¡ATENCION!
Señoras y señores:
Lamento informarles que estamos acercándonos a la recta final de nuestra historia. Me alegra sabes que mucha gente respondió de forma positiva a este fic a pesar del hecho que era mi primer historia. Podría alargar mas el cuento, pero odio los fics que son interminables de cincuenta o hasta 100 capítulos. Yo prefiero hacer capítulos largos (si, sé que me tardo un poquito) pero se disfruta más la historia.
Otra cosa, disculpen el capitulo anterior que salió medio cortado, maldito intercable jajaja es que el modem se reinicio en una hora como 15 veces, pero ya está bien. Y para los que se quedaron con la duda, Rin había gritado para que Hakudoshi no capturara a su prima.
Ando muy emocionada. Elizabethshane y yo estamos a pocos días de publicas nuestra historia (a decir verdad ella fue la que la inventó ) yo solo ayudo con lo que puedo.
Disfrútenlo!
Autor: MARZELINEFILTH Y ELIZABETHSHANE
CAPITULO 15: "UNA DISCUSIÓN, UNA PELEA Y UNA MUERTE."
La lluvia caía demasiado fuerte en su rostro.
Los perros olfateaban y seguían los rastros. Sesshomaru portaba a su poderosa espada Tokijin, la indicada para aniquilar a cualquiera y con el suficiente filo como para rebanarle la cabeza a tres personas al mismo tiempo.
Bankotsu estaba a cargo de los hombres que buscaban en los jardines. Los sirvientes rebuscaban en cada rincón de la mansión. Jaken corría desesperado por todos lados junto con Shippo, Sota, el señor Higurashi y el joven Kohaku.
Miroku he Inuyasha iban detrás de él, acelerando sus pasos cada vez que los perros daban algún ladrido. Sesshomaru avanzaba deprisa con su espada a punto de ser desenfundada y con su elegante ropa llena de lodo. Corría y rogaba a algún ser supremo que la lluvia no elimine el olor de las niñas.
Sara lo había querido acompañar, pero él se lo negó, pidiéndole que se quedara por si había algún cambio. En aquel momento, no quería poner en riesgo también a su prometida. Kagome había desaparecido en ese momento, en que Sara lo había abrazado para que supiese que lo apoyaba.
Los tres entraron por el bosque, ya que los perros los guiaron por ese lugar. Los conducía hacia más allá de sus territorios, donde se encontraba el rio. Sesshomaru miraba todo con cautela, para ver si podía distinguir algo diferente. Nada. Con esa lluvia no podía ver nada. Y el nerviosismo de que los perros no pudiesen guiarlo cada momento se hacía más real.
La rabia y el miedo lo mantenían furioso. Si… ese día mataría a alguien.
La tierra mojada hacia que los zapatos de todos resbalaran por ella. Los perros ladraron. Y procedente de los arboles, un pequeño bulto corría. A unos cincuenta metros las pequeñas piernas del bulto trataban de escapar de aquello que lo perseguían.
"¡SHIORI!" grito Inuyasha corriendo y abrazando a la niña.
Ambos golpearon su cuerpo con fuerza, y por primera vez, padre e hija se conectaron en una muestra de amor que jamás habían tenido. Inuyasha tuvo ganas de llorar al ver como su hija estaba desgreñada y llena de lodo, pero eso no importaba, ahora estaba con él.
"¡Tonta!" Grito molesto agarrando los pequeños hombros de su hija. "¡Donde estabas! ¡Me tenias preocupado!"
Shiori miro a su padre y en lugar de intimidarse por el regaño. Lo abrazo con más fuerza y pudo distinguir el olor que despedía, y jamás lo olvidaría.
"¿Qué te ha pasado?" pregunto Sesshomaru irritado. "¡¿Por qué huyeron?!"
Shiori miro a Sesshomaru y grito, desesperada. No se le entendía nada de lo que decía. Sus ojos fueron cubiertos por sus pequeñas manos y cuando las retiro de su cara un manto de sangre dejo.
Ella como tonta había caído sobre las piedras y se había cortado. Había salido huyendo como una cobarde, la cobarde que esa mujer le había dicho que fuera. Ahora era tarde para arrepentirse. Y su lamento volvió a apoderarse de ella.
Inuyasha soltó a la niña. Y con su ropa limpio sus manos y cara. Solo para descubrir que tenía unas cortadas en ambas palmas de las manos. Estaban poco profundas, pero de seguro dejarían marca. Inuyasha pensó que esa marca duraría toda la vida en la mente de su hija.
"Ella… me dijo." Hizo una pausa. "Yo solo estaba triste. Pero ella lo aseguro, me dijo que me odiarían después." Nadie entendía nada de lo que decía.
"Shiori, ¿pequeña de que estás hablando?" Pregunto Miroku de forma amistosa. Si en alguien confiaba Shiori era en el.
"La mujer. La hermosa mujer… me llamo Little monkey." Shiori gimió entre lágrimas.
"¡Mientes!" Soltó furioso Sesshomaru.
No podía ser verdad. Sara no se atrevería a hacerle daño a alguien. Jamás podría, ella se iba a casar con él.
Sesshomaru sintió su pecho doliendo. Pequeño mono es como Sara solía llamar a los niños traviesos.
"¡No miento!" grito Shiori, era la primera vez que contradecía de esa forma a su tío. Pero ella decía la verdad, jamás traicionaría a alguien. "Ella me dijo que huyera para que se preocuparan." La niña parecía impactada. En shock. No escuchaba. Temblaba de pies a cabeza. E Inuyasha no supo qué hacer. Solo se limito a volver a abrazar a su hija y verla llorar.
Sesshomaru sintió la lluvia en su rostro como jamás la había sentido antes. ¿Podría creerle a una niña? ¿Podría dejar ir a su prometida por algo que parecía ser una confusión? No, no tenía tiempo de pensar eso. Ahorita tenía que concentrarse en su hija.
Miroku se arrodillo a la altura de Inuyasha y susurro: "Tenemos que encontrar a Rin."
"Shiori, escucha. ¿Dónde está Rin?" pregunto Sesshomaru sintiéndose por primera vez en mucho tiempo impotente.
Shiori balbuceo. Señalando hacia la dirección del rio. Pero aun así no se le entendía nada.
"¡¿Qué está diciendo, Miroku?!" grito asustando aun mas a Shiori.
"¡Shiori!" Inuyasha grito a su hija para que pudiese hablar mejor. "¡¿Dónde está Rin?!"
"¡UN HOMBRE SE LA LLEVO! ¡TIO, SALVELA!" Grito desesperada.
Justo lo que temía. Pero no importaba quien fuera, el mataría a quien se había atrevido a desafiarlo.
Corrió, dejando atrás a los demás, y solo fue seguido por la rapidez de tres perros. No se detuvo ni siquiera cuando los gritos de Inuyasha le decían que los esperara, solo quería alcanzar a su hija, y claro está, a su captor.
El camino se le estaba haciendo eterno. Toda la tarde los habían buscado y ni su rastro. Con esperanza, deseo que la lluvia hubiese detenido un poco la huida de los hombres.
El perro empezó a ladrar sin cesar; ladridos ásperos, profundos, que parecían más amenazadores de lo que un Akita solía ser. Amo y perros, unidos en la persecución, echaron a correr.
Sesshomaru examinó toda la zona mientras los tres perros olfateaban en círculos, encontrando solo una mezcolanza de oloress que confundían su fino olfato. Entonces... uno de ellos saltó fuera del camino, y se lanzaron colina abajo, corriendo en dirección al río. A Sesshomaru se le escurrían los pies hacia los lados; cuando se cayó, dando una voltereta, se levantó y siguió corriendo sin apenas aminorar la marcha.
Los Akita tiraba de la traílla, sus ladrido se hacía cada vez más frenético; estaban cerca de su presa.
Sesshomaru se detuvo con la respiración agitada y con el platinado cabello golpeándole el rostro. Estaba a punto de retornar, tal vez Shiori estaba equivocada. Pero un ruido lo alerto… diviso al otro extremo de su camino a dos hombres que traían un bulto en los brazos.
Sesshomaru y los perros echaron a correr. Estaba seguro que no podía igualar su velocidad, así que soltó a los perros, y estos corrieron dejando atrás a su amo.
Sesshomaru grito: "¡Alto!"
Los dos hombres tenían que terminar su misión, Así que intentaron echar a correr con la niña en brazos. Uno de ellos callo, debido al lodo, pero el otro se subió al bulto en los hombros y siguió corriendo.
Los perros alcanzaron al sujeto caído y lo pescaron con sus hocicos la ropa y la carne.
"¡Detente!" Volvió a gritar. Estaba desesperado, el hombre estaba llegando al final del bosque, si lograba cruzar el rio mediante una balsa; Sesshomaru estaba seguro, perdería a su hija.
Hakudoshi le tenía una buena ventaja. Sus pernas eran largas y eso era gran ayuda para el momento de escapar o brincar algún lugar. Así que Sesshomaru no era un gran problema. El rio estaba cerca. Ya lo escuchaba rugir entre la lluvia…
Pero, fue derribado.
Inuyasha había corrido detrás de su hermano, pero él siguió otro camino para poderle dar alcance, y al ver a Hakudoshi correr con Rin en los brazos, lo único que se le había ocurrido hacer era aventarse para derribar a su enemigo, y así lo hizo.
Hakudoshi se puso de pie inmediatamente, logrando patear el estomago de Inuyasha, y sin compasión pateo la cara y la espalda del menor de los Taisho quien apenas y se estaba irguiendo, y a quien dejo inconsciente. Volvió a sujetar a Rin y corrió, apenas y se había alejado de Inuyasha, pero la voz fría de su oponente lo detuvo.
"Si das un paso más, te mueres." Susurro Sesshomaru
Intento volver a correr, pero Sesshomaru ya tenía el filo de la espada muy cerca de él. Encaro a el mayor de los Taisho, sujeto a Rin por delante a modo de escudo y le puso una navaja en el cuello.
Sesshomaru entrecerró los ojos, notando como su hija estaba amordazada y tenía la cara roja. Su hermano estaba inconsciente con la cara llena de lodo y sangre, sin lugar a duda, Hakudoshi le había propinado una buena patada.
La risa del joven hombre lo enfureció. "Pensé que los Taisho eran personas difíciles de vences, pero me he equivocado. Mira al patético de tu hermano, ha sido tan fácil dejarlo en ese estado." La risa se hizo más potente y malvada. "Tu debilidad es tu confiada hija. Será tan sencillo matarla como cuando envenene a tu esposa."
Sesshomaru tembló. Él era el maldito miserable quien le había dado muerte a su esposa. Esa escoria había decidido la muerte de la mujer que había amado, y ahora, la vida de su hija estaba en sus manos.
"Dile algo a papi, querida." Con la navaja en sus manos, Hakudoshi le corto el trozo de tela que cubría la boca de la niña.
"¡Mátalo!" Grito Rin con las lágrimas rebosándole los ojos. "¡Hazlo! ¡Por mama!"
"Si mueves un poco la espada, ¡te juro que le corto la garganta!" grito con la cara de loco.
Sesshomaru sabía que él decía la verdad. Era excelente pelando con la espada, pero si se osaba a quererle cortar alguna extremidad a Hakudoshi, el mataría a Rin, y no permitiría que ella muriese.
Con un sentimiento de fracaso, Sesshomaru bajo la espada y la aventó.
Entonces, Rin con los pies amarrados, dio una patada hacia atrás con todas su fuerzas, logrando pegarle a el joven en sus partes nobles.
Hakudoshi se doblo por la cintura, derribando a Rin. Y antes de que el pudiese volver a sujetar a la niña esta había rodado para alejarse. Y se había quedado a pocos centímetros de caer al rio.
Hakudoshi grito de desesperación. Sesshomaru al ver al hombre en el suelo se apresuro a tomar su espada. Hakudoshi en un intento desesperado, cogió las piernas de Inuyasha, y cuando iba a encajar el cuchillo en su espalda…
Sesshomaru le corto la cabeza.
La cabeza de Hakudoshi se desprendió del cuerpo. Sesshomaru volvió a hacer otro corte al cuerpo antes de que se desplomara sobre el lodo y la lluvia se mesclara con la sangre.
Durante un instante, Sesshomaru sintió una alegría salvaje. Una que no sentía desde que estaba joven.
Una figura salió entre los árboles y corrió hasta a Rin.
Sesshomaru se volvió a punto de mata a la persona que tocara a su hija. Dejando la navaja a punto de cortarle el cuello. Era Kagome la que había ido a abrazar a la niña.
Asustadas, Rin y Kagome pegaron un grito. Y el soltó la espada.
Con una sonrisa de sinceridad en el rostro, agradeció profundamente a Kagome. Camino hacia su hermano y lo levanto, para que no se ahogara entre el agua y el lodo.
Vio también el cuerpo destazado e inerte de Hakudoshi, y a lo lejos, el cuerpo de Goshinki, a quien los perros habían dado muerte.
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Sara se cepillaba el cabello.
Estaba tan aburrida. Sesshomaru aun no llegaba de su rescate. Naraku estaba entre los que había salido a ver si encontraban a las pequeñas. Las mujeres buscaban por la mansión.
Izayoi le había recriminado su comportamiento frio y desinteresado, pero se había excusado de una forma muy fácil… "Sesshomaru me dio la orden de no moverme de la mansión." Y eso era verdad, su prometido le había dicho que no saliera por nada del mundo por si las niñas volvían.
Así que ahí estaba. En su habitación con ropas de dormir. La verdad no se preocupaba mucho de lo que le pasara a las mocosas. Le había dicho a esos malditos que dejaran libre a la pequeña, esa no le importaba nada; a la que quería era a Rin. No la mataría, solo quería asustar un poco a Sesshomaru, así que había ordenado que la dejaran golpeada y amarrada en la balsa que usaban para cruzar el rio. Para que al día siguiente la encontraran. Pensó en hacerle eso a la albina, pero el destino le puso todas las cosas fáciles. Rin había decidido marcharse con la hija de Inuyasha.
No era mucho trabajo lo que había ordenado. Incluso, ella podía hacerlo mejor excepto que no tenía la fuerza suficiente como para cargar a una niña.
Miro su reflejo en el amplio espejo que tenia y se sonrió a sí misma. Había que recalcar que Sara era una mujer muy bella y tenía unos ojos poco comunes en Japón. Pero toda su hermosura era opacada por el corazón traicionero que tenia. Aun así, sabiendo que ella tenía ese horrible defecto ni se inmutaba ante nada ni ante nadie que le dijese eso. O eso pensó.
Sin preocupación siguió su tarea de cepillar su cabellera.
"No entiendo porque Sesshomaru confía tanto en ti, si solo eres una maldita traicionera como tu padre." Murmuraron a su espalda.
Sara dio un brinco de susto y se dio la vuelta inmediatamente.
"¿Qué haces aquí? Nadie te dio la bienvenida a mi cuarto, Kikyo." Dijo apretando los dientes Sara.
"No te preocupes. Solo había venido a decirte eso." Dijo la pelinegra dando la vuelta. "Por cierto, bonita muestra de empatía le has dado a Izayoi." Dijo sarcásticamente. Fue a ver a Sara para reclamarle el hecho de negarse a ayudar en la búsqueda. Pero al verla tan contenta el odio se apodero de ella.
"¿Por qué vienes a decirme esto? ¿Qué caso tiene? ¿Piensas que no merezco el amor de Sesshomaru? ¿Qué todavía estas celosa porque te lo gane?" Pregunto la castaña riendo. Quería desquitarse con Kikyo, no sabía porque pero desde hacía un tiempo que tenía ganas de sacar su furia con ella. "Déjame decirte Kikyo que ahora entiendo el porqué de tu enojo con todo el mundo. Es porque no eres para nada feliz, mírate solo eres un kimono reluciente y fino sin sentimientos. Comprendo el hecho del porque Inuyasha no sienta nada por ti."
Kikyo se quedo callada. Escuchado todas las criticas de Sara. Y de repente soltó la carcajada haciendo enfurecer a la castaña.
"La verdad no mereces el amor de Sesshomaru, el es demasiado bueno para alguien como tú." Dijo y se acerco a Sara lo suficiente como para que ambas pudiesen notar el odio que se tenían. "Y para que lo sepas jamás me lo ganaste, yo deje de quererlo cuando me enamore de Inuyasha. Para que te quede claro pequeña zorra. Antes de hablar tienes que conocer los hechos."
Sara sintió su cara arder de furia. "¡Eres una perra!" grito entre dientes.
Kikyo rio aun mas. "No, aquí la única a la que podemos llamar así es a ti. Mira que acostarte con Naraku estando comprometida con Sesshomaru, es algo que solo las prostitutas harían, y aun peor; en la propia casa de tu prometido. Eso si es de alguien decente…" Kikyo amaba el sarcasmo.
"¡Cállate!" grito desesperada. ¿Cómo es que esa idiota sabía sobre ella y Naraku?
Y pareció que Kikyo leyó su mente. "¿Qué como lo sé? Muy fácil. Yo si tuviese algo que ver con un hombre como él, ¡no tendría sexo en los pasillos de la mansión!"
"¡Eso no es cierto!" Mentira… esa era toda la realidad.
"¿Y sabes que es lo que más risa me da?" pregunto notando la cólera en los ojos azules de Sara. "Que por tanto que te acuestas con Naraku, él no te ama. Me lo demostró la otra noche." Sara abrió los ojos con sorpresa. "Es más, me dio una pequeña muestra de eso. Pero te confesaré que a diferencia de ti mujerzuela, a mi si me dio asco…"
Y fue callada por una fuerte cachetada proveniente de Sara quien comenzó a llorar.
"¡Te dije que te callaras, puta!" Grito hecha un mar de lágrimas. Como se atrevía a decir que Naraku le daba asco. Eso tenía que ser una estúpida broma.
Kikyo se tomo la parte lastimada, y como toda una chica que había sido reprimida, contesto el gesto con otra cachetada.
Ambas comenzaron a golpearse con las manos, y Sara tomo el hermoso cabello negro de Kikyo y lo jalo con fuerza. Kikyo al sentir su cuero cabelludo ardiendo le propino una fuerte patada en las piernas a Sara, quien con dolor se cayó al suelo arrastrando a Kikyo.
"¿Qué es todo este escándalo?" grito Izayoi quien abrió la puerta y se topo con una escena que jamás creyó ver en su vida.
Sus dos futuras nueras dando vueltas en el suelo por quien golpeaba más fuerte. Ambas estaban con el cabello arruinado y la cara hinchada de los golpes que se estaban dando.
"¡Chicas!" grito Izayoi corriendo hacia ellas y tratando de evitar que se hicieran más daño. Pero cayó también al suelo. "¡Ayúdame!" grito irritada. Pero nadie llego, así que ella fue en busca de asistencia.
Sara logro subirse sobre Kikyo quien solo daba manotazos al rostro de la castaña. Y con una fuerza que ni ella misma se creyó capaz de tener, apretó el cuello de la heredera Kaneshiro.
Kikyo sintió la falta de aire en sus pulmones, y con frenesí, tomo las manos que apretaban su cuello.
"¡Soy la futura señora Sara Taisho!" grito encolerizada.
Kikyo intento gritar. Pero el aire ya no entraba ni salía de sus pulmones. Comenzó a parpadear demasiado rápido, y sintió que las fueras se le iban.
"¡Nadie sería capaz de robarme ese apellido! ¡Nadie!" grito apretando aun más el cuello blanco de la pelinegra.
Kikyo dejo se sujetar las manos opresoras y sintió sus parpados muy pesados.
Sara apretó más fuerte.
Kikyo nunca olvidaría ese momento, en el que Sara era jalada por unos brazos llenos de fango.
"¡Detente!" escucho gritar a alguien.
Y de repente sintió una bocanada de aire entrando de nuevo en sus pulmones. Abrió los ojos y pudo sentir unas extremidades abrazándola. Pero la tos que la invadió, no la dejaba escuchar nada, de repente respirar ahora era lo más importante del mundo.
"¿Estas bien?" pregunto Inuyasha sujetándola con fuerza del rostro.
Jamás había visto a Inuyasha tan guapo como en ese momento, en que la volvió a estrechar más fuerte. Sintió su colonia entrando en su nariz y solo se apretó mas a él mientras la tos la invadía.
"Señorita Kikyo, ¿Qué ha pasado?" pregunto Kagome arrodillándose junto a ambos.
"Kagome… yo, estoy bien." Dijo soltándose de los brazos de Inuyasha y abrazando a la joven que enseguida la envolvió en un caluroso gesto amistoso. Sintiéndose de nuevo protegida comenzó a llorar. Cuando pensó en recriminarle a Sara su comportamiento no había pensado en que se le salieran las cosas de las manos.
Kagome si no hubiese estado muriéndose de miedo se habría burlado del aspecto de todos en ese momento. Sara y Kikyo estaban todas desgreñadas y con la ropa arruinada. Inuyasha, Sesshomaru y ella estaban llenos de lodo y mojados hasta el último pedazo de piel.
Si. De seguro, se reiría después de cómo se veían todos. Pero no en ese momento, cuando su cuerpo le pedía un poco de tranquilidad, no lo haría.
Inuyasha miro a Kagome y le sonrió. Ella correspondió el gesto. Y en silencio ambos volvieron a hacer las paces, dándose cuenta que de lo uno y otro sentían solo un sueño había quedado.
"¡Suéltame Sesshomaru!" grito Sara hecha una furia dando patadas al aire para soltarse del agarre de su prometido. "¡Ella me quería matar!"
"Es mentira, ella me estaba estrangulando. ¡Tú nos viste, Sesshomaru!" Grito Kikyo con rudeza poniéndose de pie.
Inuyasha también lo hizo, ayudando a Kagome, y enseguida él se puso delante de su prometida.
"¡Sesshomaru, deshazte de ella! Obligo a que Shiori y Rin escaparan." Pidió muy enojado Inuyasha. "Mira lo que intento hacer, quiso matar a mi Kikyo."
Kikyo enseguida lo miro, tratando de encontrar algún síntoma de locura en Inuyasha, pero él estaba bien, parecía serio y no se le veía ni un momento de duda.
"¡No la mates Sesshomaru!" pidió Kagome. Sesshomaru y todos la observaron con asombro. Kagome le suplico, si él mataba a Sara, se volvería una persona cruel como la castaña se había hecho.
"¡No te dirijas a él como Sesshomaru! El es mi futuro esposo. Para ti es el señor Taisho. Yo soy la señora Taisho." Grito Sara. "¡Tu eres solo una asquerosa y malnacida idiota!"
Sesshomaru la soltó. Sara sintiéndose libre trato de correr hacia Kagome, pero Sesshomaru volvió a sujetarla del brazo para hacerla girar y estamparle una cachetada.
Sara se cayó de un sentón en el suelo. Se tomo la mejilla lastimada y la boca llena de sangre. Entonces, se dio cuenta que por culpa de su fiereza había perdido todo.
"No te volverás a nombrarte así después de lo que paso esta noche." Murmuro Sesshomaru con frialdad.
Nadie dijo nada. Sara jamás había visto a Sesshomaru tan furioso. Y solo atino a mirar al suelo.
Sesshomaru podía odiarla en ese momento más que a nadie. Pero aun así, algo del amor que aun sentía, lo obligo a ponerse a la altura de Sara y decirle: "Te irás esta noche. No dirás nada a nadie y yo no te matare, ¿Escuchaste?"
Sara asistió muy asustada. Se puso de pie y con la poca dignidad que le quedaba se fue por la entrada principal, topándose a todos los samurái que eran recibidos por los sirvientes y sus mujeres.
Al verla pasar, con su ropa de dormir rota y su cara llena de arañazos y el cabello lleno de nudos, las damas se rieron de ella. Se sintió muy avergonzada, muy hastiada con todo.
Sin decir adiós a Naraku, se fue, y ya cuando estaba lo suficiente lejos del palacio, lloro. Como jamás había hecho. Y se tumbo en el lodo, sintiéndose la peor imbécil de todas. Había perdido la cabeza, Kikyo la había conducido a eso.
Hasta que los fuertes brazos de un hombre la cargaron y la acurrucaron en su pecho. No pudo ver bien el rosto de Naraku, pero sabía que era él.
"Sara, escúchame. Cabalgaras hasta que llegues con Ryuukotsusei y ahí te quedaras. El se encuentra cerca con sus hombres. Mañana iré a verte." Comento mientras ella seguía llorando. Su ropa estaba mojada por lodo y lluvia. Así que le puso un gran abrigo encima. Y la beso, Sara correspondió como nunca y lo abrazo. Naraku la condujo hasta un caballo que había logrado sacar a hurtadillas de la mansión. Y como pudo subió a la muchacha en el. "Recuerda. En un par de días daremos el golpe."
Sara asistió, y le dio una palmada al caballo para que lentamente empezara su marcha lejos de la mansión.
Naraku sonrió. Tener de su lado a Sara significaba la derrota de Ryuukotsusei.
CONTINUARA…
AHHHH!
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