Los personajes son propiedad de Tite Kubo.

Advertencias: Puede contener OoC.

La historia está inspirada en el libro "Warm Bodies" de Isaac Marion.


Gracias por sus comentarios: Akisa, FrikiHimechan, Anahis, Alexzha.


ALGUIEN PARA RECORDAR

Capítulo 18.- Vivir.

Ashido vio como los dos seres como él avanzaban hacia ellos, no comprendía porque Rukia no hacía nada, y menos comprendía porque de los ojos de la chica salía agua.

Pero si sabía que no le gustaba verla así, sus ojos se veían raros, no con ese brillo de siempre.

Junto con Rukia Ashido retrocedió hasta llegar al final del techo, los infectados seguían avanzando hacia ellos, Ashido no quería que le hicieran nada a Rukia, la protegería. Así que la jaló hacia él y la cubrió con sus brazos.

—¿Qué haces? —preguntó ella confusa.

—Protegerte. —murmuró viéndola fijamente. Nunca había experimentado aquello que sentía en ese momento, o al menos no que él recordara. Pero todos sus pensamientos estaban enfocados en ella, en cuidarla.

Estaba muy cerca de Rukia, quien lo miró confundida, sin decir nada Ashido dio un paso hacia atrás y se dejó caer en el vacío. Ashido la sujetó más fuerte y rodeó las piernas de Rukia con sus piernas, sintiendo lo pequeño y delicado que era su cuerpo.

Rukia lo rodeó con sus brazos y él por primera vez sintió calma, nada más importó. El olor a flores de ella entró a todo su cuerpo por sus fosas nasales, pero esta vez no le provocó una sanción de hambre, era algo distinto que no supo reconocer.

Algo cálido y extraordinario recorrió su cuerpo, y entonces algo mágico pasó mientras seguían cayendo.

"Thump" "thump"

Escuchó un latido. ¿Acaso su corazón estaba latiendo o es que estaba tan cerca de ella que podía escuchar su corazón?

"Thump" "Thump"

De haber tenido los ojos cerrados los habría abierto con sorpresa, otra nueva experiencia descubierta…su corazón latiendo de forma acompasada.

La espalda de Ashido rebotó en el suelo creando grietas y levantando polvo. Él aflojó su agarre y Rukia rodó por el suelo.

Él se quedó quieto, mirando el cielo, contemplando lo majestuoso del cielo azul, sintiendo a su corazón moverse, no podía explicarlo, era como si ese órgano inútil, hasta ese día, se oprimiera y luego se extendiera.

—¡Ashido! —Escuchó la voz de Rukia llamarlo. Pero él no se movió, todas esas nuevas experiencias le tenían aletargado.

Enseguida Rukia se sentó a su lado, pudo observar su bello rostro sonriéndole.

—¡Estás bien! —exclamó aliviada. —Me asustaste, por un momento creía que estarías…—ella se calló mordiéndose el labio, se sintió tonta y a la vez apenada con Ashido.

Ashido levantó el brazo y acarició su mejilla, sorprendiéndola.

—Tú me haces… sentir vivo. —le dijo.

Sí, porque el que en ese momento sintiera que su corazón se le iba a salir del pecho, porque el que quisiese curvear sus labios al ver que ella estaba bien y porque por primera vez sentía al aire entrar en sus pulmones, sólo quería decir una cosa.

Que estaba empezando a vivir.

Rukia de nuevo sonrió ajena a ese gran cambio en su amigo. Inmediatamente lo ayudó a levantarse y reemprendieron su marcha hacia el Sereitei.

Ashido siguió con dificultades para correr, más porque no estaba acostumbrado a respirar en el proceso.

IOIOIOIOIOIOIOIOIOIO

Rukia llegó sin más contratiempos al Gotei Trece, ya todos estaban informados de que Ashido no era una amenaza.

La Shinigami vio con tristeza que los Shinigamis recogían varios cuerpos, caídos en batalla. También que empezaban a reconstruir los edificios derrumbados.

Varios escuadrones seguían haciendo rondines, ahora más seguido, pues la amenaza en el interior ya estaba contenida, pero afuera todavía seguían muchos infectados y no querían arriesgarse a que de nuevo el virus se infiltrara.

Ashido se sentía observado, las personas refugiadas ahí lo veían con miedo y horror, otros con odio y repulsión. Los mismo Shinigamis, que alguna vez fueron sus compañeros lo veían con recelo.

Bajó la mirada. Para ellos seguía siendo un monstruo.

Se sobresaltó al sentir su mano aprisionada, miró hacia abajo y vio que Rukia lo había tomado de la mano. Luego alzó la vista para verla.

—Todo estará bien. —comentó ella con una sonrisa, inundándolo de tranquilidad. —Muy pronto te aceptaran, al darse cuenta quien eres.

Él asintió y todo lo demás dejó de cobrar importancia.

Tomados de la mano siguieron corriendo hacia el doceavo escuadrón.

Rukia ignoró los saludos de respeto de varios oficiales, no se detuvo hasta llegar a la habitación que alguna vez ocupara Ashido. Ahí se encontraban Mayuri, Ukitake, Kyoraku y Byakuya.

Lo primero que hicieron al verla llegar fue dirigir su mirada a sus manos entrelazadas. Rukia apenada soltó a Ashido, pero enseguida recobró la seriedad.

—¿E Ichigo? —preguntó.

Byakuya giró su cabeza a la izquierda, señalando la habitación.

Rukia se horrorizó al ver a Ichigo acostado en una cama, atado de pies y brazos, para inmovilizarlo.

—Ha tenido convulsiones esporádicas y fiebre. —comentó Kyoraku. — también episodios violentos. Mayuri le ha administrado medicamentos pero nada funciona, lo único que aguarda es esperar. —dijo con pesar.

—No. —Enfatizó Rukia. —Urahara me ha dado esto. —dijo sacando de sus ropas los dos frascos. —quizá sea la cura. Es la cura. —se corrigió, confiaba en el rubio ciegamente.

—Se la aplicaré enseguida. —comentó Mayuri sin ocultar su enojo y celos por no haber sido él quien descubrió la cura.

—Quiero hacerlo yo. —pidió Rukia.

—Pero Rukia, es muy peligroso. —intervino Ukitake. —en sus ataques de violencia casi lastima a Mayuri. Y si llega a rasguñarte puede infectarte.

—Por favor, sé que él nunca me lastimaría.

—Pero no lo desates antes de aplicarle la inyección. —comentó Byakuya. Él confiaba en las decisiones de su hermana, cada día la admiraba más.

Los demás capitanes viendo que ella contaba con la aprobación de su hermano no pusieron objeciones.

Mayuri le preparó la inyección, el otro frasco lo guardó para hacer más suero. Después ella entró al cuarto.

Con paso firme caminó hasta la cama, los demás veían a través del cristal.

—Ichigo. —llamó Rukia. —el chico la volteó a ver, pero en su fiebre parecía no reconocerla. —Tranquilo, ya estoy aquí. —dijo aplicándole la inyección.

Él gritó desesperado, la sustancia le quemaba por dentro.

Rukia se quedó parada a su lado por un par de horas, cuando creyó oportuno lo desató y se retiró unos pasos. Ichigo sintiéndose libre se puso de pie, la vio y se abalanzó sobre ella, que se quedó estática.

Mayuri estaba dispuesto a entrar y acabar con él, pero Byakuya lo detuvo y le indicó que observara.

Ichigo se había detenido a centímetros de ella.

—Rukia. —le susurró. Después se llevó las manos a la cabeza y gritó por el dolor.

Se dejó caer de rodillas mientras seguía gritando. Rukia comenzó a llorar y se abrazó a él.

No le dijo nada, pero intentaba que ese abrazo hablara por ella, le hiciera sentir que estaba con él, que lo amaba.

Varios minutos pasaron hasta que Ichigo dejó de gritar. Él se separó de ella, asustándola un poco.

—Regresé. —le dijo él con unas sonrisa, de esas que iluminaban y llenaban de calidez el corazón de quienes la veían.

—Ichigo. —susurró sin contener esas lágrimas de felicidad. El suero había surtido efecto.

Él limpió cuidadosamente sus lágrimas. En ese momento no era consciente de las personas alrededor.

—Te amo. —le declaró. Ya era el momento, habían pasado dificultades que le hicieron creer que la perdería, no podía esperar un segundo más sin decirle sus sentimientos.

—Yo también. —respondió ella. Ichigo aminoró la distancia entre ellos y la besó.

Detrás del cristal Ashido observaba la escena, se llevó una mano al corazón. No entendía lo que estaba sintiendo, era algo muy diferente a lo que experimentó cuando vio que Rukia estaba bien.

Ukitake le puso una mano en el hombro y volteó a verlo.

—Eso es el dolor. —le comentó él con pena. Ashido aún no podía expresar muchas emociones o gestos, pero sus ojos se veían opacos y su semblante cambio ligeramente.

—¿Dolor? —preguntó él. Ukitake asintió. —¿se irá? —preguntó, no quería sentirlo más.

—Con el tiempo. —respondió el hombre de cabello blanco.

Ashido asintió y volvió a mirar a Rukia. Ella ayudaba a ponerse de pie a Ichigo, pero su rostro mostraba una gran sonrisa y sus ojos habían vuelto a brillar.

Él se dio la vuelta y comenzó a caminar. Si su dolor hacía que ella siguiera sonriendo entonces estaba bien.

—¡Ashido! —le gritó Rukia.

Él se giró lentamente y ella se acercó.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó con los brazos en sus caderas.

—A… casa. —respondió, regresaría a aquella casa en la que vivía con los otros, no tenía otro lugar a donde ir.

—Tonto. —le dijo Rukia dejando caer sus brazos. —Estas en casa. —le extendió la mano para que la tomara.

Antes de hacerlo Ashido miró a los otros Shinigamis. Ichigo lo veía con una sonrisa, no la que le dedicó a Rukia, pues esa era sólo para ella, pero si era amable y reconfortante. Byakuya lo miraba serio pero sin repulsión o de forma hostil, Ukitake y Kyoraku le regalaban miradas cálidas y de comprensión, y Mayuri, bueno él lo veía con interés.

—Sí, en casa. —le dijo tomando su mano y se dejó guiar hacia los demás.

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Rukia e Ichigo estaban sentados en los escalones de la entrada del sexto escuadrón, viendo como Yachiru le daba unos dulces a Ashido. Él lo tomó con cautela, se lo llevó a la nariz para olfatearlo y luego lo llevó a su boca.

Yachiru se rió y le dio más.

Ya habían pasado dos meses desde que ella llevó la cura. Mayuri la procesó y pudieron inyectar a varios infectados, no todos la resistieron, no todos detuvieron su transformación.

Pero el ver a Ashido delante de ellos, cada día aprendiendo nuevas cosas, sentían esperanzas de que muy pronto todo volvería a la normalidad, que la Sociedad de Almas volvería a levantarse y a superar ese trago amargo.

Ichigo sonrió, recordando que pronto vería a su familia, ese día las puertas al mundo de los vivos volverían a abrirse.

—Te dije que acabaría pronto. —le dijo Ichigo a Rukia tomándola de la mano.

—Lo sé. —respondió ella apretándola fuertemente. —siempre cumples tus promesas.

.

.

Ashido caminó hasta el monumento en honor a los caídos en la guerra contra los zombis, era rectángulo de piedra en la que estaban grabados los nombres de los fallecidos, colocado a la entrada del Sereitei. A su alrededor había varios ramos de flores.

Una joven de cabello castaño largo y ojos azules se le acercó.

—¿Tu eres un zombi? —preguntó curiosa, pues su historia se hizo popular en toda la Sociedad de Almas.

Él volteó a verla.

—No. —dijo. —Soy Ashido, un Shinigami. Ella le sonrió y se fue.

Ashido volvió a mirar el monumento.

En estos días había experimentado nuevas cosas, los sabores amargos, dulces, la risa, la alegría, el compañerismo, y todavía seguía sintiendo eso llamado dolor cada vez que veía a Rukia e Ichigo juntos, pero estaba bien, porque eso significaba una cosa.

Que estaba vivo…..


Sé que está historia no fue compleja, pero quise hacer algo ligero que pudiera contar en capítulos cortos y más que nada enfocada a Ashido, pues prácticamente fue por ese personaje que me animé a escribir fan fics.

Muchas gracias a todos lo que han leído, comentado o agregado la historia a las alertas.

Nos vemos/leemos en otra historia. Saludos.