Disclaimer: El universo de Crepúsculo no me pertenece, ya que es propiedad de Sthepanie Meyer. La trama es mía al igual que algunos personajes creados por mi. Y el fic es sin ánimo de lucro, sólo para entretener a los lectores.
Cap.19 ENFERMO
Los días pasaban con una lentitud espantosa. Lo necesitaba tanto. Las noches eran los peores momentos, ya que en todo momento extrañaba su calor. Sus manos que me acariciaban y que me sujetaban cerca de él.
Las mañanas eran de escuela lo que hacia un poco más pasable el rato. Y me esforzaba poniendo atención. Pero al salir todo me lo recordaba a él. Ya había pasado una larguísima semana. Y llegué con las cosas que compré para poder preparar la comida.
Entré a la casa sin mucho animo. Y a pesar de que tenia algo de hambre, me sentí tan sola, que solo quise irme a llorar a mi recamara. Todo estaba silencioso. Claro, solo estaba yo.
Abrí mi puerta, entré y cerré de inmediato. Las cortinas estaban cerradas pero me quedé paralizada de la sorpresa. Ahí sobre la cama estaba Edward. Mi Edward estaba profundamente dormido, me acerqué despacio pensando que era un sueño. Verlo así, tan indefenso, tan tierno, tan guapo. Me fijé en su pelo alborotado, con destellos broncíneos, su piel blanca, sus enormes pestañas, su rostro perfecto que tenia a escasos centímetros del mío. Y fue cuando lo noté.
Edward tenia unas ojeras oscuras y marcadas.
Este hecho me sorprendió profundamente y no pude evitar jadear al verlo así. ¿Qué le había pasado? ¿Acaso se había enfermado? Yo lo atendería bien, en unos cuantos días estaría de nuevo perfectamente. Sin embargo él se removió al escuchar mi jadeo. Y unas preciosas esmeraldas brillaron en cuanto abrió los ojos. Sus espesas pestañas abanicaron con rapidez y luego me miró sorprendido.
—¿Bella? ¡Cielo santo! ¿Qué hora es?—me miró algo angustiado y luego miró el reloj.
—Lo siento mi amor, quería pasar por ti a la escuela. Me quedé dormido.—agachó la cabeza algo triste, pero yo estaba fascinada de haberlo encontrado en la cama.
—¿A qué hora llegaste?—le miré más sorprendida que él.
—Poco después de que te fuiste, me sentí mal por no llegar a tiempo para llevarte a la escuela y me vine a la recamara, no sabes lo eterno que se me hizo el tiempo sin ti. Yo… fui hacia la cama y me recosté un minuto, aspiré tu aroma y eso me hizo sentir tan bien. Me sentí realmente en casa. Y me dormí, lo siento amor.—me quedé pasmada.
—No lo sientas, de hecho he estado igual que tú, el tiempo parecía que se había detenido. No tenia ánimos de nada. Traje las cosas para preparar la comida, pero al final solo quería venir aquí y poder pensar en ti.—sus manos me atrajeron hacia él que se había levantado. Mi rostro miró hacia el suyo dejándome embobada por su sensual sonrisa.
—¿Qué te parece reponer el tiempo perdido?—lo único que pude hacer fue asentir, pero ya tenia sus labios estampándose en los míos con urgencia. Minutos después, ambos desnudos y haciendo el amor como sedientos en un oasis. La pasión envolvió nuestros cuerpos, calcinando nuestro raciocinio. Sólo éramos dos amantes entregándose mutuamente, satisfaciendo esa necesidad del otro. Entre jadeos y dulces palabras al oído, Edward me llevaba a la cumbre del placer.
Rato después, ya había anochecido. Mientras nosotros seguíamos amándonos sin importarnos nada más. El tiempo parecía ir mucho más rápido cuando estaba con él. Y eso no era justo. Sin embargo no pensaba detenerme. Sólo muerta.
Los momentos junto a Edward eran inigualables. Finalmente cuando la pasión menguó un poco, me levanté para preparar de comer. Él me siguió enfundado en unos pants grises que era una delicia verlo así. Mi deseo por él se incrementó de manera ostensible. Y él se dio cuenta inmediatamente.
—¿Te gustaría ir a cenar, amor?—sus brazos rodearon mi cintura, mientras su boca aprisionaba mi cuello, depositando besos por doquier, dejándome con la piel a punto de estallar en llamas.
—Contigo… incluso al infierno te sigo—rió en mi piel y luego de eso, me arrastró de nuevo hacia la recamara donde desbordamos nuestras ansias.
Ya había amanecido cuando finalmente, estábamos uno en brazos del otro. Y por fin pude preguntarle.
—¿Estabas ó estas enfermo Edward? Tienes unas ojeras muy marcadas.—estaba preocupada por él.
—Si, he estado muy enfermo.—me asustó y yo aquí de lujuriosa mientras él necesitaba atención médica. Me sentí pésima.
—¿Qué tienes amor?—él me miró compungido, como cuando a un niño le niegan algo que desea.
—Me tienes enfermo de amor. Me enferma estar lejos de ti. No podia dormir bien, porque solo pienso en ti. A cada minuto, a cada instante tu rostro está en mi mente. Y no puedo hacer nada por evitarlo. Te amo Bella, te deseo, te necesito a cada momento de mi vida.—Despues del susto y de saber lo que sentía por mi, un nudo en la garganta me impidió hablar. Mis lágrimas cayeron mientras Edward solícito me acercaba a él para beberse mis lágrimas.
—No llores mi amor, por favor—su rostro se angustió y no quería que él estuviera así.
—Lloro de alegría Edward, porque yo también siento lo mismo que tú. Sin poder dormir, sin poder comer, incluso sin poder respirar a profundidad si no es contigo…—ya no pude decir más porque de nuevo sus labios sellaron los míos. Este beso fue tan tierno, tan sublime… que sólo pude suspirar de felicidad. Al abrir mis ojos, Edward me veía de una manera especial, como si pudiera ver através de mi y ver mi alma.
—Te amo Isabella Swan, te amo como nunca pensé amar.—y me abrazó mientras acariciaba suavemente mis cabellos.
—Yo también te amo Edward Cullen, con toda mi alma.—Y era cierto, mi vida, mi corazón y mi alma le pertenecían por completo.
Rato después en un restaurante.
—Creo que la "cena" esta muy sabrosa—me dijo entre risas Edward mientras ambos devorábamos materialmente todo cuanto nos ponían del buffet. No hice el menor intento de ir a la escuela, porque sé que no podría hacer nada más que pensar en él.
Cuando terminamos de "cenar" eran las nueve de la mañana. Me llevó de nuevo a casa. Ya están ahí:
—Arréglate mi amor, te llevaré a conocer a alguien muy especial. Le vas a encantar.—mis piernas comenzaron a temblar. Y él lo notó. Sonrió ante eso.
—No te preocupes, es una sorpresa que te tengo reservada. Quería hacerlo desde antes, pero no pude. Ahora no te me escaparás.—Acepté porque viniendo de él lo que fuera seria bueno.
Rato despues salimos de la casa y nos fuimos. Su auto estaba en otro lado y cuando le miré, sólo dijo:
—Bueno como no puedo dejar el auto afuera por obvias razones, prefiero dejarlo en el centro comercial, es mejor amor, créeme.—depositó un beso en mi mano y asentí feliz.
Salimos de la ciudad y fuimos a dar a un pueblito cercano. Muy hermoso y pintoresco. Parecia como si el tiempo ahí se hubiera detenido, en alguna época pasada. De inmediato evoqué los tiempos de carruajes y galantes caballeros, de casonas grandes y de bailes fastuosos.
—Llegamos amor.—murmuró Edward ante una preciosa casita de color blanco con bordes rojos. De estilo victoriano. Salió del auto y me ayudó a salir. Nos acercamos a la puerta y tocó el timbre, al poco tiempo se abrió la puerta y una mujer de mediana edad muy hermosa aún, de ojos expresivos y color negro le sonrió ampliamente.
—¡Hijo, por fin te apiadas de esta vieja! ¡qué gusto verte de nuevo!— él se sonrojó visiblemente y se abrazaron haciéndome sentir como una intrusa, debido al gran cariño que ambos se profesaban. No sabía quien era, y eso me tenia con las tripas retorcidas de nervios.
¿Alguien sabe a quien visitan? pues lo sabrán pronto. Y verán las sorpresas.
Mil gracias a: Caresme, Monica Morales,Sandra32321,Corazon de cristal27, MAGUI DE CULLEN, Constanza,mar91, mil gracias por comentar hermosas.
