Los personajes son propiedad de Tite Kubo.

Advertencias: Puede contener OoC.

La historia está inspirada en el libro "Warm Bodies" de Isaac Marion.


Gracias: HOTARU SATURN BLACK: Me alegra que te gustara el capítulo, y ya corregí lo de los nombres, es que con el nuevo formato de FF, pensé que podrían salir tres personajes. Akisa: Gracias por comentar, espero que este capítulo te guste, ruki91: Gracias por comentar, espero te guste este capítulo, ALEXZHA: Hola, gracias por leer, siento que no sea AshiRuki pero la verdad no me imagino a Rukia con alguien más, al menos no definitivamente, Otonashi Saya: Gracias por leer, a mí tampoco me gustaban mucho los zombis hasta que mi hermana me empezó a hablar de lo buena que era la serie "The Walking Dead".


ALGUIEN PARA RECORDAR

Capítulo 3.- Nombre.

El grupo de Zombis o infectados, como la mayoría los conocía, avanzó haciendo más rápidos sus pasos después de detectar a las presas que tenían delante de ellos.

Ichigo empuñó su Zanpakuto con fuerza. Concentró energía en ella y luego la dejó fluir hacia los infectados, logró cortarlos por la mitad, en forma horizontal. Rukia seguía quitando los escombros con desesperación mientras los cuerpos de ellos caían al suelo.

Ichigo no bajó la guardia, sabía que no los había derrotado. Como esperaba, las mitades que aun eran controladas por el cerebro comenzaron a arrastrarse hacia él. En esos momentos deseaba poder usar Kido, así sería más fácil su tarea.

Sin perder tiempo Ichigo uso Shunpo para situarse junto a un zombi que se arrastraba, arrugó la nariz por el olor putrefacto que emanaba, aun no se acostumbraba a ese hedor. Levantó su espada y la incrustó en el cerebro del infectado, inmediatamente éste dejó de moverse. Repitió la operación con los restantes con cuidado de no ser rasguñado o herido por uno de ellos.

Cuando terminó su trabajo Ichigo se reunió con Rukia quien ya tenía al niño en brazos, presentaba heridas en casi todo el cuerpo y respiraba con dificultad.

—Necesita atención médica. — le informó Rukia con preocupación mientras se lo pasaba.

—Démonos prisa entonces. —sugirió el Shinigami. Rukia asintió.

—¡Auxilio!Ayúdenme! —la voz angustiada de una mujer se escuchó en los alrededores, aunque no se distinguía el lugar exacto.

—Ichigo adelántate. —indicó la Shinigami.

—No puedes ir tu sola. —dijo el chico, antes habían luchado con otros infectados y sabía que estaba cansada.

—Si no atienden rápido a este niño va a morir. —dijo Rukia preocupada. —y por el momento tu eres el único con la energía suficiente para utilizar Shunpo. —Estaré bien. —aseguró la chica mostrando determinación. Ichigo asintió.

—No tardes. —le dijo con una sonrisa.

Después de intercambiar miradas y sonrisas alentadoras, Ichigo desapareció con un Shunpo, llevándose al niño en brazos. Confiaba en ella y en su capacidad de combate.

Rukia se concentró para localizar a la mujer, afortunadamente tenía algo de poder espiritual y pudo ubicarla.

Se dirigió hasta ella brincando entre los escombros de varias casas. Cuando llegó al sitio donde estaba, un grupo de seis infectados la tenía rodeada. Se dio cuanta por la ropa que se podía ver por lo espacios que dejaban los infectados, que era una Shinigami.

—No, aléjense. —gritaba la mujer tendida en el suelo, blandía su espada haciendo movimientos bruscos con ella para intentar alejarlos, pero ya no tenía la suficiente fuerza para hacerles daño.

Rukia se detuvo a escasos metros, colocándose a espaldas de aquellos hombres que tenían la carne desgarrada, subió una mano y apuntó al que estaba más cerca de la mujer, colocó la otra mano sobre su muñeca como apoyo.

—Hadō 31, Shakkahō. —pronunció con fuerza, la luz roja que salió de mano golpeó directamente a la cabeza del infectado, no era tan poderosa pero logró que la cabeza estallara. Un poco de la sustancia negra cayó sobre la mujer en el suelo.

Rukia repitió el procedimiento dos veces más, aunque el último ataque ya fue menos potente.

Rukia comenzó a respirar agitadamente, el sudor recorría su frente por el agotamiento. De los tres infectados que quedaban, dos avanzaron hacia Rukia y uno seguía intentando atrapar a la mujer, quien seguía defendiéndose con los movimientos de la espada.

Rukia desvainó a Sode no Shirayuki y corrió hacia un infectado, con un salto se posicionó en uno de los hombros del zombi y le clavó la espalda en el cerebro. Tomó impulso nuevamente y volvió a saltar hacia el otro zombi que iba tras ella, esta vez cayó detrás del zombi, cuando sus pies tocaron el suelo se giró rápidamente empuñando la espada y con un hábil movimiento le incrustó la espada a través de la nuca, llegando hasta su cerebro.

—No, no. —gritó la mujer Shinigami que estaba en el suelo, ella había logrado cortar un poco de la pierna del zombi pero éste con un brusco y fuerte manoteo logró tirarle la espada. Rukia vio el terror en los ojos de la chica, así que se apresuró a correr.

Cuando estaba cerca del infectado hizo un pequeño salto y en el aire elevó su katana para dejarla caer sobre la cabeza, ya sin cabello, del infectado, partiéndolo en dos mitades verticales.

En ese momento sólo se escuchó el ruido metálico del choque de Sode no Shirayuki con el suelo.

—¿Estás bien? —preguntó Rukia poniéndose de pie, pues había terminado agachada. Guardó nuevamente a su Zanpakuto.

La mujer Shinigami soltó unas lágrimas y negó con la cabeza, bajó la mirada hacia su brazo, Rukia también observó esa parte de su anotomía.

—Estás herida. —dijo Rukia preocupada. —Hay que llevarte con la capitana Unohana. —dijo acercándose hacia la mujer.

—No. —le gritó ella angustiada, a la par que movió su cuerpo para evitar que Rukia la agarrara. —Teniente, usted ya sabe que tiene que hacer. —le dijo seria. —Ellos me hirieron.

Rukia se tensó. Siempre había rogado porque nunca se encontrara en esta situación de nuevo.

—Teniente, hágalo por favor. —pidió la Shinigami del tercer escuadrón al ver la indecisión reflejada en los ojos de Rukia.

—No puedo. —respondió la chica de ojos violetas dando un paso hacia atrás, era su obligación como teniente acatar las órdenes de la cámara de los 46, pero el lado humano que había desarrollado a lo largo de todos estos años no le permitía hacerlo, al menos no sin vacilar.

—Hágalo por mí. —pidió entre llantos. —No quiero convertirme en eso. —dijo viendo los cuerpos putrefactos de los infectados.

Rukia vio dolor, angustia y miedo en los ojos de la chica de cabello marrón que estaba frente a ella. Con mucha pena sacó su Zanpakuto. La chica le sonrió agradecida y cerró los ojos.

—Lo siento. —murmuró con dolor mientras le clavaba entre las cejas a Sode No Shirayuki. Con lentitud sacó su Katana viendo como por ella escurrían hilos de sangre roja.

Se alejó de ahí caminando lentamente, arrastrando la punta de la espada por el suelo arenoso y dejando atrás el cuerpo ya sin vida de aquella Shinigami. Ya la noche estaba cayendo.

Una profunda tristeza la embargó, de nueva cuenta su espada se veía manchada por sangre inocente. La culpa que tenía, los recuerdos que regresaban y la tristeza hicieron que sintiera su cuerpo muy pesado, así que decidió descansar un rato. Se sentó en el suelo y recargó la espalda contra una pared.

Solamente había pasado escasa media hora cuando unos ruidos hicieron que abriera los ojos. Ya estaba oscuro, la luna era ocultada por una nube.

Frente a ella, a medio metro, estaba parado un infectado que la veía fijamente, tenía la piel gris pero no mostraba signos de descomposición. Cuando la luz de la luna volvió a alumbrar, se asombró de ver que era un Shinigami, pero no cualquiera.

Él estaba comiendo cuando percibió un olor, era algo atrayente, así que dejó a medio terminar al hombre que había atrapado y siguió aquel aroma.

Él nunca dejaba sin devorar los cerebros, ya que sabía que si no lo hacia su presa se levantaría como ellos, pero esta vez necesitaba llegar a la fuente de ese olor.

A la distancia vio una figura en el suelo, así que aumentó la velocidad, tanto como sus atrofiados músculos se lo permitían, y llegó hasta ella. Gimió como siempre hacía cuando encontraba comida, ella abrió los ojos.

Los ojos de la chica eran violetas, a veces él podía recordar ciertas cosas, su primer deseo fue abalanzarse contra su presa, pero al momento una fuerza extraña dentro de él le impidió hacerlo.

Un fugaz recuerdo apareció ante él, era extraño porque no había probado cerebros recientemente, esa chica aparecía en él. Y entonces un nombre fue tomando forma en su cerebro y palabras se arremolinaron en su boca queriendo salir.

—Ru…ki…a. —soltó entre gruñidos. Aunque en su interior se formaran miles de palabras no era capaz de decirlas.

La Shinigami abrió los ojos por la sorpresa, ya lo había reconocido minutos antes, pero seguía conmocionada por descubrirlo convertido en un zombi, y esa sorpresa creció más al escucharlo decir su nombre.

Era la primera vez que escuchaba a un infectado producir algo más que gruñidos y jamás se imaginó que pudieran reconocer a una persona.

—Ashido. —dijo ella entre sorprendida y preocupada.

Él ladeó la cabeza, si hubiera podido habría sonreído, pero los músculos atrofiados de su cara no se lo permitieron.

Tenía un nombre y en voz de ella se escuchaba muy bien.


Saludos.