Capítulo 18. "¿Se acabó?"

-¡Anna! ¡Anna!

Elsa corría por los pasillos de su antiguo hogar a toda velocidad, sus ropas arruinadas volaban tras su espalda. Norte, Rapunzel y Jack la seguían a unos metro de distancia, abriendo puertas en busca de la chica. Entonces una gran puerta de una sala se abrió y salió la joven pelirroja.

-¡Elsa! ¿Qué pasa, por qué gritan?

La Reina corrió a abrazarla llorando de angustia y alivio.

-¡Estas bien! Oh, Anna, creí que Hans vendría a por ti, ¡eso me dijo!

-¿Hans? No comprendo.

-Anna, ¿seguro que no lo has visto por aquí? – se entrometió Jack, aún preocupado.

-No, no lo he visto. ¿Pero qué tiene que ver Hans?

-Él pensaba venir a matarte, por suerte no lo hizo… - explicó Elsa.

-¿QUÉ? ¿De nuevo?

-Sí, luego te lo explicaré. Me alegro que no se haya acercado a ti. Reforzaremos la seguridad del palacio y el Reino, no dejaremos que se nos acerque.

Elsa dio el aviso a uno de sus guardias para que doblegaran la fuerza. También les agradeció a los demás su ayuda con un abrazo que los tomó por sorpresa.

-No hay de qué, su alteza. – dijo Norte.

-Es un placer, siempre había querido una aventura como esta. – respondió la joven de cabellera mágica con emoción.

A continuación, rodeó a Jack con los brazos con ímpetu. Él la atrajo más a sí.

-De no a ver sido por ti, yo… pude haber muerto. Y mi hermana también. Fui tan idiota. Debí saber que había sido un accidente, que tú no me lastimarías.

-Elsa, - tomó su rostro con las manos – no te preocupes, olvídalo. Ya pasó…

Entonces la Reina lo cayó con un dulce beso. A su alrededor estaban todos boquiabiertos, incluso a Anna se le escapó un chillido de emoción.

-Te amo, Jack.

-Y yo a ti.

Rapunzel se aclaró la garganta, no quería arruinar el tierno momento pero…

-¿No se están olvidando de algo?

-El lazo. Claro lo había olvidado. – el muchacho tomó la mano de Elsa y la encaminó hacia donde la otra joven.

-Exactamente, ¿cómo funciona esto de reconstruir el lazo? – titubeó Elsa, tenía sus dudas.

-Ya lo verás. – le sonrió.

Rapunzel tomó las manos de la pareja, aún entrelazadas, y las envolvió con su sedoso y largo cabello rubio. Jack no pudo evitar reír por la cara de desconfianza de Elsa. En ese momento, aquella comenzó a recitar una afable canción.

Flor que da fulgor

con tu brillo fiel,

vuelve el tiempo atrás

volviendo a lo que fue

quita enfermedad

y al destino cruel, trae lo que perdí

volviendo a lo que fue,

a lo que fue...

Su cabello emitió luz mientras cantaba, y las manos resplandecieron como un lucero… Y lo sintieron. Jack y Elsa volvieron a sentir esa mágica conexión entre ellos, esa que les hacía saber que habían nacido para estar juntos. La llama renació en su pecho y la luz se desvaneció.

-¿Eso es todo? – preguntó Elsa.

-Eso creo, ¿funcionó? – dijo Rapunzel insegura.

-Tendremos que averiguarlo. – Jack tomó a Elsa por la cintura y la balanceó hacia abajo, su agarre fuerte. Y la besó nuevamente. Ya nada los separaría, Jack era su Guardián ahora.

-¿Ya se acabó? ¿Qué pasará con Hans?

-No lo sé, Elsa. Pero no creo que se dé por vencido. Es posible que vuelva. Y si lo hace, te protegeré, él no podrá con nosotros. – susurró serio e intranquilo.

-Rapunzel, Norte, no sé cómo agradecerles. –siguió él.

-No te preocupes chico, será mejor que vuelva a la Central, me deben estar extrañando.

-Espera, debo acompañar a Rapunzel de regreso a su torre. ¿Puedes llevarnos?

-Claro.

Jack se volvió a su chica.

-Elsa, volveré en un rato. Debo cumplir mi trato.

-No te preocupes no me iré a ningún lado.

Ya en la torre, Rapunzel y Jack descendieron del trineo y él la acarreó volando hacia el interior de su acogedor hogar en la cima.

-Gracias, Jack. De verdad que fue una aventura.

-No hay de qué, hazme saber la próxima que quieras una igual.

Ella suspiró – No lo creo… Mi madre no me dejará salir. Cree que es muy peligroso.

-¿Vives encerrada?

-No es tan así. Ella es muy protectora.

-Rapunzel, si ella te quisiera no te mantendría cautiva de esa forma.

-Lo sé, pero no me puedo ir…

-¿Por qué?

-No lo sé, le rompería el corazón… No sería lo correcto.

-Mira, - tomó su hombro – a veces hay que dejar de hacer lo correcto para vivir un poco.

Rapunzel lo miró esperanzada… ¿Podría hacer eso? ¿Abandonar a su madre?

-Tal vez tengas razón, Jack. Debería irme al menos por un tiempo.

-Así se habla. – Sonrió – Debería volver ya, suerte con tu elección.

-Adiós Jack. Buena suerte.

El trineo se elevó, surcando los cielos hacia el Norte y Jack voló en dirección opuesta, hacia Arendelle. Una vez que habían desaparecido de su vista, Rapunzel tomó una bolsa, la llenó de comida y ropa, tomó un abrigo y una hoja en la que le escribió a su madre que volvería en algún momento, que debía irse en busca de una aventura y seguir sus sueños. Que la quería y esperaba que entendiese que no podía pasar el resto de su vida allí.

Dejó la carta en una mesa y así se marchó. Una nueva aventura le esperaba, su vida comenzaba.

Momentáneamente, Hans atravesaba densos bosques a hábil galope. Encontró la vieja choza escondida donde decían que vivía una anciana bruja quién le diría cómo vencer a sus nuevos enemigos. Sabía que si iba a Arendelle después de la fiesta, lo alcanzarían antes de tiempo. No, tenía un plan más perspicaz. Él sólo no podría contra Jack, Elsa, Anna y prácticamente todo su Reino, necesitaba un compañero, pero no cualquiera.

-¿Hola? ¿Hay alguien?

La choza era oscura, atestada de madera, un caldero oscuro se encontraba en el centro.

-¿Quién anda ahí? – una centenaria voz resonó por las paredes.

-Príncipe Hans de las Islas del Sur. Quiero hablar con la bruja.

Luego una risa desequilibrada. La anciana de cabello blanco y cubierta de verrugas apareció a su lado, lo que hizo que el joven se sobresaltara.

-Necesito que me digas qué debo hacer para-

-Ha, ha, ha. ¿Primero dime cuánto me pagaras? No se puede dar sin recibir nada a cambio...– lo interrumpió con un canturreo.

El ex-príncipe resopló y le lanzó una gran bolsa de dinero. La vieja rió abrazando el saco y colocándolo a un costado.

-Ahora sí estamos hablando. ¿Se te ofrece también una estatuilla? Son de madera hechas a mano – señaló un oso tallado -, este te lo puedo dejar a mitad de precio.

Hans seguía perplejo por la chiflada presencia de la vieja y tardó en reaccionar.

-¿Qué? ¡NO! Sólo quiero que me ayudes a encontrar a alguien.

-Ya sé a quién buscas, Príncipe exiliado. Pero no te aseguro que él te quiera ayudar.

-He oído que es el ser más peligroso de todos, necesito su ayuda sólo dime dónde se encuentra.

-De acuerdo… - la anciana entró en trance, sus ojos se volvieron completamente blancos y comenzó a pronunciar: - La Oscuridad es lo que deseas, pero en la luz no la hallaras. Si al Señor Oscuro es a quien buscas, bajo tierra lo encontraras. Pero escucha, molestado no quiere ser, si eres un entrometido tu pesadilla se va a volver.

Hans escuchó cada palabra con atención hasta que la bruja volvió de su trance.

-Eso es todo, ahora vete, vete que debo limpiar.

-Espera, eso no me ha dicho nada, ¿bajo la tierra? ¿Pero por dónde? –la frenó con un tono severo.

-Ugh, eres pesado, niño. – golpeó los dedos y un libro salió volando de un estante del fondo aterrizando en la cabeza de Hans. – Este libro podrá llevarte hasta él. Serán 100 monedas más.

Hans se las otorgó en mano de mala gana y se fue sin siquiera cerrar la puerta. Con el ceño aún fruncido tomo su caballo y se marchó.

-Recomiéndame con tus amigos. – gritó la vieja pero Hans no la podía oír.

Él abrió el libro, la portada rezaba "Seres Oscuros" en letras negras y polvorientas. En la sección de The Boogeyman (el Coco) se hallaba una cama antigua maltrecha y bajo ella, la cueva del auténtico Pitch Black. Hans sabía que tenía un plan que él no podría resistirse.

Fin del capítulo 18

Fin de la parte I