Disclaimer: Vocaloid y todos sus personajes son propiedad de Yamaha y Crypton Corporation.


Capítulo IV

—Por último, las funciones biyectivas resultan un "emparejamiento perfecto". Cada elemento del dominio o conjunto A tiene una pareja única en el conjunto B, siendo éste el codominio, y a cada elemento del conjunto B le corresponde solamente una imagen del conjunto A. De esta manera se cumplen las condiciones de las dos funciones anteriores: sobreyectiva e inyectiva.

El timbre sonó justo en el instante en que la maestra de matemáticas, la señorita Miriam, terminaba de rellenar la pizarra con cinco páginas de ejercicios asignadas como tarea. La susodicha giró suavemente sobre los tacones de sus rústicas botas, recogió su maletín y observó cuidadosamente a los alumnos de su clase: nadie había abandonado su lugar aún, ni siquiera el Equipo Especial. Probablemente continuaban en su banco porque Rinto estaba dormido y no querían perturbar su sueño. Ella sonrió de todas formas, enseñando su satisfacción con los estudiantes que se molestaron en atender su lección.

—Ya pueden retirarse. Recuerden estudiar todos los contenidos vistos para el examen de la próxima clase. Saldrán ecuaciones de primer y segundo grado, los tipos de funciones y sus gráficas en planos cartesianos. Además, repasen las nociones básicas que les enseñé sobre trigonometría. Nos vemos la semana que bien... Ah, Hanazono-san, ¿podrías acercarte un momento?

Rin asintió nerviosamente y se puso de pie. Inmediatamente su equipo también lo hizo, abruptamente tras despertar a Rinto, y, como el resto, se retiró del salón antes de que Rin pudiese detenerles e intentar hablares por enésima vez ese día. Para Rin fue impactante observar cómo los estudiantes se apartaban del camino conforme ellos avanzaban, como si de fenómenos contaminantes se tratasen, permaneciendo con las cabezas gachas y las manos apretadas hasta que los tres desaparecían de la vista. Rin rodó sus ojos y suspiró. Alguien debía de detener aquella irracional alimentación al ego de esos tres antes de que sus delirios de grandeza ocasionasen graves consecuencias.

—Leí un breve sumario sobre tu caso y lo encontré bastante peculiar. Conversé con Meiko-sensei sobre si deberías de presentar la evaluación emergente o no—Rin armó una sonrisa mínima, esperanzándose con la ilusión de contar con una prórroga para ponerse al día, pero su mirada perdió aquel brillo de fe al oír las siguientes palabras de su maestra—, y ella ha dicho que fuiste designada al Equipo Especial, los tres más habilidosos de este salón, por lo que no tendrás ningún inconveniente presentando. Solo necesitas ponerte de acuerdo con ellos para que te expliquen los demás contenidos. Oh, también preparé esta guía para que practiques por tu cuenta, ¿está bien?

—P-Pero...—Rin pestañeó un par de veces, revisando los signos extranjeros impresos a lo largo de todo el papel. No diferenciaba más que una sarta de número y símbolos puestos al azar—. Miriam-sensei, no pienso que mis compañeros de equipo estén dispuestos a ayudarme. En efecto, preferirían verme fallar la prueba a intercambiar media sílaba conmigo.

—Es su deber darte una mano, Hanazono-san, pues el trabajo en equipo es parte de los rasgos a evaluar en esta Academia. El promedio es grupal, por lo que si tú repruebas, sería un golpe fatal para sus notas también—Rin negó desesperadamente, espantada por imaginarse cómo podrían reaccionar los tres demonios si les causaba algún problema. La maestra palpó su hombro lentamente y le miró con lástima—. Nos vemos, Hanazono-san. Buena suerte—se despidió con una corta agitación de su mano y se esfumó por el pasillo. Rin gimió, horripilada por la vuelta de los sucesos.

No había transcurrido ni un día en la Academia y ya estaban empezándose a apilarse las preocupaciones. Y todas ellas se centraban en el Equipo Especial y en Meiko Sakine.

—¿Qué es eso que tienes en tus manos, Rinny?—Canturreó Gumi, deteniéndose detrás de ella mientras Miku y Piko se precipitaban fuera del aula con varias carpetas en las manos. Antes de que la rubia pudiese reaccionar, las manos de Gumi se escabulleron sobre sus hombros y le arrebataron ágilmente la guía—, ¿oh? ¿Un cuestionario de matemáticas? Qué espanto.

—¡Oh Gumi, necesito ayuda!—Sollozó la rubia, abrazándose firmemente al suéter de su potencial nueva amiga. Ella se sobresaltó por el súbito cambio de humor y se vio incapaz de contestar inmediatamente. Rin inhaló profundamente y mordió sus labios—. Miriam-sensei ha dicho que tengo que pedirle ayuda a mi equipo para repasar los temas que irán al examen. ¿Cómo haré eso? Ninguno de los tres me ha prestado la mínima atención desde que me uní al equipo.

Un muchacho pasó su brazo por los hombros de Gumi cuando ella se disponía a responder y despeinó su cabellera con un cariño amigable. Era un joven tanto más alto que ella, delgado y buen mozo, con los mismos mechones verdes desmañados y un par de confiados ojos esmeraldas, quizás menos centelleantes que los de Gumi, pero joviales y cálidos de todas formas. Gumi respondió su inesperado saludo propinándole un codazo en el estómago, igual de juguetón que los movimientos del otro, y sacando su lengua con ternura. Él sonrió abiertamente mientras apretaba el nudo que sostenía su suéter a su cintura. Su camisa iba arremangada y sus botones sueltos, exhibiendo parte de una fresca franela de algodón, y su corbata se encontraba atada a su muñeca. A pesar de su atuendo ligeramente descuidado, aquel muchacho no perdía su aire enérgico y atractivo.

—Tú eres la estrella nueva sin talento—él respingó al percibir la mirada mordaz que Gumi le mandaba—definido, sin talento definido, ¿cierto? Rin Hanazono, el nuevo descubrimiento de Gackupo. Un placer. Mi nombre es Gumiya, aunque aquí todos disfrutan llamándome Gumo, ya que se asemeja al sobrenombre de esta intrépida jovenzuela. Soy el cerebro del Equipo C.

—¿Cerebro?—Musitó Gumi, frunciendo el ceño—. Por tu culpa perdimos cinco puntos el mes pasado en ese laboratorio de ciencias, ¿o ya lo olvidaste?

—Ugh, eso no fue exactamente mi culpa, pequeña genio—replicó él, contrayendo los hombros tranquilamente—. ¿Quién le entregó a Luna la combinación errada de elementos? No fue Oliver, tampoco fui yo. ¿Quién más nos queda en el equipo?

—¡Aish! Rin y yo estamos discutiendo algo importante—reiteró ella y Gumiya sonrió complacido al notar su evasión—, así que márchate.

—¿Qué puede ser tan importante como para que no pueda escucharlo?

Rin continuó callada pese a que Gumiya desvió sus indagadores orbes en su dirección, buscando en ella algún tipo de explicación. Gumi aguantó las ganas de exhortarle bruscamente que se marchara, aprovechando la oportunidad que distraía al otro para zafarse de su agarre y acercarse a la retraída rubia. Colocó sus manos sobre la espalda de la nueva estudiante y le indicó una vez más a Gumo que se fuera. Éste permaneció quieto.

—Ugh. Lo que sea que vayamos a discutir, no es de tu incumbencia. Luna y Oliver esperan por ti para comenzar con el proyecto de historia que Meiko dejó. Vete ya y deja a Rin en paz, ¿no ves que le intimidas?

—¡Oh! Debe ser culpa de mi abrumador encanto—Gumo guiñó su ojo y Rin se sonrojó, demasiado atosigada por la perspicaz desenvoltura. Éste estiró sus brazos y sonó su cuello antes de despedirse apropiadamente—. Está bien, ya me voy. No tardes mucho, Gumi. Sabes que necesitamos al equipo completo para acabar hoy.

—Sí, lo sé.

Gumiya extendió su mano hasta acariciar suavemente la tersa cabellera de Rin, como si fuese un cachorro indefenso que requiere de protección, y se largó, dejando atrás a una encaprichada y quejumbrosa Gumi, quien criticó con afán, por los próximos sesenta segundos, que su conducta tan insolente y audaz solo dañaba a una niña tan inocente como Rin. La rubia pronto recordó el asunto que debía de resolver y por el cual, en primer lugar, había acudido a Gumi por auxilio. Desesperada, le sostuvo por los codos y agitó sus brazos para capturar su atención.

—¿Qué me aconsejas, Gumi?—Murmuró, envuelta por el pánico al rememorar las palabras de Miriam—. No hay forma de que- ¡Ya sé! ¿Puedo estudiar contigo? Prometo estar atenta y preguntar solamente cuando se necesario. Será imposible que Len, Rinto o Rei accedan a escucharme. ¡Por favor, ayúdame a repasar!

—Lo siento Rin—negó ella dolorosamente—, pero no se puede. Los profesores vigilan todo lo que hacemos, sabes, y son realmente estrictos cuando de cumplir las normas se refiere. Está establecido que los integrantes de un equipo deben de ayudarse y evaluarse entre sí. Si se diese el caso donde ninguno comprendiera alguna materia, lo que es realmente extraño, entonces todos los miembros podrían acudir al tutor de la clase en busca de respuestas. También podrían reunirse con otro equipo para complementar ideas si el tutor lo autorizara. Pero esos son casos extraordinarios. Además...—Gumi exhaló con pesadumbre y se aferró a la tembladora mano de Rin—, has sido agrupada con los mejores de nuestra clase, Rin. No hay forma en la que Meiko, quien te adjuntó a ellos, apruebe tal sugerencia.

—¡No puede ser! ¿Estoy atrapada, entonces?

—No quiero sonar pesimista, pero sí—afirmó y Rin estrelló sus palmas contra su rostro, ahogándose en sus propias penurias y lamentos. Gumi armó una pequeña sonrisa cuando una idea apareció en su mente—. Aunque, creo que sé a quién podrías recurrir para suplicar intercesión y conseguir la colaboración de tu equipo.

—¿A quién?—Preguntó, contagiándose de esperanza y alegría, y Gumi amplió más su curvatura alegre—, ¿quién puede hacerlo?

—Sígueme. Vayamos a buscar a Miku primero. Debe de estar preparándose para su clase de yoga—acotó ella y Rin asintió, rogando a los cielos que el plan que Gui tuviese funcionase. De lo contrario, estaría en graves aprietos.

La más alta de las dos tomó por la muñeca a la más baja y le sacó a rastras del salón.

...

—¿Estás segura de que esto funcionará?

Rin y Miku estaban de pie, petrificadas como esculturas, delante de la última puerta de uno de los pasillos más desolados del dormitorio de las chicas. Parecía un escenario que utilizarían en alguna película de suspenso y terror. El ambiente perfecto para el tétrico asesinato de una víctima ingenua. Hacía unos instantes Miku había levantado su puño para tocar la labrada puerta que se erguía delante de ellas, pero Rin le había detenido frenéticamente, con su respiración agitada y su rostro muy pálido, desconfiando gravemente que aquello pudiese conducirles hacia un resultado placentero.

—Es la única forma—aseguró ella Miku pacíficamente—. Hasta Rui-san sabe que debe de apegarse a las reglas, por su propio bien y el de su hermano. Si utilizas ese punto a tu favor, entonces conseguirás su ayuda.

—Pero Miku, yo no soy muy persuasiva—reprochó Rin mientras daba breves e insatisfactorias inhalaciones—. ¿Qué tal si se niega? No tenemos ningún plan de respaldo ante tal posibilidad.

—Pensaremos en algo más, ya verás que todo saldrá bien.

—¿Pero cómo? Si no consigo la ayuda de esos tres, tendré que ir con Meiko-sensei. Pero ella me odia—Miku intentó refutar aquella aseveración, pero la histérica rubia se lo impidió con sus rápidos balbuceos—, por lo que se negaría a escucharme y yo tendría que depender de mis escasos conocimientos para presentar. Por ende, reprobaré la prueba y nuestro promedio como Equipo Especial llegará al suelo.

—Rin, no creo que-

—Si eso sucediera, los maestros comenzarían a sospechar y le dirían a Mew-sensei que, en efecto, no cuento con ningún talento especial y que se equivocaron conmigo—continuó con su plática atolondrada, ahora moviéndose de un lado a otro en el extenso pasillo, dejando a Miku atónita por la trama tan trágica que su mente tejía—. Eventualmente terminarían expulsándome por tener bajas calificaciones, ya que ésta es una escuela de élite y es evidente que no necesitan idiotas aquí, y... ¡Claro! Len lo único que desea es sacarme de aquí—Rin se giró para ver a Miku de frente, con aquellos ojos perceptivos que transmitían entendimiento y razón—. ¡Ahora lo entiendo todo! ¿Cómo no se me ocurrió antes?

—Um, Rin—Miku frotó su frente y negó calladamente antes de proseguir—, las cosas que no funcionan de esa manera aquí. Si tus calificaciones son tan terribles, el promedio del equipo desciende radicalmente. Dependiendo de qué tan bajo resulte para finales de trimestre, los integrantes serán enviados a sesiones correccionales que, te aseguro, no son para nada placenteras. Si no aprueban los exámenes de recuperación pautados en verano tras la culminación de las sesiones, deberán de tomar el año completo de nuevo. Por otra parte, si el promedio es bajo, pero no tan malo como para repetir, entonces se hacen cursos especiales para aumentarlo, también en vacaciones. A lo que me refiero es que no hay forma de que te expulsen por malas calificaciones, Rin.

—¿En serio?

—Por eso es que ellos no tienen alternativa: te ayudan o sacrifican sus vacaciones también. Es una clase de pensamiento de la escuela: "triunfan en equipo o se hunden como uno".

—Creo que mi equipo preferiría tirarme por la borda antes de que les hunda—dijo ella. Miku dio unas animadas palmaditas en su espalda.

—Lo harás bien, Rin-chan. Ten un poco más de confianza.

—¿Qué están haciendo ustedes aquí?—Espetó una voz baja, siniestra y amenazante a lo lejos. Miku se regresó, inmutable, acostumbrada a aquella tonalidad tan carente de emoción y a aquel trato tan distante. Rin se animó a tornarse, imitando a su amiga, para toparse con una enojada Rui a unos dos metros de ellas. Retrocedió inconscientemente.

—Rui-san, Rin quiere hablar contigo. Tiene un favor que pedirte—explicó Miku amablemente. Rui clavó sus frívolos ojos dorados en la aludida, congelándole en su puesto, quitándole inmediatamente todo rastro de seguridad. Al no obtener una respuesta de su parte, se volvió a su compañera de equipo, el descontento impregnado en cada uno de sus poros.

—Miku, pensé que sabías que no hago favores, mucho menos a mediocres—dijo, irritada, sin prestar una mísera pizca de interés al objeto de su discusión. Miku quiso contestarle, pero ella le frenó de inmediato al levantar su mano y estirar su palma delante de ella—. Ni lo intentes. Rei ya habló conmigo. Ella es una mediocre.

—¿Cómo puede decir eso sin siquiera conocerme? Ninguno se ha molestado en darme una oportunidad—señaló Rin, indignada por su insensible y parcializado comentario—. Tú no tienes ningún derecho a insultarme, tampoco tu hermano, ni Rinto, ¡ni nadie más!

eres la que no tiene ningún derecho de inmiscuirte en nuestras vidas—ella permaneció en silencio, no entendiendo a qué se refería Rui. Ésta gruñó apesadumbrada, apretando sus puños en los costados de su cadera—. Mira, solo te voy a decir esto: tú no perteneces a esta escuela y ése es un hecho que no puedes cambiar. Entre más pronto lo asimiles, será mejor para ti. Aún estás en período de evaluación: tienes chance de marcharte. Lárgate antes de que sea demasiado tarde—Rui se hizo paso entre ambas, insertó la llave en la ranura de la perilla y la giró cuidadosamente—. Adiós.

Y con ello, el corredor se sumergió en un silencio fúnebre y asfixiante. El aire se tornó más denso, complicando la tarea tan simple de respirar. Rin, con el corazón en la mano, dejó que sus hombros cayeran cansinamente, en señal de derrota, y se volvió hacia una extrañada Miku, quien, desde hacía unos momentos, tenía las cejas demasiado unidas y una expresión dubitativa.

—Sabía que no funcionaría—inició Rin y Miku no replicó nada, en cambio, continuó callada, con aquel semblante cogitabundo y reflexivo que le arrebataba de la realidad—. ¿Qué debería hacer ahora, Miku-chan?

—Es la primera vez que dirige más de cinco palabras a alguien que no sea Rei, Rinto o el Equipo B—dijo repentinamente, como si acabara de despertar de su ensimismamiento, retornando su atención a la patidifusa rubia que se paraba a su lado—. Lo siento, Rin. No creo que pueda hacer nada más por ti... No creí que Rui estaría de un humor tan malo.

—¿Y ahora? ¿A qué recurso debería de acudir?

—Um. Podrías ir a la biblioteca de la escuela... Ahí encontrarás libros de álgebra que podrían serte útiles. Mañana en el salón, antes de que empiecen las clases, podrías darle un vistazo a mis apuntes. También a los de Piko—Rin asintió efusivamente—. En verdad siento no poder serte de más ayuda. Aunque, no lo entiendo completamente...—Miku remojó sus labios y se inclinó cautelosamente hacia la otra—. ¿Por qué no has considerado ir a hablar en persona con tu equipo? Sería lo más lógico, ¿no?

—¿No oíste a Rui? Si Rei ya tiene esa opinión tan nefasta sobre mí es porque Len se ha encargado personalmente de inculcársela. Probablemente Rinto se muestre igual de malvado e indiferente. No serviría de nada. Agh. ¿Qué rayos hice para merecer esto? ¡Solo quiero tener una vida común como estudiante de esta escuela!

—Deberías de hablar con Len, Rin-chan. La primera vez que los vi juntos, ustedes dos parecían ser bastante cercanos. Nadie aquí se atreve a hablarle a Len como tú lo haces. Len es inteligente y conoce la ideología de la Academia mejor que nadie. Tal vez si discutes calmadamente este asunto con él, sea capaz de comprender que necesitan, en efecto, apoyarse mutuamente. Rui ha dicho que estás en período de evaluación y que tienes la opción de irte, pero las probabilidades de que salgas de aquí son mínimas.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero—Miku forzó una sonrisa débil y cansada—, que de aquí nadie sale sin haber pagado un precio justo por ello. Hasta Len sabe eso, Rin-chan—murmuró ella y Rin se sintió incómoda, atisbando una ensombrecida nostalgia en los ojos resplandecientes de su compañera—. Muchas cosas han cambiado desde que Len se marchó... El reglamento se ha transformando en una lista de mandamientos rígidos, inflexibles y condenables. Las autoridades de la Academia se han vuelto figuras de masiva imponencia, impasibilidad y desconsideración. La tensión ha crecido considerablemente y se ha vuelto difícil, hasta el punto de ser casi imposible, lidiar con cualquier tipo de conflicto, por lo que es mejor mantenerse lejos de ellos. Si Len te quiere lejos de los problemas y de riesgos, entonces debería de apegarse a los preceptos. ¿Comprendes?

—E-Eso creo.

—Bien. No quiero que te espantes con lo que digo, Rin-chan. A pesar de todos sus defectos, la Academia es un lugar agradable, donde nos presentan la alternativa de formar un vínculo mucho más íntimo con nuestros compañeros, como si fuese una segunda familia. Una familia que, si sabemos cuidar, conservaremos por el resto de nuestras vidas. Ésta no es una fuente de solo recuerdos desagradables, como muchos creen—a este punto, Rin asimiló que habían caminado lejos de la recámara de Rui y ahora se introducían en el alumbrado, espacioso y elegante comedor. Miku detuvo la marcha—. No estarás en peligro si te mantienes en bajo perfil, Rin-chan, y la única manera de conseguir eso es cumpliendo las expectativas establecidas. Un desempeño deficiente te convertirá en un objetivo más llamativo. No necesitarán tu nombre en los expedientes si les entregas lo que quieren.

—¿Pretendes que persuada a Len con ese argumento?

—Sí—Miku retomó la marcha—, quizás así se anime a colaborar. Es simple: te ayudan, sacas una nota razonable, el promedio del equipo se mantiene estable y ninguno recibe alguna reprimenda. Fácil y beneficioso.

—¿Dónde puedo encontrar a Len?—Inquirió finalmente, resignándose—. Me urge hablar con él.

—Ahora no será posible. ¿Ves el reloj de allá? Marca las siete en punto. Hay toque de queda, todos los días—apuntó Miku y Rin pestañeó, incrédula. Se posicionaron al final de una línea de jóvenes que conversaban mientras aguardaban por su cena. Rin enfocó su mirada en los audífonos acomodados sobre sus orejas, detallado los trazos de las V y el número de rango respectivo—. Está prohibido salir de los dormitorios a partir de las siete y, si llegases a ser pillada afuera después de esa hora, recibirás un severo castigo. A un cuarto para las ocho se termina la cena, por ende, debes de irte a la cama. Las monitoras hacen rondas por los pasillos para verificar que todas estemos dormidas a partir de las ocho en punto.

—¿Toda la noche?—Cuestionó, la sorpresa impresa en cada una de sus facciones. Miku se acercó a una pila de delicadas bandejas marrones y tomó dos de ella. La segunda se la tendió a Rin, quien juró que jamás en su vida había observado una pieza de plástico tan impecable y pulida como aquélla. Hasta parecía ser costosa.

—No, solo hasta las ocho y media. Después de eso encienden a Macne Nana, un prototipo de robot creado hace varios años por un Vocaloid con inclinaciones en la biotecnología, nanotecnología y electrónica.

—¿Un ro-robot? Oh Dios.

—Macne Nana consta de potentes radares de calor y receptores agudos de sonidos, o algo así. Es rápida, precisa, fuerte y no cuenta con emociones. Si eres detenida por Nana cuando deberías estar durmiendo, estarás en graves problemas.

Rin tragó.

—¿Algo más que debería de saber?

Miku echó hacia atrás su cabeza y acarició su barbilla, cerrando sus ojos para concentrarse mejor en sus ideas.

—Um, ¿mencioné que la hora de levantarse es a las seis de la mañana?

Rin frunció el ceño.

—¿Qué sucede si me quedo dormida?

—Obtienes detención si no llegas a tu primer bloque—respondió rápidamente—. Y si te quedas dormida en clases, recibes una hora de castigo por cada minuto inconsciente que transcurra hasta que el profesor decida despertarte—Rin se quedó sin palabras—. Hay veces en las que no se molestan en hacerlo, por lo que te corresponde asistir a detención hasta que caiga la noche... Por lo general te dejan ir cinco minutos antes de la hora del cierre de la puertas del dormitorio, y si no alcanzaste a rematar el castigo, debes de regresar la tarde siguiente hasta consumar las horas que te competan.

—¿Qué clase de prisión es ésta?

—Una de las más extravagantes—aseguró Miku mientras escogía, entre los numerosos y suculentos platillos que exhibían delante de ella, los más apetitosos dumplings japoneses rellenos de carne y verduras, cubiertos con salsa de soja. Rin se inclinó por una exquisita porción de takoyaki. Se retiraron con sus respectivas bandejas hacia el área de las mesas.

Rin se detuvo para admirar adecuadamente el fino y prominente comedor, amplio y cuidadosamente arreglado, gustoso para la satisfacción visual. Se asemejaba a los salones de banquetes para eventos memorables y ocasiones especiales, como las bodas y las graduaciones. Las meses eran redondas y albergaban espacio para ocho personas. Lucían mantos blancos e inmaculados debajo de cortos velos de color crema. Las sillas en torno a las mesas eran de madera de cerezo y contaban cada una con un respaldar ovalado, que iba coronado por un tallado de flores con la simbólica V de la Academia. Como centro había un delicado arreglo floral, probablemente preparado por las clases superiores. Rin dejó que sus ojos se elevaran hacia arriba, de donde brotaba un poderoso torrente de luz, todo gracias a la hermosa y voluminosa araña dorada que colgaba del techo. La rubia respiró.

—Por aquí, Rin-chan. Nos están esperando.

—¿Um? ¿Quiénes?

Siguió a Miku hasta una mesa al fondo, contigua a uno de los gigantescos vitrales que daban a los jardines del dormitorio femenino. Ahí fueron recibidas por cinco chicas sonrientes que peleaban por determinar en dónde se sentaría la nueva chica. Gumi insistió que debía de acomodarse entre Miku y ella, muy a pesar de las protestas de una pelirroja, a quien reconoció como Miki, que deseaba estar su lado para conocerle mejor.

—Bien, Rinny, ésta de aquí es Miki Furukawa, miembro del Equipo A y compañera de Miku—Gumi movió su mano hasta dar con una hermosa joven rubia, esbelta y carismática, que inclinaba su cabeza respetuosamente—; SeeU Kim, la linda integrante coreana del Equipo B. Luego está la especial Luna Amane—una chica de largos cabellos ocres, bonita sonrisa y dulces ojos azules le saludó con cordialidad—, quien, de hecho, es mi compañera en el Equipo C; por último, pero no menos importantes, tenemos a las inseparables Iroha Nekomura y a Suzune Ring, del Equipo D—apuntó a un par de chicas, una de tiernos cabellos salmón y otra de suaves cabellos celestes. Era ella quien había participado en la discusión sobre su llegada.

—Sin rencores por lo de esta mañana, ¿cierto?—Confirmó Suzune, ahora mucho más calmada y afable, y Rin le regaló una sonrisa conciliadora, asegurando que todo mal había quedado olvidado—. Bienvenida, Hanazono-san, a la Academia Vocaloid.

—Un placer conocerles, espero que podamos llevarnos bien—contestó amablemente. Las demás respondieron de manera hospitalaria—. Um... ¿Cómo puedo decir esto?

—Puedo distinguir curiosidad en tus ojos—festejó Gumi, degustando una mordida del filete que había elegido—, ¡Rin quiere saber sobre sus genes! Veamos, ¿quién quiere empezar? ¡Hay que saciar su curiosidad!

—Gumi baja la voz—le riñó Miki seriamente, frunciendo el ceño cuando una de las monitoras regresaba su mirada hacia ellas—, estás llamando atención con tu escándalo.

—No te enojes, Miki-san—pidió SeeU con una sonrisa amena—, Gumi-san solo está emocionada para compartir más con Rin-san. Es comprensible.

—Si tú lo dices—musitó rodando los ojos y zambullendo sus palillos en el hermoso tazón de arroz con verduras que reposaba delante de ella.

—Miki es capaz manipular los gases que constituyen la atmósfera, o sea, los elementos que conforman el aire—decidió hablar Miku, con su actitud diplomática—. Podría generar tornados o huracanes manipulando la corrientes correctamente—Rin sintió que sus ojos chispeaban en ese instante a causa de la admiración—. Luego tenemos a SeeU. Su gen-V le otorga la habilidad de alterar el efecto que produce la deformación espacio-tiempo sobre el movimiento de los cuerpos. Es decir, puede reducir o aumentar el peso de un cuerpo gracias a la interacción gravitatoria.

—¡Fabuloso!—Aseguró Rin, embelesada.

—Por otro parte, tenemos a Luna. Su gen-V es muy tierno—Luna se sonrojó y rio por lo bajo ante la descripción de Miki—. Luna puede comunicarse con los animales. Ellos son capaces de comprender perfectamente lo que les dice. Es una facultad grandiosa: siempre consigue dominarles fácilmente. Y ella, también, es la única que entiende a Gumi cuando se transforma en una bestia—Rin se carcajeó cuando Gumi le regañaba por sus palabras tan descuidadas—. Suzune-san tiene el don de la telequinesis. Su gen le permite desplazar o deformar la condición de un cuerpo sin la intervención física, únicamente con su pensamiento.

—Finalmente, tenemos a Iroha-chan. Su gen-V es fascinante: la hipnosis. Iroha tiene la capacidad de disociar a cualquiera de la realidad con solo mirarle directamente a los ojos durante unos segundos. A veces también lo consigue a través del canto, pero su efecto es menos efectivo. No hay forma de liberarse de ese estado mental a menos de que Iroha-chan así lo desee—explicó Gumi—. Es similar al gen-V de Rinto, casi imposible de interrumpir.

—Ustedes son como esas heroínas de las novelas de ciencia ficción—aseguró Rin, entusiasmada por saber más sobre su nuevo grupo de amigas. Nadie añadió nada más, ya que el comedor entero se hundió en un tenso y repentino mutismo. Rin, confundida por tal suceso, volteó su mirada hacia el motivo que había generado aquel sepulcral silencio. Un grupo de muchachas desfiló rápidamente hasta el centro del comedor, tan coordinadas y exactas con sus movimientos que parecían militares. Rin se fijó en las dos primeras y se volvió hacia sus acompañantes, buscando una explanación a tan estrambótica aparición.

—Rin-chan, presta atención: ellas son integrantes del Comité de Disciplina y del Consejo de Estudiantes. Son estudiantes ejemplares que trabajan por la protección del reglamento. No debes involucrarte con ninguna; su comportamiento es demasiado desalmado—advirtió Miki en un susurro—. De derecha a izquierda son: Kirche Green, Rees Blacklight, Yuzuki Yukari e Ia Makino—al oír la mención de la última, Rin se regresó bruscamente, lastimando su cuello en el proceso. Intentando localizar a su amiga entre ellas cuatro, hizo que sus ojos saltaran rápidamente de rostro en rostro. Omitiendo por completo lo que decía Miki, se enfocó en la impávida joven de largos cabellos rosa-grisáceos que cerraba el grupo de las centinelas. Sin embargo, había algo extraño en ella: su mirada se veía distinta. No contaba con el particular brillo de los Makino.

—Escuchen todas—exclamó la más larga de las cuatro, una delgada muchacha que tenía una cascada de cabellos verdes opacos ceñida a su cabeza. Su voz era demandante e impertérrita. Se trataba de Kirche Green, estudiante de cuarto año, vicepresidente del Consejo Estudiantil y monitora líder del Comité Disciplinario—. Mañana a primera hora recibiremos la inspección mensual de las coordinadoras de cada división. En esta ocasión con la asistencia de Mew-sama, cabeza de la dirección de nuestra institución. Por ende, procederemos a cambiar las instrucciones del protocolo. Cualquier error no será perdonado.

—En primer lugar, se ha adelantado la hora de levantarse a treinta minutos antes de lo establecido: es decir, a las cinco y media de la mañana necesitan estar todas despiertas—tomó la palabra la chica a la derecha de Kirche. Una joven más robusta, de ondulados cabellos en tonalidad azul oscuro, mirada marina y piel bronceada. Era Rees Blacklight, compañera de clases de Kirche Green, una chica que aparentaba ser parsimoniosa—. Les aconsejamos que limpien sus habitaciones este noche, puesto que mañana solo contarán con media hora para deshacerse de la basura que estorbe en ellas. Segundo, deberán de presentarse en este comedor a las seis en punto. Mew-sama llegará aquí a las seis y cuarto, recibirá sus saludos y procederá a la revisión de habitaciones.

—La dinámica será la siguiente: cada pareja se posicionará a los costados de las puerta de su recámara y esperará a Mew-sama ahí. Entrarán en ellas cuando Mew-sama y la coordinadora de su respectiva división lo hagan. Cuando salgan, según el veredicto dado, podrán bajar a desayunar o deberán irse a dirección—concluyó Yuzuki, con una voz ligeramente más simpática que las demás. Su apariencia hacía un fuerte contraste con su personalidad: contaba con tiernos cabellos lilas amarrados en dos coletas, una delicada tez de porcelana y facciones dulces e inocentes. Su mirada, por el contrario, era quizás la más inclemente—. ¿Han entendido?

—Sí—contestó a coro el cuerpo estudiantil femenino. Las cuatro jóvenes asintieron, complacidas.

—Otro anuncio que tenemos para ustedes es el cambio que ha sufrido programa del calendario escolar—retomó el discurso Kirche, gestionando a Ia para que continuase con los demás detalles.

—Como bien estarán enteradas, el festival de deportes de la Academia Vocaloid había sido programado para mediados de junio. Sin embargo, lo llevaremos acabo en dos semanas a partir de hoy, a comienzos de mayo—anunció con aquella voz monótona que chocaba con la amable tonalidad que la memoria de Rin almacenaba sobre Ia—. Les sugerimos que inicien las prácticas de las presentaciones que harán para la inauguración y el cierre, ya que el jurado de este año es más severo que el del año pasado. Eso es todo por ahora. Buenas noches.

Con ellos las cuatro se volvieron hacia la salida del comedor, presumiendo sus rostros enseriados e imperturbables. Miku y Miki exhalaron, liberando un aliento que no sabían que contenían, mientras Gumi, Luna y SeeU comenzaban a platicar sobra la coordinación que debían de armar. Rin, absorta en sus propios pensamientos y cavilaciones, dejó que sus piernas actuaran por sí solas y se pusieran de pie repentinamente.

—Ia-chan—murmuró para sí misma, aunque consiguió llamar la atención de las demás comensales presentes. Las otras seis le miraron curiosamente—. Es Ia-chan.

—¿Uh? ¿De qué hablas, Rin-san?—Preguntó SeeU, ladeando su cabeza con intriga. No obstante, antes de poder entregar una respuesta apropiada, Rin salió disparada del recinto, sin darle tiempo a sus compañeras de averiguar más sobre su cambio de actitud.

—¡¿Adónde vas?! ¡Espera! ¡RIN!—Exclamaron Gumi y Miki, y Miku se puso de pie para perseguirle antes de que cometiese alguna tontería. No obstante, una de las maestras en guardia, la cordial señorita Mayu, le detuvo para darles una charla sobre lo inaceptable que resulta que una dama no sepa acentuar moderadamente sus buenos modales y se muestre ruidosa e impulsiva por ello.

Los integrantes del Comité Disciplinario eran los únicos autorizados para salir de los dormitorios después del toque de queda. Kirche y Rees se adelantaron y partieron hacia los cuarteles generales, donde se hallaban las oficinas de dirección y los salones de maestros, después de saludar a la marioneta casi humana que vigilaba la entrada, mejorada especialmente por Akikoroid, dejando a Ia y a Yuzuki atrás. Ellas estaban encargadas de las rondas nocturnas dentro de los pasillos mientras ellas se ausentaban.

Rin les divisó en el extremo del corredor, entablando una conversación pasiva, ambas con caras más relajadas y serenas. Rin fue minimizando la velocidad de sus pasos conforme al miedo de no saber qué decirle a Ia después de tanto tiempo crecía. La indecisión hervía sus venas y magullaba sus facciones. ¿Qué tal si Ia aún estaba resentida por la pelea? No, ella no sería capaz de guardar rencor. ¿Y si tenía una reacción tan explosiva como la de Len al verle ahí? Imposible, el carácter de su mejor amiga era billones de veces más fiable y agradable que el de Len Kagamine.

Abasteciéndose de valor que su amistad le regalaba, la rubia dio breves y determinados pasos hacia las dos chicas que conversaban quietamente. Yuzuki fue la primera en notarle, pues Ia daba la espalda en su dirección, y su expresión se deformó por completo. Frunció los labios y entrecerró los ojos, apuntándole con el dedo para que Ia supiese que tenían compañía. La joven se dio la vuelta con una elegancia innata, una finura tan clásica que estremecía, y confrontó la mirada conmovida y emotiva de Rin.

—¿Podemos ayudarte en algo?—Quiso saber Yuzuki. Rin no respondió. Por el contrario, se mantuvo en silencio, admirando a Ia de pies a cabeza como si se tratara de alguna pieza de arte irrepetible. La sonrisa que Rin enseñaba era sincera y alegre, mas resultaba demasiado ingenua y extraña para el gusto de las mayores.

Ia intercambió una mirada furtiva con Yuzuki, quien contrajo sus hombros en señal de confusión, sutilmente desubicada por la aparición de aquella aparente acosadora.

—Disculpa, te pregunté qué es lo que deseas—insistió Yuzuki, frustrándose. Rin no dijo nada, nuevamente. Solamente permaneció viendo a Ia, de la forma que lo haría alguien que cae en un trance hipnótico, sus orbes empañándose con lágrimas. Justamente cuando se preparaba para decir algo, los ojos de Yuzuki cambiaron de color: de un tenue morado a un negro amarillo potente. La rubia repentinamente encontró su respiración más fatigosa y dolorosa, como si hubiesen tajado sus bronquios y sufriese de una fuga de aire. Sus pulmones no recibían suficiente oxígeno.

—¿Qué es lo que quieres, Rin Hanazono?—Cuestionó ahora Ia, sin expresión que emitiese simpatía o compasión. Como a Yuzuki, aquel tipo de interrupciones sin razón le enojaban, pues no era la primera vez que un estudiante encantando se aproximaba a ellas para comentar alguna estupidez sobre sus personas que evidentemente no les interesaba—. No malgastes nuestro tiempo si no tienes nada bueno que decir.

—¿I-I-Ia-chan? ¿P-Por qué actúas así?—Musitó ella, envuelta en pánico por los mareos que se sumaron a la dificultad de respirar, mientras apretaba su mano sobre su garganta—. I-I-a...

—¿Con qué derecho me llamas por mi nombre? Para ti soy Makino-sempai, como me llaman todas las demás. Yuzuki, detente ya, está perdiendo color—Yuzuki parpadeó dos veces y sus ojos recuperaron su tono natural—. Ahora, ¿qué es lo que quieres?

—¿Qué sucede contigo? ¿Por qué—Rin tosió secamente, luchando para enfocar su visión en las dos figuras delante de ella, pese a los espacios en negro que nublaban sus ojos—, por qué estás comportándote así?

—Mira—dijo Ia, intentando sonar menos exasperada y molesta—. No me agrada que te dirijas a mí con tanta familiaridad. De hecho, no lo soporto. Que Gackupo-sensei te haya encontrado y tengas la historia fabulosa de una niña corriente que entró en esta Academia "de prodigios" sin saber sobre su gen-V no significa que seas más especial que las demás. Aprende a diferenciar tu posición en esta escuela.

—¿A qué te refieres? Soy yo, Rin. ¿No te alegra volver a verme?—Preguntó esperanzada. Sin embargo, la otra solo enarcó sus cejas y negó sin vacilar—. ¿Por qué pretendes que no me reconoces?

—No estoy pretendiendo nada—reprochó Ia, indiferente. Rin sintió que su mundo se venía abajo en pedazos. Un inmensurable dolor rasgó su pecho cuando no percibió señales de titubeo en los ojos de Ia—. Es la primera vez que te veo en toda mi vida.

—¡No bromees!—Rin mordió el interior de su cachete y apretó sus puños fuertemente. Esto no está sucediendo—. ¿Por qué actúas como si no te acordaras de mí? Somos amigas, ¡mejores amigas! Nuestras familias son vecinas en Osaka. Hemos sido amigas desde pequeñas y-

—¿Osaka? ¿Pequeñas?—Intervino Yuzuki, con sus labios volteados en una curva incomprensible—. ¿De qué hablas, niña? ¿Acaso estás delirando? Ia ha estudiado en esta escuela desde que tiene memoria. Fue traída desde su hogar cuando tenía cinco años, ¿cómo podría conocerte?

—¿Q-Qué? ¡Eso es mentira!

—Por supuesto que no lo es. La única que está mintiendo aquí eres tú—declaró Ia, ofendida por los arrebatos de cordura que sufría Rin. Ella negó impacientemente, defendiendo con fervor la realidad que sabía no podía ser ningún delirio. ¿Qué está pasando? Ia y Yuzuki se enojaron aún más.

—Estoy perdiendo mi paciencia. Ya no quiero continuar escuchando tus desilusiones—advirtió Yuzuki, parpadeando hasta que sus orbes adquirieron un peculiar y extravagante resplandor azul. Rin experimentó una sensación extraña. Su lengua se sentía entumecida, como si estuviese sedada por un efecto anestésico, y pronto dejó de responder. Su músculo no se movía, no respondía a los estímulos que le enviaban. Sus labios se pegaron a continuación, sin saliva que lubricase su separación. Rin llevó sus manos a su boca y le observó horrorizada.

Sin previo aviso, la temperatura cayó bruscamente. El aire se volvió más gélido y despiadado al entrar en contacto con la piel. Yuzuki e Ia reaccionaron tardíamente. Sus pies quedaron atrapados por una ola de hielo que se extendía cómo raíces a lo largo del suelo. Ambas gruñeron al oír el crujido del congelamiento. Un frío polvo de diamantes sacudía sus mechones y erizaba su piel.

—Ya me harté de su fanfarronería—murmuró Rui al pie de las escaleras—. Si no quieren que las congele vivas, déjenla en paz—demandó, con aquella mirada frívola que paralizaba, seguramente, mucho más que los hielos que su gen-V le aportaba. Como ninguna respondió, Rui endureció su expresión y hielo continuó escalando hasta sus rodillas. Ia por fin se rindió.

—Kagene, acabas de pisar territorio que no debías. Nunca creí que un persona tan solitaria como tú defendería a una chica como ésta—mencionó con decepción—. Yuzuki, detente ya. Libera a Rin Hanazono.

—Tsk—los ojos de Yuzuki recobraron el morado claro al tiempo en que el hielo de Rui retrocedía también—. Nos veremos después, Kagene. Esto no se quedará así.

Yuzuki e Ia decidieron marcharse sin decir nada más. Desaparecieron en el fondo del corredor, por donde se encontraban las habitaciones de las maestras en la otra ala. Rin se puso de pie y relamió sus labios, dispuesta a seguirles para contestar sus innumerables dudas, cuando Rui se interpuso en su camino, con sus brazos cruzados sobre su pecho. La rubia se intimidó por la mirada penetrante y resentida que la pelinegra enseñaba. ¿Ahora qué hice?

—Te dije que eras una mediocre. ¿Qué intentabas molestando a Yukari y a Makino?—Rin no respondió nada—. Solo mantente alejada de Ia Makino, Rin Hanazono, porque ella ya no es la misma que era antes. Tú lo has visto con tus propios ojos: Ia ha cambiado.

—¿Por qué?—Musitó, con sus ojos brotando en lágrimas—, ¿por qué pasó eso?

—Ia sufrió un accidente hace unos meses y el shock fue muy grave—contó Rui—. A causa del trauma se le disparó una amnesia inestable que le estaba generando problemas emocionales. Un manipulador de memorias afectó sus recuerdos para calmarle.

—¡N-No es posible!

—Sí lo es. Ugh, no entiendo por qué decidí ayudarte. Si hubiese sabido que te pondrías así, habría dejado que Yukari hiciese lo quisiera contigo—comentó cruelmente cuando los sollozos incrédulos de Rin incrementaban su volumen. La rubia sollozó con más fuerza al oír sus palabras.

—¡Rin! Rayos Kagene, ¿qué le hiciste?—Gruñó Miki cuando se acercaba a ellas. Rui simplemente contrajo sus hombros y se giró, dispuesta a abandonar la escena. No obstante, antes de marcharse, se volteó y le dijo a Rin:

—Por tu propio bien, mantente alejada de esas dos. Sus genes son peligrosos.

Rin abrazó a Miku, quien no comprendía por qué lloraba tan desconsoladamente, mientras Miki y Gumi traían un dulce del comedor para ella. Habían subido torpemente hasta su cuarto.

Ia no puede haber olvidado, no puede... Simplemente, no puede. Por favor...

Toc. toc.

El sonido del vidrio de la ventana demandó el interés de las dos damas dentro del cuarto.

Miku alzó su mirada, seguida por Rin,y pronto sintió que su corazón por poco se detenía por culpa del espanto.

Len Kagamine estaba ahí afuera, apoyándose en el escalón de cemento que sobresalía debajo del marco. Su rostro estaba ennegrecido y su semblante causaba terror. Miku jadeó.

—Rin... te-tenemos visitas.


Uni reportándose. ¡Hola a todos! Gracias por sus reviews, me da gusto que la historia les parezca atractiva. Espero que continúen leyendo y me acompañen en esta travesía donde muchas cosas pueden llegar a suceder. Disfruten el capítulo y no olviden dejarme todos sus comentarios, opiniones, sugerencias y críticas en reviews. ¿Por favor? Nos leemos muy pronto. ¡Cuídense!

Atentamente, Uni Sawada.