Siento la demora. La verdad si fue muy difícil escribir este capítulo. Es una adaptación, aunque capítulos como este son desde 0.

Quiero felicitar a todas aquellas escritoras que comienzan sus historias desde ese punto… la nada. Porque es ahí cuando te das cuenta del verdadero talento que tiene cada uno.

Creo que ando un poco seria. Saber que dos capítulos máximo son los que faltan para llegar al final de esta historia me hace sentirme realmente triste.

Gracias a todos los que siguen esta historia. :D en verdad que aprecio mucho el tiempo que se toman. Como yo en subirlo, porque son las tres veintiséis de la mañana aquí en monterrey.

Autor: MARZELINEFILTH Y ELIZABETHSHANE

CAPITULO 17. GUERRA.

Las maletas estaban listas, su vestimenta era la adecuada para el viaje, sus zapatos estaban bien puestos, había dejado junto a su futon una carta para su familia y a Kikyo le había dejado una carta por debajo de su puerta.

No se quería despedir de su padre, ni de Sota. Su padre le pediría explicaciones del porque su marcha tan repentina; y ella estaba agotada de dar explicaciones a todos. Así que sin decir adiós se alejo por el jardín principal, cargando su pesada maleta en la mano.

Tuvo unas inmensas ganas de volver su cara a ese majestuoso lugar, pero no pudo. Ella sabía que si lo hacía, no podría alejarse jamás de ahí. Y con toda la fuerza de voluntad que aun portaba, se fue caminando.

Alejarse era lo mejor para ella.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

Sesshomaru se había levantado con un horrible dolor de cabeza. Lo primero que percibió fue la luz chocar contra su cara, segundos después pudo captar los ruidos a su alrededor cuando sintió sus sentidos mareados por tanto alcohol.

Se puso en pie y se fue directo a lavar la cara. Se miro al espejo que tenia sobre su lavamanos, su mirada estaba siendo sustituida por una hueca, carente de vida, su cara siempre pulcra llevaba días sin afeitar y su cabello perfectamente lacio estaba seboso por la falta de baño.

Culpo a las circunstancias de estar en ese momento así. Se alejo del recipiente de porcelana y solo atino a sentarse en el suelo. Miro detenidamente todas las botellas de sake que se encontraban al lado de su futon. Alcohólico era la mejor palabra para nombrar como era que se sentía en esos momentos. Desde hacía unos días tenía la costumbre de tomar al menos una botella de sake antes de dormir, y poco a poco esa única vasija se convirtió en dos y tres conforme pasaba el tiempo.

Él ya se había vuelto un borracho, y todo por culpa de Kagome.

Suspiro. La extrañaba. Había sido un completo idiota al tratarla como lo había hecho. Él pensó que ella se merecía algo mejor a un hombre que solo parecía desearla físicamente.

Él se estaba derrumbando por su horrible y estúpida decisión. Y eso no era todo. Un día después de que ella se había ido, Naraku también se había fugado.

Escucho murmullos por doquier y gritos de alegría en los pasillos de la mansión. Se puso de pie y camino con parsimonia hasta la puerta de su habitación, la abrió con lentitud solo para encontrarse con unas cuantas sirvientas emocionadísimas corriendo por los pasillos.

"Serina." Susurro deteniendo a la joven sirvienta que enseguida se sonrojo en su presencia.

"Si, amo." Dijo haciendo una reverencia.

"Prepárame un baño." Pidió mirando atreves del corredor como todas las jóvenes se quedaron quietas cuando el hablo. "¿Por qué es todo el escándalo?"

"Señor, la señorita Kaneshiro está siendo arreglada para su boda." Serina sonrió haciendo una nueva reverencia y alejándose del lugar con prisa.

Sesshomaru rodo los ojos. Una boda, una simple cosa como esa y todas las mujeres se ponían a gritar de la emoción. Todas excepto a Kagome, quien estaba demasiado lejos para hacerlo.

"Con permiso, señoritas. Necesito pasar." Miroku tratando de caminar mientras las sirvientas poco a poco se alejaban. "Sesshomaru, debemos de hablar." El nerviosismo era bien captado en su rostro.

"¿Qué sucede?" pregunto. Dejando espacio para que su abogado pasara.

"Es sumamente urgente." la ropa elegante con la que normalmente vestía estaba desacomodada y su cabello mal arreglado. Sus ojos azules se veían preocupados, cosa extraña en alguien como Miroku.

Ante el silencio del pelinegro, el dolor de cabeza disminuyo: "¿Continuaras?"

Miroku se paso la mano preocupado por su cabello. "El informante, el hombre que teníamos infiltrado con Ryuukotsusei, mando un mensaje." Hizo una pausa. "El ejército enemigo se acerca por Kioto." La voz del ojiazul hizo eco en sus odios. "Y nosotros estamos cerca de Kioto." Susurro.

Sesshomaru se quedo un momento impactado analizando lo dicho por su abogado. Tenía varias cosas que hacer y pensar antes de efectuar los planes que ya tenía.

Maldijo a Ryuukotsusei por atacar esa región del país.

"Sesshomaru, el informante… asegura haber visto a Naraku con Ryuukotsusei."

Los músculos se le tensaron inmediatamente. Apretó con tanta fuerza la mandíbula que sintió como si se le fuesen a partir todos los dientes. "¿Qué has dicho?" pregunto con la vena de la cien palpitando con furia.

Miroku, al ver la cara colérica de Sesshomaru, repitió la oración.

"¡Llama a los guerreros!" grito de forma fiera. Miroku asintió ante la orden. "¡Convoca a una reunión urgente con el almirante Oyakata y…!"

"Disculpa, Sesshomaru. Pero, si mandamos la carta en este momento llegara en días a manos del almirante."

Deslizo una mano por su largo cabello despeinado y sucio. "¿Cuántos guerreros están en este momento en la mansión?

"No muchos." Respondió preocupado.

"Llama a todos los que encuentres." Ordeno de forma poco amable, tratando de ocultar la enorme preocupación que lo estaba carcomiendo en ese momento.

"Sesshomaru hoy es la boda de tú hermano." miro directamente los ojos dorados de su amigo.

No solo la mandíbula la tenía destrozada por la presión que ejercía, sino también sus nudillos, los cuales eran víctimas de tanto enfado. Malditas e imbéciles decisiones se le ocurrieron tomar a última hora. Todo por embriagarse y perder la conciencia. Culpo en ese momento a las circunstancias que lo orillaron a beber. Aunque, él sabía que toda la imprudencia era suya.

"¡No hay que perder tiempo. Busca a los samurái que encuentres, convócalos en mi estudio!" Dijo dándose vuelta y sentándose en el frio suelo. "No hables de esto con Inuyasha o con Kikyo."

"Si." Dijo Miroku saliendo lo más deprisa que podía.

Se quedo pensando, calculando cuanto tiempo tenían para evitar que los malditos sureños entraran a las tierras de Tokio. Era pocos días de distancia. Tan poco tiempo que tenia, y tantas cosas por las cuales se arrepentía en ese momento.

Y se alegro por primera vez que Kagome no estuviese cerca. Ella no podría ver lo horrible que era una batalla.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

"¿Cual es el plan?" pregunto Manten tomando el mango de su espada con la mano derecha.

"El plan, señores. Es entrar por las colinas que separan a Kioto de Tokio, donde Ryuukotsusei se debe de encontrar en unos días. He mandado una carta al almirante del emperador y, espero, que nos alcancé lo antes posible." Respondió con tranquilidad Sesshomaru.

"¡Eso es casi suicida!" Escucho decir a Royakan, y a todos los demás afirmando su comentario.

"Esa es la única solución. Si no impedimos su entrada a Tokio prepárense a la dictadura de ese malnacido." Dijo Sesshomaru sujetando su recién lavado cabello en una coleta alta.

"Somos pocos, Sesshomaru. Moriríamos ante aquel ejercito." Menciono Mukotsu, el experto en venenos, arrodillándose en donde estaba el mapa puesto.

"Entonces, da una mejor idea." Susurro apretando los dientes.

"Creo que lo más conveniente, es pedir ayuda a los bandidos que se esconden en las montañas." Dijo Bankotsu.

"¿Muso?" pregunto Bakuseno, el sabio anciano antiguo consejero de su padre.

"¿Es prudente entablar una relación así con un bandido de esa reputación?" la pregunta salió de los labios de Miroku, quien no tenia poder ante la conversación, aun así decidió formar parte de ella. "Ese tipejo es más bien un asesino."

Ignorando la grave falta del abogado, Bakuseno hablo: "Tiene muchos hombres escondidos en las montañas. Podríamos darles oro después de su ayuda en nombre del emperador." Sugirió el anciano arrodillándose con incomodidad debido a la artritis. "Sesshomaru, estos hombres que están a tu servicios temen perder esta batalla…"

"Estos hombres juraron estar al lado del comandante Taisho hasta el final, sin importar sus vidas. Ahora, pido que estos hombres me acompañen a defender a nuestro país." Dijo de forma mortalmente seria.

"Sabemos muy bien el juramento que hicimos, comandante. Pero… esos hombres triplican nuestro numero." Hiten hablo.

"Sesshomaru, ¿Quieres arriesgarte a ir a la batalla?" pregunto Bankotsu cruzándose de brazos.

Sesshomaru quiso decir: ¡No! Deberían escapar de este camino, es peligroso. Mas no podía, tenía que salvar a gente que de seguro estaba siendo asesinada de camino a su Tokio. Y él no podía permitir que Ryuukotsusei se volviese a salir con la suya.

Sin poner marcha atrás a su definitiva decisión… asintió con la cabeza.

"Bien." Suspiro Bankotsu. "Llamare a mis guerreros." Se puso de pie. "Andando Mukotsu." ambos salieron lo más rápido que pudo.

"Estoy contigo en esto, Taisho." Dijo el gran Tsukuyomaru. Uno de sus hombres más fieles. Su ayuda era de lo más esencial en esa batalla, ya que sus hombres eran un valioso número de guerreros.

"y tu… ¿Gatenmaru?" pregunto Miroku notando la seriedad del guerrero.

La piel pálida de Gatenmaru se volvió casi blanca al escuchar su nombre. "Es casi suicida." Susurro poniendo su amplia hacha en su espalda. "Cuenten conmigo y mi hermano."

Ambos hermanos asistieron con decisión. Sesshomaru sabía que Garamaru, el hermano mayor de Gatenmaru, lo aborrecía con todas sus fuerzas. El hecho de que ambos decidieran seguirlo era un progreso ante su mala relación.

Royakan soltó un grito de euforia ante la sola mención de la batalla.

"Miroku, te mandare para que hables con el terrateniente Menomaru. Le explicaras la situación de la próxima batalla. Y lo convencerás para que participe." Le dijo Sesshomaru y el moreno asistió. "Ten cuidado con sus guardianas personales, ambas mujeres son de cuidado." Hizo una pausa. "Busca a un hombre listo que sepa hacer trueques y consiga a Muso y a sus hombres."

Miroku salió junto con los demás para a prepararse para la partida, dejando a Sesshomaru con Bakuseno.

Ambos se miraron en aquel incomodo silencio. Los dos sabían lo mal que estaba ese plan, pero no había marcha atrás.

"¿Es correcta la decisión que tome?" pregunto por primera vez inseguro.

La arrugada cara del consejero, intento escudriñar mas allá de lo que veía en el comandante, y todo lo que pudo encontrar fue… Tristeza. Aquel rostro serio era una máscara para tantas preocupaciones que cargaba a tan poca edad, y aquel bloque de hierro que portaba sobre sus hombros se hacía cada vez más pesada.

Sesshomaru solo podría ser libre si cobraba la venganza que tanto tiempo le estaba costando. Y eso era lo único que él creía que le podía hacer bien.

"Más bien la pregunta aquí es: ¿Por qué tomaste esa decisión?" la seriedad de la pregunta requirió la atención del comandante. "¿Lo hiciste por tu trabajo hacia el emperador? O simplemente… ¿Por represalia?"

Él abrió los ojos sorprendido. "Tú fuiste el consejero de mi padre. Siempre le dijiste que era lo mejor en la batalla y estuviste a su lado. Sé que ahora eres viejo, y aun más sabio de lo que eras. Te estoy pidiendo un consejo, no un sermón."

Bakuseno sonrió. "Con esas palabras me has dicho la respuesta. Sesshomaru, soy sabio por experiencia, mas no puedo ayudarte si mandas a tus hombres por una simple venganza familiar." Se puso en pie con mucha dificultad y con ayuda de su bastón, logro caminar hacia la puerta. "Por la estima que le tenía a tu padre, te daré un último consejo: Matar a tu enemigo no siempre te hará libre."

Y se fue. Dejándolo aun mas confundido que la principio.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

La armadura que le estaba poniendo Jaken le pesaba más que en anteriores ocasiones.

Jamás pensó que irse a horas antes de la boda de su hermano lo tendrían tan distraído como estaba, y mucho menos pensó que extrañaría tanto a Kagome. En toda la mañana se había negado pensar en ella. Quería ir a preguntarle a Higurashi si tenía noticias de su hija, pero no merecía saber nada. Las paranoias si ella había llegado a Francia lo estaban carcomiendo cada vez más, a tal punto que no pudo concentrarse cuando Izayoi le pidió que no se fuera.

"Mi señor, será un honor para mí acompañarlo a esa batalla igual que la ocasión anterior." Menciono el anciano implorando con la mirada.

Sesshomaru miro la estatura pequeña del fiel ayudante de su padre, y con gentileza puso su mano en el hombro de Jaken. "Quisiera que me acompañaras. Pero sé que Izayoi se querrá quedar en la mansión. Tú te encargaras personalmente de que mi hija, Shiori e Izayoi se alejen de aquí si algo malo sucede."

¿Cómo le podía decir al viejo que ya no tenía edad para andar en esos lugares?

Jaken se soltó a llorar, y ante la vergüenza puso sus manos en el rostro. "Si, hare todo lo que me pida amo Taisho." Y aun con el lloriqueo siguió ajustando la fuerte armadura.

Entonces, la puerta sonó.

Jaken se alejo de su labor, y abrió la puerta, solo para ser empujado por un mar de telas finas y un torso perfumado.

"¿Quién te has creído para entrar a la recamara sin permiso de…?"

"¡FUERA!" gritó Inuyasha aventando a Jaken hacia el corredor.

El anciano trastabillo hacia atrás cayendo de un sentón al suelo. Inuyasha pudo haberse reído, mas no lo hizo. Y con fuerza cerró la puerta corrediza.

"¿Por qué tanto alboroto?" pregunto Sesshomaru dándole la espalda a su hermano.

Inuyasha se acerco hasta quedar a unos milímetros lejos de Sesshomaru y con la cara roja solo atino a gritar: "¡Como que te vas! Es el día de mi boda, hermano. ¡La maldita boda que estuviste planeando por mi hace más de un año!"

Como siempre había dicho, Inuyasha siempre llegaba solo a traer desgracias.

"¿Qué se supone que haga?" dijo tomando la armadura de Sesshomaru y con más impulso de lo normal, lo empujo con su mano. "¡Me pides que me case con Kikyo, y cuando estoy a horas de hacerlo, te largas a quien sabe donde!"

Sesshomaru acepto la agresión sin ánimos de pelear con su hermano. No quería, ni deseaba, empezar una altercado en ese momento. Pero Inuyasha, tan terco y desesperante como era siguió incitándolo.

"¡No sé porque me enojo, si ya sé que tu eres así!" dijo dándose vuelta listo para irse. "Desde que se fue la idiota de Sara has estado con tu cara de piedra."

La cólera de escuchar el nombre de esa mujer, produjeron en él la vitalidad suficiente como para voltear por el hombro, con nada de gentileza, lo que parecía ser el ligero cuerpo de Inuyasha y darle un potente empujón que lo hiso caer de espaldas con fuerza.

"¡¿Qué demonios…?!" pregunto sorprendido tirado en el suelo.

"No es por Sara que estoy así." Susurro apretando los adoloridos dientes.

Entonces, el joven heredero soltó una risita. "Sé muy bien que es por Kagome." le dijo levantándose con rapidez. "Es solo que pareces tan distante últimamente. ¡Me enfurece que estés así!"

"No es verdad." Negó, lanzándole una mirada feroz a su hermano.

Inuyasha bufo. "¡Feh! Piensas que no sé nada, pero me doy cuenta de mucho, y sé de buena fuente que te gusta Kagome."

Sesshomaru se quedo callado un momento. Ambos se miraron sin decir nada. Tratando de comunicarse mediante interpretaciones de su rostro. Para Inuyasha era imposible saber que era lo que su hermano mayor pensara, para Sesshomaru, los sentimientos de Inuyasha eran tan comprensibles que fácilmente podía leerlos sin ningún problema.

Hasta que Inuyasha hablo: "Se que iras a enfrentar a Ryuukotsusei. Quiero luchar contigo."

"No." Sentenció.

La impresión de las palabras de su hermano mayor hirió su arrogancia. "¡¿y puedo saber por qué no?!" grito de lo mas enfadado.

"Porque sería un completo cretino si te alejo de tu prometida en estos instantes." La mirada furiosa de Sesshomaru era algo nuevo de ver para Inuyasha, quien bajo la cabeza como un perro regañado.

"Kikyo entendería… si me ocurriese algo." Susurro. "De cierta forma nuestro padre murió por culpa del enemigo. Quiero ayudarte a vengarlo."

La sorpresa se alumbro en su rostro. Desde un principio tenía la leve sospecha que algo malo pasaría, pero su maldita conciencia preocupada por otras cosas no hizo caso a su sexto sentido. Nunca se creyó capaz de sentir orgullo ante aquella palabras que menciono su hermano.

"Jamás has luchado."

"Se pelear mejor que tu." Dijo sonriendo con burla.

Sesshomaru hizo un leve gesto para que Inuyasha se diese cuenta que el también bromearía. "Eres un Estúpido."

"Y tu un enorme imbécil." Respondió. No de forma agresiva. Ya que con insultos era como ellos dos se entendían.

"¿Estás seguro?" pregunto cómo última prueba. Él sabía que ni un huracán podría detener a Inuyasha si ya había decidido ir.

"Si." Dijo firmemente.

"Prepara tus cosas, nos iremos al atardecer."

Inuyasha asintió y, tratando de ocultar la alegría que se acumulaba en su ser, se dirigió callado hacia la puerta. Pero Sesshomaru hablo, con una tristeza que a Inuyasha le dieron unos enormes escalofríos.

"Despídete de tu hija." Y la emoción desapareció… dejando miedo en su rostro. "Y de tu prometida."

"¿Entonces, la boda…?" su pregunta no se termino de formar.

"Despídete. No habrá ceremonia. Y trata de consumar antes de partir."

Inuyasha sonrió arrogantemente. "Claro, esas cosas me encantan." dijo tratando de oculta todo con su sonrisa traviesa.

Sesshomaru sabía que Inuyasha nunca podría esconder lo que en ese momento sentía. Así que dejo que su hermano menor se marchara, sin mencionar los riesgos de enfrentar a un hombre de tanto poder.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

"¿¡Que haces aquí!?" grito la madre de Kikyo tratando de evitarle la entrada al lugar.

Inuyasha pasó sin darle importancia a la mujer, quien seguía gritando. "Necesito hablar con Kikyo" pidió con poca cortesía.

Ninguna de las doncellas a su alrededor movió siquiera un dedo cuando el hablo. Así que levanto una ceja hacia las cuatro jóvenes que seguían como si el fuese de piedra.

"¡Kikyo!" grito.

"¡Cállate!" pidió la señora Kaneshiro. "Ella se está arreglando en estos momentos para…"

"Lo que vengo a decirle a su hija es de vida o muerte, señora." Dijo molesto. Cuando se callaría esa mujer. Maldijo al destino por haberle dado una suegra así de entrometida.

"¡NO!"

Inuyasha rodo los ojos, y sin más avanzo hacia el cuarto anexado que se encontraba detrás de aquella habitación.

"No puedes entrar."

Pero el siguió haciendo caso omiso, y avanzo muy pesar de los gritos de las doncellas de los Kaneshiro. Abrió la puerta corrediza y se encontró con lo más hermoso que había visto jamás.

Kikyo estaba de pie, vestida de novia, con aquel tradicional Kimono y aquel elegante peinado característico en una mujer adinerada. Su rostro estaba maquillado con muchísimo cuidado y sus labios rojos la hacían ver sensual, como jamás pensó verla.

"Inuyasha." Susurro sorprendida Kikyo. "¡No puedes estar aun aquí!"

La madre de ella avanzo con decisión, interponiéndose entre ambos. "Cariño, ya le dije que no podía," su voz sonó sumamente tranquila. Inuyasha arrugo las cejas impresionado. "pero es un terco sin escrúpulos y sobre todo, es un indecente. Él no sabe respetar."

"Necesito hablar con ella, señora Kaneshiro." Inuyasha quiso golpearse fuertemente por haber traicionado la confianza de sus suegros.

La señora Kaneshiro arrugo su rostro como si estuviese oliendo un perro sucio. "No creo que haya algo más importante que esperar a que sea la boda." dijo cruzándose de brazos.

Kikyo miro a su madre y enseguida a Inuyasha.

"¡Cállate, madre!" ordeno tomando del brazo a la mujer. "Déjanos solos." Y la saco de la habitación cerrando ambas puertas con ímpetu.

Inuyasha quiso reírse, por la sorpresa de la señora Kaneshiro al no ser obedecida por su hija, pero en lugar de soltar la carcajada, prefirió adorar a su prometida.

"Te vez muy hermosa." Le susurro acercándose hacia ella.

Kikyo se sonrojo ante la mirada de Inuyasha. Desde aquella noche en que habían hecho el amor por primera vez, no habían parado de hacerlo. Todos los días se habían fugado hacia alguna habitación vacía y, con el peligro latente de que alguien los viese, se entregaban al placer mutuo de las carisias.

"Creo que puedo esperar a la ceremonia para que me digas eso." Sonrió dándole suave beso en los labios.

Inuyasha no se aparto cuando ella hizo ese gesto. Al contrario, abrazo dulcemente el cuerpo de la pelinegra y la beso con pasión. Tal vez, él pensó, sería la última vez que podría tocar sus labios.

"Tengo que decirte algo." Susurro aun con los labios pegados sobre los de Kikyo.

"¿Puede esperar?" susurro con los ojos cerrados. Su lengua recorrió lento el cuello masculino y fuerte de su prometido, quien sintió todos los vellos del cuerpo erizándose.

"¡No!" Dijo tomándola de los brazos.

Kikyo pudo notar enseguida la preocupación en aquellos ojos dorados. "¿Qué sucede?" ante el mutismo que se había apoderado de Inuyasha, ella sintió mucho miedo. "¿Está todo bien?"

Inuyasha trato de sonreír, pero solo una imitación mal hecha se formo en su rostro. ¿Qué debía hacer? Quedarse y no vengar a su padre, ó irse sin saber si regresara. Se quedo un momento en silencio tratando de decidir adecuadamente. "Kikyo, me tengo que ir."

La pelinegra sintió un dolor punzante en la sien, que fue creciendo poco a poco hasta cegarla por un momento. ¿Había escuchado bien? Inuyasha se iba… ¿A dónde? Y se maldijo una y otra vez. Bien se lo tenía merecido, se había entregado demasiado fácil a él, y ahora, se iba y la dejaba como a una cualquiera.

Con furia, se soltó rápidamente de Inuyasha. "Te creí capaz de hacer cualquier cosa, menos deshacerte de mí con una escusa tan tonta."

"Pero…"

"¡No!" grito silenciando a Inuyasha. "¡No quiero saber tus estúpidas explicaciones! ¡Si no deseas casarte conmigo, entontes… yo tampoco!" grito dándole una cachetada en plena.

El peli plata abrió los ojos sorprendido. Se tomo la cara con la mano derecha, y en lugar de enojase con ella solo atino a abrazarla a la fuerza.

Kikyo grito intentando soltarse ante aquellos poderosos brazos que solo buscaban apresarlas ante aquella varonil fragancia.

"¡Suéltame!" grito molesta.

Inuyasha la abrazo. Rodeando sus brazos en la diminuta cintura de su prometida, y hundió su cara en el cuello de ella. "¡Escucha!" bramo fastidiado. "Iré con Sesshomaru a la batalla."

"¿Cuál?" pregunto sin confiar.

"No sé si pudiste darte cuenta, querida princesa, que muchos hombres se están apresurando para irse en cualquier momento."

Kikyo negó con la cabeza. La impresión que las palabras de Inuyasha causaron en ella, la dejaron en shock durante minutos enteros.

"Si aun lo deseas, quiero hacerte mi esposa."

Kikyo se sintió la más idiota de todas. Lo abrazo, esa era la forma de pedir disculpas. "Si." Susurro contra su varonil pecho.

"Te prometo que cuando regrese nos casaremos." Le dijo mirándola con un amor infinito.

Inuyasha podría dar su vida por Kikyo, y ante aquella promesa ella lo beso dulce y apasionadamente. "Te esperaré siempre."

S:S:S:S:S:S:S:S:S

Sus hombres estaban listos.

Inuyasha vestía una increíble y distinguida armadura, muy similar a la suya. Los Yabusame estaban preparados, Menomaru estaba con sus hombres y sus dos guerreras listas para la batalla. Bankotsu y sus seis guerreros elite ya tenían sus posiciones listas junto a él. Royakan estaba liderando sus hombres con una fiereza como jamás había visto.

Todo estaba listo.

Solo faltaba una cosa, despedirse de Rin.

Antes de subir a su caballo. Se volvió hacia su familia. Y se quedo así, mirándolas. Quiso abrazar a su Rin, abrazar a Shiori, abrazar a Izayoi… pero no lo hizo. Se abstuvo de mostrar debilidad frente a sus hombres, porque sabía que el amor lo hacía débil, y él amaba a su familia.

"Regrese con vida, tío." Dijo la pequeña albina regalándole una pequeña flor amarilla.

"Te quiero." Susurro Rin, intentando a su corta edad ser más fuerte de lo que en realidad era.

Ante el regalo, sonrió y guardo su obsequio entre sus ropas. Observo con detenimiento el blanco rostro de su madrastra, memorizando cada detalle de aquella expresión de sincero temor.

"Izayoi salgan de aquí si las cosas se ponen mal. ¿Lo prometes?" pregunto taladrando el alma de su madrastra.

"Sabes que no me iré. Tu detendrás a esos malditos, hijo."

Sesshomaru asintió. Se giro a Jaken quien solo apretaba los puños con fuerza, impidiéndose así mostrarse débil ante él. "¿Las cuidaras?"

"¡Sí!" grito, controlando, con mucho esfuerzo, un alarmante lloriqueo.

Sesshomaru sonrió cálidamente, como tenia años de no hacerlo. Quiso tener en ese momento a la dulce Kagome para poder abrazarla, decirle muchas cosas… pero no podía hacerlo. Ella estaba lejos y todo había sido su culpa.

Kikyo le tendió a Tokijin. Lo mismo había hecho con Inuyasha, solo que su hermano menor lo había despedido con infinidad de besos y promesas de volverse a encontrar. Él tomo su arma y con una mirada llena de palabras no dichas, se dio la vuelta a su destino.

Se subió en su fuerte caballo, dando la orden de salir. Los cien hombres que en ese momento cabalgaban con rapidez, fuera de las tierras de su mansión, desaparecieron hasta perderse con el reflejo del sol.

Y ya muy presente en su mente, deseo haberle dicho a Kagome cuanto la extrañaba.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

Si una persona comentaba que Sara era una persona fácil de tratar, Naraku lo habría quebrado el cráneo con una piedra. La mujer era quisquillosa, arrogante, creída, presumida… y muchas más "virtudes" que podía enumerar. Si, ella era muy hermosa, pero su carácter de niña mimada eclipsaba su belleza exterior.

"¡Ah! Eres tú." Menciono con desprecio, al verlo entrar a su tienda personal.

Naraku sintió envidia por como Ryuukotsusei trataba a su reina. Desde que la había enviado al campamento, Sara estaba disfrutando de joyas, kimonos, y numerosas cosas que el anciano comandante solía obsequiarle.

"Te he notado molesta." Su voz poderosamente fría seguía ahí, convirtiendo cualquier cosa en hielo.

"¿Y a ti que te importa?" Pregunto pasando una mano por su sedoso y perfecto cabello castaño, el cual llevaba suelto. Su radiante vestimenta era demasiado a comparación de lo que normalmente ella solía vestir.

Si, pensó Naraku, disfrútalo mientras puedas. "A mí me da igual." dispuesto a irse se dio media vuelta.

Ella lo abrazo por la espalda, pegando su pecho en la espalda de Naraku. "Lo siento. Es que no pasa nada. Estoy aburrida." Aspiro lo bien que olía ese hombre.

Sara no solo se sentía atraída por él, hacia tan solo unos días había descubierto que Naraku era el hombre de sus sueños, quien se preocupaba por ella, y por el cual mataría a Ryuukotsusei.

"Te compre unos dibujos de camino a este lugar." Dijo viendo sobre la mesita de té los dibujos abandonados. Se soltó del agarre de Sara molesto. Si ella pensaba que él era como otros hombres a los que podía controlar, estaba equivocada. El único interés que tenia por ella, era poder derrotar a Ryuukotsusei; y claro, el sexo era muy bueno.

"Si los mire." Dijo tomándolo del brazo. "Pero quiero que hagas algo diferente por mí." Se acerco lo suficiente como para ponerle los labios en el odio y poderle susurrar: "Quiero que mates de una bueno vez al viejo."

"Ya te dije que todavía no." Dijo firmemente alejándose. Ya habíamos discutido anteriormente por la misma tontería"

"¡Entonces, ¿Cuándo?!" grito muy molesta. "Estoy esperando que me ayudes a liberarme de las asquerosas caricias de ese viejo."

Naraku no soportaba la desesperación de ella. "Si nos hemos retrasado es por tu culpa. Tú has estado retrasando la guerra. Se bien Sara, que has estado convenciendo a Ryuukotsusei de no atacar."

"¡Mi culpa!" soltó una risa que colmo la paciencia del pelinegro. "Pensé que nada más me querías para ti"

La extorción era bien empleada por la mujer. Naraku sabía el tipo de fémina con la que se enfrentaba y no fácilmente lo engañaría.

"¿Oh es que él te da miedo?"

Naraku la miro con fiereza. Sara descubrió muy tarde que había cometido una estupidez en decirle eso.

Se acerco a ella alzando una ceja negra, tomo con delicadeza su barbilla, miro directamente los ojos azules de tal forma que sus narices se rozaron. Ella pensó que la besaría apasionadamente. En cambio, Naraku la tomo de los cabellos cercanos a su nuca y los jalo con fuerza. Sara grito ante aquel trato, pero Naraku no se inmuto.

"¡Ah!" Grito Sintiendo su cuero cabelludo ardiendo. "¡Déjame en paz!" tomo con sus suaves manos las masculinas de Naraku.

"Te he dicho que tienes que esperar. No puedo matarlo si te tengo a ti gritando todo el tiempo." Susurro peligrosamente.

"¡Suéltame!" exigió soltando un potente lloriqueo. Le dolía muchísimo aquel agarre, más aun cuando su cráneo estaba sensible anterior la pelea con Kikyo.

"¡Cállate!" y le lamio la barbilla hasta dirigirse a sus labios.

Sara negó escupiéndole en la cara.

Se rio, y sin soltarla, cacheteo su cara con fuerza. La saliva de ella le escurrió por la mejilla, y él como si nada, se limpio con tranquilidad.

Sara jamás había recibido algún golpe departe de un hombre, y mucho menos uno que siempre había dicho que sentía algo por ella.

Con un fuerte empujo, Naraku la azoto contra suelo con desprecio. "Si te complace saberlo, mañana nos moveremos más hacia Tokio. Y estando ahí, lo mataremos."

"¡Lárgate!" grito sintiendo la garganta desgarrándose por la ira.

Naraku se trago el orgullo, se arrodillo hasta quedar cerca de ella. Se veía completamente distinta a la mujer que hacía unos momentos había compartido habitación con él. Se veía despeinada y adolorida, con un labio partido sangrando y manchando su rostro perfecto.

Sara era la muñeca de porcelana que él quería romper y tirar a la basura.

Le tomo la barbilla con delicadeza fingida. Sara dejo que el tomara su rostro. Y él beso suavemente su labio, lamiendo la sangre que estaba escurriéndole.

Un dolor, más fuerte que el físico, invadió los sentimientos de la castaña. Ryuukotsusei había poseído su cuerpo en anteriores ocasiones, y ella se recupero de eso; Naraku, no solo la estaba lastimando físicamente, sino también psicológicamente, y eso era algo que jamás había experimentado.

Y cuando él comenzó a desvestirá, ella solo pensó que había sido una completa estupidez haber traicionado a Sesshomaru por un patán como Naraku.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

Un mes después…

Kagome se encontraba cómoda y tranquilamente sentada cerca de la chimenea leyendo el libro que su ex profesor Kouga le había mandado. Suspiro, era un libro de amor… y ella no se sentía del todo cómoda leyendo estupideces de amor.

Cerro de un solo manotazo la cubierta gruesa del ejemplar y lo dejo sobre sus rodillas. Un suspiro largo y prolongado salió de su boca. ¿El final de aquella novela? La chica se suicidaba porque su prometido se enamoro de la chica malvada.

"Qué tontería." Dijo y sin más, aventó con fuerza el libro al fuego.

El alivio subió de su estomago hasta su pecho. El amor, ella ya no se sentía capaz de confiar o creer en nada que no fuera la más horrible verdad, y esa era: No existe el amor.

Deseo con todas sus fuerzas haber sido personaje de una de esas historias para decirles a todas esas jóvenes ingenuas que no confiaran en ningún hombre, hacerlo no les traería nada bueno, y ella lo diría con demasiada experiencia. A veces no siempre los cuentos de hadas se volvían realidad.

"Buenos días, Madeimoselle." Menciono un hombre alto y rubio pasando por la estancia hacia la entrada principal del lugar.

"Buenos días." Dijo ella, mirándolo salir.

Y se encontró de nuevo sola.

Qué triste, pensó. Era el día de su cumpleaños vigésimo segundo y estaba completamente sola en Francia. ¿Sus únicos acompañantes? Todas las treinta personas que vivían en esa pequeña posada. Maldijo al destino por llevarla a vivir en ese lugar.

El dinero que el innombrable le había dado había bastado para pagar un año de renta en un buen lugar en Paris. Pero ella se conformaba con no gastar demasiado, al fin y al cabo había dejado un pagare que debía de liquidar lo antes posible. Además, no tenía trabajo, había ido a cientos de entrevistas y en ningún lugar la habían contratado debido al poco tiempo que había laborado en la casa Taisho.

"Estúpido Taisho." Susurro para el pequeño perro dormilón que estaba sentado a su lado, y más cerca de la chimenea de lo que ella podía estar.

A decir verdad, su vida ya estaba muy aburrida. Desde que había llegado a parís, todas las tardes se la pasaba en su pequeño cuarto leyendo algún libro que Kouga le regalaba, o rara vez solía dar un pequeño paseo por algún parque.

Pensó en Kouga. Su viejo amigo, su antiguo y secreto enamorado. En el momento que llego a Paris, había escrito a Kouga y a las pocas horas él se encontraba afuera de la posada ofreciéndole su casa como vivienda. Pero ella se negó. Kouga ahora era un hombre casado y ella no podría, ni mucho menos quería, estar en medio de un reciente matrimonio.

La puerta de entrada se abrió despacio. Kagome sintió el frio aire otoñal entrando por la puerta, no se cubrió con la frazada que llevaba colgada en uno de los brazos, ya que enseguida fue cerrada con fuerza.

"Bonjour Madeimoselle Kagome, le ha llegado una carta." Menciono un joven de cabello castaño entrando a toda prisa con sus botas sucias por la tierra y con un sobre en mano.

Kagome frunció el ceño. Si ella estuviese en casa, se habría quitado los zapatos antes de entrar, pero en parís todo era diferente. "¿Para mí?" pregunto sorprendida. ¿Quién podría escribirle? Kouga, pensó.

El joven estudiante de universidad, asistió. "Si. Encontré al cartero en la entrada y decidí llevársela a su habitación." Un sonrojo apareció en sus mejillas. "No sabía que se encontraba disfrutando del fuego."

Kagome sonrió. Jean era uno de los tantos jóvenes Franceses que se habían escapado de sus hogares para estudiar en la capital. Ella admiraba su valentía. "Si, la mañana está muy fresca, así que decidí quedarme."

El sonrió con amabilidad. "Aquí tiene su carta." Le paso el sobre con timidez. "Me imagino que son noticias de su país."

Kagome apretó con fuerza la carta, antes siquiera de ver de quien pertenecía. Miro a Jean, quien rápidamente se sentó en una silla que se encontraba frente a ella.

¿De casa? Su padre no sabía la dirección. Nadie sabía donde vivía. Entonces, sonrió. "No lo creo, Jean. La única que sabría como encontrarme seria la esposa de… un viejo amigo, y es poco probable que me escriba."

Y el rostro de Kikyo le apareció en la mente.

El joven castaño apreciaba embobado el rostro níveo de Kagome, sin prestar mucha atención a las palabras que ella decía. "¿La abrirá? Ó.. ¿quiere que la deje sola?" pregunto poniéndose enseguida de pie.

"Te lo agradecería." Le sonrió, y él se sonrojo en el acto.

"Está bien. No se preocupe." Y se alejo por las escaleras que daban a los pisos superiores.

Kagome miro el sobre nuevamente y vio el fino y reluciente sello de la mansión Taisho. Y no supo qué hacer. Paso un dedo por aquel reluciente grabado en cera sobre la carta y con rapidez la abrió.

Y después de comenzar a leer.

Querida Kagome.

¿Porque te has ido sin despedirte?

Me sentí mal al saber que la única amiga sincera que he tenido se ha alejado de mí.

A veces pienso en ti, en cómo se sentirá estar sola en un mundo diferente al tuyo, lejos de casa, lejos de tu familia, lejos de tus costumbres… lejos de el hombre que amas.

Me atreveré a comentarte que Sesshomaru no ha estado muy bien desde que te fuiste, bebe constantemente y no duerme. Me he levantado estos últimos días en la madrugada y lo he visto paseándose por los jardines con frecuencia, y eso empezó desde que te marchaste.

Siempre he tenido mucho respeto a la imagen que representa para mí el comandante Taisho, por eso te mando esta carta, él me preocupa. Y me siento aun mas angustiada ahora que, Inuyasha y él se han ido a luchar en Kioto.

Por cierto, mi boda con Inuyasha se ha visto contrariada por la guerra.

Tengo que confesar que estoy asustada, Kagome. Jamás había tenido tanto miedo en mi vida. El enemigo no tardara en llegar a Tokio, y toda la familia Taisho tendremos que trasladarnos a otro lugar. Rezo a las deidades todos los días, para que mi amado Inuyasha, junto con Sesshomaru regrese.

Me despido deseándote salud y felicidad.

Espero verte pronto.

Kikyo Kaneshiro.

Ante las palabras escritas, sintió su corazón arrugarse con sentimientos encontrados. Felicidad creciente en su pecho, después emoción, excitación, y después… sorpresa y miedo. ¿Guerra? Esa palabra tenía tanta magnitud en sus pensamientos que no se describía con facilidad.

Guerra. Kioto. Inuyasha. Amor. Sesshomaru. Guerra. Tokio. Padre. Sota. Casa. Familia. Las palabras aun dispersas tuvieron sentido, y ella comprendió todo.

"¡No!" exclamo levantándose de un salto.

Kagome sintió los ojos bañándose en lágrimas y solo atino a taparse la boca para no soltar un grito de desesperación. No podía hablar, ni reaccionar. La voz había escapado de su garganta y se había perdido en el aire. Todo se estaba volviendo más negro de lo usual, y la habitación se sintió extrañamente fría.

El perro al lado de ella la observo cuando ella se mordió el puño para no soltar el llanto reprimido.

Se llevo las manos a la cara y sintió las lágrimas bajando por su rostro.

Tenía que tomar una decisión clara en ese momento, no podía rendirse ante la impotencia, no quería. Pensar en ese instante no era nada fácil cuando sabes que tu familia está cerca de la guerra, cuando el hombre que amas esta luchado, cuando… sientes un horrible nudo en la garganta como si hubieses tragado una enorme porción de comida.

Las nauseas aparecieron enseguida haciéndole arder el esófago con los ácidos estomacales. Se llevo una mano a la boca, tratando de controlarse y se desparramo en el sillón.

Volvería a Japón, iría por su padre y su hermano, y juntos los tres se largarían de ese país para siempre.

¿Y Sesshomaru? El ya no tenía lugar en su vida después de que Naraku le había hecho ver la realidad de las cosas.

CONTINUARA…

CASI EL FINAL ;)

LES GUSTO? A MI ME ENCANTO.

ENTONCES DEJEN COMENTARIO, SON GRATIS ;)