NOTAS: ¡Hola, mundo! Jeje estoy feliz de que me hayan leído, realmente feliz. Bueno, aquí les traigo la continuación la cual espero que disfruten C: y amm no tengo mucho que decir, solo : ¡Enjoy!

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K-ON! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SOLO LA IDEA PLANTEADA EN ESTE FIC. ARIGATO C:

Me moví tan solo unos centímetros de la posición en la que me la había pasado toda la noche. No me di cuenta de que mi despertador no había sonado durante toda la mañana; realmente se sentía bien el hecho de que ese desgraciado "Bip, bip, despierta" que emitía mi alarma, por un día, se callara y me dejara dormir tranquilamente. Estiré un poco mis brazos para despertar a gusto; y a mi lado, muy cerca de mí, Mio dormía como bebé que acababa de tomar su mamila calientita; era adorable, adorable. Sonreí ladina y contemplé por unos momentos su dulce manera de dormir. Hecha un ovillo y acurrucada a mi lado.

Habíamos dormido tantas veces en la misma cama en tantas y tantas pijamadas, pero ésta, realmente había sido genial. El sol comenzaba a entrar cada vez más persistente a la habitación, y yo, seguía contemplando a Mio. Reí un poco al ver que musitaba cosas graciosas pero poco deducibles. Me tiré a un lado de cama y volví a sonreír. Se sentía bien dormir a su lado, despertar con su compañía. Me levanté muy lentamente para no molestarla y despertarle por accidente. Bajé de la cama y le miré otra vez. Tomé mi celular y le saqué una fotografía. Sería un lindo recuerdo. En aquel momento, miré la hora de mi celular por un instante.

-8:30 am – dije para mí entre sonrisas tontas. - ¡8:30! – grité sacudiendo mi cabello y al borde de la histeria.

-¡Yo no fui! – se levantó Mio de un golpe al escuchar mi grito.

-¡Mio! ¡Nos quedamos dormidas! – le dije con preocupación.

-¡¿Qué?! – gritó ella mientras abría sus ojos enormemente y se aferraba a una sabana.

-¡dormidas! ¡Hasta tarde! ¡Perdimos un día de clases! ¡Ya no nos dejarán entrar! – contesté.

-¡Te dije que ésta pijamada era una pésima idea y tu insististe! – se quejó mientras corría a recoger su ropa y cambiarse la pijama.

-¿Mi culpa? Mira quien lo dice; la que dormía como un bebé.

-Bueno, eso también es tu culpa.

-¿En qué sentido lo sería?

-¡solo, es tu culpa! – gritó en medio de el drama.

Vi su cara roja, enfurecida. Se apresuraba a cambiarse y se veía desaliñada, pero linda. Guardé silencio por un momento, pensé un instante y luego sonreí. Caminé rápido hasta mi mochila y busqué entre mis cosas y libros mi billetera.

-¿Qué haces? – preguntó Mio confundida.

-Bueno, tengo una gran idea. – dije con seguridad.

-Contigo, tus ideas siempre tienen un mal final.

-Bueno, los mejores recuerdos siempre vienen de malas ideas, ¿no? – contesté sonriéndole ampliamente.

Ella arqueó la ceja y bufó para ignorarme y seguir cambiándose.

-¡Mio, no me veas así! – dije suplicante y corriendo hacia ella. – ¿dirás que no te la pasaste bien ayer?

Ella me miró con indiferencia y volteó su mirada hacia otro lado para levantarse de la cama y alejarse. Le tomé la mano y tiré hacia mí. Quedamos un poco cerca y vi su rostro sonrojarse.

-Mio – dije seriamente – Hemos perdido el día, lo único que nos queda, es quedarnos en mi casa o intentar llegar a clases por lo menos a la tercer hora. – hice una pausa y sonreí malvadamente. – oh… ¡podemos ir de paseo! – exclamé con emoción y brincando. - ¡saquémosle provecho al día! Puede ser divertido si no nos lamentamos por habernos quedado dormidas, ¿Sabes? – insistí y ella parecía acceder.

Mio guardó silencio y me miró con consideración. Puse la mejor cara suplicante que tenía. Realmente Moe, Moe…

Ella suspiró entre resignada y convencida.

-Vale, lo haremos. – dijo finalmente con una sonrisa.

-¡Lo sabía! – grité abrazándola fuertemente.

-¡Ritsu!

-¡andando! – dije decidida y me fui a cambiar.

Era un hecho bastante legible, que la pijamada fue parte de mi plan para llevar a cabo con éxito la apuesta con Yui; pero lo acepto, kami-sama estaba de mi lado, ya que un día entero a lado de Mio, a solas, sería más que suficiente para muchas, muchas cosas. Lo siento por Yui, creo que va muy atrás de mí.

"Querida Yui, nos hemos quedado dormidas y faltamos a clases; como creo ya has notado. Bueno, hasta el momento, llevo la ventaja, ¿No crees? Ve apartándome mis cinco dólares. C:"

Le acababa de mandar un mensaje a Yui, informándole de mi actual estado. ¡Vaya que se sentía bien llevar la ventaja!

No tardamos mucho en estar listas y salimos ese día, a dar la vuelta.

Realmente no tenía mucho efectivo, pero si lo suficiente como hacer un par de cosas divertidas y más que nada; aprovechar el tiempo para acortejar a mi Mio.

Había pasado tanto tiempo en mi casa, que de hecho, tenía mudas guardadas que traía de su casa algunas veces, que realmente le servirían en ocasiones como ésta. Yo tomé un pequeño short de mezclilla, una blusa blanca y una sudadera negra junto a un par de tenis blancos. Mio, Mio se veía realmente linda con lo que se pusiera, y ese día escogió un short negro, una blusa azul y unos tenis del mismo color. Kawai. Le tomé la mano, y la incité a correr hasta el parque. Realmente no importaba a donde fuésemos, solo quería pasar el día con ella, la verdad. Y aunque creo que lo que siento por Mio no es amor, creo que es un tipo de atracción realmente inevitable; fue algo que sucedió desde pequeñas. Al inicio fue curiosidad, simple simpatía por querer hacerme amiga de la niña más reservada de la clase, y así, descubrí que era realmente tímida, pero sorprendente. Poco a poco me gustaba cada vez más estar con ella. La frecuentaba mucho y parecía molestarse, pero con el tiempo nos entendimos mejor, y aprendió a ganar confianza; eso era lindo viniendo de Mio. Lo raro fue cuando llegamos a la preparatoria. Ella me atraía de cierta forma desde hace tiempo, creí que era su personalidad, pero cuando conocí a Mugi, sentí que me atraía de una forma similar a la que Mio provocaba en mí.

Sé que es una apuesta, pero realmente me gusta ésta chica. No es amor, no. La apuesta debe seguir.

El día era fresco, llevar la sudadera no estaba mal. Caminábamos por aquel parque que parecía infinito y relajante.

-Vaya que el día se presta para echar la flojera jeje – dije en broma para romper el silencio. Notaba a Mio nerviosa o tensa. – Te dije que disfrutaríamos el día si no estamos tensas y nos dejáramos llevar por el día.

-Es que yo… no sé, nos perderemos las tareas. – contestó con un leve rubor en sus mejillas y entrelazando los dedos.

Sacudí mi cabeza y sonreí.

-Ven. – le dije mientras tomaba su mano.

La llevé a uno de los columpios y la subí.

-Sujétate – dije.

-¿Qué haces? – preguntó nerviosa mientras se sostenía.

Comencé a mecerla de poco en poco mientras le recordaba que se sostuviera. La mecí cada vez un poco más fuerte. Al principio parecía asustada y gritaba que la bajara, a lo que yo solo me reía y le decía que no pasaría nada.

-Te dejaré bajar, si prometes que no estarás preocupada, ¿De acuerdo? – dije en tono amenazador.

-¡¿Qué?! ¡Eso es injusto! – se quejó lagrimeando.

-Bueno, puedo hacer esto todo el día. Incluso con más fuerza. – contesté juguetona.

-¡no, no, no! –gritó.

La gente que pasaba por ahí nos miraba entre risas y miedo.

-Bueno, promete que estarás relajada. – dije.

-¡De acuerdo, lo prometo! – contestó rápidamente y aferrándose a las cadenas del columpio.

-Ahora di, que soy la mejor y la más linda y adorable criatura del mundo. – argumenté entre broma.

-¡¿Qué?! ¡Eso no es cierto! ¡y tampoco lo diré!

-¡Oye! ¿Quieres bajar o no? – la mecí un poco más fuerte.

-¡Para, para! ¡Baka Ritsu!

-Jajaja – comencé a reír y de ante mano, sabía que no lo diría.

Yo me encontraba a sus espaldas, y como ya la había asustado demasiado; detuve el columpio en seco. Lo cual fue una mala idea, ya que olvidé que le estaba empujando con más fuerza, por lo cual Mio cayó sobre mí de espaldas. Ni siquiera la vi venir, tan sólo sé que de momento a otro, mi cabeza golpeó el suelo lleno de arena y Mio estaba sobre mí. Comencé a quejarme de dolor y a limpiarme la arena de la cara.

-Mio… no me dejas… respirar… - dije con dificultad.

Mio me miró sonrojada y asustada.

-¡Ritsu! ¡¿Estás bien?!

Ella intentó levantarme, y me extendió la mano para ayudarme; lo cual fue inútil, porque yo tiré de su mano para que cayera conmigo.

-¡¿Qué haces?! – se quejó.

-Vengándome – contesté con simpleza y con la cara llena de arena.

-¡Pero todo ha sido tu culpa! Si no me hubieses mecido tan fuerte no hubiese pasado esto. – se notaba frustrada.

-Bueno, bueno, ahora tu cara también está llena de arena. – dije mientras me reía de ella. – perdóname si. Solo quiero que no estés preocupada y verte sonreír. – sacudí mi mano, y comencé a limpiar la arena de su cara.

Sus mejillas se pusieron rojas, rojas como tomates. ¡Bingo! Estaba cayendo. Sonreí tiernamente y le ayudé a levantarla.

-¿Ves? Así, sonriendo, te ves mejor. Así me gustas más. Me gustan las personas cuando sonríen, es por eso que me gusta verte sonreír, Mio-chuan~ - argumenté mientras le miraba fijamente.

Ella parecía congelada y atónita; entre sonrojada y estática.

-Anda, Mio, vayamos por algo de comer. – le dije, y tomé su mano una vez más.

Había notado que Mio era tímida en demasía; pero en retrospectiva, ella lo era de ciertas formas conmigo. Como cuando me acercaba y tomaba su mano, cuando le abrazaba eufóricamente, cuando tocaba su cara o cuando le miraba muy fijamente y le sonreía. ¿Acaso Mio…? No lo sé… ¿Seré yo quien le guste?... no creo… estoy pensando de más.

Dejé de pensar tanto y actuar más.

Compramos un par de hot dogs; mis favoritos, y comimos en una pequeña banca del lugar debajo de un frondoso árbol. Llevábamos un rato merodeando después de terminar nuestra comida, mientras platicábamos sobre algunas canciones, la banda, y cosas que nos sucedían. Era un día genial, si me lo preguntan. Repito, no importaba el lugar, sino Mio de compañía.

El parque era lindo, genial y agradable; pero nada como la tienda de videojuegos. Amaba arribar aquel lugar, era realmente increíble; aunque Mio no mostrara gran interés, estuvo conmigo. Traté de animarla que jugara, y lo hizo. Aproveché para enseñarle cómo hacerlo, y lo hacía. Tomaba su mano y le encaminaba para ganará, y cuando ganaba, brincaba y reía de emoción. Yo ovacionaba sus "Triunfos". El resto de la tarde nos la pasamos en los videojuegos, luego al cine, y cuando notamos que era realmente tarde, decidimos regresar a nuestras casas. Claro que primero debía ir por sus cosas a mi casa.

Caminábamos debajo de un cielo cristalino de estrellas brillantes, las cuales siempre ignoraba por lo cursis que me resultaban; pero esa noche, no. Esa noche era especial.

-Nee, Mio – hablé para interrumpir el silencio.

Mio me miró

-¿Ya me dirás quien te gusta? – insistí.

Su cara se sonrojó como siempre, o más, y evitó mirarme con firmeza.

-¿Eso es no, verdad? – dije burlona. – bien, no insistiré.

-Baka Ritsu… - musitó.

Yo solo reí y seguí caminando. Era lindo ver como se sonrojaba en aquella noche tan brillante. Odio lo cursi, pero con ella era inevitable. Por fin llegamos a mi casa, y no había nadie. Ella pasó a mi habitación y recogió sus cosas.

-Si quieres, puedes quedarte a dormir. Ya sabes, quizá mañana tengamos otro día genial. – dije entre bromas esperando un golpe o un repelo de Mio, pero realmente me sorprendió.

-Solo si estuviese loca lo haría. No perderé otro día de clases por tu culpa. – contestó con seriedad mientras caminábamos hasta la salida. – Pero admito que fue uno de los mejores días contigo – argumentó tomándome de sorpresa y haciéndome sonrojar como ella lo hacía.

Mi corazón se aceleró un poco por la franqueza de sus palabras, y por cómo se dio vuelta y me miró: Sonrisa adorable, rubor en sus mejillas y ladeando su cabeza muy kawai.

-Gracias – finalizó.

-D-de nada – contesté con una sonrisa nerviosa. – Déjame acompañarte a casa.

Ella asintió y así, comenzamos a caminar hasta su casa, la cual no estaba muy lejos, pero era algo tarde.

-No te hubieses molestado – me dijo cuando nos encontrábamos en la entrada de su casa.

-No hay problema. No me iba a arriesgar que alguien te hiciera algo; o ¿Arriesgarme a que venga alguien y te haga reír más que yo? Jamás – argumenté con carisma. Ella se sonrojó. Kawai.

-Bueno… nos ve-vemos mañana

-Hasta mañana Mio, que descanses.

Me acerqué un poco a ella, y besé su mejilla mientras tomaba su mano. Después hice un además de adiós con la mano, y noté cuan estática y sonrojada se quedó. ¡Bingo de nuevo! Yui, vas a perder. Salí corriendo y regresé a casa.

-¡Paso por ti mañana temprano, trata de no quedarte dormida! – grité cuando me alejaba del lugar. Mio solo asintió algo anonadada.

Corrí de vuelta a casa, y mi corazón latía rápido, uno: porque acababa de correr, Dos y principalmente: porque acababa de besar la mejilla de mi mejor amiga y se sentía realmente bien. Abrí la puerta y entre rápidamente como si alguien me viniera persiguiendo. Cerré la puerta de golpe y me recargué en ella con las mejillas y cara caliente. Toqué mis labios ligeramente y sonreí.

-Diablos… - musité para mí y recordé lo linda que se veía cuando me sonrió antes de irse. – Dicen que para enamorarla tengo que hacerla sonreír… pero cuando ella sonríe… creo que termina por enamorarme a mí…

Pensé mientras sonreía como idiota.

Caminé hasta mi habitación y me tiré sobre la cama y miré el techo como si no hubiese un mañana. Quizá… la apuesta ya no estaba siendo buena idea… esto era más que por esos cinco dólares…

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Notas: ¡Waaah! Eh aquí el siguiente capítulo jeje, espero que les haya gustado o sido de su agrado. Arigato por sus Reviews que son lo que me motivaron a seguir con esto. Quizá no esté muy, muy interesante pero se pone mejor jeje

¡Nos leemos!

Ya sabes, acepto críticas y opiniones constructivas. Estaré actualizando más, más seguido C:

¿Algún REVIEW?

Bueno, ahora sí, me largo.