Aislados

POV Bella.

Habíamos llegado a Francia, yo me sentía bastante emocionada porque era la primera vez que viajaba a la ciudad de la moda y bastante nerviosa por la cercanía de Edward… Si así como lo ven… Yo ya le llamaba Edward a pesar de haberlo conocido hacía penas unas cuantas horas atrás pero me sentía de verdad segura y me brindaba una confianza que yo no podía entender.

Mis ojos no podían dejar de verlo, se veía guapísimo con su vestimenta casual y sus ojos verdes me hacían reaccionar violentamente ante mis más bajos impulsos carnales pero debía mantener distancia ya que no debía mezclarme con gente de mi trabajo y mucho menos con el jefe de la empresa en la que iba a trabajar… No era parte de mi ética ni de mis principios morales.

La azafata nos despidió con una sonrisa coqueta, especialmente una a Edward.

-Que tengan excelente viaje- se despidió.

-Gracias- contestó Edward correspondiéndole.

Yo trate de corresponderle pero se me hizo muy difícil al darme cuenta de que solo quería llamar su atención.

-Bien- dijo mi acompañante sacándome de mis pensamientos- llegamos por fin a Francia.

-Es maravilloso- dije asombrada.

¿Qué pasaba realmente con mi persona? ¿Por qué la maldita suerte me seguía hasta el otro lado del mundo? Justo dónde quería empezar de cero, justo donde nadie me conocía, justo en mi inicio de carrera profesional internacional… Un aguacero comenzó a caer del cielo sin darnos tiempo de correr lo suficientemente rápido para poder cubrirnos y sin la oportunidad de correr por nuestro equipaje.

-Genial- dije totalmente empapada.

-¡Bella! ¡Corre!- grito Edward sonriendo estando en la misma posición que yo.

Lo seguí sin pensarlo y nos cubrimos bajo un techado donde se supone que nos estaría esperando nuestro transporte para poder ubicarnos en la residencia donde nos quedaríamos por un tiempo en lo que se me instalaba en la ciudad.

Ya no nos mojábamos pero estábamos más que empapados y nuestro equipaje se había quedado en el avión ¿cuánto tardaríamos en recuperarlo? Era evidente que no lo perderíamos pero no llegaríamos con él a nuestro destino.

-¿Y ahora que haremos?- le pregunté pasándome el cabello hacía atrás.

Edward me sonrió abiertamente. Paso por mi mente que tal vez estaría más que molesto por la incompetencia de sus empleados al no llegar a tiempo por nosotros pero al parecer algo inusual le divertía. No lo entendía en lo más mínimo.

-Llamaré a mi asistente para que envié el auto por nosotros- dijo sacando su celular de su bolsillo y se retiró un poco de mí para poder hablar en privado.

-Nous sommes arrivés à l'aéroport, s'il vous plaît envoyez une voiture (Hemos llegado al aeropuerto, por favor envía un auto)- comenzó a decir en Francés algo que obviamente yo no entendí.

Noté que se empezaba a molestar de la nada y alzaba los brazos al cielo como buscando una respuesta a alguien que le exigía del otro lado del teléfono.

-Que ferons-nous en attendant? (¿Y qué haremos mientras tanto?)-.

Me miró con el ceño fruncido y yo no sabía hacía donde mirar ante su mirada molesta y comenzó a vagar por el lugar con el teléfono en la mano.

-Bon, ça va le faire sans aucun recours, seulement envoie la voiture dès que possible- (Esta bien, eso haremos sin ningún remedio, solo envía el auto cuanto antes.)- y colgó su teléfono más que molesto. Ya no había nada en su cara de diversión.

-¿Qué ocurre?- dije abrazándome sola por el frío.

-Acaba de caer una tormenta espantosa en Francia, al parecer han cerrado carreteras y caminos y solo podemos resguardarnos en una pensión cerca del lugar. Es bastante cómoda pero tendremos que quedarnos ahí por un rato-.

¿Cuánto tiempo?- contesté nerviosa.

-No lo sé- dijo mirando a lo lejos.

-¿Y nuestras pertenecías?- pregunte asustada.

-Las recogerán en un rato más-.

-Las necesitamos- dije enojada en dirección al avión.

-Así es pero no voy volver a mojarme más ahora que empieza a llover más fuerte y no podemos darnos el lujo de enfermarnos y estar aislados de hospitales y centros de salud- dijo tomándome del brazo para que evitara salirme del pequeño techo donde nos quedábamos.

Él tenía razón, no podía hacer una estupidez como esa y al menos tenía mi teléfono celular conmigo en caso de querer comunicarme.

-¿Y qué esperamos?- pregunté resignada.

-A que lleguen por nosotros para llevarnos a la pensión- dijo mirándome alzando una ceja.

-¿Tardaran mucho?- pregunte casi congelándome.

-Llegaran en unos minutos más- dijo mirándome receloso después de que mis dientes tiritaban del frío- ¿está usted bien?- preguntó preocupado.

Me limite a asentir y abracé fuertemente mis brazos contra mi cuerpo y darme más calor.

Los minutos eran eternos y nuestro transporte no llegaba. Me sentía incómoda y con frío. La lluvia no cesaba ni un poco ni para volver al avión y quedarnos un rato más en el lugar calientitos. No podíamos ingresar por completo al aeropuerto porque Edward me había dicho que si el chofer no nos encontraba jamás nos iríamos de ahí. ¿Qué se supone que haría mojada y con frío a las afueras de un aeropuerto?

Para mi buena suerte el chofer llegó rápido estacionándose lo más cerca posible para que nos mojáramos más de lo que ya estábamos.

-Désolé je suis en retard M. Cullen, les routes sont fermées et j'ai dû prendre une autre route (Siento la tardanza señor Cullen, las carreteras están cerradas y tuve que tomar otro camino)- dijo el chofer mientras nos acomodábamos en los asientos y prendía la calefacción.

-La chose importante est que vous êtes ici. Prenez-nous à la croix de retraite (Lo importante es que está aquí. Llévenos a la pensión cruz)- contestó Edward sacudiéndose el cabello cobrizo y dejando caer pequeñas gotitas en el suelo.

El chofer asintió y subió la ventanilla para darnos privacidad pues como empleado sabía que no debía escuchar las conversaciones de su jefe.

-¿A dónde vamos?- dije curiosa mirando por la ventana.

-A la pensión Cruz, es la más cercana del lugar y es muy bonita. Mi familia y yo la visitábamos en mi niñez pero hace años que no vuelvo- dijo sacudiéndose el agua.

-Sacudirse no servirá- dije mirándolo.

-¿Por qué?- preguntó extrañado.

-Tiene que ducharse para que no le haga daño Edward, de otra manera se enfermara terriblemente- dije mirándolo a los ojos.

Él me miró amablemente y me sonrió.

Fue una larga travesía por el terrible camino que había dejado la lluvia en las carreteras con rumbo a Francia. Mi vista se fijó en la ventana mientras mi compañero hacía lo mismo. Comencé a pensar en Jacob, en los sucesos que habían pasado antes de mi partida de New York y sobre todo en lo que me había confesado.

Me dolían sus reproches y la forma en que me dijo que no le importaba, me dolía porque lo quería y porque me era muy difícil alejarme de él…. Él era mi hermano pero no negaba que me gustaba demasiado cuando me beso y me toco casi al completo, la manera en que sus gruesas manos me acariciaban desde mi centro hasta mis senos y como su enorme cuerpo me enloquecía…. Pero no podía, no podía pertenecerle a mi hermano… Aunque no tuviéramos un lazo de sangre que nos uniera.

-¿Bella? ¿Está bien?- preguntó Edward cuando comenzó a rodarme una lágrima por la mejilla y me la limpie enseguida.

-No es nada- dije sin mirarlo a los ojos y él no hiso un intento por cuestionarme, al parecer era alguien bastante frío y calculador. Un hombre sin escrúpulos.

Después de un buen rato de incómodo silencio el chofer hablo.

-M. Cullen est arrivé (Llegamos señor Cullen)-.

Edward asintió solamente y tomó 2 paraguas que nos proporcionó el empleado, él se salió y me abrió la puerta para entregarme el mío y poder salir. Se acercó a la ventana del chofer y le comenzó a hablar en francés ¿por qué diablos había olvidado el idioma? No entendía en lo absoluto lo que pasaba.

-Entremos- dijo Edward y yo solo lo seguí.

pension croix decía en una enorme letrero de madera finamente tallado, tenía una antigüedad exquisita por el tipo de material y las grandes puertas lo demostraban. Si no me equivocaba databa desde aproximadamente 1890 y pese a la edad del edificio se encontraba en muy buen estado.

-Espero que le agrade ya que no pudimos encontrar un hotel de mayor lujo- dijo Edward chorreando en agua.

-Es perfecto- dije sonriendo.

-¿Entramos?-.

-Por supuesto- conteste aún húmeda por la tormenta que nos había tocado.

Entramos a la recepción y una amable señorita nos saludó. Obviamente yo no entendí en lo más mínimo lo que decía pero debía hacerlo ya que pasaría una temporada en la ciudad y mi idioma no ayudaba demasiado.

-Bienvenue sur le bord traverser ce que je peux vous aider? (Bienvenidos a la pensión cruz ¿en qué puedo ayudarles?)-.

-Je voudrais louer deux chambres (Me gustaría alquilar dos habitaciones)- contestó Edward.

La recepcionista me miró a lo lejos y yo me quedé con el ceño fruncido ¿qué rayos me veía?

-Est-ce votre épouse? (¿Es su esposa?)- preguntó la señorita.

Me sobresalte al escuchar la última palabra ya que no entendía al cien por ciento el idioma pero si sabía algunas palabras. Creía que mi socio y yo éramos pareja y no pude evitar sonrojarme. Edward notó mi cambio y volteo a verme.

-Pas de Mademoiselle, elle et moi sommes partenaires seulement (No señorita, ella y yo somos socios solamente)- dijo sonriéndole.

-Je crains qu'il n'y ait un monsieur de problème (me temó que hay un problema señor)- dijo con el ceño fruncido.

Esto ya no me gustaba, Edward y la chica hablaban mucho y ella no tomaba nota de los nombres ni nada por el estilo. ¿Qué mierda ocurría? Ya estaba más que molesta, me sentía cansada, con hambre y frío además de que me encontraba totalmente mojada.

-Nous avons seulement une chambre double disponibles, d'autres sont occupies (Solo nos queda una habitación matrimonial disponible, las demás están ocupadas.)- dijo mirándome nuevamente la recepcionista.

Edward se volteó hacía mí y se acercó lentamente, por su mirada sabía que algo ocurría.

-Dice la recepcionista que solo queda una sola habitación y que no hay más remedio que compartirla- dijo seriamente.

-¿QUÉ?- grite exaltada- no podemos hacer eso, no es correcto-.

-Me temó que no hay opción, además de que estamos varados aquí y el chofer no podrá regresar fácilmente ahora que está cayendo un diluvio afuera-.

-¿Por qué no hay más habitaciones? ¿Seguro que no hay más?- pregunte dando vueltas en círculos exasperada.

-Tranquilícese Bella, no haré nada impropio- dijo sonriendo maliciosamente- además entre más tardemos discutiendo esto, más nos enfermaremos-.

Yo lo miré mordiéndome el labio ¿por qué diablos me pasaba esto a mí? Él espero a que contestara y yo no sabía que decirle así que se dio la media vuelta y se comenzó a registrar en la pensión para que le dieran las llaves y subir a la habitación que nos habían asignado.

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Subimos rápidamente ya que no teníamos equipaje ni nada por el estilo, mi compañero introdujo la llave en la puerta y entramos a la habitación. Era amplia y muy hermosa tenía una decoración europea exquisita y digna de una edad de 100 años de antigüedad. Grandes cortinas de estilo de palacio adornaban el lugar y tenía vista hacía un lago que estaba cerca de una gran roble. Trague saliva ruidosamente cuando vi una sola cama en la habitación.

-¿Una sola cama?- dije varada en la entrada.

-Lo había olvidado- dijo divertido- es una habitación matrimonial-.

¿Pero qu…?-.

Y entonces mis ojos se centraron en la musculosa figura de Edward Cullen… Su ropa húmeda dejaba al descubierto su plano vientre y sus enormes brazos. Se veía tan sexi así y sus ojos esmeraldas chispearon al contacto con los míos. Me excite al imaginármelo húmedo y sin su camisa blanca transparente al agua. Pero que mierda… Yo también iba de blanco.

Mire hacía un espejo y mis sospechas eran totalmente ciertas, al igual que Edward Cullen mi figura se apegaba con el contacto de la ropa húmeda y sostén se asomaba ¿cuánto tiempo estaría a la merced de la vista de mi socio? Me ruborice nuevamente ¿Qué diablos haría ahora húmeda y sin muda de ropa? No podía quedarme así…

-¿Qué ocurre Bella?- dijo mirándome gustoso disfrutando el espectáculo que tenía enfrente.

-¿Cómo haremos para cambiarnos de ropa?- dije cubriéndome con las manos.

-Eso está arreglado- dijo mientras se desbrochaba la camisa y dejaba su torso desnudo. Mi centró su humedeció por el hermoso espectáculo que tenía enfrente. Demonios este hombre sabía desquiciarme.

-Vamos Isabella Swan piensa algo diferente… Piensa en Charlie vestido de payaso… Charlie vestido payaso con un sostén…. Morado- pensé para mí sola apuñando los ojos y todo se esfumo.

-¿Le ocurre algo?- dijo desenfundándose los pantalones.

-¡Espere Edward ¿qué diablos hace?- dije volteándome para no verlo.

-Me voy a meter a bañar- dijo mientras el sonido de una ropa húmeda que cae al suelo sonó.

-No tiene por qué desnudarse enfrente de mí- dije son voltear y totalmente sonrojada-.

-Ya puede voltear- gritó desde la habitación del baño mientras la regadera sonaba y me gire solo para ver sus ropas en el piso.

-¿Qué diablos le ocurre?- dije para mí misma cuando de repente tocaron la puerta.

-Ils sont pour vous (Son para ustedes)- dijo la mucama mientras me entregaba unas prendas para cambiarnos y me sonrió amablemente.

A pesar de que no entendía nada le correspondí y le agradecí.

-Gracias- dije con intriga y coloque la ropa en la cama para ver que no habían dado.

Un par de pantalones y unas camisas para andar en casa. No tenía problema con ello y me pareció perfecto.

-¿Quién era?- gritó Edward desde la ducha.

-La mucama, nos acaba de traer ropa- dije mientras me quitaba los altos tacones y soltaba mi largo cabello.

Sobe mis pies con las manos por el cansancio y me comencé a quitar la blusa para quedarme solo en sostén, pase mis manos por mis hombros y moví el cuello para relajarme y poder descansarlo.

Ya no escuche el ruido del agua y supuse que había terminado, me coloque rápidamente una blusa azul que me habían traído y tome la demás ropa para esperar a que saliera. Mi corazón se detuvo en cuanto lo vi salir solo con una toalla enredada a las caderas y una prominente erección se asomaba por la tela de la toalla. Pase saliva ruidosamente admirando su bien trabajado cuerpo y él me sonrió mientras yo lo admiraba.

-Demonios Isabella piensa en Charlie con un vestido de mujer para Halloween, piensa en Charlie haciendo su tradicional baile ridículo- pensé para mí misma.

-Todo tuyo…- dijo guiñándome un ojo.

-¿Qué?- dije con los ojos abiertos.

-El baño Bella… Es todo tuyo, ya puede bañarte- dijo riendo.

-Aaa si claro el baño, por supuesto- dije apenada y él me cedió el paso para salir a la habitación principal.

Me desnude aún paralizada por sus palabras y definitivamente no podía olvidarme de su ardiente figura, demonios ese hombre era la perdición y la lujuria juntas. Comencé a bañarme mientras pensaba en Jacob, a mi mente volvía la manera en que me había tocado en su recamara, sus desquiciantes besos, el calor de su aliento. Sus manos en mis senos… Su toque en mi centro…

-Jake- susurre y comencé a morderme los labios lentamente mientras cerraba los ojos mientras los recuerdos se envolvían con la jodidamente excitante virilidad de Edward Cullen, su maldita semi erección me había excitado al grado que comencé a tocarme sola…

-Mmmmm- dije recargada en la pared del baño mientras hacía pequeños círculos en mi centro con los ojos cerrados.

Y entonces me di cuenta de que Edward me estaba escuchando y su varonil sombra se asomó por el vidrió sudado del baño. En cuanto me di cuenta de su presencia comencé a tocarme más al grado de morderme los labios y gemir más excitada por mi propia mano.

-Mmmm- dije un poco más fuerte y la figura se quedó quieta. No sabía cuál era su expresión ante mis gemidos pero me enloquecí al pensar que le gustaba oírme.

-Ammmm ummm- dije aún más fuerte y escuche como una toalla semi mojada caía al suelo de la habitación. Sonreía para mis adentros y comencé a mover más mi mano.

-Ahhhhh- dije sonriendo y moviendo más mis caderas.

Edward abrió de golpe la puerta del baño y me miró con los ojos inyectados en puro deseo y lujuria sonriéndome maliciosamente con una enorme erección. Sonreí maliciosa aún con mi mano brindándome placer.

-Bella- gruño pegándome a su miembro desnudo.

-Ahhh Edward- gemí con su contacto y le sonreí.

-Eres una niña mal portada- dijo mientras lamía mis húmedos pezones.

-¿Te lo parezco?- dije cerrando los ojos y haciendo gestos de placer con cada movimiento de su lengua.

-Si- dijo con la voz ronca por la excitación- ¿sabes qué te mereces?- dijo mientras me volteaba con la boca hacía la pared y pegaba peligrosamente su sexo a mí trasero.

-Ahhh Edward… Ummm… Dime que me merezco por ser niña mala- dije mordiéndome los labios.

-Que te castigue Bella, no debiste despertar al león- dijo mordiéndome el lóbulo.

-Castígame- implore mientras me volteaba frente a él y lamía su cuello.

-Bella- gruño con los ojos cerrados, me tomo de las dos piernas para enredarlas en sus caderas y su sexo quedó en mí entrada a punto de arremeterme cuando…

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-¿Señorita Swan? ¿Le falta mucho para terminar de bañarse? Su celular a estado sonando- dijo su voz en un tono despreocupado.

Mis ojos se abrieron de golpe con su voz trayéndome a la realidad ¿pero qué diablos me pasaba que estaba fantaseando con mi socio? Me apene sola y el sonido del agua solo se escuchaba.

-Emmm claro, en un momento salgo- dije aclarando mi voz.

Termine de asearme rápidamente y me coloque la ropa seca que había dejado para mí.

Salí de la ducha con el cabello húmedo cayéndome por la espalda mientras veía como Edward Cullen estaba sin camisa sentado en la cama comiéndome con la mirada.

-¿Le importaría vestirse?- dije con la seguridad tambaleándome.

Él se sonrió por mi expresión y paso su mano por su cabello cobrizo mientras yo trataba de no evidenciar el nerviosismo que me daba.

Tomé mi celular rápidamente y note que tenía más de 10 llamadas perdidas de casa, cuando estaba a punto de regresar mi celular sonó y contesté sin pensarlo.

-¿Hola?-.

-Isabella Marie Swan Black, ¿dónde diablos estás?-.

-¿Swan Black? Papá solo me llamas así cuando de verdad estas molesto-.

-¿Y cómo quieres que este? Hace más de 12 horas que trato de localizarte, estoy con el alma en un hilo y de paso tu hermano desapareció-.

-¿Jake? ¿Dónde está?-.

-Sabrá Dios dónde diablos este ese mocoso, solo encontramos tu nota apuñada en la mesa de la cocina y decidimos llamarte pero no contestaste en ningún momento y Jacob no aparecía-.

-Yo digamos que tuve que salir de emergencia…-.

-¿Volviste a Seattle?-.

-Ammm no estoy un poco más le lejos-.

-Define cuanto es un poco-.

-Estoy en Francia….-.

-¡EN FRANCIA! ¿Y no tuviste la consideración de avisarnos?-.

-Es que primero me fui a Inglaterra a la boda de Rose y de ahí me ofrecieron una grandiosa oferta de trabajo en Francia y ahora estoy varada en una pensión-.

-¿Por qué estás varada allá? ¿Estás bien? ¿Con quién estas?-.

-Porque está una fuerte tormenta en la ciudad, estoy completamente bien y estoy con mi jefe…-.

-¿Sola?-.

-Emm sí..-.

-Mira hija tú ya estás lo suficientemente grandecita como para saber qué es lo bueno y lo malo, confío en ti. Sabes que jamás me has defraudado-.

-Lo sé papá-.

-Ahora el que me preocupa es Jake, jamás se había desaparecido de la nada más que una sola vez pero eso fue hace com años-.

-¿En serio?-.

-Sí, el muy ladino se fue a Europa tras una muchacha mayor que él y estaba loco por ella, solo que llegó completamente golpeado y no nos quiso decir el por qué-.

-No lo sabía-.

-Bueno lo importante es que ya sabemos dónde estás y esperaremos noticias de ese mocoso-.

-Jajajajaja ay papá, ok. Yo te llamaré para decirte como estoy y todo lo que ocurre acá-.

-Me parece bien Bella… Solo no te desaparezcas tanto, tu madre te manda saludos-.

-Gracias papá mandale un beso de mi parte por favor-.

-Hasta luego hermosa-.

-Adiós papá-.

Colgué mi teléfono silenciosamente y suspire después del drama que me había armado Charlie. Me giré con los ojos cerrados y lo vi aún sentado sobre la cama sin la camisa puesta… Aún. ¿Acaso me había escuchado todo el tiempo? Me sentí aturdida por su cuerpo musculoso frente a mí. No podía formular ni palabras ni mucho menos oraciones.

-Aaa…. Ee.. Yo…- dije tartamudeando nerviosamente mirando hacia los lados.

-¿Ocurre algo Bella?- dijo sonriéndome seductoramente.

-No… No es nada- dije sudando por los nervios.

-¿Tienes calor?- dijo parándose lentamente caminando como un león a punto de atacar a su presa.

-¿¡Qué hago ahora?! ¿¡Qué hago?!- pensé tragando saliva.

-Deberíamos…-.

-¿Si?- dije nerviosa.

-Abrir la ventana un poco para dejar entrar el aire fresco- y abrió la ventana para después mirarme con una sonrisa mordiéndose ligeramente los labios.

-La… Ventana… Aaaa claro si la ventana, es lo que estaba pensando- dije caminando en dirección hacia la cama y él me miró riendo mientras se ponía una ligera camiseta.

-¿Tiene hambre Bella?-.

-Bastante-.

-Pediré servicio a la habitación ¿confía en mi gusto para ordenar su comida?- dijo alzando una ceja y tomando el teléfono de la habitación.

-Sorpréndeme- dije con una sonrisa y él me correspondió.

Comenzó a hablar en francés, evidentemente tenía que aprender rápido y no debía atenerme a mi socio completamente.

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La comida llego rápido y la empleada nos dejó los platos sobre una mesa de madera a disposición de nosotros acompañado de un buen vino tinto fresco. Yo quedé impactada por maravilloso olor de la comida, mi primera cena en Francia olía exquisita.

-Bon Appetit (Buen provecho)- dijo bebiendo de su trago y yo alce mi copa para brindar.

Los ravioles que me había ordenado estaban exquisitos y yo los deguste muy despacio con los ojos cerrados casi besando la comida. Él me miró fijamente mientras mis labios aplanaban el tenedor y noté como se mordía los suyos por mis gestos.

Yo me sonroje un poco porque creo que me veía demasiado provocativa y me limpie con la servilleta.

-Está exquisita…- dijo en un susurro con los ojos seductores.

-¿Quién?- dije con los ojos al completo abiertos.

-La comida Bella….- dijo riendo.

-Sí, si es cierto está exquisita- dije bebiendo de mi copa.

Edward tomó un bocado y mastico lentamente mientras me veía… Sentía que había demasiado intimidad en el momento así que decidí romper el incómodo silencio.

-¿Cuándo comenzaremos a trabajar?- pregunté.

-En cuanto podamos irnos-.

-¿Eso tardara mucho?-.

-No lo sé… No controlo el clima- dijo divertido.

Y yo sonreí por su contestación, me sentía como una tonta.

Terminamos de comer y él se disculpó para atender unas llamadas, yo me quedé en mi lugar esperando cuando mi celular comenzó a vibrar y vi en la pantalla en último nombre en la tierra que me pude haber imaginado: Jacob.

Suspire antes de contestar.

-Hola Jake-.

-Bella… Temía que no me contestaras-.

-¿Qué ocurre?-.

-Quería saber de ti-.

-¿Por qué hablas de ese modo? ¿Acaso estás ebrio?-.

-Solo tomé unos tragos, algo casual-.

-¿Dónde diablos estás? Papá y mamá están preocupados-.

-¿Solo ellos se preocupan?-.

-Sabes que también yo-.

-No mientas Bella, sé que te importo una mierda-.

-No es cierto-.

-Si no es así ¿por qué te fuiste del país?-.

-Ya te explique el por qué Jacob-.

-No es suficiente-.

-Es mi vida, no tengo porque consultarte cualquier movimiento que haga-.

-No te estoy pidiendo eso, maldita sea Bella, te amo-.

-Jake detente por favor-.

-No puedo ¡Mierda! Te amo y ¿sabes que horrible siento que me veas como tu estúpido hermano?-.

-Jake estás ebrio no sabes lo que dices-.

-Lo sé a la perfección, sé también lo que estoy a punto de hacer-.

-No hagas estupideces Black-.

-No te preocupes Bella, no tendrás que preocuparte por nada. Esta noche me follare a una ramera para sacarte de mi corazón-.

-Jake…-.

-Jake nada… La follare y la tocare como quise tocarte a ti, tal vez de una vez por todas pueda sacarte de mi corazón-.

-Vete a casa, estas borracho-.

-¿Podrías hacer algo por mí?-.

-¿Qué quieres Jacob?-.

-Dime que me quieres…

-¿Estás llorando?-.

-¡Maldita sea Bella, dímelo!-.

-No me grites Jacob Black, no te diré nada-.

-Sabía que no te importaba en lo más mínimo, hasta nunca Isabella-.

-Jake… Jake… No hagas ninguna estupidez de la que te vayas arrepentir… Te quiero lo sabes… Pero no como tú lo necesitas-.

-¡Cállate! Lo arruinaste hasta que terminaste la frase… Pero no te preocupes Bella guardare tus palabras cuando este revolcándome con la mujerzuela que voy a buscar para reemplazarte, le diré que la amo tal y como si fueras tú…-.

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Y colgó sin darme la oportunidad de decirle algo más. Se me comenzaron a resbalar las lágrima sin control y Edward entró mirándome preocupado.

-¿Estás bien?- dijo poniendo su celular en la mesa.

-Si- dije limpiándome las lágrimas- es solo que tengo problemas personales-.

-Lo siento- dijo sincero-.

-No se preocupe- conteste.

-Bien pues ordenare a que recojan los cubiertos y mañana esperaremos a que deje de llover como hoy y podamos irnos a la ciudad-.

-Me parece perfecto- dije tratando de sonreírle.

Él salió de la habitación y minutos después fueron a limpiar y llevarse los cubiertos. Yo me fui al baño a cepillar mis dientes y darme otra ducha para relajarme después del duro día que me había tocado vivir. En mi rostro se formó una sonrisa al recordar la grandiosa fantasía que me había dado en ese mismo lugar.

Aún podía escuchar su voz en mi mente.

-¿Sabes que te mereces? Que te castigue-.

Sus palabras rebotaban en mi cabeza y yo no podía sacármelo de la mente, mordí mis labios al recordarlo. Termine de bañarme al darme cuenta de que a pesar de que estaba lloviendo y que hacía algunas horas sentía calor ahora tenía un poco de frío.

-Este clima está de locos- dije vistiéndome.

Pero oh sorpresa, no me había dado cuenta de que había mojado los pantalones que me habían prestado y solo me quedaba la blusa azul ajustada que tenía puesta.

-Bravo Isabella ¿y ahora que mierda vas hacer?- dije reprochándome internamente.

No podía salir y encararme a mi socio solo con una pequeña ropa interior y una blusa que aunque estaba tan larga como una bata era impropio andar solo en boxers.

-Relájate Bella, relájate…- dije sacando el aire por la boca.

Me asomé nerviosa por la puerta y noté que Edward estaba acostado con la luz apagada.

-¿Edward?- dije por lo bajo esperando su respuesta.

¿Acaso ya se había quedado dormido?

-¿Hola?- volví a preguntar y nada.

En una falsa valentía decidí correr rápidamente por la habitación con la blusa puesta y meterme en las sábanas. Me puse como tomate al darme cuenta de que Edward dormía sin camisa ¿acaso este hombre era su propio sol? ¿Qué no tenía frío?

Trague saliva ruidosamente, esperaba a que no dijera ninguna estupidez entre sueños y delatara mis eróticas fantasías con él.

-¿Y ahora qué hago?- dije muy despacio tapándome al completo con las sábanas y Edward se movió un poco abrazando una almohada.

-Mierda, se ve tan sexi sin camisa y dormido- pensé.

Luego me aleje un poco y miré hacía la ventana viendo la luna de Francia, se veía tan hermosa y cerré los ojos lentamente para quedarme dormida.

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Sentí sus brazos alrededor… Sus labios se deslizaban por mis brazos formando un camino por mi cuello pero sus manos se deslizaban por mi abdomen. Su boca carnosa buscaba mi quijada y se deslizaba de arriba abajo sin perder el ritmo probando mi piel con su lengua.

Desperté asustada y extrañamente excitada y lo vi volteado mientras suspiraba profundamente.

¿Acaso volvía a fantasear con mi socio en mi propia cama, mientras dormía con él? Debía ser el comienzo de un maldito sueño erótico o al menos eso trate de convencerme.

¿O acaso de verdad había ocurrido? No debía ser solo un sueño… Solo un sueño.


¿Qué les pareció este capítulo? Esa suertuda de Bella aislada con Edward en una pensión de Francia.

Al parecer ambos comienzan a tener sus propias fantasías y ese Jake que no la deja en paz ni un momento.

Espero que les haya gustado y que le den follow/favorite a la historia si les gusto.

Dejen sus comentarios que son muy importantes :)!

Nos leemos pronto twilighters :3!