Hola!

Como están?

Espero que hayan pasado muy feliz año y día de reyes.

Lo sé, me tarde casi un mes en volver a subir capitulo, pero no tenia compu y tenía ya la idea pero ni como escribirlo.

Espero que lo disfruten ;) es mi capitulo favorito :B

Autor: MARZELINEFILTH Y ELIZABETHSHANE

CAPITULO 12: "LAMENTO."

La noche lluviosa había dejado paso a una mañana nublada. Inuyasha había preparado pequeña excursión hacia el lago donde solo los jóvenes que se encontraban en la mansión pensaban ir. Querían ir a fumar opio y hacer tonterías mientras sus padres aun estaban durmiendo.

Era lo único que harían. Derrochar sus herencias.

Kagome había rechazado la invitación, en primer lugar porque era muy temprano para ir al lago, en segundo lugar no tenía muchas ganas de ver a sus amigos mojándose para servir a los "amos", y tercera… había decidido quedarse dentro, ya que Lady Kikyo se negó a salir con tan nublado día, así que Kagome también lo hizo.

Kagome no quería que pensaran que se estaba ganando el amor de Inuyasha porque su prometida no estaba junto a él. Si el menor de los Taisho decidía quedarse con ella seria porque la habría preferido por sobre Kikyo.

Si Kagome hubiese sido la misma que llego de París, habría ido hasta Inuyasha y se lo habría llevado para poderlo conquistar sin importarle lo que pensaran los demás. Pero la nueva Kagome había estado conversando con los invitados hasta las tres de la mañana, comido en exceso y bebiendo sake al lado de Sango y Miroku; no tenía tantas ganas de enamorar a un hombre.

Era aun muy temprano y después de que el sirviente personal de Inuyasha la levantara, había decidido no volver a dormir. Qué gran tontería, haberse perdido de una divertidísima huida al lago y solo para estar parada como tonta en el lugar donde se encontraba.

Estaba parada de nuevo en la puerta del estudio de Sesshomaru. No sabía porque sus pies la habían conducido a ese lugar.

Y suspiro. ¿Por qué estaba ahí? No tenía lógica. Sesshomaru la había tratado de forma tan despreciable el día anterior y ella aun así pretendía ir a verlo solo para aclararle que no quería volver a tener nada con él. Al fin y al cabo, quien quería a su lado a un hombre tan mezquino.

Ella nunca había creído que Sesshomaru fuese más guapo que Inuyasha. Pero el mayor de los Taisho era interesante; un enigma, un misterio de miradas feroces en la sombra, tenía una sagacidad fascinante y una personalidad como ninguna otra.

Había sido él quien la había impulsado a ir a la fiesta de la noche anterior. Había necesitado de Inuyasha para sacarse de la mente la voz, las caricias y la mirada de Sesshomaru.

Decepcionada y dispuesta a alejarse de esa puerta, suspiro, pero una fragancia femenina la obligo a quedarse un poco más. Olía a flores de naranja. Ese perfume era el de Kikyo y estaba combinado con el aroma de Sesshomaru.

Sabía muy bien que no debía importarle por que el aroma de esos dos estaba revuelto; cierta fuerza superior le advertía que si se inmiscuía lo lamentaría, pero ignoro el llamado de su conciencia.

Maldita y estúpida curiosidad suya.

Abrió la puerta corrediza del despacho de su jefe y se sorprendió de lo que vio.

La señorita Kikyo estaba en el suelo, abrazándose las rodillas, con todo el kimono mojado y tiritando de frio. Su cabello abundante y lacio sobre su cara y hombros escurriendo gotas de agua.

Kagome corrió rápidamente a cerrar la puerta que daba hacia el jardín privado para que el aire fresco dejara de entrar al lugar. La señorita Kikyo no se lo agradeció.

"Señorita Kikyo, ¿qué le paso?" pregunto notando como la joven alzaba los ojos hacia ella y la miraba con tristeza. Jamás la había visto así, parecía una persona completamente diferente a la fría y distante que era. Parecía que todo en su mundo se había vuelto de cabeza, estaba toda despeinada y el maquillaje corría desde sus ojos hasta sus mejillas. Había perdido la elegancia que siempre la caracterizaba.

Kagome se acerco a cubrirla con su muy delgado abrigo, pero Kikyo no lo permito, poniendo una mano para separarla. "¿Sucede algo?"

La había descubierto, y parecía furiosa. Tenía razón de estarlo, pues otra mujer había estado desde las once de la noche coqueteando con su prometido.

"Se trata de Inuyasha." Susurro la azabache mirando al suelo para no llorar.

Ninguno de los sueños de Kagome estaba resultando tan maravilloso como había pensado. Y tampoco se habría imaginado estar consolando a la prometida del hombre que amaba. "¿Qué sucede con Inuyasha?"

Kikyo guardo silencio, invito a la institutriz a sentarse frente a ella y no hablo hasta que lo hizo. "¡Anoche estuvo coqueteando contigo!" grito y la miro con unos ojos tan fríos como aquella mañana. "Ayer te dedico su brindis ¿No te diste cuenta?"

Kagome empezaba a odiar el sarcasmo.

"¡Me negaras que él te gusta!"

No supo si se lo preguntaba o le exigía eso. "Señorita… yo."

"¡Cállate! ¡Soy yo la que habla en este momento, no tu!" Estaba completamente fuera de sí. Parecía que la desesperación se había apoderado de ella. Su cuerpo no se movía, estaba tieso por el frio, pero su cara era la única que parecía tener vida en ese momento. "¡¿Te gusta?!"

Avergonzada, miro a todas partes excepto la cara de Kikyo. "No negare que Inuyasha sea un hombre atractivo, pero jamás me atrevería a estar con él. Mi corazón pertenece a alguien mas."

¿Por qué mentía? Se sentía la peor persona en el mundo. La prometida de Inuyasha pedía su sinceridad y ella como una cobarde se hacía a un lado. ¿Por qué?

Inuyasha era la persona más atractiva que había conocido, y tenía un carisma que a ella la volvía loca. Estaba enamorada de él. Y lo peor era que tenía miedo de que Kikyo la odiara. Se había vuelto completamente una idiota. Ella tenía miedo de que Kikyo no le volviera a dirigir siquiera una mirada.

Porque le caía muy bien.

Y por eso estaba mintiendo. Mentía sobre un sentimiento que tenia hacia Inuyasha. Y mentía por decir que amaba a Sesshomaru. Cuando ella mejor que nadie sabía que eso era mentira.

¿Pero en qué momento ella había dicho que amaba a Sesshomaru? ¿Por qué el estúpido nombre había estado en sus pensamientos?

"Inuyasha coquetea con la misma facilidad que con la que respira. Para mí no significo nada." Otra vez lo que decía era falso. Claro que se había significado algo y eso era que sus sueños no se habían ido al demonio.

Kikyo arrugo el entrecejo y de pronto sintió sus ojos humedecerse mas y mas, hasta que no pudo controlar la única lagrima que escurrió por su rostro.

"Discúlpeme." Susurro agarrándose la cara con ambas manos y sintiendo como su cuerpo se destensaba. "Perdí la cabeza por los celos. Espero que no sienta odio hacia mí."

Una disculpa completamente sincera.

Kagome la dio su abrigo, una señal de que la perdonaba, tal vez algún día de la misma forma Kikyo la perdonaría por que planeaba quitarle a su prometido; Kikyo lo tomo con una sonrisa llena de vergüenza y tristeza. Se lo hecho a los hombros y sintió calor por primera vez en mucho tiempo.

"Nunca aprendí a conversar. Siempre que hablaba con alguien lo hacía de modo frio y la gente a veces se ofendía por eso." Kagome sintió mucha lástima por ella. "Yo no quería casarme; pero mi padre insistió y me comprometió con Inuyasha. Al principio lo ignoraba, lo odiaba. Pero por su forma de ser me enamore de él." Kikyo bajo la mirada. "Ahora que lo quiero, el a mí no. ¡Mírame, soy demasiado alta! A Inuyasha no le gustan así las mujeres."

"A Inuyasha le asustan las mujeres dependientes. Lo que pasa es que usted parece que no le toma importancia, camina lejos de él y es buena en la arquería." Kagome levanto la fina cara de Kikyo. "Los hombres siempre temen a las mujeres que son mejores que ellos en algo."

"¡Pero estoy cansada de fingir que él no me interesa! Él sabe mejor que nadie que lo amo. Una vez me beso. Y yo me sorprendí tanto que no le pude corresponder."

Kagome no supo que pensar de todo eso. "Bueno, la próxima vez que Inuyasha intente besarla, dele una cachetada y así él sabrá que no debe jugar con usted." Le sonrió y Kikyo le devolvió una sonrisa diferente, llena de agradecimiento y amistad. Ella pensó que serian muy buenas amigas.

De pronto se dio cuenta de lo que hacía, estaba aconsejándole a su enemigo cómo comportarse delante de Inuyasha y eso no era parte del plan. "Debo irme." Asustada se puso de pie, pero Kikyo la agarro de las manos.

"Eh notado como Sesshomaru te mira."

Kagome se sorprendió. Siempre había notado como Sesshomaru observaba todo de manera fría, pero jamás pensó en que el pensara en ella de manera diferente.

"Sesshomaru es un hombre diferente a los demás. se ha ganado mi admiración y respeto. Y si quieres conquistarlo debes ser muy lista." Kikyo seguía sujetándoles las manos.

"Usted debe ser muy inteligente con un hombre como Sesshomaru, y tiene que planear las estrategias mejor que el." Kikyo se puso de pie. "Y tener cuidado con esa arpía de Sara." Dijo con odio.

"¿Por qué la odia tanto?"

"Porque esa maldita…" dijo deteniendo las palabras. "Sera mejor que tú misma te des cuenta de lo traicionera que es."

Kagome asistió. Tomaría en cuenta el sabio consejo de Kikyo. Y ella en cambio le daría otro.

"Señorita, permítame decirle algo: usted es muy joven, ¿Por qué no se ha fijado en alguien que la aprecie?"

Se cubrió la boca con ambas manos, había dicho una tontería. ¿Cómo se le ocurrió decirle eso?

Kikyo sorprendida por el comentario no aguanto más y se soltó a llorar. Su llanto era realmente culposo. Kagome pidió disculpas enseguida dándose cuenta que la mujer frente a ella era sumamente infeliz.

"Deje que Naraku me besara." Dijo Kikyo poniendo gesto de repulsión en su elegante rostro. "Odio como me mira y odio como intenta coquetearme. Es un hombre despreciable. Y lo peor fue que me gusto saber que podía provocar eso en alguien."

Kagome sintió sus oídos retumbar. ¿Había escuchado bien? ¿Kikyo y Naraku besándose? Qué mundo era ese para que la joven Kaneshiro engañara de esa forma a Inuyasha.

¿Debía guardar el secreto? Si no lo hacía, seguro que sería expulsada de la mansión junto con Naraku, y ella tendría una ventaja increíble respecto a Inuyasha. Y si no lo hacía… todo seguiría igual, pero su conciencia estaría tranquila de no herir a la mujer que pronto traicionaría.

"Bueno ese será nuestro secreto. Además, no creo que se deba sentir mal, ya que Inuyasha coqueteo conmigo ayer así que es como si usted le pagara con la misma moneda."

Kikyo levanto su vista. Esa mujer… Kagome era una muy diferente a cualquiera que hubiera conocido. Era diferente a sí misma y mucho mejor que Sara. Ella había visto a Sara traicionando a Sesshomaru hacia unos meses cuando visito la mansión. La vio haciendo el amor con Naraku. Ambos estaban de pie y ella disfrutando de lo lindo pegada en la pared mientras era embestida por el imbécil del capitán.

Como la odiaba. Esperaba que Kagome fuera mucho más leal que Sara.

"Esta noche, cuando Inuyasha este a lado de usted cenando, haga que el señor Naraku se sienta cerca de ustedes. Cerca, mas no junto." Kagome sonrió al ver el ceño fruncido de Kikyo. "Y cuando Inuyasha se retire, ríe mucho como si no te preocupara que él se fuera."

"No podre hacerlo." Kikyo bajo la vista desilusionada.

"Claro que sí. Sonríale si como fuera a Inuyasha."

"¿Qué pasaría si Inuyasha no se da cuenta?" pregunto entrecerrando los ojos.

"Lo hará. Créame." Kagome estaba cometiendo una locura. ¿Por qué hacia eso? Había olvidado la rivalidad que sentía y le había contado todo lo que ella haria si estuviese en su lugar.

Aunque, una cosa era que Kikyo escuchara sus consejos y otra muy distinta era que los siguiera. Los intentos de Kikyo no influirían en que Inuyasha dejara de amar a Kagome, como ella no dejaría de amarlo para enamorarse de Sesshomaru.

"Debo irme. Si no me cambio me enfermare."Dijo Kikyo sin siquiera importarle que su kimono estuviese arruinado.

"Señorita Kikyo… espere." Fue ahora Kagome la que la sujeto de los brazos. "ahora que puedo estar más en confianza con usted, me gustaría preguntarle algo" Kikyo asistió dando su permiso. "Mi padre me hizo un comentario hace tiempo sobre que muchos hombres ansiaban que llegase la noche de bodas. ¿Usted sabe por qué?"

Sin saber si estaba siendo insultada por una experta o por una idiota, Kikyo aparto la mano de un tirón. "Nunca eh conocido a ningún hombre, si es eso a lo que se refiere."

"Disculpe, no fue mi intensión..." Kagome se sintió intimidada por la mirada molesta de Kikyo.

Kikyo suspiro. Kagome era aun muy joven, transparente e inocente. Kikyo nunca la consideraría una rival para ningún hombre. Si quería convertirse en la esposa de Sesshomaru (y ella la apoyaría), sin duda tenía que decirle algunas cosas.

"De acuerdo. Le contare lo que me ha contado mi madre."

Kagome apretó las manos de Kikyo.

"Cuando un hombre y una mujer se casan… bueno la noche de bodas siempre están desnudos. Tu esposo te tocara en ciertos sitios..." Kikyo se sintió apenada por lo que decía, así que bajo la voz. "Que te volverán loca."

Kagome se mordió el labio con decisión. Esa idea le parecía terrible, aunque nunca había escuchado a alguien decir que lo fuera.

"Imagino que los dos Taisho deben de ser muy buenos amantes, como para que todas esas mujeres los busquen." Dijo Kikyo con amargura. Enseguida volvió a mirar a Kagome con una pequeña sonrisa. "Tienes suerte de que Sesshomaru no sea un mujeriego."

Kagome no supo porque se sintió orgullosa.

"Me voy. Recuerde que dentro de poco habrá una fiesta en mi honor, por favor no vayas a faltar." Kikyo dio media vuelta, pero enseguida se volvió. "Muchas gracias, Kagome." hizo una reverencia y salió, dejando a Kagome con una sonrisa en los labios.

Kagome sonrió y se dejo caer en los cojines del despacho de Sesshomaru y se estiro dejando que su delgado cuerpo se arqueara.

Pero el ruido de una puerta abrirse la saco de sus pensamientos. Al deslizarse la madera del suelo, solo pudo ver la figura de un hombre alto.

"Veo que no entendiste nada de lo que ella te ha dicho."

S:S:S:S:S:S:S:S:S::S:S:S

Había encontrado a Kikyo llorando en su jardín. Ella lo había esperado para poder hablar con alguien. Pero Sesshomaru al verla mojada, le había pedido que fuera a cambiarse de ropa y que después regresara. Y ella así lo había hecho.

Pero cuando Sesshomaru trato de regresar a su despacho, se topo con la imagen de Kagome cerrando la puerta. Y como buen hombre, había escuchado parte de la conversación de las dos mujeres. Ambas eran casos perdidos.

Sesshomaru abrió la puerta despacio y la cerró tras sí. Esta hizo un ruido que se comparo con la de una celda cerrarse. Al dirigir su vista a Kagome no pudo evitar comprobar si llevaba puesto su corsé.

"No comprendo, ¿acaso Kikyo se te hace una rival tan fácil? Porque la he visto competir con muchas mujeres, y te diré que es una rival como pocas tendrás."

"Creo que se merece más que una vida al lado de un hombre que no le hace caso." Kagome trato de mirarlo con valentía, aun y cuando le había sacado un susto de lo más feo. "Quienquiera que pueda ser este."

Sesshomaru ignoro la forma en que ella trato de demostrarle que no tenía miedo. Y él solo sonrió de lado haciendo que sus mejillas recién afeitadas se arrugaran. "Nunca pensé que ella y tu supieran muchas cosas sobre las que pasaban entre un hombre y una mujer."

Kagome se sorprendió. ¿Cuánto de la conversación que había tenido con Kikyo había escuchado? Pero daba igual cuanto había escuchado. Kagome sentía sus mejillas arder.

Y él respondió su pregunta: "Eh escuchado lo suficiente como para saber que eres una mujer muy astuta." Sesshomaru le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. "Pero debes saber que Kikyo no es ninguna tonta y tarde o temprano se dará por enterada de lo que haces." La verdad es que solo había escuchado la última parte de la conversación, pues solo había escuchado lloriqueos y gritos.

Ella tomo su mano, porque él era Sesshomaru Taisho y ella no debía desobedecerlo.

Cuando el tiro de ella hacia arriba, Kagome se dio cuenta de su error. Sesshomaru no retrocedió para dejarle un espacio; tan solo tiro de ella hacia él. Le soltó la mano y, aprovechando el desconcierto de la joven, la hizo girar en redondo. Tomándole la cintura con sus brazos.

"Un movimiento ligero para que te recuerde a Inuyasha." Parecía sarcástico, indignado y ofendido.

Kagome giro solo la cabeza, ya que Sesshomaru le impedía más movimiento. "Si, me lo recuerda. Pero si fuese Inuyasha, vendría acompañado de algo divertido y romántico."

Sesshomaru pego su cuerpo, inclino la cabeza y la beso.

El honorable Sesshomaru desapareció. Dejando de lado a una bestia que no dejaba consideración para la falta de experiencia de Kagome. La beso de manera fiera, explorando su boca y abriéndola para que su lengua entrara en ella.

Kagome respondió, porque no sabía cómo no hacerlo.

El beso era extremadamente apasionado. Jamás pensó que tantas sensaciones podían expresarse en un solo momento, sintió sus manos cobrando vida y deslizándose solas por el vientre de la joven mujer. Esta no replico, parecía solo concentrada en responder el beso. Él podía escuchar sus gemidos y como eran callados por la lengua de ambos. Sus manos siguieron avanzando hasta colocarse en sus dos senos.

Kagome impulso su rostro para atrás.

Sesshomaru la dejo de besar. Solo para hacerla girar y empujarle los hombros hasta que la volvió a sentar, y sin ningún cuidado logro acostarla sobre el suelo con agresividad. Se subió sobre ella y aplasto su estorboso vestido.

El parecía más pesado sobre ella que la noche anterior, y esto era porque no le estaba importando la comodidad de Kagome. Pero sus besos sabían a pasiones oscuras. Asustada por el peso de Sesshomaru, y por la fuerza que aquel hombre estaba ejerciendo, Kagome se resistió a ser besada de nuevo.

La cogió por las muñecas, con una sola de sus manos, y se las levanto por encima de la cabeza. Llevaba puesta su ropa tradicional, pero para el caso bien podría estar desnudo. La tela de su vestimenta, no podían ocultar sus formados músculos y la superioridad de su poder. Si él quería que ella se diera cuenta de que era indefensa, lo había conseguido.

Los ojos dorados de Sesshomaru la miraron con ferocidad. "Nunca te soltare." Una amenaza. Una amenaza que expresaba más que solo palabras.

Kagome le devolvió la mirada con intensidad. "Señor Taisho, está comportándose como un imbécil."

"¿Te suele funcionar ese tono de voz?" Sesshomaru pregunto burlonamente.

Kagome volvió a intentarlo. "Está actuando como un impertinente."

"¿Con eso consigues que los estúpidos salgan huyendo?"

Lo hacían. Cuando se enfrentaban a la Kagome molesta, siempre los idiotas salían corriendo. Y era una tontería pensar que Sesshomaru era como ellos.

"¡No sé porque está enfadado, pero si no quiere arrancarme los brazos, entonces suélteme!"

Por un momento Kagome se sintió libre, ya que el torso de Sesshomaru no estaba pegado al suyo. Entonces, el se inclinó hacia adelante, apretando la parte inferior de su cuerpo contra la amplia campana del vestido de ella, y volvió a abrazarla con el cuerpo, demostrándole que estaba indefensa en sus brazos. Kagome trago saliva lo miro directo a la cara buscando alguna expresión de seriedad. Pero esa sonrisa en el rostro pálido de Sesshomaru demostraba que un demonio estaba poseyéndolo.

"Yo creo que tu y Kikyo si son vírgenes." Dijo con una voz ronca y sensual. "Si fueras una mujer con experiencia, no llevarías el corpiño atado hasta arriba."

Kagome bajo la mirada hasta su vestido, solo para ver que lo llevaba atado hasta el cuello. Se veía decente, se veía aun más que decente.

"En Francia, las mujeres no llevan el corpiño atado hasta arriba. Eso hace que los hombres queramos desatarlo. Eso es más que tentador." Llevo su mano derecha hasta los cordones. Sesshomaru le acaricio la hendidura del pecho.

Kagome respiro de forma rápida. Intento quejarse con valentía, pero su voz la traiciono: "Esto es una tontería."

"Me gusta la espalda de las mujeres. Pero el pecho no tiene comparación."

"¡Señor Taisho…!"

Débil fue ese quejido, pero es que estaba realmente asustada. No solo la estaba tocando, también había dicho pechos. Nadie, ni siquiera en parís, decía tan abiertamente esa palabra. Semejante lenguaje era un tabú. Y vulgar. E intimo.

Y debido a que Sesshomaru hablaba de sus pechos como si tuviera algún derecho sobre su cuerpo, el corazón de Kagome se puso a latir con fuerza, con un latido irregular e incómodo. Era casi como si ella hubiera estado huyendo de él a todo correr, y él la hubiera atrapado e hiciese con ella lo que le pareciera.

Ella estaba huyendo de él.

Y él, sin duda alguna, había ido tras ella.

Sin ninguna vergüenza ni decencia, Sesshomaru desato el lazo del corpiño. Kagome le había hecho un nudo doble, pero él lo deshizo rápidamente.

Kagome intento zafarse.

Sesshomaru iba deshaciendo el trenzado de una cinta a la vez.

Kagome se retorció, intentando liberarse antes de que el…

Sesshomaru ya le había desnudado el pecho, dejándole solo la tela interior. Y la miro.

El aire frio acaricio la piel desnuda de Kagome e hizo que sus pezones se volvieran duros.

"Muestra tu deseo." Sesshomaru le paso un dedo.

"¡Eso no es deseo! Es que tengo frio!" grito molesta.

"Te calentare." Susurro de la forma más sensual que ella había escuchado.

Kagome se sintió ruborizar. "¡No! Tápeme, por favor."

"No tienes que susurrar." Su voz era dura y ronca, rebosante de placer. "Nadie vendrá a molestarnos, a nadie le importara venir a mi despacho."

"¡A mi si!" grito desesperada. "¡Y a Inuyasha también!"

A la mención del nombre de su hermano, Sesshomaru la beso… Kagome bien podría ser un ratón en las garras de un león. Cuando ella puso resistencia, solo tuvo que sujetarla. Inclinado sobre ella, apastándole sus pechos con su ropa, le sujeto la barbilla con sus dedos.

Kagome se dio cuenta que la había soltado de las manos, lo agarro del cabello plateado y tiro con furia para alejarlo… Pero cuando Sesshomaru levanto la cabeza, un miedo la invadió.

¿Quién era ese hombre? sus ojos parecían rojos. Sonreía de forma perversa y sus dientes se mostraban de forma peligrosa. Así que lo soltó, pero él siguió con la cabeza levantada. "Señor Taisho… me está asustando."

Sesshomaru le deslizo la mano arriba de la tela, justo entre sus voluminosos y firmes pechos. "No es miedo lo que sientes." Le hueco la mano sobre el pecho izquierdo y le pellizco el pezón.

¿Qué era aquella mezcla entre vergüenza y excitación? Sesshomaru ya le había dado una prueba con anterioridad… pero eso había sido diferente.

"¿Por qué me amenaza de esta forma?" pregunto desesperada. Tomo los hombros de Sesshomaru y lo empujo, pero él era más grande y sus débiles manos no podían hacer nada con el musculoso cuerpo.

"Pregúntate mejor, que es lo que estoy amenazando en tu cuerpo." Se rio, pero fue una risa ronca que provoco en Kagome un escalofrió. "Crees que sabes, pero no es así."

"¡No puede hacerme esto!" grito furiosa forcejeando. "Esto que está haciendo no está bien."

"Estoy arto de hacer siempre lo que esta bien. Cuando termine… te sentirás feliz." Y con los dientes apretados añadió . "Y yo no"

"¿Por qué está enfadado conmigo?"

Sesshomaru sentó sobre ella, justo sobre sus piernas.

"Me hiciste creer que solo eras la hija del jardinero, una chica mas que estaba enamorada de mi hermano. Me mentiste. No eres la típica Institutriz que solo hace su trabajo."

"¡Yo nunca he mentido!" Grito molesta y desesperada.

"Me voy a desquitar." La atrapo entre sus muslos. Kagome le dio un manotazo y el capturo de nuevo sus manos.

"¡Nunca he cometido ningún delito!" Kagome se retorció. "¡Lo único malo que he hecho hasta ahora es darle un consejo a Kikyo!"

"Kikyo no me importa. Tú eres dulce, generosa, amable incluso con tu rival. Eres el tipo de mujer más peligrosa que existe. Y has arruinado todos mis planes." De un rápido movimiento con su mano que dejo libre, rompió la fina tela que cubría a Kagome de una desnudes total de su pecho.

"¡AH!" Grito. El ruido de la tela romperse la horrorizo. Sesshomaru se había vuelto loco.

Inclinándose sobre los pechos blancos de ella, Sesshomaru lo acaricio con su mejilla.

"¡NO!" grito de nuevo la joven asustada de sentir la cara del mayor de los Taisho cerca de ella.

"He decidido tomarme unos gustos que me vienen en gana." Su respiración era una caricia que chocaba contra la piel de Kagome. "Tus pechos son suaves, blancos y sensibles al tacto." Y le rodeo un pezón con la lengua. Las pupilas de Kagome se dilataron por el deseo. Y cuando Sesshomaru los chupo; no pudo mantener sus ojos abiertos.

¿Cómo es que él era capaz de hacerla sentir así? ¿Cómo era capaz de que hacer que su cuerpo se sintiera tan excitado? La sensación de la lengua del comandante, hizo que Kagome se arqueara entre los brazos que la aprisionaban.

"Te ordeno que me mires."Dijo con voz gutural.

Ella lo obedeció… sabia que un demonio lo estaba gobernando, pues, ¿Cómo es que un hombre con aquellas exigencias sexuales fuera Sesshomaru Taisho?

Haciendo presión entre las piernas de la joven, Sesshomaru se las abrió. Dejando las manos libres de la mujer. "No te voy a poseer."

"¡Si piensa que eso me tranquiliza, piense mejor en otra cosa!" Ofendida Kagome le dio una cachetada.

El soltó un gruñido de enfado. Kagome pensó que la golpearía, pero el solo había mostrado una parte de su deseo en forma de ruido. Levanto con dificultad la falda y deslizo su mano por la pantorrilla.

Kagome se retorció. "¡Esto no está bien!"

Sin hacer caso de los gritos de Kagome, ni de los manotazos, Sesshomaru deslizo sus dedos por la media de la joven hasta llegar a la liga. Ella intento patearlo; el aprovecho ese movimiento para romperle la ropa intima y, al hacerlo, sus dedos tocaron la entrepierna.

La facultad de hablar la abandono y la vista se le nublo por completo.

"Eres tan sensible… Por eso, hoy arderas para mí." Susurro con una sonrisa demasiada apasionada. Mientras dibujaba una sonrisa torcida en su atractivo rostro.

"¡NO!" grito Kagome. Estaba aterrada. Ese hombre se estaba aprovechando de ella y de su debilidad.

Ella sabía que lo deseaba. Ella no quería que parara. El señor Taisho era un símbolo de autoridad y arrogancia; Sesshomaru era sensual y lujurioso. Kagome no era capaz de juntar a las dos personalidades, y sabia más que nada que deseaba a ambos.

Pero tenía que parar. Si él seguía su decencia quedaría en los suelos, nadie se atrevería a mirarla de nuevo.

"¡Deténgase!" Unas lágrimas se deslizaron por sus ojos. "¡POR FAVOR!"

Él le separo los muslos y la abrió para acariciarla. Deslizándole el pulgar desde abajo y le separo los femeninos pliegues.

El corazón le palpitaba con fuerza, la respiración se salió de control y todo lo que acariciaba Sesshomaru le producía placer. Él le enseñaba lo que en verdad era el deseo. Le gustaba que el explorara donde ningún otro hombre había tocado.

"Cierra los ojos." Ordeno. No quería ver a la tonta niña llorando, odiaba ver su hermosa cara roja de las lágrimas que trataba de no dejar salir.

Kagome no quiso obedecer y lo miro con suplica.

Sesshomaru gruño pesadamente sobre ella, un sonido que solo haria un demonio que no está satisfecho. Volvió a pasar su pulgar una y otra vez hasta humedecer el área. A Kagome la pasión le quemaba las venas y terminaba en un cosquilleo en sus piernas. Sesshomaru le soltó los brazos; ella no lucho, sino que se agarro a su espalda, a cualquier cosa que la pudiese mantener en el mundo real, hasta que el cosquilleante placer siguió creciendo y creciendo hasta que creyó partirse de éxtasis.

Gimoteo, y la timidez la obligó a cerrar sus labios con fuerza. Y volvió a gemir.

"Déjame escucharte."

Kagome sacudió la cabeza de forma rebelde e intentando que se diera cuenta que no le cumpliría una petición como esa.

"¡Hazlo!" Con fuerza y decisión, introdujo el dedo dentro de ella, deslizándose sin dificultado por la humedad que había creado; giro la mano y apretó el clítoris contra sus dedos. Los movimientos hicieron perder la razón a Kagome, llevándola a un escandaloso clímax.

Sesshomaru Taisho la condujo hasta el final. Y cuando Kagome vio su cara, el, tenso y con ansias, le dijo: "Esto hará que nunca te olvides de mi." Y la beso.

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Naraku retrocedió, resbalando al hacerlo con un poco de agua que estaba regado en el piso en forma de huella. En su prisa por esconderse había caído pero no le importo mojarse un poco la fina ropa que traía puesta. Pero no debió de haberse molestado. La hija del jardinero pasó a su lado corriendo apretándose el corpiño, cegada por lo que le quedaba de vergüenza.

A Naraku le dio cierto temor de que Sesshomaru lo hubiese visto abrir la puerta corrediza de su despacho unos centímetros mientras estaba espiando, así que se debatió entre salir de su escondite he ir detrás de ella, o pasar delante del lugar como si no hubiese visto nada, cuando en realidad, había visto a Sesshomaru proporcionarle la clase de diversión que un hombre usa cuando intenta impresionar a una mujer.

Bueno, alguien había quedado impresionado, y ese era el mismo Naraku. No se había creído la historia de que a Sesshomaru le gustara esa muerta de hambre; nunca, en todos esos años que llevaba trabajando con él había llamado la atención una mujer que no fuese de su clase.

Si esa mujer era su amante, entonces… ahora entendía por qué Sara no sabía nada de sus planes de guerra. Tal vez la pobretona sabía más de lo que todos creían. Y Gustoso pensó en tratar de sacarle la información de una forma más ruda que como Sesshomaru la había tratado.

Aquella escena en el despacho… Era algo que lo tenía gustoso. Se podía quedar más tiempo en la mansión por que el estúpido de su jefe andaba distraído con una pobretona. Aquello solo era la confirmación de que podía hacer más dinero. Pero… ¿Cómo sacarle partido a lo que acababa de presenciar?

Salió del pasillo donde se había ocultado y espero ver a Sesshomaru. Pero este no salía, y Naraku, con cuidado, hecho un vistazo de nuevo al interior del despacho que estaba abierto gracias a que la hija del jardinero había empujado con furia la puerta y esta por el impacto se volvió a abrir.

Se espero ver a un Sesshomaru arrogante, sentado elegantemente y mirando su hermoso y extenso jardín. Pero encontró una imagen que lo sorprendió: Sesshomaru estaba sentado con su espada en las manos y con una cara que daba más que miedo.

Naraku no comprendió porque Sesshomaru parecía tan furioso; estaba dispuesto a apostar que se la había pasado de maravilla. Naraku emprendió su retirada con una sonrisa malvada en los labios.

Así que dio vuelta al pasillo y se topo con la persona que menos deseaba ver.

"¿Qué hacías espiando a Sesshomaru?" pregunto Sara molesta. Había visto a Higurashi corriendo hacia quien sabe dónde, y cuando ella saludo, la joven se alejo sin mirarla. Y eso la tenia furiosa, ¿Por qué la institutriz no saludaba a la prometida del comandante?

"Nada que te interese." Respondió de manera grosera Naraku inclinando su cabeza para despedirse y seguir su camino.

Avanzo con rapidez por los pasillos. Tenía que ver qué es lo que Naraku hacia. No podía quitarle los ojos de encima, no ahora que Ryuukotsusei le había ordenado que vigilara los movimientos del maldito y despreciable Onigumo.

Así es como ella lo llamaba después de que se conociera.

¿Por qué no se había fijado en Naraku en lugar de Sesshomaru?

Los dos eran poderosos, en distintas maneras. Ambos poseían características que le gustaban en un hombre. Mientras que Sesshomaru era serio, orgulloso y calculador; Naraku era malvado, oscuro y seductor.

Si, ese era el poder que el ejercía en ella, la seducción.

Y no es que Sesshomaru no la satisficiera. Pero Naraku sabía lo que era tener una vida como la de ella. La entendía perfectamente. Sabía lo que era traicionar. Sabía lo que era traicionar a un amigo, y lo horrible que se sentía traicionar a alguien a quien ama.

Y ella amaba a Sesshomaru más que a nadie en el mundo.

"Espera…" dijo cuando lo alcanzo. Lo sujeto fuertemente de la ropa y lo obligo a girar. "¿Acaso ya no hablaras conmigo por lo que te dije el otro día?

Naraku levanto la ceja y sonrió con malicia. "¿Te molesta?"

"Claro que no." Mintió. Si. Le molestaba. Odiaba que el hombre no le pidiera hacer el amor. "Es solo que necesitamos unirnos más con respecto a lo que haremos con Ryuukotsusei."

Naraku la miro de forma penetrante. "Eres su mano derecha. Dime la verdad… ¿planea matarme?"

"No te diré nada hasta que me digas que está pasando con Sesshomaru." Sara le sonrió de forma coqueta y cruzo los brazos. "Lo he notado extraño… como ausente. Anoche que lo invite a mi recamara no quiso entrar."

El azabache soltó una carcajada tan malévola que Sara sintió escalofrió. "Eres tan tonta Sara. Solo piensas en el amor que sientes por Sesshomaru y eso te ha vuelto ciega. Tal vez, si pusieras más atención sabrías que el está interesado en alguien mas." Sara frunció el ceño. "Una mujer que no es de clase le está robando el aliento."

"¡Dime quien es!" Exigió hecha una furia. ¿Quién se atrevía a meterse con ella?

"¿Primero dime por que estas aquí?" La paciencia se le acababa. Eso es lo que odiaba de Sara, que por más sexo que pudiesen tener ella pensaba que podía tener control sobre él. Pero el no sentía nada por ella, solo frio y vacio deseo. Estaba seguro, si sus planes salían tal y como él quería, estaba cien por ciento seguro que ella no estaría en su futuro. Solo Kikyo.

"¡No confía en ti!" grito abriendo sus enormes y hermosos ojos azules. "Te mando a que te anticiparas a los planes de Sesshomaru y no lo has hecho. Él se anticipo a los nuestros. Ryuukotsusei solo está esperando el día que yo decida para que empecemos el plan final. Y creo que él no te quiere en esos planes."

Naraku apretó los dientes de furia. Ryuukotsusei podía ser el hombre más poderoso del país, pero aun así, no tendría su vida a su merced. "¿Te unirás a mí en la venganza?"

"Sabes que soy tu aliada desde que nos conocimos. Lo único que quiero es que dejes fuera a Sesshomaru de todo esto. El es mío, ¿Entiendes? Darle muerte a Ryuukotsusei será lo mejor que me haya pasado en la vida."

Naraku asistió y se dio media vuelta. Dispuesto a irse. Pero ella le hablo una vez más: "No me has dicho el nombre de esa maldita."

"Higurashi." Soltó sin voltear a ver la impresión que había causado en Sara.

CONTINUARA…

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