Los personajes son propiedad de Tite Kubo.
Advertencias: Puede contener OoC.
La historia está inspirada en el libro "Warm Bodies" de Isaac Marion.
Gracias por sus comentarios: HOTARU SATURN BLACK, Akisa, EsmeraldaXX200, ALEXZHA, Adrii Kyouyama, Kuniko04
ALGUIEN PARA RECORDAR
Capítulo 4.- Suya.
Estaba un poco oscuro, sólo los rayos de luna iluminaban el lugar.
Ichigo se detuvo a varios metros de la entrada del Sereitei, por el camino se había encontrado a varios infectados y se había retrasado. Vio con fastidio como la entrada estaba bloqueada por un grupo de Zombis.
Quien diría que él protagonizaría una de las tantas historias que veía Karin sobre esas criaturas.
—Te dije que el apocalipsis Zombi era real. —le dijo Karin con autosuficiencia cuando él les comunicó lo grave de la situación. Y luego de eso se dedicó a darle un buen discurso de cómo acabar con ellos. Gracias a ella se enteraron de que había que atacar sus cerebros para que no se levantaran de nuevo.
Bufó cansado. Si quería ayudar al niño tendría que acabar con los infectados de aspecto aterrador, pues ya varios de ellos presentaban avanzado estado de descomposición y tenían expuestos músculos y huesos. Apretó más al niño entre sus brazos y dio un paso al frente.
Mentiría si dijera que no tuvo miedo cuando uno de los infectados se volteó lentamente hacia él, dejando ver su rostro gris. El zombi comenzó a caminar hacia él con paso lento y emitiendo gruñidos, un par de ellos también se giraron hacia Ichigo, el resto siguió en su intentó por derribar el gran muro que protegía al Sereitei.
Ichigo tomó al niño con un sólo brazo, mientras el otro lo llevó al mango de Zanguetsu en su espalda, pero antes de que pudiera desenfundarla, miles de pétalos rosas giraron en torno a los tres infectados que se acercaban a él y los hicieron desaparecer ante sus ojos, sólo quedaron salpicaduras de sangre negra en el piso.
—¡Byakuya! —exclamó Ichigo con sorpresa al ver acercarse a Byakuya, seguido de Renji y otros cinco Shinigamis.
Byakuya sólo lo vio por un momento y luego regresó su atención a los demás zombis pegados al muro. Aunque no lo pareciera, le costaba trabajo deshacerse de las personas infectadas pues comprendía que también fueron víctimas inocentes, sin embargo como uno de los capitanes del Gotei Trece su deber era proteger a la Sociedad de Almas y en ese momento ellos representaban una gran amenaza.
Con una orden silenciosa del Capitán del sexto escuadrón, las miles de cuchillas se dirigieron a los infectados, no dejando a ninguno de pie.
—¡El Capitán es genial! — exclamó uno de sus subordinados al ver que ellos no representaban mayor problema para Byakuya.
El capitán comenzó a caminar hacia la entrada, Ichigo se apresuró a caminar a su lado, Renji también se colocó junto a Ichigo.
—¿Y Rukia? —preguntó el capitán.
—Se quedó para buscar sobrevivientes. —informó Ichigo bajando la cabeza. —Lo siento.
—No te disculpes, ella es una teniente, estará bien. —respondió Byakuya sin preocupación, confiaba en su hermana.
La gran puerta se abrió permitiéndoles pasar al único lugar seguro a la redonda.
—Llévalo al cuarto escuadrón. —le indicó Ichigo a un subordinado de Byakuya. El Shinigami miró a Byakuya pidiendo su aprobación, el capitán asintió y el Shinigami comenzó a correr con el niño en brazos hacia Unohana. Los demás Shinigamis de bajo rango, regresaron a su cuartel.
Unos gritos provenientes del capitán Mayuri se escucharon cerca, Ichigo, Byakuya y Renji voltearon para ver la escena.
Mayuri tenía sujeto de los hombros a un Shinigami de su división, que se veía muy asustado.
—Estúpido. —le gritaba Mayuri. —Son tan inútiles que no me pueden traer un espécimen "vivo". —El capitán no dejaba de zarandearlo y verlo con odio.
—E…ran muchos capitán, tuvimos que acabar con ellos. —respondió con miedo.
—Por su culpa no puedo dar con la cura. —gritó Mayuri enojado sacando su Zanpakuto. —¡No me sirven! —gritó desesperado haciendo su brazo hacía atrás para tomar impulso, pero antes de que pudiera encajar la espada en el estómago del Shinigami, sintió que alguien detuvo su brazo.
Volteó hacia su izquierda para encontrarse con la mirada avellana de Ichigo.
—No dejaré que lo lastimes. —dijo Ichigo empujando al capitán, que soltó al Shinigami que aun tomaba por el hombro con la otra mano. El hombre al verse libre salió corriendo.
—Necesito a los infectados para hacer pruebas, esos inútiles no entienden lo grave del problema. — dijo irritado el capitán.
—Pues esos inútiles, como los llamas, no tendrían que arriesgar sus vidas si no nos hubieras puesto en esa situación. —le recriminó Ichigo serio.
Él no era de buscar culpables, era de los que buscaba soluciones y se enfrentaba a los problemas, pero a veces la desesperación y la preocupación le ganaban. De hecho últimamente los ánimos de los Shinigamis se caldeaban fácilmente, pues los sentimientos negativos estaban a flor de piel.
Mayuri bufó molesto por la osadía del Shinigami sustituto y se dio la media vuelta para regresar a su escuadrón.
—Cálmate Ichigo. —dijo Renji poniéndole una mano sobre su hombro. —Todos estamos agotados y desesperados por la situación, pero si peleamos entre nosotros será peor.
—Tienes razón. —admitió Ichigo.
Luego los tres fueron a las instalaciones del sexto escuadrón para esperar a Rukia. A su paso vieron los rostros de nostalgia, tristeza y dolor de las personas que se refugiaban en el Sereitei.
A raíz del brote que volvía a las personas seres deseosos de carne fresca y sin rastro de conciencia o sentimientos, Kyoraku insistió hasta que la cámara de los 46 accedió a refugiar en el Sereitei a los pobladores del Rukongai. Pero el Rukongai era tan grande que muchas almas todavía seguían afuera, expuestas al peligro.
IOIOIOIOIOIO
—Ashido. —murmuró Rukia.
Así que ese era su nombre, sonaba bien y más viniendo de ella. Quiso sonreír pero sus músculos no se lo permitieron.
Rukia miraba con sorpresa a Ashido, sin embargo no bajó la guardia, sin dejar de verlo tanteo el suelo con su mano en busca de su Zanpakuto, al encontrarla la agarró con fuerza.
Esto era más difícil todavía, el infectado que tenía enfrente era el hombre al que le debía salir viva de Hueco Mundo, aquel al que le prometió regresar a buscarlo.
Se quedó contemplándolo y esperando su reacción. No tenía el aspecto como los otros, aunque su piel era gris no presentaba señales de descomposición, únicamente bajo sus ojos amarillos podía observar unas manchas negras, como si fueran ojeras.
Lo vio de pie frente a ella mirándola fijamente, si Rukia no supiera que ellos no pensaban, hubiera creído que estaba tratando de recordarla.
Él la veía con curiosidad, intentó recordar algo más sobre ella pero no pudo. De nueva cuenta sus instintos primitivos se hicieron presentes, necesitaba desgarrar, masticar. Dio un paso lento al frente, pero algo dentro de él se removió y lo obligó a tomar una decisión.
Ella no era comida.
Se quedó quieto nuevamente, Rukia quedó a la expectativa, se sorprendió al ver que Ashido estiraba lenta y torpemente la mano hacia ella.
Su razón le decía que el ya no era Ashido, que era un víctima más del mortal virus, que ya no la reconocía, que no representaba más que su comida. Pero algo en su corazón se negaba a tomar la vida de ese hombre, algo insistía en creer que él no le haría daño, que era diferente.
Por estar concentrada en Ashido, Rukia no percibió que otro zombi se acercaba a ellos, hasta que fue muy tarde.
Un hombre de ropas cafés, ya rotas, de piel en tonalidad azul-gris, de cabello negro alborotado y con varias heridas en la piel, estaba junto a Ashido, gruñendo y con la boca abierta, enseñando los dientes amarillos.
Ese zombi se abalanzó contra Rukia, ella quiso elevar la espada para enterrársela en cualquier lugar que pudiera. Se sorprendió de lo que vio.
—No. —gruñó Ashido empujando a su camarada. —Mía. —balbuceó con dificultad.
El zombi no entendió ya que de nuevo intentó acercarse a Rukia, quien ya se había puesto de pie, pero sin salir del shock.
Ashido volvió a empujar al Zombie y se enfrascó en una pelea con él, por ver quién era el más fuerte empujando, al fin y al cabo no sabían hacer nada más. Por alguna rara razón a ellos no se les apetecía morderse entre sí.
Rukia movió la cabeza para despejar su mente. En ese momento podría huir del lugar, así no se vería en la necesidad de ser ella quien matara a Ashido; pero por otra parte, aunque la llamaran loca, estaba segura que él estaba intentando protegerla y ella no lo podía abandonar una segunda vez.
Si usaba Kido corría el riesgo de lastimarlo también a él, además ya no le quedaba mucho Reiatsu para usar, así que optó por correr hacia el zombi, se barrió en el suelo al estar considerablemente cerca y a su paso le cortó las piernas.
El zombi cayó al suelo, Ashido se quedó quieto viendo como su compañero trataba de voltearse boca abajo para poder arrastrarse, pero antes de que lo lograra Rukia se acercó por detrás y clavo su espada en su cabeza, acabando con su agonía.
Ashido y ella se vieron de frente, separados tan sólo por un poco más del medio cuerpo del zombi en el suelo.
Rukia vio que Ashido giró la cabeza a la derecha, así que ella volteó también. Un escalofrió le recorrió el cuerpo al ver, por la luz de la luna, una horda de zombis que avanzaban hacia donde estaban arrastrando los pies y con la cara agachada, era algo tétrico.
Sintió miedo, pues era un gran número para ella, sobre todo que estaba agotada por usar las habilidades de Sode No Shirayuki.
—Grrr. —el gruñido de Ashido la hizo girar la cara hacia él. Ya había avanzado varios pasos hacia ella, estiró su brazo para tocarla.
Ella se estremeció, pero no se movió.
—No co…mer. —balbuceó con dificultad, ella ensanchó los ojos por la sorpresa. Ashido estiró más el brazo y comenzó a tocar su rostro sin mucha delicadeza. Sintió que le embarraba algo en el rostro y cuello, el olor era asqueroso, así que se imaginó que era sangre.
Lo comprobó cuando Ashido alzó el otro brazo y vio la mano manchada de líquido negro, que ahora pasaba por su ropa y parte de sus brazos. Seguramente esa sangre era producto de su batalla con el otro zombi.
Rukia cerraba los ojos cada vez que sentía el frío y rudo contacto de la mano de Ashido.
La horda de zombis ya estaba a su lado, Rukia esperaba el momento de que uno de ellos se precipitara sobre ella, pero sorpresivamente pasaron de largo tras olfatear un poco.
Rukia volteó a ver a Ashido con esperanzas, él le había untado la sangre para salvarla, para confundirla con ellos. ¿Pero cómo?, se preguntó, ¿Por qué él era diferente?, ¿Por qué podía razonar?
El agarre de Ashido la sacó de sus pensamientos, él la tomó de la muñeca y comenzó a jalarla en la misma dirección que la horda de zombis, eran los últimos del grupo.
Rukia estaba tan confundida que se dejó guiar. Caminaba detrás de él, viendo con sorpresa el rostro de Ashido, tratando de encontrar en él más rastros que le indicaran que era el mismo hombre con el que se encontró en Hueco Mundo.
Él no entendía que era eso que se agolpaba en su cerebro, eso que le indicaba que la debía proteger, sin embargo estaba resuelto a cumplirlo, porque a partir de ese momento sabía que ella era suya.
—Bueno, Ashido resultó ser un Zombi posesivo XD.
Saludos.
