Los personajes de Kuroko no Basuke son propiedad de Fujimaki Tadatoshi y esta historia participa en el reto: ¡Daiki's month!, del foro de Kuroko no Basuke en Español.

En éste capítulo comprobaremos la inocencia de Rapunzel.


.

.

.

.

.

Aomine se sentía decepcionado, él de verdad esperaba que Kise Nieves fuera lo suficiente mente inocente como para hacerlo su esposo pero con la cara que puso supo que de inocente no tenía mucho.

Continuó con su andar por el reino buscando algún otro princeso que pudiera ocupar ese lugar, cuando paso frente a esa enorme torre recordó que hacía un par de años Kurozel le gustaba, aunque ya no se acordaba muy bien por qué había dejado de gustarle.

Abrió la verja que rodeaba la torre parando debajo de la única ventana de la misma.

- ¡Kurozel! - Gritó desde el suelo pensando que no subiría la enorme cantidad de escaleras para encontrarse con que el peliceleste no estaba, sin embargo, no tuvo respuesta

- ¡Kurozel! - Gritó de nuevo obteniendo el mismo resultado

Se disponía a irse cuando un balón de basket le cayó en la cabeza. Volteo en la dirección por donde el balón había venido encontrándose con el chico de cabellos celestes asomando medio cuerpo por el balcón.

- ¿Qué necesita príncipe Aomine-kun?

- Kurozel ¿quieres casarte conmigo? - Preguntó directo, en definitiva no tenía tacto para esas cosas.

Kurozel se quedó en silencio unos segundos y tras decidir que el moreno estaba bromeando con él, simplemente entró de nuevo a la torre a atender sus asuntos.

Aomine no tenía intenciones de quedarse con la duda, si Kurozel era tan inocente como se veía entonces, si o si lo convencería de casarse con él.

Corrió a la puerta trasera de la torre, esa que había descubierto hace tiempo y con la que visitaba a su amigo princeso.

Subió la infinidad de escalones hasta que llegó al estúpido cuarto, no entendía por qué demonios seguía viviendo ahí si podía salir cuando quisiera. Tocó la enorme puerta de madera, a los pocos segundos escuchó un golpe como de algo pesado azotando en el piso. Luego Kurozel abrió la puerta pero sólo dejaba ver la mitad de su cuerpo. Estaba en camisón y despeinado con un leve sonrojo en sus mejillas.

- ¿Te acabas de levantar? - era raro que se levantara hasta ésta hora.

- Algo así - dijo con tono neutro

- Bueno a lo que vengo - dijo retomando el tema y bajándose los pantalones señaló su entrepierna, comprobaría su inocencia antes de proponerse de nuevo.

- Dime ¿Qué es esto? – hablaba seguro esperando que Kurozel fuera tan inocente como su rostro lo demostraba.

- Príncipe Aomine-kun - dijo sin expresión en su rostro, al moreno le emocionaba ya que podía ser que no pudiera contestar y entonces el hermoso doncel sería su esposo

- Deje de bromear, quite su pene de mi vista váyase de mi casa que estoy ocupado - vio al de ojos celestes hacer un ademán de la pierna como habiendo pisado algo pero sin dejar de verle con algo de molestia en sus ojos.

Se arregló la ropa, justo recordó que había dejado de gustarle por ese motivo, Kurozel no era inocente y el quejido que escucho tras el pisotón sólo le hizo captar que debía salir de ahí cuanto antes. Ese princeso enojado era de temer.

.

.

.

Kurozel cerró la puerta regresado al interior de su alcoba.

- No tenías por qué pisarme tan fuerte - alegó el pelirrojo

- No te habría pisado tan fuerte si no hubieras reaccionado de ese modo príncipe Kagami-kun - responde el peliceleste mirando con enfado al mas alto.

- Oye ya bastante tengo con tener que compartir con éste – reclamó el pelirrojo señalando al otro chico presente que no había dicho palabra alguna hasta ahora.

- Oye "éste" tiene su nombre y si hubiera peligro de tener que compartir creo que hubiera aceptado la proposición desde que estaba en la ventana - habló el castaño desde la cama, no se había movido ni un centímetro de donde lo dejaron.

- El principe Ogiwara tiene razón - dijo tomando al pelirrojo de la mano acercándose al otro. – Ahora ¿En qué estábamos? – preguntó Kurozel pero al poco de formular la pregunta el castaño tomó sus labios con hambre mientras que el pelirrojo comenzó a pasar las manos descarado por su cuerpo. La tarde iba para largo.

.

.

.

El príncipe Aomine reanudó su camino por el reino y en su andar llegó a una casa hecha de galletas y dulces.

Ahora que recordaba los chicos que vivían en esa casa no eran unos princesos pero si un par de donceles muy bellos que destilaban inocencia, tal vez debería preguntárselo a ellos.

Continuara...


.

.

.

.

.

¿Quién vive en la casita de dulces? Nop no es Mukkun si así fuera ya se hubiera comido su casa... ¿a ver quien le atina?