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Capítulo XIII

—Piko-san—dijo Iroha, sosteniendo con gentileza los dedos helados del pálido muchacho—, estaré bien. Lo prometo.

—Es de malvados recitar promesas que no cumplirán—sollozó él, en cambio, y su ruda honestidad dejó a Iroha estupefacta.

Miku caminaba delante de ellos, con las manos firmes apretando los costados de su cintura, meneando sus coletas de lado a lado, pensativa. Al oír el pésimo comentario de Piko, percibiendo el aura agrisada que emitía, se giró sobre sus talones y alejó a la pequeña Iroha, aún encendida por la determinación de prestar su servicio por el bienestar de Rin, de la pestosa ventisca negativa llamada Piko Utatane. El joven de cabellos plateados se detuvo.

—Piko, deja de mirarnos de esa manera tan sombría. Sé que te resistes a la idea de seguir colaborando, pero Iro-chan y yo te necesitamos—aseguró Miku suavemente, dejando ir a la joven de cabellos salmones y regalándole una sonrisa conciliadora al delegado de su clase—. Si alguna cosa acabase mal por alguna causal razón, tú estarías ahí como nuestro refuerzo. Por favor.

—Nunca dejaré de creer que esto es absurdo e insensato—Piko contestó—. Solo soy partícipe de esta insensatez por Hanazono-san. ¿Cuál es el plan?

—Ahí está nuestro objetivo—musitó Miku repentinamente y, por el sutil y evasivo rasgo culpable que mostraba, parecía que había omitido adrede la inquisión establecida por Piko. El joven agitó sus mechones de plata, despejando sus orbes claros para admirar al otro sujeto que sufriría de las artimañas del plan propuesto por Len Kagamine. Iroha también viró su rostro, abundante de curiosidad y disposición, e hincó su sano interés en él.

Se trataba de un estudiante de tercer año, famoso por su actitud austera y reservada, cuyo nombre verdadero era un misterio tan polémico como la leyenda de Pie Grande o el Monstruo del Lago Ness. Se creía que ni los profesores tenían conocimientos sobre éste por familiarizarse con algún político o ejecutivo que buscaba permanecer en el anonimato. Era delgado y alto, y su postura era producto de un persistente aburrimiento: los hombros relajados y caídos, y la cabeza halada y sostenida por hilos invisibles hacia las peculiaridades del techo. Su alias era VY2. Su personalidad, aseguraban quienes interactúaban con él a diario, era bizarra y contrastaba con su llamativo exterior. A pesar de ser el más callado y pasivo de su clase, su apariencia sobresalía entre las más exóticas y atractivas. Su cabello era de un rosa brillante—era imposible adivinar si era su tono natural o no, pues nunca se despojaba del gorro negro que cubría la cima de su cabeza y ocultaba sus raíces. Su característica más peculiar, por otra parte, debían de ser los cristales puros que tenía por ojos: el color de sus irises mutaba de acuerdo a sus emociones. Le habían visto con un par ámbar, otro rubí, uno amatista, uno esmeralda, uno zafiro... Hasta habían quienes juraban que, durante la época de tensión que ocasionó la huida de Len, sus ojos habían adoptado el color perpetuo y enigmático de dos ónices.

—Se ve más intimidante de lo usual—murmuró Iroha, tosiendo, y Miku suprimió una risa. La más baja del trío se había sonrojado. VY2 solía visitar la biblioteca semanalmente e Iroha coincidía siempre con sus visitas. Era parte de las admiradoras silenciosas, aquellas damas con atributo de paparazzo, que atendían cada uno de sus movimientos y lo inmortalizaban con los vivaces lentes de sus pupilas.

—Bien, Iro-chan. Ve y encántalo. Si necesitas nuestra ayuda, grita.

—¿No atraería eso demasiada atención?—Cuestionó Piko, ladeando su cabeza y mordiendo su pulgar.

—¿De quién? Nadie se atreve a pasar por los lares cercanos a los corredores del Comité Disciplinario.

—Nadie en su sano juicio, por supuesto—acertó Piko, suspirando. Miku contrajo sus hombros y esbozó otra majestuosa sonrisa. Piko aún no comprendía cómo su amiga podía permanecer en calma cuando estaban trabajando con una compañía peligrosa, a punto de poner en marcha una arriesgada táctica—. A diferencia de nosotros, que hemos quedado desquiciados.

—Iro-chan, ¡da tu mejor esfuerzo!

Iroha se tambaleó y quedó expuesta al túnel terrorífico que unía las dos amplias y yuxtapuestas oficinas del Comité Disciplinario. Las puertas eran de pulcra madera blanca, angostas y altas, y sus cerrojos parecían haber forjados y revestidos en oro puro. La poderosa insignia de la Academia, estampada en las cumbres de los solemnes umbrales, suscitaba temor. Entre las puertas había un escritorio, cuya superficie de cristal apenas se distinguía entre las paredes tapizadas y carecía de alguna clase de compartimientos, y en él esperaba VY2. Era el asistente de Kirsche y secretario del Comité, servidor obediente de los Ejecutivos. Se hallaba abierta y erguida, delante de él, la pantalla táctil de una laptop azabache. Ésta iluminaba su perfil con una proyección blanquecina. Iroha notó que los audífonos del muchacho estaban conectados a un puerto USB de la laptop. Parecía absorvido por la música que escuchaba.

Cuando los trompicones de Iroha retumbaron como pasos de gigante en el fondo del pasillo, él apartó su atención de los patrones del techo que revisaba y la clavó en la jovencita que había llegado. Iroha había asumido que él no le prestaría ni una mirada si ello implicaba el trueque de su placer por un posible disgusto. Fue entonces, bajo aquellos ojos insondables, que la cómplice se percató de cierta falla en su plan. No había discutido claramente con Miku la estrategia a seguir. Qué decir con exactitud o cómo explicarse sin alzar más sospechas... Ahora la insistente y paranoica preocupación de Piko adquiría cierta relevancia y sentido.

—Iroha Nekomura—la voz de VY2 era grave y reservada, y tenía una vibra que hacía estremecer. Ella dejó que el pánico le consumiera la razón y su semblante comenzó a resquebrajarse—, estudiante de segundo año. ¿Qué asuntos vienes a presentar?

Cualquiera que anduviese por los confines norestes del tercer piso, donde reinaba la ley y voluntad de los absolutistas, debía de tener una justificación válida o un motivo concreto. La mayoría de los espíritus que escalaban todo el trecho hasta aquellos despachos eran estudiantes que reportaban disputas clandestinas entre alumnos, agravios no sancionados en clase u otras infracciones contempladas en el Código de Comportamiento. En otras palabras, eran aduladores que mendigaban la protección por complicidad de los miembros del Comité. Por tal razón, resultaba extraño e inusual que Iroha, quien jamás había demostrado interés en apoyar el régimen impuesto por los superiores para ganar bienes de ello, se presentara con las manos vacías ante una rígida corte que no perdonaba pérdidas de tiempo.

—Um...VY2-san—Iroha corría corta de ideas y el nerviosismo empeoraba el equilibrio de sus sensatos pensamientos. La primera mentira que se le ocurrió, de alguna manera creíble y no de un tono tan inverosímil, fue lo que utilizó para salvarse:—, tengo que decir algo.

VY2 arqueó una ceja y se abstuvo de responder. Se limitó a indicarle que prosiguiera con un gesto sutil de su mano, su expresión endureciéndose en la mayor levedad posible. El aire perdía su calidad alrededor de la jovencita juzgada. Miku y Piko, arrinconados en una intersección, oían atentamente el monólogo de su amiga.

—Yo...—Iroha sintió que sus mejillas hervían con la pasión de la vergüenza—, yo...

—Iroha Nekomura, el presente es un regalo—recitó él sin gracia. Iroha entreabrió sus labios cuando el color, junto con su resolución, empezaban a abandonarle.

—¡Me gustas, VY2-san!

La sangre de Miku se tornó fría.

La respiración de Piko se cortó y espacios negros empezaron a pintarse sobre su visión.

Oh, oh.


El gentil rumor del motor eléctrico distrajo a Rin del relato entusiasmado de SeeU. Akikoroid había presionado el botón de encendido del sistema domótico que movía las tablillas de la persiana. Las tablillas de madera clara se deslizaron calladamente y espontáneamente los rayos de luz se dispersaron, aprovechando la diafanidad de los vidrios impecables de las hojas transparentes, y bañaron con tibieza cuanto pudieran alcanzar. La rubia hincó sus ojos en la complexión firme y expectante de Akikoroid.

—Justo a tiempo—le oyó decir. Removió el seguro en forma de pluma, empujó los rectángulos de cristal hacia afuera y dejó que una brisa fresca pasara y se paseara por los rincones de su habitación. Un suspiro abandonó sus labios antes de ojear los dígitos verdes alternándose en el reloj encima de su repisa, de un modelo peculiar (un gato de ojos saltones) que perturbaba los nervios de Rin—. Es hora de marcharnos. SeeU, tenemos alrededor de cinco minutos para llegar a la biblioteca, será mejor irnos ya.

—¿Qué debería de hacer yo?—Cuestionó Rin, turbada cuando la idea de aislamiento surgió como una nueva realidad. La súbita asimilación de todos los hechos fue como una cachetada violenta, un maltrato a sangre fría—. ¿Qué sucederá si les descubren y regresan por mí? Estarán en un lío tremendo del que será difícil o imposible zafarse. Sé que rastrean mi localización y probablemente estén planeando un castigo... ¡Santo cielo! ¿Cómo pasé por alto una cosa tan relevante? No quiero ponerles en más peligro; si han obtenido los folios que buscaban, yo... ¿Debería de irme?

La idea era rídicula, considerando todo lo que pasaron para separarla de las otras.

SeeU palpó dulcemente su cabeza, sin exteriorizar ninguna clase de preocupación o queja, enredando las yemas de sus dedos entre los mechones lisos de su querida amiga. Su tranquilidad avivó la tormenta que azotaba la mente asustada de Rin.

—No te preocupes; reconfiguré los audífonos de Gachapoid y las frecuencias que emiten son las mismas que aluden un condición normal—SeeU se puso de pie y Akikoroid le acompañó hasta la puerta—, en otras palabras, no descubrirán que ha estado empleando su gen-V todo este tiempo. Podrá utilizarlo hasta las 11:59 pm, antes de que la Academia realice la actualización de datos y el código desaparezca antes de ser detectado. Fue bastante difícil conseguirlo y he de monitorear su estabilidad constantemente. Mis equipos están repletos; no me ha sido fácil desarrollar ese programa con la Academia metiendo su nariz en las bases de datos de mis ordenadores y aún está en modo de prueba con dos transmisiones paralelas.

—Es tan admirable, Akikoroid-san, lo que has logrado—dijo la rubia, atónita—. En verdad estoy agradecida por todo el esfuerzo que han puesto por esto. No... no sé cómo podré pagárselos.

—Podrás alabarme cuanto quieras más tarde; ése es el precio que más satisfactorio me resulta—le respondió y una sonrisa pícara, característica del chiste entre los que se llaman íntimos, se estiró sobre sus labios. SeeU simpatizó con su humor y dejó que una carcajada melodiosa se escapara de su garganta—, ahora nos compete regresar a nuestras clases. No salgas de aquí y no hagas ruido; Macne Nana es activada por estos momentos.

—¡Aguarden! Aún tengo muchas dudas que quisiera aclarar...—ella agachó la cabeza y se reprimió por lo estúpido que en verdad era retenerles—. ¿Tendré que esperar, verdad? Es lo menos que puedo hacer.

—¡No te preocupes, Hanazono-san! No necesitas de nosotras para recibir más respuestas.

Un ruido particular, claro y nítido, le distrajo. Provenía de afuera; era una respiración agitada y bulliciosa, y había logrado mandar al olvido la inquisición que pretendía cuestionar. Al oírla, SeeU y Akikoroid volaron fuera del recinto y le dejaron abandonada sobre la cama, con el humanizado mayordomo-robot a su lado, alterándose con el amenazador eco del click que reprodujo la perilla al ser bloqueada. Un golpeteo se sobrepuso a la respiración foránea y sobre el marco plateado se posaron cinco pares de dedos pálidos. Pronto Len Kagamine en persona ascendió, su torso elevándose cual torre sobre el horizonte de yeso, y se introdujo por la ventana, con aires de total tranquilidad, como si aquél se tratara de un hábito común. Pasó el seguro y activó el sistema automático de la persiana, dejando que las tablillas cerraran el paso a las emisiones solares.

Ella contuvo la respiración.

—Len... Eres .

La admiración se anidó en su pecho, encendiendo un fuego cándido que derretía tantas barreras y mortificaciones.

—Pues no sabría cómo ser otra persona. ¿Por qué tienes esa expresión tan atontada?—Preguntó él y Rin sintió que una ráfaga se mariposas se desataba desde su estómago. Se ahogó con su propia saliva y omitió la rara sensación casi de inmediato, porque él acababa de insultarle, aunque fuese una livianidad entre tantas barbaridades que había pronunciado la lengua afilada de Len, y no era propio que permitiera que la voz firme mitigara su agonía con una sensación renovada de seguridad. Len lanzó una mirada extrañada—, ¿acaso no era evidente que vendría a verte? Akikoroid preparó un dispositivo que altera las señales del receptor GPS en mis audífonos, como si hubiesen sido interferidas por condiciones naturales. ¿Sabes que significa? Por supuesto que no lo sabes, sigues siendo la misma ingenua Rin.

La aludida farfulló e hizo un puchero, sonrojándose. Y tú sigues siendo el mismo patán.

—No pueden precisar mi posición aquí, en los dormitorios. Así que, por ahora, somos tú y yo. ¿Lista para el interrogatorio?

—Tengo un millón de preguntas—determinó ella calladamente, posando sus manos sobre la manta que arropaba sus piernas tembladoras.

—Está bien—él arrastró una silla hasta la orilla derecha de la cama, que no estaba aplastada en contra de la pared. y esbozó una sonrisa ladeada—; yo tengo un millón de respuestas para ti. Pero tendrás que aceptar mi condición antes de iniciar: mis preguntas irán primero.


—Gackupo-sensei está babeando—comentó Gumiya al desplomarse en el panel opuesto al ocupado por el maestro de gimnasia y consejero metodológico (pocos sabían de aquella posición) de los estudiantes de preparatoria. El alumno se burlaba del desfallecido docente haciendo muecas. La castaña rodó sus ojos y limpió su escritorio antes de extraer unas carpetas de manila del cajón inferior.

—Gumiya, concéntrate—Meiko atisbó el brillo transparente de la saliva de Gackupo rodando por su mandíbula hasta humedecer la manga de su camisa. Contrajo su expresión a una de repulsión antes de devolver su atención a los archivos encontrados—. Empezaremos con la sesión, entonces. ¿De qué quieres hablar?

—¿Me estás dejando elegir? Woah, es un día conmemorable. La omnipotente Sakine-sensei me ha concedido la oportunidad de decidir el tópico a tratar—Gumiya tomó impulso al asirse del borde del escritorio que hurgaba y rodó sutilmente, aferrándose al respaldar de la silla, hasta quedar a un lado de la castaña. Apoyó su barbilla sobre su palma y sus pupilas resplandecieron traviesamente—. ¿Puede ser la cosa más insólita e inesperada que se me venga a la mente?

Meiko murmuró un leve "ajá" mientras llenaba la planilla para el registro.

—¿Y me responderás?—La castaña sacudió sus hombros con despreocupación y asintió, no prestando debido interés a lo que decía su alumno. El bolígrafo en sus manos rellenaba casilla tras casilla sin descanso, trasluciendo una monótona costumbre que había desarrollado en los últimos meses—, ¿responderás sin importar lo que se me ocurra?

—Ugh—Meiko rodó los ojos, exasperándose—, pregunta lo que se te venga en gana. Hazlo pronto o perderé la paciencia. Quizás hasta decida informarle al entrenador que necesitas dedicar más tiempo a tus estudios para mejorar tus métodos de concentración. Entonces dirías adiós a tu participación en los próximos juegos y a los reconocimientos y beneficios.

—Bien—Gumiya respiró profundamente y guardó una pausa, detallando las facciones afiladas de la mujer. Ella tenía el ceño fruncido. Sus ojos enseñaban concentración y sus manos dedicación. Él sonrió—. ¿Dónde está Rinto Ichikawa?

La tinta negra desbordó la hoja cuando Meiko perdió el control de sus movimientos y quebró la punta metálica del bolígrafo. Una línea de sangre oscura marchó hasta el margen de madera, goteando y manchando los calcetines de estrellas de Gumo, quien se había quitado los zapatos mientras ella le era indiferente.


—Uh—fragmentos de su memoria desfilaban rápidamente como estrellas fugaces en un firmamento insondable. En cada visita semanal aparecía el rostro inocente de Iroha, asomándose con timidez desde los anaqueles y apartándose hasta la protección de las sombras cuando él atisbaba indicios de su discreta atención. VY2, por primera vez, caía en el silencio por obligación. Había quedado desarmado de palabras.

"Por favor, créelo, créelo, créelo", animaba Iroha en su cabeza, agradeciendo que VY2 no tuviese el agudo y peligroso gen-V de Tianiyi. Aunque no tenía certeza de cuál poseía él; nadie en verdad la tenía. Unos decían que podía viajar en el tiempo y otros que podía controlar el alma de las personas si la emoción predominante coincidía con la suya. Iroha estaba frenética (histérica, tal vez) y él se mostraba confundido, así que no podría, de ser correctos los rumores, apoderarse de su voluntad y razón. Técnicamente no tenía porqué: el pavor ya le había ganado y le había privado de tales cualidades.

—Iroha Nekomura—VY2 arrimó la silla y desencajó sus piernas del espacio inferior de la mesa. Se irguió y la pequeña, a pesar de flaquear por la notoria diferencia de altura y la distinción del porte de VY2, aprovechó que el muchacho tenía la guardia baja para proceder.

Tus lágrimas son como una dulce canción.

Tristeza no hubo cuando te tuve a mi lado.

Cambiar el mundo no será fácil... aún así,

sé que tengo una oportunidad.

La suave luz disuelve la oscuridad.

Caminaré, caminaré, sosteniendo su mano. *

—Iro-...—la mano de Miku tapó la boca indomable del atorado muchacho que prometía arruinar el proceso de hipnosis. VY2 tenía un color grisáceo en los ojos que se contraponía al dorado en los de Iroha. Ella sintió escalofríos recorrerle la espalda mientras articulaba y entonaba su hechizo. Miku salió finalmente de su escondite y se apresuró a la puerta de la izquierda.

—¡Piko, ven! Probaremos cada llave en las cerraduras. Tú entrarás por ésa y yo por ésta. Iro, has que desactive las cámaras.

Iroha, quien continuaba tarareando el ritmo cándido que embriagaba y enloquecía a VY2, asintió otra vez y unió su mirada con la perdida de su víctima.

—Escucha atentamente. Harás lo que te pida sin titubear y yo te recompensaré con otra canción. Desactiva las cámaras de seguridad a través del programa de conexiones que sabemos que monitoriza la laptop que cuidas. Estarán apagadas hasta que hayamos acabado, ¿está bien? Cuando termine la segunda canción, olvidarás todo lo que haya pasado después de mi confesión e imaginarás que me has rechazado.


—No, Gumi. No existe ningún portal a una dimensión paralela en el Triángulo de las Bermudas. Ahí se encuentra sumergida alguna pirámide de cristal que altera los campos magnéticos o algo por el estilo; nada fuera de otro mundo—replicó Miki cuando se dirigían hacia el edificio de secundaria—. Estás viendo demasiada ficción.

—¡Tonterías! Si es cierto lo que has dicho, entonces esa supuesta pirámide debió de pertenecer a alguna civilización perdida que desapareció por una catástrofe y, como sabrás, todo desastre deja sus vestigios. Algún día me transformaré en un animal acuático, como un delfín, e investigaré lo que en realidad sucede. Haré un descubrimiento impresionante y la sociedad científica tendrá que reconocerme. tendras que reconocerme.

—¿Cómo reportarías tu descubrimiento de ser verdad cualquiera de tus hipótesis? Probablemente caerías en los efectos del triángulo y nunca saldrías para contarlo—protestó Miki y Gumi sacudió su cabeza.

—No, porque soy una Vocaloid y sabría cómo volver; es cosa de instintos—apuntó con necedad.

—¿Qué hay sobre el reconocimiento por la sociedad científica? ¿Cómo podrías explicar que te transformaste en un animal para poder merodear por el triángulo cuando no todos tienen permitido saber sobre los Vocaloids? Cualquier involucrado acabaría con la memoria alterada por culpa tuya; regresarías al primer paso.

—Uh—la de ojos jades bufó—. Dices demasiados pero.

—Es porque tú te has imaginado un futuro demasiado idealista—dijo Miki. Subían por las escaleras camino a su aula cuando Lenka iba de bajada. Se había despojado de su chaqueta y andaba nada más con la camisa de botones. En sus manos cargaba una pila de papeles que se tambaleaban peligrosamente debido al galope apresurado que llevaba. Cuando llegó al final de los escalones y se disponía a la salida del edificio, una voz le detuvo:

—Lenka, déjame ayudarte—Gumi y Miki se paralizaron. La pelirroja hizo que Gumi descendiera a trompicones dos escalones. Cerró los ojos y sopló en la cara de su amiga, y la brisa que se creó arrancó los goggles de su cabeza. Gumi se sorprendió y trató de aplacar sus desaliñados mechones.

—¡Oye, ten cuidado!—Ella se volteó, saltó el resto de las escaleras y recogió su preciado accesorio. La correa había estado delicada a causa del desgaste antes de aquel incidente y podía figurar que ahora debía de haberse dañado por completo. Cuando subió la mirada nuevamente, vio a Lenka retirándose con Rinto por las puertas de secundaria.

—¿Era él?—Confirmó Miki cuando Gumi retornó con el rostro pálido—, ¿qué está sucediendo? ¿Cuándo regresó?

—Estoy alarmándome. Que Rinto esté por aquí... Um, recuerdo... aún recuerdo los rumores.

—No necesitamos un bendito triángulo amoroso para poner todo el drama que vivimos más turbulento.

—Aparecerá un triángulo más peligroso que el de las Bermudas aquí... en la Academia.


—¿Qué has dicho, Rin?—El semblante de Len era estoico. Como reacción a la sensación furiosa que retorcía sus entrañas y arrugaba su exterior con un empuje amargo, saltó de golpe sobre el suelo alfombrado y se alejó hasta conseguir soportarse en contra del mayordomo de hierro presente. Una ráfaga de náuseas terribles, con fluidos de culpa aborrecibles y extractos morbosos de castigos impasibles, escalaron desde su estómago hasta los canales ardientes de su garganta cuando los orbes vidriosos de la invención de Akikoroid le observaban con una vida vacía.

Vida vacía...

—¿Clones?—Rin asintió con cautela y extendió su mano hacia él. Quería atrapar aquella traviesa articulación que temblaba vigurosamente, acobijarla en un gesto confortante, convenciéndose de que nada podría empeorar. Sus ojos, repletos de dolor, se empezaban a esconder detrás de una cortina de gotas brillantes—, ¿clones?

—Algo así—su voz era frágil y discreta, como si estuviese preocupada por la aparición súbita de algún espía. Su respiración se obstruyó y sus lágrimas cayeron hasta humedecer las palmas de Len Kagamine. Él arrimó a Rin en la cama hasta que su hombro rozó con la pared tapizada y ocupó el espacio hundido que había creado, abrazándole fuertemente, a pesar de considerar ridículo aquel tipo de afecto, porque realmente ambos necesitaban de ese consuelo.

Era una noticia insólita y extraordinaria, de un modo siniestro y horrendo. Había subestimado los límites que la Academia respetaba y que no se atrevía a cruzar por cuestiones éticas y morales. Los hipidos largos y adoloridos que Rin soltaba aludían un crimen desalmado. Él quería más respuestas, mas, comenzaba a temer si sería lo suficientemente prudente para aguantar la verdad.

—¿Recuerdas—ella calló por instantes y se aferró a la camisa, ahora traslúcida por la húmedad de su llanto, de Len. Él permaneció estático, procesando la impactante información recibida, suavizando sus modales para no alterar más a Rin—, recuerdas cuál es el libro favorito de Ia-chan?

Un pitido le desorientó. Recapituló las tardes en las que Len le persuadía para unirse a su grupo de amigos. Recordó el viernes que Rin y él habían sido abandonados en una librería mientras el resto veía una película de terror. Ella se había rehusado a verla con tanta vehemencia que Len, hastiado ya de los reproches que hacía al resto por su poca compasión, le había callado diciéndole que la cuidaría. Habían vislumbrado una edición ostentosa del texto horroroso que Ia adoraba. Las páginas eran de un papel áspero, de tonalidad amarillenta, y las letras eran pequeñas y alargadas. Tenía dibujos asombrosos, que emitían las sensaciones abrumadoras y ansiosas que causaba la historia de Shelley, hechos con tinta china y acuarela, y Rin había chillado de entusiasmo al observarlo: quería comprárselo para Navidad.

Len se tragó el reflujo ácido que quemó su tráquea.

—Frankenstein—Rin se apartó de él y afirmó. Sus pupilas de dilataron cuando las piezas de la evolución apasionada e insana de Víctor comenzaron a aparecer. Su voz se escondió y apenas consiguió hablar—. ¿Qué ha hecho Ia, Rin?

—No fue su culpa—ella mordió sus labios—, no completamente.


—Ha sido terrible—Iroha estaba abrazada a Suzune, viendo cómo la clase desalojaba el salón después de que la campana había acabado con el agitado día, y Tianiyi y Moke se aproximaron a ellas, con SeeU y Akikoroid pisándoles los talones y murmurando cosas entre ellas—. Gracias por ayudarnos con Gackupo-san, chicos. Necesitábamos cubrir a Gachapoid.

—Ahora que se ha terminado el período escolar, seguramente querrá ir a verlo—mencionó la alta jovencita de cabellos rojos, recogidos a manera de una impecable cebolla, sentándose a un lado de la pequeña Iroha. Inclinó su cabeza y la plática se volvió casi inaudible—. Por ello Miki y Rui han ido a distraerle, mientras Miku y Piko sacan de la enfermería a Lui para disfrazarlo como Gachapoid y hacer que duerma en su cama. Gumi y Gumo están vigilando en la entrada de secundaria.

Aquella mañana, Lui había reportado que Gachapoid estaba indispuesto con diarréa. El monitor del dormitorio lo había visitado y había autorizado que permaneciera en su habitación por el resto del día. Gackupo-sensei, sabiendo que Meiko, tutora de la clase de Gachapoid, tenía un compromiso durante el almuerzo y no podría confirmar la condición del enfermo, había tomado la responsabilidad de ir a verle por sí mismo.

—Además—continuó SeeU amablemente—, Kagamine-san ha dicho que Gackupo-sensei ha estado reuniéndose con los directores y que, posiblemente, él debía de tener información importante sobre la situación de Rei y Rinto. Gracias a Mayu-sensei, logró robar una libreta de notas donde encontró ciertos datos...

—¡Sh!—Akikoroid se puso de pie y apretó los labios de SeeU juntos, evitando que revelara algún otro hecho. Los demás presentes le vieron con sorpresa—. Alguien viene.

En efecto, VY2 se adentró en el aposento ipso facto. Como si le hubiesen atrapado in fraganti, Iroha escondió su rostro en el hombro de Suzune y rezó para que la inesperada aparición de VY2 no tuviese nada que ver con el ultraje cometido a los tribunales del Comité Disciplinario a horas más tempranas.

—Iroha Nekomura—ella se tensó y sus esperanzas desaparecieron—, unas palabras en privado.

—Iro-chan, sé fuerte, estaremos afuera para ti—le susurró amablente Suzune en el oído, puesto que todos ellos tenían presente que rebelarse y protestar en contra de un superior con la posición y la influencia de VY2 era una estupidez. En silencio, abandonaron el aula en fila india y aguardaron alrededor de quince minutos en el corredor, exasperados porque los salones tenían la cualidad de encerrar los sonidos internos y apartar los externos.

Cuando la puerta fue abierta de par en par y VY2 salió con aquella fría expresión neutral, agarrando fuertemente a Iroha por la mano, todos esperaron lo peor.

—Nos veremos después—dijo y plantó un beso fugaz en la mejilla izquierda de la jovencita antes de marcharse sin regalar siquiera un vistazo a la tropa que vigilaba la entrada. Akikoroid y SeeU lograron despertar a tiempo del shock y atraparon a Suzune antes de que ella pudiese desplomarse de la sorpresa. Tianiyi y Moke intercambiaron miradas patidifusas, hablando calladamente en mandarín para compartir sus interpretaciones. Iroha cubrió sus mejillas sonrojadas y, con un hilo de voz, explicó:

—Ha descubierto todo lo que hicimos—el grupo entero jadeó, sintiendo el peso de sus actos desmoronándose sobre ellos. Ella no permitió que hablaran—, pero no deben preocuparse. Ha prometido no decir nada.

Hubo un momento de silencio.

—¿Por... por qué?—Tanteó Suzune.

—Mi improvisada confesión—tosió Iroha y su rostro se enrojeció con más potencia—, nunca hubiera sido rechazada, indiferentemente de ser real o falsa.

—Santo... Cielo.


*[Fragmento de la canción Chikyuugi del opening de Saint Seiya en las OVAS de Hades].

¿Qué tal? ¿Alguien esperó eso venir? ¿Qué parte del capítulo les gustó? ¿Tienen alguna sugerencia para mí?

Los problemas están por desencadenarse. Gracias a todos por sus comentarios, me hacen muy feliz cada vez que me detengo a leerlos. Es Semana Santa y estaré desocupada después de tantas tareas y guías. Probablemente actualizaré más tarde esta semana. ¡Espero que les haya gustado este capítulo!

Dejen sus reviews ;) Los quiero un montón.

Atentamente, Uni Sawada.