagome sintió un mareo. ¿Porque esa extraña decía el nombre del comandante con tanta ligereza?. Ni los hombres más cercanos a él se atrevían a llamarlo por su nombre.
"Soy la nueva institutriz que contrato el señor Taisho..." Kagome se sintió intimidada de la proximidad de la mujer. Estaba a solo dos pasos de ella.
"¡Usted es la institutriz!" Exclamo aliviada Sara mientras sonreía. "Sesshomaru ha de estar muy agradecido de su llegada. Disculpe mi cuestionamiento. Es un verdadero placer señorita Kagome, ¿Puedo llamarla así?"
"¿Dónde está el lord Taisho?" Pregunto con un nudo tapándole la garganta.
"Querida, Sesshomaru esta de cacería con los grandes señores de la región." Sara se acomodo rápidamente el cabello, recogiéndolo mientras caminaba hacia la entrada y abría la puerta. "Venga conmigo. Las damas se encuentran en el jardín central esperando por sus compañeros. La verdad es que no les agrado mucho a las señoras de la región, pero me gustaría presentarme con una mujer inteligente." Pidió penetrando los ojos de Kagome.
La morena asistió estupefacta. La mujer era perfecta, su carisma, su belleza, su personalidad. Tenía todo lo que cualquier mujer podría desear. Y Kagome sintió envidia.
"Hábleme de usted, señorita Kagome."
Kagome que miraba el piso de madera levanto sus ojos para ver la amplia sonrisa que Sara aun portaba. Parecía feliz. Feliz de conocer a la institutriz.
"No creo que la vida de una maestra le guste mucho."
"Tonterías. Usted es una mujer intelectual superior a cualquiera. Y eso lo noto por la bonita ropa extranjera que trae usted puesta y que la porta con tanta soltura."
"Es que la embajadora me la regalo cuando vivía en Francia."
"¡Francia! Usted es una mujer de mundo. Me encantaría ir a los museos. ¿Son tan buenos como dicen?"
"Si. Son fabulosos."
Sara se alegro. Quería que Kagome se sintiera cómoda con su presencia. Tener una amiga en la mansión para ella era un lujo. Y conservaría a la joven de ojos chocolates a su lado, siempre que pudiese.
"Su cara es muy bonita. ¿Dígame? ¿Alguno de sus padres es extranjero?" Pregunto Kagome cuando ya las dos estaban se sentían mas en confianza.
"Si, mi madre era inglesa. Una mujer no muy lista."
"¿Por qué lo dice?"
"Querida, se caso con mi padre." Sara sentencio, mientras su mirada se oscurecía.
Juntas caminaron hasta los jardines. Ahí se encontraban todas las invitadas esperando por sus esposos. Todas las damas portaban kimonos muy elegantes y costosos, sus peinados estaban impecables, nada que ver como Kagome y Sara estaban peinadas. La mayoría estaban conversando en el centro del jardín, mientras que las más jóvenes se encontraban dispersas tratando de alejarse de la protección de la madre.
Kagome distinguió a lo lejos a la señora Koyuki, una mujer que buscaba hombres solteros, jóvenes y herederos de fortunas. Los enamoraba y se casaba con ellos. De repente morían por alguna extraña enfermedad dejándole una herencia demasiado prometedora. La dama estaba sola caminando. Kagome sintió pena por ella, nadie le hablaba, nadie la quería; y tal vez ella seria tratada de la misma forma, si es que se enteraban de sus orígenes.
"Señorita Kagome, que bueno que ha venido." Dijo Sango se acerco a ellas con una sonrisa radiante.
"Señora Sango, déjeme presentarle a una amiga que he conocido el día de hoy. Ella es Sara Asano." Comento Kagome mientras Sara sonreía abiertamente a Sango.
La esposa de Miroku al escuchar el nombre de la castaña arrugo el entrecejo. Asano, ese era el apellido más peligroso en esa región.
"Disculpe mi intromisión, pero… ¿usted es hija del terrateniente Soju Asano?"
Sara asistió molesta. Siempre era lo mismo. Siempre le preguntaban por su padre.
Los jardines estaban esplendidos. El rocío de la mañana había dejado húmeda la hierba, y el pasto que se sentía debajo de sus zapatos olía a fresco. Kagome amaba esa sensación, se sentía muy bien estando cerca de todas las damas de Japón. Se imagino agarrada del brazo de Inuyasha mientras caminaba por los jardines y se besaban enfrente de todas, para dejar claro quién era su mujer. Enfrente de Kikyo, frente a Izayoi, frente a su padre y Sota, frente a… el señor Taisho.
"Buenos días." Saludo la señora Toran quien miro a las tres jóvenes de arriba para abajo y cuando estas se alejaron, se volvió a su hermana Karan y ambas empezaron a susurrar.
Kagome no paso inadvertido eso. Todas susurraban. Yura Sakasagami una mujer de cabellos negros y rostro sensual también las miro.
"¿Por qué esa mujer nos mira tanto?" Pregunto Sara al momento de volver su cabeza y notar que la hermosa dama no dejaba de verlas.
"Ella es la señorita Sakasagami, hija de un importante mercader. No tomes importancia en que te mire, su lengua es bífida y tiene la sangre fría. Por cierto es muy amiga de Lady Kaneshiro." Dijo Sango.
"Las dos de la misma calaña." Dijo Sara. Y Sango soltó una carcajada.
"No sabía que te desagradara tanto lady Kikyo." Comento Kagome evitando mirar hacia donde Kikyo platicaba con la
"No me desagrada. Pero me molesta como es que quiere que Inuyasha haga las cosas que ella desea. Incluso ella amenazo a mi señor Miroku, le dijo que si no apoyábamos su matrimonio hablaría con el señor Taisho y le diría la situación. Claro está que yo me opuse, desde ese día ella trata de ignorarme." Dijo Sango arrugando el entrecejo.
"Yo he tenido muchos choques emocionales con ella, pero no las aburriré con eso."
Acercándose a ellas iban tomadas del brazo, Izayoi y Tsubaki. Tsubaki era joven, pero tan malvada que su cabello era blanco de canas. Se decía que ese era el castigo que tenia por odiar la belleza y juventud de las demás mujeres.
"Muy buenos días." Saludo con gracia Izayoi mientras les hacia una reverencia que era respondida por las tres mujeres. "Lady Sara, ¿No sabía que llegaba hoy?" comento sorprendida mientras se soltaba de Tsubaki.
"Si, lady Izayoi. Su hijo me invito a la boda del joven Inuyasha."
Kagome sintió un vuelco en el estomago. Había sido invitada personalmente por el señor Taisho a la boda de Inuyasha, ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué sentía celos? ¿Por qué llamaba a lady Taisho por su nombre?
"Veo que su hijo, Lady Taisho. Se ha dado a la tarea de invitar a cualquier clase de persona." Dijo Tsubaki con una sonrisa maliciosa. "Y más aun a gente que no concuerda con la sociedad en la que estamos."
Kagome estuvo a punto de defender a su ahora amiga. Pero Sara se le adelanto.
"Puede que todos los reunidos aquí comenten de quien soy hija. Pero yo no soy igual que mi padre, se-ño-ra."
"Eso es algo que no me interesa saber." Comento Tsubaki dándose vuelta y se alejo para conversar con una Kikyo que las miraba con frialdad.
"Sango, cariño. Caminemos las dos juntas un momento." Susurro Izayoi tomando el brazo de la joven mujer de Miroku.
"Está bien." Sango apenas pudo decir eso ya cuando Izayoi estaba caminando.
"¿Qué fue eso?" pregunto Kagome
Sara arrugo la frente. Y sus ojos se pusieron rojos, estaba a punto de llorar. "Mi padre es enemigo del emperador, Kagome. ¿Entiendes que significa eso? Ser hija de un traidor." Dijo mientras unas lágrimas resbalaban por su bronceada piel y se perdían en su kimono.
Kagome no supo que decirle. Solo la tomo de las manos y le sonrió.
"Al menos a ti te miran. Yo soy hija de un jardinero y mi madre era una cocinera. Eso es aun peor que ser la hija de un traidor." Dijo Kagome y entonces recordó las palabras de Sesshomaru sobre los secretos. "Por favor, no comente nada de lo que he dicho."
Sara sonrió y le tomo la cara con su mano derecha. "No te preocupes Kagome. Esta hora que has estado conmigo ha valido tanto la pena."
Ambas se callaron al ver llegar al comandante y a sus hombres. Todos, al ver que el hijastro de la señora Taisho se acercaba, hacían reverencia.
El tenía salpicaduras de barro en la ropa. Su pelo plateado estaba recogido en una coleta alta; su copete estaba húmedo y pegado a su frente. Se veía increíblemente apuesto, así de descuidado como estaba, sucio y varonil.
Sesshomaru ignoro toda muestra de atención. Caminaba hacia Kagome con determinación. Era hora que la joven fuera suya, tenía ganas de besarla, poseerla, romperla para que no fuera de nadie más. Solo suya.
Kagome no podía dejar de mirarlo, no entendía por qué, pero era como un sentimiento en su pecho creciendo. Tal vez, Inuyasha ya no era el que ella deseaba.
Su presa… su mujer estaba a unos cuantos pasos de él. Se sintió tonto, no le podía quitar los ojos de encima. Con ese espantoso vestido extranjero se veía preciosa. Parecía una deidad o una visión.
Izayoi lo observo de lejos. Y temió por la felicidad de su hijastro.
Kagome, hechizada por los dorados ojos de Sesshomaru, dio unos pasos avanzando hacia él. Estaban tan cerca, pronto sentiría los besos del señor Taisho sobre ella, y lo podría llamar por su nombre.
"Sesshomaru."
Y el encanto se esfumo.
Como un remolino travieso que en días de calor, ilusiona a las personas con la llegada de viento prometedor. Y siempre resulta que es fantasía. Una broma que le gusta jugar al clima. Y solo eso.
Sesshomaru se detuvo en seco, y desvió sus ojos hacia la mujer que se encontraba a unos pasos atrás de la joven Higurashi.
Sara lo llamo mientras corría hacia él y le hacia una reverencia.
No, no podía ser ella. No es que no quisiera ver a Sara, pero no era el momento. Aun no. Sus planes… quedarían arruinados. Sus planes eran hacer suya a Higurashi.
"¡Sara! ¿Qué haces aquí?" pregunto aun sin poder creer que su futura esposa estuviera justo enfrente a él.
"Te estuve esperando toda la mañana. Pero gracias a la señorita Kagome no me he muerto de aburrimiento."
Sesshomaru estaba anonadado. Miro más allá de la espalda de Sara y vio que Kagome pestañaba intensamente. Como quien quiere quitar una ensoñación en su mente, para caer de bruces sobre la fría hierba de la realidad.
Sintió su pecho subir y bajar de decepción. ¿En qué maldito momento le había dado a entender a Sara que quería que volviese?
"Así que estuvieron juntas. Me da gusto que no te sintieras aburrida en mi espera." Mencionó, mientras dejaba de observar a Kagome y fijaba su vista en Sara.
"Tonterías, querido. Sabes muy bien que no puedo estar sin ti." Dijo la joven de ojos celestes sonriéndole de oreja a oreja. Tomo sin permiso el brazo de su futuro esposo y lo jalo. "Reunámonos con los demás." Pidió y se volvió hacia Kagome. "¿Viene con nosotros?"
Kagome asistió. Avanzo lo más aprisa, no quería verlos tomados del brazo. No a ellos dos. Cuando vio a Kikyo agarrada del brazo de Sesshomaru, sintió un escozor en sus venas; pero eso eran celos pequeños. Los que sentía en ese momento era un fuego que crecía desde la punta de sus pies hasta el último y más fino cabello de la cabeza.
Esa mujer, su nueva amiga, esa tal Sara, era mucho más que una simple mujer en la vida de Sesshomaru. Y lo pudo notar porque el dejo de mirarla para observar a Sara de manera diferente. Porque Sara le había hablado como ella se le pegaba la gana y el no había dicho nada. Porque a Sara no la intimidaba. Y deseo desde ese día no volver a sentir nada por un hombre como Sesshomaru Taisho.
Pero que tonta. Ella amaba a Inuyasha, no al señor Taisho.
Ya junto a los demás invitados, nadie se atrevió a mirar de mala manera a Sara. Todos le hicieron un saludo cortes y todos le dieron los buenos días. Kagome se dio cuenta que Kikyo junto a su amiga Yura susurraban. Y a excepción de la última, Kikyo se dio media vuelta, ignorando cuando Sara pasó por su lado.
"Muy buenos días, señorita Higurashi."
El asombro la enmudeció al darse cuenta que era Inuyasha el que se encontraba detrás de ella, a su lado estaba el señor Miroku; también sus ropas estaban llenas de barro y su pelo húmedo. Inuyasha, aquel increíblemente guapo joven que se veía mucho mejor que su sucio y feo hermano mayor. Inuyasha quien había pasado inadvertido.
"Ya te recuperaste." Exclamo con asombro Kagome, dedicándole una radiante e ilusionada sonrisa.
"Si, pero aun estoy un poco lastimado." Inuyasha se anticipo a cualquier pregunta. "Escuche a una de las doncellas gritar porque se estaba cayendo de la escalera, corrí y la alcance a sujetar… En fin si ella hubiese caído, se habría hecho mucho daño."
Todos se acercaron a preguntar sobre la salud de Inuyasha. Las damas más jóvenes revolotearon a su alrededor, impidiendo que Kagome y Kikyo se acercaran a él; incluso lady Izayoi no pudo acercarse mucho a su hijo. Así que esta pudo ver la cara de escepticismo que tenía Sesshomaru.
"¡Inuyasha!, así que salvaste a una criada." Molesta Kikyo, llamo la atención de su prometido.
Inuyasha apenas y la miro. "Si."
"Inuyasha, tu prometida y mi querida Sango están esperando a que te dignes a contar más sobre tu encantadora historia." Miroku se acerco a Kagome y le sonrió.
Sango lo miro con cuestionamiento. Y ella solo pudo asistir.
Inuyasha dejo de sonreír y miro con molestia a su mejor amigo. "No molestes Miroku. Ya basta de hablar de mí. ¿Qué cosas emocionantes han pasado desde que me fui?" pregunto alejándose de las jóvenes y caminando hacia su madre, a quien le dio un beso en la mejilla.
Kikyo lo miro con odio. Aun y cuando estaba al lado su prometido este no le dedico ninguna mirada "Nada, Inuyasha. Sin ti, no paso nada." Fue lo único que se le escucho decir en toda la tarde.
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"Parece cansado, señor." Naraku se acerco a Sesshomaru mientras este observaba como Inuyasha se aproximaba a Kagome.
"Si, estuve despierto hasta muy tarde."
Naraku sonrió. "Confió que fue por estar idealizando algún plan contra nuestros enemigos del sur." Susurro. "Pudo haberme despertado señor, y con mucho gusto le hubiese ayudado."
Sesshomaru se volvió con una mirada que paralizaría a cualquiera. Naraku también estaba manchado de lodo. Llevaba adherida la cara de hipócrita más que el barro en su ropa. Pero pronto Sesshomaru lo despojaría de todo, menos del barro.
"No creo que me pudiese ayudar con eso. Estuve con la señorita Higurashi."
No hubo disimulo en el asombro de Naraku. "¿Qué?"
"Ambos descubrimos que tenemos muchas cosas en común."
"¿Usted y la niña? ¿ la hija del jardinero?" La voz de Naraku escupió desprecio.
"Naraku, hay que ser un imbécil para no darse cuenta de que ella ya no es una niña."
"Tiene razón señor, la señorita Higurashi se ha vuelto toda una mujer, y una muy deseable." Naraku aprovecho el momento en que Sesshomaru se volvió para dirigirle una mirada lasciva a la espalda de Kagome. Tal vez no era la mujer que él deseaba, pero podía ir a visitarla por las noches. Naraku hizo un gesto de desprecio hacia la joven, que el mayor de los Taisho fácilmente pudo entender. "Sigue siendo la hija del jardinero."
"Y siempre lo será." Dijo Sesshomaru también con desprecio. Aunque el sabia que muy en el fondo no era verdad.
Miroku se dirigió hacia ellos a grandes zancadas. "Que gran día, señor Sesshomaru. La señorita Higurashi le ha caído muy bien a su futura esposa. Además Naraku, fuiste el que más aves mataste hoy." La sonrisa de Miroku normalmente era vivaracha y alegraba a la gente, pero esta nunca iba dirigida al capitán.
"Gracias Miroku. Búscame hoy antes de la cena."
"Sí, señor." Dijo Miroku notando la cara hosca que puso Naraku
"¿Así lo crees?" Pregunto Sesshomaru de forma sínica, mientras avanzaba con paso rápido seguido de su capitán y dejando atrás a Miroku.
Naraku dirigió una sonrisa burlona al abogado y siguió caminando. "Ella aun tiene la pinta de seguir enamorada de Inuyasha."
"En absoluto." Sesshomaru arqueo una ceja. "Regreso por Inuyasha, pero el siempre está dispuesto a estar con cualquier mujer."
Los ojos de Inuyasha estaba en Kagome, y su sonrisa de necio se negaba a alejarse.
"¿Qué puedo decirte, Naraku? Ella es muy enamoradiza." Sesshomaru estaba molesto, y al no poder despotricar en las narices de ella, lo hacía con su capitán.
"Si, ahora que me doy cuenta, ella sonríe a todos de la misma manera. Si me permite, su hermano seria un tonto si se casara con ella y no con la señorita Kaneshiro. Así como usted, que sería un hombre malvado si deja a la señorita Asano."
"Pero ella es una buena persona, es educada e intensa… No te hace falta oír eso." Sesshomaru sonrió de lado imaginado que Naraku debió de haber interpretado sus palabras. "Aunque me sorprende la comparación que has hecho sobre ella y Kikyo."
Naraku ensombreció la mirada. Los rumores eran ciertos. Estaba obsesionado con la joven de cabellos Negros.
Sesshomaru arrugo el entrecejo como si estuviera consternado, y la verdad es que lo estaba. "Espero que no cuestiones mi comportamiento. Hace mucho no me sentía así y tal vez nunca lo haya sentido." Al menos eso era verdad. Nunca había sentido las ganas de matar a Naraku. Y jamás había sentido deseo hacia Sara.
"En absoluto, señor Sesshomaru. Pero comparado con su hermano…" Naraku hizo un ademan hacia Inuyasha quien caminaba delante de ellos con Kagome. "A lo que me refiero, es que su hermano se comporta de manera diferente con ella, y usted se comporta como si ella fuese una mujer más."
"Me eh encaprichado con ella, Naraku. Y pienso ser tan imparable cortejándola como lo soy en las batallas."
Percibió como Kagome se despedía de Inuyasha con una reverencia y se alejaba a toda prisa. Inuyasha se le quedo mirando, pero cuando Kagome doblo una esquina volvió a unirse al grupo donde iba las señoritas. Sesshomaru desvió la mirada hacia Kikyo. La joven iba rezagada del grupo junto a la señorita Yagasagami. Su mirada fría no se apartaba de Inuyasha ni un instante.
"Le di órdenes estrictas a la señorita Higurashi de que no se entretuviera por aquí, por miedo a que podamos traicionarnos."
"Pero la señorita no parece su pareja." Naraku seguía hablando con desprecio. "Parece inadecuada. No entiendo porque usted ha permitido que se mezcle entre los invitados. Sé que usted respeta al padre de ella. Pero, ¿le importa más que la señorita Asano?…"
"No has entendido nada, Naraku. Ella me pertenece." Sesshomaru experimento una oleada de intensa satisfacción al hacer su declaración. Pero se estaba dejando llevar por esas tonterías y decidió parar.
Con un ademan con la cabeza, Sesshomaru indico a su capitán que lo siguiese a su despacho. Al llegar ahí, una de las doncellas dejo sake en su mesa de té y se retiro con una reverencia.
"Tengo problemas. Algunos de nuestros hombres han sido descubiertos y alguno ha estado dando información al maldito de Ryuukotsusei." Dijo Sesshomaru tomando el sake de su vaso.
"No lo creo señor." Naraku abrió los ojos sorprendido.
Sin poder ver el rostro de satisfacción de Naraku, Sesshomaru sirvió sake para que el tomara. "A decir verdad, no sé quien sea."
"Tienes sus sospechas ¿No es así, señor?" La voz de Naraku sonó empalagosamente seductora.
Sesshomaru dejo su vaso y lo miro fijamente. Naraku apretó los puños por inercia.
"Sí, creo que es Bankotsu."
"¿Bankotsu?" Naraku lo observo con incredulidad.
"Sé que lo aprecias, pero tienes que aceptarlo. Podría ser cualquier otro, claro está." Sesshomaru se quito su espada y la dejo de lado; quería que Naraku lo viese confianzudo. "La mala noticia es que aunque deseo matar a ese maldito Ryuukotsusei, no podre hacerlo si no me apresuro."
Naraku parpadeo arrugando el ceño. "¿Por qué tanta urgencia?"
"Existen rumores de que está muriendo; se dice que está buscando tener un heredero. Pero… son solo rumores."
Un paso en falso, que Naraku aprovecho.
"Necesitara ayuda, mi señor."
"Mis hombres estarán vigilando por los jardines para seguir a Bankotsu, tu encárgate de que todo quede en secreto." Si, estaban ahí fingiendo seguir a Bankotsu cuando en verdad seguían a Naraku. "Así que por ahora no te ocupo, pero te ordeno que te quedes al pendiente de muchos asuntos."
"Claro, señor, aria cualquier cosa por usted." Naraku lo miro de una forma que asustaría a cualquiera. Sus ojos violetas y su cabello negro parecían de un demonio.
Sesshomaru penetro sus ojos. Tratando de negarse que su antiguo camarada ahora fuera su más mortal enemigo.
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Sara caminaba sola por la mansion. Tarareaba una canción dirigida a los reyes ingleses, pero con una entonación angelical y fuera de lo común.
La canción hablaba sobre la hermosa Londres, lo magnifico que era la naturaleza, y la hermosa reina. Cantos que se decían cantaban los ruiseñores cada mañana a la salida del sol. Un poema recitado al sol y la luna. Y una canción que ella abría deseado con todo el corazón haberle cantado a su madre cuando aún estaba a su lado.
"¿Qué haces aquí?"
Sara se volvió enseguida asustada. ¿Por qué un hombre la estaba siguiendo si ella era la futura esposa del comandante? Se podría decir que nadie tenía derecho siquiera a dirigirle una mirada. Entonces lo vio de hito en hito y relajo el semblante.
"Ah, eres tú. ¿Pensé que era alguien más importante?" dijo volviendo a entonar su canción. Y fue interrumpida por él.
La tomó de forma agresiva, pero su semblante estaba relajado. Sara no temió a su reacción, no en ese momento. Ella se movió, hacia una de las paredes, oculta, no quería que nadie los viese.
"¿Por qué has venido? Sabes que tu llegada era hasta después de la boda."
Sara sonrió y acarició con la yema de sus dedos los sabes labios rosas de su acompañante. Y con mucha pasión lo beso.
Ambos compartieron un beso intenso, sus lenguas se entrelazaban dejando en claro el erotismo del momento. Sus cuerpos se acercaron, ella le acarició la espalda, y él le acariciaba un seno, un deseo irresistible aun cuando el lugar y sus ropas les impedían estar juntos.
Pero ese no era el momento. Ese no era el hombre que ella deseaba. Él hombre que ella quería tenia cabellos plateados. Él hombre que besaba la hacía sentir libre. Libre de un mundo que odiaba, de su padre y de toda la responsabilidad que tenia sobre sus hombros.
"Déjame." Susurro separándose, aun y cuando sus labios se rosaban, ella tuvo el valor de alejarse aun más. "Sabes que no es bueno que te involucres conmigo."
"Lo dices por Sesshomaru."
Sara se sorprendió. "Lo digo por mí, Naraku."
Y ahí, sola como se sentía, la dejo. Sin besos o abrazos. Sin nada más que un vacio en el alma…
CONTINUARA…
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