Hola!
Sé que me pase esta vez con el tiempo.
Juro que ya tenía la mayoría listo para subir, pero sentía que faltaba algo. Y mi amiga Elizabeth me ayudo a encontrarlo.
Espero que les guste mucho este capítulo. Y sé que muchos me odiaran por lo que he puesto, aunque, tengo una escusa: todo tiene un motivo.
Los invito a que pasen a leer la historia que Elizabethshane y yo les traemos, se llama: LOVE OF MY LIFE.
Autor: MARZELINEFILTH Y ELIZABETHSHANE
CAPITULO 16: EL DESPERTAR DE UN SUEÑO
"Debió haber visto a mi prima, señorita Higurashi." Shiori gritaba muy emocionada, mientras la joven institutriz le cepillaba el largo cabello blanco. Las dos se encontraban sobre el futón de la niña, quien hacia sonidos raros imitando a los que había hecho aquella horrible noche. "Grito para quitarme a ese canalla de encima."
Rin estaba cepillándose su cabello sobre su futón y sonreía con tristeza hacia su prima.
"Claro, Rin siempre ha sido una niña muy valiente." Kagome se levanto y acerco un par de velas para poder acobijar bien a las niñas.
"Me encontré con el tío Sesshomaru, y le dije todo lo que había pasado, ¡pero no me entendía!" Shiori soltó una risita y apoyo la cabeza sobre el hombro de Kagome.
Había pasado todo un día después de que las niñas huyeron. Shiori estaba bien, pero Rin no. Ella solo se mostraba pensativa.
Igual que Sesshomaru.
Después del incidente con Sara, Sesshomaru no había salido de su estudio. Solo había aceptado que una doncella le dejase su comida, y esta salió corriendo diciendo que el amo estaba furioso.
Rin suspiro, haciendo gala de una paciencia que no le pertenecía. Ya había oído por lo menos una docena de veces la misma historia durante toda esa noche. Y solo se limito a decir: "Antes ni hablabas y ahora no te callas."
"Es que soy muy inquieta."
"Es una lástima." Rin sonrió. Se levanto de su futón y se sentó junto con su prima. "Supongo que de ahora en adelante no dejaras de molestar… Y no volverás a escaparte, ¿verdad?"
"No." Shiori sacudió tanto la cabeza que se despeino. "Nunca más. Me quedare siempre contigo y con la señorita Higurashi."
"Que lindas mis nietas." Dijo Izayoi quien entraba a la habitación con un candelabro. "Señorita Higurashi," la miro con una infinita sonrisa. "Naraku me pidió que le dijera que pase al estudio de Sesshomaru, por favor."
Izayoi, la hermosa madre de los dos Taisho, había estado sin dormir tratando de hablar con su hijo mayor. Pero la solicitud había sido negada con un fulminante y seco: "No." Y su cuerpo le estaba cobrando con intereses lo mal que lo estaba pasando. Sus ojos estaban rodeados por unas inmensas ojeras negras que no ayudaban a disimular su cansancio, pero ahí estaba, con sus nietas. Esperando que jamás volvieran a cometer la estupidez de fugarse de nuevo.
Kagome asistió sorprendida. ¡Sesshomaru quería hablar con ella! Eso era fascinante. Claro que iría, no podía dejar pasar esa oportunidad.
Con prisa le dio un beso a cada una de las niñas, y al levantarse, hizo una reverencia ante la señora de la casa.
"Mañana es la ultima velada. Espero que por ser un día más ceremonial tenga un kimono." Menciono Izayoi petrificando con sus palabras a la joven azabache.
La cena… esa última fiesta sería el de la boda de Inuyasha con Kikyo. Y a pesar de que se había retrasado debido a las niñas, no sería cancelada. Lord Kaneshiro sería su aliado y los enemigos no tendrían algún plan para hacer en su contra.
Kagome se sonrojo. Con disimulo bajo la mirada y solo negó con la cabeza.
"Bueno… ¿Te consigo mañana mismo uno?." le pregunto acercándose.
Kagome sonrió y asintió. Era muy tímida cuando estaba con Izayoi. Tenía años de no entender por qué esa mujer le causaba tanta ternura. Tal vez, era porque su mirada dulce le recordaba a su madre.
"Abuela, ¿Le regalara un kimono a la señorita?" pregunto Rin.
"Si." Respondió viendo que la joven institutriz se había quedado callada. "Es hora de dormir, niñas." Dijo y apresuro a Shiori para que se metiera en su futón y Rin hizo lo mismo.
Kagome estaba a punto de salir, cuando la voz de Shiori le obligo a quedarse quieta.
"Señorita Higurashi, ¿usted se casara con mi padre?"
Kagome no debería sonrojarse por ese tipo de preguntas... pero lo hizo. La pregunta que le había hecho la niña la había metido en una situación difícil, un hecho del cual estaba consiente desde que se había peleado con él, pero que se había negado a reconocer. No amaba a Inuyasha.
Amaba la imagen rebelde y despreocupada que ella logro ver desde que era una niña; amaba la idea de vivir con él, de ser la envidia de las demás mujeres, de oírle reír sabiendo que jamás podría controlar su carácter. Pero Inuyasha no era el hombre que Kouga le había aconsejado. Su gran amigo le había dicho que solo se conformara con el hombre que ella mas amaba, que fuese su mayor ilusión, y que la volviese completamente loca.
He Inuyasha no lo era.
Izayoi la miro interrogante con la ceja levantada. Esa era una de las cualidades que Inuyasha había heredado de ella. La forma en que cuestionaba con una sola mirada.
Kagome sacudió la cabeza. "El se casara con la señorita Kaneshiro. Y si ella lo acepta, ambos serán muy felices."
Después del alboroto de la noche anterior, casi todos los que se encontraban en la mansión, se habían enterado de quien era Shiori. Kagome recordaba bien la expresión en la cara de Kikyo cuando Inuyasha tuvo que decírselo. Lo había cacheteado por mentirle y le grito un montón de cosas. Miroku, Sango y ella habían escuchado todo el alboroto que había causado Kikyo desde afuera de la habitación.
Los únicos puntos que tenía Inuyasha a su favor para que Kikyo se casara con él era que: Él le había salvado la vida. Que le había gritado que ella le pertenecía y que deseaba la unión porque quería una madre para su hija. Mañana mismo se sabría si acordaron algo o no.
"¿Se casara con el mío?" ahora fue Rin la que detuvo la marcha de Kagome.
Se quedo petrificada ante la pregunta. ¿Casarse? ¿Con Sesshomaru? Nunca había pensado en tal cosa. Pero en ese momento…
Sesshomaru era lo que ella siempre había deseado. Pero había sido grosero, frio y arrogante. También había rescatado a Rin, derrotado a un malvado, había sido honorable, fuerte y digno de ser amado. Sara ya no estaba en medio de los dos. Aunque, le pesaba que Sesshomaru no podría olvidarla de la noche a la mañana.
"Usted le gusta. Más que ninguna otra mujer. Se lo aseguro." Rin clavo sus ojos alegres en su institutriz que ahora la miraba con asombro. "Y me parece que a usted le gusta el."
Kagome trago saliva nerviosamente mientras miraba a Izayoi. Pues claro que le gustaba Sesshomaru Taisho, a que mujer no. No era romántico, ni siquiera se acercaba poco, pero era el que le gustaba.
"Es hora de dejar ir a la señorita Kagome y que ustedes se duerman." Izayoi intervino ante el silencio de la joven.
Le sonrió en agradecimiento y salió de la habitación. Se dirigió a su cuarto que era el de al lado y se fue directo a bañar.
Se desvistió con rapidez y se metió al agua. Desde donde estaba sentada lograba ver por la ventana el cielo nocturno. De la tormenta del día anterior no quedaba ni el rastro. La noche y las estrellas eran el único testigo de tantos besos que se había dado con Sesshomaru.
Quería a Sesshomaru Taisho.
No.
Amaba con locura a Sesshomaru Taisho.
Aceptarlo le resultaba extraño. Había vuelto de parís segura de sí misma, cómoda con lo que era, convencida de que conseguiría la vida que deseaba.
Sin embargo, había sido abordada por Sesshomaru, y sus deseos habían cambiado. Él le demostró que todo lo que había imaginado con Inuyasha era una fantasía, y la arrojo de la manera más vil a un mar de confusiones.
A estas alturas, Sesshomaru Taisho se había adueñado de su corazón y su alma.
No podía engañarse. Quizá el no la amaba. Le había dejado en claro que ella solo le despertaba lujuria inesperada y poco grata. Le demostró que si amaba a Sara dejándola vivir.
Pero eso no cambiaba los sentimientos de Kagome.
Después de meditar un rato en el agua, se dirigió a su armario y se vistió para dormir. Se arreglo con la mejor nemaki de doble algodón que pudo comprar y así de ligera, salió a los fríos y solitarios pasillos.
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Era noche. Eran pocos los que seguían despiertos. Para suerte de Kagome, quien vestía de manera sencilla, y nadie la vio dirigirse al estudio.
Su corazón latía deprisa. ¿Por qué se había vestido así? No lo comprendía, su atuendo solo podía estimular el que se la quisieran quitar, no era nada discreta en su invitación a hacerlo. ¿Era buena idea? Claro que no, se dijo. Era la idea más estúpida que se le había ocurrido hasta el momento, pero… ¡Agg! Se odiaba a sí misma, siempre había un pero.
"¿Porque me detengo? Sé que si no lo hago jamás estaré tranquila." Se susurro antes de tocar suavemente la puerta corrediza. Sabía que estaba mal, aunque sus malditos impulsos le pedían que lo hiciera.
Al no escuchar respuesta se atrevió a abrir la puerta. Y tal, y como la vez anterior, las cosas tuvieron fuertes consecuencias.
Kagome se adentro al iluminado recinto, asombrada que a esas horas Sesshomaru tuviese tantas velas prendidas, o que él no estuviese en su jardín observando el manto nocturno. Pero nada la sorprendió más que escuchar al hombre frente a ella diciendo su nombre.
"Adelante, Kagome."
Kagome se asombro tanto de la presencia de Naraku que por instinto se llevo una mano a su ropa, solo para comprobar que la tela estaba bien ceñida a su cuerpo.
Maldijo mil veces el momento en que se le ocurrió pensar que era buena idea ir con Sesshomaru tan noche.
"Pareces sorprendida, pequeña Kagome." Dijo con su muy asquerosa sonrisa provocativa.
"Solo un poco." Dijo intentando que su voz sonara sin miedo.
Naraku estaba sentado detrás del amplio escritorio de manuscritos que decoraba con especialidad el lugar. Kagome recorrió rápidamente cada aspecto que había como jamás lo intento hacer, y se dio cuenta que la poderosa Tokijin no estaba en la repisa. ¿Sesshomaru la tendría?
Kagome pensó que Sesshomaru se habría enojado muchísimo al ver tan semejante usurpación a su lugar de meditación.
"Gracias, Kagome. El día de hoy me has facilitado mucho mi tarea." Dijo y ella no comprendió. "No tenía nada de deseos de ir a buscarte."
Los encantadores modales que había tenido hacia ella habían desaparecido por completo. En ese momento le sonreía burlonamente, aquella expresión le impulsaban a Kagome unas horrendas ganas de abofetearlo.
Naraku se puso de pie e inundo la habitación con su siniestra frialdad.
"Ya sabe que para mí es una satisfacción siempre ayudarlo a usted y al señor Taisho. Pero… es muy noche, así que lo que quiera decirme le suplico que lo haga en este momento." Dijo rápidamente.
Naraku se rio, y su risa fue una especie de ruido gutural lleno de regocijo y victoria.
"Para mí no tienes muchas utilidades. Aunque tampoco creo que le sirvas mucho a Sesshomaru."
Kagome no supo que entender de esas palabras. ¿Qué utilidad le podría dar a Naraku? Ninguna se dijo. Ella solamente había cruzado unas cuantas palabras con él.
"No lo entiendes, ¿Verdad?"
"¿Qué habría de entender?" Dijo no queriendo entrar en el juego, pero no podía evitar cuestionar a que se refería Naraku con sus palabras.
"¿Qué acaso no comprendes la gran jugarreta de Sesshomaru?"
¿Jugarreta? De qué diablos hablaba ese hombre.
"Eres una pequeña crédula." Y se rio. "Primero Sesshomaru se deja ver a tu lado. Te besa para que, todos los que suelen espiar por las paredes, piensen que hay un romance; más bien que son amantes."
Apretó la mandíbula tan fuerte que su quijada trono del coraje que sentía en ese momento.
Entonces, comprendió perfectamente cuál era su papel en ese juego: Sesshomaru le daba pequeñas pistas para que Naraku la pretendiera y poder obtener aquella información falsa. Todo estaba clarísimo, no valía la pena darle más vueltas al asunto, ni siquiera cuando Naraku buscaba entre la papelería que tenia Sesshomaru sobre su mesita.
"Si es todo lo que quería decirme… entonces, me retiro." Dio su reverencia de cortesía y dio meda vuelta. Tratando de evitar que ese maldito viera dolor en sus facciones.
"No te preocupes. Si lo tienes bien cogido de sus genitales." Dijo riendo Naraku.
Se quedo inmóvil, aturdida por el descaro de las palabras.
Se volvió enfadada. "¡Usted es un… grosero!"
"Le gustas." Dijo con su mirada sombría.
El corazón de Kagome palpito mil veces en un segundo.
"¿Qué dice? ¿Quién se lo dijo?" pregunto ingenua y sonrojada.
Naraku se acerco hacia ella. Quedando a dos metros lejos del cuerpo de la azabache. Ella era hermosa, pero… era la hija de un criado. No valía la pena tocar su asqueroso cuerpo. Lo excitaba de forma brusca y sucia, una que solo puedes hacerle a una inmunda sirvienta, pero no la deseaba con suficiente fuerza como para tomarla en ese momento.
"mmm…" hizo un gesto pensativo. "Aunque él piensa que eres una tonta."
"No es verdad." Kagome estaba muy molesta. No por Naraku. Por Sesshomaru.
"Una estúpida criada, para ser exactos." Dio la sensación de que Naraku saboreaba la frase. "Si te respetara, sería una cosa diferente. No te habría tratado como hace unos días." Hizo una pausa y se mostro pensativo. "Mira qué casualidad. Si fue en este mismo lugar. Pero… tu ropa era más decente."
Kagome adquirió un intenso color rojo en la cara. ¿Cómo sabía lo que había pasado en el estudio?
La risa de Naraku retumbo en todo el lugar. "Pero mira de qué color te has puesto. Parecería que te has muerto."
El no sentía ningún reparo en humillarla.
"Sesshomaru te metió la mano por debajo de ese espantoso vestido de segunda, ¿Lo recuerdas? Y te llevo al éxtasis. Los hombres ricos lo hacen con todas las institutrices. ¿Jamás te has preguntado porque la otra institutriz se fue? Sesshomaru la despidió después de haber tenido sexo con ella."
Kagome no se había sentido lastimada por lo dicho por Naraku. Hasta en ese momento, donde recordó a la otra muchacha que antes trabaja en la mansión. Recordó los rumores, Sesshomaru y esa chica habían tenían un romance, su nombre era Hitomiko.
"¿Cómo… como se ha enterado todo eso?" Las lágrimas invadían rápidamente sus ojos. Pero no lloraría, no por la culpa de Naraku.
Naraku levanto la ceja desenfadadamente. "Los hombre hablan, Kagome."
Un nudo se formo en su estomago. ¿Sesshomaru le había contado eso? No podía ser. Naraku era un mentiroso, y Sesshomaru nunca sería tan imbécil para andar con chismes. ¡No lo podía creer!
"No te creo."
"No me importa." Se acerco más a ella con aire despreocupado. "Lo siguiente que te pasara es que el ponga su pene donde antes puso su mano."
Kagome llena de furia, y sin meditarlo un momento, le propino una fuerte cachetada en pleno rostro. Lo odiaba. Lo despreciaba por tener la razón.
Sin preocupación se tomo la parte lastimada. Pero no dejo de mirarla con frialdad y burla. "Si pertenecieras a la alta sociedad, el jamás te habría tratado como una prostituta. De hacerlo, tu padre lo habría matado. Pero tu padre es un simple lacayo, no puede hacer nada por el honor de su familia."
"¡Cállese!" le grito perdiendo los estribos.
Naraku le devolvió la ofensa con su poderosa mano.
Kagome se cayó al suelo, y sin poder controlar más, las lágrimas cursaron su rostro con velocidad. Pero ni tiempo tuvo de recuperarse del golpe, pues Naraku la tomo del brazo con violencia y la levanto de un tirón.
"¡No huyas de mi, campesina inútil!" Gruño con enojo. Sus ojos violetas hicieron temblar de miedo a Kagome. Pero su valentía no permitió que la viese más débil, así que lo reto. "Ni siquiera eres digna de lamerme las botas."
Intento deshacerse con un tirón, pero los dedos de Naraku se clavaron en su piel, magullándola.
"¡Suéltame!" pidió en voz baja apretando los dientes. "¡O le contare a Sessho…!"
Naraku la agarro como un perro a su presa y la zarandeo por el brazo, como si su extremidad fuera un pedazo de carne. "Si serás descarada. Solo eres la hija de un criado. No eres nada, ni nadie."
El desprecio que le demostró fue otra bofetada en pleno rostro de Kagome.
Y ella despertó de su sueño moteada por los dos golpes recibidos.
La actitud que tenia Naraku era la que su padre le había pedido que tuviese cuidado. En Japón el dinero con el que nacías era importante. Los ojos violetas de él era el desprecio que habría tenido cualquier noble; el desprecio con que la alta sociedad la recibiría una vez que se enterasen todos de su condición social.
"¡El no se casara contigo!" y mas que soltarla del brazo, lo que hizo fue apartarla de si, como si fuese un animal roñoso. "Hace tiempo que se quiere deshacer de ti, hasta te compro tus pasajes de vuelta a parís." Se dirigió al escritorio dándole la espalda.
Kagome se descubrió llorando y con la respiración cortada. Se dio cuenta de la condición en la que traía su ropa y la acomodo con pesadez. La cara le dolía horriblemente, pero no tanto como su corazón.
"¿Mis pasajes de vuelta?" ¿Qué pasaba? ¿Por qué era todo eso? La otra institutriz también se había marchado de la noche a la mañana. Eso era lo que todos habían dicho.
Naraku tomo los papeles que había estado buscando. Se acerco de nuevo a ella y, con todo el descaro que tenía, se los aventó al cuerpo.
"Aquí lo tienes. Los compro hace unos días. Me pidió que te los diera."
Kagome noto que se le enfriaban las puntas de los dedos y unas manchitas de colores le nublaban la vista. Se dejo caer pesadamente de rodillas al suelo.
"Billete de tren de Tokio a Kanazawa, un billete de barco para cruzar hasta Corea, billete de tren hasta China, y…" hizo una pausa tratando de recordad. "Un montón de billetes más que te llevaran a parís. Sesshomaru movió mucho dinero para conseguirlos tan rápido. Por cierto, te paga además diez mil yenes por tus servicios."
La primera noche después de su regreso, Sesshomaru le había dicho sobre lo que había pagado por deshacerse de las amantes de su hermano. Una niebla roja paso ante sus ojos y se vio incapaz de meter el suficiente aire en los pulmones.
"Sesshomaru ha pagado más por mujeres. Por Sara pago muchísimo dinero para que su padre aceptara el compromiso. Y tú, mira que dejar que te tocara, perdiste lo mejor que podías tener." La voz de él dejo de ser ligeramente maliciosa a volverse satírica. "¡No deberías venderte tan barato!"
El sueño había acabado definitivamente.
"No puedo imaginar que creyeras tantas ridiculeces." Y soltó la carcajada más cruel que tenia.
Kagome ya no pudo más y soltó todas sus lágrimas. Tuvo ganas de vomitar. Sintió el deseo de reventarle la cara a cachetadas, pero él era más fuerte y cruel, y estaba muy segura, que él podría lastimarla más de lo que ya lo estaba haciendo.
Se levanto lentamente, se aguanto las nauseas y alzo la barbilla.
"Puede que yo solo sea hija de un jardinero, y que solo sea una institutriz. ¡Pero tú eres un simple capitán por el que nadie siente respeto!"
Y Naraku se rio.
"No te preocupes por mí. Mejor preocúpate por ti, y de no volverte a meter en una situación comprometedora."
Kagome no pudo más y salió corriendo. Antes tomando los papeles de su viaje.
Naraku sonrió. Maldita cosa había hecho por la culpa de Sara y Sesshomaru. La castaña le había dicho que por favor se deshiciera de Higurashi, y Sesshomaru también se lo había pedido. Merecida bofetada se llevo, pero todo eso tenía un propósito.
Todo eso era el principio del fin.
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No supo porque sus instintos le advertían que se detuviera, que dejara de correr y llorar, pero no escucho a su razón. Quería ir a gritarle, pegarle, herirlo… hacerlo sufrir lo que estaba sintiendo. Sabia donde estaba su habitación, sabia donde encontrarlo, sabía que él era el dueño de esa casa y por su escándalo podían correrlos a ella y a su familia. Pero no pudo más.
Antes de tocar, se limpio las lágrimas y cuando se sintió lista, mientras respiraba profundamente, simplemente dejo caer con fuerza su puño contra la madera.
Nadie contesto. Volvió a hacer lo mismo rápidamente sin parar ni un momento. Y se abrió la puerta.
"¡Higurashi!" Exclamo Sesshomaru sorprendido de verla. Ella estaba toda roja de su cara, las lágrimas estaban visibles en sus mejillas y en sus ojos, y estaba despeinada.
Ella empujo la puerta con fuerza y lo alejo con sus débiles manos.
Sesshomaru le dejo espacio para que entrara. Él ya sabía porque ella estaba ahí.
Ella dio un rápido vistoso a la decoración del lugar, pero lo único que llamo su atención fueron todas las botellas de sake que había en el suelo. "¡No se qué pretendes!" grito sintiendo su garganta seca. "¡No soy un juguete al cual puedes desechar así nada más!"
Sesshomaru la penetro con sus dorados ojos. Pero no dijo nada, el era un experto en esas cuestiones. Además, el alcohol estaba haciendo que sus movimientos se volvieran lentos y su habla fallara.
Ella sabía que él estaba borracho. Y a pesar de la conmoción no castañeaban los dientes, los tenía firmemente apretados para no gritar como quería hacerlo. Vio un jarrón de porcelana fina y quiso lanzárselo a él en la cabeza, para que ambas cosas se rompieran en el acto y se convirtieran en diminutos fragmentos sin ningún valor.
"¿Por qué no dices nada?" pregunto de forma impaciente.
Sesshomaru se acero. La seguía mirando de forma mezquina. Aquel hombre frio que solo observaba sus movimientos sin decir nada, ese hombre era él. Kagome no podía pensar lo contrario, esa era la imagen que siempre tuvo.
Al final, pensó ella, si la había traicionado.
"¿Hablaste con Naraku?" pregunto pasando una mano por su sedoso cabello blanco. Su ropa de dormir se pego muchísimo a su cuerpo dejando claro su cuerpo musculoso y perfecto.
"¡¿Qué?!" exclamo con furia. "¡Eso es lo único que me preguntaras! ¿No te importa que este tan molesta?"
El negó con la cabeza. Se alejo hacia su futón y se sentó sobre él. "Todo el problema está resuelto."
¿Eso era ella? ¿Un problema? Se pregunto tomándose la cabeza con ambas manos, el mareo volvía apoderarse de su cabeza y su estomago.
"¡No! ¡No lo está! Porque por más que lo pienso…" pero fue interrumpida.
"Desde ayer me di cuenta que todo es mi responsabilidad." Susurro como si fuera un ser humano dolido. "Me he equivocado con lo que te he dado a entender."
No podía creerlo aun, ¿era verdad lo que decía ese cretino? Y se arrepintió. Se arrepintió de haberlo visto apuesto, de pensar que el tenia unos labios hermosos, y aun peor de pensar que lo amaba.
"Soy una imbécil, más que eso… soy una completa idiota." Susurro. Todo lo que Inuyasha tenía de encantador, Sesshomaru lo tenia de misterioso y peligroso, un hombre quien ella siempre creyó prudente evitar. En cambio, ella pensó que podía hacerlo cambiar, que él podría ser más luz que oscuridad.
"No permitiré que se vuelvan a ocurrir los acontecimientos de días anteriores." Dijo tan bajo que Kagome no supo si era verdad lo que le decía o no.
"No te preocupes. Estoy segura que tienes experiencia en esas cosas." Refiriéndose a la otra institutriz.
Sesshomaru la miro con dureza.
"Mi error fue volver a este lugar. Así como aceptar el trabajo que me ofreciste."
Sesshomaru cortó la inspiración de sus palabras. "Te aseguro que siempre me he preocupado por buscar el placer lejos de mi hogar. Por lo tanto creo que tu estas de mas aquí."
Kagome se sintió peor que cuando Naraku la había cacheteado. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué le estaba haciendo eso? Herida y ardida de coraje como se encontraba, dijo: "Te encuentro sumamente repulsivo."
Él arrugo el entrecejo, primero por desconcierto y más tarde por indignación.
"Inepto y poco interesado en ser buen amante." Dijo apretando los dientes.
Sesshomaru sonrió. "Te hice gozar. Ni siquiera fuiste lo suficiente buena para esconder tu placer."
El rubor baño el rostro blanco de Kagome. Odiaba aquella escena; se odiaba a sí misma. Por encima de todo lo odiaba a él. Y al mismo tiempo lo amaba… pero en ese momento no recordaba porque. Lo único que sentía era el amor mezclado con la humillación, la decepción y el coraje.
"¡Te aborrezco!" grito sorprendiéndolo.
Se puso de rodillas, pues las fuerzas la abandonaron y sintió la mano varonil y fuerte de Sesshomaru apretándole los dedos. Ella se retorció con un intento de liberarse del agarre. ¿Por qué él se había arrodillado cerca de ella? ¿Por qué sus ojos se veían tan brillosos? ¿Qué pensaba ese maldito al mirarla tan de cerca?
"Sé que debes desear que en este momento me vaya al infierno. Sé que no soy tan carismático como Inuyasha y sé que no soy despreocupado ni gentil. Pero quiero que te vayas antes de que arruine tu vida."
Ella quito su mano con fuerza.
"Higurashi…"
"Mi nombre es Kagome." Lo interrumpió.
El no la escucho. "Soy mayor y se mas de la vida que tu. Tienes que confiar en mí, la decisión que tome es la correcta. Nosotros tuvimos un romance, nada serio."
El estaba siendo sincero. El quería lo mejor para ella. Después de correr a Sara de su mansión, había meditado muchas horas sobre Higurashi, y todo concordaba con que él no podía estar con ella. Ella merecía a su lado a un hombre joven, lleno de emociones en su cara; ella no necesitaba a un bloque de hielo serio y mezquino a su lado.
No era justo que él la apasionara con sus juegos. Y mucho menos, que ella se enamorara por eso. El la miro por primera vez especial.
Kagome lo noto. Sesshomaru solo veía una morena pequeña y atractiva que apenas parecía inteligente.
Sesshomaru se quedo ahí, contemplándola. Acariciando su barbilla con los dedos, observándola, intentando decidir cuál era la mejor manera para darle un giro a todo el alboroto que había causado. No quería alejarla de él. El la quería cerca. Quería abrazarla y besarla, y decirle que se quedara siempre a su lado. Que a pesar de que había estado comprometido con Sara ella no era un impedimento para que el estuviese sintiendo lo que sentía en esos momentos.
Pero no podía… no debía. Lo correcto era que Higurashi se fuera lejos, donde encontrara un hombre que la amara como él no podía hacerlo, y romperle el corazón era la manera en la que él le demostraba que le importaba.
"¡No me tocaras nunca más!" grito ella dándole un manotazo en la mano. Se levanto, acción que le produjo dolor cuando obligo a sus extremidades a moverse de una vez. "¡Eres un maldito mentiroso!"
Las cejas de Sesshomaru se alzaron fugazmente, tras lo cual desapareció cualquier atisbo de sentimientos en su rostro.
"¡Tu eres el gran señor Taisho." Dijo muy furiosa con todo en ese momento. Y las lágrimas escaparon de su control. "Pero te comportaste como el peor de los imbéciles cuando te dije de mis planes con Inuyasha. ¡Pudiste enviarme devuelta a Paris! ¡Me hubieses negado el acceso a tu mansión! ¡Pero en lugar de hacer todo eso, solo intentaste seducirme!"
Todas sus mentiras estaban siendo descubiertas.
"Habría perdido a mi jardinero, he Inuyasha se habría encaprichado aun mas."
Kagome ya no aguanto más la forma que era tratada. "¡Y yo no habría sido engañada!" dijo sintiendo un hormigueo en la cara y en las manos que le dolían hasta la existencia.
Sin más, salió de la habitación. No espero que él le dijese nada, ni siquiera quiso mirar atrás, lo único que quería era huir de todo ese infierno que fue causado por la culpa de ese maldito de Sesshomaru.
No escucho tampoco cuando Sesshomaru con su espada cortaba y rompía todas las cosas que podía.
Y cuando llego a su cuarto agarro sus baúles, saco toda su ropa y la metió a empujones en ellos. Se alegraba de no haber desempacado todas sus cosas, al final todo había salido mal para ella.
Pero parís le abriría los brazos de nuevo. Tal vez se conseguiría un esposo rico que ni le permitiese volver jamás a Tokio. Se alejaría por vergüenza de su familia, su padre no merecía escuchar todas las habladurías sobre ella.
Tomo los papeles que Naraku le había aventado y los guardo; esos pequeños pasajes eran lo único que tenia para sacarla de ese horrible lugar.
Lo tenía decidido…
Se iría a primera hora.
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Le manera lamentable con la que Inuyasha se había disculpado con Kikyo no basto para calmar la furia que ella sentía en esos momentos. No solo le había gritado, lo había empujado y cacheteado unas cuantas veces; también le había dicho lo mucho que lo odiaba por mentirle sobre su hija, y eso era lo que más le dolió.
El pensó que, si le recordaba que la defendió de Sara, sería suficiente como para que ella callera a sus brazos. Que equivocado estaba.
Ahora, ahí estaba pegado a la puerta de la habitación de Kikyo. No esperaba que ella lo perdonara de la noche a la mañana, seria paciente con ella. Y su primer paso para su reconciliación seria… permanecer fuera de la alcoba toda la noche, así tal vez, ella se apiadaría de él.
Llevaba más de dos horas esperando. Dos largas horas y Kikyo ni siquiera había asomado la cabeza por la puerta. Esa noche no era de la buena suerte.
Recordó unos días antes, cuando se le antojaba a ir con cualquier mujer y pasar la noche teniendo sexo frio y sin sentimientos. Por extraño que pareciera, desde que había vuelto Shiori, no había pensado en ninguna otra mujer más que en Kikyo: La amargada, seria y frívola.
"¡Feh!" bufo molesto. Claro que lo estaba. Estaba irritado de tener que dormir en el frio suelo de madera y todo porque su –esposa- no quería dejarlo pasar. "Merecido me lo tengo." Susurro.
Su boca se curvo en una sonrisa llena de amargura. "¿Y qué más da?" Se dijo mirando las manos. "Ella solo era una simple mujer." y comenzó a enumerar las cualidades de su prometida con los dedos. "Tiene dos ojos, una nariz, un lindo cabello negro, unas espesas pestañas, una estatura promedio, un lunar en el inicio de su pecho…" y se quedo mudo. Como diablos se suponía que el sabia o se había dado cuenta de todas esas cosas. No tenía sentido.
Suspiro pesadamente. No valía la pena seguirse mintiendo. Claro que le gustaba Kikyo; decir que no le parecía la mujer más hermosa que había visto era mentirle a las mismísimas deidades, que de seguro se estaban burlando en ese instante de su estupidez. Le gustaba su forma de sonreír y esa diminuta curva en sus labios rojos cuando lo miraban, le gustaba su cabellera negra y amaba con locura sus ojos cafés.
"Un momento." Detuvo sus pensamientos. ¿Él había dicho amar? Se quedo muy quieto analizando la situación. De repente, soltó una enorme y estruendosa carcajada, la cual callo enseguida. "Es una tontería."
Y el tiempo pasó, ya no estaba solo en el largo corredor, la luna lo acompañaba con sus relucientes rayos de luz blanca que se filtraba por la ventana que daba a los jardines. Jamás había entendido porque la luna era el símbolo de su familia. Tal vez, si su padre hubiese vivido más tiempo, habría sabido el porqué de las cosas. Incluso, le habría pedido un consejo sobre Kikyo.
Medito un segundo, tratando de imitar a Sesshomaru en el acto, pero su rebeldía le impedía la tranquilidad de la meditación. Él no era un hombre de palabras ni de reflexiones, él era un hombre de hechos, y con los mismos le demostraría a Kikyo cuanto le importaba.
Con decisión, abrió la puerta corrediza haciendo muchísimo ruido, entro en el cuarto oscuro y cerró la puerta con seguro. Si Kikyo se resistía a hablar con él, al menos no podría escapársele tan fácilmente.
Sus ojos no necesitaban acoplarse a la oscuridad, era un experto en cuanto a dormitorio de mujeres, y si estaban en su territorio, pues muchísimo mejor para él.
Avanzo despacio. Era enorme y estaba ocupado por muebles de bambú y baúles donde seguramente estaba la ropa de Kikyo. Un grupo de velas ardían en el lado más lejano del cuarto he Inuyasha pudo apreciar mejor la figura de su prometida.
"Que hermosa." Susurro.
Se inclino sobre la inconfundible forma femenina que yacía en el futón. Se acerco despacio a la cara de Kikyo para ver si estaba despierta o dormida… cuando ella abrió los ojos de par en par.
"¡AH!" grito ella muerta de miedo.
Inuyasha retrocedió por el escándalo y cayó de sentón en el suelo.
"¡¿Qué demonios te pasa?!" grito Inuyasha sintiéndose sordo.
"¡¿QUÉ HACES AQUÍ?!" grito Kikyo sentándose en el futón y viendo como Inuyasha se incorporaba para quedar sentado con las piernas cruzadas, como si de tomar el té se tratase.
Inuyasha la miro con cautela. El rostro frio y enfurecido de Kikyo esperaba una respuesta.
"¡Yo te pregunte primero!" evito la pregunta.
Kikyo inhalo exaltada. "¿Cómo te atreves? Inuyasha, eres un pervertido."
Inuyasha abrió los ojos sorprendido. "¡Pero si jamás te he hecho algo." Y a juzgar por la expresión de Kikyo, sabía que él había cometido el error de entrar antes del amanecer.
Y entonces… se dio cuenta de la vestimenta de ella.
Kikyo llevaba una ligero y caro Kimono de seda para dormir, atreves del cual, Inuyasha podía distinguir el brillo de la piel blanca de la joven
"Eres un tonto." Dijo. "Me has hecho muchas cosas, primero hacer que me enamore de ti y ahora, me dices que tienes una hija."
Inuyasha gruño. "Le dije a Sesshomaru que Shiori echaría a perder mi matrimonio."
Kikyo se tomo la cien con su mano derecha. "Eres un cabeza hueca. No se te vuelva a ocurrir echarle la culpa a Shiori…"
"¿O si no, qué?" la reto.
"Juro que te arrepentirás de haberme conocido." Le susurro ella con los ojos entrecerrados.
Una advertencia que Inuyasha tendría el cuidado de tomar enserio.
Pero ignoro la última parte, pues se había quedado embobado mirando como brillaban los ojos de Kikyo con la luz de las velas. Y ella ni siquiera se dio cuenta de eso.
"Pobre Shiori, ella no tiene la culpa que su padre sea un mujeriego."
Inuyasha protesto: "¡Es mentira!"
"¡Lo eres! Y además, mentiroso"
"Quise decírtelo. Pero nunca encontré manera de hacerlo."
Los pechos de Kikyo se hacían de adelante hacia atrás acompañando su respiración. Inuyasha se imaginaba el color rosa de esos dos pezones, porque aquellos círculos suaves estaban erectos.
Y Kikyo arrugo el entrecejo mientras se cruzaba de brazos.
"Aun así, es tu responsabilidad."
Inuyasha, al no ver más los tesoros de Kikyo, volvió a poner atención a la conversación.
"Soy un tonto." Quiso que ella lo mimara, que lo consintiera como las demás. Aunque sabía de sobra, que Kikyo no era así.
"Un idiota." Kikyo sabía cómo hacer sentir a mal a un hombre, no con golpes, solo con palabras. "¿Cuándo pensabas decirme lo de tu hija? ¿Durante nuestro viaje de bodas?
Inuyasha bufo molesto, se cruzo de brazos y desvió la mirada mostrándose huraño. "Pensé que… lo averiguarías tu misma. Y que fingieras que no te importaba."
"¡Eres un pésimo padre!" le grito haciendo que Inuyasha volviese a mirarla. Y enseguida deseo no haber dicho nada. Los ojos dorados de él, se volvieron opacos y solo atino a poner su vista en el suelo.
"Quiero cambiar eso Kikyo." Susurro abrumado. "Es que no se qué hacer con ella."
Kikyo suavizo su mirada dura. "Necesita cariño y orientación. ¿Qué te gustaba que tu padre hiciera contigo?"
Inuyasha se sorprendió. Jamás en su veintiséis años, había estado en la recamara de una mujer solo conversando. Ninguna se había interesado en él más que Kikyo. Enseguida se puso a pensar. "Me habría gustado viajar con mi padre, como cuando él y Sesshomaru lo hacían." Y su voz se entrecorto. "Murió antes de que llegara el momento."
"Bueno, entonces prométeme que llevaras a Shiori de viaje. Es muy bonita y tiene encanto. Será valorada en cualquier parte."
"No seas crédula." Sin que ella se diese cuenta se acerco lentamente hasta quedar a unos cuantos centímetros de lejanía. "Nadie recibe bien a los hijos ilegítimos."
De manera decidida, dijo: "Yo sí."
Inuyasha le creyó.
En ese momento, Kikyo tenía el cabello alborotado, no traía maquillaje, e Inuyasha la veía preciosa. Podría amar a esa mujer, con su lengua afilada, su inteligencia, y su madures. Podía casarse con ella, y en ese instante no fue capaz de recordar la razón de que se hubiese negado tanto alguna vez.
"Eres muy bella." Le susurro acercándose otro tramo. Así, sentados como se encontraban ambos se miraron a los ojos. Y cuando el intento con su mano tocarle el rostro, Kikyo le apreso con fuerza los dedos.
"¡Que estás haciendo!" dijo soltando con brusquedad la mano del joven. "Nada mas empezaron los espósales y me abandónate delante de todos; De la sociedad, de mis amigos, ¡de mis padres! Y solo para ir detrás de Kagome Higurashi.
Inuyasha abrió desmesuradamente los ojos. "¿Cómo…?"
"¿Cómo me di cuenta?" pregunto fríamente. "Era más que obvio que ambos se deseaban."
"Pero ahora es diferente." Dijo el volviéndose a acercar.
"¿Por qué?" pregunto ella.
"Por qué te amo." Dijo rápida e impulsivamente.
Ella se impresiono, jamás había pensado en escuchar esa declaración venir de su prometido, y ahora era suya, y de nadie más.
Inuyasha inspecciono cada detalle del rostro se Kikyo y no encontró nada. Ni siquiera desprecio.
¡Qué tonto había sido! Si tan solo se hubiese quedado callado, no se habría expuesto de esa manera tan ridícula. "Idiota." Se dijo una y otra vez. Solo quería alejarse de ella, llegar a su dormitorio y pensar en las tonterías que había confesado esa noche.
"Demasiado drama para una semana." Se dijo.
Se puso de pie, sin siquiera mirarla, y se quedo un momento parado. Parecía un imbécil que no sabía hacia dónde dirigirse. Y pensó que salir huyendo era la mejor solución. Cuando estaba por alejarse de Kikyo, sintió un fuerte jalón al suelo, que hizo que perdiera el equilibrio y cayese de espaldas. El dolor lo invadió desde la cadera hasta la última vertebra superior de la columna.
"¡¿Qué diablos…?!"
Fue callado por un beso. Pero eso no fue todo, el cuerpo delgado de Kikyo se poso arriba de él.
Inuyasha abrió los ojos sorprendido. Ella, una chica virgen, la que él pensó que era una mojigata sin remedio, lo estaba besando apasionadamente. E Inuyasha sabía que ella no tenía la mas mínima idea de lo que era besar, pero el abrió su boca seductora para enseñarle.
"Yo también te amo." Le susurro ella contra sus labios.
Se miraron a los ojos unos segundos y se volvieron a besar.
Recorrió el cuerpo de Kikyo con sus manos, profundizó el beso aun más y ella gimió con impaciencia.
"Demuéstrame que me amas." Le dijo ella de forma erótica. Muy en el fondo se moría de vergüenza, pero no importaba. Ellos se amaban y eso a Kikyo era lo único que tendría siempre presente.
Inuyasha estaba paralizado. ¿Y si sus temores se hacían realidad? ¿Y si no lograba hacerla sentir bien? ¿Ella lo odiaría? Algo evito que siguiera oyendo sus temores, y ese algo era Kikyo, que descaradamente se quitaba su kimono de seda dejándole ver sus perfectos y redondos senos.
Abrió la boca desconcertado, eso ya no era parte de su imaginación, era todo real. Tenía ahora a la Kikyo de carne y hueso en sus brazos, ya no tendría que fingir buscarla en alguna otra. Ella era de él y él siempre seria de ella.
Con pasión beso los senos de ella. Ella le mordió el cuello. Juntos recorrieron un éxtasis desconocido, primerizo en alguien experimentado, y único en alguien que pensó que jamás ocurriría. Abrazados, amándose, sintiéndose únicos, y creyeron caer profundamente en el oscuro deseo.
Inuyasha jamás pensó que podría sentirse más completo con aquel regalo que el tiempo les estaba otorgando.
Porque, tarde o temprano, el destino los alcanzaría.
CONTINUARA…
MUY CERCA DEL FINAL ;)
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