Disclaimer: Vocaloid y todos sus personajes son propiedad de Yamaha y Crypton Corporation.
Capítulo IX
—El hipotálamo, la porción del cerebro de donde deriva la hipófisis, secreta una hormona antidiurética que controla la excreción de agua, denominada vasopresina. Ésta circula y se almacena en el lóbulo posterior de la hipófisis. Justo aquí—Monyako, la pequeña y energética profesora de biología y química, trazaba y realizaba variados garabatos en el pizarrón de la clase, en un intento de dibujar el cráneo humano apropiadamente, cuando la puerta del salón se abrió cautelosamente.
Len Kagamine, quien no guardaba mayor en interés en la lección de anatomía sobre las funciones de los componentes del sistema endocrino, se encontraba con sus grandes audífonos conectados a un reproductor de música portátil. Desde que Monyako había puesto un pie dentro del aula aquella mañana, saludándoles con aquella aura que gritaba demasiado positivismo y alegría para ser el primer bloque de clases, se había propuesto dormir un poco. Las últimas noches habían corrido en vela para él, incapaz de recopilar horas de sueño decente debido a ciertos personajes desaparecidos que atormentaban su conciencia. Durante cinco días, después de la noticia que Cul le había dejado a través de Rui, ningún dato inédito sobre el paradero de Rin o de sus mejores amigos había sido revelado. Como único miembro presente del Equipo Especial, debía de lidiar con la carga académica que los profesores establecían, para no levantar sospechas, él solo. Len necesitaba descansar, de lo contrario, acabaría de nuevo en el hospital.
Por ello, se encontró realmente indignado cuando una bola de papel arrugado se estrelló contra su frente, interrumpiendo sus merecidas horas de descanso. Len alzó la mirada, batiendo sus despeinados mechones fuera de su visión periférica, y se encontró con Rui observándole ansiosamente. Sus ojos ámbares estaban más abiertos de lo normal y sus labios habían quedado apretados en una línea. Todos los demás concentraban su atención en el frente, donde Mayu, tras criticar con severidad el patético bosquejo hecho por la maestra de biología, hacía una breve introducción sobre algo que parecía importante, según podía deducir por la mirada turbada que Rui lanzaba hacia él. Len fue capaz de atajar unos cuantos movimientos de los labios de Mayu antes de desconectar el cable auxiliar de sus audífonos y liberar sus oídos.
—...por ello se ha ausentado durante esta semana. Sin más preámbulos, les pido que le reciban con la misma cordialidad que en su primer día—concluyó, virando su interés efímeramente hacia la entrada del salón. Lo que Miki dijo a continuación desenfrenó una lluvia de emociones que Len no sabía que contenía.
—Pero el primer día fuimos de todo menos cordiales—acotó la pelirroja—. Discutimos entre nosotros y estuvimos cerca de prender la brecha de una próxima guerra civil.
—Vaya primera impresión—masculló Mayu, suspirando. Miki se inclinó sobre su mesa, riéndose con cierta malicia.
—¿Deberíamos, entonces, comportarnos como esa vez, Mayu-sensei?
—Soez mocosa impertinente—la maestra rodó sus ojos y le apuntó acusadoramente—. Solo inténtalo, Furukawa, y bajaré el puntaje de la maqueta que presentaron a cero.
—¡Miki, silencio!—Advirtió Piko, horrrorizado. La expresión sombría de Rui empeoró al escuchar la amenaza y Miku se alarmó.
Gumiya soltó un silbido burlón, ganándose una manotada en la cabeza, propinada por una descontenta Gumi. Un escándalo entre el resto de los alumnos se desató, puesto que los integrantes del Equipo E consideraban interesante ver al ejemplar y enaltecido Equipo A siendo rebajado de su pedestal, opinión que fue contraatacada por un seco comentario sobre cuán enfermizos y aborrecibles resultaban los celos del Equipo E. Argumentos, reproches, mofas y otras palabrerías fueron aventadas de banco en banco, de tal forma que un bullicio molesto se propagó en cuestión de instantes entre los estudiantes y las maestras, por más que lo intentasen y lo deseasen, no supieron cómo controlar la revuelta.
—¡Demonios, cállense!—Len Kagamine se puso de pie, golpeando la superficie vacía e inmaculada de su mesa con sus puños, lanzándole dagas a todos los alborotados. En otra ocasión hubiese ignorado la ridícula disputa y hubiese regresado a dormitar descaradamente durante las horas de clases, pero, al atisbar las puntas de un moño blanco meciéndose por la puerta entreabierta del salón, no pudo permanecer callado mientras dejaba que sus tontos compañeros—a excepción de Rui, por supuesto—estropeasen la oportunidad de ver a Rin inmediatamente.
Len Kagamine no estaba totalmente preocupado por ella. Su angustia y disgusto nacían principalmente del solo imaginarse la posible y nefasta reacción que la cálida familia de Rin pudiese llegar a tener si su hija predilecta resultase herida de alguna manera. Siendo un valeroso y cerrado trío de mujeres—abuela, madre e hija—, las dos primeras habían depositado su confianza en él para velar por el bienestar de la más joven, que, por ser ignorante e ingenua, era propicia para ocasionar desastres.
Hubo otro momento enmudecido, compuesto por largos segundos que los estudiantes y las profesoras aprovecharon para reponerse del abrupto arrebato de Len Kagamine, hasta que Mayu, recompuesta por completo, aclaró su garganta para centrar el interés nuevamente en su persona. Dándole un vistazo prolongado a la clase y deteniéndose exclusivamente en una melena rubia ubicada al fondo, dijo:
—Hanazono, adelante.
La aludida caminó hacia Mayu. Sus ojos saltaban de rostro en rostro, distinguiendo algunos, familiarizándose con otros y desconociendo unos pocos. Las miradas que recibía de sus compañeros rebosaban con una profunda intriga y una apasionada curiosidad. Los estudiantes querían saber qué tan verdaderos eran los rumores que se oían por los corredores, unos más inverosímiles que otros, para poder desastar la bomba del chisme en secundaria.
—Ha pasado mucho tiempo—Rin inclinó su cabeza cortésmente, armando una sonrisa casi perfecta—. Es un placer volver a verles.
Silencio.
Rui se giró hacia Len y notó que sus facciones estaban oscurecidas por una sobriedad que auguraba problemas. La pelinegra devolvió su atención a la rubia y suspiró discretamente. Había algo raro con "la nueva Rin". Len y ella, al parecer, eran los únicos que lo habían detectado.
—Bien, Hanazono, puedes ir a tu asiento—autorizó Monyako antes de darle la espalda a la clase y continuar con su explicación que, para este punto, nadie tenía genuinas intenciones de atender. Salvo por Piko, quien seguía turbado por el aviso impasible de Mayu.
Rin había evadido hacer contacto visual con Miku y Miki en la primera columna de bancas a su izquierda, y había omitido la mirada preocupada de SeeU en la primera banca a su derecha. Caminaba entre los bancos de los equipos B y D, rechazando también la cuidadosa y frágil atención que Gumi, Luna, Iroha y Suzune le concedían, cuando una voz extraña, proveniente de una desconocida del Equipo E, le asaltó con la siguiente pregunta:
—Hanazono-san—Teto Kasane, recordaba sus coletas del anuario que Cul le había enseñado hacía unos días atrás—, ¿cuál es tu gen-V?
Rin se paralizó en ese momento por dos motivos. En primer lugar, la interrogante tan directa le emboscó por sorpresa, dado que ella había asumido que sus compañeros tendrían la decencia de aguardar hasta el final del período para abostacerle con preguntas, pero recordó que se trataba del Equipo D y ellos, siendo el equipo con menor reconocimiento de la clase, tendían a obviar las normas que se relacionaban con la prudencia. En segundo lugar, en el efímero segundo que decidió voltear su mirada para omitir la incómoda seriedad con la que le escudriñaba Teto Kasane, dio con el par de orbes celetes que más quería evitar y que, en ese instante, exhibían una sarta de emociones que nunca había apreciado en ellos.
—Hanazono—le llamó Monyako después de haberse tornado para encontrar únicamente a Piko prestando atención en su monólogo científico. Rin se sobresaltó y realizó una inclinación—, creí haberte dicho que fueras a tu asiento.
—Lo sé, lo lamento mucho Monyako-sensei. Le aseguro que no se repetirá. No interrumpiré más su clase—dijo atropelladamente mientras acababa el tramo que le separaba del banco del Equipo Especial.
Len, internamente conflictivo y desorbitado, consiguió arrimarse para darle espacio en la banca. Rin titubeó antes de agradecer su gesto y ocupar el asiento que le correspondía. Sucedieron unos minutos en un mutismo rígido y petrificado, donde ninguno sabía qué aportar para iniciar una conversación, bajo las miradas intrusas y metiches de sus compañeros. Len, hastiándose del indiscreto y sugerente interés impregnado en las caras de los demás, armó su mirada más mortífera y testificó el milagro más insólito: los estudiantes de aquella aula, invasores innatos de la privacidad, le daban más importancia a la lección de anatomía de Monyako que a la aparición de la razón de los interminables cuchicheos y murmullos en el pasillo.
Rin rió suavemente.
—Lenny-kun, tu temperamento nunca cambia—susurró, arropando la mano de Len con la suya. Un chispazo que se asemejaba a las corrientes producidas por los audífonos hizo que sus dedos temblaran. Len retrajo su mano, su rostro horripilado, mientras observaba detenidamente a Rin. Ella pestañeó—, ¿qué sucede?
—¿Cómo...—Él aclaró su voz, que había salido más rasposa y grave de lo normal, y endureció su expresión—, cómo me llamaste?
—¿Lenny-kun?—Tanteó ella, tamboreando sus finos dedos sobre el banco, mostrándose ligeramente confundida. Frunció el ceño—, ¿qué tiene de malo?
Todo, quiso gritarle.
—¿Desde cuándo tú me dices así?—Insistió él, deteniendo el jugueteo fastidioso de las manos de Rin al sostener su muñeca con firmeza. Ella le miró, indignada por el tono ofensivo.
—Justo ahora quise decirte así. Fue solo un impulso, pero, si no te gusta el apodo, solo deberías decírmelo—ella golpeó la mano de Len y liberó su enrojecida muñeca—, no hay necesidad de recurrir a tanta violencia.
Él se quedó perplejo. Sabía que estaba reaccionando inapropiadamente, que no debía de confundir ni mezclar asuntos que no convenían en ningún punto, pero el tacto gentil en su mano y el susurro tibio de aquel apodo habían revivido memorias profanas que debían de permanecer enterradas en el cementerio de su pasado.
—Tsk, tanto tiempo sin vernos—Rin arregló sus mechones rebeldes y Len, por primera vez, se fijó en el símbolo de la estrella que adornaba los auriculares de la rubia. Su vista descendió bruscamente cuando atisbó morados terribles, escondidos habilidosamente debajo de sus cabellos dorados, en el cuello de la chica. Sus ojos se agrandaron—y lo único que recibo es...¡Len!
—¿Cuál es tu gen-V?—Dictó él ferozmente, en voz baja para salvarse de los oídos ajenos, tomándole nuevamente por sus muñecas y subiendo sus mangas de repente, revelando más hematomas de colores espeluznantes—, ¿qué demonios te hicieron esos malnacidos, Rin?
Ella contrajo sus hombros y mordió sus labios cuando sus audífonos libraron una carga eléctrica que azotó su espina dorsal. Ella se abrazó al torso de Len, hundió su cabeza en su cuello y respiró agitadamente. Él se congeló.
—No hagas más preguntas, por favor—ella dejó caer unas cuantas lágrimas sobre la camisa de Len—. Rei y Rinto..., por ellos, te lo pido.
Él lo reflexionó. Apretando a Rin entre sus brazos, murmuró:
—Ella es mi compañera de equipo—su tono evocaba la presencia de alguien más escuchando la conversación—, tengo derecho a saber cuál es su gen-V.
—Estado de agregación de la materia—Rin murmuró entre hipidos, distanciándose de él. Limpió sus lágrimas cobardes y le regaló una sonrisa entristecida—. Tengo la habilidad de alterar la temperatura o la presión sobre moléculas de cualquier cuerpo para modificar su estado...
—Enséñale de qué eres capaz, Rinny-chan—ordenó Cul. Rin negó efusivamente, causándole más confusión al rubio. Percibió un chasquido molesto antes de que un pacífico—y tétrico—silencio sucediera. Cuando se creyó rescatada, al cabo de varios minutos, la voz de Cul volvió a asustarle:—Anda, dícelo.
Rin se paralizó, aferrándose al brazo de Len. Él se espantó con la expresión que portaba la rubia.
—Rin—habló Rei con monotonía tras una pausa eterna—, haz lo que Cul ha dicho. Enséñale tu gen-V.
Como si se tratara de una marioneta sin voluntad, Rin sintió que una fuerza externa se apoderaba de sus articulaciones y las movía en contra de su voluntad. Posó sus manos sobre el escritorio, un sólido de partículas estrechamente unidas entre sí, y éste empezó a despedir un humo extraño, como si se tratara de hielo seco expuesto a una temperatura ambiental, hasta explotar en un gas anormal. Ella recogió sus manos, cerrando sus párpados con terror, mientras susurraba:
—Sublimación...
Len permaneció callado cuando los alumnos de segundo año evacuaban el salón y el séquito de Cul aparecía para llevarse a Rin a dirección.
Continuará...
TAN-TAN-TAN~!
¿He dicho que éste fic tiene mucha ciencia ficción? Pues me parece propicio mencionarlo ahora :P Éste es mi regalo de Navidad para todos ustedes, mis lectores, por su fantástico apoyo. Pido disculpas por cualquier error :) El final fue un tanto inesperado. Ojalá les haya agradado. Muchas gracias por sus comentarios, sus reviews me hacen mucho bien! Gracias, gracias, gracias ^^ Lamento si no les he respondido a todos, pero he estado muy distraída últimamente con muchas cosas :(
En fin, nos leeremos en el próximo capítulo. ¿Se esperaban que Cul estuviese con Rei? :O
Los quiero un montón.
Atentamente, Uni.
