Disclaimer: Vocaloid y todos sus personajes son propiedad de Yamaha y Crypton Corporation.


Capítulo VII

—Su servicio fue espléndido y preciso, y su comportamiento diligente resultó intachable. En representación de nuestra familia entera y en particular honor a nuestro jefe, he de felicitarles. Solicitaremos de sus presencias tan pronto sea perentorio, ténganlo por seguro. Por favor, comuniquen a la señorita Mew que recomendaremos sabiamente su buen servicio entre nuestros aliados—el sujeto de chaqueta tendió un grueso sobre amarillo, relleno de lo que probablemente sería sucio dinero, dándole una palmada a Rinto en la espalda cuando él lo recibió con disgusto entre sus manos. El rubio meneó sus hombros para deshacerse de la sensación repugnante de aquella cruel mano plasmada sobre él. Aquella palma que, podría jurar sin titubear, tanto mal había causado y seguramente seguiría causando al mundo.

Rei lanzó una mirada frívola y venenosa a los seis hombres que custodiaban la salida de la pomposa mansión, antigua y rigurosamente restaurada, escondida con un determinado recelo entre el tupido follaje de un bosque de pinos, en medio de los recónditos picos de una olvidada cordillera italiana. Ahí, en el centro de un limbo terrenal, se refugiaba el capo chino cuya protección había sida encomendada a sus manos. Rinto siguió de cerca las pisadas del pelinegro, cuidando no disminuir su guardia ni un segundo ante aquellos infames criminales de los que nada podía esperarse, que, por ser truhanes reconocidos en estafas, eran tan fiables como viles bestias con hambre. Aunque supiese que ellos temían meterse con la atesorada mercancía de la Academia Vocaloid, que les alimentaba con sus fructuosos productos, ninguno tomó el riesgo de confiarse.

Porque, pese a que los alumnos enclaustrados de la Academia eran vendidos poco más que bienes comerciales de fácil acceso y control a las sociedades del bajo mundo, intensificando la imagen de superioridad de la institución a nivel internacional, aquella jerárquica cadena de respeto siempre era rota por un eslabón insensato.

Fueron recibidos por unos tres robustos trabajadores, armados de pies a cabeza, de la agencia de la Academia. Les esperaban a las afueras de la cabaña de vigilancia que permitía la entrada de vehículos al terreno donde había sido erguida la mansión. Rinto subió a la camioneta Honda CR-V que habían proporcionado para ellos, sintiendo cómo la sensibilidad de sus audífonos aumentaba drásticamente. Hasta la Academia misma tenía presente que tratar con mafiosos no era un juego de niños y que requerían de libertad para utilizar sus genes-V como escudos. Por ello, permitían la reducción de las secuencias de ondas estipuladas para generar una reacción eléctrica de los audífonos cuando los genes fuesen utilizados. Ahora, que retornaban al teatro donde eran títeres prodigios de una ignorante comunidad, era indispensable reforzar los hilos que les ataban a los dedos de los directores.

Rei. a quien Rinto había cedido el nauseabundo paquete de dinero, arrojó el sobre a la guantera abierta antes de que los servidores de la Academia diesen sus reverencias ante los codiciosos clientes, que hasta las rejas les habían escoltado, y se subieran al vehículo. Se largaron, después de casi dos semanas, de aquella prisión donde tenían que cuidar del moribundo jefe de una familia traficante de armas y drogas. Cuando la esperanza se perdía para aquella familia camorrista, que armaban constantes líos y diarias disputas aún sabiendo que su líder moría en la planta superior, un atisbo efímero de lástima por los nietos gemelos del viejo jefe, quienes no tenían a nadie más en el mundo además de aquel decrépito vejestorio, percibió Rinto en los orbes dorados del inconmovible pelinegro. El anciano se había salvado con solo oír un buen augurio del muchacho con el don de la palabra y había agradecido personalmente al par de jóvenes que habían resguardado su bienestar en todo momento. Habían sucedido unos quince atentados, cinco de un grupo formado por sus propios subordinados, con los que Rinto había lidiado por su cuenta, y diez restantes de familias enemigas que veían perentoria y conveniente su muerte.

Dado que todos los expedientes sobre los genes-V de los chicos contratados eran mantenidos como un secreto para los clientes, Rinto se esforzó por evitar, a toda costa, que su amigo empleara su don con testigos presentes. No era conveniente que alguien supiera que él podía generar catástrofes con una sola palabra.

—¿Cómo crees que siga Len?

—Mal—Rinto se removió sobre su asiento, incómodo por la sinceridad y la sequedad en las palabras de Rei. El pelinegro se limitó a desviar su atención al exterior del vehículo, creyendo que Rinto lanzaría una respuesta explosiva e impulsiva hacia él que no le permitiría acabar. Desinteresado en detallar más aquel bosque denso que les había tenido presos durante los pasados días y, percibiendo la angustia discreta y rarísima del rubio, prosiguió con sus manifiestos—, mas no encuentro razón para preocuparnos. No está muerto, si es lo que asumes. Evalúalo desde esta perspectiva: si Rin, Leon o Ia no estuviesen enrolados en la Academia, tendríamos la certeza de que habrían restado su vida a nada. No obstante, al tenerles como rehenes, están en la libertad de manipular la voluntad de Len; lo tienen comiendo de las palmas de sus manos. Pese a los incontables reproches que ponga y a lo testarudo e indomable que pueda mostrarse, él no desentiende las amenazas.

—Rei, ¿cómo puedes permanecer tan calmado?

—La inquietud es una sensación molesta e innecesaria para el razonamiento claro.

—Sobre Len Kagamine—interrumpió la plática uno de los conductores, virando su mirada hacia el retrovisor para verles las caras. Su voz era grave y tétrica, adornada con una molesta chispa chistosa, y Rei y Rinto exhibieron sus irrompibles máscaras despiadadas recubiertas de rencor, aquéllas que ensayaban para los intrusos. El sujeto emitía malas intenciones con su sonrisa socarrona y ellos, acostumbrados ya a los hipócritas patanes que predominaban en el submundo en el que la Academia ejercitaba su poder, sabían cómo enfrentarlos- O eso aseguraban—. He oído que ese cretino fue salvado de la muerte hace poco.

—¿Salvado?—Masculló Rinto, sisando las palabras tóxicas que advertían la intolerancia de mofas ridículas.

—Sí. Cul-sama ofreció sus servicios al personal médico para rejuvenecer los órganos del muchacho y evitar que continuaran con aquella condición desgastada e inservible que le produjo la hemorragia. Estaba al borde de la vida y la muerte. Ese chiquillo hubiera sido asesinado por su propio gen-V de no ser por Cul-sama.

—¿Cul?—Rei ensombreció su mirada cuando el conductor procedió a ensartar un balbuceo para nada importante ni certero acerca de la extraordinaria generosidad e increíble habilidad de la pelirroja. Sobre su regazo apretó sus puños, imprecando con barbaridades contra las cabezas del instituto. Siempre un paso delante de ellos. Rinto repetía, entre murmullos asqueados, su postura contrariada sobre la absurda idea de Cul siendo considerada amable.

—¡Cuidado!

El copiloto se aferró del volante y lo giró bruscamente, cambiando la dirección del carro y tirándolo cuesta abajo por un peñasco accidentado y escorado. El auto rodó, cuesta abajo, por minutos interminables. La coraza metálica era magullada con cada salto dado contra la empinada escarpada. Los vidrios crujían y se reventaban en añicos cuando colisionaban contra rocas sueltas por el camino. Los dos estudiantes se apartaron de las ventanas destrozadas y buscaron apoyo entre su fuerza unida. Los siguientes segundos fueron borrosos. Vieron a los agentes de la Academia dormidos en un sueño profundo, sus rostros bañados en sangre. El vehículo se había estrellado contra un par de troncos gruesos y prominentes. Se les hizo difícil descender de la cabina trasera, considerando que las puertas habían sido bateadas hasta la inutilidad. Una vez afuera, Rei, quien, a pesar de que sentía su brazo sangrar desenfrenadamente a causa del accidente, se hallaba más preocupado por el muslo en similar condición de su amigo, agudizó su mirada en su entorno y su tono se volvió sutilmente alarmado.

—Es una emboscada.


—¡¿Accidente?!—Repitió Len, encolerizándose en su puesto. Su grito fue acompañado por un persistente ajetreo en medio del cual él, torciendo su carácter a una consideración extraña para no herir a Rui, intentaba deshacerse de la figura enana de la gemela de Rei. Ella le empujaba y recluía con todas sus fuerzas contra la cama. La chica, siendo el polo opuesto del sensato y prudente pelinegro, que actuaba sumiso si sus acciones no destruían el orden de sus valoraciones, se alteró inmediatamente, como el petróleo que entra en contacto con llamas, y golpeó sin vacilación ni arrepentimiento la mejilla del rubio.

—¡Aquiétate, rayos! No vine hasta acá para tolerarte dando pataletas como un niño pequeño, demonios—la pelinegra retrocedió, respirando con dificultad; sus cachetes ardían de furia contra el inestable rubio—. Lo que menos necesito ahora es que tú mueras por algún arrebato de ira, ¿he sido clara?

Él gruñó, zafó sus manos del agarre de la pelinegra y redirigió su interés al reconocido y adorado maestro que tanto repudiaba. Gackupo agradeció, a través de una seña simpática de manos, a Rui su colaboración.

—Quisiera dar constancia de algo—aclaró, tomando una paleta de uva del canasto de golosinas que Cul había dejado como su firma de visita en la recámara del rubio. Él quiso vomitar al leer la nota adjunta a una tarjeta en forma de corazón que, al cometer la desventura de abrirla, entonaba una alegre canción que repetía "sana, sana, colita de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana". Rindiéndose con el absurdo obsequio de la pelirroja, estableció que se desharía de él en cuanto pudiese. Rui, quien no podía perdonar el desperdicio de tales delicias, bajo la férrea promesa de mandar a Len a acabar con la vida de Cul si algo le sucedía, decidió probar los dulces. Hasta ese momento había degustado cinco caramelos y dos paletas, y nada malo, además de abrirle el camino a una futura diabetes, parecía suceder—, que no lo hice por usted, Gackupo-sensei. Len necesita enterarse de lo que sucedió antes de que continúen inyectándole más series insanas de dosis anestésicas para mantenerlo inconsciente e inmóvil durante días. Quiero supervisar que usted no distorsione la verdad a su conveniencia.

Len suspiró, pensando en las epístolas que su abuelo le escribía de pequeño para menguar su rabioso frenesí. Habían transcurrido dos semanas y media desde el incidente que le ocasionó un desangramiento interno, por el cual debía de quedarse en cama durante las próximas semanas, y tres días desde que se había declarado iniciado el caso de la desaparición de Rinto y Rei en alguna provincia italiana.

—Que sea tu consuelo—Rui sacó la paleta de su boca y apuntó el brillante caramelo hacia el rubio—, que Rei y Rinto saben protegerse por sí solos. No les sucederá nada malo, no son idiotas como la mayoría de la gente aquí—Rui devolvió el dulce hasta la comisura de sus labios y mordió el inferior antes de introducir la paleta dentro de su boca—. Ten confianza en ellos.

—Yo confío en ellos—reiteró Len—, pero no en esta Academia. No me fío de sus métodos de búsqueda, si es que en verdad están desarrollando alguna búsqueda. Me resulta sospechoso que únicamente ellos hayan sido los extraviados, mientras que los agentes que enviaron para traerlos regresaron prácticamente ilesos.

—La zona en la que se adentraron no permite la nítida salida de las señales de los audífonos—acotó Gackupo.

—Perfecto—él rubio frotó su sien y se volteó a ver a Rui, ya que ella, siendo una más de sus conocidos íntimos, era la única persona dentro de la recámara a la que no quería asesinar. La chica observaba con una mirada despistada el reluciente techo—. ¿Qué más tienes que informarme? ¿Rin no sobrevivió a las cámaras de castigo?

El silencio que le recibió le hizo arrepentirse del usual sarcasmo que manifestaba en sus conversaciones. La ironía de la situación le provocó la sensación de querer aventarse por la ventana más próxima para ir directamente con la directora y encararla en ese instante. Len ya había tenido bastante con la pérdida de su primo más querido y admirado, con la mejor amiga de Rin y con la hermana menor de Rinto.

—¿Qué pasó?

Rui sacó la paleta una vez más y borró toda emoción de su rostro. Sus piernas, que antes se balanceaban en el costado de la cama, se paralizaron en el aire. Ella les retrajo lentamente, exhalando un estresado aliento.

—Gackupo-sensei, le recomiendo que se vaya—sugirió la pelinegra y el aludido, que se había clavado en aquel asiento próximo a la ventana desde que Len había recobrado la conciencia, pareció desconcetarse con su mandato.

—Largo—secundó el rubio, apuntando con su dedo la salida. El maestro, que conocía a aquellos problemáticos y atrevidos adolescentes y sabía que, por más que intentase convencerles de que su fidelidad prevalecía con ellos, no volverían a creer en él, decidió dar tregua a la paz y retirarse temporalmente. Una vez que Gackupo quedó afuera, Rui prosiguió.

—Ha sucedido lo mismo que con Lenka, Len.

El mundo se vino abajo para el rubio.

Rui corrió fuera de la habitación cuando el monitor empezó a soltar sonidos paralizantes.


—No, Miku está diciendo que ella llega extremadamente tarde y se retira antes del amanecer, Gumi—repitió Miki, cruzando sus piernas sobre la grama y apoyando sus codos sobre sus tobillos. A raíz de la ausencia repentina de Meiko-sensei, habían recibido un período libre en el primer bloque de clases. Descansaban en el patio del edificio de secundaria, debajo de los robles que circundaban un claro, solamente ellas—. ¡Nos está evadiendo!

—¿Por qué estaría haciéndolo?—Intervino SeeU, quien se distraía peinando a Suzune y a Iroha simultáneamente, deteniendo sus manos en medio de la sedosa cabellera celeste de la primera—. Somos sus amigas, ¿no es cierto?

—¿Amigas? Ya no puedo ni siquiera considerarle como una conocida—objetó Miki, claramente ofendida—. ¿Cómo podría verle como algo más? Ella se sienta sola en la banca del Equipo Especial y no articular ninguna palabra el resto de la clase, sin importar el esfuerzo que hagamos para llamar su atención. Desaparece en las horas de las comidas, nos evita en los descansos, ignora nuestras llamadas en los pasillos, huye cuando intentamos acorralarla para hablar (quizás ése no fue el mejor método, pero...). Empiezo a creer que se esconde en algún sótano de los dormitorios para no romper la norma sobre el toque de queda y se va a la cama cuando sabe que nadie más está despierta.

—Qué ridiculez—Gumi apretó su botella de agua con más fuerza de lo esperado, queriendo negar la razón que implicaba la otra en sus acusaciones. Agitó su cabellera antes de continuar—, si Rin hiciese una tontería como ésa, Macne Nana la detectaría en seguida. Sería reportada y castigada y, como sabrás, he sido enviada al aula de castigos para culminar el papeleo y los informes de los maestros en guardia los últimos días y nunca le he visto ahí.

—No sería una sorpresa eso, saben—comentó Iroha calladamente, ganándose la súbita atención del reducido grupo de señoritas. Raramente la chica hablaba en las discusiones internas, temerosa de que pudiese ser atacada por los caracteres volátiles de las mayores. La niña se sonrojó cuando notó la intensidad con la que destellaban las miradas ajenas—. Andaba por los pasillos cuando escuché un rumor...

—Los rumores en esta Academia son las fuentes menos apropiadas—protestó Miku, escudándose con su esceptismo y su rígida moralidad, pero no con ello evitó escuchar el chisme que la tímida pelirroja tenía para compartir.

—Oí que algunos estudiantes de tercero decían que Haku-sempai y Cul-sempai se la pasaban saliendo y entrando en la oficina de Mew-sama con una nueva reclusa...

—No estás implicando lo que yo creo que estás implicando—cortó con temor Miki, con el abrupto pasmo arrebatando toda delicadeza de su rostro. SeeU haló inconscientemente un mechón de Suzune al asimilar la situación, haciéndole chillar de dolor, al tiempo en que Miku y Gumi congelaban sus respiraciones en un infinito instante.

—Han dicho que se trataba de una estudiante que recién se había inscrito en la Academia. Era bajita, rubia y siempre está retraída. Su gen-V es desconocido—describió Iroha, sin alternar su mirada del pasto húmedo con rocío—. Me parece que Rin-san ahora se junta con Cul-sempai y Haku-sempai. No sería una sorpresa, entonces, que pudiese zafarse de tantas normativas.

—¡No puede ser!

—¿Qué rayos? ¿Cómo sucedió esto?—Exclamó Gumi—. Primero, el Equipo Especial sufre un accidente en una expedición que la Academia planeó para ellos en el extranjero, Len queda gravemente herido, y Rinto y Rei desaparecen en un bosque—recapituló las historias que los maestros habían contado por encima de la verdad—, luego Rin decide apartarse de nuestro grupo y se junta con las dos estudiantes más aborrecibles de la escuela que no pertenecen al Comité Disciplinario. ¿De qué nos perdimos?

—Quiero respuestas—Miki se puso de pie, siendo imitada por una exasperada Gumi, y sacudió la tierra de su falda- SeeU, Iroha, Miku y Suzune observaron en silencio—. Y las quiero ahora.

—Entonces tendrán que sentarse nuevamente—Rui apareció con Len colgando de sus hombros, moviéndose con dificultad entre los arbustos, cojeando—. Esto tomará un tiempo.


¡Una actualización rápida! Estoy ocupadísima con mi colegio u-u y mi laptop sufrió un accidente terrible~! Perdonen el retraso, y que probablemente me tarde un poco más subiendo la próxima parte. Lamento que ésta sea un poco corta y vaga, pero prometo que en la siguiente actualización las cosas serán mas claras. ¡Gracias a todos por sus comentarios alentadores, son los mejores lectores del mundo! /

Por favor, continúen brindándome su apoyo~! Esta historia no tendría sentido si no fuera por ustedes :3 Nos leemos muy pronto, ¿ne?

Atentamente, Uni.