Luego de hacer las compras, Shinpachi volvió a su habitación del hotel y se encontró a Kagura comiendo algunos dulces que Gintoki había guardado en el refrigerador portátil. Aquello no le sorprendió para nada.
-He vuelto, Kagura-chan. ¿Dónde está Gin-san? -preguntó mirando a ambos lados de la habitación.
Kagura se dio la vuelta.
-No sé. Supongo que está tan deprimido que se fue a emborrachar a algún lado.
-¡No digas eso, Kagura-chan! No creo...bueno de hecho si es posible -admitió.
-¿Crees que deberíamos ir a buscarlo? -preguntó Kagura con restos de chocolate en la cara.
Shinpachi largó una bocanada de aire con los ojos cerrados y se encogió de hombros.
-Déjalo, ya volverá. Démosle un rato y si no regresa vamos a buscarlo.
-Bien -asintió Kagura y siguió en lo suyo.
Lo primero que sintió Gintoki al despertar, fue un molesto dolor de cabeza. No era como si nunca los hubiese padecido antes, por supuesto. Beber da tanto placer como disgusto, pensaba. Y ese agudo dolor de cabeza y pérdida de memoria era un buen ejemplo.
Luego escuchó algunas voces. Gintoki se hizo una nota mental de que aún parecían no haberse percatado de su despertar. Pero al intentar moverse, descubrió que estaba atado a unas sogas.
Mierda, y además no tengo mi espada, maldijo Gintoki, mentalmente.
Gintoki cerró los ojos e intentó tocar un punto de su mente para tranquilizarse. Visualizó una botella de leche de fresas y un gigantesco helado de todos los sabores dulces del mundo. Aquella imagen lo relajó y luego se concentró en escuchar las voces, aún sin abrir los ojos.
-¿Crees que Arkana derrotará a este tipo? -preguntó uno de ellos.
-Jojojo. No sabría que decir, nunca en mi vida he escuchado de este tipo...¿cómo era que se llamaba?
-Sakata Gintoki -dijo una voz oscura y serpenteante.
Al oírla, de repente los músculos de Gintoki se tensaron. Algo en aquella voz le parecía vagamente familiar. Era pausada y áspera; igual de oscura y con resentimiento guardado como aquella vez cuando el maestro Yoshida Shouyou fue decapitado y Takasugi juró que destruiría al mundo entero con tal de vengar la muerte de su maestro.
Mantente cauto, dijo de repente Takasugi en su mente. Este tipo no se viene con nada bueno. Será mejor que encuentres alguna manera de matarlo.
Deja de invadir mi mente con tus pensamientos escabrozos, Takasugi, dijo Gintoki al tiempo que abría un ojo.
-Oh...mira quien se levantó. ¿Dormiste bien? -preguntó un tipo con el rostro oculto tras una capucha.
Gintoki, al verlo, apretó los dientes.
-Levántenlo -dijo el supuesto Arkana.
De repente, un par de manos gigantescas sujetaron a Gintoki por los hombros y lo hiceron levantarse con rudeza.
-¡Ey, ey! No deberían tratar así a sus mayores, es de mal gusto -dijo Gintoki con fastidio, ignorando una vez más lo que pasaba a su alrededor.
-¡Oh! Parece que a este tipo le gusta hacerce el gracioso, ¿no es cierto, jefe? -dijo una voz chillona. Gintoki no le pudo ver la cara porque la capucha le ocultaba el rostro. Gintoki se dirigió al supuesto jefe que era un tipo vestido de payaso diabólico (según como pensaba Gintoki).
-Miren, si lo que quieren es que les de los resultados de los exámenes de Historia o que les suba la nota de concepto, lo lamento pero no lo haré. No permitiré que me rebajen de esa manera. Pero si quieren les puedo dar resúmenes por una cuota de 100 yenes por mes, pagado en efectivo, no en tarjeta de crédito.
-No queremos nada de tí. Nuestro jefe quiere jugar contigo un duelo -dijo otro de los tipos encapuchados.
Gintoki lo miró con sus característicos ojos de pescado muerto y con la boca entreabierta.
-¿Entonces me estás diciendo que me secuestraron y me trajeron a este mugriento callejón, sólo porque querían jugar un jueguito? ¿Qué quieren jugar? ¿Al UNO? -dijo Gintoki, y de la nada sacó un mazo de cartas coloridas y extrañas para los tipos encapuchados.
-¿Qué diablos es el UNO? -preguntó uno de ellos con verdadera curiosidad.
A eso, Arkana lo miró con severidad y luego se dirigió a Gintoki.
-No pienses hacerte el listo conmigo. Sabes muy bien de que hablo... -pero Arkana no pudo terminar la oración, cuando vio que Gintoki estaba apartado en una esquina, y sus "secuaces" estaban sentados en ronda aprendiendo las reglas del UNO.
-Tengo una duda, Sakata-san, ¿qué se supone que debo hacer cuando se me terminan las cartas? ¿O directamente gano? -alzó la mano uno de ellos.
-Esa es una muy buena pregunta, Jimmy. A lo largo del juego debes intentar pasar desapercibido, y que los demás jugadores no se den cuenta de cuantas cartas te quedan. Esto que digo es porque, una vez que se te terminan las cartas, debes gritar "¡UNO!" antes de que los demás lo hagan. Si eres el primero en gritar "¡UNO!" ganas el juego, pero si alguien más grita "¡UNO!", entonces debes agarrar siete cartas y seguir el juego.
-Muchas gracias, Sakata-san. Desde ahora me llamaré Jimmy, ya que nunca nadie se molestó en darme un nombre -lo dijo con cierta tristeza.
Gintoki asintió y se llevó una mano al mentón.
-Bien, entonces tu serás Jimmy 1, tú Jimmy 2, tú Jimmy 3, y tu Jimmy 4. Serán el Cuarteto Jimmyástico.
Los encapuchados se miraron entre ellos y asintieron con energía.
-¡Muchas gracias, Sakata-san!
-¡USTEDES! PERO, ¿QUÉ DIABLOS SE SUPONE QUE ESTÁN HACIENDO? ¡PAREN DE IGNORARME! - estalló Arkana.
Los encapuchados lo miraron con cierto regocijo, pero se acercaron hacia el lado de Arkana.
-Lo lamentamos, Sakata-san. El trabajo llama.
Gintoki se encogió de hombros.
-Ni lo mencionen.
Ignorando el intercambio, Arkana sacó dos discos de duelo; uno se lo pasó a Gintoki y el otro se lo pasó por encima del brazo.
Gintoki lo vio con desconcierto y preguntó:
-Emm...¿se supone que me lo debo poner por el brazo, no?
-Hazlo de una buena vez -dijo Arkana con enfado.
Gintoki le obedeció e imitó a Arkana colocando la baraja en un bajorelieve.
-¡HORA DEL DUELO! -gritó Arkana y el mundo a su alrededor se tornó oscuro.
Gintoki abrió bien los ojos.
-¿Pero qué diablos es esto?
Arkana le sonrió.
-Estás en el Reino de las Sombras. Esto es un verdadero duelo. El perdedor se quedará aquí por siempre.
Gintoki frunció el cejo.
-Ey, ey, ¿para qué llegar tan lejos por un juego de cartas?
Arkana dejó de sonreir.
-Empezaré yo.
