Por fin capitulo 11 listo.

Este es muy largo y espero que les guste.

Explica un poco más sobre la relación de Sesshomaru y Sara.

Si han leído el libro original sabrán que decidí cambiar varias cosas, porque estoy adaptando la novela a los personajes de Inuyasha. Y no al revés.

Dejen comentarios al cabo son gratis ;)

Que lo disfruten mucho.

Autor: MARZELINEFILTH y ELIZABETHSHANE

CAPITULO 11: LA NOCHE LLENA DE ILUSIONES.

"Si sigues el arco del timos de la osa mayor encontraras una brillante estrella que se llama Arturo" Kagome señalaba el cielo oscuro. "Arturo empieza igual que arco; así podrás recordar su nombre."

Shiori imito el gesto de Kagome al señalar las estrellas, mientras asentía.

"Arturo es la estrella más brillante del cielo durante el verano y forma parte de la constelación Bootes. "

"Señorita Higurashi, ella no entiende nada, no se moleste en explicárselo." Rin observo a la joven institutriz hablarle a su prima mientras le decía algunos nombres de estrellas.

"Si, lo entiende perfectamente. Tendría que ser niña tonta si no lo entendiese, y ella es muy inteligente." Kagome sonrió a la albina.

Las estrellas relucían en el claro cielo estival; la luna llena brillaba de manera hermosa, resplandeciendo en las pupilas de las tres jovencitas. La luna… símbolo de la familia Taisho. Un emblema que portaban orgullosas las dos niñas que se encontraban con ella, y que pronto también Kagome.

"Señorita Higurashi, ¿Por qué la luna brilla tanto?" Rin pregunto mientras veía emocionado al astro.

"Eso es algo que en aun desconozco. Tal vez en algunos años habrá gente que descubra el por qué."

"Cuando sea mayor lo averiguare." La determinación de Rin se escucho igual a la determinación del señor Taisho. "Y sabré aun mas de la luna que los que la enseñaron a usted."

"Los astrónomos no recibirían muy bien a una colega femenina." La experiencia la obligo a decir algo como eso.

"Pues no debería de importarles que una mujer sepa más que ellos." La molestia retumbo en la voz de la niña.

Kagome se preguntó si, como institutriz de Rin, debería animarla a ser menos sentenciosa y a emplear más tacto, sobre todo cuando tratara con el género masculino. Pero ya habría tiempo de sobra para eso más adelante, así que se limitó a responder: "Créeme Rin," Rin arrugo la frente y luego sonrió. "serán unos tontos si no aceptan a alguien tan lista como tú."

"Señorita, ¿Quién le dio las clases sobre las estrellas?"

"Mi padre."

"¡Ah! A mí me gusta su padre. Me enseño a plantar un árbol en el patio del despacho de mi padre."

Shiori tiro de la falda de Kagome.

"A ella no le gustaba su padre. Le gusta el hermano de mi madrina," Comento Shiori con su inocente voz. "el joven Kohaku."

Rin se puso roja como un tomate. "Ella dice que se casara con el señor Bankotsu."

Shiori empezó a balbucear molesta, tratando de llamar la atención de Kagome. Y ella le sonrió. Amaba a esas dos niñas.

"¿Les gustaría que juntas encontráramos la estrella polar?" Las niñas se quedaron en silencio mirándola de forma feliz. "Buscaremos las dos estrellas indicadoras de la osa mayor. Las cinco constelaciones que rodean la osa mayor son…"

"Cassiopeia, Draco, Ursa Minor, Ursa Major, Capheus." Respondió Shiori citándolas en latín, no había duda que incluso su culta madre le había enseñado algo.

Kagome la observo, vio los cabellos blancos agitados por la brisa y se pregunto cuándo acabaría la niña aceptando que su destino seria quedarse en ese palacio. Que jamás volvería ver a su madre. A Kagome se le desgarraba el corazón al ver como la niña buscaba la dirección de su vida de forma equivocada. Con que Inuyasha pusiera más atención… pero él no sabía qué hacer. La señorita Kikyo tendría que enseñarle a ser un buen padre.

Kikyo… la futura esposa del aun soltero Inuyasha.

Shiori empezó a saltar de arriba abajo en el césped.

"Yo también se el nombre de las constelaciones, pero a mí me las enseño mi padre." Rin dijo antes de que la albina siguiera llamando la atención.

"¡Cállate tonta!"

"Basta Shiori, no le grites a tu prima." Kagome sonrió a la niña.

"No." Shiori se soltó de la mano de Kagome, quien las llevaba a la pagoda para poder ver mejor las estrellas, y corrió por el sendero gritando: "Libra, Pegasus, Andrómeda."

"Yo me porto bien y nadie me quiere. En cambio ella se porta mal y recibe toda la atención. Me gustaría que usted fuera mi prima en lugar de ella."

Rin tenía muchas razones para albergar sentimientos de coraje; al mismo tiempo tenia muchísimas cosas más que Shiori envidiaba: la seguridad de un padre y un hogar.

Kagome abrazo a la niña. "Esta noche no. Hay que sentarnos en la manta." Ella le había comentado a Shippo sobre su idea de mirar las estrellas, y este con gusto le había dado una manta y algunos bocadillos.

Al frente de la pagoda, tendieron la manta; Kagome y Rin se sentaron sobre ella. Esa noche, la música llegaba débilmente desde la mansión y la aristocracia japonesa asistía a una reunión más. Kagome y las niñas asistían al mejor espectáculo que les proporcionaba la noche… el manto estrellado.

"¿No es hermoso?" Kagome preguntó.

"Capricornus, Aquila, Cygnus… "Aullaba Shiori.

Hombro con hombro, Kagome compartía un momento con Rin.

"Ella es tu prima Rin, y viven juntas como si fueran hermanas. Todo el mundo odia a sus primos de vez en cuando, y de vez en cuando en cuando odian a sus hermanos."

Rin se relajo. "Escuche decir a papa, hace algún tiempo, que odiaba al tío Inuyasha."

Kagome deseo no haber escuchado eso. En un solo día se había dado cuenta de las similitudes que tenían las hijas con los padres. Rin, al no tener a su madre, se parecía en la obediencia y rectitud a Sesshomaru; Shiori era inquieta e insolente como Inuyasha. Y ambas podían aumentar más su parecido.

"¿Y tu papa sigue odiándolo?"

"No lo sé, pero lo he escuchado decir que mi tío es un inútil."

"Inuyasha no es ningún inútil" Las palabras brotaron en forma de susurro.

Rin no escucho.

-¿Cree que cuando sea mayor, como usted y papa, siga odiando a Shiori?"

Con una franqueza sin malicia, Rin agrupaba a ella y a Sesshomaru como adultos, y Kagome se sintió trastornada. ¿Desde cuándo no veía tan viejo al señor Taisho?

"Creo que la querrás la mayor parte del tiempo."

"Eso lo dijo la abuela Izayoi."

Shiori seguía gritando el nombre de las constelaciones, mientras giraba en su propio eje. "… Orión…"

Con un ruidoso suspiro, y ante la indiferencia de sus compañeras, Shiori acomodo su kimono para poder sentarse.

"Eres una tonta." Dijo Shiori.

"Tú lo eres mas." Respondió Rin.

Kagome se sintió cómoda entre las dos niñas. Pero algo la perturbo. Una sombra que estaba parada junto a unos árboles. Kagome no vio que se aproximaba, aunque si noto un escalofrió que alteraba sus sentidos. Forzó la vista, intentando identificar a la figura.

"¿Vendremos todos los días a ver la luna?" preguntó Rin con entusiasmo.

"Si." En realidad Kagome no presto atención. Entonces, el –quienquiera que fuese- se movió, y Kagome se sobresalto como un gato asustado. El corazón le latía con fuerza mientras miraba fijamente y…

"¡Papa!" Rin grito poniéndose de pie y corriendo tras él cuando Sesshomaru avanzo hasta donde la luna lo iluminaba.

Kagome se llevó una mano al pecho para aquietar el ritmo acelerado de su corazón. No tenía ganas de verlo. Se sentía enfadada con él.

"¿Quieres quedarte a mirar las estrellas?" Rin pregunto agarrando la mano de su serio padre.

"No. Eh venido porque es hora de que se vallan a dormir."

Las niñas rezongaron. Kagome se puso de pie, evitando que el señor Taisho la mirara.

"Las llevo enseguida."

"No es necesario." Sesshomaru hizo un ademan hacia las sombras. Dos figuras varoniles se movieron.

Shiori dio un pequeño grito de alegría. Rin sonrió. Kagome no supo cómo reaccionar.

"¿Recuerda al coronel Bankotsu y a mi abogado Miroku, señorita Higurashi?"

Sarcasmo… él se había dado cuenta de su miedo.

"Si, disculpen mi asombro es que no los reconocí." Kagome le sonrió a ambos e hizo una reverencia.

"Buenas noches señorita." Dijo Miroku haciendo una reverencia y cargando a Shiori que le pedía que lo hiciera.

"Buenas noches." El coronel Bankotsu también hizo una reverencia, pero el solo toco la cabeza de Rin. "Salimos a fumar un poco mientras que nuestras damas están distraídas." Rio un poco sacudiendo sus ropas elegantes. "¿Han aprendido mucho de las estrellas, niñas?" pregunto con una voz melodiosa.

"Sí, señor." Rin le agarro la mano juguetonamente. "Cuando sea grande voy a ser astrónoma."

"Y yo me casare con el señor Bankotsu" Shiori grito.

Todos soltaron una risita, excepto Rin quien miraba molesta a su prima. "No puedes porque él se casara con la señorita Yagasagami."

Miroku bajo a la hija de su mejor amigo, y la niña le siguió agarrando la mano.

La inquietud de Kagome desapareció; era evidente que las niñas confiaban en esos dos hombres.

Sesshomaru se puso al lado de Kagome, pero sin despegar su mirada de Bankotsu, como si entre los dos hubiese una conversación.

"Pueden llevar a las niñas adentro."

"No, señor Taisho. Yo llevare a las niñas adentro." A Kagome no le gustaba que la excluyeran por ser una mujer débil o que pensaran que era una niña tonta a la cual podían seducir. "Estoy segura que a los caballeros les gustaría entrar a la fiesta." Y cometió el error de mirarlo.

La luz de la luna esculpió el rostro de Sesshomaru. La piel parecía tan blanca como la porcelana más fina, su boca delgada hacia querer tocar sus labios, y su perfil parecía la de un ángel. La otra mitad de su rostro estaba oculto por las sombras.

Todo el poder que tenia sobre ella fue ejercido ante su poderosa presencia varonil.

"Quiero hablar contigo, Higurashi." La voz fría era de un hombre que esperaba ser obedecido.

Lo obedecería, pero no en aquella ocasión. Su terquedad le ganaba ese día a la razón.

"Volveré con usted después de dejar a las niñas…"

Sesshomaru le puso su varonil mano en el brazo, no puso ninguna presión, pero no había duda de que si ella se movía lo haría.

"Hablare contigo ahora."

"No se preocupe por nosotros, señorita. Como quiera tenía que entrar en este momento, si no mi amada Sango se enfadaría." Miroku dijo con un tono apaciguador.

Rin camino junto a él y Shiori se fue brincando detrás de Bankotsu.

Kagome observo al grupo alejarse, y con voz desaprobatoria añadió: "No debería de permitir que unas niñas confíen en hombres mucho mayores que ellas."

"Rin sabe que puede confiar en quien yo le diga, sabe muy bien que el capitán es un aliado mío. Shiori confía en Miroku porque es su padrino."

"El señor Bankotsu dijo que había salido a fumar, pero no olía a humo." Kagome pensó que Sesshomaru la observaba con desaprobación, pero él la miraba un poco sorprendido. "No debería confiar en un hombre que miente."

"Pondría mi vida en sus manos, y he puesto la vida de mi hija." La penetrante mirada de Sesshomaru la puso nerviosa.

"Bueno, me marcho a dormir." Kagome se soltó con un jalón y solo pudo avanzar un paso cuando Sesshomaru la tomo de nuevo y la voltio con fuerza. Kagome choco contra el pecho de él, y sin quererlo, evito con todas sus fuerzas levantar la vista.

"¿Por qué te quieres alejar de mi?" pregunto sintiendo el aliento de la joven cerca del suyo.

No era tonto, Kagome lo había estado evitando toda la tarde, desde la llegada de Sara.

"Porque tengo que dormir, mañana tengo mucho que hacer." Una excusa poco elaborada. ¿Cómo evitar sentirse mareada por tanto olor varonil y erótico que despedía? Su pecho duro y firme estaba a unos centímetros de su cara, y ella se negaba a mirarlo a los ojos. No caería en el hechizo de estos. Ya no más.

Con un movimiento rápido y preciso, la agarro de la cintura, se dejo caer en la manta y arrastro a la delgada Kagome junto con él.

"¡Señor Taisho! Un hombre nunca debe de usar su fuerza contra una mujer." Kagome lo empujo con sus débiles manos.

Kagome no soportaba el sonrojo en sus mejillas. Ella estaba arriba de él.

Y él solo observaba su nerviosismo, mirando sus pechos subiendo y bajando por la respiración que se había vuelto pesada, sintiendo el enojo en sus ojos chocolate, y notando como la joven se desesperaba.

Sin querer la soltó y ella de un brinco se acomodo a su lado. Más no se fue.

"¿Me dirás porque estas así?" pregunto dejando que la joven se sentará unos cincuenta centímetros lejos de él.

"Solo les estaba dando clases." Dijo sin mirarlo.

Parecía que sus intenciones eran buenas. Pero si hubiese sido cualquier otro hombre, y no el viejo y aburrido señor Taisho, se habría levantado y se habría echado a correr. ¿Porque Kagome se seguía mintiendo e ilusionando? sabia más que bien que el viejo Taisho se convertiría en aquel seductor de hacia unas noches.

Kagome se dio cuenta de un hecho sorprendente para ella: que el señor Taisho no solo era una máquina para hacer guerras y dinero impulsado por el poder y la avaricia. Era un hombre y uno muy apuesto.

El comprendió que ella no contestaría su anterior pregunta."No les des más clases, no aun. Tienes que ver primero cual será el papel que tendrás en sus vidas para que puedas acostumbrarlas a ti." La desaprobación con que lo dijo pareció sincera.

Kagome sonrió. No le gustaba en nada que su jefe le dijese esas cosas, pero se alegraba que la aceptara en la familia de cualquier forma. Sin volver su cara comento: "Les dije a las niñas que no sabía si seguiría como su institutriz. Les dije que estaba aprueba y que lo de esta noche seria solo un poco de lo que probablemente les enseñaría en un futuro. Creo que se la pasaron muy bien."

"Das la impresión de que te sientes irresponsable por no trabajar."

Kagome se sobresalto. Desde que había llegado a la mansión, constantemente se había sentido culpable de no estar trabajando. ¿Cómo es que él lo había notado?

"Le aseguro señor que no me ha perjudicado." Hizo una pausa. "Lo único que no me complace, es seguir esta noche con usted."

Había estado posando sin proponérselo para él. Sufriendo mientras ponía su espalda derecha y que el mirara su forma, por algún extraño deseo femenino de exhibirse y parecer atractiva, cuando en realidad le traía sin cuidado el hecho de que Sesshomaru reparaba en ella. Lo más probable es que Inuyasha ya lo hubiese hecho, pero Sesshomaru no.

"Claro que te gusta mi presencia. Si no, ya te habrías alejado de mi."

"Es obvio que usted tiene un dejo de superioridad y de narcisismo presente tanto en su porte como en su cara." Dijo Kagome mirándolo con molestia.

"Soy superior a cualquiera. Nací para eso." Sesshomaru nunca discutía con alguien, pero le gustaba hacer enojar a la joven azabache.

"La superioridad no tiene nada que ver con el hecho de comportarse como un…" Kagome no termino la frase. Se quedo muda al notar los ojos dorados de Sesshomaru mirándola con burla.

De no haber sido Sesshomaru el que estaba a su lado, pensaría que estaba intentado seducirla. Pero el era demasiado serio y frio como para pensar que esa noche acompañada de su sensual porte serian suficiente para tener algo mas con ella. Al menos, no cuando acaba de presentar a Sara como su futura esposa.

"¿Te quedaras viéndome o terminaras tu frase?"

"¡Como un mentiroso!" Grito sintiendo un enojo creciendo en su pecho.

El solo la observo. "No te he mentido. Jamás me preguntaste sobre alguna mujer en mi vida. Y jamás negué que Sara seria mi esposa."

"¡Usted me beso! Me oculto la verdad, tanto como a la señorita Sara." Mencionó ofendida.

"Te bese. Y te pedí disculpas por mi comportamiento. Me deje llevar por un impulso. Estoy seguro que Sara me lo perdonara."

Kagome sintió que exhalaba un suspiro. Tenía razón, ella nunca pregunto sobre su vida privada. Todas las conversaciones giraban en los sueños de ella, en las fantasías de ella, en la vida de ella. Ella no había preguntado nada sobre él.

Había pensado que Sesshomaru la apreciaba. El no se atrevería a besarla si no fuera cierto. A menos que, todo fuera un engaño. Su padre le había dicho que el señor Taisho jamás hacia las cosas sin un propósito.

Kagome ladeo la cabeza y miro al cielo. Las estrellas estaba ahí, observándolos, y a pesar de que ella lo sabia no podía concentrarse en el magnífico panorama que se le presentaba. Y todo porque el mismo hombre que estaba a su lado la había besado, pero lo peor es que pretendía que eso no le había gustado.

"¿Por qué no estás con Inuyasha?" Pregunto Sesshomaru. "Me comento que te había invitado. Además yo te di la orden de que asistieras."

"Por la misma razón que usted no está con la señorita Sara." Kagome seguía enfadada. Suspiro mirando hacia la mansión, tal vez en ese momento Inuyasha estuviese con Kikyo.

Sesshomaru arrugo las cejas. "¿Acaso… la joven Higurashi estaba celosa? Porque lo de Sara es algo que no te incumbe."

"Por supuesto. Pero entonces no me pregunte sobre el porqué no estoy en este momento con su hermano." Kagome soltó en un grito ahogado.

"Necesitas un kimono."

"No." Dijo secamente.

"No te lo estoy preguntando. Sé que con el sueldo de Institutriz no alcanzarías a comprar nunca uno."

Un pequeño recordatorio de que ella era la empleada, la niña que no tenía dinero, la joven que no tendría la fortuna de Sara.

Kagome estaba a punto de gritarle algo, pero sus palabras se perdieron en su boca. La redonda luna brillaba sobre el delgado y bien formado cuerpo de Sesshomaru, ofreciéndole que se viera más alto y hermoso. Kagome se sonrojo a más no poder. Dio gracias a que era de noche y el no se diera cuenta.

"No necesito ningún kimono" Kagome se estaba irritando. "Y menos si viene de usted."

"¿Por qué no estás en la fiesta?"

"¡Ach! ¡Ya le dije porque!"

"No lo has hecho. Solo dijiste que no tenía derecho a preguntar." La estaba molestando. Le gustaba ver sus reacciones, mismas que él no expresaba con facilidad.

"¡Eso no le incumbe!"

"Hazlo."

"¡Porque no quería verlo con la señorita Sara!"

Y se cubrió la boca. Sintió un cosquilleo de vergüenza paralizando todo su cuerpo. ¿Por qué diablos había dicho eso? Todos sabían que toda su vida se había imaginado coquetear con Inuyasha, sonriendo a Inuyasha… Sin embargo durante todo ese día solo la imagen de una mujer esbelta y hermosa había revoloteado en su mente… la de Sara. Besándose con Sesshomaru.

Kagome entristeció y bajo la mirada.

Kagome volvió su cabeza y se encontró tan cerca de él que casi sus narices chocaban. Sus labios casi se tocaron, y su aliento choco contra sus mejillas como si fuera una caricia.

Kagome dejo de moverse y solo lo miro fijamente. En la oscuridad solo podía verle el perfil, pero los últimos días lo había estado observando detenidamente, se había dado cuenta que su expresión fría cambiaba cuando estaba a punto de besarla.

¿Se dejaría llevar? ¿Quién podría ser lastimado por un beso? Estaba segura, que ella no.

No temía por la reprimenda de Sara.

Otra mentira.

Kagome cerró sus ojos.

Sesshomaru la acerco con su brazo; con el otro la abrazo, y la atrajo hacia él, hacia su varonil y fuerte cuerpo. Y le rozo la boca con la suya… Y fue igual que la primera vez. Mejor, porque Kagome ya sabía cómo corresponderle. Abrió los labios para él, enroscando la lengua con la suya y sintiendo placer al hacerlo. Ese exquisito erotismo bajo hasta su vientre y lo único que ella supo era… Sesshomaru.

Cuando Sesshomaru sintió como ella dio un pequeño gemido, su forma de besarla cambio. La saboreo más y la abrazo con más fuerza. La hierba, debajo de la manta, al ser aplastada desprendía su aroma y se mezclaba con él; a tabaco, sake y a calidez masculina, leve pero envolvente.

Kagome se dio cuenta que reconocería el olor en cualquier lugar.

Sesshomaru soltó un gruñido de impaciencia, y haciéndola girar sobre la espalda se levanto sobre ella, dominándola por su altura, su musculatura, su olor y su fuerza. La beso con ansiedad.

Para Kagome, él sabía a cielo nocturno, a oscuridad infinita, a un mundo perdido en el opio donde las emociones exóticas no paraban de oscilar, y él podía dirigirla y contralar todas sus acciones. Cada caricia de su lengua, la alejaban de la realidad, haciendo que fantaseará con las estrellas.

Con frenesí, la beso en las mejillas, le inclino la cabeza a un lado. Su boca ardiente beso el lóbulo de la oreja y bajo poco a poco por la garganta. Sesshomaru la deseaba; ella lo aceptaba.

Los besos iban camino hacia el sur. Con su lengua rozo el inicio del busto de Kagome. Kagome sintió su piel erizarse; mas aun cuando Sesshomaru con ambas manos tomo sus senos que estaban bien sujetos en el corsé.

Ella no tenía miedo. Al contrario, rodeo sus brazos sobre su espalda y susurro: "Sesshomaru."

La primera vez que lo llamaba por su nombre.

Sin previo aviso, Sesshomaru se soltó violentamente de su abrazo y se puso de pie de un salto.

Kagome se sentó rápidamente y se quito el pelo de la cara. "¿Sesshomaru?"

De la forma más peligrosa que jamás había hecho con alguien que no fuese su enemigo en batalla, Sesshomaru la miro.

"Taisho, ¿Qué sucede?" confusa pregunto la joven de ojos chocolate.

"Ve a ponerte tu mejor vestido." La voz seductora había desaparecido, sustituido por el tono gutural de una bestia que apenas dominaba la capacidad de hablar. "Coquetea con Inuyasha. Seduce a Inuyasha. Has que te vea con mi hermano… o descubrirás lo poco que me importas."

Y ahí, en tirada en el pasto, la dejo.

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Sesshomaru miraba fijamente a Kagome.

Afuera, la lluvia comenzaba a gotear sobre la madera y corría a raudales sobre la tierra haciendo que la noche pareciera oscura y deprimente. Las velas iluminaban el gran salón de té; el fuego bailaba sobre la cera blanca como si invitase a cualquier valiente a meter su dedo en la llama. Cada hebra de luz dorada se proyectaba sobre el brillante cabello de los invitados, especialmente sobre el cabello plateado del mayor de los Taisho, provocando que su pálida piel se viera bronceada.

Era guapo, eficiente, y se había atrevido a hacer una tontería. Le dio una orden a la estúpida hija del jardinero y esta lo obedeció sin protestar. Se había puesto un maravilloso vestido azul y se había dedicado a coquetear con Inuyasha toda la noche.

Era la hora de la cena. Todos se habían arrodillado y sentado cómodamente, mientras le eran puestos los grandes manjares. La familia Taisho siempre era los que se sentaban en la primera hilera frente a todos los demás, quienes eran forzados a mirarlos.

Se había empleado esa forma cuadrada para distribuir a los invitados, y todo porque la otra familia importante, en ese caso los Kaneshiro, no se sintiera menos en una casa ajena.

Kagome se encontraba en contra esquina de donde él se sentó. Lejos. Donde Inuyasha y el no podían alcanzarla. Solo el doctor Suikotsu, hermano de Bankotsu, hablaba con la joven a la vez que ambos lo hacían con Kikyo.

Y a él, al gran Sesshomaru Taisho, solo se había decidido a dedicarle unas palabras cuando Sara, tomada de su brazo, había caminado cerca de ella. Ignorándolo por completo.

Aquello no había salido como él lo había planeado. Lo que él buscaba era que ella se escondiera en su dormitorio. Había querido que ella llorara por sus besos y por él. Aquellos besos que él había encontrado incontrolables.

Su mirada se desvió a Sara. La hermosa mujer conversaba animadamente con Izayoi. Ambas estaban ansiosas por probar las nuevas delicias que eran presentadas para su cena.

Sara… la prohibida hija del traidor.

/

Cuando Sesshomaru se había convertido en el líder de la dinastía Taisho. Había decidido viajar por todo el país hasta hacerse más fuerte. Dejo atrás a su familia, a sus hombres, y los únicos que lo acompañaban era Bankotsu y Naraku.

Viajo a China, después de la guerra del opio. Viajo a Tailandia. Incluso a Europa para aprender más sobre las armas de fuego. Pero el lugar más peligroso siempre fue las tierras de Ryuukotsusei, las tierras del Sur.

Habían llegado a Kumamoto, y ahí fue donde la encontró.

Estaba el sobre su caballo, mirando el espléndido mar. Y ella estaba caminando con su sirvienta. Y sus ojos celestes chocaron con los dorados de él.

Un hombre de guerra y ella una princesa.

El siguió su camino, sin dejar de mirarla. Y ella siguió el suyo, volviendo su cabeza hasta que él se perdió de vista.

Al día siguiente ella volvió a ese mismo lugar y él también lo hizo, solo que sin compañía, sin su espada y sin su caballo. Solo se miraron, sin decir una palabra, solo era el aire susurrante quien movía sus cabellos el que hacia algún ruido. Solo se sentaban a mirar el mar. Y lo mismo pasó al día siguiente y al siguiente.

El rumor de que el hijo del gran comandante estaba en el pueblo no tardo en correrse. Y que la hija del gran señor Asano se veía con él fue un rumor aun peor.

A Sesshomaru eso no le importo, y como cualquier otro día se dirigió hacia el mar. En el mismo lugar donde la había visto por primera vez. Estaba dispuesto a hablarle, no sabía porque la mujer lo hipnotizaba tanto como para dejarlo mudo. Su belleza no tenia comparación, incluso superaba la de cualquier deidad. Sus ojos de lluvia eran algo sobrenatural y poderosos.

Y ahí estaba, sentada en la tierra sin que le importase el kimono ni lo que dirían, solo eran ellos dos. Y él avanzo lo más rápido que pudo, se agacho a su altura y la beso. Un beso apasionado… como él creyó jamás haber dado.

Sus ropas estorbaban, estaban excitados, sus respiraciones aceleraban. Y ahí en la orilla de la playa, hicieron el amor.

Se despidieron con la promesa de volverse a ver al día siguiente.

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El estaba enamorado. Si, enamorado de Sara. Pero… había llegado Kagome.

Su único objetivo era salvar a su hermano de las garras de Kagome, por supuesto, y cuidar que se hiciera la unión entre los Kaneshiro y los Taisho. Esa era su única meta.

Mentirse se estaba volviendo muy frecuente.

Distritos enteros temblaban bajo su mando, y Kagome parecía no importarle eso.

Muy en el fondo, Sesshomaru Taisho sabía que deseaba levantarse, ir hacia la joven y besarla hasta que a ella se le olvidara el nombre de cualquier otro hombre que no fuera el suyo.

Se estaba volviendo loco. Si porque, ¿desde cuándo anhelaba tanto a una mujer como Higurashi? En esos momentos ninguna mujer lo había complacido como se le complace a un comandante, y es que el no necesitaba buscar alguna, todas llegaban buscando al gran Sesshomaru. Pero… la única amante que se le pasaba por la cabeza era Kagome, Kagome y Kagome.

¿Por qué llamar a un sirviente por su nombre? Si solo sería una más.

Imaginaba sentir la suave piel de la pelinegra e incluso tocar sus pezones. Imagino su sabor y como se fruncirían cuando él los lamiera.

Si fuera un hombre sin disciplina e irresponsable, le enseñaría que aquellos besos solo era el preludio de otras delicias que solo él podría enseñarle. Cuando sus manos subieran por sus piernas, acariciaría cada centímetro de carne. Y, al llegar arriba, empezaría a tocarla con delicadeza, dándole tiempo a que se acostumbrara a la caricia de sus dedos.

El haría que Kagome lo mirara con esos ojos color chocolate y le pidiera más.

Claro que Sara seria su esposa, era una promesa que le había hecho a la castaña. Pero Kagome, esa criatura era suya. Era como un objeto preciado que no quería que nadie tocara, algo que se pudre con los años y que aun así se sigue deseando por su valor.

¿Podría amar a dos personas?

No. Se respondió a sí mismo. Ya había tomado su decisión.

Ella sonreía abiertamente a Kikyo, quien le respondió el gesto.

Él era el comandante Sesshomaru Taisho, y ella la hija del jardinero. Él la mandaría a parís, aun y cuando nunca más volviera ver esa sonrisa que hacía mucho no distinguía en una mujer.

La voz de Inuyasha lo saco de sus pensamientos abruptamente. No había notado cuando habían servido la cena.

"Quiero decir unas palabras." Dijo Inuyasha desde su asiento al lado de él. Todos pusieron atención, esperando el comentario del joven Taisho. "Quiero brindar por mi hermano mayor el gran Sesshomaru," Todos aplaudieron. Kagome lo miro un momento. Sesshomaru pensó en matar a su hermano. "y brindar por que después de mi boda, se celebrara la boda de él con la hermosa Sara Asano."

Los invitados aplaudieron fuertemente, tratando de que no se escuchara los grititos de asombro. ¿Qué hechizo habría puesto sobre el comandante la traidora Asano? ¿Cómo es que podía casarse con uno de los solteros más codiciados de la región?

Kagome sintió un nudo formándose en su garganta.

Sara aplaudió más que nadie.

"También hermano. Brindo porque te has comprometido con la segunda mujer más bonita de Japón y yo me casare con la más hermosa. Sin ofender Sara."

Sara le sonrió a Inuyasha. Sabiendo que el siempre le gustaba bromear con las damas.

Kikyo sintió ruborizarse. Pero enseguida su ilusión fue oscurecida por la amargura.

Inuyasha no la miraba a ella. Miraba a Kagome Higurashi, la mujer sentada a su lado, quien le sonreía con emoción al dar el primer trago al sake de su recipiente.

Kikyo desvió sus sorprendidos y furiosos ojos hacia otro punto en la cena. Y se dio cuenta de cómo Naraku la miraba. El acosador, pervertido, desesperante, y sobre todo encaprichado Naraku que parecía no tener a ninguna mujer en su corazón más que ella. La mujer que en su vida le haría caso.

Sin dirigirle palabra a Kagome o al Doctor Suikotsu se levanto con rapidez y salió del salón, dejando sorprendido a los que se encontraban cerca por la agresividad con la que se marcho.

Y Naraku hizo lo mismo.

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"¿Crees que no me he dado cuenta que me estas siguiendo?" Dijo dándose vuelta mientras notaba como él se acercaba a ella.

Su sombra oscura y firme avanzo hasta donde ella podía verlo. Ella había corrido hasta su habitación, y desafortunadamente se había dado cuenta de su presencia. El no la quería asustar, él quería consolarla hasta que ella estuviese dormida sobre su regazo y así el tener oportunidad de hacerla suya.

"Hermoso brindis, ¿No crees?" pregunto a propósito.

Hiriéndola aun más.

Kikyo soltó una carcajada muy amarga. "Tus burlas hacia mí no harán que de alguna forma te corresponda, Naraku."

"Solo pienso que Inuyasha no será el esposo más adecuado para ti." Dijo aproximándose más hacia ella.

Kikyo no retrocedió; al contrario, lo encaro. Evitando que él se diera cuenta que su piel se erizo del miedo que los ojos violetas le causaban.

"¿Y tu si?"

"Yo te trataría como a mi reina, lo que eres en este momento. Y no compararía jamás tu belleza con la de una simple muchacha."

Su mirada se ensombreció. Inuyasha, el mujeriego que siempre tenía a una bella joven a su lado. Naraku sin embargo prometía no rezagarla, ni dejarla a un lado, ni despreciada como se sentía. Tal vez en un mundo donde ella lo hubiese conocido primero, si habría querido casarse con Naraku.

"Deja a Inuyasha y se feliz por primera vez." Susurro de manera sensual a unos dos pasos de ella. "Tú siempre serias mi primera y última elección."

Kikyo se odio en ese momento. Y se sintió peor cuando el pudo oler su perfume de flor de naranja mientras le susurraba en su oído: "Yo te amaría todos los días, a ti y solo a ti."

Y en un rápido movimiento la beso. Fue un beso anhelado para Naraku, quien tomo entre sus brazos el delgado cuerpo de Kikyo y con la mayor delicadeza que podía, la abrazó. La guiaba mientras ella no sabía si corresponderle o no. Y el introdujo su lengua, profundizando el ansiado beso.

Pero se detuvo secamente. Retiro su rostro de ella, incluso soltando sus brazos de la diminuta y firme cintura. Viendo su vida en peligro.

"Creíste que besarme sería tan fácil." Dijo Kikyo de manera fría. Clavo un poco más el puñal con mango de plata en el cuello de Naraku, y este sangro superficialmente.

Naraku sonrió de forma malvada y molesta. "¿Qué te ha hecho enojar mas Kikyo? ¿Mi beso? ¿O el hecho de que te he hecho sentir mejor que Inuyasha?"

"Cállate." Kikyo apretó los dientes de forma furiosa. "Si no te alejas de mi, le contare a Sesshomaru lo que has estado haciendo con la zorra de Asano."

Naraku abrió los ojos sorprendido. Esa maldita de Kikyo sabía su secreto. Se tenía que alejar de ella. Tenía que terminar con su tarea antes de que se le ocurriera soltar su lengua y contarle todo a Sesshomaru. Y después, se vengaría de la pelinegra, lo haría lento y satisfactoriamente.

Nadie chantajeaba a Naraku. Ella era su obsesión más grande, y se juro que esa insolente de Kikyo seria suya antes de darle muerte a toda la familia Taisho. Y cuando él se cansara de montarla, no la dejaría. La retendría aun más a su lado, porque ella era de él. Y solo de él.

"Y si se te ocurre contarle una palabra a Inuyasha de lo que paso esta noche, te cortare el cuello. Así que no se te vaya a ocurrir hacer una tontería." Dijo quitando la punta filosa del cuello de la piel blanca de Naraku. "Y termina de una buena vez esa tontería con Asano."

Naraku le hizo una mueca en forma de sonrisa.

"Jamás me atrevería a causarte dolor, Kikyo. Y creo que tú lo sabes incluso mejor que yo." Le tomo rápidamente la mano libre y dio un beso en la punta de sus dedos.

Kikyo se soltó con rapidez y sin darle la espalda se introdujo a su habitación.

CONTINUARA…

El próximo capítulo es mi favorito, así que no se lo pierdan ;)