Disclaimer: Ni Glee, ni sus personajes, ni esta historia me pertenecen.
Navidad. Todo era tan diferente a la Navidad anterior, pensó Rachel. Nada de formalidades, nada de vestirse elegantemente para la ocasión.
Quinn insistió en servir un cóctel de zumo de naranja y champán antes de empezar con los regalos. Brittany estaba completamente relajada, no ansiosa por complacer a su padre ni temerosa de enfadar a su madre por reaccionar de forma «inadecuada» ante los regalos que recibía.
Su árbol de Navidad no estaba decorado con una elegante colección de adornos blancos y plateados, sino con guirnaldas y bolas de colores. Todos los colores que Brittany y ella habían podido encontrar. Y lo habían pasado bien decorándolo juntas. Según Quinn, era el mejor abeto de Navidad que había visto nunca. Un árbol decorado con evidente cariño y nada que ver con el que ponía su madre, exclusivamente decorado para dejar a sus amistades boquiabiertas.
No hacía frío aquella mañana. Hacía sol y, en lugar de ir elegantemente vestida, Quinn llevaba pantalones vaqueros cortos y una camisa turquesa de media manga. Brittany y ella, dispuestas a darse un baño después de desayunar, biquinis y pareos multicolores.
Juliette entraba y salía de la cocina, dispuesta a hacer la mejor comida de Navidad, contenta de que nadie tuviera que marcharse del que había sido su hogar durante tanto tiempo. Para Juliette, Graham y Will, Quinn era una especie de Santa Claus.
Aunque, de repente, Brittany exigió hacer ese papel.
—Como no tenemos que hacerlo a la manera de mamá este año, yo voy a ser Santa Claus —anunció, corriendo hacia el árbol con una sonrisa de felicidad que Rachel nunca había visto hasta entonces.
Brittany había crecido en confianza ese año. Quizá haberse convertido en enfermera diplomada había contribuido al cambio, claro, aunque la emancipación de sus padres sin duda era un factor en su crecimiento como persona. Fuera cual fuera el caso, ya no tenía miedo.
—Tú primero, Rachel.
El primer regalo era para ella. A Brittany siempre se le habían dado bien las manualidades, una afición a la que se dedicaba en su propia habitación, sin molestar a nadie. Y Rachel se quedó encantada al ver un álbum de fotografías y recortes de periódico de todas las competiciones en las que había participado desde los cinco años, cada una rodeada de una artística decoración y divertidos comentarios.
—¡Es precioso! Debes de haber tardado años en hacer esto.
—Lo he hecho con todo mi cariño —los ojos de su hermana brillaban de alegría— Has sido la mejor hermana del mundo para mí, Rachel. Esto era algo que podía hacer por ti.
—¡Muchísimas gracias!
—Déjame ver —dijo Quinn, sentándose a su lado en el sofá para mirar las fotos de la niña que había empezado montando un pony y había terminado siendo una campeona.
—También tengo algo especial para ti, Quinn —dijo Brittany, inclinándose para sacar algo de debajo del árbol— Al menos, espero que sea especial.
—Si es tan creativo como esto, seguro que me va a encantar —sonrió ella.
Brittany le dio un paquete primorosamente envuelto y se quedó esperando, nerviosa, mientras Quinn rasgaba el papel y sacaba un jersey de lana azul hecho a mano con un caballo negro bordado en la zona del pecho.
—He ampliado una foto de Midnight Magic para poder hacerlo —explicó Brittany— Hará frío en Inglaterra durante la Copa del Mundo y he pensado que podrías ponerte este jersey mientras animas a Rachel
—Me lo pondré hasta que se caiga de viejo —anunció Quinn, con voz ronca— Será mi más preciado tesoro. El dinero no puede comprar algo así. El tiempo que has puesto en hacerlo, el cuidado…
—Bueno, al fin y al cabo vas a ser mi cuñada.
—Desde luego que sí —sonrió Quinn— Gracias, hermanita.
«Somos una familia», pensó Rachel. Por fin tenía una familia de verdad.
Su Santa Claus particular siguió sacando regalos: a Rachel de Quinn, la escritura de la propiedad y un magnífico diamante que hacía juego con su anillo de compromiso. Colgaba de una fina cadena de oro que Rachel se puso al cuello, encantada con su simplicidad.
Rachel le había comprado una cámara de vídeo para grabar los momento especiales de sus vidas y Quinn inmediatamente empezó a usarla, grabando a Brittany mientras finalmente abría sus regalos, capturando el rubor en sus mejillas al ver el juego de ropa interior sexy comprada en Victoria's Secret por Rachel y su sorpresa al ver el juego de llaves que le había regalado Quinn.
—Son las llaves de un apartamento que he comprado a tu nombre —explicó la rubia— Está muy cerca del hospital en el que vas a trabajar y he pensado que te gustaría tener tu propio sitio en Sídney.
—¿En serio?
—No está amueblado —siguió Quinn— Así que puedes decorarlo a tu gusto. Te daré una tarjeta de crédito para pagar los muebles.
—Quinn… no sé qué decir. Y pensar que te tenía miedo… miedo de lo que pudieras hacernos —Brittany sacudió la cabeza— Has hecho tanto por nosotras…
—Puedes decir: gracias, hermana. Y te prometo que en el futuro no me tendrás miedo.
—Nunca —declaró Brittany, riendo de alegría— Gracias, hermana. Yo también te prometo que conseguiré mi diploma de comadrona este año para estar lista cuando Rachel y tú decidáis ampliar la familia. Puedes contar conmigo para traer a esos niños al mundo —Brittany empezó a dar palmas, inmensamente feliz ante la idea de ser tía— ¡Nuestros niños!
—¡Horror! ¡Que alguien nos salve de esta loca! —gritó Rachel. Las tres estaban riendo.
Después de desayunar, Brittany bajó a la piscina para nadar un rato y Quinn sugirió que Rachel y ella fuesen a dar un paseo.
Tomaron la avenida de los arces, de la mano, dirigiéndose a la puerta de entrada que siempre había estado cerrada para ella cuando su madre vivía allí. Eso la hizo pensar en cuánto habían cambiado las cosas para Quinn en el último año.
—Quiero que sientas que esta finca es tu casa, tanto como mía o de Britt —dijo Rachel, un poco insegura. ¿Habrían desaparecido para siempre todos los fantasmas del pasado?
—Mi casa, mi hogar… —murmuró Quinn, con una sonrisa en los labios— Mi hogar está donde tú estés, Rach. Este sitio ya no es la finca de sir Russell y lady Christine. Es tuyo y tú siempre me has hecho sentir bienvenida, así que voy a ser muy feliz aquí.
—Yo también me alegro mucho de estar contigo, estés donde estés —le aseguró ella— Pero no tenemos por qué vivir aquí.
—A mí me gusta este sitio. Me gusta la sensación de continuidad, la sensación de familia que tengo contigo y con Britt. Ahora que he conseguido lo que mi padre no me dio, quiero convertirlo en una herencia para nuestros hijos —sus ojos dorados brillaban con convicción— Nuestros hijos sabrán que éste es su hogar porque los querremos siempre.
—Sí, siempre —asintió Rachel, con el corazón lleno de amor— Nuestro futuro equilibrará la balanza, Quinn.
Quinn sonrió.
Ninguna oscuridad. Ningún peligro. Ningún demonio empujándola.
Su primera Navidad juntas. Paz, amor, alegría.
Llegaron a la puerta y se dieron la vuelta para mirar la casa sobre la colina. Quinn soltó su mano y levantó el brazo para pasarlo por encima de sus hombros, apretándola contra su costado, recordando la amargura que había sentido cuando le negaron la entrada en aquella propiedad. Todo eso había desaparecido ahora. Y también había desaparecido el resentimiento que sintió hacia las hijas adoptivas de su padre.
El dinero no había compensado la total falta de cariño de ambos padres. Con una madre tiránica y un padre cuya aprobación era difícil de conseguir, era lógico que las dos chicas se hubieran unido tanto. Rachel había protegido a su hermana todo lo que pudo, las dos consolándose una a la otra. Quinn se alegraba de que todo aquello hubiera quedado atrás.
Ahora eran una familia. Inimaginable un año antes.
Quinn podía haber sido la persona que empujó aquellos cambios, pero, el corazón de Rachel era lo que lo había hecho todo posible, un corazón que contenía el regalo del amor.
—¿Tú sabes lo que has hecho por mí? —le preguntó, sin dejar de sonreír— Ya no tengo que quedarme en la puerta. Tú me has dejado entrar, me has rescatado del frío.
Luego la besó y Rachel le devolvió el beso. Un largo y apasionado beso. Un beso que prometía un maravilloso futuro.
Los platos de la balanza habían sido equilibrados al fin. Por el lado de Quinn, estaban llenos de felicidad y de amor.
-FIN-
Muchas gracias por haber seguido y comentado este fic.
Como dije en el capítulo anterior, tengo una historia más para compartir, así que en cuanto tenga algo más de tiempo la empezaré a subir ;)
*Andrea1229: "...no me importa lo que adaptes, tu siempre consigues cautivar con esos libros que sepa el señor de donde los sacas" No sabes lo que me pude reír cuando leí eso último xD
*elisa: Las historias que adapto, más que libros, son relatos porque como te habrás dado cuenta no son muy largos. Soy gran fan de Paulo Coelho (de hecho creo que tengo y he leído casi todos sus libros) pero por ahora no me veo adaptando uno de ellos a Faberry... De todos modos, muchas gracias por la sugerencia :)
Antes de acabar me gustaría que me ayudarais con algo; No sé si alguien de aquí ha leído la trilogía "Pídeme lo que quieras", pero si es así me gustaría que me dierais vuestra opinión al respecto.
Yo acabo de terminar el segundo libro y tengo que decir que me tiene enganchadísima, pero hay cosas que no sé si gustaran (muchas de las escenas sexuales principalmente. Si alguien los ha leído puede que sepa de lo que hablo) El caso es que por lo demás me parece genial, pero no estoy muy convencida de si a la gente le gustará en caso de que decida adaptarla en un futuro...
Así que, si alguien los ha leído me encantaría saber su opinión :)
Ahora sí, MUCHAS GRACIAS por todo y hasta la próxima ;)
