Todo lo que reconozcáis pertenece a J.K. Rowling.
Si alguien le hubiera dicho el primer día que Scorpius Malfoy fue a comer a su casa que siete años más tarde estaría en las gradas de un estadio de Quidditch contemplando el partido de los Magpies contra los Cannons con Él a su lado, Ron Weasley se habría reído muy alto. Y durante mucho rato. Y pasados unos minutos, le habría puesto una mano en el hombro a aquel loco y le habría comentado amigablemente que antes de hacer eso, se iría a vivir al Bosque Prohibido con los familiares de Aragog.
Aún y así, allí estaban aquella tarde de sábado. Ron vestido con su equipación completa de seguidor de los Chuddley Cannons, y Él vestido casi a la manera muggle, a excepción de una bufanda que cambiaba de color para animar al equipo que marcara un gol; por eso, la mayor parte del tiempo era del color blanco y negro de los Monstrose Magpies, y solo en unas pocas ocasiones se había teñido de brillante naranja.
A pesar de que los Cannons iban perdiendo ya por 120 a 30, Ron no dejaba de animar como un loco a su equipo. Él era más discreto, pero también gritaba de alegría cada vez que los Magpies marcaban. Y aplaudía cuando lo hacían los Cannons.
Por Merlín, Ron nunca se habría imaginado que habría terminado yendo a ver los partidos con Él. Durante muchos años había ido con Harry, cuando sus trabajos se lo permitían, o con Ginny, que gracias a su trabajo tenía siempre los mejores asientos. Pero cuando sus hijos empezaron a salir de Hogwarts, comenzaron a acudir con ellos a los partidos. Rose, Hugo o ambos solían acompañarle. Pero cuando estos empezaron a centrarse en sus trabajos (sí, Hugo también se centró en su trabajo. Al final había sacado más de Hermione de lo que parecía), dejaron de tener tanto tiempo disponible para el Quidditch. Y aunque Él también estaba avanzando en su propio trabajo, no era tan obsesivo como sus propios hijos. De modo que, aunque con ciertas reticencias por parte de Ron al principio, Él empezó a acompañarle a los partidos. Hugo o Rose también iban de vez en cuando, y en las grandes ocasiones, como los partidos del Puddlemere United contra las Arpías de Holyhead, solían juntarse con los Potter. Pero la mayoría de las veces eran ellos dos. Y a pesar de que Ron nunca lo admitiría, resultó no estar demasiado mal. El tipo sabía de Quidditch, hacía comentarios adecuados y sabía respetar su estado de ánimo parecido al luto cada vez que los Cannons hacían un partido desastroso (lo que, dicho sea de paso, solía ser cada partido).
—Señor Weasley, quería hablarle de una cosa—dijo de repente Él.
Los Cannons acababan de marcar, y ya sólo les sacaban ochenta puntos de ventaja. Ron acababa de soltar un grito de euforia, y estuvo descolocado unos cuantos segundos antes de entender que no había dicho nada relacionado con Quidditch.
—¿Ah, sí? ¿Qué querías?—respondió finalmente, fingiendo indiferencia.
Nunca le llamaba por su feo nombre. Menos por su horrible apellido. Hermione le había mirado con mala cara durante años cada vez que se refería al chico como el Innombrable, de modo que había concluido que la mejor manera de hablar de Él era eludir su nombre. O cuando quería mencionarle, Tú o Él eran buenos recursos.
Así que Él soltó a bocajarro:
—Quería pedir su permiso para pedirle a Rose que se case conmigo.
Tenía la mente totalmente en blanco. Los sonidos le llegaban atenuados, como si estuvieran a miles de quilómetros bajo el agua. ¿Pero qué demonios acababa de decir aquel maldito energúmeno, por los pantalones de Merlín?
¿Casarse? Claro que Rose iba a hacerlo, pero cuando estuviera cerca de los cuarenta, le daría un montón de nietos pelirrojos y, definitivamente, el padre no sería Él. Sería… bueno, no lo sabía, pero cualquier otra opción sería mejor. ¿Rose Malfoy? Por favor, antes sería Rose-señora-del-Calamar-Gigante.
¿Cómo se atrevía aquel maldito degenerado a pedirle permiso? Eh, espera un momento. Ron se dio cuenta en aquel instante que había dejado de respirar y que probablemente se habría puesto totalmente rojo. El caso era que hacía una eternidad que no se pedía permiso para pedir matrimonio. Se hacía y ya. Él no le había dicho nada a los padres de Hermione, se habían limitado a aparecerse allí al día siguiente, felices y avergonzados. Es más, estaba seguro casi al cien por cien que su propio padre tampoco lo había hecho. No por nada sus padres se casaron a las puertas de una guerra.
Así que, muy orgulloso de sus años de práctica conteniendo su rabia antes de empezar a gritar barbaridades sin parar, respiró profundamente y dijo en un tono de voz grave y peligroso:
—¿Me estás pidiendo permiso para pedirle matrimonio a mi hija?
Él se revolvió, visiblemente nervioso. Dirigió una rápida mirada al campo y se acomodó la bufanda naranja alrededor del cuello.
—En realidad no, señor Weasley. Tenía pensado pedírselo a Rose esta noche. Pero después me acordé de que es altamente probable que usted quiera matarme por ello, así que me pareció conveniente informarle a usted antes. Así, si va a matarme, mejor dejar a Rose sin novio que sin prometido, ¿no cree? Ah, y ya puestos a matarme, puede hacerlo aquí. Así tendrá miles de testigos que podrán afirmar que ha sido totalmente justificado.
Maldito fuera Él. Maldito fuera Scorpius Malfoy y su irónico sentido del humor. Si hubiera pronunciado esas palabras cualquier otra persona con otro apellido, habría reído abiertamente por ese genial sarcasmo durante horas. Pero no, tenía que ser Él. Y Ron no podía permitirse apreciar su sentido del humor.
No podía gustarle nada de Él. Era un Malfoy. Un horrible sangrepura. Descendiente de mortífagos. Un hombre con un sentido del humor demasiado cínico (similar al suyo, por cierto). No era un digno Gryffindor (un inteligente Ravenclaw, como Rosie). Un jugador de Quidditch mediocre (que al final no era tan malo si se concentraba). Alguien demasiado aficionado a los libros (igual que su querida Rose). Muy dado a hacer comentarios insolentes (y brillantes). Con mucho respeto por la sabiduría. Admirador de los valientes. Alguien junto a quien Rose era incapaz de borrar el rastro de una sonrisa de sus labios…
Maldición. Él era terriblemente odioso. Y aún así, no podía odiarlo. No podría haber alguien más capaz de hacer feliz a su pequeña que él.
Emitió un lamento por lo bajo. Como si estuvieran a millones de años luz de allí, oyó los gritos de la multitud a su alrededor celebrando un nuevo gol de los Magpies. Ron tomó una gran bocanada de aire y mirando con una seriedad mortal al hombre frente a él, dijo:
—Hazlo, Malfoy. Y como se te ocurra hacerle el más mínimo daño a Rose, no vas a tener suficiente universo para huir de mí.
Cuando al día siguiente, Rose y Él anunciaron a la familia reunida en la Madriguera que se habían prometido, nadie creyó por unos interminables segundos que Ron siguiera tan tranquilo bebiendo de su vaso. Ginny le escrutó con la mirada como si esperara que le diera un ataque al corazón de un momento a otro. La mayoría de sus sobrinas le miraron fijamente con la boca abierta. Albus y Harry observaban con idénticas expresiones pasmadas su falta de reacción. Hermione tenía la mano casi cerrada sobre la varita, lista para conjurar un escudo o lo que fuera necesario.
—Felicidades, chicos, me alegro por vosotros—dijo con toda la tranquilidad del mundo Ron, levantando su vaso, como si no inmutarse cuando tu hija anuncia que va a casarse con el hijo de tu peor enemigo fuera algo que hiciera todos los días.
Y entonces, todos prorrumpieron en gritos de felicidad. Rose corrió hacia él y le abrazó con lágrimas en los ojos, mientras los demás se acercaban a felicitar uno a uno al futuro miembro de la familia. Mientras abrazaba a Rose, la mirada de Ron viajó a través de la habitación hasta dar con la del futuro marido. Estuvo a punto de sonreírle, pero se contuvo. Se miraron fijamente, y ambos asintieron. Ron estaba seguro de que recordaba las últimas palabras que le había dicho al respecto.
—Y como se te ocurra darme nietos que no sean pelirrojos, vas a morir de verdad.
¡Hola a todos!
No debería estar escribiendo esto. Tenía pensado este fic como un one-shot corto (que al final se alargó un poquito), pero definitivamente sin continuación. Pero entonces PottericaTwilighterVictoria me comentó una idea para un posible epílogo, y se me empezó a formar una escena en la cabeza... que acabó de tomar forma ayer a las dos de la madrugada, y no me pude resistir. Y así salió este momento entre Ron y Scorpius, siete años después. Cabe mencionar que aquí Ron ya tiene alrededor de 50 años, y me imagino que ha tenido tiempo suficiente para aprender a no saltar de indignación al instante, ¿no? Bueno, muchísimas gracias a todos por leer, y recordad que cualquier review es bienvenido.
¡Hasta la próxima!
