Disclaimer: Vocaloid y todos sus personajes son propiedad de Yamaha y Crypton Corporation.


Capítulo V

—Eres tan tierna, Rin Hanazono. Oh. ¿Puedo decirte Rinny-chan?—La aludida se estremeció cuando las manos gélidas de Cul entraron en contacto con la piel descubierta de sus hombros. Al resistirse a ser sacada de la enfermería y separada de los otros tres, una descarga eléctrica le dejó inconsciente. Había despertado en una oficina enclaustrada, con una prenda de tirantes ligera y traslúcida, semejante a las telas de los visillos.

—Cul-san...

—Sí, ¿Rinny-chan?

El tono sugerente de la dama perturbó sus susceptibles nervios. Sus ojos escarlatas mencionaban, entre líneas, el significado de aquel apodo infantil para Rin. Ella sacudió su cabellera.

—Haz lo que te plazca—musitó, ganándose una sonrisa ronca de la pelirroja.

—Que no se te contagie lo impertinente de tus tontos compañeros—Cul subió de un brinco a una espaciosa mesa de vidrio y cruzó sus piernas con una elegancia impecable—. Son hombres, Rinny-chan, que han sido víctimas de sus propias habilidades. Podría decir que el poder se les subió a la cabeza. Son estúpidos, al fin y al cabo, por pretender fomentar su pensamiento revoltoso y problemático a los demás estudiantes cuando saben que la Academia no perdona tales atrevimientos. Aquí todos deben de conocer sus posiciones, Rinny-chan.

La rubia se negó a entreabrir sus labios y dejar que su lengua manifestara sus opiniones. La superior delante de ella se veía astuta y peligrosa, capaz de retorcer las palabras a su favor y excavar en las profundidades más recónditas de la mente. Por lo que había presenciado al despertar en aquel recinto metálico, frío y solitario, Cul era respetada por vigilantes robustos y mayores, y todos lucían aquella pizca de temor y desconfianza cuando ella se giraba. Len le había advertido de antemano cuidarse de la pelirroja.

—No quiero que me conviertas en tu enemiga, Rinny-chan. No tenga prejuicios en contra de mí por la descripción de un niño malcriado que no sabe domarse ante la autoridad correspondiente. En efecto, yo puedo ser tu amiga, si así me lo permites—ella se inclinó sobre el escritorio, lamió su pulgar y presionó su húmeda huella digital en un reconocedor de ADN. De unos archiveros metálicos organizados en fila detrás del escritorio, sacó un portafolio anaranjado y lo leyó cautelosamente—. Si fueras mi amiga, Rinny-chan, podría sacarte de estos aprietos en los que te encuentras gracias a tus otros y supuestos "amigos".

—¿Qué harán con nosotros?—Eludió su perspicaz propuesta con una interrogante sencilla. Cul extendió la carpeta naranja hacia ella, regalando una sonrisa gentil para ella.

Rin tomó aquel presente poco común y dudó si leerlo. Por unos segundos, consideró prudente regresar el cartapacio a manos de Cul. Sin embargo, ella le detuvo con un gesto chistoso y agraciado, invitándole a ojearlo. Sin disposición para alargar aquella situación, Rin desabrochó los botones del portafolios y lo abrió. Números, casillas, datos y apuntes dieron la bienvenida a sus orbes cansados. Se trataba de un registro disciplinario, como el título del folio leía, e introducía de manera explícita y exhaustiva los agravios contra el Código de Estudiantes, las Normas de Comportamiento y los Deberes del Alumnado. Tres páginas enteras de las leyes que regían a la Academia. Rin alcanzó las penúltimas hojas, donde planillas vacías acumulaban polvo. Una, no obstante, capturó su atención. Un sello rojo con la "V" cursiva de la Academia coronaba una de sus esquinas. En el pie de página, la firma alargada y fascinante de Mew-sama mostraba la aprobación de la directora.

—Las tres hojas que leíste son un resumen básico sobre los capítulos más importantes del Reglamento. Figuran, en realidad, unos tres volúmenes gruesos de mandatos que debemos de cumplir. En la descripción del certificado de sanción se evalúa la gravedad del asunto y se hace referencia al capítulo y al artículo donde fue pautada la normativa con su penitencia. Tus amigos y tú, ayer en la noche, agredieron contra una regla no tan terrible dentro del Código de Estudiantes.

—Nosotros no hicimos nada—apuntó Rin, cerrando de golpe el portafolios y devolviéndoselo. Cul lo sostuvo contra su pecho firmemente mientras reía a carcajadas. La rubia alzó una ceja.

—¿Nada? ¡Por favor! La base de memoria de Macne Nana no concuerda con ello. Len-kun se escurrió ayer en la noche, después del toque de queda, hasta el dormitorio de las chicas. Está terminantemente prohibido todo tipo de contacto entre géneros opuestos durante la noche—explicó. Rin jadeó.

—Pero-

—Por supuesto que hemos de castigar al equipo entero, Rinny-chan. Rinto y Rei le cubrieron cuando Leon le buscó para discutir las inquietudes que Mew-sama tenía con respecto a su carácter bravío. Además, sabemos que Len-kun fue a verte a ti. ¿Qué caso tienen incluir mentiras cuando la verdad fue descubierta ya?

Hubo unos segundos de silencio.

—Rin Hanazono—una chica rubia, más esbelta que ella, de facciones muy jóvenes y frágiles; asomó su cabeza por otra puerta de hierro. Su voz era inexpresiva, pero resultaba suave para los oídos. Qué ironía. Su mirada azul zafiro era profunda y enigmática. Sus cabellos eran largos y rebeldes—. Ven conmigo.

—Siempre tan inoportuna, Lenka-chan. Rin y yo estábamos volviéndonos cercanas—murmuró Cul, bajándose del escritorio. La chica ignoró su comentario y se movió para permitir que Rin pasara. Rin tragó al escuchar el nombre revelado de la otra rubia que esperaba a que acatara las órdenes encomendadas. Cul, al percatarse de la inseguridad latiendo con frenesí en las pupilas de Rin, se rió—. Rinny-chan, no tengas miedo. Nosotras no mordemos, ¿cierto, Lenka-chan?

Lenka desvió la mirada, agachó la barbilla y dio un efímero asentimiento.

—Ya te lo he dicho. Lenka-chan y yo podemos estar de tu lado si nos aceptas. Solo piénsalo, ¿prometido?

Antes de quedar asfixiada por las sugerencias asfixiantes de Cul, Rin procedió a deslizarse a través de la entrada metálica que Lenka había descubierto y se adentró en un pasillo oscuro e interminable, adornado por unos bombillos diminutos incrustados en las paredes. Cul sonrió, satisfecha. Lenka compartió un segundo de su tiempo con ella antes de despedirse y trancar la puerta.

—Verás, Rinny-chan, después de este incidente correrás a nosotras en busca de protección. ¿Neh, Haku-chan?

En la entrada opuesta por la que Rin había desaparecido, una silueta alta se había colado al tiempo en que Cul pronunciaba su discurso. Su cabello plateado brilló debajo de la escasa luz del cuarto. Cul no necesitó girarse sobre sus tobillos para saber de quién se trataba. El tranquilo repiqueteo de sus botas, sumado al ejemplar perfume de jazmines que usaba Haku, habían entregado las pistas imprescindibles para resolver su identidad. La joven de cabellos blancos y actitud serena se dirigió al escritorio y, al imitar el proceso que realizó Cul durante su conversación con Rin, extrajo dos folios más de los compartimientos de otro archivero.

—Len Kagamine sufrió una severa hemorragia, Cul—la pelirroja se enderezó, mirándole con incredulidad. Recompuso su postura a los pocos instantes—. Su gen-V está empezando a deteriorar sus órganos internos.


—¿Qué es este lugar?

Rin se detuvo en medio de un cuarto despejado y alumbrado con lámparas de neón, sin ventanas. Las paredes eran de cuadros metálicos, armados como rompecabezas. El eco resonaba y se devolvía de forma estruendosa. Parecía una habitación para maniáticos, sin los muros acolchonados.

—Rin Hanazono, segundo año de secundaria—sonó un monótono tono desde unos altavoces que sobresalían de las esquinas—. Gen-V desconocido. Integrante del Equipo Especial. Rango: Vocaloid Especial sin mérito.

Hubo unos momentos de silencio, en los cuales Rin sintió que se desmayaría en cualquier segundo. Una silbido particular, que procedía desde sus espaldas, le hizo voltearse. Su corazón palpitó a un ritmo horrorizado. El suelo se abrió y en el centro del cuarto apareció una silla con cables sobre una plataforma reducida. La rubia palideció completamente.

Sintiendo que el sudor se formaba en su frente, apartó su atención e intentó controlar su respiración. Todo está bien.

—Hanazono-san, tome asiento—ordenó la voz que había enunciado sus datos. Ella se rehusó, retrocediendo con miedo, en busca de un auxilio caritativo. Sus ojos quedaron bañados en lágrimas amargas. Los hipidos comenzaron a subir por su garganta y ella batalló para detenerlos, en vano—. Hanazono-san.

—¡No quiero! ¡Sáquenme de aquí!—Gritó a todo pulmón, corriendo hacia la puerta por la que Lenka la había introducido en aquella cámara de torturas. Comenzó a golpearla con sus puños, asfixiándose cada vez más gracias al aire denso y molesto—, ¡quiero ver a Len!

La voz frívola no respondió. Sucedieron instantes de expectación y mutismo, en los que Rin deseó la lástima, simpatía o compasión del controlador de aquella recámara. Se inclinó sobre la superficie helada y dura de la puerta, esperando a percibir algún ruido minúsculo, sin éxito alguno. De la nada, el metal donde apoyaba su peso desapareció en un fugaz segundo y ella cayó estrepitosamente en los fornidos brazos de Leon Kagamine.

—La disciplina y la obediencia son las claves del éxito de esta Academia—ella gimoteó cuando Leon la levantó del piso y la cargó, a pesar de sus patadas y forcejeos, hasta el medio de la habitación. Aún apretándole contra el asiento, sincronizó los audífonos de Rin con la red inalámbrica con la que funcionaba la tecnología de la silla. Los rastros de agua salada humedecieron su chaqueta. Leon se alejó de ella y se retiró del cuarto, sin dignarse a darle una última mirada, enfurecido consigo mismo.

No debía doler ver a una rebelde recibiendo el castigo que merecía. Ése era la razón que le habían inculcado.


—Vaya estupidez. ¿Una misión?—Murmuró Rinto, tirando el archivo que Haku había dejado para ellos. Le fulminó con deseos feroces, encolerizado. Afortunadamente, Gackupo había logrado rescatarlos de las manos de los directores antes de que fuese demasiado tarde y continuaran con su absurda plática.

—Es mejor que una descarga electrostática, Rinto—replicó Rei, sin alejar su mirada del ventanal de la oficina de maestros—. O una sesión de torturas en esa silla para crear lunáticos. Ser escoltas de un mafioso chino resulta más apetecible—Rei relajó sus hombros y echó su cabeza hacia atrás, intentando convencerse de sus palabras—, supongo...

—Odio esta institución. ¿Por qué Len fue conducido a las cámaras de expiación a solas? ¡¿Por qué no nos llevaron con él?! ¡Nosotros también estuvimos involucrados en el problema! ¿Ahora, después de todos estos años, quieren ser condescendientes? ¡Bastardos!—Asestó una patada al escritorio de Gackupo y se desplomó en una otra silla, hundiendo su rostro entre sus manos.

—Nos desvincularon de toda culpa directa, Rinto. Me parece que intentan convencernos de que pueden complacernos si nos alejamos de Len y nos unimos a ellos—murmuró Rei, revisando las anotaciones pobres de Gackupo. Rinto gruñó con ganas.

—Pues no pretendo hacerles caso. Yo no traicionaré a Len, Rei. Si Len se hunde, nosotros nos hundimos con él, sin importar sus tonterías de nobleza. Esta amistad vale más que todos los castigos de este infierno. Están muy equivocados sin piensan que la botaré por ellos.

Rei alzó su mirada y frunció el ceño.

—¿Quién dijo que lo haríamos?

Rinto sonrió de lado. Antes de que pudiesen continuar con la conversación, Gackupo se apresuró en el salón y se confrontó con un par de rígidas y enzarzadas miradas. El ámbar y el zafiro contrastaron con los orbes amatistas del maestro. Sin embargo, él no se intimidó. Los conocía demasiado para temer.

—Len sufrió de un imprevisto durante la sesión de castigo—Rinto se puso de pie bruscamente, tumbando la endeble silla en el proceso, y fue paralizado por la voz inclemente de Rei, quien le ordenó, con sus párpados ocultando sus orbes dorados, que se calmara. El cuerpo de Rinto fue anestesiado por la fuerza de la palabra del pelinegro.

Viendo a su amigo perdiendo concentración sobre el anuncio de Gackupo, él se regresó.

—¿Qué clase de imprevisto?—Objetó el impasible Rei, girando sobre la silla y apoyando sus manos sobre sus rodillas. Gackupo entrecerró los ojos, advirtiéndole que no intentara nada con su gen-V cuando diera la noticia. Omitiendo aquella amenaza, le invitó a explayarse.

—Tuvo una hemorragia crítica.

El suelo debajo de Gackupo se convirtió en un mordaz agujero en llamas. El maestro fue derrumbado dentro de él y su piel se sentía carbonizada. Rei se levantó y corrió hasta Rinto, tomándole por las muñecas e intentando mantenerla calmado. Rinto tenía las pupilas dilatas y el brillo azul de sus ojos era más oscuro de lo normal.

—¡Rinto, detente!—El grito desgarrador de Gackupo indicó que la ilusión se transformaba cada vez más en un sufrimiento y agonía insoportables. Rei golpeó las mejillas del rubio sin piedad—, ¡Rinto, escucha mi voz! ¡No lo hagas, te lastimarán!

—¡AH!

—Rinto—Rei cerró sus ojos de nuevo, conteniendo el dolor que una descarga de sus audífonos le mandó para impedir que utilizara su gen, y torció las muñecas de Rinto para que él atendiese a lo que decía. Con la voz fuerte e imperturbable, continuó—, he dicho: detente.

Gackupo quedó inconsciente en la entrada de la sala de maestros, su cuerpo agotado por intentar bloquear los efectos casi reales del espejismo creado por su estudiante. Rinto desfalleció sobre la espalda de Rei cuando una descarga reventó su cuerpo. El pelinegro, con su mirada aún serena y su actitud impávida, ignorando su propia fatiga, sacó su celular de un bolsillo y envió un mensaje.

Necesito un favor.


—Oí que Len Kagamine fue llevado al hospital otra vez.

—¿En verdad? Ese niño siempre está metiéndose en problemas. Después de dos años ausente, por lo menos debería de comportarse.

—Yo creo que es admirable. Es el primer estudiante que consigue escaparse de la Academia...

Con vida. ¿Acaso olvidaste ya lo que pasó con la hermanita de Rinto Ichikawa?

—¿Entonces son verdaderos los rumores?

—¡Claro! Eso es lo que sucede cuando te juntas con ese trío de problemas. Él no es admirable, es un riesgo. Ni siquiera ella se salvó.

Idiotas.

El par de alumnas dejaron de sentir sus pies y manos a causa de una ráfaga de viento gélido. Ellas gritaron cuando el hielo inmaculado y vil comenzó a escalar hasta sus articulaciones. Rui sonrió cuando los sollozos de frustración inundaron sus oídos, como música exquisita, y se marchó por el pasillo, como una sombra invisible. Caminaba hacia la biblioteca para encontrarse con su grupo cuando escuchó que su celular vibraba.

Descubrió en la pantalla un mensaje recibido.

—Kagene, los celulares están estrictamente censurados en las instalaciones donde se imparten clases. ¿No recuerdas?—Meiko arrebató el móvil de sus manos antes de que pudiese asimilar sus palabras. Rui apretó sus cejas y rodó los ojos—. Ah, ¿estás insolente? Te apetecería una hora de castigo. ¿Mmm?

—Lo lamento, Meiko. ¿Puedo irme ya? Tengo que llegar a la biblioteca para reunirme con mi equipo. Ya voy tarde.

—Impuntual como tu hermano. Tsk... Adelante. Te devolveré tu celular mañana—canturreó la castaña, lanzando el móvil al fondo de su bolso. Rui bufó y se marchó de ahí, sin mirar hacia atrás. Una vez que la pelinegra desapareció por una esquina del pasillo, Meiko revisó el mensaje que había llegado a su buzón de entrada.

Tras analizarlo detenidamente, borró el recado de su gemelo. Arregló su falda y prosiguió con su camino, tarareando una canción mientras pensaba en los bastos contenidos que sus estudiantes tendrían que estudiar para los exámenes entrantes.


Rin se despertó sudando. Sus manos y su coronilla se encontraban envueltas por vendajes ajustados. Los recuerdos eran frescos y habían colmado sus pesadillas con su realidad. Una hora entera de imágenes y sonidos que prendían estímulos de agonía en su cerebro le hicieron retorcerse en la silla donde Leon le había dejado. Veía la sangre corriendo por su heridas, escuchaba los gritos y los llantos, sentía el pánico y el dolor, era ella parte de los innumerables crímenes que eran enseñados delante de ella.

Frotó sus manos y se puso a llorar. Era demasiado real. Los escenarios donde ella era una asesina y donde ella era la víctima eran terribles y desgarradores, y el efecto físico que añadían era aún peor. Ella sentía su carne desgarrándose, sus venas abriéndose, su cuerpo dándose por vencido. Rin intensificó su llanto. ¿Qué clase de horrible prisión era aquélla, donde manipulaban con tanta brutalidad a los espíritus amenos?

—No llores, Rinny-chan—Cul se metió en la habitación con una canasta de galletas. La rubia no se había percatado de su paradero. Había retornado al hospital. Tomó la sábana y la haló hasta arropar su pecho, también vendado. Retrocedió hasta toparse con el borde de la cama, sintiendo que su interior gemía a causa del dolor. El estrés de sus músculos era insoportable—. ¿Ahora sí quieres ser mi amiga?

Ella negó bruscamente. No quería relacionarse con nadie que pudiese estar de acuerdo con aquella clase de torturas. Intentando alejarse de Cul, Rin se deslizó fuera de la cama y cayó de espaldas en el suelo, gritando cuando las máquinas intravenosas se vinieron abajo con ella. La pelirroja colocó la canasta en una mesa y se agachó a su lado.

—Estoy dispuesta a una negociación, Rinny-chan. Si no quieres ser mi amiga por las buenas, entonces tendremos que tomar medidas más severas—Cul rebuscó alguna cosa en su bolsillo. Rin intentó erguirse, pero su agobiado cuerpo pedía con ardor que parara de moverse, pues necesitaba de reposo. Lágrimas volvieron a drenar. Cul sacó algo de su bolsillo y Rin cerró los ojos por instinto—. Rayos, Rinny-chan, no compliques más las cosas.

—Vete...—murmuró.

—¿Mmm?

—¡Vete!—Dictaminó, cogiendo uno de los utensilios que se habían derrumbado con ella y aventándolo hacia Cul. Ella lo esquivó con agilidad, tomando las muñecas de Rin y agarrándolas sobre su cabeza con una mano. La rubia comenzó a chillar con terror.— ¡Déjame, por favor!

—¡Basta ya, Rinny-chan! No me iré. No hasta que veas esto—con su mano libre ondeó una foto de Len delante de sus ojos, donde él salía desvaído y frágil, internado en una cabina de cuidados intensivos. Al verle tan enfermizo y frágil, la rubia se alteró—. Len-kun no se encuentra bien, Rinny-chan. Está muriendo. ¿Entiendes?

—¡No...!

—Y lo está haciendo completamente solo. Rinto y Rei fueron enviados fuera del país, como castigo por su desobediencia, y tú estás aquí, hospitalizada.

—Quiero verlo...

Cul apretó su agarre en las muñecas enclenques de la niña. Ella gritó.

—Escucha bien, porque haremos un trato. Len no responde a los tratamientos médicos. Yo puedo devolver el tiempo de sus células y detenerlo, Rinny-chan, de forma que no continúen descomponiéndose. Es una habilidad que me permite rejuvenecer o envejecer. Si accedes a hacer lo que te diga, si te pones de mi lado, lo ayudaré. De lo contrario, dejaré que muera.

—¡No puedes hacer eso!—Exclamó ella, nublándose por la idea de que su único amigo falleciera. Como una chispa que enciende una bomba, Rin se sacudió violentamente, repitiendo una y otra vez que no podía fallarle a Len.

—No lo haré si tú lo impides, Rinny-chan.

—¿Por qué?—Sollozó Rin—, ¿por qué insistes tanto en que me oponga a Len...?

—No necesitamos más rebeldes, Rinny-chan. Tú tienes un buen potencial que no merece ser desperdiciado en causas inútiles.

Ella largó más lágrimas. Cul levantó su vista hacia el reloj y se regresó.

—Han pasado dos días, Rinny-chan. No le queda mucho tiempo. ¿Qué dices?

—Por favor...

Rin se atragantó con las gotas que se resbalaban dentro de su boca.

—Por favor... no permitas que a Len le pase nada.

Cul asintió y apretó un botón para llamar a una enfermera. Se retiró de ahí al ver al personal médico corriendo a auxiliar a la niña que lloraba tirada sobre la cerámica, como si no hubiese un mañana. Una vez afuera, se encontró a Haku recostada sobre una pared y a Lenka sentada sobre el piso.

—Misión cumplida—Cul acomodó unos mechones detrás de sus orejas y sonrió—. ¿No les dije que sería pan comido?


¡Hola! Gracias a todos por sus comentarios tan alentadores~! Fueron fantásticos ;u; me hicieron muy feliz. Gracias, gracias y mil gracias por leer! No saben lo que significa para mí que se detengan a entretenerse con este fanfic! En serio, muchísimas gracias! Espero que disfruten del capítulo n.n Recuerden dejarme sus opiniones en sus comentarios. ¿Okay? Reviews, please~!

Los quiero a todos! Nos leemos después, ¿okis?

Atentamente, Uni Sawada.