Te quiero para mí.
POV Edward
Eran alrededor de las 7:00 am y yo estaba abriendo lo ojos, mi mente recordó vagamente que me encontraba en Francia y estiré mis músculos en señal de adormecimiento y pase mis brazos al otro extremo de la cama donde me encontré su suave figura. Bella Swan dormía plácidamente con las piernas enredadas en las sábanas y el cabello castaño cayéndole por la espalda. Un pequeño rayo de sol se coló por la ventana y golpeo sordamente su cabello que con su reflejo se volvía un tono rojizo. Su cara se giró levemente por el molesto calor de sol y mordió sus labios caprichosamente dejándolos libres para que un leve color rosado fluyera en ellos.
Casi pierdo la respiración al verla así y baje mi mirada para verla mejor.
Tenía puesto solamente un blusa azul larga que bajaba un poco más a sus caderas pero que daba libertad a sus piernas. Vestía unos pequeños boxers y solamente cerré los ojos y suspiré.
Quise casi golpear mi cara para controlar mis más bajos impulsos animales y no descontrolarme ante la figura que tenía enfrente cuando me teléfono celular comenzó a vibrar, salí disparado de la cama y me fui al pasillo para contestar la llamada entrante.
-Hola socio ¡que sorpresa recibir tu llamada! ¿Cómo estás?-.
-Edward me da gusto escucharte, pues supongo que estoy bien ¿ya estás en Francia?-.
-Si estoy en una pensión a las afueras de la cuidad, ya que una tormenta nos atrapó-.
-Es lo que escuche hermano, ¿cómo se comporta Swan?-.
-Es… Bastante… Tímida-.
-Si eso me comentó Rose…-.
-¿Qué ocurre?-.
-¿Por qué?-.
-No sé, por la manera en que me estás hablando ¿pasa algo mal?-.
-Creo que Swan tomara más tiempo en la empresa de lo que imagine-.
-Hermano ¿qué estás diciendo?-.
-Me voy a alejar un poco Cullen, es por mi bien mental-.
-¿Por qué?-.
-Está bien, te diré pero solo porque te considero una gran amigo, pero fuera de eso no podrás decírselo a nadie más ¿entendido?-.
-Claro-.
-Me voy a divorciar-.
-¡¿QUÉ?! Emmet, hace casi no sé escaso 2 días te acabas de casar ¿cómo es posible?-.
-Edward, yo también pensé que era una locura pero más locura fue el haberme casado-.
-¿Por qué? Bueno además de que tienes razón y te pregunte si estabas seguro-.
-Si me lo preguntaste pero es algo que hiere en el fondo del alma Cullen-.
-Habla…-.
-Me fui con Rosalie a nuestra luna de miel a New York a pasar por ahí un tiempo pero se me ocurrió la estúpida idea de sorprenderla con un viaje a Hawai. No me importaba nada más que hacerla feliz y que nuestra luna de miel fuera muy especial, como ella-.
-No lo veo lo malo en eso aún-.
-Porque realmente aún no ha comenzado lo malo-.
-Ok-.
-Bueno en fin que llegamos a la famosa isla, yo me encontraba feliz y dispuesto de llegar a nuestra habitación para poder hacerla mía y quería que Rose se sorprendiera con la sorpresa pero no notaba ninguna maldita seña de emoción ni de felicidad. Cuando llegamos al hotel por fin ella por se sorprendió y me sentí el mejor. Le pregunte "¿Qué te parece mi amor?" No me respondió y se paseó por la habitación como pensando en algo-.
-¿Y después?-.
-Le pregunte que pensaba y ella se sentó en el borde de la cama y comenzó a llorar desconsoladamente. Me asusté y pregunte si tenía algo pero no respondió. Después de un rato cuando se calmó y me miró a los ojos y dijo "No puedo" le pregunte de qué mierdas hablaba y me contestó: "No puedo hacer el amor contigo". Me sobresalte y le pregunte por qué y ay hermano, no te imaginas…-.
-Wow la verdad es que no, no me lo imagino…-.
-Me dijo que no podía porque estaba enamorada de otro hombre-.
-¿QUÉ?-.
-Sí, enamorada y lo peor es que me confesó que había tenido sexo con él y ese era algunos de los motivos por los que se había prendado… La muy zorra le gusto como la follaron-.
-Emmet yo…-.
-No te preocupes amigo, yo le pedí una maldita explicación y ella no me quiso decir el nombre. Con razón se veía tan dudosa el día de la boda, con razón… El punto es que me salí de la habitación y la deje. A la mañana siguiente fui decidido a pedirle el divorcio, me sentí humillado…
-¿Dónde estás ahora?-.
-Cerca de Phoenix, quise darme mi espacio-.
-¿Estás solo?-.
-Absolutamente-.
-¿Y tú esposa?-.
-No sé ni me importa-.
-¿Qué pasará ahora?-.
-Mandare el trámite de divorcio con mi abogado y me alejare un tiempo es por eso que la señorita Swan deberá que quedarse a trabajar contigo más tiempo-.
-Vaya amigo, que sorpresiva noticia-.
-Lo sé, no quise importunarte… Pero debía mantenerte al tanto como socio que soy de la empresa-.
-Si gracias y cualquier cosa que necesites no dudes en decírmelo-.
-Lo que necesito ahora es espacio y nada más-.
-Está bien-.
-En cuanto a Isabella, le llamaré en estos días por ahora no le digas nada-.
-Ok Emmet-.
-Te dejó, tomaré unas vacaciones personales, debo despejarme-.
-Cuídate, hasta pronto adiós-.
-Adiós Cullen-.
Y colgó.
Me quedé anonado ante la noticia que mi socio pero si la muy idiota de Rose se había enamorado no era mi problema pues estaba más que claro que yo no la correspondería. No me importaba y no estaba dispuesto a dejarme envolver por ella.
Volví a entrar a la habitación y noté que la cama estaba vacía ¿dónde estaba la bella durmiente?
-¿Bella?- pregunte dudoso y escuche el golpe del agua en la regadera.
-Estoy en la ducha- gritó.
-Ok- contesté- ordenaré que nos traigan el desayuno- y comencé a marcar a la recepción desde el borde la cama.
- Bonjour, je voudrais deux petits-déjeuners à la chambre d'Edward Cullen s'il vous plaît. Merci (Buen día, quisiera dos desayunos a la habitación de Edward Cullen por favor. Gracias)-.
Colgué el teléfono y me recosté sobre la cama mientras cerraba, su voz me sobresalto.
-¿Qué desayunaremos?- preguntó ansiosa mientras secaba su cabello con una toalla blanca y vestía un diminuto short con una blusa de tirantes.
-Bella- dije bajo un gruñido y fui hacia ella mientras sus piernas se envolvían a mi torso y su boca se enganchaba a la mía casi con desesperación.
-Me hiciste falta en la ducha- dijo jadeando excitada.
- No debiste haber comenzado sin mí- le contesté- no debiste Bella -y halé su cabello húmeda hacia atrás para poder pasar mi lengua por su cuello.
-Ahhh Edward- dijo mientras bajo su fina blusa sus senos se endurecían más.
-Te deseo- dije jadeante.
-Yo a ti-.
La aventé sobre la cama mientras recargaba sus codos para poder verme como me quitaba los pantalones.
-No te salvaras de está mí, querida ovejita, el león está hambriento-.
-Grrr- dijo arañando el aire y ese gesto sexy me desquicio y comenzó a acariciar su cuerpo mientras se mordía los labios.
-¡No podrás pararte en varios días Isabella Swan!- grité excitado.
-¡Awww!- dijo con una sonrisa…
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Me di cuenta de que movía las manos enfrente de mí y un ceño fruncido aparecía de la nada con preocupación.
-¿Edward, estás bien?-.
-Si estoy bien- dije moviendo mi cabeza para despejar mis eróticos pensamientos.
-Siento que con frecuencia tu mente viaja a otro mundo- dijo sonriente.
-Al parecer creo que de un tiempo para acá eso es cierto- y me reí fuertemente.
-¿Por qué?-.
-Ni yo mismo lo entiendo- contesté suspirando.
Minutos más tarde la empleada del servicio a la habitación trayendo una bandeja de plata repleta de comida digna de dos personas, todo un manjar.
Bella, saboreo la comida y yo la invite a que se sentara a degustar los alimentos.
-¡A desayunar!- dijo con entusiasmo y comenzamos a comer.
Comenzamos nuestro desayuno y lo hicimos en silencio. Yo bebía un jugo de naranja fresco y mi acompañante limpio suavemente sus labios con una servilleta rompiendo el silencio total.
-Se me había olvidado decírselo y se me hizo raro que no lo notara pero nuestro equipaje llegó anoche y lo dejaron en la puerta con una nota en francés. Obviamente no comprendí nada y pues solo tomé las maletas-.
-Si noté que tenía ropa nueva-contesté sonriendo- pero no deduje lo que pasó rápidamente-.
-Parece y de nuevo lo repito, que su concentración anda muy lejos de Francia- espetó burlonamente.
-Sí, por cierto Bella que creo que ya podremos irnos esta misma mañana a la ciudad para emprender este viaje-.
-¿Hoy mismo? ¡Que felicidad!- dijo casi gritando de la emoción.
Enarque una ceja confundido.
-¿Tan mala compañía soy?-.
-No es eso, es que estaba emocionada por comenzar a trabajar. Es todo- dijo apenada.
-Creí que se sentía incomodada conmigo, es decir compartiendo todo esto conmigo, pero si algún día nos lo proponemos podremos volver- y le guiñe un ojo.
Bella abrió de golpe sus ojos chocolates y casi se atraganta con el bocado que tenía.
-¿Volver aquí? ¿Cómo unas vacaciones informales?-.
-¿Tiene algo de malo?-.
-¿No es acaso impropio?-.
-¿Por qué?-.
-¿Cómo que por qué? Es impropio, totalmente-.
-Mire señorita Swan, es impropio cuando usted viene decidida a portarse mal ¿O eso lo que usted piensa?-.
Bella se quedó más blanca de lo que normalmente era y no abrió la boca después de mis palabras. Sonreí para mis adentros.
-Bien… Yo… Es decir…-.
-Llamaré a mi asistente para que envié al chofer y que venga a recogernos- dije sonriendo después de mi jugada- hoy aparenta buen día y hay que aprovecharlo-.
-Si- dijo con la mirada hacia abajo y yo saqué mi celular para iniciar la llamada.
-Bonjour, j'ai besoin d'envoyer la voiture pour nous, aujourd'hui, c'est une bonne journée et nous voulons arriver à la ville dès que possible (Hola, necesito que envíes el auto por nosotros, hoy se ve un buen día y queremos llegar a la ciudad lo más pronto posible)-.
Después de fijar la hora y decirle algunas cosas más y colgué.
-Vendrán por nosotros en una hora más-.
-Está perfecto, voy a cambiarme- dijo ella mientras se paraba decidida.
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Se metió rápidamente al baño no sin antes corres con su pequeña maleta de viaje. Reí por lo bajo al verla tan apresurada.
Me comencé a desnudar lentamente, quedando solamente en boxers. Después camine hacía mi equipaje y busque mi ropa para meterme a bañar.
Minutos más tarde, Bella salió de la habitación y me encontré casi como Dios me trajo al mundo… Solo que esta vez yo tenía una toalla terminando de enrollar a mis caderas. Mi linda acompañante se sobresaltó y giró su vista para no verme más.
-¡Señor Cullen!- ¿Tendrá usted la amabilidad de vestirse?-.
-Tranquila, que no estoy desnudo de bajo de la toalla- mentí y pase a su lado sonriendo coquetamente mientras sus manos seguían casi soldadas a su cara.
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Después de un rato yo ya estaba rasurado y formalmente vestido con un traje color negro y una corbata color vino. Al salir me encontré con sus ojos quienes no dejaban de seguirme en cualquier movimiento. Increíblemente me ponía nervioso y avance con lentitud. Un sumiso olor a vainillas con fresas golpeó suavemente mi rostro y cerré los ojos por la reacción. ¿Cuántas veces había olido un perfume diferente de una mujer? Las mismas veces que tuve sexo, las mismas veces que me encontraba "casualmente" con ellas… Pero esta vez era diferente, esta fragancia inundaba el lugar de una manera abrazadora y mis instintos cobraban vida… Tenía que acercarme, tenía que tenerla cerca. Su perfume era como una invitación a lo locura y su cuerpo la maldita recepción de la lujuria.
Esta mujer me estaba enloqueciendo.
-¿Nos vamos?- preguntó rompiendo en hilo de mis pensamientos.
Miré mi reloj y asentí levemente.
-¿Tomó todas sus pertenencias?-.
-Si-.
-Entonces bajemos al Lobby y esperemos al chofer-.
Me sonrió ampliamente mientras yo tomaba su equipaje y el mío.
Cuando llegamos a la recepción la misma señorita que nos había recibido se encontraba en el lugar.
-Bonne journée ce que je puis-je servir? (Buen día ¿en qué le puedo servir?)- preguntó.
- Aujourd'hui, nous nous sommes retirés et nous tenons à payer pour les services de la chambre (Hoy nos retiramos y quisiera pagar los servicios de la habitación)- contesté mientras Bella me sonreía abiertamente.
La chica de la recepción la miro demasiado casi como queriendo adivinarle los pensamientos, aunque no era un lector de mentes sabía lo que pensaba: ¿Quién rayos era la chica de mi lado? Podía notar su furia, una especie de celos inexplicables que no se comparaban con nada en el mundo pero nada lógicos ya que nunca nos habíamos cruzado en el camino.
- Avez-vous apprécié votre séjour? (¿Disfruto su estancia?)- preguntó pasando mi tarjeta de crédito en la terminal sin mirarnos.
- Si ... C'était quelque chose ... Intéressant (Sí… Fue algo… Interesante.)- contesté mientras veía a Bella y ella se sonrojo por el matiz seductor de mis palabras.
-Ici, vous allez, revenez bientôt (Aquí tiene, vuelva a visitarnos pronto)- y me entregó mi recibo y la tarjeta mientras sus dedos rosaban coquetamente con los míos.
-Merci (Gracias)- y me giré para ofrecerle el brazo a Bella y escoltarla hasta la puerta.
Caminamos hasta la entrada y esperamos unos minutos más para que el chofer llegara.
-¿Qué le pasa?-.
-¿A quién?-.
-A la recepcionista…-.
-¿Por qué?-.
-Estaba como molesta cuando bajamos y no sé mucho pero sé que me odia-.
-Bella, apenas y nos conoce. Dudo que incluso sepa cómo se llama y ¿por qué tendría que odiarla?-.
-Por una sola razón: por su compañía-.
Alcé una ceja e incrédulo estuve a punto de preguntarle porque lo sabía. Pero al parecer, no era tan despistada como lo supuse.
-¿Acaso me equivocaré?- preguntó de nuevo.
-No lo sé, quizás tengas razón pero de nada soy culpable. No la conozco-.
-¿Acaso estás ciego?-.
-Interesante pregunta ¿por qué lo cuestionas?- y recargue mi peso contra la pared de la entrada de la pensión.
-No lo sé, tengo teorías-.
-Házmelas saber- contesté intrigado- tu mente es una enigma sorprendente. Atrévete- la reté.
Bella se sonrojo y carraspeo un par de veces para controlar su tono de voz. Me encantaba cuando la ponía nerviosa.
-Estaba pensando que… Tal vez te des cuenta del poder que tienes sobre las mujeres y uses eso a tu favor…-.
-Continúa, quiero escucharlo todo- dije entusiasmado.
Me miró fijamente y su gesto se tornó serio ante mi acercamiento.
-Tú seduces a las mujeres… Y después por alguna extraña razón te siguen mientras que la rechazas, las poner nerviosas y juegas a algo que no logró entender- espetó.
Mi mente se quedó frita ¿Cómo era que ella lograba descifrar todo aquello con solo tenerme menos de 2 días a su lado ¿acaso Rosalie le había contado lo que había sucedido? No lo creía, lo veía imposible pues no conocía totalmente a Isabella Swan pero tenía muy en claro que sus principios morales iban más allá de sus ganas de crecer profesionalmente.
-Dime Isabella- dije suspirando cerca de sus labios- ¿yo te pongo nerviosa?-.
Comenzó a jalar aire ruidosamente y sus ojos se perdieron en los míos cuando la bocina de nuestro transporte comenzó a sonar ruidosa.
-Parece que te salvó la campana- dije riendo separándome de su cuerpo.
No contestó nada y cruzó sus manos para evitar sonrojarse más.
- Bonjour M. Cullen (Buenos días señor Cullen)- saludó el chofer bajándose del asiento para tomar el equipaje.
- Bonjour, nous avons pris la ville en faveur (Buenos días, llevamos a la ciudad por favor.)-.
-Isabella ¿nos vamos?- dije sonriente mientras la abría la puerta del asiento y le daba mi mano.
-Claro- contestó acompasando su respiración y se sentó.
Rodee el carro y sonreía por la nerviosa que la había puesto aunque no me lo hubiera dicho.
El camino fue silencioso mientras mi acompañante miraba fijamente la ventana.
-¿Estará callada todo el tiempo?- pregunté sonriéndole.
No contestó.
-Bella ¿Hice algo mal?- volví a insistir preocupado.
-Creo que…- por fin se dignó a decir- las cosas no están girando tan bien como creía-.
-¿Qué?-.
-Me siento incómoda-.
-¿Con mi presencia?-.
Me miró recelosa y se mordió los labios esperando a que reaccionaria, pero solo logró molestarme. Ninguna mujer me había rechazado y jamás me habían dicho pedido un estúpido espacio entre los 2. Solo lograba irritarme la sangre y calentarme a más no poder. Si quería que la dejara en paz o le diera privacidad… Tal vez lo haría pero solo lograba desearla más de un modo en que me sentía como el cazador y ella la presa.
-Está bien Swan, no pensé que la incomodara a tal grado de hostigarla- espeté mirando por el vidrio de la puerta y me alejaba de ella.
-Edward… Es que yo…-.
-No tiene nada que decirme, de verdad entiendo- y fue lo último que dije en todo el camino.
Al llegar al lugar baje decidido y me puse mis lentes aviadores para evitar el golpe de la luz que asomaba en mis ojos, me fui a abrir la puerta contigua a la mía y abrí el paso para que mi acompañante pasara.
-Llegamos- dije sin mirarla a los ojos. Un tono osco salió de mi cuerpo enfurecido teniendo vivas sus malditas palabras.
Me miró con miedo al saber que mi actitud había cambiado por completo.
International decía a la entrada de mi empresa, era un rascacielos de más de 100 pisos y las letras doradas brillaban con el reflejo continuo del sol. Bella se quedó admirando el edificio con los labios semi abiertos. Sonreí abiertamente ante su sorpresa.
-Si con esto te sorprendes con el tamaño del edificio, imagínate cuando me veas por vez primera en desnudes- pensé y reí por lo bajo con mis pensamientos presumidos.
-Bueno, entremos- dije aun sonriendo.
-Claro- contestó con una leve sonrisa.
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Entramos a la recepción y la empleada nos saludó parándose por completo de su asiento.
- Lord Cullen, bienvenue. Pas ce que nous attendions si peu de temps. (Señor Cullen, bienvenido. No lo esperábamos tan pronto)- dijo sonriendo y su felicidad se esfumó en cuanto me vio entrar junto con Isabella.
La miró recelosa y entendía que al igual que la recepcionista de la pensión, estaba molesta con su presencia.
Anteriormente había tenido pequeños encuentros con la recepcionista, además de mi secretaria y una que otra empleada joven. No habíamos llegado a más que lo usual: sexo. Después de eso jamás los había vuelto a buscar, pero tontas como siempre no renunciaban por temor de no volver a verme más.
Les había dejado en claro lo que había sucedido: un par de palabras seductoras no significaba ningún tipo de lazo entre dos personas. Sexo no es amor y caricias no son necesidad: simple deseo y nada más. Me irritaba que me buscarán pero solo tenían dos opciones: quedarse con su trabajo o irse a buscar otro lugar porque no estaba para guardar un "lugar" que evidentemente no tenían en mi corazón. Al fin y al cabo que pronto mi cama no estaba vacía y siempre era cuidadoso con todas, usando protección para no dejarme atar por ninguna.
- La tempête a cédé et nous sommes ici (La tormenta cedió y aquí estamos.)- contesté.
- Monsieur Glad, voulez-vous me faire quelque chose pour vous? (Me alegro señor, ¿desea que lleve algo para usted?)- preguntó coqueta.
Me giré hacia mi acompañante quien inmediatamente notó todo el odio que la recepcionista emanaba.
-Isabella ¿deseas algo?-.
-No- contestó mirando a la otra chica y después me miró seriamente- estoy bien ahora-.
- Nous allons bien, si j'ai besoin de quelque chose que je vais dire à ma secrétaire ou assistant (Estamos bien, si necesito algo se lo diré a la secretaria o a mi asistente)-.
- Comme vous voulez, monsieur, et bienvenue (Como guste señor y bienvenido)-.
-Merci-.
Caminamos hacia el elevador y Bella me miraba intrigado y al parecer la recepcionista no pudo aguantarse la irritación de su presencia cuando justo antes de que se cerraran las puertas del elevador citó audible.
-Un autre idiot (otra idiota más)-.
Apuñe las manos por el enojo, esperando que Isabella no hubiese escuchado y gruñí por lo bajo. Esa mujer pagaría por sus groserías.
-Parece que ninguna mujer me quiere a tu lado, tal parece que están celosas- dijo interrumpiendo mis pensamientos.
-Eres una mente enigmática Swan ¿por qué deduces eso?-.
-La forma despectiva en que me miran, tal parece que soy una porquería que no es digna de nada. Como si cruzara una línea divisora invisible que hace que toque algo que les pertenece-.
-¿No cree que está exagerando?- contesté apretando el botón con el número del piso a donde nos dirigíamos.
-En lo más mínimo, soy mujer y sé que pueden llegar a sentir. Son Europeas y podrán haber sido criadas de forma diferente pero no dejan de ser mujeres-.
Reí audiblemente y la puerta se abrió ante nosotros.
Mi secretaría se sobresaltó al igual que la recepcionista mientras dejaba de lado sus cosméticos para recibirme con una sonrisa. Afortunadamente ella hablaba inglés.
-Señor Cullen, bienvenido. Llegó pronto- dijo sonriente.
-No eres la única en decirlo Alice- contesté quitándome los lentes y dejando al descubierto mis ojos color verde.
Casi pude escuchar como el aliento se le iba de golpe y tragaba saliva ruidosamente.
-Quiero presentarte a Isabella Swan, ella viene de New York y estará con nosotros una temporada-.
-Mucho gusto- dijo la aludida y Alice la miró despectivamente, aunque Bella ya estaba más que acostumbrada a las miradas de las mujeres que tenía a mí alrededor y estiro su brazo para saludarla amablemente y mi secretaría solo la ignoró.
Apenada como estaba solo bajo los brazos a sus costados y Alice se dirigió de nuevo a mí.
-¿Necesita algo señor?-.
-Claro, necesito que le busques una bonita casa a la señorita y que lleves nuestras pertenencias al lugar que hallas encontrado… Más bien, solo las de ella- corregí recordando que quería su espacio intacto y la irá me envolvió de nuevo.
-¿Usted no irá con ella?- preguntó sonriente.
-No- dije enojado.
-Enseguida, señor. Por cierto el señor Jasper Harris acaba de llegar a la ciudad y me pidió que lo localizara en cuanto llegara a la empresa y por lo de la tormenta no pude llamarle para darle el recado-.
-Llámale y dile que podré atenderlo en cuanto llegue. Señorita Swan ¿me acompaña por favor?-.
-Claro- dijo Bella mientras oía como los dientes de mi secretaria rechinaban del enojo.
-Alice, tenga a la mano los papeles a firmar que deje-.
-Enseguida- contestó y cerré la puerta para darme la privacidad con mi socio.
Entramos a mi oficina, aproximadamente del tamaño de un Penthouse pero con decoración de oficina europea. Tenía grandes muebles dignos de una residencia, un bar totalmente equipado y una mesa de billar en el centro además de Póker y otros juegos de azar. Al final había un escritorio y un sillón donde usualmente me colocaba para trabajar, por solo ese detalle parecía más un departamento que una oficina.
-¡Vaya!- solamente dijo.
-¿Es pequeña la oficina?- pregunté con sarcasmo.
-¿Pequeña? ¡Es más grande que de mi departamento en Estados Unidos!-.
Reí fuertemente y la invite a sentarse en una de las grandes sillas que tenía enfrente de mi escritorio.
-Mire señorita Swan- dije atrayendo su mirada- por un tiempo estará compartiendo la oficina conmigo ya que Emmet no me dijo de su desempeño en esta empresa como socio. Tengo muy buenas recomendaciones de su trabajo y dado lo presuroso de vuelo de mí amigo no preparamos algo digno de usted. Además McCarthy prefería trabajar aquí mismo-.
-Entiendo el por qué- dijo mirando al bar-.
-Sí, es bastante evidente- contesté.
El teléfono de la oficina comenzó a sonar y vi que era Alice quien me llamaba.
-Señor, disculpe que lo interrumpa pero el señor Harris acaba de llegar-.
-Hazlo pasar Alice-.
-Enseguida señor-.
Miré a Bella que aún seguía con la mirada absorta en el lugar e interrumpí sus pensamientos.
-Vendrá con nosotros el señor Jasper Harris, él ha invertido parte de su fortuna en la empresa y uno de los pocos jóvenes que la conforman. Somos muy pocos en esto pero sabemos lo que hacemos. Quiero aprovechar la ocasión para presentarla ¿de acuerdo?-.
-Me parece bien- contestó entusiasmada.
Tocaron la puerta y Alice se asomó con miedo, como quien espera una escena que los mismos ojos y las más terribles pesadillas asoma en sueños.
-Señor Cullen, el Señor Harris llegó-.
-Hazlo pasar por favor-.
-Enseguida- contestó- señor Harris, entre por favor-.
Un súbito silencio se hizo en el lugar y Swan me miraba intimidada y se rompió con la entrada mi amigo Jasper.
-¡Edward!- gritó entusiasmado- ¿cómo has estado?-.
-Jasper- dije aspirando aire por el sorpresivo abrazo.
-Tanto tiempo sin vernos Cullen-.
-Estuve en Londres en la boda de McCarthy-.
-¡Cierto! El maldito se nos casó- dijo sonriente y al darse cuenta de la presencia de Bella carraspeo y yo no pude evitar reírme.
-Disculpe mis bárbaro lenguaje señorita, no había notado su presencia- espetó.
Isabella no pudo evitar reírse.
-Harris quiero presentarte a la señorita Isabella Swan, ella es el socio representante de McCarthy-.
Mi socio se sorprendió en cuanto la escultural figura de Bella se dirigió a él para saludarlo, pude notar como el desgraciado miraba desde sus caderas hasta sus senos. Me llené de rabia al verlo, no notaba el sentimiento agonizante que me embargaba con su sola mirada.
-Mucho gusto- dijo Bella y le tendió la mano.
-El placer es mío señorita Swan- dijo besando su mano- nunca habíamos tenido la fortuna de tener una damisela tan bella entre nosotros-.
-¿A qué se refiere?- espetó Bella.
-Mírenos señorita, la mayoría de aquí somos varones más viejos y amargados, mientras que los únicos jóvenes somos el señor Cullen, McCarthy y yo, además de las secretarias y alguno que otro que se me olvida-.
-Vaya-.
-Pero déjeme decirle que ninguna tan exquisita como usted- y guiñó un ojo atrevidamente.
Su insolencia me tenía harto no lo quería cerca de Bella ningún segundo más.
-Bien- interrumpí sus miradas- creo que basta de presentaciones, debemos comenzar a trabajar-.
-Cálmate Cullen, ¿quieres que la señorita piense que eres un tirano esclavizador?-.
-Isabella sabe que no soy así- dije mirándola- además aún no me has dicho para que me necesitabas-.
-Casi se me olvida- y miró a Swan provocadoramente- tengo buenas noticias. Tengo algunos contactos en Japón y hay posibilidades de que triunfemos en un negocio con los asiáticos, solo necesitamos que nos reunamos para acordarlo todo y estaremos recibiendo euros como para comprar una linda casa de, no sé ¿Qué te parece 500 bloques?-.
-Eso es magnífico Harris, estaré al pendiente de todo-.
Alice llamó a la puerta entrando con un sinfín de carpetas sin firmar.
-Señor Cullen, tengo el papeleo pendiente que dejó, solo necesito que firme-.
-Pasa y ayúdame-.
Mi secretaria entro diferente casi como aprovechando la oportunidad para poder mostrarme su escote y mordiéndose los labios.
-Aquí están señor-.
No le puse la más mínima atención a pesar de que los senos me los mostraba casi al completo, mi vista y mi atención estaban en Isabella Swan y esa estúpida cercanía que tenía Harris.
-Aquí está el registro de entrada y salida de capital en el último mes señor-.
-Dígame Isabella- dijo Harris sentándose al lado de la chica- ¿de dónde es?-.
-Soy de América, de New York para ser exactos-.
-Lo noté por su delicioso acento y ¿cómo conoce al señor Cullen?-.
Señor- dijo Alice interrumpiendo mi concentración- olvido la firma de abajo-.
-Bueno, digamos que no lo conozco hace mucho tiempo-.
-Interesante-.
-Si es que mi amiga Rosalie me dijo que tenía el trabajo perfecto para mí en Londres el día de su boda, de hecho ella es esposa de uno de los socios, el Señor Emmet McCarthy quien me cedió el lugar para cubrirlo en la recepción de sus nupcias-.
-Había olvidado que McCarthy se había casado, pero no me equivoco que la señora hizo una buena… Elección-.
-Espero que no- contestó Bella.
… -La carpeta verde es del administrador de Italia dijo que quería hacer una cita con usted después de su llegada- espetó Alice.
-Sí, si dile que la haga- contesté automáticamente aun mirando a Jasper seduciendo a Bella.
-Si me permite, tal vez algún día podamos ir a tomar algo y poder mostrarle la ciudad- invitó tomándola de la mano y pude notar como ella se incomodaba.
-¡Es todo Alice!- dije interrumpiendo la escena y todos se sobresaltaron.
El enojo me consumía por dentro, no podía simplemente no lo soportaba.
-Pero señor…-.
-¿No oíste?- dije furioso.
-Como ordene- y salió sin mirarme.
Mire a Jasper y Swan me miraba asombrada de mi comportamiento.
-Harris ¿podemos hablar un segundo en la oficina privada?- pregunté señalando con la cabeza la pequeña puerta que estaba al lado de un librero.
-Claro Cullen- dijo sonriente- permítame un segundo señorita- y caminó hacia mí.
-Señorita Swan en un momento volvemos-.
-Claro- contestó.
Abrí la puerta que nos separaba y entramos. Jasper sonrió abiertamente y no tenía la más mínima idea de lo que se le avecinaba.
-¿Qué ocurre?- dijo vacilante y yo lo tomé de las solapas del saco para recargarlo furioso contra la pared a prueba de ruidos, el mismo lugar donde me había follada a las chicas de la empresa.
-¡Qué te pasa Cullen!- dijo asustado.
-¿Qué mierda pasa por tu cabeza Harris? ¿Qué pretendes al seducir a Bella?-.
Me miró anonado por mi pregunta y sus orbes azules me miraban preocupados.
-¿Por qué te molestas Cullen?- preguntó en palabras ahogadas- Ella no es tu mujer-.
-No es mi mujer pero me enferma que te le acerques. NO TE QUIERO CERCA DE ELLA-.
-¡No es tuya!- gritó al zafarse de mis manos.
Lo mire con irá, nunca había sentido tanto odio por tan insignificante humano como Jasper y mucho menos a causa de una mujer, esto no era normal.
-¿Acaso estás celoso?- preguntó burlonamente.
¿Lo estaba? No no podía ser eso, Edward Cullen había jurado jamás tener sentimientos por una mujer más que por su madre… No era posible, no lo podía permitir.
-¡NO!- grité mientras mis manos se convulsionaban del odio.
-Entonces ¿la quieres para ti?-.
-¡SÍ!- rugió el león que tenía dentro.
-Eso no te importa en lo más mínimo- escupí.
-Entonces Edward Cullen, no te importara tener competencia ¿verdad?- río morboso.
-¡NO TE LE ACERQUES!- gruñí furioso.
-Ya lo veremos Cullen, tú no eres su dueño e Isabella decidirá con quien quieres estar. Pero sé jugar muy bien y veremos quién se queda con ella.-
-No me retes Harris- dije enfurecido.
-Que gane el mejor- dijo tendiéndome la mano.
-Así será- dije riendo casi maléficamente y apretando su palma fuertemente.
-Te quiero para mí- pensé inmediatamente con la mente inundada de Isabella Swan.
Hola ¿qué les pareció el capítulo de hoy?
Espero que les haya gustado.
No olviden dejar sus reviews y darle Favorite/follow si les gusto la historia. Si gustan recomendarla estaré eternamente agradecida.
Gracias a todas las chicas que me dejan sus comentarios, es muy grato para mí poder leerlos todo y aunque hay algunos que no puedo contestar por no tener cuenta:
GRACIAS
Nos leemos pronto :)!
