Los personajes son propiedad de Tite Kubo.

Advertencias: Puede contener OoC.

La historia está inspirada en el libro "Warm Bodies" de Isaac Marion.


Gracias por sus comentarios.


ALGUIEN PARA RECORDAR

Capítulo 15.-Recuerdo

No sabía dónde se encontraba, no veía nada, sólo una luz blanca a su alrededor, no era cegadora, al contrario, era reconfortante, transmitía paz.

¿Eso significaba que ya había muerto? Bueno eso si en su estado eso era posible.

De pronto la luz fue aminorando y un bello paisaje de un bosque se fue dibujando poco a poco.

Contempló aquellos árboles frondosos llenos de hojas verdes, el pasto húmedo bajo sus pies, el río cristalino a unos metros de él, podía sentir el refrescante viento en su rostro y agitando sus cabellos, podía percibir el aroma a tierra húmeda, el perfume de las flores.

¿Oler? ¿De nuevo le servía el sentido del olfato?, hacía mucho tiempo que no percibía ningún aroma que no fuera el de sus presas, y últimamente el de Rukia.

Se permitió disfrutar de aquellas fragancias de la naturaleza por un largo rato.

Una mariposa amarilla voló frente a él y la quiso tocar, y al alzar su mano no la vio gris y rasposa, sino rosada y tersa.

¿Qué significaba aquello?

Caminó hacía el río para ver su reflejo, y se sorprendió, sus pasos ya no eran lentos ni pesados, eran ligeros, poco a poco aumentó la velocidad hasta que empezó a correr.

Que gratificante sensación era poder mover los músculos a voluntad, saber que de nuevo corría sangre por cada vena y arteria del cuerpo, saber que tu corazón de nuevo latía agitado por el esfuerzo físico.

Jamás pensó que extrañaría tanto el sofocarse, el respirar con dificultad, el sentir que el cuerpo se quemaba por el calor…

Al ver su reflejó en el agua no se reconoció, ya no quedaba rastro de aquel rostro grisáceo con ojeras y de ojos amarillos. En su lugar estaba un muchacho de piel pálida, cabello caoba y que reflejaba lo vivo que estaba.

¿Dónde estaba?¿qué había pasado? ¿Acaso un milagro había ocurrido por la noche?

Seguía desconcertado, pero pronto lo entendió.

Buscó a Rukia con la vista, quizá ella le podía aclarar la situación, sin embargo no la encontró. En su lugar vio junto a él a una copia de él mismo, sentada sobre una piedra limpiando una Zanpakuto, su Zanpakuto.

De pronto unos gruñidos se escucharon tras él, era una horda de zombis que caminaban directo al chico de cabello caoba, pero él parecía no escucharlos.

Ashido se desesperó, pues sabía lo que pasaría, trató de advertirle a ese joven, pero por más que le gritaba que tuviera cuidado él no lo escuchaba, intentó tocarlo, pero lo traspasó como si fuera humo.

Sí, sólo era un recuerdo, un recuerdo de aquel día en que dejó de latir su corazón…

Él no pudo más que contemplar como ese chico se dio cuenta de los zombis demasiado tarde, ya estaban muy cerca de él, luchó con valentía, con hábiles movimientos acababa con los zombis que intentaban morderlo, sin embargo uno de ellos logró lastimarlo en un hombro.

Ashido se vio así mismo caer al suelo cuando ya no quedaba ningún infectado de pie, se vio agarrarse la herida y gritar de dolor, de desesperación, se escuchó reprocharse por haber bajado la guardia y después, después se vio resignarse a su destino.

Él ya no podía regresar a la Sociedad de Almas, debía morir.

Pero no se pudo quitar la vida, el recuerdo de Rukia no se lo permitía, necesitaba verla una vez más. Así que caminó durante mucho tiempo arrastrando su espada, ya no se sentía digno de portarla, pero no podía dejarla abandonada.

Después Ashido se vio sentado en el suelo y recargado sobre unas piedras, ya no podía seguir caminando por el dolor y la fiebre, se escuchó gemir y gritar por los delirios, dar espasmos, hasta que todo su cuerpo se sumió en la calma.

Después de un tiempo, observó a ese muchacho abrir los ojos, pero aquel color claro había desaparecido y en su lugar estaba un tono amarillo.

Y todo rastro de conciencia y humanidad habían desaparecido.

Así como ahora todo a su alrededor desaparecía y se volvía blanco.

.

.

Ashido abrió los ojos de golpe, parpadeó para enfocar la realidad.

Así que así había muerto, por fin lo había recordado, sin embargo no sentía dolor o tristeza, sólo era una extraña sensación de vacío.

Un gemido de dolor lo hizo girar la cabeza, junto a él seguía Rukia, se veía roja y en su rostro tenía dibujada una expresión de sufrimiento.

—Rukia. —la llamó Ashido.

Pero ella no abrió los ojos.

—Puerta… Nii-sama…ayudar…Ashido. —murmuraba la Shinigami con angustia.

Ashido la volvió a tomar en brazos y se puso de pie. Intuía que estaba muy mal y que él no podía ayudarla. Tenía que buscar ayuda, así que comenzó a caminar en línea recta.

Ya estaba oscuro, pero a él no le costaba trabajo ver en la oscuridad, era algo bueno de su condición.

—Ahí está. —escuchó un grito a sus espaldas. —ahí está el zombi. —no volteó ni se detuvo, sabía que estaba en problemas, así que siguió caminando lo más rápido que podía.

Sintió las manos de Rukia apretar su desgastadas ropas y su cabeza acurrucarse más a su pecho. Él la apretó más, tenía la gran necesidad de protegerla.

Los hombres cada vez estaban más cerca de él, podía escucharlos correr tras él.

—Tiene a la teniente Rukia. —gritó otra voz. —tengan cuidado.

Ashido se detuvo de golpe al ver frente a él a un par de Shinigamis.

—Deja a la teniente en el suelo. —le dijo un hombre un poco asustado.

—No seas idiota, él no te entiende. —lo regañó su compañero sin dejar de apuntar a Ashido con la espada.

—No le haré daño a Rukia. —dijo Ashido. Los Shinigamis se quedaron sorprendidos. —Ni tampoco a ustedes…sólo quiero protegerla.

—¿Es normal que ellos hablan? —preguntó el primer Shinigami.

—De todas formas no deja de ser un zombi. —le respondió el compañero, aunque no muy seguro.

Enseguida Ashido se vio rodeado por los demás Shinigamis que arribaron al lugar.

Ellos enseguida se abalanzaron contra él, con la seguridad de que eran una decena contra uno.

Pero antes de llegar a un metro de él, una capa de pétalos rosados les impidió el paso, y un fuerte Reiatsu se sintió obligándolos a arrodillarse.

—Capitán…Kuchiki. —mencionó un Shinigami con dificultad, viendo como el capitán se colocaba frente a Ashido. —¿Está traicionando a la Sociedad de Almas?

—Estoy ayudando a la única esperanza de salvarla. —le respondió sereno, luego se volteó hacia Ashido y dirigió su vista hacia su hermana, que seguía inconsciente.

—Debo ayudarla. —comentó Ashido.

Byakuya alzó la vista para verlo.

—Sigue ese camino. —dijo el capitán señalándole un pasillo despoblado. —te encontraras con la puerta abierta, afuera estará alguien esperando por ustedes. Él ayudará a Rukia.

—Sí. —respondió Ashido y comenzó a caminar en la dirección indicada.

—Te la encargo Ashido. —susurró al viento Byakuya viendo la espalda del chico.

Byakuya esperó a que Ashido y Rukia estuvieran a afuera del Sereitei para desaparecer del lugar y liberar a los Shinigamis de la presión de su Reiatsu.

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Mientras tanto Soi seguía peleando con Ichigo.

Ella ya había liberado su shikai y le había dado un golpe en el pecho, en donde ahora tenía marcada una mariposa.

Soi aprovechó un descuido de Ichigo y estaba por darle otro golpe en el pecho, sin embargo fue detenida por la mano de Kyoraku que se había interpuesto entre ellos.

—Capitana Soi fong Ichigo no es el enemigo, ni siquiera Ashido, el zombi que liberaron. —dijo el capitán soltándola.

—Entonces ¿Quién lo es? —preguntó ella.

—Ellos. —dijo Kyoraku señalando a un grupo de Shinigamis que se habían infectado y que caminaban hacia ese lugar.


Saludos…