París
POV Bella
La brisa fresca me golpeaba suavemente al salir del edificio después de haber pasado el resto de la tarde en compañía de Edward y Jasper Harris quien, después de la presentación que tuvimos no dejo de acercarse a mí ni un solo momento queriendo tener mi atención al cien por ciento. Después de haberse marchado a la oficina privada de Cullen salieron con un tono de desprecio uno del otro, sabrá Dios que tantas cosas hablaron y pasaron en ese lugar porque ya no se veían de la misma manera.
Al salir noté como Harris se balanceaba decidido a mi lugar y me besó la mano guiñándome un ojo para despedirse de mí y hablándome cerca del oído.
"Espero que nos volvamos a ver muy pronto señorita Swan, ojala podamos ir a tomar un café"
Solamente me limite a sonreírle pero pude escuchar como los dientes de Edward crujían de la rabia o al menos eso pensé pero supuse que era un estupidez porque ¿Qué caso tenía? Él y yo no éramos nada en lo absoluto y cualquier tipo de sentimientos sobraba entre los dos.
-Claro- dije amablemente y él se sonrió.
Cullen lo miraba rabioso pero al marcharse su ceño se volvió más dulce casi como aliviado de la ausencia de su socio.
-Lo lamento por Jasper, pero a veces suele ser un engreído con las mujeres-.
-No se preocupe- dije con formalidad- yo mantendré al margen todo lo que respecte a él-.
-Me alegra que lo piense así- espetó con un ligero tono de alegría sin miedos.
-Sí, yo tengo perfectamente claro que no debo buscar ningún tipo de relación con los compañeros de trabajo- y lo miré fijamente mientras el alzaba una ceja inexpresivo.
-¿Qué quiere decir con eso?-.
-Nada-.
-No me mienta-.
-No tengo por qué- dije cruzándome de piernas y mi acción hizo que tragara saliva en seco.
-Yo sé que no- y aflojo el amarre de su corbata nervioso- pero ya veo donde van el rumbo de sus palabras-.
-¿A sí?-.
-Sí, ¿cree que me quiero acercar a usted con otras intenciones que no seas laborales?-.
Su pregunta me pilló con la guardia baja y comencé a sudar frío ¿era acaso lo que tenía miedo? Que me gustara y que nos buscáramos fuera del trabajo para fugarnos como dos adolescentes. No, no debía de sacar conclusiones tan apresuradas porque él no me gustaba… Bueno no mucho… Quizás un poco… Ok, conseguía ponerme lo suficientemente dudosa de mis propios pensamientos y acciones y lo había comprobado muchas veces: el día de la boda de Rose, la misma noche que me acompaño a mi habitación, la mañana siguiente a esa y sobre todo; la ocasión en que nos quedamos varados en una pensión afueras de la ciudad. Me había sentido estúpidamente atraída a su sensual cuerpo pero los más bajos placeres no debían derrumbarme por más caliente que se encontrara mi sangre. Era evidente.
-Piensa en tu trabajo Bella, piensa en que has esperado esto por mucho tiempo esta oportunidad. No lo eches todo a los borda por un cuerpo de Dios glorificado- pensé con la mente aturdida.
-No lo creo Edward y jamás me ha pasado por la mente algo así - mentí recordando las eróticas imágenes que tuve en la pensión en que nos quedamos- porque sé cuál es el verdadero motivo del porque estoy aquí y en esta hermosa ciudad-.
Alzó la ceja incrédulo.
-No me refería una relación sentimental- dijo acomodándose en su asiento principal y abriendo un par de carpetas de cuero y su mirada se centró en ellas- me refería a una amistad simplemente- y su vista se fijó de nuevo en la mía.
Sentí como los colores se me subían al rostro y como me equivoque al deducir tales ideas.
-Estúpida, estúpida, estúpida- me recrimine internamente con las mejillas a más no dar de rojas.
-¿Qué haré hasta entonces?- pregunté tratando de romper el incómodo silencio entre los dos.
-Bueno- espetó aun viendo las hojas- por ahora nada ya que le indique a mi secretaria que le buscara una casa para hospedarse-.
-¡¿Una casa?!- dije casi exaltada.
-Claro- dijo sonriente ante mi expresión- ¿creía que se iba a quedar en un hotel?-.
-Creí que era lo más adecuado-.
-No, claro que no. Le hubiese ofrecido una casa cerca de mí pero me dejó muy en claro que quería su espacio-.
-Es verdad…- dije insegura- es lo que le pedí-.
-¿Entonces por qué se sorprende?-.
-Es que, no conozco el lugar y no sé si esté en las disposiciones de pagar una casa- dije sabiendo que tenía el suficiente dinero para una pero no lo recordé en ese momento ya que jamás lo había tocado gracias a las atenciones de Charlie y Renee.
-No se preocupe por eso, recibirá un excelente sueldo como para pagarla pero no lo hará ya que los costos correrán por mi cuenta-.
-¡Eso no!- dije parándome del asiento.
-Cálmese Swan- contestó seriamente- no haré nada que no quiera. Si es su gusto pagarla, no me opondré en lo más mínimo-.
-Gracias-.
El teléfono de la oficina comenzó a sonar y Edward optó por contestar con las manos ocupadas en su trabajo.
-¿Qué ocurre Alice?-.
-Señor Cullen, ya tengo la información que me pidió acerca de la casa que solicito-.
-Muy bien, necesito que llames al chofer y que nos recoja para ir ¿entendido?-.
-Claro señor Cullen-.
Me miró mientras yo lo veía pensativa ¿acaso también quería llevarme a mi lugar?
-¿Irá conmigo?-.
-¿Le molesta?- preguntó con las manos cruzadas al frente.
-No, pero no pensé que querría seguir "viajando" después del día cansado que tuvo hoy-.
-No me permitiría dejarla sola en una ciudad que no conoce-.
-Emmm… No lo había pensado- confesé apenada.
-¡Ay Bella!- dije riendo fuertemente- ¿tan mala persona me veo?-.
-¿Por qué?-.
-Es que de alguna forma siempre cree que deseo acercarme de alguna manera impropia, recuerda que eres mi invitada y como anfitrión debo ser cortes con mis atenciones-.
Me limité sonreír y suspire audible.
Pasados los minutos de agradecido silencio el teléfono volvió a sonar.
-Señor, el chofer ya llegó y está esperando a su acompañante-.
-Dile que enseguida bajamos-.
-¿Irá usted también?-.
-No le veo el inconveniente-.
Pude jurar escucharla maldecir por lo bajo y como sus dientes crujían de la rabia a través de la bocina del comunicador.
Edward colgó con un ceño de enojo y me sonrió al verme tan concentrada en sus facciones.
-Nos vamos- dijo sacándome de mis cavilaciones y se paró sonriente en mi dirección.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí me tendió la mano para ayudar a pararme y como costumbre me ofreció su brazo para escoltarme hasta la salida. Tomó todas las pertenecías y salimos de su magistral oficina.
Alice, su secretaría me miraba rabiosa desde la entrada hasta nuestra salida.
-Que le vaya bien señor- espetó con una sonrisa y me miró con odio ignorándome casi por completo mientras que mi acompañante se limitaba a asentir.
Bajamos por el elevador y llegamos a la entrada donde la misma mujer que nos recibió me miraba con repudio… Otra vez.
- Bonjour M. Cullen (Buenas tarde Señor Cullen)- dijo el chofer sonriente.
- Bon après-midi semble que vous êtes vraiment demandé (Buenas tardes, parece que hoy estás muy solicitado)- respondió Edward correspondiendo su sonrisa y el chofer soltó una fuerte carcajada que me desconcertó.
-Malo était que j'ai demandé plus Monsieur (Malo fuera que no me solicitara más señor)- y Edward se río con él.
El empleado tomó todas nuestras pertenecías mientras Cullen abría la puerta para que ingresara y rodeo el auto para entrar también.
- Lorsque je prends monsieur? (¿A dónde los llevo señor?)-.
-Prenez-nous à la fin du Champ de Mars, sur les rives de la Seine. (Llévenos al extremo del Campo de Marte a la orilla del río Sena)- contestó sonriente.
- Oh Tour Eiffel!- dijo entusiasmado- immédiatement (enseguida)- finalizó y subió una pequeña ventanilla para darnos privacidad.
¿Acaso había dicho Torre Eiffel? Debía estar alucinando, debía estar mal traducido ¿no?
-¿A dónde vamos?- pregunte nerviosa.
-A conocer la nueva casa-.
-Eso es evidente pero ¿dónde queda?-.
-No muy lejos-.
Sus juegos infantiles me estaban fastidiando y fruncí el ceño enojada mientras coloqué mis brazos en mi pecho como niña en rabieta… La infantil parecía yo. Me miró después de un rato al darse cuenta de que ya no le hablaba y se río de mis gestos ahogando la carcajada que quería brotar de su grueso pecho.
-No te molestes pero no quiero arruinar la sorpresa- dijo coquetamente guiñándome un ojo y yo me sobresalte.
-No me gustan las sorpresas- dije tratando de mantener la postura.
-Está si- espetó sonriente y yo no hice más que quedarme boquiabierta. Decidí que lo mejor sería que fijara mí vista en la ventana y esperar a que llegáramos a nuestro destino.
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- M. Cullen est arrivé (Llegamos señor Cullen)-.
-Merci-.
-Bueno, hemos llegado a nuestro destino pero antes de bajar quisiera pedirte algo- me dijo volteándose completamente hacía mí.
-¿Qué cosa?- dije nerviosa.
-Qué me permitas vendarte los ojos antes de llegar a la casa-.
-¡No eso no!- dije furiosa.
-¿Por qué?- pregunto con un puchero.
-Es impropio-.
-¿En qué sentido?-.
-Es que… Yo… Bueno…- dije balbuceando sin poder expresar una oración lógica y digna de escuchar.
Alzó una ceja incrédulo y suspiro ruidosamente.
-Está bien- dijo enojado.
No pude, no pude no pude. Sus ojos verdes me veían con recelo y tristeza y no pude evitar ceder ante sus deseos ¿quién era capaz de negarse? ¿Quién?
-¡Mierda!- pensé.
-Está bien- dije rendida- lo haré pero prometa que no pasará nada-.
-¿Nada de qué?- preguntó sorpresivo.
-De que me gustes más al quitarme las vendas y que no pueda evitar estar cerca de ti- pensé.
-De nada- dije suspirando ruidosamente.
-Ok…- contestó dudoso- entonces ¿puedo?-.
Asentí levemente y su linda sonrisa volvió a aparecer. Esperen ¿ahora su sonrisa me parecía linda? ¿Qué diablos pensaba? Primero fueron sus endemoniados ojos angelicales, después su cuerpo y ahora ¿su sonrisa? No esto debía estar mal, estaba mal ahora que lo tenía en la conciencia debía evitar que algo más me gustara de él.
-Confía en mí- dijo suavemente mientras sacaba un grueso lazo de seda negra y me envolvía los ojos para cegarme.
Sus gruesos dedos alzaron mi cabello que yacía sobre mis hombros y no pude evitar morderme los labios por su atrevimiento así como tampoco me resistí a disfrutar sus suaves caricias al atarme la venda. Tomó suavemente mis manos como solo un hombre tocaría a una mujer, sin atrevimientos, sin remordimientos lo acepte dejando de lado todos mis pensamientos de cordura.
-¿Lista?- susurro cerca de mi quijada y yo me estremecí a pesar de que el muy maldito se aprovechaba de mi inmunidad y solo asentí.
Sentí que se apartaba de mi lado y su lejanía me dolió por alguna extraña razón que no pude entender pero me importo un carajo mis pensamientos. Cerró la puerta casi con un sordo golpe y pude escuchar sus suaves pasos… Tardo exactamente 6 respiraciones mías al llegar al lado de la puerta que daba a mi salida y la abrió dejando entrar una suave pero fría brisa.
Me estremecí.
-Dame tu mano- dijo con la voz aterciopelada y a tientas la busqué.
Su mano formó un suave roce que me estremeció toda la piel de la espalda hasta las piernas. Sentí como un temblor me invadía y al colocar el primer pie sobre el suelo me tambalee sobre mis frágiles rodillas. Mi cuerpo fue halado por toda la maldita gravedad y sentí caer por los suelos.
-¡Mierda!- pensé al creerme caída.
Pero no fue así, porque sus fuertes y gruesos brazos me mantenían muy pero muy cerca de su cuerpo evitando mi desplome.
-Cuidado- dijo susurrando cerca de mi oído y me volví a estremecer- parece que estás cosas te mantienen frágil-.
-Debe ser el vértigo al estar vendada- espeté aclarando mi voz.
-No durara mucho- prometió y yo me paré firme sobre mis dos piernas traicioneras.
Escuche como la cajuela del auto se abría para sacar los equipajes.
- Si je savais que tu es seul, je jure comme un couple amoureux (Si no supiera que usted es soltero, juraría que parecen una pareja enamorada)- dijo el chofer riendo pero obviamente no comprendí en lo más mínimo.
Edward río por lo bajo pero no contestó nada pero supuse que algo le había incomodado ante las palabras del empleado y ante su silencio volvió a reír.
Después de un momento volvió a hablar.
-Vamos a subir unas escaleras por lo que es necesario que te tomé de la cintura para que no te estampes por el suelo- dijo burlonamente.
-No habría necesidad si me quit…-.
-No arruines la sorpresa Bella y quédate callada hasta que puedas volver a ver ¿quieres?-.
-Está bien- dije y río de nuevo mientras me tomaba de la cintura para avanzar.
¿Qué pensaría la gente al vernos así y llegando con maletas? "Miren, ¡vecinos nuevos! Y al parecer están recién casados" Me sentí más que avergonzada ¿por qué permitía que un hombre me doblegara de tal manera? Ya ni siquiera me sentía yo misma, nunca antes ninguna persona había dispuesto de mí como este mortal lo hacía. Recordaba las palabras de mi madre:
"Jamás permitas que nadie decida por ti, sabrás que ya no eres capaz de decidir casi por ti sola cuando te hayas enamorado. Recuerda que el amor concede a los demás el poder para destruirte. Cuidado con tu corazón… No le permitas que piense por tu cabeza"
Y ¿qué mierdas pasaba por mi cabeza? ¿Acaso me estaba enamorando? Imposible, eso era inaudito, solo una porquería más inventada por mi cerebro quien a falta de trabajo se disponía a pensar cosas que no debía. Recordaba la promesa que había hecho justo en el funeral de mis padres a la escasa edad de 11 años mientras Charlie y Renee me acompañaban y Jake… Mi dulce Jake tomaba fuertemente de mi mano mientras me miraba con tanto amor digno de un niño de 9 años.
"Nadie ocupara mi corazón… Nadie más que ustedes… Si estoy destinada a perder a quien amo, prohíbo solemnemente a mi corazón a amar".
Recuerdo también que Jacob no me dejo sola ese día y había escuchado la promesa que había dicho enfrente de los cuerpos de mis padres… Ahora que lo recordaba de verdad todo encajaba: sus preguntas, sus miradas, sus abrazos. Él me había amado de verdad inclusive antes de saber lo que de verdad significaba esa palabra entre un hombre y una mujer.
"Bella… ¿No crees que te estás apresurando al decidir que no quieres amar a nadie?"
"No quiero y no lo necesito. No voy a estar enamorada de nadie, jamás en mi vida Jake".
¿Y si me había equivocado como él lo había dicho hace tantos años? ¿Si de verdad tenía razón? Pero ¿cómo pude saberlo? A mis 23 años tuve tantas relaciones fallidas nunca basadas en sentimentalismos, salí de vez en cuando con chicos todos usualmente a la fuerza ya que Rosalie me insistía pero como era lo normal, jamás llegábamos a nada.
Y hasta este punto lo había cumplido muy bien: 0 enamoramientos = Bella independiente sin doblegas de ningún tipo.
Pero al fin y al cabo ¿feliz? Tal vez. Los Black ocuparon un lugar muy importante en mi vida al punto que me sentí una persona casi completa. Si casi por que el vació nada lo llenaba… Ni nadie.
-Aquí están la primera escalera, así que pisa con cuidado- dijo empujando mi cuerpo suavemente.
1, 2, 3, 4…. ¿7? ¿Cuántos faltaban más?
-¿Falta mucho?-.
-Un poco más- contestó aferrándose a mi cuerpo con suavidad y escuche como abría una puerta.
Conté mis respiraciones para tranquilizarme, sentía el pulso detrás de mis orejas dispuesto a dispararse desesperado pero opte por sacar silenciosamente el aire por la boca.
-¿Puedo quitarme la venda ya?- pregunte desesperada y sus manos me dejaron sola sintiendo como mi cuerpo se volvía flácido otra vez.
-Un momento más Bella ¿acaso siempre has sido tan desesperada?-.
Bufé por su pregunta pero no conteste. Escuche como abría otra puerta y una corriente de aire fría se coló dejándome helada y automáticamente pase mis manos por mis brazos.
-Ven- dijo tomándome de la mano y su caricia me pareció tan cálida que el frío se fue como vino.
Caminamos un poco más y noté como el ruido de las baldosas cambiaban ¿Estábamos en otro lugar? Evidentemente sí.
-¿Lista?- pregunto ansioso con un tono de emoción en la voz.
-Eso creo- contesté nerviosa.
Y re río fuertemente por mi contestación mientras sus manos abandonaban mis costados y se deslizaban hacía el amarre de la seda dejándola caer cuidadosamente frente a mí mientras abría lentamente mis ojos hacía la luz.
¿Dónde me encontraba? ¿Acaso era el paraíso? Estábamos colocados en un hermoso y espacioso balcón de baldosas beige y blanco con un pequeño toque celestial, no sabía cómo describirlo pero la vista… La vista era increíblemente hermosa, el río se podía escuchar a lo lejos y la hermosa Torre Eiffel me saludaba enamorada. Tenía una de las 7 maravillas del mundo frente a mí y también a la torre Eiffel… Edward se hizo a un lado para sonreírme y recargarse orgulloso en el barandal de concreto con las manos en los bolsillos mientras yo ponía las manos sobre mi boca por la impresión.
- Bienvenue à Paris- dijo sonriendo aún.
-Esto… Es… Hermoso- dije sin poder describir lo que de verdad sentía.
-¿Te gusto?-.
-¡Bromeas! Es perfecta-.
-Yo mismo la escogí- espetó orgulloso.
-¿Tú?-.
-Sí, es que se supone que me iba a quedar aquí pero no contaba con que tú te aparecieras- dijo divertido.
-¿Y dónde te quedarás?-.
-En un hotel-.
-¿Por qué no vas a tu casa?-.
-Porque estás en ella-.
-Pero dijiste que tendría que pagar el alquiler-.
-Y no me equivoque, aún no está totalmente pagada ya que antes de concretar la compra me fui a Londres con Emmet pero me dijeron que ya podía habitarla así que compré unos muebles y pues básicamente está decorada a mi gusto-.
-Ahora me siento fatal-.
-¿Por qué?- preguntó sonriente.
-Porque te saqué de tu propia casa, debería irme a un hotel yo…-.
-Eso en definitiva no será así. Yo me iré y todo quedará como acordamos ¿sí?-.
-Edward…-.
-Nada, ya dije-.
¿Y ahora qué? ¿Aceptaría así porque sí?
-Sigue como vas Bella, ya te estás dejando convencer otra vez ¿acaso no dirás nada?-.
-Sigo sin estar de acuerdo- dije cruzada de brazos, me sentía como un bicho vividor.
-¿Y qué quieres que hagamos?-.
-No lo sé- conteste nerviosa por su mirada seductora.
-Mira, así como lo veo hay solo dos opciones: La primera es que me regrese con el chofer que me espera abajo y me vaya cuanto antes a un hotel y la segunda que me quedé contigo. ¿Qué decides?-.
¿¡QUÉ!? Acaso ¿esas eran opciones dignas de decidir? No podía permitir que se fuera de su casa pero tampoco me sentía cómoda al tenerla cerca de nuevo y más sabiendo todas las cosas que me provocaba.
-Vamos Bella, debes pensar en frío. Eres una chica profesional y estás cosas no deben detener tu ascenso-.
-Está bien, compartiré la casa pero debo dejarle unas cosas en claro-.
-Interesante, te escucho- dije sonriente.
-La primera es que debo aportar algo a la casa-.
-Me parece justo-.
-La segunda es que aquí no se deben romper los límites de ningún tipo-.
Me miró incrédulo pero no tardó mucho en comprender.
-Mmm ok- dijo dudoso- ¿algo más?-.
-Sí, que podemos llegar a ser amigos aquí pero en la oficina somos compañeros- concluí.
-No me parecen peticiones de vida o muerte así que acepto- y me tendió la mano como quien concluye un negocio importante y yo le correspondí.
-Iré con el chofer y le diré que puede irse, también iré por mis cosas-.
-Está bien- dije sonriente y me giré para volver a admirar a la hermosa Francia.
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Minutos más tarde entró con el demás equipaje mientras yo seguía viendo la torre Eiffel y me perdía en mis propios pensamientos. ¿Cuántas veces soñé con tener una vista tan hermosa como la que tenía? Recordaba que de niña jugaba con Jake a que viajábamos por el mundo y él me dijo: "Algún día te llevaré a Francia Bella" eran tantas sus ganas de poder llevarme que una ocasión antes de irme de casa para irme a estudiar fuera me hizo una imagen de la torre para mi escritorio de computadora. Él mismo la había diseñado y editado… Simplemente me cautivo. Como olvidar sus palabras "Vuelve pronto, recuerda que prometí llevarte a París".
-Subí todo el equipaje ya ¿quieres acomodar tus cosas?- pregunto rompiendo el hilo de mis pensamientos.
-En un momento voy- dije sonriendo y me metí a tomar mi equipaje.
Camine tras él escaleras arriba, suponiendo que íbamos a la recamara donde me quedaría a dormir esa noche.
Una enorme cama tamaño King Size con edredón blanco decorada de vaporosa y fina seda blanca como para ocasión de luna de miel. Suerte que era solo para mí.
-¿Qué tal está nuestra cama?- dijo aflojándose la corbata.
¿NUESTRA? ¿Había dicho NUESTRA? Pase saliva ruidosamente y me quedé blanca de la impresión.
-¿Nuestra?-.
-Claro-.
-¿Vamos a compartir cama... Otra vez?-.
Una fugaz y coqueta sonrisa se dibujó en su rostro por mis palabras.
-Bella ¿quieres que duerma en el frío piso?-.
-Hay muebles… Tú dijiste…-.
-Son de cocina…-.
-¡Puedes dormir en la cocina!- pensé.
-Pero…-.
-Bella… ¿De verdad que soy una molestia?-.
-No es que seas una molestia, es que me pones más que nerviosa que ni yo misma sé que siento al tenerte cerca de mí-.
-No- confesé pero me limite a eso y baje mi mirada.
Suspiró ruidosamente.
-No tienes porqué complicar las cosas, no haré nada…- dijo sincero pero la inseguridad de sus propias palabras me daban desconfianza.
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Después de un rato, decidí meterme a duchar esperando a que me tranquilizara un poco. Cuando salí no lo encontré y decidí husmear un poco en la casa. No había nada en la habitación y supuse que estaría en otro lugar. Abrí cuidadosamente la puerta y pude escuchar ruido proveniente de ¿la cocina? Eso supuse, ya que el lugar comenzó a llenarse de un exquisito olor a comida.
Me fui descalza guiada solamente por el aroma y llegué al comedor para después dirigirme a la cocina y lo vi. Aún vestía el traje informal que llevaba esta mañana solo que esta vez no traía la corbata, ni saco y los 2 primeros los botones de la camisa estaban desabrochados y las mangas las tenía enrolladas hasta los codos.
-¡Mierda se ve tan sexi, además que cocina!- pensé mientras me mordía los labios y lo miraba fijamente y él sacaba del agua una generosa cantidad de pasta.
-¿Te quedarás viéndome así toda la noche? Y deja de morderte el labio que te lo vas a sangrar- dijo con la vista fija en los alimentos.
-¡Mierda!-.
Me puse más roja de lo que pude haberme puesto en toda mi jodida vida, me había pillado observándolo.
-Lo lamento- dije sintiendo mi pulso detrás de mis oídos- es que la comida huele exquisita-.
-Aaa la comida, si bueno decidí cocinar ya que eres mi invitada y quise hacer algo digno de un anfitrión-.
-Gracias, no debiste-.
-Es lo menos que puedo hacer después de admitirme en mi propia casa- y se río sordamente.
-Ja, buena esa- dije por su broma- pero debería al menos ayudarte-.
-¡Para nada!- contestó como si fuera una adolescente inexperta.
-¿Por qué?-.
-Ya te dije que el anfitrión soy yo, ahora Isabella Swan ponte algo lindo que quiero que cenes conmigo-.
Mi pulso se elevó por los cielos ¿Era una invitación a una especie de cita?
-Comeré así- dije abriendo mis brazos para mostrarle mi atuendo y su ceño se frunció ante el espectáculo.
Unos pantalones raídos con una blusa de franela desgastada… Sin zapatos y con el cabello húmedo. Lo sé soy toda una belleza tipo Top Model.
-¿Bromeas?-.
-No- dije un poco enojada por su expresión.
-No te pongas así, no tiene nada de malo tu ropa pero quiero que esta noche celebremos que has llegado a la capital y mañana comienzas tu trabajo-.
-Eres mi jefe ¿no sé supone que es impropio?-.
-¿Seguirás con eso toda tu vida? Y no me veas como tu jefe, soy tu socio y dime ¿qué nadie te daba la bienvenida en tus anteriores trabajos?-.
-Claro pero nadie me llevaba a París ni me cocinaba para la cena, no ninguno de mis anteriores jefes-.
-Porque de seguro eran unos viejos amargados, además… Dijiste que podíamos ser amigos- dijo guiñándome un ojo.
-¿Yo dije eso?- pregunté insegura.
-¿Ya lo olvidaste?- dijo con una ceja alzada.
Trate de hacer memoria pero no recordaba nada… ¡Rayos!
-Bueno, suponiendo que así fue ¿por qué tantos detalles? Hasta donde yo sé, los amigos se ayudan y todo el rollo pero no te hacen cenas ni te ofrecen una casa de hospedaje-.
Me miró sorprendido por mis deducciones ¿acaso había algo más?
-Mira Bella- dijo después de unos minutos de silencio- que no me hayas conocido como amigo no quiere decir que no hay personas que hagan cosas así-.
-Tal vez tengas razón pero aún estoy un poco sorprendida por tantas atenciones-.
-Hagamos algo- respondió soltando los utensilios de cocina que tenía en las manos- ve a cambiarte para cenar y yo me encargo del resto ¿está claro?-.
-Ya que- dije cruzándome de brazos y soltando el aire ruidosamente por la boca y él se río de mi gesto.
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Subí a "mí" recamara y abrí la pequeña maleta que me acompañaba ya casi todo el tiempo estos últimos días que había viajado constantemente de un lado a otro sin control. La abrí de par en par y puse mi índice derecho en la barbilla recargada en mi pierna derecha como deduciendo que es lo que usaría para esa noche. Ummm no tenía ni más remota idea. Contaba solamente con mis trajes de oficina contados y un par de vestidos que había traído conmigo además del que Rose me había regalado el día de su boda, mi ropa interior y mis zapatos. Solo lo necesario.
Mientras tomaba el único vestido azul pensé en mi amiga ¿qué habría sucedido con ella? Hacía días que no sabía nada de ella y eso me preocupaba un poco pero debía ser una exageración ya que; estaba de luna de miel con su esposo y no debía importunarla con llamadas ni nada por el estilo.
Con la mente un poco más despejada por fin me decidí usar un vestido blanco, corto, de mangas y con encaje en la espalda pero bastante ajustado a mi figura. Renee me lo había regalado hace algún tiempo y jamás me había dignado a usarlo pero a decir verdad, jamás había tenido la ocasión; sin novios ni citas ¿cómo? Pero en mi cabeza deduje que era la ocasión…
¿La ocasión? ¿Para qué?
-Vamos Isabella Swan ¿no estarás pensando ponerte coqueta con tu socio? ¿O sí? No, no, no porque solo es una cena formal de "amigos" ¿Cierto? Él lo confirmo, una y otra vez. No harás nada malo al vestirte así, es solo una cena…- y mí yo interior de debatía entre salir así o considerar salir en traje de oficina.
-No seas estúpida- dije cerrando los ojos- ¿por qué diablos piensas en cosas cómo estás?-.
Comencé a vestirme muy lentamente aun indecisa y ondule sutilmente mi cabello, me maquille ligeramente sin perder el estilo natural que me gustaba y puse un poco de perfume Jet´aime que tanto me gustaba. Decidida busque mis zapatillas altas y me mire al gran espejo que tenía enfrente de mí comprobando que estuviera perfecta.
Solté una bocanada de aire y baje lentamente por las escaleras viendo hacia abajo para evitar caer al suelo. Cuando levante la mirada vi que en el balcón que daba hacía la hermosa torre Eiffel estaba una mesa para dos estaba hermosamente adornada con rosas rojas y un mantel impecable, las sillas eran de madera y los cubiertos estaban colocados.
-¿Y dijo que no era nada romántico?- dije mirando incrédula ante tal escena.
-Y no lo es – contestó sonriente.
Me asuste por su repentina presencia y me miró de arriba abajo como quien busca errores o algo que cambiar pero al parecer no había nada.
-Estás encantadora- y tomó mi mano para besarla.
-Edward…- dije un poco sonrojada y por el atrevimiento que había hecho.
-¿Qué?- preguntó sonriente y consiente de qué no estaba respetando mí petición de distancia entre los dos.
Me limite a hacer una mueca con la boca.
Me ayudo a bajar y pude verlo al completo, vestía un traje similar al que había usado cuando salimos del hotel de Londres solo que esta vez vestía unos pantalones obscuros y una camisa azul celeste con zapatos de vestir, se veía jodidamente sensual.
Su voz interrumpió el hilo de mis pensamientos.
-Parece que te has tomado en serio lo de vestirte para la ocasión y no es que quiera incomodarte pero te ves muy hermosa- dijo sin una pizca de culpa.
-Gracias- y los colores me abordaban.
-¿Te ha gustado la que preparé?-.
-Todo es perfecto pero ¿por qué la luz está tan tenue?-.
Su cara se llenó de sorpresa.
-Es que…-.
-Es que esto se ve más romántico que amistoso- dije completando su frase.
-No es romántico en lo más mínimo- espetó aclarando su voz con una notable picardía y sarcasmo en la voz- hace falta la música con violín y parecería una cita- y guiño un ojo.
-Prácticamente lo es y eso que no tengo experiencia en esto- pensé.
Suspire resignada y baje los últimos escalones. Me tomó de la mano en todo el camino hasta el balcón y la luna de París nos saluda hermosamente, no pude evitar perderme en su belleza y me quedé contemplándola curiosamente.
-Hermosa-.
-¿Disculpa?-.
-La luna…- contestó sonriente-.
-Bellísima- corregí.
-No como tú- dijo por lo bajo y sonrió para sí solo. Al parecer esperaba que no lo escuchara pero no lo logró ¿o me había equivocado yo?
Me invito a sentarme y como gesto caballeroso acomodo mi asiento para colocarme, acto seguido se colocó frente a mí.
-¿Tienes mucha hambre?-.
-Algo- confesé.
-Espero que te guste lo que prepare- y destapó la comida casi con reverencia.
Un delicioso olor a pasta y carne horneada inundaba mi nariz provocando que mi estómago rugiera sordamente.
-Huele exquisito-.
-Gracias- y acto seguido comenzó a servirme una porción para comer.
Al probar el bocado me maraville con los sabores y texturas, un sutil sabor a vino me llegó a la mente, quizás como parte de uno de los ingredientes de la carne.
-Esto es grandioso ¿dónde aprendiste a cocinas así?-.
-Bueno… En la universidad tenía que valerme por mi mismo así que decidí tomar un pequeño curso para aprender. Al principio Emmet se burló pero tiempo después quedó fascinado con lo que hacía, ya que aprendí a hacer comida muy variada y la hacía muy seguido…- contestó sonriente.
-¿Para quién? ¿Alguna novia tuya?- pregunte sonriente y noté como su mirada se entristecía mezclada extrañamente con enojo.
-No- dijo cortante.
-Lo siento-.
-No es nada- dijo relajado al ver mi reacción- comamos y disfrutemos de esto ¿te parece?-.
-Está bien- y sonreí.
La cena transcurrió entre risas y comentarios tontos, yo estaba más que embobada al tenerlo así de intimo aunque mis pensamientos coherentes se habían tomado unos deliberadas vacaciones. La luna lo hacía ver ¿más atractivo? Si increíblemente más… Sus ojos verdes me miraban receloso con una pizca de pasión sin desbordar, sus manos grandes se acercaban peligrosamente a las mías amenazantes de tocarlas y sabía que si eso ocurría podía llegar a romper mis más íntimas fantasías con Edward y comenzarlas en el piso del balcón.
-Tranquila Bella… Tranquila, no hagas ninguna estupidez-.
-Bella- dijo con la voz aterciopelada-.
-Dime- contesté con falta de aire por su presencia.
Jugueteo sutilmente con el vino tinto de su copa mirándolo fijamente y se mordió el labio deliberadamente.
-¿Crees que las cosas funcionen?-.
-¿Aaa… qué… te-e… refiere-ees?- pregunté nerviosa.
-A nosotros… A nuestra… Cercanía…- y comenzó a acercarse a mí con todo y silla.
Pasé ruidosamente saliva y él lo notó, al parecer su ego se agigantaba al notarme nerviosa.
-No lo comprendo…-.
-Déjame explicártelo…- y puso su índice debajo de mi barbilla- eres una mujer inteligente, sofisticada y elegante pero sobre todo…. Muy hermosa- y ronroneo las palabras cerca de mi mejilla.
Mi centro se humedeció por su cercanía y no pude evitar cerrar los ojos mientras me mordía los labios.
-Isabella Swan ¿qué haces?-.
-Creo que eres fascinante- prosiguió mientras la punta de su nariz me acariciaba la mejilla haciendo camino hacía mi cuello.
-Edward…- dije intentando pararlo pero ya tenía solo restos de cordura.
-¿Qué ocurre Bella?- preguntó posando su aliento cerca de mi piel pero sin tocarla.
-Esto…-.
-Shh shh shhh, no digas nada- ordeno y separó de mí.
Lo vi en sus ojos, lo vi y lo sentí más latente en mí ser con cada segundo que transcurría. Se sonrió abiertamente y su manos acaricio mi cara, se acercó peligrosamente a mis labios que yacían húmedos y su aliento me golpeo la boca saboreando su sabor a vino…
-Bésame ya- imploré internamente y cerré los ojos necesitada.
Sus labios dieron por in el último paso pero antes de tocarme…
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Su celular sonó de la nada y su calor se alejó de mi cuerpo. Abrí los ojos de golpe y lo vi molesto por la interrupción que nos había dado.
-¿Qué estabas a punto de hacer Isabella Marie Swan?- me regañe internamente y noté como la decepción inundaba su rostro.
Tres timbrazos después se dignó a contestar refunfuñando y sin siquiera ver el número entrante.
-¡¿Bueno?!- contestó molesto.
-Cullen, soy Harris. Espero no interrumpir nada-.
Miré como Edward se le crispaba los ojos de coraje, al parecer el remitente había dicho burlonamente las palabras acertadas y se escuchaba su sorda risa por medio de la bocina. Al notarlo Edward, tapó el micrófono con su mano y se dirigió a mí.
-¿Me permites?-.
-Adelante- dije recuperando la respiración por los momentos anteriores.
Me sonrió sutilmente y camino al centro de la habitación dejándome sola.
Tomé la botella de vine y vertí una fuerte cantidad para tranquilizar mis nervios. Respire ruidosamente tratando de tranquilizarme y relajarme mientras cerraba los ojos esperando a que la brisa me refrescara.
-Diablos- dije consiente de lo que estaba a punto de hacer.
Me quedé un rato sola y ya se me hacía raro que no volviera, quise ir a buscarlo para saber si estaba bien ya que me supuse que si Jasper llamaba era por cosas relacionadas de la empresa. Me debatí internamente entre ir y no y al final la curiosidad me ganó. Deje el balcón silenciosamente y busqué el menor ruido para poder ubicarlo. Al parecer había entrado en una especie de despacho privado que aún no conocía ya que apenas había llegado hoy al lugar. Para mi buena suerte dejó la puerta entre abierta.
-No- dije para mí sola- es de mala educación escuchar conversaciones ajenas. No está bien-.
-Estuviste a punto de besarlo ¿acaso está bien eso?- espetó mi yo interno.
-No es lo mismo-.
-Es peor-.
-No lo haré-.
-No pierdes nada en escuchar, además; si es de la empresa te vas a enterar tarde o temprano ¿no?-.
-Si pero…-.
-Vamos, hazlo, hazlo, hazlo…-.
-¡Qué diablos!- y me coloqué detrás de la enorme puerta para escucharlo tratando de hacer el menos ruido posible.
Su voz sonaba seria y más que molesta, al parecer estaba discutiendo con Jasper sobre algo.
-¡Me importa una mierda Harris! Yo te dije que no te quiero cerca de ella y si vamos a hacer esto quiero tener algo a cambio-.
-No puedes controlarlo todo Cullen, ella podría preferirme a mí-.
-Eso jamás-.
-Vamos, sabes lo que quieres. Buscas sexo solamente ¿por qué te molesta que la corteje?-.
-Simplemente no quiero y punto ¿O prefieres morir en el intento?-.
-Tus amenazas no me intimidan y gracias al cielo que llamé. Después de lo que me has contado tendrías más posibilidades de ganar-.
-Hijo de puta…-.
-Dime como quieras Cullen pero sigo en el juego. Estará en mi cama antes que en la tuya-.
-Ya lo veremos-.
-Esta hembra me fascina y no te dejaré el camino libre Edward, esta vez si tienes competencia-.
-No lo eres ni lo serás imbécil de pacotilla, ¿quieres que lo deje en claro como en la oficina?-.
¿PERO DE QUÉ DIABLOS HABLABAN ESTE PAR? Al parecer no tenía nada que ver con la empresa, era un riña personal. Sacudí la cabeza y continúe escuchando.
-Estoy en el juego Harris, la oveja sería mía-.
-Lo veremos Cullen, lo veremos-.
-Ganaré esta maldita apuesta o juego que has puesto en mi paso y solo haces que el día que la tenga en mi cama la follé con más placer Jasper, cuando sea mía te lo restregare en la cara- y colgó el teléfono apretando los dientes y los puños.
Al darme cuenta del silencio, salí despavoridamente del lugar volviendo a mi posición en la mesa y tratando de controlar mi respiración. Sus pasos se hicieron más audibles conforme avanzaba y desvíe mi mirada mirando a la hermosa Francia.
-Disculpa Bella- dijo con rastros de enojo- ese imbe… perdón Harris me llamó importunándonos-.
-¿Paso algo malo?-.
-No, es personal-.
-Entiendo-.
-¿Continuamos cenando?- preguntó sonriente.
-Claro- contesté con la mente perdida en su anterior conversación.
¿Todo bien?- dijo bebiendo de su copa.
-Por supuesto- dije no muy convencida.
-Entonces Santé et le jeu commence (Salud y que comience el juego)- dijo juntando nuestras copas y solo comprendí que quería brindar.
-Salud- contesté tratando de sonreír.
Me perdí de nuevo en sus ojos a sabiendas que no intentaría acercarse de nuevo… Desvíe mi mirada hacía la hermosa Francia y suspire con los ojos cerrados esperando que el día de mañana fuera uno completo y diferente; dejando detrás mis bajas pasiones y mis pensamientos de querer besar Edward Cullen…
¿Cómo ven ese Edward? Bueno ya veremos que pasa y una enorme disculpa por tardar en actualizar pero me mantiene ocupada la uni u.u
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