Cap. 26 SOSPECHAS
Por mucho que no lo deseara, Bella sabía que tendría que volver a la escuela. Y se lo dijo a Edward. Él por supuesto estaba más que convencido que Bella debería seguir estudiando. Y unos días más tarde, al sacarla a caminar un rato, le esperaba una sorpresa.
Un auto esperaba a la entrada de la casa, Bella no sospechó nada, hasta que Edward le dio las llaves y la colocó enfrente del carro.
—¿Para mi?—musitó completamente sorprendida y emocionada. Ahora sí, ir a la universidad sería pan comido. Besó efusivamente e Edward mientras le daba las gracias. Nessie a lo lejos sonreía feliz al verlos.
Esa misma semana Bella estrenó su auto para ir a la escuela. Le encantaba su auto y en cuanto llegó de la escuela, con el pretexto de comprar cosas para la comida, sacó a Nessie y la llevó de paseo.
—Hija, no debiste molestarte… —Bella estaba radiante, ahora podría ir y venir sin problema alguno y eso le ahorraba mucho tiempo.
—No es molestia Mamá Nessie, es algo que quería hacer —a la mujer se le humedecieron los ojos de la emoción.
—Gracias —fue lo único que dijo. Poco después estaban en un centro comercial, comprando lo necesario para la cena, y después de haber curioseado por una tienda de antigüedades, ambas salieron para ir a la casa.
Mientras en otro lado:
Edward llegaba a su casa para poder llevar ropa y una cámara que necesitaba para un trabajo, metió las llaves y abrió, al cerrar la puerta, unos brazos lo rodearon.
—Hola amor… —era Tanya la que lo abrazaba. Edward después del pequeño sobresalto, miró la maleta, acababa de llegar, pero ella había dicho que llegaría hasta la próxima semana.
—¿Qué haces aquí Tanya? —esa pregunta la hizo sonreír.
—Pues es mi casa, eres mi marido y vine para hacer el amor contigo hasta saciarnos, mi vida. —esas palabras le cayeron como balde de agua fría. No soportaba estar junto a Tanya, ¿cómo rayos le haría para quitársela de encima?—Te he abandonado mucho, pero se acabó, como buena esposa que soy, estaré al pendiente de ti, y tú de mi. —Ella caminó hasta el sofá y de manera provocativa se recostó esperando que él fuera hacia ella.
—Lo siento Tanya, tengo trabajo, sólo vine por mi cámara, regreso más tarde. —Tanya lo miró ir hacia el estudio y recoger la cámara y luego salir apresurado.
—Cuando regreses, tendrás que ser como un perrito faldero "mi amor"—sonrió de manera perversa y luego se levantó para llevar su maleta a la recamara.
Al ir acomodando la ropa, sonrió al pensar en las ardientes noches que pasó en ese crucero. Sin duda, era el paraíso. Los hombres que ella quisiera, los lugares que le gustaran y todo lo pagaba su "amado marido". Una vez que terminó de acomodar las cosas, se recostó en la cama, recordando lo vivido unas horas antes de llegar a su casa, en brazos de su amante de turno.
Luego de un rato de descanso, llamó a su cuñada Rose para salir a cenar. Sabía que estaría más que encantada al saber que estaba de nuevo en casa.
Se duchó y se puso un vestido entallado muy sexy y tomó su cartera, saliendo en su carro para ir a encontrarse con Rose. Lo que al principio resultó ser una genial idea, después fue un chasco. Rose le avisó que se sentía mal y que no podría ir con ella. Fastidiada por ello, decidió continuar y llegó a un lujoso centro comercial.
Recorría las tiendas del centro comercial más por inercia que por verdadero interés. Y fue eso lo que hizo que tropezara con alguien.
—¡Oh! lo siento mucho señorita, ¿se hizo daño? —ella volteó para decirle unas cuantas verdades al estúpido con el que había chocado pero sus palabras se atascaron cuando vio al hombre que tenía enfrente, un hombre de cabello rubio atado en una coleta, guapo y de complexión atlética. Lo perfecto para pasar una tarde noche llena de acción.
La sonrisa de ella dejó encandilado al hombre que de inmediato se presento.
—Soy James, James Hilton —ella le dio la mano que él prontamente besó y ella solo dijo:
—Soy Tanya, Tanya Jordan. — de ahí fueron a cenar a un restaurante donde James galantemente pagó todo. Tanya no podía dejar de advertir que literalmente la devoraba con la mirada. Lo que la puso muy excitada, y un rato después, ambos estaban en el departamento de él.
Los gemidos provenientes de la recamara, daban muestra de lo que estaba ocurriendo. Tanya no había conocido a nadie como él. Nadie la había tocado como él lo estaba haciendo y eso la estaba volviendo loca de placer.
Espero les guste el capítulo, y nos leemos pronto, mil gracias por sus reviews.
Besos
