Por favor, leer:
Damas y caballeros, hemos llegado al final de esta historia. Me he divertido y emocionado al escribirla a lo largo de todo este tiempo. Mis agradecimientos a los que leyeron de principio a final, a los que acompañaron a Jack y Elsa en este humilde relato producto de esta alocada imaginación. A cada uno que se ha sonreído a la pantalla, o ha puesto cara fea, o ha llorado, ha reído. A cada comentario, lectura. Gracias por darle vida a esta historia, porque sin ustedes, estas solo serían palabras. Todo esto es para ustedes, espero les guste.
Tengo decidido re-editar la historia, el principio sobre todo, porque recuerden que está relatada por mí del pasado (con 12 años) xD. Pero yo del futuro les promete una mejora en la redacción por si quieren releerla y que no les cause migraña.
En cuanto a este capítulo, tal vez me dirán que ha sido muy rápido y me he salteado mucho tiempo. Pero es que se necesitaba un gran salto de donde terminó el anterior hasta los sucesos de ahora. Y me llevaría más tiempo escribirla. Espero que si alguien es escritor me entienda xD y para los que no también.Y que les guste sobre todo. Estoy nerviosa.
PD: El Epílogo estará prontamente disponible. Para darles una pequeña dosis extra de Jelsa..
Bueno, a sacar los pañuelitos, corbatas, moños y vestidos, que hoy se lee de gala.
Capítulo 45. "El Final"
Más de un año ha pasado de la muerte de James. Aún duele. Pero hasta el día de hoy siempre ha habido alguien a mi lado para ayudarme a reconstruir mis cimientos desde el interior. Tanto Anna como Jack, Kristoff, Olaf, de alguna extraña forma Sven y todos en el Reino me han ayudado a levantarme. Y hoy camino con total libertad.
Todavía puedo recordar, sin embargo, aquel oscuro día. Entre los que estábamos, llevamos a James de regreso a Arendelle. Su cuerpo fue velado con amigos y su padre, en una reunión privada en el palacio. James fue enterrado en su hogar, como su amable y triste padre lo solicitó. No nos rehusamos, aunque hubiésemos querido enterrarlo en el cementerio real, al lado de héroes de guerra como él merecía. Pero el señor Garthf se rehusó. Dijo que quería estar cerca de su hijo, y que no era necesario tanto rendimiento. Era suficiente con que fuese recordado.
Y siempre lo será. Por mí, mi familia y amigos, por cada arendelliano. James es casi como una leyenda, sin todos los honores más que el apremio del cariño en los corazones. Hijo, amigo y héroe fidedigno, guardián y ángel protector de la Reina, sin armadura brillante más que la de su corazón.
Pero la corta guerra no quedó suspendida en la nada. Ni bien retornamos al Reino, Hans fue juzgado y llevado a un castigo justo. No tuvimos que preocuparnos por él nunca más, como verán. Por otro lado, Pitch Black permanecería en aquel pozo congelado por un largo, largo tiempo. Posiblemente volvería a atormentar a quienes padecieran su miedo, a quienes sufrieran pesadillas, pero con nosotros no se metería. Ya no le tememos.
Los concejales y el pequeño círculo cerrado de los políticos de Arendelle fueron los únicos en conocer la verdadera versión de lo sucedido. Una guerra entre una bruja, el Boogeyman y Hans, quien se suponía desterrado en lejanas tierras, no era muy coherente para los oídos del pueblo. Sería demasiada... fantasía para tolerar. En cambio, armamos una versión un poco más creíble. Pero la imagen de James era la misma.
Me miro al espejo y tengo que secar las lágrimas que se escapan por mis pálidas mejillas. Su memoria aún me emociona si lo recuerdo con tanta profundidad. Lo extraño. Procuro no hacer ruido para despertar a Jack mientras duerme y ronca a pata tendida en la cama a mis espaldas.
Me recuerdo que gracias a él hoy puedo sonreír.
Ni bien James fue enterrado, unos días después, las tierras de Arendelle vieron partir a nuestros amigos. Mérida regresó en barco a su clan, Dunbroch. Recibí su carta apenas llegó, contando algo de que todo estaba bien, que recibió un regaño y que su madre por fin había comenzado a recapacitar la idea de no tener que someterla a un matrimonio por el bien de su pueblo. Grandes noticias.
Hiccup también regresó a Berk. Fue triste verlos a ambos partir en direcciones opuestas luego de un veloz y triste beso. El último que se dieron, porque sabían que aquello era imposible. No podían abandonar quienes eran y a dónde pertenecían por más que lo suyo iba más allá de la amistad. Pero bello y memorable, mientras duró. Se dijeron que nunca se olvidarían, y levantaron velas y alzaron vuelo.
A él también le está yendo bien a pesar de todo. Su carta decía que había incluso encontrado a su madre que creía muerta, y que por desgracia su padre había muerto en un accidente. Que tuvo que enfrentar una guerra en este tiempo, pero del que su pueblo se salvó del desastre. Ahora él es el nuevo jefe de la tribu. Nos alegramos por ello.
Punzie y Eugene, – como ella nos explicó, ese es su verdadero nombre – regresaron a Corona, un pueblo no muy lejano de Arendelle. Y allí, tuvieron la grata sorpresa de descubrir la verdadera familia de Rapunzel. Resultó que sus padres verdaderos eran el Rey y la Reina y ella era la llamada Princesa Perdida de Corona. Toda una revelación. La historia es larga pero con un lindo final. Más bien, extenso desenlace. Ahora, ambos viven felices en el palacio. Hasta Jack y Kristoff tuvieron que darle consejos a Eugene para que se pudiera adaptar a esa nueva vida, pero por lo visto, él siempre había querido vivir en un castillo. Hace poco fue su boda y Jack y yo estuvimos muy contentos al recibir la invitación, incluso Anna tuvo la suya. La fiesta duró días, fue increíble.
Por el momento, Jack y yo no nos preocupamos mucho en extrañarlos porque dentro de poco haremos un viaje a cada pueblo para visitarlos. Como habíamos dicho, esta amistad es para siempre.
En cuanto a Anna, no se tomó muy bien mi regreso. De nuevo. Claro que había olvidado cómo la había dejado la última vez que me fui de casa. (Le había congelado los pies). Sin embargo, ella me había buscado por un tiempo, sin éxito. Hasta que se dio por vencida y mandó a mandarme un mensaje el día de mi cumpleaños. Ella sabía que yo volvería, tarde o temprano. Y lo hice. No fue agotador, pero en poco tiempo me perdonó y todo volvió a ser como antes. Excepto que fui yo quien le dijo de mi inmortalidad en persona.
Ella me obligó más o menos a visitar a Pabbie, el padre adoptivo de Kristoff. Cabe resaltar que es un troll de las montañas, pero aun así nos fue de mucha ayuda. Es una criatura que sabe de magia y a quien recordaba haber visitado de pequeña. Luego de largas explicaciones de exactamente todo lo que había sucedido y lo que la Luna había dicho, él llegó a una conclusión tan obvia que no había podido notar. Tanto Jack como yo quisimos partirnos la cabeza con una roca.
La respuesta la has tenido enfrente tuyo todo este tiempo.
Y la respuesta era Punzie. Su poder podía recuperar lo perdido, podría recuperar mi mortalidad y deshacer el hielo en mi corazón que me mantiene inmortal. Anna me insistía en que fuera al Reino de Rapunzel a pedirle que usara su magia en mí, que aunque sin su cabello, funcionaba. Pero con una simple mirada hacia Jack, quien tenía en sus ojos oceánicos una tormenta, sabía lo que quería.
Tuve una larga charla con Anna, hasta que aceptó mi elección. Preservé mi inmortalidad, más bien por lo que significa: no dejar el lado de la persona que más amo además de mi hermana. Le expliqué que Jack lo valía y terminó aceptando. Al principio lloró, y yo lloré. Dudo que no vuelva a repetirse. Posiblemente lloremos cuando ella envejezca y yo no, o cuando pase a mejor vida y yo me quede atrás. Pero ya veremos cómo solucionaremos el tema mediante el tiempo transcurra. Porque ahora tenemos el ahora.
Hoy me miro al espejo y comprendo. Si he aprendido algo de la vida es que a veces los tiempos oscuros son los que nos llevan a los lugares más refulgentes. Aprendí que los sufrimientos más dolorosos son los que nos aportan la mayor dosis de maduración. Aprendí que lo que parece una maldición en el momento puede en verdad ser una bendición, y que lo que se ve como el final del camino es solo el descubrimiento de que deberíamos orientarnos por otro camino. Aprendí que no importa qué tan difícil las cosas se vean, siempre hay esperanza. Y aprendí que no importa qué tan débil nos sintamos o que tan difícil las cosas parezcan, no hay que darse por vencido. Tenemos que seguir. Incluso si da miedo, si lo último de nuestra fortaleza se esfuma, tenemos que seguir levantándonos y avanzar, porque lo que sea con lo que batallamos en el momento, pasará, y lo superaremos. Hemos llegado hasta aquí. Y podremos superar lo que sea que venga después.
Mi nombre es Elsa, Reina de Arendelle. Y he llegado hasta aquí, y seguiré avanzando incluso aunque mi existencia no termine, porque tendré a alguien con quien caminar de la mano. Juntos enfrentaremos lo que sea que la vida tenga para darnos.
Jack Frost es lo que llamo mi alma gemela. Es como un mejor amigo, pero más que eso. Es la única persona en el mundo que me conoce mejor que nadie. Ese alguien que me hace una mejor persona. No, de hecho no me hace una mejor persona. Sino que yo lo hago por mi cuenta porque esa persona me inspira. Un alma gemela es alguien que te acompañará por siempre, – aunque sea literal. Es una persona que te conoció, te aceptó y creyó en ti antes que nadie o cuando nadie lo hizo. Y no importa qué pase, siempre lo amaré y nada podría cambiar eso.
Mañana a esta hora de la noche seré otra persona. Más bien, tendré un apellido distinto. Porque mañana seré la Señora de Frost. Mañana es mi boda.
– ¡Arriba, Elsa, arriba! – Anna en pijamas saltaba sobre la cama de Elsa. Ella miró el reloj de pie, marcaba las 6 de la mañana. Si no fuese mi hermana juro que... – ¡Hoy es el gran día! ¡Tantos meses de preparación y hoy por fin-!
– Anna, shhhh. – chistaba Elsa intentando abrir los ojos. – Despertarás a Jack.
– De hecho ya me despertó. – se quejó él a su lado. Su voz ronca se amortiguaba en las almohadas hasta que se dio la vuelta para enfrentar al nuevo día y a Anna que saltaba en su cama. No se percató siquiera que no llevaba camisa, pero las interrupciones de la princesa a su habitación eran tan frecuentes los últimos tiempos que ella se había acostumbrado a verlo así.
– Buenos días, Anna. – dijo él sin intención de muchos amigos. Después, se olvidó de su abrupto despertar y la causa de ello para sentarse al lado de Elsa. – Cariño... – quiso besarla pero fue interrumpido a medio camino por una enorme almohada que le impedía verla siquiera. – ¿Qué ra– ?
– ¡No, Jack, aún no! – Anna aterrizó en el suelo y tomó a Elsa del brazo. – Tampoco puedes verla antes de la ceremonia. – decía mientras la arrastraba a la puerta. La pobre Reina estaba tan risueña que únicamente se reía y se encogía de hombros ante la mirada rabiosa de su prometido.
– Eso es absurdo. Y son las 6 de la mañana, la boda no empieza en unas cuantas horas. – seguía quejándose. Pero fue inútil porque ambas ya habían abandonado la habitación en un portazo. Del otro lado, lo último que se escuchó fue a Anna gritando.
– Las reglas son las reglas.
Oh, vamos... Pero él era Jack Frost. No se daría por vencido. Y sobre todo, se saldría con la suya. De sus labios floreció aquella sonrisa torcida y perversa.
Esperó a que fuera mediodía. Seguro Anna dejaría a Elsa tranquila a la hora del almuerzo. En el palacio, todos los sirvientes correteaban atareados y nerviosos por la inminente boda mientras Jack actuaba como de costumbre. Hasta olvidó colocarse una remera, y en el camino a la sala en la que Anna mantenía cautiva a su prometida, muchas sirvientas trastabillaron o chocaron con paredes, escandalizadas y ruborizadas, al hipnotizarse por el ser semidesnudo que caminaba por los pasillos.
El plan era encontrar a Elsa y, bueno, compensar lo sucedido en la mañana. Las reglas están hechas para romperse, ¿no? Sonrió de nuevo.
Abrió con cuidado la puerta, por si estaba Anna allí o algún otro moro en la costa. Nadie. Solo Elsa sentada en el centro de la habitación con una cómoda bata. Ella le vio del otro lado de la puerta y su rostro se iluminó, principalmente porque sabía lo que él tramaba con tan solo ver esa sonrisa. Antes de que Jack pudiese adentrarse, Anna apareció de detrás de la puerta para obstaculizarle la vista al Guardián.
– Sin trampas. – sentenció. Y cerró la puerta en su nariz.
Del otro lado, Jack podía oír risas. Muy chistosas. Bueno, podría no haber obtenido lo que quería, pero estaba por sentado que lo conseguiría después de la ceremonia.
Se dio media vuelta y fue a su habitación designada para comenzar a prepararse.
– Hiccup, creo que estropearé estos pantalones... – dijo Jack a puro nerviosismo. Quien lo viera de afuera diría que era una especie liebre que pegaba saltitos a lo pelele.
– Ya relájate viejo. Recuerda cuánto has ansiado este momento.
– Finalmente llegó... ¡Y YÓ MOJARÉ MIS PANTALONES!
Hiccup, el padrino de honor, y los Guardianes se partieron de risa. La "habitación" que la Iglesia le había otorgado a Jack, era pequeña y casi no cabían. Faltaba poco para la ceremonia y los invitados ya estaban en sus lugares.
– ¿Entiendes que para cuando vuelva a atravesar esas puertas, seré un hombre casado?
– Entiendo, hombre. Deja de asustarte, todo saldrá bien. – le animó su amigo.
– Me voy a casar con Elsa. Me voy a casar con Elsa. Me voy a casar con Elsa.
– Eso. Respira profundo y aguanta ahí abajo.
Alguien tocó la puerta, y una chica rubia de ojos celestes se asomó por la misma. Por lo visto, también era de la tribu de Hiccup, Jack lo podía decir por la pintura que tenía en su rostro, una tradición vikinga, y venía a buscarle.
– ¡Hicc! Ya va a comenzar, debemos irnos a nuestros lugares.
– Oh, claro. Ya voy, As. – se dirigió a su amigo. – Tranquilo, viejo. Este es tu momento. Sé feliz. ¡Y no lo arruines! – y desapareció detrás de la chica entre risas y sin antes darle un amistoso abrazo y golpe en el hombro a Jack.
Norte llegó después junto a los Guardianes. También tenía algo para darle. Dos duendes con sus cascabeles en la punta de sus gorros se acercaron con una bandeja y dos zapatos espantosos. Recordaba haber visto ese par antes, y los negó con una mirada seria.
– Vamos, chico, ¿en verdad caminarás por el altar descalzo? – Norte le regaló su grave risa.
– Por supuesto que sí. Jamás accedí a zapatos en esto del matrimonio. – Jack fingía estar molesto por su regalo, nunca conseguirían que se los pusiese. Pero su farsa no duró mucho.
– Serás Rey, tendrás que usarlos.
– Ya veremos si no hay algo que hacer al respecto. – Jack seguía frenético, pero aunque sea charlar con sus colegas amigos lo relajaba. Un poquito. – ¿Seguros que estarán bien sin mí? Digo, serán solo ustedes cuatro en cuanto cruce esa puerta.
– ¡Claro que sí! He esperado este momento desde que te nombraron Guardián. – celebraba Conejo. Sandyman le codeó. – Quiero decir... Tu casamiento. Pensé que nadie sería capaz de casar al famoso Jack Frost.
Pero Jack no se sintió molesto, sino feliz. Y un poco angustiado porque ya no vería con tanta frecuencia a sus amigos Guardianes.
– ¿Y están seguros de que Hombre en la Luna aprueba que... bueno, ya no sea un Guardián como antes?
– Dijo que estaba en tu destino. Probablemente elija a otro Guardián, o simplemente no. – prosiguió Norte, señalando al resto de los Guardianes, sonriente y con algunas lágrimas de emoción que pretendía ocultar. – Nosotros cuatro nos las arreglábamos a la perfección desde antes de que fueras elegido. Y por tanto, podremos seguir haciendo nuestro trabajo.
– Conseguiremos un reemplazo. – comentó Conejo. Sandy le volvió a codear. – ¡Ouch! Es broma...
– Claro que te extrañaremos, Jack. – interrumpió el Hada de los Dientes.
– Pero ahora, tú eliges tu destino, y qué camino tomar, muchacho. – siguió Norte.
– Y recuerda que siempre tendrás las puertas abiertas para nosotros. – Hada acotó, también al borde del llanto.
– Tranquilo chico, nos seguiremos viendo. Para eso somos amigos. – dijo Conejo, lejos de su típica arrogancia y supuesto odio hacia el chico. – Estoy... Estamos orgullosos de ti.
Sandy cabeceó con ánimos, para reforzar lo que sus colegas Guardianes decían y él no podía.
– Los voy a extrañar chicos... – Jack reprimía la inminente cataratas de lágrimas que amenazaban en las puertas de sus ojos, mientras el Guardián de los Sueños hacía aparecer un corazón de su arena mágica sobre su cabeza. Les dedicó una sonrisa y un fuerte abrazo. No iba a largarse a llorar como una niña. Era un hombre. – Los quiero.
Sonaron trompetas, y campanas. Música y revuelto.
En eso, las puertas se abrieron.
Él caminó despacio, descalzo y atajando algunas miradas. Hiccup iba a su lado. Prácticamente todo el Reino estaba allí. Pero también sus amigos; Mérida y su familia, Rapunzel y Eugene, acompañados también por su familia, o también estaba Chimuelo. Jack pudo ver cómo Hiccup le lanzaba una mirada de soslayo a Mérida, más crecida de lo que recordaba, y ella se lo devolvía. Una sonrisa, nada más. Por los viejos tiempos y los recuerdos. Ambos tenían su vida, pero estos en común. Se habían dicho que no se olvidarían y por lo visto, no lo harían.
Jack se posicionó en su lugar al lado del sacerdote y empezó a contar. 1, 2, 3, 4, 5, 7, ¿Qué venía después?
La música, interpretada por unos duendes, músicos de verdad y John, el yeti, sonó por el amplio lugar. Había un coro atrás que casi hizo saltar a Jack cuando empezaron su canto celestial.
Sus finas ropas le ajustaban de todas partes, y sentía demasiado calor. Ingresaron luego Olaf, con los anillos nupciales, y Marshmallow arrojando pétalos de flores mezclados con copos de nieve.
Y entonces las puertas se abrieron de vuelta.
Finalmente, suspiró Jack.
Anna, la dama de honor principal, iba a su derecha, amarrándola del brazo.
– ¿Nerviosa, Elsa?
– No tienes idea. – detrás de su sonrisa escondía otra más grande llena de vigores.
– Conozco la sensación. Todo irá bien. Tú solo trata de no caer.
– Eso no es mucha ayuda. – frunció el ceño, sin dejar siquiera de sonreír.
– Estoy bromeando, hermana. Estoy tan orgullosa de ti. Eres toda una mujer.
– También te quiero, Anna.
– Procura que Jack se ponga zapatos para la boda de plata y de oro.
Ambas lo miraron. Sus dedos desnudos tamborileaban el suelo. Se echaron a reír por lo bajo.
– ¿A que no es divino?
– Como tú digas... – rodó los ojos, con diversión.
Los miedos y nervios desaparecieron increíblemente sin dejar rastro. Elsa caminaba hacia él, era todo lo que Jack podía pensar. Sonrió al verla tan hermosa y pura de un blanco paradisíaco. Su cabello iba atado en un elegante moño y su antigua corona volvía a su lugar. También se la notaba excitable, pero en cuanto lo miró, tuvo la misma reacción.
Finalmente.
En cuanto llegó al altar, Jack le tendió una mano y ella la recibió.
– ¿Lista?
– Lista.
El sacerdote comenzó.
– Hermanos, nos hemos reunido aquí para acompañar a la Reina Elsa y a Jack Frost a celebrar el sagrado sacramento del matrimonio...
– Te suda la mano. –rio Elsa a lo bajo para que nadie salvo Jack le escuchara.
– Tampoco tengo zapatos, mi vida.
– Calla. – aguantó la risa.
El sacerdote dio su conocida y larga bendición, la mayoría en el idioma natal de Arendelle. A Jack no le importó no entender un comino, solo miraba a Elsa de reojo a su izquierda. ¿Faltaba mucho? El Guardián y futuro Rey solo escuchaba un bla, bla, bla, continúo, mientras Elsa procuraba prestarle atención a lo que decía en el día que había esperado toda su vida.
Deseó que sus padres pudiesen estar allí para verlos casarse, igual que James. Pero algo le decía que estaban a su lado, orgullosos, siempre lo estarían. Jack anheló tener a su familia a la par para verlo recibir a la mujer que amaba en el altar.
Por fin, la etapa de los votos matrimoniales. Jack había recibido ayuda de todos sus conocidos y "expertos en el amor" en la preparación de sus votos. Sacó las tarjetitas de su bolsillo –lo cual causó que muchos de los presentes rieran – y leyó.
– Elsa, no creí que este día llegaría, pero finalmente llegó. Tú me haces feliz como nadie en toda mi vida. Eres la... la... ¿luz? Lo siento, no entiendo mi letra. – apartó su vista del papel para ver a Elsa que se reía sorprendida. Con solo ese gesto comprendió que no necesitaba las tarjetas, que lo que necesitaba decir yacía en su corazón desde hacía tiempo. Las tiró a un costado. – Elsa, finalmente puedo tocar tu mano y saber que eres mía, así como sabes que soy tuyo. Sé con precisión que estarás al lado de mi cama cada mañana. Que estará a mi lado la única persona con la que quiero estar. Es increíble la forma en que me vuelves loco y a la vez me equilibras, me haces ser un mejor hombre. De las millones de palabras referidas al amor, ninguna puede abarcar lo que siento por ti. Amaré todo tu ser, la persona en la que te conviertas, lo que des de ti. Porque te amo, Elsa.
A Elsa, no, esperen, a todos los presentes se les llenaron los ojos de lágrimas. ¿Tan mal lo hice?, pensó Jack. Elsa resistió las ganas de besarlo. Lo haría al terminar la ceremonia, y luego el resto de su vida.
– No puedo prometerte que nubes negras nunca cubrirán el cielo. – prosiguió él. – No puedo prometerte que mañana será perfecto, o que la vida será fácil. Pero puedo prometerte mi devoción infinita, mi fidelidad, mi respeto y mi amor incondicional por siempre. Puedo prometerte que siempre estaré aquí por ti, para escucharte y sostener tu mano y siempre haré lo mejor que pueda por hacerte feliz.
– Jack, eres mi alma gemela, el amor que toda persona desea por encontrar. Tú me encontraste a mí y yo a ti. No planeé enamorarme de ti, y dudo que tú hayas planeado enamorarte de mí. Pero una vez que nos conocimos, estaba claro que ninguno de nosotros podría controlar lo que nos estaba pasando. El nuestro es el amor más fuerte de todos, capaz de superar tempestades. Y te aseguro que aunque el tiempo siga pasando, nunca, pero nunca dejaré de amarte. – Elsa se sabía sus votos de memoria. Asimismo los atesoraba en su corazón durante innúmero tiempo y en definitiva lo soltó frente a todas las personas. Ahora entenderían lo que es el amor verdadero. – Puedo prometerte que siempre te sentirás amado. Que si te veo sumido en cualquier crisis, rezaré contigo, soñaré contigo, me alzaré contigo y siempre te alentaré y apoyaré. Te prometo que seré tu protectora, consejera, consoladora, tu amiga, tu familia, tu esposa, tu todo. Te lo prometo.
A continuación, Olaf les entregó los anillos con una brillante sonrisa y lágrimas bajo su nube mágica que desprendía una nevada. El padre proseguía con su oración.
– Elsa, – dijo Jack – recibe este anillo como signo de mi amor y mi fidelidad.
– Jack, recibe este anillo como signo de mi amor y mi fidelidad.
Ambos colocaron sus respectivos anillos. Era imposible no dejar de sonreír. Elsa no se había sentido tan llena y próspera en todos sus años. Había deseado tanto poder oír aquellas palabras. Todo era perfecto.
– ... Y por el poder que me confiere Dios, los declaro marido y mujer. Puede besar a la–
La novia saltó a los brazos del novio y los invitados vitoreaban a puro pulmón a la vez que lloraban emocionados. El beso sellaba una alianza que jamás terminaría. El amor más puro, verdadero y durable vivía en ellos.
– Finalmente. – se dijeron entre sí.
Hay algo que se puede rescatar de la historia entre Jack Frost y la Reina Elsa.
El amor verdadero no es fácil, pero debe valer la pena pelear por ello. Porque una vez que lo encuentras, nunca puede ser reemplazado. Es tomar el riesgo de que no siempre pueda tener un final feliz, como puede que sí, o un desenlace muy extenso feliz. Amor verdadero es unir tus manos con la persona que te ama por quien eres, y decir en un latido "no tengo miedo de creer en ti".
Es de por vida. Como el amor de estas dos almas incapaces de envejecer, incapaces de sentir amor en un principio, e incapaces de separarse al final. Cierto que entre ellos pasaron tempestades y juntos enfrentaron la maldad en este mundo, y salieron adelante. Y así seguirían. Lo más importante, es que no significa que el amor se acaba porque su historia deja de ser contada. Su historia comenzó como un "érase una vez".
Pero existen historias, que llanamente no tienen final.
Y esta es una de ellas. Porque esta, esta es una larga historia.
Fin del capítulo 45
NOTA DE LA AUTORA:
Okay, okay, no estaba segura de acabarlo así, pero la verdad es que si decido cambiarlo, será más adelante, porque por ahora me gusta este final.
¿Qué les pareció?
Tal vez quedó un poco cursi, pero bueno quería expresar mucho amor. xD Gracias por acompañarme en todo este camino. Quisiera saber su experiencia. Coméntenla, leeré cada una de ellas y responderé si puedo, claro está. Saben lo feliz que me pongo con los comentarios
¡Estén atentos a actualizaciones del Epílogo en este capítulo y a capítulos extras!
